miércoles, 21 de marzo de 2018

¿Con las riquezas de la Iglesia Católica se podría pagar la deuda externa o calmar el hambre en áfrica?


Por Rodrigo Andrés Calvo Bernal

Muy seguramente han escuchado afirmaciones como las que aparecen en el encabezado y similares, en boca de personas que asisten a las iglesias protestantes e incluso aquellos que tienen alguna apatía por la Iglesia Católica. A primera vista sus argumentos parecen lógicos, sin embargo, cuando estas afirmaciones se ponen en el contexto real, las respuestas desmienten de manera irrefutable este tipo de conjeturas apresuradas.

En primer lugar, tenemos el argumento de la deuda externa del continente africano, el cual tiene una respuesta muy sencilla: La Iglesia Católica no paga nada de la deuda externa de ningún país, porque este tipo de deudas no la contraen los pobres, sino los POLÍTICOS de un país. Nuestro deber como Iglesia fundada por Cristo es ayudar al pobre, al enfermo, al ignorante, al desamparado, etc. Nuestra misión no consiste en enriquecer políticos.

El segundo argumento, referente a que la Iglesia Católica puede calmar el hambre de todos los niños del África, es una afirmación propia de alguien que cree que solamente “calmando el hambre de África, se solucionan todos los problemas del mundo”. Sin embargo, en el mundo real los problemas son mucho más grandes. Muchas personas no pueden acceder a una buena educación por falta de dinero; hay ancianos y niños maltratados, abandonados por sus propias familias, o que se escaparon de sus casas; gente muriendo de hambre; otros muriendo solos y rechazados por padecer enfermedades como el sida, la lepra etc. Por esa razón la Iglesia Católica no se limita a ocupase solamente del África, sino que atiende a los pobres, desamparados, sin acceso a la educación de todo el planeta.

Podemos afirmar con cifras muy claras que no existe Gobierno, O.N.G. Iglesia y religión, que se pueda ni medianamente comparar con lo que hace la Iglesia Católica por la población vulnerable de todo el planeta, sin importar, su nacionalidad, raza, sexo, condición, edad o credo.

En total tenemos que la Iglesia administra un total de 67.264 escuelas maternas frecuentadas por 6.386.497 alumnos; 91.694 escuelas primarias por 29.800.338 alumnos; 41.210 institutos secundarios por 16.778.633 alumnos. Además sigue 1.894.148 jóvenes de las escuelas superiores y 2.837.370 estudiantes universitarios. Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia comprenden: 5.378 hospitales, 18.088 dispensarios, 521 leproserías, 15.448 casas para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos, 9.376 orfanatos, 11.555 jardines de infancia; 13.599 consultorios matrimoniales, 33.146 centros de educación o reeducación social y 10.356 instituciones de otros tipos.

Ante este panorama, el creer que todo se arregla con “quitarle el hambre a los niños del África”, se vuelve un argumento digno de provocar risa.

El tercer y último ataque que usualmente usan estas personas es dirigido a los “Tesoros del Vaticano”, en este sentido argumentan que la Iglesia es muy Rica y que si fundieran todo el oro que posee, si vendieran sus obras de arte y de joyas se podría solucionar para siempre los cuentos sobre el África que ya mencionamos antes:

Ante esta afirmación existen 2 respuestas: La primera, de carácter bíblico e histórico de “Los Tesoros” del Templo. Y la segunda va a encaminada a aclarar porqué estas “riquezas” no se pueden fundir, reciclar, vender.

Desde lo bíblico, podemos apreciar cómo el Templo de Dios construido por el Rey Salomón, tenía un lugar donde se ubicaban las riquezas consagradas a Yahvé, y los elementos sagrados.

1Reyes 7,51 Así fue concluida toda la obra que hizo el rey Salomón para la Casa de Yahveh; SALOMÓN HIZO TRAER TODO LO CONSAGRADO POR DAVID SU PADRE, LA PLATA, EL ORO Y LOS OBJETOS, Y LO PUSO EN LOS TESOROS DE LA CASA DE YAHVEH.

2Reyes 12,19 Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas sagradas que habían consagrado sus padres Josafat, Joram y Ocozías, reyes de Judá, TODAS LAS COSAS QUE ÉL MISMO HABÍA CONSAGRADO Y TODO EL ORO QUE SE PUDO ENCONTRAR EN LOS TESOROS DE LA CASA DE YAHVEH y de la casa del rey, y lo mando a Jazael, rey de Aram, que se alejó de Jerusalén.

Además: 1Reyes 14,26; 15,18; 2 Reyes 14,14; 16,8; 18,15; 20,13; 20,15; 24,13; entre muchas más citas del Antiguo Testamento.

En ese sentido, afirmamos que la Iglesia fundada por Jesús conservó desde sus inicios, tesoros importantes en el sentido histórico a pesar de estar los primeros 4 siglos en persecuciones para conservar su memoria histórica y tener la certeza sobre nuestras raíces apostólicas, por ejemplo: La ubicación de las tumbas de los apóstoles y preservaron cosas que les pertenecieron (reliquias), y cuando terminó la persecución se mantuvo la misma tradición a través de los siglos, preservando ornamentos de los sucesores de Pedro (Papas), antiguos manuscritos bíblicos (preservados por siglos o encontrados en expediciones arqueológicas), ornamentos como, cáliz, obras de arte, cruces en oro con piedras preciosas (donadas por distintos mandatarios agradecidos por la acción de la Iglesia en sus territorios a través de la historia y personas de fe de varios lugares del mundo que los han donado como muestra de agradecimiento, amor y fe hacia Jesucristo y su Iglesia.

La segunda respuesta se deriva de la primera, en razón de que el verdadero valor de los tesoros de la Iglesia Católica no está en lo económico, porque SE HAN DECLARADO INVALUABLES, eso significa que no se les puede dar ningún valor monetario, sino que son valiosos por ser patrimonios, culturales, Arquitectónicos, religiosos e históricos del cristianismo y de la humanidad. Y En conclusión, estos tesoros no representan ninguna riqueza económica, sino que representa un costo para la iglesia católica quien es la única que tiene la responsabilidad de invertir dinero en el mantenimiento y preservación de todas estas reliquias históricas.

En resumen, el valor de los tesoros de la Iglesia radica en la importancia de como evidencia la histórica de la Iglesia y la historia de la humanidad, la cual demuestra y da testimonio sobre la historia de la fe en la Iglesia de Cristo desde sus inicios en el siglo I hasta hoy.

Como conclusión, pedir que la Iglesia Católica venda las joyas antiguas que tiene; que funda los metales de los tesoros históricos; que vendan o boten a la basura las reliquias de nuestros santos; sería lo mismo que pedirle a los museos que donen todos sus libros antiguos para reciclar el papel y evitar la tala de árboles. O pedirle a estos mismos que donen todos los objetos metálicos y joyas que tengan entre sus colecciones, con el objetivo de reutilizar estos elementos valiosos para evitar las excavaciones mineras que dañan el medio ambiente. En síntesis, hacer una afirmación como la abordada en este punto, es simplemente formular una propuesta tonta, absurda e ilusoria, para solucionar un problema Real.


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