domingo, 12 de abril de 2020

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?


¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? (Lc. 24,5)

Por Juan M. Rodea


Yerushalayim Today - 16 de Nissán de 33 d.C, Jerusalén, Israel - Fuera de los muros de la ciudad ha sido hallada al amanecer con signos de allanamiento la tumba de José de Arimatea en la cuál había sido sepultado Jesús de Nazareth después de que el beneficiario del mausoleo se hubiese reunido con el procurador romano Poncio Pilato para reclamar el cadáver del condenado a muerte sin dar aviso a la autoridad del Sanedrín. De esta forma, en vez de ser puesto en la fosa común junto a los otros dos ejecutados a los que se les quebró las piernas para que muriesen antes de que cayera la tarde del pasado viernes y evitar con ello transgredir la norma de la Toráh en el libro del Deuteronomio, capítulo 6, verso 16 respecto a la necesidad de descolgar ajusticiados colgados de un árbol, poste de madera o similar, el cuerpo del nazareno fue dispuesto por el maestro de la Ley que lo trasladó debidamente hasta el sepulcro patrimonio de su familia. A petición posterior del sumo sacerdote Caifás al enterarse del hecho, se solicitó al procurador romano la asignación de una comisión de guardias pretorianos debidamente equipados con pilum, gladius, y armadura dado que se temía un amotinamiento o por lo menos un intento de robo del cuerpo por parte de los seguidores del difunto. Pese a las medidas de seguridad y la orden de aprehensión en contra de los doce principales operadores de este temido líder de 33 años de edad, se ha encontrado rodada la piedra que sellaba la tumba, hallándose desconcertados los guardias asignados a la custodia del lugar y rehusándose a declarar por temor a ser cesados de sus funciones o la sanción que las leyes romanas determinasen. Aún así, se ha corrido el rumor de dos hombres de extraña apariencia vestidos de blanco merodeando por el lugar y anunciando a familiares y conocidos que se acercan al lugar de los hechos que "ha resucitado", especialmente una mujer identificada como María Magdalena, que delirante ha asegurado verlo y ha mencionado que se dirige a donde se esconden los once cómplices que continúan con vida y de quienes aún se desconoce su paradero, aunque hay informes de que el segundo al mando identificado como Simón alias Pedro en compañía de Juan hijo de Zebedeo estuvieron también en la escena del crimen. Se espera la pronta detención de estos embaucadores que siguen prófugos para evitar el surgimiento de una nueva secta que amenace con perturbar el orden de Israel aún en el marco de la tensión en las relaciones diplomáticas con el emperador Tiberio.

De haber sido la prensa como la conocemos al día de hoy hubiéramos encontrado una nota parecida a la que acabamos de leer –con las debidas precisiones históricas, claro está–, de hecho, el evangelio según San Mateo nos dice que de hecho los guardias si fueron a dar la noticia a los sumos sacerdotes –al parecer, sin rendir cuentas a sus superiores– de lo que había sucedido, a lo que estos determinaron entregarles una suma de dinero para difundir la noticia de que "sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos", teniendo de hecho la disposición de convencer a Pilato de que esa versión era real para evitarles complicaciones –y naturalmente evitárselas ellos–, y al día de hoy las escuelas rabínicas parecen estar convencidas de que en efecto así sucedió (Mt. 26,11-15).

El orden que constituían las autoridades religiosas y políticas de Israel en tiempos de Cristo en conjunto con el imperio que les había conquistado y convertido en provincia años atrás era lo que todo Estado civilizado necesita: leyes, ese pequeño y tan disputado territorio –hasta la fecha, formas de producir y un control sobre la vida pública que es preciso para el bien común, esto al menos en términos normativos –"lo que debería ser"–. Sin embargo, para lograr el bien común, el justo medio demanda para lograr orden que haya integridad moral por parte de los participantes para evitar transgresiones contra la vida, la libertad o la propiedad de cada uno, hay preceptos estipulados que buscan que esto se dé independientemente de que se logre o no, o en el peor de los casos que las transgresiones hacia esas tres dimensiones de la persona sean peores –términos positivos o "lo que en realidad es"–, así concibe el estudio del derecho y otras ciencias sociales el orden y la convivencia humana, ahora que si lo vemos desde la teología, tenemos que todos esos preceptos son lo que se conoce como la ley ceremonial, mientras que la Ley moral constituye la esencia de todas estas disposiciones –o algunas otras que se tengan en común con otras culturas en esta época, en anteriores o posteriores, ahí la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, mientras que en el primero predomina en la práctica la ley ceremonial sobre la Ley moral, la propuesta de la Nueva Alianza es que la Ley moral sea la que rija la moral del hombre para que recupere su dignidad de hijo de Dios (Mt. 5,9), en eso consiste el Reino de Dios (Mt. 6,10), ese Reino que Jesús de Nazareth que es juzgado por el procurador romano ha de encabezar (Mt. 27,11; Jn. 18,33), ese Reino que aunque no es de este mundo (Jn. 18,36) ha de establecer las bases para que sea la Paz definitiva la que traiga el verdadero orden que la humanidad necesita (Pacem in terris, Num. 165; cfr. Jn. 14,27).


¿Quién nos retirará la piedra del Sepulcro? (Mc. 16,3)



Una auténtica preocupación viene de las tres mujeres que le iban a buscar para ungirle y darle el último adiós, recordemos que en su cultura y época las mujeres tenían restringido el campo de acción, especialmente en el marco de las solemnidades. Primero que nada solamente tuvieron oportunidad de verlo siendo bajado de la Cruz y para que su cuerpo se conservase un poco tenían que embalsamarlo con perfume, mirra y lienzos nuevos, ese duelo tenía que ser llevado con ese toque estético que le ameritaba. Sin embargo, cuando su amigo Lázaro fue visitado por Él mismo antes de padecer, Él lo ordenó y la piedra fue movida por hombres fuertes que estaban en el lugar (Jn. 11,39), en esta ocasión ellas tres se dirigían solas hacia el sepulcro y no iban a ser los guardias las que las apoyaran sin contarles el tiempo para esta obligada tarea de preparación; la preocupación consiste en pensar en algo que sabemos que no podemos o no sabemos hacer y que vamos a requerir tarde o temprano, y en materia de Fe, ¿qué es lo que nos preocupa al igual que a estas mujeres?, esto tomando en cuenta que Dios dispuso que un ángel bajara del Cielo, hiciera rodar la piedra y hasta se sentara en ella (Mt. 28,2), ¿acaso no es Dios quien nos ayuda a mover la piedra de la preocupación para que podamos ver su Gloria en nuestras vidas? (cfr. Jn. 11,40).

¿Dónde lo han puesto? (Jn. 20,11-16)



Por demás conmovedor el encuentro de Jesús con María Magdalena, la misma de quien había expulsado siete demonios (Lc. 8,2): un duelo pronunciado por la interrupción de no ver a su difunto en donde debería de estar, la incertidumbre de que se lo llevaron y un dolor tal en el que dos ángeles le preguntan por qué llora y se limita a decir que se lo han llevado y no sabe dónde lo han puesto, y al no darse cuenta que no son humanos quienes la están asistiendo, es Jesús mismo quien le pregunta el motivo de su llanto y no es sino hasta que levanta la mirada al oír que la llama por su nombre que es gradualmente consolada por ese Maestro al que creía muerto...



...y hoy vivimos ante una pandemia que se cobra cada vez más vidas humanas, el temor nada infundado de que uno de nuestros familiares desarrolle la enfermedad y en el peor de los casos muera y no nos dejen despedirnos de él(la), aunque a decir verdad, ¿quién se puede despedir de sus familiares?, pensemos en situaciones más cotidianas: quien pierde a un ser querido por alguna enfermedad terminal que no sea contagiosa, muy a pesar de que sea ya de edad avanzada y haya oportunidad de verle todos los días como si ya fuera el último siempre es inesperado el momento en el que parte porque muy dentro de nosotros el cariño que sentimos por esa persona nos lleva de manera natural a albergar la esperanza de verle nuevamente con salud, y cuando alguien de nuestra familia muere repentinamente en un accidente o víctima de un crimen o guerra suele ser un duelo más brusco el que se vive, más desgarrador, toda pérdida nos lleva a la tristeza y gran parte de las veces a la culpa, ¿acaso María Magdalena no habrá sentido culpa por no haber podido estar presente más temprano, "antes de que se llevaran a su Maestro"?, y siendo así, identificando nuestro dolor, nuestra angustia, nuestra desesperación y más emociones adversas y su respectivo límite –aún cuando pensamos que ya nada puede ser peor–, ¿dónde han puesto los demás a Jesús si no es fuera de nuestra vista y/o alcance?, ¿dónde lo hemos puesto nosotros mismos?, ¿dónde hemos dejado que lo pongan?, ¿a dónde lo hemos dejado irse Él mismo después de nuestras malas decisiones?, ¿no está acaso nuestro Maestro y Amigo fiel esperándonos para consolarnos llamándonos por nuestro nombre y listo para abrazarnos cuando lo necesitemos?

¿Por qué seguir buscando donde no está?


A veces pensamos que hemos de encontrar a Dios al calor de una discusión en la que nadie es codecendiente, o practicando la Fe a nuestro antojo y conveniencia para obtener favor especial y jactarnos de ello ante los demás, y sin embargo, puede llegar el momento en que la incertidumbre que estamos enfrentando termine por confrontarnos a nosotros para acabar sucumbiendo ante ella y estar a punto de dar la razón a quien intenta –conciente o inconcientemente– interponer nuevamente la piedra entre Jesús y nosotros.

Del mismo modo, si nadie está interpuesto en nuestro camino –la mayor parte quienes nos dificultamos más la existencia somos nosotros mismos–, el temor que acompaña la muerte y la pérdida pueden ser los que apaguen la vela de nuestra confianza y perdamos de vista la compañía divina, en no pocas ocasiones he visto al igual que muchos abundante información sobre las tragedias que vive nuestro mundo, al grado de que ha habido quien piensa que las recientes medidas como realizar la liturgia a puerta cerrada han sido actos de cobardía y abandono de la Fe, cuando la Iglesia lo que busca es que el creyente viva para que en momentos peores a los que estamos viviendo pueda seguir luchando por la Verdad con la frente en alto (Ap. 19,11-14).

Recordemos que aquel que resucitó una mañana tan bella como la que estamos viviendo hoy prometió después de resucitar y convocar a sus Apóstoles (Mt. 28,16) estar con nosotros todos los días hasta el fin de este mundo (Mt. 26,19-20), estos tiempos, lejos de ser el fin de la Iglesia –que NUNCA llegará (Mt. 16,18)–, vienen a ser el comienzo de una nueva etapa, pues el COVID19 no cerró iglesias, sino que abrió una en cada hogar cristiano.

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viernes, 10 de abril de 2020

"Baja de la Cruz"

"Baja de la Cruz"

Por Juan M. Rodea


¿Una justa condición para creer?


Un visceral desafío que procede de la incredulidad es presentado como afrenta en el momento más inoportuno, a un condenado a muerte se le demanda un esfuerzo extraordinario en una cruel situación de desventaja para gozar de una credibilidad condicionada y quizá pasajera que demerita todo un Proyecto, se pide una prueba para que en el momento funcionen las cosas a modo más allá de lo sensato que pueda esto resultar, de la misma forma que un secuestrador o un terrorista demandan un acuerdo forzado ellos estipulan sus términos a quien a la vez están tomando como rehén: "¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz!" (Mt. 27,40) ¿De qué depende que esta condición sea valorada o no como justa conforme a los términos en que se realiza?, ¿y qué tal si fuéramos a la búsqueda de interpretar las intenciones con las que se realiza?... de antemano los textos bíblicos que narran el acontecimiento lo juzgan con cabal fundamento como una burla hacia el condenado, acción que viene a formar parte de un momento puntual y con implicaciones diversas que no se pueden de ningún modo subestimar.


¿Qué hay tras el reclamo?


Una actitud renuente frente a la conversión que parte del orgullo y la envidia que termina lamentablemente apoderándose de quienes estaban a cargo de enseñar y hacer cumplir la Ley de Dios para preservar la Alianza sacerdotal es la que lleva a los maestros de la Ley a oponerse al Ministerio de Cristo, aceptar su Propuesta implicaba renunciar a algunas cosas a las que estaban acostumbrados, se puede decir que la conveniencia era el origen de su rechazo del Plan de Salvación que constituye el Plan de Dios para la humanidad.

En este contexto histórico se observan hechos y acciones que marcaron el rumbo de este proyecto de Dios, de igual forma que sucede al día de hoy con las particularidades del acontecer actual: hablar de este momento histórico hace paralelos el pasado y el presente de la Historia de Salvación, y de la misma forma en que sucede con la iniciativa de Jesús de dar la propia vida como donación entera de su Persona (Jn. 10,17-18).

Ese fue el reclamo anterior, aquel que fue silenciado con el estruendo que secundaba las últimas palabras de Jesús antes de expirar (Lc. 23,44-48), aunque quizás es aún más apremiante cuestionarse si a pesar de ello ese reclamo aún existe ya desde voces diferentes, y basta mirar los medios de comunicación, donde algunos líderes de opinión que en público se expresan con una fuerte aversión hacia toda forma de Fe, en vez de ignorar el tema, se vuelven acérrimos críticos al expresarse en forma hilarante en ocasiones y en forma agresiva en otras, y el argumento central toma una fuerza especial durante estos momentos en que la humanidad atraviesa por una de las peores crisis de su historia –o al menos es en lo que el miedo y la incertidumbre llevan al impulso a pensar–.



A veces se habla de la creencia en Dios como una injusta forma de infundir miedo para llevar de la tragedia a la conversión, o en un intento de darle un tinte más racionalista al reclamo se reprocha el cómo las religiones del mundo apoyan directa o indirectamente a los médicos y científicos para resolver el problema para después desentenderse reconociendo la bondad de la Acción Divina, como si una cosa estuviera peleada con la otra..., y ya no hablemos del trillado mito de la opulencia de la Iglesia y una riqueza material que no es compartida para erradicar el hambre, enfermedades y damnificación por desastres naturales, y esta pandemia de coronavirus naturalmente se presta para bombardear fuertemente con ese discurso.


¿Qué diferencia este desafío del justo reclamo?


Para terminar de entender el primer caso hay que reparar en que quienes actualmente rechazan la Fe directa o indirectamente tras caretas de arrogancia, sarcasmo y desprecio hacia la genuina ignorancia o simple ingenuidad de no pocos creyentes –un problema que por su gravedad no puede ser ignorado suele esconderse un resentimiento generado por heridas hechas en el transcurso de la experiencia personal y que han empeorado con los remedios propuestos en las alternativas ideológicas, formas de colectivización mal encauzadas y la reacción inicua encabezada por la envidia y el deseo de venganza.



Un claro ejemplo: más allá de los daños en propiedad ajena y la agresión física hacia las personas que se crucen en el camino, los colectivos que piden considerar verdaderos males como el aborto en forma de derechos, suelen impartir talleres para "abortar de forma segura en casa" sin la conciencia del peligro que supone la vida e integridad de quienes en su desesperación lo realicen y sin que quienes lo promueven se atrevan a mencionarlo:




Justamente antes de ser aprehendido para ser juzgado y ejecutado, Jesús mismo reprende a Pedro por su intento de defender a su Maestro y explica cómo el círculo de la violencia la vuelve sistémica y conduce a la muerte de quienes se involucran (Mt. 26,51-52).

A veces nuestra realidad al ser confrontada puede ocasionarnos dolor o incomodidad ante la pérdida de algo que al ser debidamente resuelta nos puede ayudar a obtener un bien mayor, y para muestra basta un botón: varios católicos quedaron contrariados de la postura de la Iglesia mexicana antes del 9M y se llegó a pensar que se estaba cediendo ante las peticiones de los colectivos tal y como los mismos colectivos lo manifestaban en son de burla a través de sus redes sociales, e incluso no faltaron católicos desinformados que llegaron a pensar que se estaba apoyando al paro –evidentemente la Iglesia NO SE ESTABA SUMANDO AL PARO– y aún algunos cedieron compartiendo contenido y elementos propios de los colectivos –quede este último punto comentado más con fines narrativos que de juicio, y sin embargo la puerta que se dejó abierta al diálogo tenía como objetivo que fuésemos LOS LAICOS quienes a través de contracampañas como #mujeresvida o #undiasinviolencia pudimos unirnos no al paro convocado por los colectivos, sino al justo reclamo por la violencia no solamente hacia las mujeres, sino de todo aquel ser humano (para este ejemplo en particular, en vez de la venganza se opta por pedir cordialmente protección y responsabilidad para lograr el bien común mediante el justo medio).

Contrario a lo que se cree, no tenemos un Dios cruel que se goza en el dolor humano y al que se le pinta como implacable por una interpretación sesgada del Antiguo Testamento ni mucho menos negligente ante sus hijos que sufren, tan es así que Él mismo en la Persona de su propio Hijo se entregó a nosotros de la forma más injusta en reparación de nuestros pecados:



Y ante todo, por si sigue siendo difícil entender el dolor físico de un Hombre que fue agredido físicamente en forma gradual pasando de las bofetadas (Jn. 18,22; Mt. 26,67) a los sádicos azotes de los conquistadores romanos (Jn. 19,1-3) y la ignominiosa cruz (Deut. 21,22-23; Jn. 19,5-6; Gál. 3,13; Fil. 2,8), también está el sufrimiento anímico de la tristeza y angustia de Getsemaní (Mt. 26,37-38) y ese sentimiento de profundo abandono en el Calvario (Mt. 27,46) ya citado por el salmista (cfr. Sal. 22,1ss). El propio dolor fue la forma perfecta de unir el sufrimiento experimentado por Jesús al del resto de la humanidad en oblación:



Un detalle inesperado propio de la espontaneidad del programa citado (min. 11:30): nuestra invitada tenía ganas de salmodiar, instada entonces a la forma de compartir en la que se sintiera expresándolo más tranquilamente lo hizo y comentamos el hecho de que esperaríamos al domingo de ramos para escuchar la liturgia completa, y son inevitables los sentimientos encontrados al reparar en que tuvimos que vivir la celebración de la semana pasada en la lejanía de una transmisión en vivo o por televisión. Por algo vivimos ese adelanto (Rom. 8,28), muy a propósito de la insistencia de entender los signos de los tiempos, y el dolor es un indicador de la necesidad de Dios por ser en Él en el que encontramos Plenitud, más allá del chantaje percibido por el recelo del no creyente, descubrimos nuestra propia vulnerabilidad y la exponemos delante de Dios encauzando nuestro sentido de vida, más o menos dirigidas en esa línea van todas las corrientes de la filosofía y la psicología, pero una aproximación bastante precisa es la de la experiencia propia de Viktor Frankl en el campo de concentración, gracias a la fortaleza que desarrolló poniendo sus ojos más allá de Auschwitz nació la logoterapia, la escuela que más apertura tiene a la dimensión teologal del hombre –específicamente de la cosmovisión judeocristiana.



Es evidente entonces que no es nueva la osadía de desafiar a Dios y pedirle que actúe a nuestra conveniencia, antes del aborrecimiento cultural posmoderno promovido por los representantes del progresismo y las mentes donde predomina un criterio débil el día de hoy ("si Dios existe, que deje de haber pobreza, los curas dejen de violar niños", etc.), antes de que los maestros de la Ley con su alevosía de acusadores y verdugos dijeran "si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz", se escuchó decir también: "si eres Hijo de Dios, tírate abajo[...]" (Mt. 4,6), y ese mismo adversario definitivo formalmente declarado recibió por respuesta "[...]está escrito: 'no tentarás al Señor tu Dios'" (Mt. 4,7; cfr. Deut. 6,16). Hay una brecha entre la malicia declarada de la enemistad completa elegida contra Dios que comienza por culparle del destino (Jb. 2,9) y la desesperación que nos lleva atribuirle nuestras desgracias, o en su defecto, demostrar que como la desgracia existe, entonces no existe el Bien absoluto y por ende es vana la búsqueda de la trascendencia, y sin embargo esta humana y limitada forma de pensar que es de naturaleza intrínsecamente empírica, se origina en un conocimiento incompleto y perturbado de nuestra realidad y la realidad del mundo –por no mencionar la insensatez y el desconocimiento del Plan de Dios– (Jb. 2,10; Sal. 14,1), es preciso atender a la identificación de los sofismas modernos en sus más diversas formas de aplicarlos en esta narrativa –comenzando por la falacia de petición de principio que es el punto de partida en esta ocasión, el hombre de paja o la compleja paradoja de Epicuro.


La Verdad: solución y punto de convergencia




Si de verdad nos esforzáramos en aprender desde nuestros momentos de dolor; si así como somos capaces de levantarle la voz o simplemente reclamarles a nuestros padres, maestros o superiores en el trabajo y de pelearnos con nuestros clientes, proveedores, socios y vecinos fuésemos firmes para dejar de justificar a líderes e ideologías en momentos de clara injusticia e incongruencia por miedo de renunciar a algún favor o la necesidad de replantear las convicciones propias; si así como somos capaces de reclamarle –no siempre de la mejor manera– a alguien que se metió en la fila o se nos cerró con su vehículo en la calle fuésemos firmes para denunciar un delito que presenciamos; si así como somos capaces de criticar a nuestro párroco, el Papa, los obispos y líderes pastorales –gran parte del tiempo a sus espaldas o en el anonimato presencial de las redes fuéramos prestos para el apostolado, las obras de Misericordia, la responsabilidad cotidiana y firmes para reprender en la caridad a alguien que está errando sin alegar una empatía simplista y reducida; si así como somos capaces de reclamar tiempos de respuesta a las oraciones de Dios fuéramos nosotros de asiduos a la oración y a los Sacramentos –especialmente el de la reconciliación–, podríamos comenzar a sentar las bases en nuestra vida de la Verdadera Justicia, aquella que fue detalladamente descrita en el Sermón del monte (Mt. 5-7).



Dios es el Bien y la Verdad en si mismos, se le puede entender de forma personal gracias a Jesucristo que se entrega por nosotros un día como hoy, por ello debemos preguntarnos si nuestro reclamo es realmente justo y ser capaces de rectificar y perdonar a Dios dado que Él ni es culpable de nuestro dolor ni se complace en el mismo, antes bien, es capaz de llorar junto a nosotros ante nuestra pérdida (Jn. 11,35; Lc. 19,41); de ahí a partir de las circunstancias viene perdonar aún a quien nos ha hecho daño sin importar si es capaz de reconciliarse con nosotros o no (Mt. 6,12.14;5,44-47), Jesús mismo pone el ejemplo de compasión ante esa saña máxima de quienes lo llevan al suplicio (Lc. 23,34); y el verdadero arrepentimiento para rectificar nuestras acciones, culmina con perdonarnos a nosotros mismos confiando en que Dios puede perdonarnos de todo si así lo permitimos (1 Jn. 3,20-21; Jn. 6,37-38; Lc. 15,20), estos tres niveles de perdón los identifica y enseña San Francisco de Asís, es preciso reiterar que en el sufrimiento propio somos más sensibles de acuerdo a nuestro grado de autorreconocimiento a la Verdadera Justicia y cuando vemos la dureza de corazón de alguien a nuestro lado a raíz de que la está pasando mal, es posible voltear para reconocer la oportunidad de elegir entre el reproche y la compasión para pedir perdón ante la propia exigencia de nuestras culpas (Lc. 23,39-42) y recibir en reciprocidad aún sin merecerlo la Misericordia y el recibimiento de Dios que nos acompaña incondicionalmente desde la Cruz (Lc. 23,43).

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jueves, 9 de abril de 2020

¿Dónde quiere Jesús que preparemos la Cena?

¿Dónde quiere Jesús que preparemos la Cena?

Por Juan M. Rodea


¿Es este un momento histórico al que nos estamos refiriendo?


Bien sabido es que la celebración de Pésaj giraba en torno a un hecho que había constituido a Israel como nación después de la opresión de Egipto, que se veía claudicante frente a la mortal tragedia de la que los israelitas se estaban viendo rescatados frente a quienes los tenían cautivos (Ex. 12,1-28). Año con año se celebró desde entonces por el pueblo hebreo esta fiesta que en el mundo occidental para los hispanoablantes se conoce como la Pascua, con rigor ininterrumpido se cumplía cabalmente por todo judío que se respetaba y la familia de Nazareth no fue la excepción (Lc. 2,41-42). El Hijo Único de esta familia subía entonces cada año a Jerusalén en peregrinación para esta festividad, y sin embargo en el ocaso de los evangelios se muestra el marcado y explicado interés que tiene Jesús en la Última Pascua que vivió en este mundo antes de morir (Lc. 22,14-16), ¿y cómo comenzó este acontecimiento único?, por lo menos los primeros tres evangelios narran el acontecimiento (Mt. 26,17-19; Mc. 14,12-16; Lc. 22,7-13), y para poder ver con mayor detalle la escena revisaremos el último de los textos:

"Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Vayan y prepárennos la Pascua para que la comamos.» Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» Les dijo: «Cuando entren en la ciudad, les saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo hasta la casa en que entre, y dirán al dueño de la casa: ‘El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ Él les dará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; hagan allí los preparativos.» Fueron y lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua."
Lc. 22,7-13 BJL

A pesar de que sé la condición Divina de Cristo como muchos que leen, no deja de asombrarme como a la mayoría el hecho de que el Maestro sabía de antemano –conociera o no previamente al dueño, claro está que tampoco debemos olvidar también su condición humana– cómo estaría dispuesto todo y da indicaciones precisas y puntuales para que los Apóstoles que recibieron la encomienda pudieran ser atendidos conforme a la disponibilidad que los anfitriones tenían a cargo. Claro está que toda indicación recibida de Jesucristo a los suyos desde entonces está llena de elementos dignos de atención, por eso dio en todo momento y con toda claridad la importancia de atender signos y señales con su respectivo significado:




Para aclarar entonces, ¿nos estamos refiriendo a este momento histórico o a aquel?


¿Por qué algunos columnistas insistimos en usar tantas preguntas? (especialmente en los encabezados), ¿para qué hacer capcioso algo que debe de ser entendible? –¡y sobretodo tratándose del título o incluso el punto de partida!–, ¿no es mejor ser directos e ir al punto sin rodeos?..., ¡pues si y no!, ¿y por qué no? –pregunta obligada en ambas direcciones–, la claridad a veces requiere ser depurada reteniendo lo descartable identificándolo primero, y esto implica asegurarnos que estamos planteando correctamente una problemática, o en su defecto, que estamos entendiendo correctamente la que plantea alguien más.



Hablamos de un momento único, histórico, esa materia que tantos dolores de cabeza por la cronología que implica es preciso emplearla para entender hechos pasados... ¡o actuales!, el tiempo transcurre y cambia los lugares y actores, a Heráclito de Éfeso se le ocurrió la analogía del agua del río para tratar de comprender esa cuestión, figurarse que aunque la ubicación de un cauce hidrográfico –historia, filosofía y también geografía, ¿no estábamos ya de vacaciones? podía aludir a un mismo río al cuál acudir para bañarse, si lo visitamos en diferentes ocasiones no será el mismo río porque el caudal de agua que lo conforma va fluyendo y es reemplazado por agua que proviene del mismo lugar y que está constituida por átomos y moléculas del mismo tipo de elementos –¡física y química, el colmo!, pero a fin de cuentas unidades moleculares diferentes...

...el estudio del factor tiempo en cuestiones existenciales es algo tan complejo y a la vez necesario, que grandes filósofos como Martin Heidegger dedicaron obras completas para entenderlo como parte esencial de la vida del hombre (El ser y el tiempo, 1927), que cunda el alivio de que no es el objetivo disertar a profundidad sobre esta cuestión, pero si es necesario darnos una idea de qué tamaño es para asimilar la riqueza de los pronombres demostrativos –¿y ahora para qué meter conceptos de gramática?– en la afirmación central que nos compete la pregunta del primer subtítulo: "¿es este un momento histórico al que nos estamos refiriendo?" (si, ¿cómo asegurarnos si es este momento o aquel momento?, ¿la Jerusalén de tiempos de Jesucristo o el 2020 que está corriendo actualmente?)


¿Para qué hacer una diferenciación tan radical y a la vez un paralelismo tan exhaustivo de ambos momentos?


¿Estás seguro(a) de que la historia no se repite?, evidentemente, esa Pascua para la que Cristo vino al mundo resignificó el Pésaj de los judíos para que los cristianos viviéramos ese momento único aún dentro de la especificidad del momento presente, así como Jesús de Nazareth estaba presenciando el momento más adverso de su Ministerio y de su propia existencia en este mundo, la humanidad hoy enfrenta una crisis única en la historia...



...una crisis tan única como lo fue la epidemia de peste negra del siglo XVII, y tan única como las que le precedieron en la Edad Media, fueron circunstancias bastante similares, pero en cada una la humanidad actuó diferente en muchos aspectos aunque el temor a nivel escatológico era el mismo, igualmente hace 12 años se vivió una epidemia de influenza porcina (ocasionada por la cepa del virus H1N1) en la que se vivieron breves momentos de pánico que igual se prestaron  en su momento para bastantes conjeturas más allá de los cuidados que desde entonces se practicaron –suspensión de actividades, uso de equipo de protección y medidas de sanitización, y vemos al día de hoy reacciones diversas ante una pandemia de un tipo de coronavirus (SARS-CoV-2) que se contagia más fácilmente y que tiene azorados a los sistemas de salud públicos y privados y a todos los gobiernos del mundo muy a pesar de los intereses y poder que puedan tener y de los que no es preciso hablar mucho en este momento.

En teoría los creyentes no deberíamos temer mal alguno porque Dios está con nosotros en las buenas y en las malas (cfr. Sal. 23,1ss), y sin embargo vemos que se pierde de forma inconsciente y en algunos casos hasta deliberada de la cordura, la prudencia, el sentido común y algunas otras cualidades intelectuales en muchos aspectos de la vida cotidiana que se ven forzados a cambiar debido a esta peculiar circunstancia al menos en el tiempo que esto dure.

Hasta el cansancio se han visto publicaciones varias en sitios católicos que hablan precisamente de ejemplos bíblicos de confinamiento y otras maniobras de defensa utilizadas por el Pueblo de Israel para salvaguardar la vida e integridad de aquellos a quienes Dios quiso proteger muchas ocasiones, y es de hecho la Pascua judía –o Pésaj– el ejemplo que más se ha utilizado, Dios mismo pidiendo a los hebreos que no salieran porque quería que nadie de los suyos sufriera la tragedia que les afectaría a los verdaderos responsables de la misma, no se trata de buscar culpables al día de hoy de la propagación de esta enfermedad como muchos oportunistas han querido hacer, antes bien, habría que preguntarnos en qué estado se encuentra ahora mismo nuestra vida de Fe para poder confiadamente encaminar nuestra oración hacia el pedido de la Misericordia y protección divina (Ef. 6,18) de Aquel que hace salir el sol sobre buenos y malos (Mt. 5,45). Esta importante labor se corresponde hoy con el tiempo litúrgico, pues en todo el mundo ha habido obispos que sabiamente han dispuesto consideraciones para vivir las celebraciones cuaresmales y del triduo pascual de manera acorde a la seguridad requerida en este momento, naturalmente la más compartida es la de solicitar que solamente los fieles que servirán en la liturgia y la música sean los que estén presentes en el templo desde donde se está transmitiendo por internet a puerta cerrada para los demás fieles:



Valga destacar el hecho de que la devoción en línea jamás se podrá equiparar con la vivencia presencial de los Sacramentos de la misma forma que un noviazgo a distancia no se puede comparar con uno donde se convive con una persona en la misma ciudad y mucho menos viene a ser reemplazo una de la otra, se ha dispuesto esto en lo que se busca la forma de que tengamos nuevamente acceso a la Eucaristía, la Confesión y todos los demás ritos en los que formamos parte del nuevo Pueblo de Dios, pues así como las catacumbas preservaron provisionalmente de la persecución a los primeros cristianos, nuestras casas por ahora son el entorno seguro donde estamos invitados a participar en la celebración este momento de la Cena del Señor, la instrucción la hemos recibido, lo que queda es ir hacia donde nos ha pedido a través de quienes dejó a cargo el Papa y los obispos en la primera jerarquía de la línea pastoral–, para que igual que en este pasaje del Evangelio podamos encontrar todo tal como nos ha dicho y preparar la Pascua.

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lunes, 30 de marzo de 2020

¿Aún no tenemos Fe?


¿Aún no tenemos Fe?

Por Juan M. Rodea


¿Por qué es para todos esa pregunta hoy en día?



"La Fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve."
Heb. 11,1 BJL

Así es como de forma plena y concisa se nos presenta la definición de la Fe como concepto en el Nuevo Testamento, y no es tan diferente del Magisterio de la Iglesia, que en el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1814, que nos amplía el significado de ello:
La Fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la Verdad misma. Por la Fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (Dei Verbum, Num. 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la Voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la Fe” (Rom.1, 17). La Fe viva “actúa por la Caridad” (Gal. 5, 6).
En ese esfuerzo podemos entender un acto de Fe como una obra que requiere iniciativa en dos aspectos: conocimiento y acción. Con un poco de entendimiento a priori podríamos identificar en estas dos vertientes del acto de Fe una fase mecánica y una dinámica, una virtud que una vez meditada nos puede llevar a la acción, y sin embargo a veces vivimos la Fe sin haberla meditado previamente y las consecuencias podrían no corresponder con los resultados a los que queremos que nuestra Fe esté orientada.

¿Qué tan oportunamente activa está nuestra Fe?

Así como amar es un acto de Caridad y esperar uno de Esperanza, la Fe en activo requiere creer en algo que existe, algo que Alguien superior a nosotros dispone y con quien hemos de encontrarnos en el mejor momento de nuestras vidas, ese Dios personal que nos espera confiadamente y que por ello nos infunde a su vez la capacidad y el deseo de esperar en Él y que humanamente se traduce en ese anhelo de felicidad y esa búsqueda del bien y la Verdad que llevan intrínsecamente (CIC Num. 1818), son virtudes que si bien no están del todo separadas es preciso diferenciarlas para tener bien claro el Camino que hemos de recorrer, y por ello hemos de preguntarnos de la misma forma que el sabio rey Salomón (Prov. 20,24) y posteriormente San Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio (Fe y razón, Num. 20): "¿cómo puede el hombre saber su Camino?" (podríamos hacer una sesión completa de diálogo sobre esa cuestión para apropiarnos mejor de la pregunta):



Una vez entendido el papel de la razón para una vivencia madura de la Fe, quizás es buen momento de preguntarnos más a conciencia: ¿cómo se vive la Fe?, ¿se ve?, ¿se siente?, ¿se intuye?, ¿cuál es el ideal de la Fe?

Si tenemos una forma clara de identificar cómo debe de ser la Fe en su madurez y Plenitud total tenemos la respuesta a lo que nos está faltando hoy para vivir la Fe, y la ausencia de Fe la podemos encontrar de hecho en la zozobra que nos produce la adversidad presente.

¿Realmente conocemos en qué estado y condiciones se encuentra nuestra Fe el día de hoy?

Hace algunos años se me pidió para nuestros jóvenes un tema de confrontación para un retiro, un retiro temático cuya ambientación y actividades –naturalmente incluyendo el contenido– giraba en torno a la vida naval y por ende las citas bíblicas tenían que ver con episodios relacionados a las embarcaciones.



Tejer redes es una de las actividades de los pescadores y que usualmente se realiza en tierra firme para la pesca que se ejecuta desde la embarcación una vez mar adentro, y partiendo del acto de embarcarse en una aventura –como lo es el anuncio del Evangelio– el ejemplo que me sirvió para comenzar con esa enseñanza fue el de Jonás, que fue invitado a dar un mensaje de conversión a la ciudad de Nínive y decidió irse por mar hacia otro lado, acto que tuvo sus respectivas consecuencias y que sin embargo supuso para el profeta prófugo una desaveniencia donde Dios estuvo presente preservándolo en las entrañas de un pez para tener posteriormente la oportunidad de enmendar aquel acto de desobediencia y resultando esta segunda oportunidad en un fruto de abundantes conversiones, una ciudad entera para ser precisos (Jon. 1,1-16;2,1-11;3,1-10).



Y a propósito de los paralelismos bíblicos, pasa en los temas de formación, pasa en la vida, de la barca de Jonás podemos pasar a episodios con ciertas circunstancias similares. Tenemos por un lado en el Antiguo Testamento, un Dios que estuvo siempre pendiente de aquel que subía a bordo, y sin embargo también tenemos en el Nuevo Testamento un momento diferente, circunstancias un tanto desalentadoras para un puñado de hombres que desde el principio se embarcaban obedientes a la Voluntad de Dios y que enmedio de una gran tormenta ven al Hijo de Dios durmiendo plácidamente (Mc. 4,38)...



¿Quién hubiera imaginado hace aproximadamente 4 años que esa misma escena fuera a ser evocada por el Papa Francisco el pasado viernes enmedio de la penumbra que vive la humanidad ahora que se vive esta pandemia de coronavirus?, nos recuerda que es el único momento en el Evangelio –al menos en los 4 relatos que componen el Canon bíblico que usamos– que se ve a Jesús durmiendo, pero la escena no es exclusiva de aquel tiempo, ni para los jóvenes que recibieron esa enseñanza en aquel retiro, ni lo es en tiempos actuales donde no sabemos las dimensiones del confinamiento que vivimos en nuestros domicilios, lugares de trabajo e incluso en nuestros recintos de culto dadas las circunstancias específicas de estos días y que nos implican participar sin congregarnos físicamente por un tiempo.



Difícil no asomar un par de lágrimas o por lo menos sentir un nudo en la garganta al contemplar una escena donde una Nochebuena, un par de solitarios con miedo coinciden y uno de ellos –el de mayor experiencia recorrida (Roberts Blossom, 1924-2011)– menciona al otro que ese lugar donde se han encontrado es el lugar correcto para encontrar refugio cuando la conciencia exige rectificar, esa parada que Kevin (Macaulay Culkin, 1980-), el pequeño protagonista de la película hace en un templo camino a casa (Home alone, 1990). Este clásico filme de una época bastante específica y que por algo llegó a ser transmitido en un canal de televisión de paga en días recientes, si bien hace alusión a una temporada y tiempo litúrgico diferente, nos recuerda que la razón de la Natividad del Señor es su Pasión, Muerte y Resurrección para la que nos preparamos durante la Cuaresma para vivir plenamente la Pascua.



Difícil no sentir consternación cuando a un año de la histórica tragedia del incendio en la Catedral de Notre Dame vemos pintas en nuestras iglesias por parte de grupos de choque que exigen derechos perjudiciales para la propia vida de los no nacidos, como es también difícil evitar la nostalgia cuando después de estos disturbios se nos pide no asistir físicamente a nuestros templos justamente para evitar que se propague el contagio de la enfermedad que amenaza también a nuestras familias por unos días..., ¡vaya Cuaresma la que nos está tocando vivir este año!, tenemos una ausencia sacramental que nos hace pensar en el duelo que vivieron los Apóstoles (Mt. 9,14-15) cuando escondidos por miedo a los judíos pasaban esos dos días posteriores a la Pasión de su Señor (Jn. 20,19) sin saber qué pasaría después del dolor por la muerte de alguien que siendo el Hombre más importante (Jn. 13,1.3) se hizo amigo de ellos de la misma forma que busca ser amigo de nosotros (Jn. 15,13-15).



Este lluvioso atardecer en la Plaza de San Pedro que al Papa le recuerda el inicio de la perícopa (Mc. 4,35) es señal, o bien de una época de cambio, o deliberadamente de un cambio de época, ¿fin de los tiempos?, la Plenitud de los tiempos tuvo lugar en el Calvario y si acaso será consumada en la Parusia, esta no tendrá lugar sin que antes sucedan varias otras cosas que faltan, no es menester de nosotros hacer pronósticos aún con las mejores intenciones dado que no tenemos facultad de ello (Mt. 24,36), antes bien nos toca estar atentos y vivir en obediencia a la Voluntad de Dios (Mt. 24,42; cfr. 1 Pe. 5,8-9).

¿Qué tan consolidada está nuestra Fe?

¿Qué es lo que nos toca hacer el resto de los días que tenemos?, Dios en su Misericordia dispone para nosotros del tiempo y recursos necesarios para conocer su Voluntad en nuestras vidas y el propósito para el cuál mediante esa Voluntad perfecta nos tiene en este mundo aguardando su venida. Tenemos una vida completa para aprender cómo sentir, conocer, encauzar y vivir la Fe, una vida que bien podemos orientar desde el conocer y el actuar para la edificación de la Obra de Dios, porque como bien lo dijo G.K. Chesterton (Lo que está mal en el mundo, 1874), este mundo más que un cementerio, aún a pesar del lúgubre escenario de las personas que sucumben ante este padecimiento y que a algunos incluso les hace recordar el tercer secreto de Fátima –a pesar de que ni siquiera llega a su cabal cumplimiento aún–, es como un templo inacabado.

El no estar físicamente en templos terminados de construir  y dispuestos para el culto bien podría llevarnos a pensar cómo constituirnos en una feligresía activa y participativa de una forma muchísimo más radical que antes de esta prueba, pues muchas más hemos de pasar de aquí hasta que vuelva nuestro Señor, es momento de plantearnos qué tanto estamos edificando con nuestra vida...



Evidentemente, la Fe tiene un propósito fundamental en la vida del cristiano, y seguramente alguien se preguntó antes que nosotros, ¿cuál es la ruta que la Fe nos descubre?...

...no sé tú, pero creo que vale la pena estar pendientes de esa respuesta, puede llegar cuando menos lo esperas, ¿estás listo(a) para recibirla y vivirla al máximo?

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