Oración para recibir la gracia de poder confesarte.


Dios Padre misericordioso, en este momento me acerco a ti con humildad y confianza, reconociendo mi necesidad de ser perdonado por todas mis faltas. Te pido, Señor, que me concedas la gracia de tener el valor y la fortaleza para acudir al Sacramento de la Reconciliación, donde puedo experimentar tu amor y tu misericordia en el perdón de mis pecados.

Jesús, nuestro Salvador, tú que viniste al mundo para liberarnos del pecado, te ruego que me acompañes en este acto de contrición y arrepentimiento. Fortaléceme con tu gracia para que pueda enfrentar mis faltas con humildad y sinceridad, confiando en tu perdón y en tu amor infinito.

Espíritu Santo, fuente de luz y de consuelo, te imploro que ilumines mi mente y mi corazón, que me despojes de la vergüenza para que pueda reconocer mis pecados con sinceridad y recibir tu paz interior. Inspírame para hacer una confesión completa y sincera, y ayúdame a abrirme a la acción sanadora de tu gracia.

Virgen María, Madre de la Misericordia, intercede por mí ante tu Hijo Jesús, y acompáñame en este camino de reconciliación y renovación espiritual. Tú que eres modelo de humildad y pureza, ayúdame a seguir tu ejemplo y a acercarme al sacramento de la Reconciliación con confianza y devoción.

Que, a través del sacramento de la Confesión, pueda experimentar la alegría y la paz que vienen del perdón de Dios, y renovar mi compromiso de vivir en conformidad con su voluntad. Amén.

Oración para rechazar a Satanás y unirse a Cristo



Rechazo a Satanás y me uno a Cristo, mi Salvador y guía en todo momento. Me arrepiento sinceramente por todas las ofensas que he cometido contra Jesús, mi Señor, con mis pensamientos, palabras y acciones. Reconozco que he fallado en seguir sus enseñanzas y he pecado contra su amor y misericordia. Con humildad y contrición, pido perdón por mis errores y prometo esforzarme por vivir de acuerdo con su voluntad.

Invoco al Espíritu Santo para que me ilumine, fortalezca y guíe en mi camino de fe. Que su fuego purificador consuma todo lo que me aparta de Dios y me lleve a una renovación interior profunda. Que su gracia me sostenga en las pruebas y me impulse a vivir una vida de santidad y amor.

Que el Espíritu Santo me ayude a discernir la verdad, a vivir en la justicia y a ser un testigo fiel del Evangelio de Cristo. Que su presencia en mi vida me transforme y me capacite para ser un instrumento de paz, esperanza y reconciliación en el mundo. Amén.

¿Es pecado 'vapear'? ¿Qué dice la Iglesia?


Primero, permíteme decirte que la Iglesia Católica no tiene una posición específica sobre el vapeo, ya que es un fenómeno relativamente nuevo en comparación con la antigüedad de nuestra fe. Sin embargo, podemos aplicar los principios fundamentales de la moral católica para analizar esta práctica.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos enseñanzas que nos guían en la toma de decisiones éticas. Por ejemplo, el Catecismo nos recuerda que debemos cuidar y respetar nuestro cuerpo, ya que es el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Esto significa que debemos evitar todo aquello que dañe nuestra salud física, mental o espiritual.

El vapeo, al igual que el tabaquismo, conlleva riesgos para la salud. Aunque algunos argumentan que el vapeo es menos perjudicial que fumar tabaco tradicional, todavía implica la inhalación de sustancias que pueden causar daño pulmonar y otros problemas de salud. Como católicos, debemos ser conscientes de cómo nuestras acciones afectan nuestro bienestar y el de los demás.

Además, el vapeo también plantea cuestiones éticas relacionadas con la adicción. La dependencia del vapeo puede convertirse en un obstáculo para nuestra libertad y capacidad de vivir plenamente como hijos de Dios. El Catecismo nos enseña sobre la importancia de la virtud de la templanza, que consiste en moderar el uso de los placeres y evitar caer en la esclavitud de los apetitos desordenados (Catecismo de la Iglesia Católica, 1809).

Ahora bien, es importante recordar que el hecho de que una acción no esté explícitamente prohibida por la Iglesia no significa necesariamente que sea moralmente aceptable en todas las circunstancias. En este caso, el vapeo puede ser problemático si se convierte en un hábito que nos aleja de una vida virtuosa y saludable.

Como católicos, también debemos considerar cómo nuestras acciones afectan a los demás. Por ejemplo, el vapeo en lugares públicos puede ser molesto o incluso perjudicial para quienes nos rodean, especialmente si hay niños o personas con problemas respiratorios cerca. Jesús nos enseña a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (San Mateo 22:39), lo que significa que debemos ser conscientes del impacto que nuestras decisiones tienen en los demás y actuar en consecuencia.

En última instancia, la decisión de vapear o no es una cuestión de conciencia personal, pero debemos discernir cuidadosamente cómo nuestras acciones reflejan nuestros valores y nuestra fe. Siempre es útil buscar la orientación de un mentor espiritual o un confesor en asuntos de conciencia, ya que pueden ofrecer perspectivas sabias y ayudarnos a tomar decisiones informadas.

En pocas palabras, aunque la Iglesia Católica no tiene una posición oficial sobre el vapeo, podemos aplicar los principios de la moral católica para reflexionar sobre esta práctica. Debemos cuidar y respetar nuestro cuerpo, evitar la adicción y considerar cómo nuestras acciones afectan a los demás. Al hacerlo, podemos vivir una vida que honre a Dios y promueva el bienestar de todos sus hijos.

Espero que esta reflexión te haya sido útil, amigo. Si tienes más preguntas o inquietudes, ¡aquí estoy para ayudarte en lo que pueda!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es cierto que los judíos también creen en el Purgatorio?


Si bien es cierto que la creencia en el Purgatorio está arraigada principalmente en la teología católica, también es interesante notar que hay algunas similitudes en las creencias de nuestros hermanos mayores en la fe, los judíos.

Primero, hablemos un poco sobre qué es el Purgatorio desde la perspectiva católica. El Purgatorio es ese estado o lugar de purificación donde las almas que mueren en gracia, pero que aún necesitan ser purificadas de los residuos del pecado, se preparan para entrar en la plenitud de la presencia de Dios en el Cielo. Es como una especie de "lavado" final antes de entrar en la presencia divina. Creemos que, a través de nuestras oraciones y sacrificios aquí en la tierra, podemos ayudar a las almas en el Purgatorio a alcanzar la purificación necesaria para la visión beatífica.

Ahora, volviendo a tu pregunta sobre si los judíos también creen en algo similar, la respuesta es sí, aunque con algunas diferencias en la concepción y la terminología. En el judaísmo, no hay una doctrina oficial del Purgatorio como la hay en la fe católica, pero hay conceptos y prácticas que apuntan en una dirección similar.

Por ejemplo, en el judaísmo, hay una creencia en la vida después de la muerte y en la necesidad de purificación para aquellos que no han alcanzado la perfección durante su vida terrenal. En el judaísmo, esto se conoce como el "Gehenna" o "Sheol", que son términos que se refieren a un estado de purificación o corrección después de la muerte. En este estado, las almas pueden experimentar una purificación antes de acceder a la plenitud de la presencia de Dios.

Además, los judíos practican la oración por los difuntos, especialmente durante la festividad de Yizkor, en la que se recuerda a los seres queridos fallecidos y se ora por el descanso de sus almas. Esta práctica refleja una preocupación por el bienestar espiritual de los fallecidos y un deseo de ayudarles en su camino hacia la purificación y la reconciliación con Dios.

Entonces, aunque la doctrina y la terminología pueden diferir entre el judaísmo y el catolicismo, hay un reconocimiento común de la necesidad de purificación y de la importancia de las oraciones por los difuntos. Esto nos muestra cómo, a pesar de nuestras diferencias teológicas, compartimos un vínculo profundo en nuestra comprensión de la vida espiritual y el destino final de nuestras almas.

Es importante recordar que, en última instancia, tanto en el judaísmo como en el catolicismo, nuestra esperanza está puesta en la misericordia y el amor infinito de Dios. Confiamos en que, a través de su gracia, todas las almas serán purificadas y encontrarán su descanso eterno en su presencia. 

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué es el Armagedón en el que creen los Testigos de Jehová? ¿Los católicos creemos algo similar?

                            

Primero que nada, hablemos sobre el Armagedón tal como lo entienden los Testigos de Jehová. Para ellos, el Armagedón es un evento profético descrito en la Biblia, específicamente en el libro de Apocalipsis. Según su interpretación, es una batalla final entre el bien y el mal, donde Dios intervendrá para juzgar a la humanidad y establecer su Reino en la Tierra. Esta creencia está enraizada en la idea de un juicio divino que marcará el fin del sistema de cosas actual y el comienzo de una era de paz y justicia bajo el gobierno de Dios.

Los Testigos de Jehová creen que durante el Armagedón, Dios destruirá a aquellos que se oponen a su voluntad y a su Reino, mientras que aquellos que lo siguen serán salvados y vivirán en un paraíso terrenal. Esta visión del Armagedón implica una purificación total del mundo de todo mal y la restauración de la creación a su estado original de perfección.

Ahora, en cuanto a la perspectiva católica, aunque compartimos algunas creencias fundamentales con los Testigos de Jehová, como la creencia en un juicio final y en la segunda venida de Cristo, nuestra comprensión del Armagedón puede diferir en algunos aspectos.

En la Iglesia Católica, creemos en la segunda venida de Cristo, que se describe en el Nuevo Testamento, especialmente en los evangelios y en las cartas de San Pablo. Jesús mismo habla sobre su retorno en San Mateo 24:30-31, donde dice: "Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro".

En cuanto al concepto específico del Armagedón tal como lo entienden los Testigos de Jehová, la Iglesia Católica no tiene una enseñanza oficial o una interpretación específica sobre ese término en particular. Sin embargo, compartimos la creencia en un juicio final donde cada persona será juzgada según sus acciones y su relación con Dios.

Para nosotros los católicos, el juicio final está estrechamente vinculado con la venida gloriosa de Cristo, donde Él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Este juicio será un momento de revelación completa, donde se hará evidente la justicia y la misericordia de Dios. Como dice en el Catecismo de la Iglesia Católica en el párrafo 1038, "La Resurrección de los muertos precederá al Juicio final. Este tendrá lugar al final del mundo y será la hora en que todos los vivos y los muertos comparecerán ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba según sus obras, buenas o malas: 'Entonces, todos nosotros tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o lo malo que haya hecho en esta vida corporal' (2 Co 5, 10)".

Así que mientras que los Testigos de Jehová tienen una interpretación específica del Armagedón como un evento catastrófico que marcará el fin del mundo actual y el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, los católicos compartimos la creencia en un juicio final donde cada persona será juzgada según sus acciones y su relación con Dios, pero no necesariamente con la misma terminología o énfasis en un evento particular llamado Armagedón.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Cuáles son las principales diferencias entre los católicos y los mormones?


Los católicos y los mormones tenemos algunas diferencias importantes en lo que respecta a nuestras creencias y prácticas religiosas. Pero no te preocupes, te explicaré todo de manera amena y sin vueltas.

En primer lugar, hablemos sobre cómo entendemos a Dios. Los católicos creemos en un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta es una enseñanza fundamental que viene directamente de Jesucristo y ha sido afirmada por la Iglesia a lo largo de los siglos. En cambio, los mormones tienen una perspectiva diferente sobre la Trinidad y también creen en la posibilidad de que los seres humanos puedan llegar a ser dioses en el futuro. Eso es algo que no compartimos en absoluto con los mormones.

Otra diferencia importante es la autoridad religiosa. Los católicos creemos en la sucesión apostólica, lo que significa que la autoridad para enseñar y administrar los sacramentos viene directamente de Cristo a través de los apóstoles y sus sucesores, como los obispos (comenzando dicha autoridad por el obispo de la sede de Roma que conocemos como la Sede Apostólica). Por otro lado, los mormones creen que la autoridad sacerdotal se perdió después de la muerte de los apóstoles y fue restaurada a través de José Smith (fundador de los mormones) en el siglo XIX. Esa idea no encaja con nuestra comprensión de la historia y la tradición apostólica.

Hablemos también sobre las Escrituras. Los católicos reconocemos la Biblia como la única Palabra de Dio escrita, mientras que los mormones añaden otros textos como el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios, y La Perla de Gran Precio y creen que también son de revelación divina a la par de la Biblia. Para nosotros, la Biblia es suficiente como fuente de revelación divina escrita, y no necesitamos añadir más escrituras a eso.

Por último, en lo que respecta al matrimonio y la vida después de la muerte, hay diferencias significativas. Los católicos consideramos el matrimonio como un sacramento sagrado entre un hombre y una mujer, y creemos en la existencia de cielos, infierno y purgatorio como destinos finales (y temporal en el caso del purgatorio) después de la muerte. En cambio, los mormones creen en el matrimonio polígamo (un hombre con varias mujeres) y eterno y en la existencia de diferentes grados de gloria en la vida después de la muerte, con la posibilidad de llegar a ser dioses en el más alto grado de gloria. Esto es algo que no compartimos en absoluto y que va en contra de nuestra comprensión tradicional del matrimonio y la vida después de la muerte.

Así que ahí lo tienes, amigo, algunas diferencias fundamentales entre los católicos y los mormones, explicadas de manera clara y directa. Recuerda siempre que, aunque tengamos diferencias en nuestras creencias, es importante respetar las creencias y prácticas religiosas de los demás y tratar a todos con amabilidad y comprensión. Esa es la verdadera esencia del amor y la tolerancia que Jesús nos enseñó.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué a Jesús se le relaciona con el sol y a la Virgen con la luna?


¿Por qué a Jesús se le relaciona con el sol y a la Virgen con la luna?

¡Ah, mi amigo! Qué pregunta tan interesante y llena de significado. La relación entre Jesús y el sol, así como la Virgen María y la luna, es realmente profunda y simbólica en nuestra fe católica. 

Primero, hablemos sobre Jesús y el sol. ¿Sabías que en la Biblia, Jesús se llama a sí mismo "la luz del mundo"? En el Evangelio de Juan, capítulo 8, versículo 12, Jesús dice: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Esta declaración es sumamente significativa. El sol es la fuente de luz y vida en nuestro mundo físico, ¿verdad? Nos proporciona calor, iluminación y sustento para toda la creación. Del mismo modo, Jesús es la luz espiritual que ilumina nuestras vidas, nos guía por el camino de la verdad y nos da vida eterna.

Además, en el Libro del Profeta Malaquías, capítulo 4, versículo 2, se nos habla de Jesús como "el sol de justicia": "Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación". Esta imagen nos revela la naturaleza redentora de Jesús. Así como el sol trae luz y calor para renovar la vida en la tierra, Jesús trae la justicia y la salvación para renovar nuestras almas y restaurar nuestra relación con Dios.

Por otro lado, la relación entre la Virgen María y la luna también es muy significativa. La luna, a diferencia del sol, no tiene luz propia, ¿verdad? Su resplandor es solo un reflejo de la luz del sol. De manera similar, la Virgen María refleja la luz de su Hijo, Jesucristo. Ella es la madre amorosa que nos guía hacia su Hijo, nos lleva más cerca de Él y nos muestra el camino hacia la salvación.

En el Libro del Cantar de los Cantares, capítulo 6, versículo 10, se nos presenta una imagen poética de María como "la luna, brillante como el sol". Esta metáfora nos habla de la belleza y la pureza de María, así como de su cercanía a Jesús. Así como la luna acompaña al sol en el cielo, María acompaña a su Hijo en su misión salvadora.

Además, en el Libro del Apocalipsis, capítulo 12, versículo 1, se nos presenta una imagen maravillosa de María como una mujer "vestida del sol, con la luna debajo de sus pies". Esta imagen simbólica nos habla del papel de María en la lucha contra el mal y su victoria junto a su Hijo. La luna debajo de sus pies representa su dominio sobre las fuerzas de la oscuridad, mientras que el sol que la rodea representa su conexión íntima con Jesús, la luz del mundo.

Entonces, ¿por qué se asocia a Jesús con el sol y a María con la luna? En resumen, estas imágenes nos hablan de la relación íntima entre Jesús y María, así como de su papel en nuestra fe. Jesús es la luz que ilumina nuestras vidas y nos da vida eterna, mientras que María es la madre amorosa que nos guía hacia su Hijo y nos acompaña en nuestro camino de fe.

Es importante recordar que estas imágenes son símbolos que nos ayudan a comprender mejor las verdades de nuestra fe, pero no deben tomarse de manera literal. Lo importante es que nos ayudan a profundizar nuestra relación con Jesús y María, y a vivir nuestra fe con mayor fervor y devoción.

Espero que esta explicación te haya sido útil, querido amigo. Si tienes más preguntas o deseas profundizar en algún aspecto de nuestra fe, no dudes en acercarte. Estoy aquí para ayudarte en tu camino de fe y crecimiento espiritual. Que Dios te bendiga abundantemente.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

De Adventista del Séptimo Día a Católico, así relata un sacerdote la conversión de uno de sus parroquianos.


Como sacerdote católico, he presenciado muchas conversiones a lo largo de mi ministerio, pero hay una en particular que siempre recordaré con especial cariño. Se trata de la historia de Juan, un devoto adventista del séptimo día que encontró su camino hacia la fe católica de una manera verdaderamente inspiradora.

Todo comenzó hace unos años, cuando Juan comenzó a realizar trabajos de mantenimiento en nuestra parroquia después de mudarse a la ciudad por motivos de trabajo. Era un hombre amable y respetuoso, pero siempre noté una cierta reserva en él cuando se trataba de hablar sobre su fe. Durante los primeros meses, se limitaba a cumplir con sus tareas y evitaba involucrarse en conversaciones religiosas.

Un día, mientras trabajaba en el jardín de la parroquia, decidí acercarme a Juan para saludarlo y entablar una conversación. Le pregunté cómo se sentía en nuestra comunidad y si necesitaba algo en particular. Juan respondió con cortesía, pero pude percibir cierta tensión en su voz cuando mencionó que había crecido como adventista del séptimo día y que estaba todavía explorando su camino espiritual.

Durante nuestras conversaciones, Juan expresó su admiración por la liturgia católica, así como su fascinación por la historia y la tradición de la Iglesia Católica. Sin embargo, también compartió conmigo algunas dudas y preguntas que había estado teniendo sobre su fe adventista.

"Padre, siempre he creído firmemente que los católicos son idólatras", confesó Juan en una de nuestras conversaciones. "Creen en imágenes y estatuas, y eso va en contra de los mandamientos de Dios".

Comprendiendo su preocupación, le respondí con paciencia: "Juan, entiendo tus inquietudes, pero es importante recordar que la veneración de imágenes y estatuas en la Iglesia Católica no es idolatría. Estas representaciones nos ayudan a conectar con los santos y con la misma imagen de Cristo, y son un recordatorio de nuestra fe".

Juan frunció el ceño, claramente escéptico. "Pero ¿qué hay del papa? ¿No es él el anticristo, como dicen muchos adventistas?"

Sonriendo tranquilamente, intenté aclarar sus dudas. "El Papa es el líder de la Iglesia Católica, pero no es el anticristo. Es el sucesor de Pedro, a quien Jesús le dio la autoridad de liderar su Iglesia. El papel del Papa es guiarnos en la fe y la moral, y su autoridad está enraizada en la tradición apostólica".

Juan escuchaba atentamente, pero seguía sin estar convencido. "Y ¿qué pasa con el sábado? ¿No pecamos al no guardar el sábado como día sagrado, como está escrito en los Diez Mandamientos?"

"Juan, en la Iglesia Católica celebramos el domingo como el día del Señor, en conmemoración de la resurrección de Jesús", expliqué con calma. "Esto no significa que despreciemos el sábado, pero nuestra tradición se remonta a los primeros cristianos, que comenzaron a reunirse el primer día de la semana en honor a la resurrección".

Juan parecía reflexionar sobre mis palabras, pero aún tenía una última objeción. "Y ¿qué hay de comer carne de cerdo? En la Biblia se nos enseña que es impuro".

"Es cierto que en el Antiguo Testamento se prohíbe el consumo de ciertos alimentos, incluida la carne de cerdo", asentí. "Pero Jesús vino a cumplir la ley y nos liberó de esas restricciones. En el Nuevo Testamento, él mismo declaró que no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de ella".

Con el tiempo, Juan comenzó a participar más activamente en la vida de la parroquia. Se involucró en actividades sociales y comenzó a asistir a clases de catequesis. Durante este proceso, pude ver cómo su corazón se abría cada vez más a la gracia y la belleza de la fe católica.

Una de las experiencias más conmovedoras que compartí con Juan fue cuando lo acompañé en su primer viaje a una iglesia católica fuera de nuestra parroquia. Fuimos juntos a visitar una antigua catedral en el centro de la ciudad, y mientras caminábamos por los pasillos adornados con arte sacro y escuchábamos el suave murmullo de la música sacra, pude ver en los ojos de Juan una profunda emoción y reverencia.

Después de esa visita, Juan comenzó a asistir regularmente a la misa diaria y a participar en la adoración eucarística. Fue durante una de estas misas diarias que ocurrió un momento verdaderamente conmovedor que marcó un hito en su camino hacia la conversión.

Después de la comunión, mientras estábamos arrodillados en oración, vi lágrimas correr por las mejillas de Juan. Cuando terminó la misa, me acerqué a él y le pregunté si estaba bien. Con voz temblorosa, Juan me confesó que durante la adoración eucarística había experimentado una profunda sensación de paz y presencia de Dios que nunca antes había sentido.

A partir de ese momento, Juan se comprometió plenamente con su proceso de conversión. Continuó estudiando la fe católica, participando en la Misa y profundizando su relación con Dios a través de la oración y la meditación. Cada vez que hablábamos, podía ver cómo su fe se fortalecía y cómo su corazón se llenaba de alegría y gratitud por el don de la fe católica.

Finalmente, después de un largo y profundo proceso de discernimiento, Juan tomó la decisión de convertirse formalmente a la fe católica. Fue un momento de gran alegría y celebración para toda la comunidad parroquial, que lo recibió con los brazos abiertos y el corazón rebosante de amor fraternal.

Desde entonces, Juan ha seguido creciendo en su fe y su compromiso con la Iglesia Católica. Se ha convertido en un miembro activo de la comunidad, sirviendo como lector en la misa, participando en obras de caridad y compartiendo su testimonio de conversión con otros.

Su historia es un poderoso recordatorio del amor y la misericordia de Dios, así como del poder transformador de la fe. A través de su testimonio, Juan nos recuerda que nunca es demasiado tarde para abrir nuestro corazón a la gracia de Dios y seguir el llamado del Espíritu Santo hacia una vida de fe, esperanza y amor en Cristo Jesús.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Es líder de la Gran Logia de España y Católico: "Nada hay en los principios masónicos que vaya en contra de mi fe católica"


- El responsable de formación de la Gran Logia de España valora la declaración de Doctrina de la Fe en la que se rechaza que un católico sea masón

- “Según nuestro último barómetro, el 38% de los encuestados se declararon cristianos; el 14’5% son católicos”

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El pasado 15 de noviembre, la Congregación para la Doctrina de la Fe recordó su posición previa, adoptada en 1983, y recalcó públicamente que “la pertenencia activa a la masonería por parte de un fiel está prohibida, debido a la irreconciliabilidad entre la doctrina católica y la masonería”. Trascurridos unos meses, Andoni Fuentes de Cía, responsable de formación y redes sociales de la Gran Logia de España, valora con Vida Nueva el momento actual en las relaciones con la Iglesia. Y es que, tras iniciarse en la masonería en abril de 1997, grado 33º del rito escocés antiguo y aceptado, lo hace también “como católico que soy”.

PREGUNTA.- ¿Cómo se ha asimilado esta declaración vaticana en el seno de la Gran Logia Española?

RESPUESTA.- La declaración no ha causado sorpresa, pero sí tristeza, ya que el Santo Padre se ha mostrado muy sensible y abierto al contacto con otros colectivos anteriormente apartados de la Iglesia. En países anglosajones, la pertenencia de sacerdotes no católicos a logias masónicas es frecuente y sus Iglesias no ven inconciliabilidad entre su doctrina y los principios masónicos.

El gesto de Ravasi

P.- El último pronunciamiento vaticano en este sentido fue en 2016, cuando causó una gran sorpresa la carta del cardenal Gianfranco Ravasi, entonces presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, en la que invitaba a la masonería a afrontar “un diálogo sincero con la Iglesia”. ¿Sabe si se llegó a dar algún paso concreto en ese sentido, aunque entonces no trascendiera?

R.- Tras esa carta abierta se crearon expectativas de que se podía producir un acercamiento que propiciara la derogación de la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983. La masonería italiana dio algunos pasos que no dieron ningún fruto, ya que la Iglesia, finalmente, no fue receptiva a buscar el encuentro propuesto por el cardenal.

P.- A nivel personal, ¿en qué le enriquece en su fe cristiana su condición de masón?

R.- La masonería aspira a hacer de una persona buena otra mejor; mi sentido de la moral y de la ética, de la universalidad del ser humano, de la filantropía, se han visto altamente fortalecidos por mi militancia masónica.

Más cerca de Dios

P.- ¿Y cómo le nutre interiormente en su vivencia de la masonería el hecho de ser católico?

R.- Nuestros trabajos se hacen a la gloria del Gran Arquitecto del Universo con una Biblia abierta. Mi condición de católico me acerca más a Dios durante los mismos.

P.- ¿Ha tenido algún tipo de problema u obstáculo en el seno de la Iglesia por el hecho de ser masón o es algo que hasta ahora no había hecho público?

R.- Convivo en un entorno de católicos practicantes que saben de mi militancia masónica y no he tenido ningún problema en él. Asisto regularmente a misa, aunque me abstengo de comulgar por no serme permitido hacerlo.

Un grupo significativo

P.- Por lo que puede conocer, ¿cuál es el peso, numéricamente y en incidencia, de los católicos en la Gran Logia de España?

R.- Según el último barómetro de la Gran Logia de España, el 38% de los encuestados se declararon cristianos; el 14’5% son católicos.

P.- ¿Cree que llegará un día en el que la Iglesia establezca que es conciliable ser católico y masón?

R.- Nada he visto en los principios masónicos que vaya en contra de mi fe católica, por lo que puedo colegir que en un futuro se proclamará la conciliabilidad de la doctrina de la Iglesia y la masonería, aunque seguramente no será pronto.


Oración para iniciar la Cuaresma



Oh Jesús, hijo amado del Padre, te invocamos en este día para que nos guíes con tu luz divina en este camino cuaresmal. Que tu sacrificio en la cruz sea nuestro ejemplo de entrega y amor hacia nuestros hermanos. Concédenos la gracia de vivir este tiempo de preparación con fervor y devoción, renovando nuestro compromiso de seguirte cada día más de cerca.

Espíritu Santo, fuego divino que enciende nuestros corazones, ven a nosotros en este tiempo de gracia para fortalecernos en la lucha contra el pecado y para infundir en nosotros tus dones de sabiduría y discernimiento. Que tu presencia en nuestras vidas nos impulse a la conversión sincera y nos ayude a crecer en santidad, para que podamos experimentar la plenitud de la vida en Cristo.

Virgen María, Madre tierna y compasiva, acompáñanos en este viaje espiritual hacia la Pascua de tu Hijo. Tú, que caminaste junto a Jesús en su camino hacia la cruz, intercede por nosotros ante el trono de la gracia, para que podamos abrazar con alegría el misterio de su pasión, muerte y resurrección. Enséñanos a decir sí a la voluntad de Dios con la misma humildad y entrega con la que tú lo hiciste, y ayúdanos a abrir nuestros corazones a la acción transformadora del Espíritu Santo.

En este tiempo de Cuaresma, somos llamados a examinar nuestras vidas a la luz del Evangelio, a arrepentirnos de nuestros pecados y a renovar nuestro compromiso con el Señor. Que nuestras prácticas de ayuno, oración y limosna nos ayuden a despojarnos de todo lo que nos aleja de Dios y a centrar nuestras vidas en lo esencial: amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Que este tiempo de gracia nos fortalezca en la fe, la esperanza y el amor, y nos prepare para celebrar con gozo la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte en la fiesta de la Pascua. Que en medio de las pruebas y desafíos de la vida, mantengamos nuestros ojos fijos en Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida, y en quien encontramos la plenitud de la salvación.

Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe en este camino cuaresmal. Amén.

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