[Video] Católicos expulsan de iglesia a protestante que predicaba contra la Virgen


La personalidad de TikTok Ryan Foley, un cristiano protestante que viaja por los Estados Unidos "predicando", publicó recientemente un video proclamando su objeción al Rosario y la honra a la Santísima Virgen María.

El video, que generó casi 150,000 visitas solo en TikTok , muestra a valientes católicos sacándolo de la Iglesia por "predicar" contra el Rosario.

"¡El Rosario es Herejía! ¡La Madre María no es nada! ¡Se trata de conocer a Jesucristo!" Foley grita dentro de la Iglesia Católica mientras dos hombres lo sacan del santuario.

"¡Fuera!" un hombre grita.

Otro hombre lo amenaza con arrestarlo.

"Tienes que huir del catolicismo", continúa Foley. “El Rosario... y Jesús nos dice que nos alejemos de la oración repetitiva. Esto es una verdadera herejía. El problema real que circula ahora mismo son las iglesias con esta religión y este 'iglesianismo'. Ni siquiera van a la forma bíblica de hacer las cosas".

Los usuarios de las redes sociales defendieron a los hombres mientras criticaban a Foley por sus creencias erróneas.

Un usuario de TikTok dijo: "Lo siento Ryan. La Iglesia Católica fue fundada por Jesucristo".

Otro usuario de TikTok dijo: "La Iglesia Católica es la única Iglesia verdadera. No adoramos a María, pero le pedimos que ore por nosotros, ya que sus oraciones son más poderosas".

El usuario de TikTok Paul Gugerty agregó: "Sin palabras, absolutamente vergonzoso. ¡Bendita sea María, la Theotokos!".

Otro usuario de TikTok dijo: "Jesús no nos dice que nos alejemos de la oración repetitiva, dice que debes orar con el corazón, no solo con las palabras".

¡Oremos un "Ave María" por la conversión de Ryan Foley!


@ryanfoley._ #Christian #God #Jesus #Christiantiktok #Catholics #catholictiktok ♬ where is my mind (piano version) - your movie soundtrack

Mihaela María Rodríguez: monja dominica… gracias a Tamara Falcó


Después de 24 años, la comunidad de dominicas de Murcia ha celebrado una nueva profesión solemne: la de esta joven de 29 años nacida en Rumanía y criada en Tenerife

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Después de 24 años sin que una nueva hermana entrase por la puerta del monasterio de Santa Ana de Murcia, las dominicas celebraban el pasado domingo la llegada de Mihaela María Rodríguez, de 29 años, que se encontró con la llamada de Dios después de una adolescencia alejada de la fe, según informa la Diócesis de Cartagena.

Mihaela María nació en Rumanía, y fue adoptada por un matrimonio canario a los 4 años. Creció en Tenerife, en un entorno que no era especialmente creyente. “Hice la Primera Comunión y también la catequesis de Confirmación, pero no me llegué a confirmar”, recuerda. Poco después, comenzó la carrera de Turismo. “Me alejé de Dios; tenía una vida como la de las chicas de hoy, salía de fiesta y el Señor estaba, cada vez más, en un segundo plano”. Sin embargo, “el Señor me fue atrayendo a él poco a poco; no sabía qué quería de mí, pero él iba obrando”.

Y todo comenzó, para ella, a través de una influencer que le encantaba: Tamara Falcó, a quien seguía en todas sus redes sociales. Un día, su madre le contó que la celebrity había ido a un retiro, y a Mihaela María le llamó la atención y quiso hacer uno, por lo que le preguntó a una amiga que era cristiana y ella le habló de una comunidad de monjas dominicas.

“Nada más conocer a las hermanas, sin saber cómo era la vida religiosa, vi algo distinto; una felicidad que ellas tenían, y quise saber qué era”, relata. Junto a estas monjas hizo una experiencia de 15 días que consistió en vivir con ellas. “No sentía que Dios me llamaba a monja; pero me encontraba muy a gusto”. Su vocación, sin embargo, se gestó después. “Cuando volví a casa, vi que todo era distinto: nada me llenaba, las cosas que me solían llamar la atención me daban igual; mi vida estaba en otro lugar”, asegura.

Un sí sin condiciones

A partir de entonces, comenzó a ir a misa y a visitar a las religiosas cada semana. Cuatro meses después del retiro, entró al convento, y, poco después, tomó el hábito como novicia dominica. En 2019 se trasladó a la comunidad de Murcia, al monasterio de Santa Ana, donde comenzó a reflexionar sobre su propia historia familiar. “Con ayuda de las hermanas y mucho discernimiento, sentía que tenía que buscar mis orígenes, mis raíces; que algo faltaba en mi historia”.

Consiguió localizar a su familia biológica en Rumanía y, por videollamada, conocer a sus padres y seis hermanos. Un año después pudo viajar a su país de origen para verlos en persona. Sus padres biológicos, en una difícil situación económica, la habían confiado a un centro siendo un bebé. Pero, por un problema de salud tuvo que ingresar en el hospital, y, cuando sus padres fueron a buscarla, nadie les decía dónde estaba la pequeña. Había desaparecido.

Ahora, Mihaela María ha finalizado el noviciado y hecho su profesión solemne, acompañada por numerosos sacerdotes y seminaristas, amigos y familiares. “Fue impresionante; no tengo palabras para describir tanta felicidad”, asegura. Además, afirma que si bien ha entrado al convento “dejándolo todo”, ha recibido mucho más. “Los jóvenes de hoy tienen mucho miedo al compromiso, yo también lo tenía; pero he encontrado en él una libertad muy grande: la de hacer la voluntad de Dios, lo que él me pide en cada momento. He descubierto que la felicidad está en dar un sí sin condiciones para que sea Dios quien lo haga todo”.

Autor: VIDA NUEVA

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El papa Francisco confirma que la reforma de la Iglesia sigue adelante: “Me falta todo por hacer. Soy insaciable”


“Ya estoy en la edad que hay que decir ‘qué bien se lo ve’. Es el piropo a los viejos”, ha dicho el Pontífice en una entrevista a Telemundo

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El papa Francisco concedía este jueves una entrevista a Julio Vaqueiro, de Noticias Telemundo, en el Vaticano. Así, tras más de una década como Pontífice, el Jorge Mario Bergoglio ha reflexionado acerca de su legado, su salud y sobre sus expectativas para el futuro de la Iglesia.

Al ser preguntado por su salud, el Papa ha respondido que se encuentra “mucho mejor, ya puedo caminar”. “La rodilla se fue arreglando”, ha asegurado, aunque “hay días que son más dolorosos”. En cuanto a la bronquitis que le llevó al hospital hace unos meses, el Papa ha explicado que “fue una pulmonitis aguda, pero la agarramos a tiempo, me dijeron, y si hubiéramos esperado un poco más de horas, hubiera sido más grave. Pero salí en cuatro días, salí”. Eso sí, tirando de sentido del humor, el Papa ha asegurado que “ya estoy en la edad que hay que decir ‘qué bien se lo ve’. Es el piropo a los viejos”.

Por otro lado, en cuanto a su papel como Pontífice y los cambios que ha acometido en la Iglesia, Francisco ha asegurado que de “lo que yo quise cambiar, ninguna cosa fue mía. Lo que puse en práctica fue lo que los cardenales en las reuniones precónclaves habíamos dicho que había que hacer. Y cuando fui elegido dije, bueno, vamos a poner en práctica esas cosas, ¿no?”. “El sistema económico, las nuevas leyes del Estado del Vaticano, la pastoral del Servicio Vaticano, que es muy importante”, ha relatado.

Contra la “perversión” del clericalismo

“Por supuesto, que en parte de esa pastoralidad entraron las mujeres que cambiaron bastante dentro”, ha apuntado. “Son muy, muy ejecutivas, muy prácticas: la vicegobernadora es una mujer. Y se han cambiado muchas cosas, pero todo eso estaba pedido por los cardenales que se reúnen en las reuniones con clave que le llaman”.

“¿Y qué siente que le falta por hacer?”, ha preguntado el periodista. “Todo”, responde el Papa. “Es curioso, a medida que vos vas haciendo te das cuenta de que te falta todo. Es como una cosa insaciable en esto”. Por ejemplo, “esta mañana estuve reunido con el grupo sinodal de Italia y bueno, una inserción cada vez mayor de laicado en la toma de posiciones, una desclericalización. Hay algunos países que son demasiado clericalizados y que el clericalismo es una perversión: o sos un pastor o no entrés. Pero si vos sos un clerical, no sos pastor. Lo que digo siempre a los obispos, los curas y a mí mismo ser pastores y pastores”.

Autor: Elena Magariños.

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El demonio apareció en la habitación de este Sacerdote, pero dijo esta palabra y desapareció


El padre Donald Calloway hoy es un conocido sacerdote estadounidense y promotor de la devoción a San José. Pero hace varias décadas, antes de ser párroco -e incluso antes de ser católico- llevaba una vida desordenada que lo llevó a las drogas.

En determinado momento, tras leer un libro de apariciones marianas, comenzó su lento proceso de conversión que lo llevó, primero al catolicismo, y luego al sacerdocio.

Pero el demonio no estaba dispuesto a dejarlo ir tan rápido. Esto es lo que le ocurrió cuando se acercó a Jesús y empezó a abandonar su antigua vida.

En una entrevista realizada por el programa Pints of Aquinas, el sacerdote relató cómo el demonio quiso evitar que se convirtiera al catolicismo y lo que hizo para vencerlo.

El demonio apareció en su habitación, pero dijo esta palabra y desapareció

El sacerdote cuenta que en su proceso de conversión comenzó a abandonar sus antiguas prácticas y lo primero que hizo fue poner una imagen de Jesús en la habitación.

“Me puse de rodilla y dije ‘te necesito, creo que eres real y te quiero’. Lo que pasó después solo puedo llamarlo como una desintoxicación divina y romance. Dios inundó mi alma con tanta misericordia [que] empecé a llorar“.

Así permaneció en la habitación todo el día. “Cuando finalmente recuperé todos mis sentidos, por así decirlo, – porque fue una experiencia totalmente mística-, me levanté y me acosté en un sofá”.

Entonces, narra el sacerdote, sucedió algo que lo dejó aterrado, a tal punto que hoy -20 años después- reza para que no le vuelva a ocurrir. “El diablo vino“, dijo.

“Una criatura apareció en la habitación y se manifestó como si hubiera tomado una forma física. Estaba tan asustado que no pude ni siquiera moverme, como una parálisis nocturna. [Era] una criatura viviente que me reclamaba para sí”

“Estaba tan aterrorizado que tuve que cerrar los ojos y no pude hacer nada -cuenta el sacerdote y agrega- creo que el diablo pensaba que yo le pertenecía. ¿Qué iba a hacer, pegarle? Eso no funcionaría y aun así no habría podido: estaba petrificado”.

Según cuenta, hizo la única cosa que tenía que hacer. “Desde mi alma, grité, no de forma audible, en mi alma: ‘¡María!’ ¿Y sabes lo que pasó? Aniquilado. El demonio fue completamente borrado. Y yo experimenté la más increíble paz que no volví a experimentar hasta el presente”.

Pero su experiencia mística no terminó allí. De pronto escuchó una voz en su alma, “la más purísima voz materna me habló y me dijo: ‘Donnie, estoy tan feliz'”, relató el sacerdote.

“Nadie excepto mi madre me llama Donnie. La madre de Jesucristo me estaba diciendo que también era mi madre… El diablo no podía tocarme, porque estaba en brazos de María".

Monja fue exhumada tras cuatro años de su muerte, su cuerpo está incorrupto.


El cuerpo de la monja Wilhelmina Lancaster fue encontrado incorrupto a cuatro años de su fallecimiento

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Una comunidad católica de Musuri, en Estados Unidos, afirma que exhumaron el cuerpo de una monja fallecida hace cuatro años y que lo han encontrado incorrupto. La congregación asegura que el cuerpo ni siquiera fue embalsamado.

Wilhelmina Lancaster fue una monja querida por muchos feligreses de Misuri. En 1995 fundó las Hermanas Benedictinas de María Reina de los Apóstoles. Antes había permanecido por cincuenta años en las Hermanas Oblatas de la Providencia.

Las Hermanas Benedictinas se hicieron célebres en la región por sus álbumes de cantos católicos y gregorianos. Wilhelmina Lancaster falleció a los 95 años, el 29 de mayo del 2019.

Según el boletín de Ave María Radio, cuatro años más tarde, la abadesa y las hermanas de la congregación decidieron trasladar el cuerpo de Wilhelmina a un lugar apto para su descanso definitivo en la capilla del monasterio.

Sin embargo, cuando desenterraron el ataúd no encontraron meros huesos sino un cuerpo intacto. Según reportaron, había una grieta en la tapa que permitió la entrada de humedad al interior del féretro.

“Creemos que es la primera mujer afroamericana en ser encontrada incorrupta”, declaró a medios católicos la abadesa. Tras una examen, se determinó que una pequeña capa de moho había cubierto el interior del ataúd, no obstante ni su hábito ni su cuerpo se desintegraron durante los cuatro años que pasaron bajo tierra expuestos a la humedad.

Qué es el escapulario y los peligros de usarlo de manera supersticiosa


El escapulario es una devoción mariana muy extendida en la Iglesia Católica, particularmente asociada con la Orden Carmelita. Consiste en un pequeño objeto devocional que generalmente se lleva alrededor del cuello, que consta de dos piezas de tela conectadas por una cuerda o cadena. Una de las piezas de tela se coloca sobre el pecho y la otra en la espalda, y generalmente tienen imágenes o símbolos religiosos relacionados con la Virgen María.

El escapulario tiene sus raíces en la tradición carmelita, que se remonta al siglo XIII. Según la tradición, la Virgen María se apareció a San Simón Stock, un carmelita, y le entregó el escapulario, prometiendo protección y salvación a aquellos que lo usaran devotamente. La devoción al escapulario ha sido respaldada y promovida por muchos santos y papas a lo largo de los siglos, y ha ganado una gran popularidad en la Iglesia Católica.

Sin embargo, es importante comprender que el uso del escapulario no es un amuleto mágico ni una garantía automática de salvación. La fe católica enseña que nuestra relación con Dios se basa en una respuesta personal de amor y obediencia a Su voluntad revelada, y no en objetos físicos. La salvación es un don gratuito de Dios, que se nos ofrece a través de la fe en Jesucristo y la participación en los sacramentos de la Iglesia.

La Biblia misma nos enseña que la fe verdadera se manifiesta en acciones concretas y en una relación viva con Dios. En el Evangelio de Mateo, Jesús dice: "No todo el que me dice: '¡Señor, Señor!', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21). En otras palabras, no es suficiente llevar un objeto religioso o recitar oraciones si no vivimos de acuerdo con la voluntad de Dios y nos esforzamos por seguir a Cristo en nuestra vida cotidiana.

Por lo tanto, el peligro de usar el escapulario de manera supersticiosa radica en verlo como una especie de amuleto protector o una fórmula mágica que nos garantiza la salvación. Esto puede llevar a una falsa sensación de seguridad y a descuidar el crecimiento espiritual y la conversión personal. Jesús criticó a los fariseos en el Evangelio de Mateo, diciendo: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de injusticia" (Mateo 23:25). Del mismo modo, usar el escapulario de manera superficial, sin una verdadera transformación interior, puede llevar a una religiosidad vacía y sin sentido.

La Iglesia Católica no promueve ni aprueba las prácticas supersticiosas. La superstición implica atribuir poderes mágicos a objetos o acciones en sí mismos, en lugar de confiar en la gracia de Dios y en una relación viva con Él. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña claramente que "la superstición es el desvío del culto debido al verdadero Dios y a la religión" (Catecismo 2110).

En cambio, la Iglesia nos anima a vivir una fe auténtica y vibrante, basada en la oración, la participación en los sacramentos, la lectura y reflexión de la Palabra de Dios, la caridad hacia los demás y la obediencia a los mandamientos de Dios. Estas son las bases sólidas de una vida cristiana plena y significativa.

Dicho esto, es importante destacar que el escapulario puede tener un valor espiritual y devocional legítimo cuando se usa y se comprende adecuadamente. La Iglesia enseña que el escapulario es un signo de la consagración a la Virgen María y una expresión de confianza en su intercesión y protección maternales. Puede ser una ayuda concreta para recordarnos nuestra fe y nuestra llamada a vivir como discípulos de Cristo.

Sin embargo, es esencial que usemos el escapulario con una comprensión adecuada de su significado y propósito. No debemos confiar en él como un sustituto de una vida de fe auténtica y de una relación personal con Dios. En lugar de ello, debemos verlo como un recordatorio de nuestro compromiso con Cristo y nuestra dependencia de la gracia divina.

Además, es importante recordar que la Virgen María es una madre espiritual para todos los creyentes y que podemos acudir a ella con confianza y devoción. Ella intercede por nosotros y nos acompaña en nuestro camino de fe. Sin embargo, nuestra relación con María no debe eclipsar nuestra relación con Jesucristo, quien es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2, 5). María misma nos señala a su Hijo y nos lleva a Él.

En resumen, como sacerdote católico, mi intención es recordarles que el escapulario, si se usa de manera adecuada y comprensiva, puede ser una expresión válida de devoción y una ayuda para la vida de fe. Sin embargo, debemos evitar caer en la superstición y la creencia en poderes mágicos inherentes al objeto en sí mismo. La fe católica nos llama a una relación personal con Dios y a una vida de obediencia y amor en respuesta a Su gracia. Que nuestra devoción a la Virgen María y nuestra práctica religiosa estén siempre arraigadas en la fe en Jesucristo y en una búsqueda sincera de vivir según Su voluntad revelada.

Pregunta un protestante ¿Si solo Jesús salva por qué los católicos recurren a la Virgen y los Santos? Un sacerdote responde


La cuestión de por qué los católicos recurren a la Virgen María y a los santos es una pregunta frecuente que se plantea en el diálogo entre católicos y protestantes. Para responder a esta pregunta, es importante explorar las creencias y enseñanzas católicas en relación con la intercesión de la Virgen María y los santos.

En primer lugar, como católicos, creemos firmemente en la centralidad de Jesucristo como el único Salvador y Redentor de la humanidad. La salvación es un don gratuito de Dios que se obtiene a través de la fe en Jesucristo y en su obra salvadora. Esta es una creencia común compartida con los protestantes y no hay discrepancia en ese punto fundamental.

Entonces, ¿por qué recurrimos a la Virgen María y a los santos? La respuesta radica en la comprensión católica de la comunión de los santos, que se basa en la enseñanza bíblica y la tradición apostólica. La comunión de los santos se refiere a la unión espiritual y mística de todos los creyentes, tanto los que están en la tierra como los que están en el cielo.

En la carta a los Efesios, el apóstol Pablo habla de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, y afirma que todos los creyentes forman parte de este cuerpo (Efesios 1, 22-23). Esto implica una comunión espiritual y una conexión mutua entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo, tanto los que están vivos como los que han fallecido y están en la presencia de Dios.

En la tradición católica, creemos que aquellos que están en el cielo, incluyendo a la Virgen María y a los santos, están plenamente vivos en Cristo y comparten en su gloria. Por lo tanto, creemos que ellos pueden interceder por nosotros ante Dios. La intercesión significa que ellos presentan nuestras oraciones y necesidades a Dios, actuando como mediadores en nuestro nombre.

La base bíblica para la intercesión de los santos se encuentra en varios pasajes. Por ejemplo, en el libro del Apocalipsis, se nos presenta una visión de los santos en el cielo presentando las oraciones de los santos en la tierra ante el trono de Dios (Apocalipsis 5, 8). También encontramos ejemplos de intercesión en el Antiguo Testamento, como el caso de Moisés intercediendo por el pueblo de Israel (Éxodo 32, 11-14).

La intercesión de los santos no se trata de poner a los santos en el lugar de Jesús, sino de reconocer su papel como miembros del Cuerpo de Cristo que pueden orar por nosotros y unirse a nuestras súplicas. La Virgen María, como madre de Jesús y primera discípula, ocupa un lugar especial en la devoción católica. Ella es considerada como la "nueva Eva" y un modelo de fe para todos los creyentes. Su papel como intercesora se deriva de su cercanía única a Jesús y de su papel en la obra de la redención.

Es importante destacar que la intercesión de los santos no es un requisito para la salvación, ni es una forma de desviar la atención de Jesús como Salvador. La enseñanza católica es clara en afirmar que solo Jesús salva y que solo a través de Él obtenemos la salvación. La intercesión de los santos es una manifestación del amor y la comunión que existe dentro del Cuerpo de Cristo, y es una expresión de nuestra creencia en la unidad y la comunión de todos los creyentes.

La devoción a la Virgen María y a los santos no es obligatoria para los católicos, sino que es una expresión de piedad y amor hacia aquellos que han sido ejemplos de vida cristiana y que pueden ayudarnos con su intercesión. En la Iglesia católica, se anima a los fieles a pedir la intercesión de la Virgen María y de los santos, pero siempre reconociendo que la salvación viene únicamente de Jesús.

Además, la devoción a la Virgen María y a los santos no es una práctica exclusiva de los católicos. Muchos cristianos de diferentes tradiciones también veneran a la Virgen María y a los santos como ejemplos de fe y virtud. Reconocer el papel de la Virgen María y de los santos en la comunión de los creyentes no es una negación de la obra de Jesús, sino una afirmación de la unidad y el amor que existe entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo.

En resumen, los católicos recurren a la Virgen María y a los santos como intercesores porque creemos en la comunión de los santos, que es una realidad espiritual y mística basada en la enseñanza bíblica y la tradición apostólica. La intercesión de los santos no es un requisito para la salvación, sino una expresión de nuestra fe en la unidad y el amor que existe entre todos los creyentes. Reconocemos que solo Jesús salva, pero también creemos en el poder de la oración y en la intercesión de aquellos que están en la presencia de Dios. La devoción a la Virgen María y a los santos es una expresión de piedad y amor, y una manera de seguir los ejemplos de fe y virtud que nos han dejado. Que Dios los bendiga en su camino de fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Es pecado comulgar si no guardé el ayuno eucarístico de una hora?


Antes de abordar directamente la pregunta, es importante comprender algunos conceptos clave relacionados con la Eucaristía y los sacramentos en general.

La Eucaristía es el sacramento central y más sagrado de la Iglesia Católica. En ella, Jesucristo se hace presente de manera real y substancial, bajo las apariencias del pan y el vino, para nutrirnos espiritualmente y unirnos más estrechamente a Él y a la comunidad de fe. La Eucaristía es una fuente de gracia y vida espiritual para los fieles, y su recepción debe ser tomada con la mayor seriedad y reverencia.

El ayuno eucarístico, establecido por la Iglesia, es una disciplina que exige abstenerse de comer o beber, excepto agua y medicamentos, durante al menos una hora antes de recibir la Sagrada Comunión. Esta norma tiene varios propósitos: primero, ayuda a los fieles a prepararse adecuadamente para recibir a Cristo en la Eucaristía, mostrando así reverencia y respeto por su presencia real. Segundo, nos ayuda a tomar conciencia de la solemnidad del sacramento y a acercarnos a él con un corazón abierto y dispuesto. Tercero, nos invita a renunciar a nuestras necesidades y deseos materiales por un breve tiempo para centrarnos en lo espiritual y en la unión con Cristo.

La base bíblica para el ayuno eucarístico se encuentra en el Evangelio de Mateo, donde se relata la institución de la Eucaristía durante la Última Cena. En Mateo 26:26-28, leemos: "Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: 'Tomad, comed, éste es mi cuerpo'. Luego tomó una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio, diciendo: 'Bebed todos de ella, porque esta es mi sangre, sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados'". Estas palabras de Jesús son fundamentales para nuestra comprensión de la Eucaristía y su importancia en nuestra vida espiritual.


Además, el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) ofrece una guía sobre la recepción adecuada de la Eucaristía. El CIC establece claramente que "para prepararse debidamente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia" (CIC 1387). El ayuno eucarístico se considera una disposición necesaria para acercarse a la Eucaristía con la debida reverencia y respeto.

Dicho esto, si un fiel no guarda el ayuno eucarístico de una hora antes de recibir la Sagrada Comunión, según las enseñanzas de la Iglesia, estaría cometiendo un pecado. El pecado se entiende como una transgresión deliberada y consciente de los mandamientos y normas establecidas por Dios y la Iglesia. En este caso, al no observar el ayuno eucarístico, se está desobedeciendo una norma eclesiástica destinada a ayudarnos a prepararnos adecuadamente para recibir a Cristo en la Eucaristía.

Es importante recordar que el pecado es un obstáculo para nuestra relación con Dios y nuestra vida espiritual. La Sagrada Comunión es un encuentro íntimo con Jesucristo, y debemos acercarnos a ella con un corazón purificado y preparado. El CIC nos enseña que "quien tiene conciencia de estar en pecado mortal no debe recibir la Sagrada Comunión, aunque tenga devoción y se sienta necesitado de ella" (CIC 1415). Si alguien no guarda el ayuno eucarístico de una hora, debe abstenerse de recibir la Comunión hasta haber cumplido con el ayuno prescrito.

No obstante, es importante tener en cuenta que la Iglesia también nos anima a buscar la reconciliación y el perdón de nuestros pecados a través del sacramento de la Penitencia. Si alguien ha cometido el pecado de no observar el ayuno eucarístico, se le anima a confesarlo en el sacramento de la Reconciliación y recibir la absolución del sacerdote. La confesión nos brinda la gracia y la reconciliación necesarias para restaurar nuestra comunión con Dios y la comunidad de fe.

En resumen, según las enseñanzas de la Iglesia Católica, la falta de observancia del ayuno eucarístico de una hora antes de recibir la Sagrada Comunión se considera un pecado. El ayuno eucarístico es una disciplina que nos ayuda a prepararnos adecuadamente para recibir a Cristo en la Eucaristía, mostrando reverencia y respeto hacia su presencia real. Si alguien no cumple con el ayuno eucarístico, debe abstenerse de recibir la Comunión hasta haber cumplido con la norma prescrita. No obstante, es importante recordar que, si alguien ha cometido este pecado, se le anima a buscar la reconciliación y el perdón a través del sacramento de la Penitencia, que nos brinda la gracia necesaria para restaurar nuestra comunión con Dios y la Iglesia.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Ella judía, él católico: Lo que Dios ha unido que no lo separe la religión


- Judía sefardita nacida en Alejandría, Verónica Nehama sufrió el exilio y se casó en Madrid con un católico

- El suyo fue uno de los primeros matrimonios con disparidad de culto en España

- Dieron a sus tres hijas total libertad a la hora de elegir sus creencias religiosas

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Verónica Nehama Masri valora inmensamente los cruces de caminos en los que uno crece a nivel humano, cultural y espiritual. Hasta el punto de que su propia vida, a veces por las circunstancias y otras por las elecciones propias, ha sido toda una encrucijada. Nacida en Alejandría (Egipto) en 1946, en el seno de una familia judía sefardita, en 1956, tras la Guerra del Sinaí, fueron expulsados del país. Con toda su vida apretujada a la carrera en unas maletas, pasaron unos meses en Italia.

Allí, niña aún, recuerda cómo “vi una iglesia por primera vez, impresionándome por su belleza y quedándome grabado el olor a incienso”. En 1957 debieron de acometer la siguiente etapa de su éxodo, llegando a Venezuela. En Caracas permanecería ocho años: “Como estudiaba en el Colegio Francés, que era católico, mis padres me mandaron a Francia a estudiar el último curso”. Desde ahí tuvo más cerca su siguiente destino, en 1965: España.

Decreto de Primo de Rivera

Y este ya sería el definitivo para ella: “Pudimos venir aquí gracias a una medida que había aprobado décadas antes Miguel Primo de Rivera [dictador militar entre 1923 y 1930], por la que se ofrecía el regreso a España de los sefarditas. Mi padre conservaba el pasaporte del abuelo, que se heredaba de una generación a otra y que acreditaba nuestra condición, así que nos instalamos aquí”. En Madrid, Verónica, cumplidos ya los 18 años, acabaría estudiando Magisterio y licenciándose en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense. Fue en la facultad donde conoció al que sería su marido, José Antonio.

Tras un noviazgo feliz, cuando se plantearon la boda, ella le dijo que había “un problema… Recuerdo que se asustó y me preguntó si tenía hijos o ya estaba casada. Para su alivio, le dije que al ser yo judía y él católico, aunque no fuéramos muy practicantes ninguno, no sería fácil. Fue entonces cuando un sacerdote de la Parroquia del Niño Jesús nos dio la gran noticia. Nos dijo que el Papa había dado una dispensa para casos como el nuestro y podíamos casarnos”.

Gracias a ‘Nostra Aetate’

Entonces, ni siquiera sabían que el cura les estaba hablando de ‘Nostra Aetate’, uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II y que testimoniaba una recuperada fraternidad con el resto de religiones, poniendo un especial énfasis en los judíos, a los que se considera ya como “padres en la fe” y no como un “pueblo deicida”. Entre sus frutos prácticos, se facilitaban los matrimonios con disparidad de culto. Entonces, ellos no eran conscientes, “pero fuimos uno de los primeros matrimonios de este tipo en España”.

Una ceremonia, eso sí, con muchas particularidades: “La boda se celebró en la parroquia madrileña de Nuestra Señora del Pilar, pero no se celebró en la iglesia, sino en la sala de música. Se hizo hincapié en lecturas del Antiguo Testamento y, aunque invitamos a un rabino a que estuviera presente, declinó venir. Se nos permitía casarnos siendo él católico y yo judía, pero en la ceremonia se dejaba claro que los hijos debían ser educados en la fe católica”.

Bautizo por sorpresa

Con los años, llegarían tres hijas, marcando su fe de un modo especial las abuelas, muy practicantes ambas de sus respectivas religiones: “Mi madre lo pasó algo peor… En nuestra religión, la identidad judía se transfiere por la madre, por lo que sentía que, de algún modo, conmigo se podía romper la cadena. Cuando nació la mayor, mi suegra apareció un día de pronto en casa y nos dijo que la había bautizado. Al principio, me dolió, pero al final se bautizaron las tres. Eso sí, nosotros siempre les dimos absoluta libertad y cada una eligió libremente su futuro. La mayor se casó con un católico y sus hijos están bautizados en la Iglesia. La mediana, más influida por mi familia, se casó en una sinagoga con un judío y sus hijos también lo son. Y la pequeña es la que menos se ha definido… Se casó por lo civil y su hija no está bautizada. Es abierta y respetuosa con todas las vivencias, sin definirse por una religión u otra. Llegado el día, su hija elegirá su propia confesión cuando tenga edad de decidir y lo hará según sus circunstancias vitales”.

Verónica, quien hace unos años enviudó, destaca como un valor “la tolerancia que siempre tuvimos en el matrimonio, considerando ambos que nos enriquecíamos respectivamente con la religión del otro. Compartíamos las principales fiestas religiosas de ambas religiones y, en las judías, él venía a mi casa, y al revés”.

En el Colegio Judío

Además, puesto que había aceptado que sus tres hijas se bautizaran, “decidimos que las tres estudiaran en el Colegio Judío de Madrid, cursando allí toda la EGB. Por cierto, cada vez me fui involucrando más en el centro y al final entré en él primero como profesora de francés y, al año y medio, ya era la directora, estando allí muchos años”. Otra experiencia que la enriqueció y que, insiste, vuelve a demostrar que donde hay tolerancia e ilusión por conocer al otro hay una profunda humanidad: “El 30% de los alumnos del Colegio Judío eran católicos… Sus padres valoraban el espíritu abierto del centro y agradecían conocer más otra religión”.

Y es que, como recalca esta escritora, que firma sus obras como Vera Nehama y que ha escrito ‘Las turquesas mágicas’ y ‘Las mujeres me dieron alas y los hombres, raíces’, en las que relata su vida y las de sus antepasados que fueron asesinados durante el Holocausto nazi, “la clave es siempre convivir con respeto hacia el otro. En el caso de judíos y cristianos, a ambos nos une un mismo tronco y no hemos de perder el tiempo en discutir, sino el valorarnos mutuamente en lo que somos”.

Autor: Miguel Ángel Malavia

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

¿Por qué la Iglesia se opone al uso de la "pastilla del día siguiente" (Postday)?


Es importante recordar que la Iglesia Católica tiene una visión clara y coherente sobre la sexualidad humana y la dignidad de la persona, y busca promover el bienestar integral de cada individuo.

En primer lugar, es necesario comprender que la Iglesia Católica enseña que el acto sexual tiene un significado y un propósito específico: la unión conyugal entre un hombre y una mujer, abierto a la posibilidad de la transmisión de la vida. Este principio se basa en las Sagradas Escrituras y ha sido reafirmado a lo largo de la historia de la Iglesia. La sexualidad humana no puede separarse de su dimensión procreativa, ya que ambos aspectos están intrínsecamente unidos.

La Biblia nos enseña en el libro del Génesis (1,27-28) que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, y les encomendó la tarea de ser fecundos y multiplicarse. Este mandato divino implica la responsabilidad de los esposos de acoger y cuidar la vida humana que pueda surgir de su unión sexual. Además, el sacramento del matrimonio, instituido por Cristo, es un signo del amor de Dios por su pueblo y debe ser vivido en plena fidelidad y apertura a la vida.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 2366, afirma claramente que "la vida humana es sagrada, porque desde su inicio implica la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin". Por lo tanto, cualquier acción que atente contra la vida humana desde su concepción es considerada moralmente incorrecta por la Iglesia.

En este contexto, la "pastilla del día siguiente" es problemática desde la perspectiva de la enseñanza católica. Esta píldora se utiliza como anticonceptivo de emergencia después de una relación sexual sin protección o en casos de fallo del método anticonceptivo utilizado. Su mecanismo de acción varía dependiendo del tipo de pastilla, pero en general puede actuar retrasando la ovulación, impidiendo la fecundación -obstruyendo el paso de los espermatozoides hasta el óvulo-, alterando el endometrio para evitar la implantación del embrión o, en algunos casos, actuando como un abortivo temprano.

La Iglesia Católica sostiene que la vida humana comienza en el momento de la concepción, es decir, en la unión del óvulo y el espermatozoide. Desde ese instante, el embrión es un ser humano con dignidad y derechos inherentes. Por lo tanto, cualquier acción que impida la implantación del embrión o cause su muerte directa es considerada un atentado contra la vida humana.

El Papa San Juan Pablo II, en su encíclica "Evangelium Vitae" (El Evangelio de la Vida), afirmó que "la vida humana es siempre sagrada e inviolable, desde la concepción hasta su fin natural". Esta enseñanza se basa en la convicción de que cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad intrínseca que debe ser respetada en todas las etapas de su desarrollo.

La Iglesia Católica reconoce que existen situaciones difíciles y complejas en la vida de las personas, como los casos de violación o incesto, en los que se puede sentir la necesidad de recurrir a medidas para prevenir un posible embarazo no deseado. Sin embargo, la Iglesia no considera que la "pastilla del día siguiente" sea una solución moralmente aceptable en estas circunstancias.

En lugar de promover el uso de métodos anticonceptivos de emergencia, la Iglesia Católica invita a las personas a considerar alternativas moralmente lícitas, como el uso de métodos naturales de planificación familiar. Estos métodos, basados en la observación y comprensión de los signos de fertilidad de la mujer, permiten a las parejas regular su fertilidad de manera respetuosa con la dignidad de la persona y en armonía con la voluntad de Dios.

Es importante destacar que la postura de la Iglesia Católica frente a la "pastilla del día siguiente" no se basa en una mera imposición de normas, sino en una profunda comprensión de la sexualidad humana y de la dignidad de cada persona. La Iglesia busca promover una visión integral del ser humano, en la que la sexualidad se viva de acuerdo con su verdadero significado y propósito.

Además, la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad y la vida humana no se limita únicamente a la cuestión del uso de la "pastilla del día siguiente". La Iglesia también promueve una educación sexual integral que tenga en cuenta la dimensión afectiva, ética y espiritual de la persona. La sexualidad no debe ser reducida a un mero acto físico, sino que debe ser vivida de manera responsable y en el marco de un compromiso amoroso y duradero.

En conclusión, la Iglesia Católica se opone al uso de la "pastilla del día siguiente" debido a su potencial efecto abortivo y a su contradicción con la enseñanza de que la vida humana es sagrada desde la concepción. La Iglesia invita a las personas a vivir la sexualidad de acuerdo con su verdadero significado y propósito, promoviendo métodos de planificación familiar natural que respeten la dignidad de cada persona y fomenten el amor y la apertura a la vida. La enseñanza de la Iglesia se basa en la Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica y las encíclicas relevantes, que proclaman la sacralidad de la vida humana y la belleza de la sexualidad vivida en plena armonía con la voluntad de Dios.

Autor: Padre Ignacio Andrade. 

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