jueves, 17 de enero de 2019

La cuarta copa


LA CUARTA COPA
Por Luciana Rogowicz

Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible

Estudiando el tema de las raíces judías de la eucaristía, y los perfectos paralelismos entre Pesaj (pascua Judía) y la pascua Católica, me encontré con un dato que me pareció fascinante.

Es evidente que Dios tiene todo planeado, y su plan es perfecto hasta en las cosas que nos parecen más extrañas. Y cuando puedo ver un poquito de ese plano y comprender algo de la manera en cómo él obra, me sorprende, me maravilla, me emociona.

Este texto lo escribo en base a la conferencia del Dr.Scott Hahn sobre “La Cuarta Copa” y también al capítulo sobre la cuarta copa, del libro de Dr. Brant Pitre, Jesus and the Jewish roots of the Eucharist.

“Todo se ha cumplido” (Jn. 19.30)
¿A qué se refiere Jesús con estas palabras, las últimas pronunciadas antes de morir, de “entregar su espíritu”?

En un primer análisis, o según una interpretación clásica, se le atribuye a la redención del hombre. Se ha cumplido, consumado la salvación. Sin embargo, para esto era necesario que Jesús resucitara (Rom. 4.25).

La salvación, la justificación, como dice San Pablo, no se consuma con la muerte de Jesús, sino con su resurrección. De este modo podemos afirmar que Jesús no se podría haber referido a eso con la frase “todo se ha cumplido”.

Para poder entenderlo hay que ir más atrás, y comprender el contexto en donde esto fue dicho, y sobre todo conocer con más profundidad el judaísmo de Jesús. Y en particular, una singularidad de la celebración de la pascua judía.

La pascua Judía, Pesaj, es la festividad más importante del judaísmo, donde se conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Esta libertad fue conseguida gracias a la intervención de Dios.

Con la última plaga de las diez, la muerte de los primogénitos, Dios da específicas indicaciones acerca de cómo debían celebrar la pascua los israelitas esa noche. Indica detalladamente los ritos que debían hacer y cómo tenían que comer el cordero pascual. En el capítulo 12 del libro de éxodo están todas las regulaciones y lo que se debía hacer esa noche, cuando finalmente el faraón iba a permitir al pueblo de Israel que se vaya.

En este relato no sólo se cuenta la historia, sino que al mismo tiempo se establece la liturgia pascual, que debía ser llevada a cabo por el pueblo hebreo esa misma noche y conmemorarlo todos los años, para siempre.

Hoy en día se sigue celebrando cada año esta festividad, y desde sus inicios se le han sumado también tradiciones que son esenciales analizar y conocer para comprender el modo en que se celebraba la pascua en la época de Jesús.

La cena de pascua se llama Seder, que significa Orden. Y éste se constituye en torno a 4 copas de vino:

“En la víspera de pascua, cuando se avecina el tiempo de Minjá (sacrificio vespertino), nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de Israel no comerá mientras no esté reclinado en la mesa, y no tendrá menos de cuatro copas de vino, aunque sea de los de la olla popular” (Mishná Capítulo 10, Masejet Pesajim) 


Tomar las 4 copas de vino era obligatorio para todos, incluso hasta para el más pobre, a quien le resultaba muy difícil poder acceder al vino.

Breve descripción de los rituales de las 4 copas
La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa de la bendición, el Kiddush.

La segunda copa, llamada la copa del Juicio o del dolor, se sirve y da inicio a la liturgia pascual donde se relata la historia de lo que pasó en el éxodo a través de un orden particular, y otros ritos entre el padre de la mesa y el niño menor. Se explican los símbolos de las comidas especiales de este día y se canta el salmo 113.

La tercera copa está relacionada con la cena, la comida. El pan sin levadura, las hiervas amargas, y otros alimentos, cuyos símbolos apuntan a rememorar la historia del éxodo. Esta copa es llamada la copa de la redención. (y es, como veremos más adelante, en la que Jesús instituye la Eucaristía en la última cena.)

NOTA IMPORTANTE: De acuerdo a la Mishná (tradición oral judía de forma escrita), está prohibido tomar vino entre la tercer y cuarta copa.(Mishná Capítulo 10.7, Pesajim). Entre éstas, se cantan los salmos del 114 al 118 y al finalizarlos se toma la copa final.

La cuarta copa, la copa de la alabanza, da fin a la celebración y completa el rito pascual.

Cuántas copas hubo en la última cena de Jesús?

Los estudiosos de la Biblia analizando la última cena en los evangelios identificaron la presencia de 3 copas.

“Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

«He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios» .Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. » (Lc. 22.14)


De acuerdo al evangelista Lucas, esta copa fue la que se tomó luego de la comida, “ Después de la cena hizo lo mismo con la copa” (Lc. 22.20), lo que implica que fue la tercera copa.

En el evangelio de Marcos (Mc. 14.24) y en el de Mateo aparece lo mismo y luego cuenta que “Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos”. (Mt. 27.30), indicando una vez más, que no se tomó la copa final.

San Pablo en su primera carta a los Corintios hace referencia a la copa de la bendición, que es la tercera, cuando habla de la copa eucarística de la sangre de Jesús:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?” (10.12)
Teniendo en cuenta esto podemos ver que no sólo Jesús no tomó la cuarta copa, sabiendo el significado que eso tenía, sino que aseguró que no volvería a beber del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios. Viéndolo desde el punto de vista judío, Jesús no finalizó la celebración de la Pascua Judía, y por lo que pudimos evaluar, lo hizo intencionalmente.

Por qué Jesús no tomó la cuarta copa en la última cena?

Continuemos el trayecto de esa noche.

Cuando salieron de la cena, del cuarto donde estaban celebrando la pascua, se dirigieron al jardín de Getsemaní donde Jesús “cayó con el rostro en tierra, orando así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». (Mt. 26.39)

Y nuevamente… “Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad». (Mt. 26.42)

“…Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.” (Mt.26.44)


En el jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del “cáliz”. Es normal asociar esto hoy a la cruz, a la pasión, pero no era algo extraño para ese momento acaso, comparar esto con un cáliz, con una copa?

Jesús está hablando sobre la cuarta copa, la copa que lleva a la culminación la liturgia pascual.

Cuándo tomó Jesús la cuarta copa?

En el camino de la pasión “Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo.” (Mt. 27.31)

Y luego de ser crucificado nos encontramos al final de todo con esta escena tan conmovedora descripta por el evangelista Juan:

“Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.” (Jn. 19.23.30)

Retomando la pregunta inicial acerca de a qué se refirió Jesús con : «Todo se ha cumplido» podemos ver que aquí Jesús toma la cuarta copa, y culmina así la celebración pascual, su sacrificio pascual.

Jesús no finalizó la celebración pascual en el cuarto de la última cena, él la extendió para consumarla en la cruz, con su propia muerte, el sacrificio pascual por excelencia.


El sacrificio de Jesús no comenzó con la pasión, sino en la cena de Pesaj. Y esta celebración a la vez, no terminó en el cuarto de arriba, sino en el calvario.

Jesús une la cena de pascua con su muerte en la cruz y lleva los sacrificios pascuales de la Torá a su plenitud.

“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.” (Mt.5.17)

Reflexión personal

Es hermoso ir descubriendo como Jesús fue dejando huellas en su vida que sólo pueden ser descubiertas analizando las raíces judías, su propia identidad.


Meditando este tema de las cuatro copas, pienso que de algún modo Jesús se nos ofrece él mismo como la cuarta copa. Por eso al “traspasarlo” brotan de su interior sangre y agua, del mismo modo que las copas de vino del Seder de Pesaj eran diluidas con un poco de agua.

Jesús se brinda tomando la cuarta copa en la cruz, y a la vez se hace para nosotros ese cáliz. Para que podamos beber de él, ya no una vez al año en la pascua, sino todos los días. Recordando y dando gracias por el nuevo éxodo, la nueva liberación, la “nueva alianza”. Saboreando este nuevo maná, llevado a la plenitud, mediante el cual “jamás volveremos a tener sed”.

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Los asesinatos de fe: La verdadera historia de crimen en la comunidad de los testigos de Jehová


LOS ASESINATOS DE FE: LA VERDADERA HISTORIA DE CRIMEN EN LA COMUNIDAD DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por James Kostelniuk

Un padre que perdió a sus hijos habla de crimen y traición dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová

Ilustración por James McMullan

Estaba en casa con mi esposa, Marge, al tiempo que llegó el oficial del RCMP. Mi mente hizo un frenético recorrido por todas las posibles razones para su visita. Vestía de paisano y entendí por su porte que no se trataba de una llamada rutinaria. Recuerdo que no parecían las maneras que se espera de un policía, es decir, de forma calmada e impersonal. De hecho aparentaba estar muy nervioso.

El oficial parecía como si tuviera necesidad de algo firme sobre lo que sentarse y le ofrecí una silla en la mesa de la cocina. Tomó el asiento cautelosamente, como si pudiera romperse. Bajando la mirada hizo una pausa que pareció larga. Oí el papel que había sacado de su bolsillo y que sonaba entre sus manos, siendo entonces cuando advertí que estaba tembloroso. Pensé, "algo terrible ha sucedido". Entonces me di cuenta de que también yo estaba temblando.

Al fin le afloraron las palabras. "¿Es usted el padre de Juri y Lindsay Kostelniuk"? Sobrepuse mi ánimo y le dije que sí. "Siento comunicarle que ellos y su madre, Kim Anderson, han sido asesinados hoy hacia las 12, 30 del medio día en Burnaby, British Columbia. Jeff Anderson, marido de Kim, está bajo custodia de la policía".

Me descompuse y una especie de náusea me recorrió el cuerpo. Me sentí hecho añicos, como si una parte de mí estuviera estuviera observando desde cada rincón de la habitación.

"¿Cómo... han muerto?" , llegué a preguntar. ¿"Qué tipo de arma"?.

El oficial echó una ojeada a su papel y carraspeó. "Ha sido por disparos de escopeta, señor".

De nuevo las náuseas. Estreché mi estómago y me retorcí de dolor. ¿Una escopeta?

La voz de Marge sobresalió emocionada. "¿Por qué los niños?", gritó. "¿Qué han hecho? ¿Por qué...?"

El oficial hizo una mueca y se encogió de hombros impotente. "Lo siento", dijo. Es todo cuanto sé.

¿Qué otra cosa podría decir? ¿Qué podría decir nadie?

Ese día, 29 de agosto de 1985, marcaría el final de la vida que había llevado hasta entonces, así como el comienzo de un inconcebible estado de angustia y una pena interminable. También daría comienzo a una despiadada búsqueda de respuestas que me llevaría a hacer un examen de los rincones más oscuros de la experiencia humana.

A manera de terapia, comencé a escribir un diario, anotando mis sueños y los recuerdos de mi primera esposa y de los niños. Este ejercicio me llevó a darme cuenta de lo poco que llegué a saber de ellos después de nuestra separación. Empecé a trasladar el gran vacío que su asesinato dejó hacia una necesidad de información, sin la cual nunca llegaría a entender sus muertes. Y comencé de manera creciente a enfocar la atención sobre Jeff Anderson, el hombre que los había asesinado, como la única fuente de información.

A principios de abril de 1987, al recoger el correo, entre otros documentos, encontré un sobre delgado, color blanco, tamaño correo de negocios, pulcro y dirigido a mí. En el extremo superior izquierdo ponía: "Jeff Anderson, Internado, Kent Institution, Agassiz, British Columbia".

La carta estaba fechada el 2 de abril de 1987 y comenzaba así: "No hay palabras que puedan expresar la angustia por lo horrible de lo que hice...

Tomé la decisión de contestarle un mes después. Ese primer intercambio fue el comienzo de una correspondencia que durraría unos cinco años. Eventualmente serviría para poner de manifiesto toda la información que ansiaba.

Cuando conocí a Kim Evans en la primavera de 1972, en casa de un amigo, yo tenía veinticinco años, estaba soltero y andaba en busca de una chica testigo de Jehová apropiada para mí. Kim contaba con dieciocho años, recién graduada de la escuela superior. Era una testigo de Jehová de segunda generación, no una conversa como lo era yo, y tan sólo había conocido esa clase de vida.

Nos casamos al año siguiente y permanecimos juntos por casi seis años, no muy felices en su mayor parte. Kim era una ama de casa práctica y una excelente madre para Juri, nacido en 1974, y Lindsay, que nació en 1977, pero a menudo se sentía deprimida. Yo cumplía con mi obligación como proveedor de la casa, pero estaba un tanto alejado de la imagen que tenía Kim del marido ideal como Testigo. Según la doctrina de los testigos, el hombre de la familia ha de ser su cabeza espiritual, el que conduzca a sus miembros a través del camino recto y estrecho y manteniéndolos fieles. En lugar de proporcionar estabilidad, comencé a expresar profunda insatisfacción con la fe de los testigos de Jehová. Mis dudas amenazaban con alejar cada vez más a Kim y a los niños de lo que ella consideraba como su seguridad.

En abril de 1975 observé en las noticias de la noche que la guerra de Vietnam iba a terminarse. La guerra y todas sus atrocidades era algo repugnante para mí, pero los testigos de Jehová casi veían con displicencia su final. La doctrina de los Testigos ve en la guerra la señal del desorden que pudiera ser el desencadenante de Armagedón y la venida del Reino de Cristo. Los Testigos se veían desilusionados por el hecho de que el mundo parecía estar dando pasos hacia la paz. Comencé a darme cuenta de que 1975 no iba a ser un año diferente a cualesquiera otras fechas anteriores marcadas para ser el día del gran juicio, e intenté convencer a Kim de que aquellas predicciones eran disparatadas. Ella rehusó cuestionar o incluso considerar conmigo la doctrina de los testigos. Una y otra vez me decía que cualesquiera dudas o cuestiones que tuviera las expusiera a los ancianos.

Tres años más tarde decidí abandonar la religión de los Testigos de Jehová. Sabía que ello supondría el fin de mi matrimonio, y sabía que tendría que afrontar lo que ello representaría para mis hijos: Los Testigos de Jehová creen que los niños estarían mejor muertos que a cargo de un familiar incrédulo. Sabiendo cuán fuerte era el sentimiento de Kim hacia su fe, había decidido dejar la educación religiosa de nuestros hijos en sus manos.

Kim decía que encontraría un nuevo padre, alguien que asumiera el modelo espiritual para los niños y que fuera capaz de proporcionarle la vida de familia ideal que siempre deseó.

En mayo de 1980, un mes después de que Kim recibiera la notificación oficial de nuestro divorcio, ella dejó a los niños con su madre, Jackie, y se ausentó un fin de semana de vacaciones en Maui. Estuvo en un pequeño establecimiento con derecho a cama y desayuno en donde varios otros testigos de Jehová hacían vacaciones.

Allí conoció a Jeff Anderson, un testigo cinco años más joven que se presentó a sí mismo. Sin que Kim estuviera al tanto de ello, él acababa de escapar a Maui desde su casa en Texas, en donde era buscado por la policía local por robo. Había escapado con algo más de 300 dólares, una maleta y ropa. Al final de la semana había declarado su amor hacia Kim. Al pedirle una respuesta, ella sonrió nerviosa y dijo: "no sé. Me siento asustada.". Anderson le dijo que le gustaría irse cerca de ella (A Canadá) para continuar su relación. Ella contestó que le gustaría.

Después de un número de llamadas telefónicas de larga distancia y muchas cartas, Anderson abandonó Maui para vivir cerca de Tacoma, Washington, en donde contó a Kim que había obtenido un trabajo "en unos negocios". Los fines de semana había de cruzar la frontera a Canadá para visitar a Kim. En junio de 1981 propuso el matrimonio a Kim y ella aceptó. Poco después se casaron en Texas. Kim se fue a vivir con los niños a Houston.

Rápidamente Kim descubrió que Anderson le había mentido desde el primer momento que se conocieron. Le había hecho entender que llevaba una vida estable, pero su llamada carrera, en la radio, fue algo casual. Le reveló también que carecía de dinero para pagar el billete desde Canada, o el alquiler y depósito de garantía para su nuevo apartamento.

Anderson comenzó a ganar un pequeño sueldo como mecánico en la tienda de sus hermanos, pero no era suficiente para el sostén de dos niños y dos personas adultas. Kim tuvo que retirar dinero de sus escasos ahorros para mantener la familia y eventualmente hubo de echar mano de las cuentas de ahorro de los niños para atender las necesidades.

Kim llegó a estar temerosa por su situación financiera y el cada vez más enrarecido entorno de Anderson. Este insistió en llevar control de todo cuanto hacía la familia: las compras, la limpieza, la vestimenta de los niños, a dónde iban y lo que Kim hacía con su tiempo. Kim sintió una repugnancia hacia el sexo, cosa que también sintió en nuestro anterior matrimonio, pero que ahora se acentuó debido a la creciente crispación y temor ante Anderson. Cuando ella rechazó "el cumplimiento de su deber de esposa", él la amenazó con violencia y la intervención de los ancianos Testigos.

Kim se volvió a Calgary. Aterrorizada por lo que yo pudiera descubrir en ralación a su situación familiar e intentar obtener la custodia de los niños, a nadie habló de sus problemas.

Perplejo por las razones que la hubieran llevado a regresar tan pronto de Houston, la llamé por teléfono. Me dijo que no había razón para que me preocupara. Cuando le mencioné que deseaba visitar a los niños objetó con vehemencia. Dijo tajante que una Atalaya de septiembre de 1981 había puesto de manifiesto una normativa con respecto a la "desasociación" o expulsión de la comunidad. Todos los Testigos de Jehová corrían el riesgo permanente de ser expulsados si se asociaban con un Testigo expulsado o descarriado de alguna manera. Ella trataba de seguir al pie de la letra esa política.

"Pero Juri y Lindsay son pequeños", dije. "No son lo suficientemente adultos como para poder tomar una decisión como esa con respecto a su padre".

Kim replicó lenta y seriamente, "ellos probablemente no quieren tomar esa decisión, pero ellos quieren agradar a Jehová".

Entre tanto Anderson se desplazó en coche a Burnaby, B.C., a donde, a la sazón, Kim se había trasladado, con la determinación de solucionar el asunto de su matrimonio. Sus discusiones se intensificaron a tal grado que los niños llegaron a sentirse emocionalmente perturbados, gritando con frecuencia o enfureciéndose . Incapaz de manejar la situación, Kim se puso en contacto con los ancianos locales. Formuló acusaciones contra Anderson, en la confianza de que lo que ella les contaba llegaría a convencer a los ancianos de la justificación para una separación matrimonial. Al contrario de eso, ellos ordenaron a la pareja a que volvieran a convivir. Kim regresó a casa contrariada y desconcertada.

En julio de 1984, Kim se contactó con un asistente social del Ministerio de Servicios Sociales, quien le aconsejó que de inmediato abandonara a Anderson a fin de proteger a los niños. Anderson se puso en contacto con los ancianos Testigos, quienes ordenaron a Kim que volviera con su marido. Ella rehusó y pudo recobrar la aprobación de la congregación mediante la dedicación de más y más horas como precursora en la predicación de puerta en puerta. Así quedó restaurada su honorabilidad.

Yo hacía frecuentes llamadas telefónicas a Kim solicitándole visitar a los niños, pero, salvo en una ocasión en la que me permitió visitar a Lindsay, siempre recibía la misma respuesta: Los niños deseaban obedecer a Jehová y evitar la asociación con quienes han sido expulsados. Kim se mostraba cortés y amable, pensando que era natural y razonable lo que decía, pero calmadamente me explicaba que no podía esperar ver de nuevo a mis hijos a menos que regresara al redil de los Testigos.

Siendo muy improbable que yo volviera a ser nuevamente Testigo de Jehová, fui aceptando de mala gana el hecho de que, probablemente, no llegaría a tener una relación con ninguno de mis hijos hasta que alcanzaran suficiente madurez como para poder decidir por sí mismos. Sólo me quedaba la esperanza de que no siguieran ciegamente las enseñanzas de los testigos por el resto de sus vidas.

Mi propia vida había tomado un mejor rumbo cuando conocí a Merge Erhart Romanyshyn en 1980. Nos casamos en 1981 en una ceremonio de la Iglesia Unificada. Nuestro matrimonio era estable y placentero.

Con frecuencia mis hijos, físicamente separados de mí, aparecían en mis sueños; a menudo experimenté períodos de intensa tristeza y ansias por ellos. También tuve sentimientos de culpa por haber dejado a mi familia en manos de los Testigos de Jehová. De muchas maneras llegué a sentir que había obtenido mi felicidad personal a expensas de mis hijos y esperaba castigo de Dios por mi egoismo.

En mayo de 1985, observé un pequeño animal muerto en la carretera. Al acercarme vi que se trataba de un pequeño petirrojo ricién atropellado. La vista del cuerpo aplastado me perturbó profundamente y no pude alejar aquella imagen de mi mente. Me dije que me estaba comportando irracionalmente, pero llegué al convencimiento de que aquello era un mal presagio y que algo tenía que hacer con mis hijos. Durante muchos días después estuve preocupado por ellos.

Aunque los sentimientos eventualmente remitieron, continué sintiéndome inquieto y en diversas ocasiones tuve que vencer el impulso de llamar a Kim para ver cómo les iba a los niños.

Entre tanto Jeff Anderson se había mudado a un apartamento sótano por debajo del complejo de apartamentos de Beta Avenue en Burnaby, donde vivía Kim con los niños, y asistía a las reuniones de la misma congregación de los Testigos.

Kim rehusó dar contestación a sus largas y frecuentes cartas, y Juri y Lindsay eventualmente dejaron de reconocerlo en público.

El entorno de Anderson se hizo cada vez más perturbador. Kim se vio obligada a cambiar la cerradura de las puertas y cerrar las ventanas por la noche después de darse cuenta de que Anderson andaba al acecho en más de una ocasión por los alrededores del apartamento. Habiendo tenido noticia de que ella y los niños se tomaban unas vacaciones, pinchó los neumáticos del coche de Kim para evitar que se marcharan.

La madre de Anderson visitó Burnaby a finales de julio con la esperanza de hablarle para que se volviera con ella a Houston, pero él estaba absorto en la idea de regresar con Kim y los niños y rechazó marcharse de Barnaby sin ellos. Su madre le rogó que se olvidara de todo lo referente a Kim, pero fue en vano.

Anderson comenzó a pensar en la compra de un arma esa primavera, pero no estaba familiarizado con las leyes de tenencia de armas del Canadá. Se interesó por un revólver 357 Magnun de un anuncio en el periódico. Se trataba del mismo modelo que había tenido en Houston, pero el propietario rehusó vendérselo sin el Certificado de Adquisición de Armas de fuego. De modo que por 100 dólares logró comprar ilegalmente una escopeta. Después de comprar una caja de veinticinco proyectiles, recortó buena parte del cañón del arma, colocó tres balas en la cámara y la guardó junto a la munición debajo de su cama. Así mismo comenzó a escribir una carta a la madre y al padrastro de Kim.

A finales de julio de 1985, unos dos años después de que visité a Lindsay y tres años después de haber visto a Juri, tuve una serie de sueños aterradores, todos ellos en una misma noche. Estaba tan angustiado que al día siguiente llamé por teléfono a Kim tan pronto como me fue posible para interesarme por los niños.

En su respuesta había un tono de buen humor que hacía tiempo que no lo había oído. Me puso al corriente del progreso escolar de los niños. A Lidsay de ocho años le había ido especialmente bien en sus dos primeros años de enseñanza primaria e iba en camino de graduarse de tercero; Yuri de diez años se iba convirtiendo en un joven responsable, sintiendo predilección por las matemáticas y los programas de televisión que trataban sobre el espacio exterior. Tuve la sensación de que Kim había encontrado estabilidad y había logrado ser feliz después de separarse de Anderson y que estaba afrontando una nueva etapa en su vida. Mis inquietudes se desvanecieron.

Una vez más le pregunté si podía ir a Burnaby para visitar a los niños y, de nuevo, me respondió que los niños no querían desobedecer a Jehová. Ante mi insistencia me propuso que fueran los propios muchachos quienes por teléfono me lo expresaran. Recordando la última vez en que había intentado hablar por teléfono con Juri (una penosa conversación en la que él había apenas pronunció palabra), decliné la propuesta.

Kim pareció complacida con mi cooperación y continuó hablándome de los niños, haciéndome saber una vez más que probablemente ellos se sentirían muy felices de encontrarse conmigo en caso de que llegara a ser de nuevo un testigo de Jehová. En ningún momento de nuestra conversación hizo mención alguna sobre Anderson. 

Juri y Lidsay Kostelniuk
con su madre, Kim Anderson, por cortesía de the Vancouver Sun 

A primeros de agosto, Jeff Anderson partió de Burnaby en una gira de tres semanas en motocicleta por el sudoeste de los Estados Unidos. Durante su ausencia, su apartamento sótano en 250 Beta Avenue se inundó accidentalmente y una de las mantenedoras del edificio, también testigo de Jehová, descubrió el arma junto con la munición entre las pertenencias de Anderson. Comprensiblemente preocupada, consultó a dos ancianos Testigos de la localidad, quienes se entrevistaron con Anderson cuando éste volvió. Conocedores de que estaba deprimido, le preguntaron sobre lo que pensaba hacer con el arma. Al principio Anderson alegó que lo necesitaba como autodefensa para después confesar que había estado considerando el suicidio. Exigió de forma airada la devolución de lo suyo. Los ancianos se negaron y el arma fue entregada al RCMP el 24 de agosto de 1985.

Ese mismo dia Anderson se fue a comprar a crédito una escopeta semi-automática del calibre del doce, mediante una nueva tarjeta de crédito que acababa de obtener. Una vez más recortó los cañones, compró una caja de munición y cargó la recámara.

Al dia siguiente un policía de la RCMP de Burnaby fue al apartamento de Anderson para inquirir sobre la tenencia del arma. Anderson exhibió un pasaporte de los Estados Unidos y contó al oficial que había venido a Burnaby para reconciliarse con su esposa. Explicó que estaba familiarizado con las armas de fuego por haber sido guarda de seguridad en Texas y que no disponía del obligado Cerrtificado de Adquisición de Armas para la escopeta, porque no se había percibido de que fuera necesario. Preguntado por la razón para recortarle los cañones, respondió que de esa manera facilitaba su manejo. El oficial le explicó que era ilegal recortar los cañones a una escopeta y le dijo que haría indagaciones sobre él en Texas.

El policía no obtuvo información alguna procedente de Texas con respecto a Anderson y, como resultado, no vio necesidad de completar la investigación. Al tiempo de su visita, carecía de noticias relativas a la nueva escopeta que Anderson había adquirido el día anterior, la cual había colocado en un armario junto a la escalera, recién engrasada y puesta a punto en el momento en que el oficial llamaba a la puerta de Anderson.

En la mañana del 29 de agosto de 1985 Anderson terminó de redactar la nota de suicidio que había comenzado al principio de la primavera. La nota iba dirigida a la madre y al padrastro de Kim, Jackie y Norman Cole. En la misma expresaba su pesar por "la cosa terrible que he hecho", lamentándose por el "dolor", la "angustia", la "rabia" y la "frustración" que la "indiferencia" de Kim le había causado, el hecho de que Kim parecía estar "disfrutando de su liberación" y "retregándoselo por el rostro". Terminaba la carta afirmando que no merecía la pena vivir más y "en modo alguno lo deseaba sin Kim".

Al terminar la carta hizo una corta gira en motocicleta. Cuando volvió a su apartamento colocó la escopeta de cañones recortados verticalmente en una gran bolsa de papel de una tienda y cubrió los cañones cocn una funda de trípode. Había tres balas en el arma y el resto de la munición (veintidós balas) en los bolsillos de su chaqueta. Poco después de las once de la mañana telefoneó a Kim.

Cuando Kim atendió al teléfono, él colgó sin decir palabra. Pensando que podría haber sido su madre, Kim telefoneó inmediatamente a Jackie.

Después de colgar el telófono Anderson dejó la carta de suicidio en su apartamento y caminó media manzana hasta el apartamento de Kim en 107-205 Beta Avenue. Al llegar frente a la puerta sacó el arma de la bolsa. Al encontrar la puerta abierta entró al apartamento, cerró sigilosamente la puerta tras sí y avanzó dos o tres pasos por el salón hacia la cocina.

Anderson encontró a Kim en camisón sentada a la mesa de la cocina, hablando por teléfono con su madre. Apoyando el arma a la altura del cuello, la apunto hacia ella y esperó a que ella lo advirtiera. Le pidió que colgara el teléfono y le dijo que necesitaba hablarle. Kim lo observó por un momento y tranquilamente dijo a su madre: "He de dejarte. Hay un arma apuntándome". Jackie preguntó si podía llamar a la policía y Kim le dijo que sí. Kim colgó el teléfono y se levantó.

Momentos después volvió a sonar el teléfono, pero ninguno de ellos se movió para contestar. De pie a la entrada, entre el salón y la cocina, Anderson pidió a Kim que fuera al dormitorio. Creyendo que intentaba forzarla sexualmente, como había hecho antes, ella se negó. "Eso sería violación". Anderson dijo que lo único que quería era hablar. Le advirtió, además, que lo tomara en serio y le preguntó si sabía "lo que una escopeta de cañones recortados podria hacer". Ella movió la cabeza afirmativamente, pero cuando él se le acercó más, ella confiadamente pasó por delante de él, empujando el arma un poco a un lado y diciendo: "No sé con respecto a ti, pero por mi parte voy a preparar la comida de los niños".

Anderson fue en busca de Juri y Lindsay y los encontró juntos en su dormitorio cerca de una ventana, mirando atónitos. El asomó su cabeza a la entrada y dijo: "Chicos, tranquilos, estoy aquí sólo para hablar. Nadie va a salir lastimado". A continuación volvió a la cocina. Kim parecía más preocupada ahora que Anderson había encontrado a los muchachos. "Déjalos", dijo, "y puedes tenerme". Anderson rehusó.

Volvió a sonar el teléfono y atendió Kim. El policía del RCMP, Mel Trekofski, le dijo que llamaba a petición de Jackie Cole. Kim suspiró aliviada y se produjo un diálogo de cuatro minutos en el que Trekofski habló en primer lugar con Kim y después con Anderson.

Kim: "Ah, por favor... Mis hijos están... El va hacia el dormitorio donde están mis hijos con un arma. Espere, por favor."

Trekofski: "De acuerdo, ¿Quién está ahí?, ¿Quién es?"

Kim: "Es Jeff, mi marido".

Trekofsky: "¿Está bebido?"

Kim: "No, está muy sobrio"

Después de algunas otras palabras, Trekofski preguntó: "¿Qué cree que va a hacer?". Kim respondió: "No sé. Ahora mismo está colocando una cadenilla en la puerta". Poco más tarde ella añadió: "Está cerrando las cortinas. No desea que la gente observe". Después Trekofski preguntó: "¿Por qué no quiere hablar conmigo ahora?"

Kim: "¿Por qué no quieres hablar con él, Jeff? [A Trekofski] Me dice que deje el telófono y vaya con él".

Trekofski: ¿"Perdón"?

Kim: "Me ha dicho que deje el telófono y vaya para allá. A dónde no lo sé, si a la habitación de mis hijos o a la mía, y no quiere hablarme. No, parece que no quiere hacerlo, pero tiene una escopeta de cañones recortados".

Trekofsky: "¿De cañones recortados?"

Kim: "Estoy muy preocupada por mis hijos".

Después de posterior diálogo, Anderson se puso finalmente al teléfono. Trekofski se identificó y dijo: "Nos gustaría aclarar las cosas, lo sabes. Nos gustaría ayudar, si se puede".

Anderson: "No creo que pueda. Se ha llegado a una situación límite. Ahora, existe una posibilidad que pensaré mientras usted permanezca ahí. Nosotros dos... Cada cual ve las cosas según le va. Sabemos cómo ocurre. Dejémoslo así durante tres o cuatro horas. Quizá ella llegue a sentir el sufrimiento y la desdicha que siento yo".

Trekofski: "Bien, así no va por el buen camino, Jeff"

Anderson: "Estoy seguro de que ahora se están apostando fuera. Si intervienen, si hacen algo, tendré que herirla. Tendré que dispararle a ella y luego a los niños"

Trekofski: "No haga eso".

Anderson: "Hay la posibilidad de que me pueda hablar de ello si permanece ahí. Me mantendré en contacto con usted a través del teléfono. Permanezca ahí de momento".

A continuación, Anderson colgó el teléfono. Eran las once y dieciséis de la mañana. Para entonces los oficiales de la RCMP habían rodeado la casa. No intentaron entrar debido a la intención de Anderson de disparar contra Kim y los niños, si intentaban intervenir.

En ese preciso momento Anderson entró en el dormitorio de los niños. Kim les había dado instrucciones para que se separaran de la ventana y se sentaran en la litera inferior. Lindsay se sentó en la esquina de la cama junto a la pared y Juri lo hizo a su izquierda. Entre ellos había un juego de cartas sobre la cama. Kim se sentó sobre una caja amarilla crema al final de la cama, cerca de la ventana.

Anderson apuntó el arma a Kim y le dijo que tenían que hablar. La habitación era pequeña y calurosa, y no permitió que Kim o los niños salieran. Durante aproximadamente una hora se dedicó a censurar airadamente el rechazo de Kim. ¿Por qué le era tan indiferente? ¿No se daba ella cuenta que lo estaba pasando mal, cuán deplorable era su situación? ¿No había recibido sus muchos mensajes, sus cartas? Pidió explicación sobre todo lo que siempre había querido saber, asuntos a los que ella no había dado respuesta por carta, por teléfono o en su puerta cuando la había llamado.

Kim se sentó al lado de Anderson con preocupación y temor en sus ojos. Se sentó inclinada hacia delante con sus manos juntas, apoyando en ocasiones su barbilla en sus palmas. A medida que Anderson hablaba, ella ocasionalmente volvía la cabeza y le echaba una ojeada fugaz.

El le preguntó si ella se daba cuenta de que él había intentado llevar el asunto según "la manera de Jehová". Dijo que había intentado vivir de acuerdo el patrón de ella, conforme a las normas de los Testigos. ¿Por qué estaba ella prolongando la separación? ¿No se daba cuenta cuán desgraciados eran todos? Parecía que su matrimonio permanecería para siempre en el limbo. ¿Nunca se había planteado volver con él?

Kim mencionó algo respecto a haber fracasado en dos matrimonios y que se acababa para ella el matrimonio completamente. Intentó distraerlo preguntándole otras cosas, principalmente con respecto a sus vacaciones en motocicleta. Los niños comenzaron a quejarse de que "tenían hambre y estaban cansados". En un momento determinado preguntaron a Anderson si les iba a disparar, a lo que éste replicó: "No, os quiero demasiado".

Anderson explicó a Kim cuánto la amaba, cuánto quería a los niños, cómo había deseado que volvieran a estar juntos de nueva ella, los niños y él.

Anderson se preguntaba en voz alta si siempre había estado un poco chiflado. Pensaba que tal vez la situación por resolver entre ellos había hecho aflorar su estupidez. Pidió excusas por lo que iba a hacer, diciendo a ella que había esperado tener suficiente coraje para dispararse después. Dijo a Kim que temía, si no lo hacía así, que el castigo fuera peor, la vida en la prisión en donde un hombre podría ser violado y apuñalado.

Anderson: "Lo siento. He de hacer eso".

Kim: "Tú no tienes por qué hacer eso".

Anderson: "No, he de hacerlo. Lo siento, soy un hombre enfermo".

Kim: "No, no estás enfermo. Puedes obtener ayuda".

Preguntó a Kim si ella le había amado alguna vez y ella le dijo que no le había querido desde que le abandonó en Houston. El le preguntó por qué ella no le amaba ahora, por qué había dejado de quererle. Las últimas palabras de Kim fueron: "No lo sé".

Anderson pidió a Kim un último abrazo. Cuando ella lo rechazó, él comenzó a disparar.

¿Por qué Jeff Anderson mató a Kim y a mis hijos? ¿Por qué fracasé en evitarlo? ¿Por qué permitió Dios que murieran?

Después de los asesinatos, mi vida se vio afectada por estas tres cuestiones. No importa las veces que me dijera que nunca podría obtener una respuesta. Continuamente estas cuestiones iban y venían en mi subconsciente como una machacona cantinela. Desesperado volví a la visita del sicoterapeuta. Repetidamente solicité la opinión de mi terapeuta sobre la mente y las motivaciones de Anderson. Semana tras semana el terapeuta me informaba de que probablemente Anderson padecía un trastorno de personalidad y resultaba imposible la interpretación sobre un acto irracional. Amablemente siempre me llevaba al mismo punto: "Anderson no es su problema, Jim".

Unos meses después de la muerte de mis hijos tuve un sueño extraordinario. Juri, Lindsay y yo estábamos en una extensa piscina cubierta. El agua era azul brillante en la superficie y más oscura hacia el fondo. Juri se sumergió hasta el fondo, desapareciendo por largo rato. Al salir a la superficie vino caminando hacia mí, ofreciéndome joyas relucientes recogidas del fondo de la piscina.

Por vez primera comencé a creer que mis hijos se encontraban a salvo en otra dimensión. Empecé a sentir el hálito curativo del soplo de Dios sobre mí.

Un día de aquel verano Marge se sentó en nuestro balcón con una bebida fría en la mano, gimiendo silenciosamente. Aquello me hizo ver hasta qué grado había llevado ella su propio dolor el pasado año a fin de mostrarse fuerte. "Lo siento", dije, tratando interiormente de mostrarme como fuerte soporte para ella, al igual que ella lo había sido para mí. Dí gracias a Dios por proporcionarme una mujer tan extraordinaria.

El 29 de agosto de 1986, en el primer aniversario de la muerte de los niños, Marge y yo visitamos su tumba. La habíamos visitado muchas veces antes en primavera y verano y, en cada ocasión, Marge había cortado cuidadosamente la hierba que la cubría. Al observar con cuánta uniformidad cortaba cada brizna, frunciendo el entrecejo, le pregunté por qué siempre hacía esa tarea tan concienzudamente.

Ella se puso en cuclillas y me miró: "Es cuanto puedo hacer por ellos ahora", dijo.

Jeffery Lynn Anderson fue condenado a tres sentencias de cadena perpetua por asesinato en primer grado. Actualmente cumple condena en la prisión B.C. y no podrá gozar de libertad condicional hasta el 2011. Sin embargo, el 29 de agosto de 2000 pudo solicitar reducción de ese tiempo bajo Bill C-45, una cláusula con escasa posibilidad.

James y Marge Kostelniuk fundaron en 1988 el grupo de apoyo a los Familiares Supervivientes de Homicidio. James Kostelniuk y Jeffery Anderson mantuvieron correspondencia durante cinco años, hasta que Kostelniuk descubrió que Anderson había revelado a un criminalista de Vancouver que él había estado abusando sexualmente de uno de los hijos de Kostelniuk. Posteriormente Anderson lo negó, alegando que cuaalesquiera comentarios que hubiera hecho fueron debidos a presión y manipulación.

El libro de Kostelniuk, del que se ha extraido este artículo, se titula Lobos entre Ovejas: La Verdadera Historia de Crimen en la Comunidad de los Testigos de Jehová.

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miércoles, 16 de enero de 2019

San Antonio Abad


SAN ANTONIO ABAD, RUEGA POR NOSOTROS
17 de enero Siglo IV

Uno de los primeros monjes de la Iglesia. Se retiró al desierto para orar y hacer penitencia.


Fuente: wikimedia.org

Vida de San Antonio Abad

Este ilustre pionero del monaquismo nació en Egipto hacia el año 250.

Al morir sus padres, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto, donde comenzó a llevar una vida de austeridad y penitencia.

Reunió en torno a él muchos discípulos, supo confortar a muchos confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano y apoyó firmemente a San Atanasio en sus luchas contra los arrianos.

Murió el año 356 y la leyenda dice que a la edad de 105.


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99% de las vírgenes que lloran son fraude o autoengaño, afirma Obispo


99% DE LAS VÍRGENES QUE LLORAN SON FRAUDE O AUTOENGAÑO, AFIRMA OBISPO
Por: Bárbara Bustamante 

Muchas de ellas constituyen un autoengaño o un fraude y desdibujan la misión de María en el plan de salvación.

Frente a los casos de imágenes de la Virgen María que supuestamente lloran, el Obispo de San Francisco en Argentina, Mons. Sergio Buenanueva, advirtió en su cuenta de Twitter que muchos de ellos constituyen un autoengaño o un fraude y “desdibujan” la misión de María en el plan de salvación.

En diálogo con ACI Prensa, el Prelado se refirió al hecho de que “cada tanto aparecen noticias de imágenes de la Virgen María, de las que se dice que lloran incluso lágrimas de sangre”.

Si bien afirmó que “no me ha parecido oportuno citar en concreto experiencias de fraude”, Mons. Buenanueva cuestionó el hecho de “que estos u otros fenómenos extravagantes, aparecen una y otra vez, con cierta frecuencia. ¿Qué pensar de ellos? ¿Cómo valorarlos a la luz de nuestra fe católica?”.

El Obispo explicó que “la Iglesia no rechaza, de plano, la posibilidad de manifestaciones extraordinarias de nuestro Dios”, sin embargo, precisó, en la mayoría de los casos “se trata de experiencias de autoengaño o sencillamente de fraude”.

“La intervención más fuerte, decisiva y definitiva de Dios en la historia es la encarnación y la Pascua de Jesucristo. Todo está allí, y no tenemos que buscar nada más”, afirmó.

Por otra parte, en algunos casos, explicó el Prelado, se puede apreciar “un sabor poco evangélico que desdibujan la misión que María tiene en el plan de salvación de nuestro Dios: discípula perfecta de Cristo, madre del Salvador y modelo de la Iglesia que camina en la fe”.

“Parecen darle prioridad a los detalles más fantásticos y extravagantes, acercando peligrosamente la manifestación de Dios a un espectáculo profano más cercano a la magia o la manipulación emocional que al signo evangélico del amor de Dios, tal como lo conocemos por los evangelios”, advirtió.

Además, la sospecha de fraude aumenta cuando “en muchos de estos casos, los supuestos videntes se permiten un creciente protagonismo que los pone en el centro de la atención, compitiendo, en algunos casos, con autoridad con los pastores de la Iglesia”.

Ante estos casos extravagantes, Mons. Buenanueva sostuvo que la Iglesia “nos ofrece un criterio de discernimiento infalible: la persona del mismo vidente, que vive el Evangelio con sencillez, en el ocultamiento y en la humilde obediencia a los legítimos pastores de la Iglesia”.

“Todo lo cual es ratificado por frutos de genuina conversión y vida cristiana”, agregó.

En cuanto a María, concluyó el Obispo, ella “nos sigue orientando hacia Cristo y repitiendo, como en Caná, aquel: ‘Hagan todo lo que Él les diga’. Esto es lo fundamental”.

Mons. Buenanueva hizo referencia a los grandes santuarios marianos del mundo como Guadalupe en México, Fátima en Portugal y Lourdes en Francia, y aseguró que ellos “custodian manifestaciones de María que no han dicho nada nuevo respecto a lo que dice el Evangelio”.

“En Fátima, las palabras claves de Nuestra Señora a los tres niños, María las ha tomado de los labios de Jesús: oración y penitencia. Ella no conoce otras palabras para decirnos que las del Evangelio”, dijo el Obispo.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


http://es.catholic.net/op/articulos/65118/cat/652/99-de-las-virgenes-que-lloran-son-fraude-o-autoengano-afirma-obispo.html


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¿Por qué Jesús llamó: mujer a María en las bodas de Caná?


¿POR QUÉ JESÚS LLAMÓ: MUJER A MARÍA EN LAS BODAS DE CANÁ?
Por: Stephen Beale

Lejos de subestimar la posición de María, Jesús le confirma su papel como mediadora e intercesora en nuestro nombre ante Dios.

Cuando se trata de María en los Evangelios, Juan 2,4 es un verdadero acertijo. Es la boda en Caná y el vino se ha acabado. Cuando María le informa a Jesús, he aquí la sorprendente respuesta: "Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora".

No suena a como le deberías contestar a tu madre, ya no digamos lo fuerte que suena el “mujer” en la respuesta. Pero muchos intérpretes, incluidos muchos protestantes evangélicos, toman este versículo en su valor nominal, concluyendo que es una especie de reproche. Un estudioso evangélico muy respetado, D.A. Carson, lo toma de esta manera, sugiriendo que Jesús pone distancia entre Sí mismo y María y señala que Él comienza Su ministerio en iniciativa propia.

María es mediadora en Caná
Esta interpretación no sólo va en contra de lo que la Iglesia enseña sobre María, sino que además está completamente fuera de contexto. Hay dos hechos deslumbrantes que sugieren otra interpretación. Primero, María no se hecha para atrás como si hubiese sido reprendida. Al contrario, ella audazmente cobra fuerza y se dirige a los sirvientes diciéndoles que hagan lo que Jesús les indique. Éste no es sólo el comportamiento de alguien que no ha sido reprendido sino que además indica que María esperaba que Jesús tomara acción: ella tomó su declaración como una respuesta positiva a su pedido.

¿Tuvo razón María?
Bueno, después podemos ver a Jesús convirtiendo agua en vino. Esto confirma su reacción. Lejos de subestimar la posición de María, esto confirma su papel como mediadora e intercesora en nuestro nombre ante Dios. Como Juan Pablo II lo dijo en su encíclica Redemptoris Mater:
“…se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone « en medio », o sea hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede —más bien « tiene el derecho de »— hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres. Su mediación, por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: María « intercede » por los hombres.”

El papel de intercesora de María es confirmado en el episodio en Caná. Como Juan Pablo II dice, parece que Jesús fue invitado a una boda en virtud de su asociación con María. Ciertamente, Jesús y sus discípulos aparecen en la lista de invitados después de María. Es a través de María que Jesús viene a nosotros. A pesar de lo radical que esto puede sonar, ésta es la verdad de la Encarnación. Y este no es un momento aleatorio en el evangelio de Juan. Es el comienzo del ministerio de Jesús. Y aún hay más.

María: de Caná a la Cruz
La palabra que a primera vista parece despectiva – mujer – en realidad está llena de significado.

Nuestra primera pista viene en la segunda oración, en la que Jesús menciona que Su “hora” no ha llegado. Para el lector novato, la referencia de Jesús al tiempo puede parecer que refuerza la interpretación anti-Mariana: Ahora no es un buen momento. Pero “hora” en el evangelio de Juan, cuando no se refiere a una hora específica del día (como por ejemplo la “décima hora” en Juan 1,39), es siempre una referencia simbólica a la muerte de Jesús y a la oculta exaltación en la Cruz (Su “última hora” si así se quiere).

(Uno no puede evitar notar que esa referencia le presta un contexto Eucarístico a la historia. De igual manera el convertir el agua en vino anuncia cómo la sustancia del pan y el vino es convertida en la sustancia de la sangre y el cuerpo de Cristo ofrecido por nosotros en la Cruz. Pero ese es un tema que dejaremos para otra ocasión).

La palabra “hora”, entonces, conecta este momento – este comienzo de Su vida pública – con el clímax en la Cruz. Ahora, la intercesión de María toma un significado aún mayor: desencadena los eventos que llevan directo a la Cruz. En Juan 19, vemos a María al pie de la Cruz – ella no se ha retirado hacia el fondo. Ella no ha disminuido como Cristo ha aumentado porque no está en competencia con su hijo (a como dice el estudioso Católico Matthew Levering en su libro Mary´s Bodily Assumption, La Asunción Corporal de María). En cambio, al pie de la Cruz, la conexión de María con el trabajo salvador de Cristo es confirmado.

Y, en la crucifixión, sucede que Jesús se dirige a ella nuevamente como “Mujer” – esta vez en el contexto de hacer provisiones para que ella se quede con el Discípulo Amado. (Por cierto, este tierno momento es un argumento en contra del uso del término “Mujer” como algo despectivo). Esto nos recuerda nuevamente el papel intercesor de María en Caná. Y nos recuerda este papel en un momento crucialmente importante.

María como la nueva Eva

¿Pero por qué se dirige a María como “Mujer” en primer lugar? Además de conectar Caná con la Cruz, ¿Qué significa esta manera de dirigirse a ella?

Juan Pablo II identifica que la palabra “Mujer” evoca la profecía en Génesis 3:15, donde Eva es descrita en un lenguaje anónimo muy similar:

“Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón.”
Llamar a María “mujer” evoca entonces este pasaje, mismo que es llamado a veces protoevangelium – o proto-evangelio – porque se anticipa a Cristo. Tal a como Juan Pablo II dice, “Por medio de su muerte redentora, Jesucristo vence el mal del pecado y de la muerte desde sus propias raíces”. Pero, tal a como Génesis 3,15 clarifica, este drama cósmico entre Cristo y Satanás también incluye otra persona: “Mujer”. Al dirigirse a María en esta manera, entonces, Cristo confirma su papel universal en este conflicto entre el cielo y el infierno.
Es suficiente decir, en términos de la teología Mariana, que esta conexión con Génesis 3,15 es enormemente importante. La conexión tipológica entre María como la nueva Eva ha tenido en sí casi cada enseñanza Mariana de la Iglesia.

Para tomar sólo un ejemplo, considera la Inmaculada Concepción, el dogma de que María fue exenta de toda culpa original. ¿Cómo se ve su estatus como la nueva Eva acá? Tan extraño a como pueda parecer, es un hecho bíblico que Adán, Eva y María son los únicos tres seres humanos que jamás hayan nacido sin culpa original. Recuerda, el pecado original vino después del primer pecado de Adán y Eva. Tal a como Eva nació sin pecado original, también lo hizo María, gracias a la intervención preventiva de Cristo.

El evangelio del Génesis
Pero, ¿a lo mejor estamos leyendo demasiado dentro de una sola palabra?

Otra manera de hacer esta pregunta es: ¿Estamos en lo correcto al pensar en el evangelio del Génesis cuando leemos la historia de Caná?

La respuesta es que hay varias pistas en Juan 1 y 2 que nos dicen que leamos este evangelio con el Génesis en mente. Sólo toma el primer versículo del primer capítulo: “En el principio…” ¿Te suena familiar? La Iglesia siempre ha reconocido en éste, un recuento trinitario del relato de la creación en Génesis 1.

Los siguientes versículos continúan con el tema de la creación: todas la cosas fueron hechas a través de la Palabra y la Palabra fue vida que iluminó la raza humana (versículo 4). El lenguaje acerca de la luz y las tinieblas también evoca el primer momento de la creación, aunque en Juan la Palabra divina es luz y en Génesis es algo creado por Dios.

Las semejanzas continúan en la estructura de los primeros dos capítulos. De hecho, algunos estudiosos han notado que hay siete días escondidos en el comienzo de Juan, haciendo eco a los siete días de la creación. El día 1 comienza en el primer verso. El segundo día comienza en Juan 1:29 (“Al día siguiente…”). Casualmente, aquí es donde conocemos a Juan el Bautista y en el segundo día en el Génesis fue cuando las aguas se separaron de los cielos. El tercero y cuarto día se denotan en Juan 1:35 y 1:43 en una manera similar.

Luego la historia de Caná comienza con esta nota cronológica: “Tres días más tarde se celebraba una boda…”. Hagamos cálculos rápidamente. Cuatro días habían pasado. Tres más nos llevan al séptimo día – el día del descanso de Dios, Domingo. Cuán conveniente es que la celebración de una boda donde el agua es convertida en vino (la celebración Eucarística) sea en este día.

El evangelio de Juan está empezando a sonar más como el Génesis. De repente, ya no es tan sorprendente que encontremos a la nueva Eva junto al nuevo Adán (Cristo).

Lejos de ser vergonzoso para los Católicos, la boda en Caná es uno de los textos bíblicos más fuertes que soportan las enseñanzas Marianas de la Iglesia. Con este entendimiento renovado de la historia en cuestión, escuchemos nuevamente a María mientras nos habla de su Hijo: “Hagan lo que Él les diga”.

Adaptado y traducido para PildorasdeFe.net por María Vanegas

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¿Por qué Jesús hacía milagros?


¿POR QUÉ JESÚS HACÍA MILAGROS?
Por: P. Antonio Rivero, L.C.

Jesús con sus milagros desea establecer el reino de Dios en la tierra y en cada corazón.

El mensaje de Jesús y su estilo personal nos ha dejado un profundo interrogante: ¿Quién es Jesús? Nadie ha hablado como Él; ha hecho añicos la piedad farisea; ha presentado de Dios una concepción que, empalmando con lo más puro del pensamiento hebreo, lo ha desbordado al mismo tiempo por completo. Su palabra es sublime, única, trascendente. Pero, ¿Qué garantías da? ¿Qué ha hecho Jesús que le autorice a hablar así? Si abrimos los Evangelios veremos que las palabras de Jesús van unidas íntimamente a unas obras excepcionales que las acreditan y las hacen eficaces. Son los milagros. Sus milagros son signos inequívocos de la llegada del Reino que Él predica.

Los milagros son la garantía y la confirmación de su palabra y predicación, pues predicación y obras van íntimamente unidas. Además, los milagros son signos inequívocos de la llegada del Reino y manifiestan el dominio que Él tiene sobre todos los seres de la creación: sobre los espíritus, los hombres y los seres irracionales. Antes de realizar el milagro Cristo pide fe y humildad. Con los milagros, Jesús busca la conversión y la vuelta a Dios.

Características de los milagros de Jesús

No se puede separar el mensaje de Jesús con los signos o milagros, pues éstos confirman el mensaje.

Jesús realiza siempre sus milagros en el contexto del Reino, buscando la conversión. Por eso reprende a las ciudades de Cafarnaún, Corazaín y Betsaida, porque, habiendo visto los milagros que han visto, no se han arrepentido (cf Mt 11, 20-24).

Jesús realiza los milagros como signos de que ha llegado el Reino. Fuera de este contexto no obra milagro alguno. Cuando le piden un número de circo, como en el caso de Herodes o en su propio pueblo, se niega en redondo (cf Mc 6, 5; Lc 23, 9).

Jesús obra los milagros en nombre propio. No los hace en nombre de Yavé, como los profetas en el Antiguo Testamento. Sus palabras son: “Yo te lo digo, yo te lo ordeno”.

Jesús los hace con total sencillez y movido por el amor. Nada de formas mágicas, ni intervención quirúrgica; nada de procesos hipnóticos o sugestión. Realiza los milagros conmovido en su corazón y siempre en un contexto religioso. La máxima discreción circunda su actividad taumatúrgica. Nunca se busca a sí mismo, nunca obra un milagro para deslumbrar. A los curados recomienda silencio. Cuando el pueblo le exalta, Jesús se marcha (cf Jn 6, 15; Mc 5, 39; Jn 11,6). Nunca obró prodigios punitivos para deslumbrar o explotar el miedo del pueblo supersticioso, como vemos en los apócrifos.

Los milagros de Cristo tienen también una dimensión apologética, es decir, los realiza como signos de que el Padre le ha enviado. Nicodemo así lo reconoce (cf Jn 3, 2). O el ciego de nacimiento (Jn 9, 33). Sus obras prueban, por tanto, su origen divino (cf Jn 5, 36).

2 Sentido de los milagros de Jesús
Jesús con sus milagros, curaciones, exorcismos pretende destruir efectivamente el dominio de Satanás, que subyuga al hombre por medio del pecado, la enfermedad y la muerte; y así, establecer el reino de Dios en la tierra y en cada corazón. Jesús con sus milagros manifiesta su omnipotencia y su divinidad, hechas amor por el hombre.

Tratando de resumir el sentido teológico de los milagros diremos lo siguiente:

Son signos de contenido religioso y están conectados con la presencia del Reino.

Son signos de contenido soteriológico y manifiestan que Dios salva y es capaz de salvar en el tiempo. Jesús trae la salvación completa (cuerpo y alma), una salvación sobre todo espiritual, una salvación eterna.

Son signos de sentido cristológico: Jesús es el milagro primero de donde se derivan los otros.

Son signos de contenido trinitario: el origen y la raíz de los milagros es la unión de Cristo con su Padre, en el Espíritu Santo.

Son signos de contenido escatológico, pues hacen presente una realidad que aún está escondida: el triunfo de Dios y la transformación de la naturaleza en obediencia a la voluntad de Dios.

Los milagros de Jesús y la historia
Hay quien admite sin problemas la historicidad del mensaje de Cristo, pero no la de sus milagros. Contestemos.

Los relatos de los milagros en los evangelios no son un apéndice del que se pudiera prescindir. En concreto, en el evangelio de Marcos, si prescindimos del relato de la pasión, los milagros de Cristo suponen el 47% de su Evangelio. Como dice Trilling: “Los relatos de milagros ocupan tan extenso lugar en los Evangelios que sería imposible que todos ellos hubieran sido inventados posteriormente y atribuidos a Jesús” [1].

Además, los milagros aparecen estrechamente unidos al mensaje de Jesús. Ambos, predicación y milagros, aparecen como signos de la llegada del Reino: tienen la misma intención y responden a la misma lógica.

Otro dato importante es que muchos milagros de Jesús tuvieron un carácter público. No se trata de rumores, sino de milagros hechos delante de todo Israel, como la multiplicación de los panes (cf Jn 6) o la resurrección de Lázaro, que fue comprobada por los judíos de Jerusalén (cf Jn 12, 18).

Es más, los Evangelios fueron escritos cuando todavía vivían los contemporáneos de Jesús, que podrían haber negado sus milagros, o haber dicho que eran falsos. De hecho, nadie, ni siquiera los enemigos de Jesús, negaron que Jesús realizara prodigios. Los fariseos no los pueden negar y usan el recurso de atribuirlos al poder del diablo (cf Mt 12, 26-27). Es curioso que una tradición judía que aparece en el Talmud babilónico hable también de los milagros de Cristo atribuyéndolos a la magia.

La historicidad de los milagros de Cristo queda garantizada no sólo por el hecho de que aparecen en todas las fuentes que componen los Evangelios, sino porque, si se les compara con los relatos helénicos de milagros, aparece una evidente diferencia con ellos, aunque estén relatados con la misma estructura (exposición de la enfermedad, petición de curación, curación y acción de gracias). Los de Cristo son sobrios, no hay magia ni artilugios raros; siempre en contexto de oración.

El hecho de que un mismo milagro sea narrado con algunas diferencias entre los evangelistas avala la historicidad, pues siempre coinciden en lo fundamental. Las diferencias provienen del estilo mismo de los evangelistas, su finalidad concreta para su auditorio concreto. Por ejemplo:

* Mateo narra lo esencial de los milagros y deja los detalles, lo anecdótico: su interés se concentra en Jesucristo. Describe los milagros para enseñar la doctrina de Jesús, para orientar en su seguimiento. Los milagros son un medio excelente para mostrar el cumplimiento de las promesas hechas en el A.T. y para enseñar cuál es la postura cristiana, cómo se debe creer y esperar. La llegada de Jesús y sus acciones proclaman que Jesús es el Mesías prometido y que se le debe seguir.

* Marcos describe los milagros añadiendo datos pintorescos que parecen tener una importancia secundaria: dice el nombre del curado (10, 46) y sus reacciones espontáneas. Los milagros son signos de la gran novedad y de la autoridad de Jesús. Después de realizar los milagros, aparece el comentario: la admiración de los que han visto el hecho, su temor, su alabanza, su adoración (1, 27; 2, 12; 4, 41; 5, 14.20.42; 7, 37). La palabra y la acción poderosa de Jesús van juntas, para destruir el poder del maligno y hacer presente el Reino de Dios. El silencio cristiano, el ocultamiento del misterio de Jesucristo en Marcos tiene una finalidad concreta: no desvirtuar el mesianismo religioso de Jesús y convertirlo en político.

* Lucas interpreta, conforme a su teología, los milagros como la presencia misericordiosa de Dios en Jesucristo. Por ello son motivo para alabar y glorificar (18, 43; 23, 47). Los milagros son muy importantes para mostrar que la salvación ya se está realizando en el tiempo de Jesús, que es el tiempo de la gracia. La fuerza de la curación está en el mismo Jesús.

* Juan narra un número pequeño de milagros (siete). Y cada milagro tiene una significación profunda: la curación del paralítico le da ocasión para exponer que Jesús obra como el Padre (5, 17); la multiplicación de los panes para decir que Jesús es verdadero pan (6, 35); la curación del ciego, para darle a conocer como la luz del mundo (9, 57); la resurrección de Lázaro, para mostrarle como la Resurrección y la Vida (11, 25). Los milagros que realiza Jesús muestran su ser. Por eso los que no los aceptan son culpables (10, 37; 15, 24). Estos milagros no son importantes por ser hechos maravillosos, sino por lo que significan: dan testimonio de que el Padre le ha enviado (5, 36), son la manifestación de la común acción entre Jesús y su Padre (10, 30; 14, 11).

No cabe decir que los milagros de Cristo son ambiguos y que sólo la fe los puede discernir: no son ambiguas las obras de Dios, sino el corazón del hombre. Cristo lo dice claramente: “Si no me creéis por lo que os digo, creedme al menos por las obras” (Jn 10, 38).

CONCLUSIÓN
Los cristianos más sencillos tienen una gran capacidad para comprender la presencia de Dios en su historia. Recurren a Él frecuentemente y experimentan su ayuda. Esta es una verdadera experiencia cristiana. Ahora bien, cuando se den casos de desequilibrios psicológicos y de engaños milagreros, será la misma Iglesia, como Madre y Maestra, la que irá orientando amorosamente a sus hijos, para que no caigan en excesos. Como también explicará, cuando sea necesario, a quienes se dejen llevar de racionalismo exacerbado y nieguen todo hecho sobrenatural, comprobado y ratificado, para que sepan abrirse con fe a la acción de Dios que obra, no en contra de las leyes físicas, sino más allá de las leyes físicas.


[1] W. Trilling, Jesús y los problemas de su historicidad, Barcelona 1975, 121.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


http://es.catholic.net/op/articulos/70278/cat/712/por-que-jesus-hacia-milagros.html


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Una mujer se quedó embarazada estando embarazada


UNA MUJER SE QUEDÓ EMBARAZADA ESTANDO EMBARAZADA
Por: Carolina Chmielak

Un testimonio que expone, una vez más, la maternidad subrogada como un acto de cosificación de la persona

El 28 de octubre de 2017 se publicó en el diario Washington Post – sección “Be yor Health” - un artículo titulado “She signed up to be a surrogate mother and unwittingly gave her own child away” ("Se inscribió para ser madre sustituta e involuntariamente entregó a su propio hijo") en el que se relata una noticia de gran impacto, en particular, para la comunidad científica.-

Jessica Allen, norteamericana y madre de dos hijos, decidió alistarse en la Agencia “Omega Family Global” a los fines de convertirse en “madre sustituta” o “madre gestante” a cambio de una abultada suma de dinero, esto es, 30.000 dólares. Dicha Agencia, situada en California y dedicada a “auxiliar” parejas que requieren de la subrogación para ser padres, la contactó con un matrimonio chino que deseaba tener un hijo.-

En abril del año 2016, la mujer se sometió a una Fertilización In Vitro -en adelante FIV- quedó embarazada y semanas más tarde, luego de hacerse los controles médicos pertinentes, descubrió que se encontraba esperando gemelos.-

La pareja subrogante identificada a lo largo del artículo con el seudónimo “Lius”, estaba encantada con la idea de tener dos bebes, es más a raíz de ello, se incrementó alrededor de un 12 % la compensación económica que percibiría la “madre portadora”.-

Finalmente, en diciembre del mismo año Jessica Allen da a luz a ambos bebés con los cuales no tiene contacto alguno – de acuerdo a lo estipulado en el contrato celebrado con la Agencia- y tan solo pudo ver una foto de los recién nacidos.-

Meses más tarde recibió otras fotos de los bebes y para su sorpresa logró advertir que los mismos nada tenían de parecido, es decir, no eran gemelos.-

Y no estaba para nada desacertada, ya que con la realización de los exámenes genéticos correspondientes, se descubrió que uno de los bebés era hijo biológico de ella y su esposo.-En pocas palabras, la mujer concibió a su propio hijo luego de someterse al tratamiento FIV y concebir al hijo de la pareja que había recurrido a la subrogación.- Esto se conoce como superfetación y rara vez ocurre en seres humanos – han habido 10 casos a lo largo de la historia de la medicina.- Es un proceso diferente al de la gestación múltiple – de mellizos / gemelos – pues se concibe un nuevo feto durante un embarazo ya en curso.-

En consecuencia, los padres biológicos del niño comenzaron una dura batalla legal para recuperarlo.

La pareja que alquiló el vientre y cuya voluntad procreacional se había priorizado, pretendía deshacerse del menor y pedir un resarcimiento monetario de 22.000 dólares a causa de lo ocurrido. Por otro lado un asistente social recomendó que se diese en adopción al menor para absorber los gastos y el dinero que se reclamaba pues ellos en definitiva eran “sus padres legales”.- A su vez otro asistente social había solicitado se le pagara la suma de 7.000 dólares por los gastos en los que había incurrido para cuidar al niño.-

Lo cierto es que tras varias idas y vueltas esta pesadilla terminó en febrero de 2017.- La pareja recuperó a su hijo y no le pagó suma de dinero alguna a la pareja “Lius”.-

La maternidad subrogada es un Técnica de Reproducción Humana Asistida de Alta Complejidad que se encuentra permitida en algunos de los Estados de Norteamérica.- De acuerdo con lo dispuesto por la CDC o Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, alrededor de 1.6 millones de niños son concebidos por medio de técnicas procreativas diversas, cifra que se ha duplicado en la última década.-

El caso de que se trata es llamativo desde el punto de vista médico – científico. Desde la perspectiva jurídica, este es otro lamentable ejemplo de la “lógica productiva” propia de estas técnicas: el hijo – en realidad los hijos, no podemos dejar a un lado a aquel que fue dado a la pareja subrogante- es concebido como “producto” o “mercancía” y no como ser humano.- Reiteramos y sobre todo remarcamos que el niño por nacer o ya nacido no es, ni puede ser, objeto de contrato. ES SUJETO.- De allí que cualquier acuerdo o contrato que lo considere como tal sea a nuestro criterio nulo - el objeto es prohibido.-

De alguna u otra forma esto mismo lo explica la madre biológica del menor quien expresamente reconoce que su hijo biológico fue tratado como una cosa siendo al mismo tiempo objeto constante de negociaciones.-

Cuando la sociedad logre despojarse de su mirada adultocétrica y deje a un lado la lógica mencionada precedentemente, comprenderá que la realidad biotecnológica de la “maternidad subrogada” apunta contra la dignidad e interés superior del menor.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


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