miércoles, 5 de septiembre de 2018

Tres hermosas oraciones para moribundos


TRES HERMOSAS ORACIONES PARA MORIBUNDOS

Estas oraciones son muy útiles para el moribundo. Se deben repetir con frecuencia como un acto suplicante a la misericordia de Dios

Hace muchos siglos, vivía un Papa en Roma que había cometido muchísimas faltas y se sentía abrumado de sus culpas, En cierta ocasión, sucedió que Dios Nuestro Señor permitió que este Papa cayese gravemente enfermo sin remedio. Cuando el paciente sintió que ya se acercaba la hora terrible de la muerte, mandó a llamar a todos los cardenales, obispos y a las demás personas bien instruidas. Entonces el Papa moribundo les hablo así: "¡Mis queridos amigos! ¿Qué consuelo me pueden dar ahora que me voy a morir y parece que merezco la condenación eterna por mis múltiples pecados?" Por algunos momentos nadie se atrevió a contestarle esta pregunta. Entonces uno de los presentes, llamado Juan, le replicó diciéndole: "¿Padre, por qué duda de la misericordia de Dios?" Y el moribundo le respondió diciendo: ¿Qué consuelo me puedes dar en esta hora que me voy a morir y temo ser condenado por mis pecados? Y Juan le contestó así: "Voy a leer tres oraciones para su beneficio; espero en Dios que esta lectura le de un poco de consuelo. También espero que por este medio, su alma obtenga la misericordia de Dios." Ya no pudo hablar más el Papa moribundo. Luego, el cura Juan se arrodilló con todos los presentes y rezaron, añadiendo las siguientes oraciones.

Padre Nuestro...

1.- ¡Señor Jesucristo! siendo tú el Hijo de Dios y también el hijo de la Santísima Virgen María, eres Dios y Hombre. Abrumado de gran temor has sudado sangre en el Huerto de los Olivos, para darnos la paz. Sabemos también que ofreciste todos tus sufrimientos a Dios, tu Padre celestial, por nosotros y por la salvación de este pobre moribundo... No obstante, si por culpa de sus pecados él merece ser castigado con la condenación eterna, te suplicamos perdonar todas sus culpas. Oh Padre eterno, te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor, tu muy amado Hijo que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo ahora y siempre. Amén.

2.- ¡Señor Jesucristo! Humildemente muriendo en la cruz por nosotros, sometiste tu voluntad completamente a la voluntad de tu Padre celestial, para traernos la paz. También has ofrecido tu santa muerte al Eterno Padre en rescate de... (Esta persona)... y para ocultar de su vista el castigo merecido por sus pecados. ¡Oh Padre Eterno! Escúchanos y perdónalo, te suplicamos, te lo pedimos por tu único Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina ahora y siempre contigo, en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

3.- ¡Señor Jesucristo! Después de haber guardado silencio, hablaste por la boca de los Profetas, diciendo: "Te he atraído a mí, a través del eterno amor." Este mismo amor te ha traído del cielo al seno virginal de María Santísima. Después has venido a este Valle de lágrimas, al mundo indigente. Este mismo amor, Jesús mío, te detuvo en este mundo terrestre por 33 años. Además, para rubricar este tremendo amor, has entregado tu Sagradísimo Cuerpo como manjar verdadero y como bebida verdadera tu Preciosísima Sangre. Aún como si todo esto fuese poco, mi buen Jesús, nos diste otras señales de tu gran amor. Es decir, te has dejado ser aprendido y llevado preso. Durante tu Sagrada Pasión fuiste arrestado de tribunal a tribunal y de un juez a otro. Además, te has sometido a ser condenado a muerte, a morir en la cruz y a ser sepultado. Todo esto has hecho para demostrar tu profundo amor a nosotros. Habiendo resucitado al tercer día, apareciste a tu santísima madre y a todos los santos Apóstoles. Luego, manifestando tu inmenso amor, oh dulce Salvador, has subido al cielo por virtud de tu propia omnipotencia. Y estás sentado a la diestra de tu Padre celestial, el Dios eterno. Luego, oh Jesús, al demostrar tu infinito amor, has enviado al Espíritu Santo para encender los corazones de los Apóstoles y de todos los que creen Y esperan en ti. Por estas señales de amor eterno, confiadamente esperamos alcanzar de tu bondad todo género de Gracia. Oh buen Jesús, abre el cielo hoy día este pobre moribundo... Perdona todos sus pecados y llévalo al reino de tu Padre celestial para gozar felizmente contigo, ahora y siempre. Amén.


Entre tanto el Papa moribundo falleció. Pero el cura persevero rezando estas oraciones hasta la tercera hora. Súbitamente, el alma del Papa difunto apareció en forma corporal ante los ojos del cura, que todavía continuaba orando. El rostro de la aparición resplandecía como el sol y su vestidura era tan limpia y blanca como la nieve. Entonces, dirigiendo la mirada al cura, la aparición pronunció las siguientes palabras consoladoras: "¡Mi querido hermano! Aunque yo debía de haber sido un hijo perdido y destinado a la condenación, ahora soy un hijo feliz y colmado de dicha y felicidad. Mientras que tu rezabas la primera oración, muchos de mis pecados fueron borrados de mi alma. Se desprendieron así como gotas de lluvia que caen del cielo. Igualmente, mientras que rezaba la segunda oración, fui purificado así como el platero purifica el oro en un fuego abrasador. La purificación de mi alma continuaba mientras que tú rezabas la tercera oración. Entonces vi cómo se abrió el cielo y pude ver a Jesucristo, Nuestro Señor, a la diestra de Dios Padre. En ese momento, Nuestro buen Jesús me habló diciendo: "¡Venid! ¡Todos vuestros pecados ya están perdonados! ¡Entrad y permaneced en el reino de mi Padre celestial para siempre!" Amén. "Con estas palabras, mi alma se separó de mi cuerpo y los ángeles de Dios me condujeron a la felicidad eterna.

Oyendo estas palabras, el cura exclamó: "¡Oh santo Padre! No podré contar estas cosas porque nadie me creerá!" Enseguida, el Papa dijo: "En verdad te digo, que el ángel de Dios permanece a mi lado y ha escrito estas oraciones en letras de oro, para el consuelo de los pecadores.

Luego, el Papa dijo que estas oraciones, si son rezadas en la presencia de un gran pecador que está apunto de morir, le ayudará con muchas bendiciones e incluso le asistirá en su sufrimiento en el purgatorio, para que sea liberado de cualquier castigo debido a sus pecados.

También dijo que: la persona que escucha la lectura de estas tres oraciones, debe creer verdaderamente que Dios Nuestro Señor lo protegerá de una muerte infeliz. La historia nos dice que fueron llevados a la Basílica de San Pedro y fueron puestos en el altar como señal de su gran amor por ellos. Él especialmente deseaba que a cualquier persona que recitara estas oraciones, se le revelaría el día de su muerte para que estuviese preparado y evitar el purgatorio.


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