sábado, 10 de marzo de 2018

Filioque, el Espíritu Santo también procede del Hijo


FILIOQUE, ALGUNAS SENCILLAS CONSIDERACIONES

EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y TAMBIÉN DEL HIJO, LO DEJA CLARO
LA SAGRADA ESCRITURA
Por Saulo de Tarso

La separación entre La Iglesia Católica Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana en el año 1054, tuvo entre muchas cosas, su origen en el asunto sobre el "Filioque", partícula griega que significa: Y del Hijo. Haciendo referencia en que para la Iglesia de Roma, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Lo cuál es negado por la Iglesia Católica de oriente, los Ortodoxos. Para ellos, el Espíritu Santo, procede únicamente del Padre.

Tratándose del Filioque, los Ortodoxos fundamentan su posición en un sólo y único texto bíblico:

Juan 15:26
Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.


El que el texto anterior no mencione que el Espíritu Santo procede del Hijo, no significa que esto no sea verdad. Constituye como bien puede verse un argumento de silencio y un argumento de silencio no es válido en ninguna forma.

Todas las demás consideraciones presentadas por los ortodoxos son de orden teológico, es decir, meros argumentos u opiniones personales, verdaderos muñecos de paja.

En cambio, la posición católica respecto a que el Espíritu Santo procede también del hijo, se fundamenta en muchísimos textos bíblicos, que aunque no utilizan la palabra "procede", sí dejan claro que el Espíritu Santo proviene del Hijo, lo mismo que del Padre. La palabra "Trinidad" no figura ni por asomo en la Escritura, pero ningún ortodoxo se atrevería sobre la base de ésto, negar el dogma de la Santísima Trinidad.

A continuación presentamos varios textos cuya exégesis no deja lugar a dudas de que la expresión del Filioque fue correctamente empleada por la Iglesia Católica y si nuestros hermanos ortodoxos se niegan a aceptarlo, se deben más a motivaciones de orden político y de orgullo, que por amor y apego a la verdad.

EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y TAMBIÉN DEL HIJO, PRUEBA ESCRITURÍSTICA

Romanos 8:9
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece.

Gálatas 4:6
La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!

Filipenses 1:19
Pues yo sé que esto servirá para mi salvación gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el Espíritu de Jesucristo.

I Pedro 1:10-11
Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas, que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían.

Tito 3:5-6
él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador.


LOS RÍOS DE AGUA VIVA SON EL ESPÍRITU SANTO. EL RÍO DE AGUA VIVA, ES DECIR, EL ESPÍRITU SANTO, «PROCEDE» DEL TRONO (SINGULAR, UN TRONO PARA AMBOS) DEL PADRE Y DEL HIJO

Juan 7:38-39
el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo deciá refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.


COMPARADO CON

Apocalipsis 22:1
Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.


El río de agua de vida, brota del trono de Dios y del Cordero. Dicho con otras palabras, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Más claro no puede ser.

Para quien guste profundizar, aquí dejamos lo que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice sobre el tema ya considerado.

El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu

243 Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de "otro Paráclito" (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación (cf. Gn 1,2) y "por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150), estará ahora junto a los discípulos y en ellos (cf. Jn 14,17), para enseñarles (cf. Jn 14,16) y conducirlos "hasta la verdad completa" (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.

244 El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,14). El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús (cf. Jn 7,39), revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad.

245 La fe apostólica relativa al Espíritu fue proclamada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: "Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre" (DS 150). La Iglesia reconoce así al Padre como "la fuente y el origen de toda la divinidad" (Concilio de Toledo VI, año 638: DS 490). Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: "El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma sustancia y también de la misma naturaleza [...] por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el espíritu del Padre y del Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 527). El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (DS 150).

246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu "procede del Padre y del Hijo (Filioque)". El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: "El Espíritu Santo [...] tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración [...]. Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único al engendrarlo a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente" (DS 1300-1301).

247 La afirmación del Filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa san León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 (cf. Quam laudabilitier: DS 284) antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.

248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como "salido del Padre" (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo (cf. AG 2). La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice "de manera legítima y razonable" (Concilio de Florencia, 1439: DS 1302), porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que "principio sin principio" (Concilio de Florencia 1442: DS 1331), pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él "el único principio de que procede el Espíritu Santo" (Concilio de Lyon II, año 1274: DS 850). Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.


PAX ET BONUM


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