De protestante presbiteriano a agnóstico y más tarde... ¡Obispo católico!



A mediados de enero de 1967 decenas de miles de personas ocuparon las calles de San Francisco en el llamado Verano del Amor. Así comenzó el movimiento hippie dos años antes de Woodstock: hierba, psicodelia y conciertos masivos de Grateful Dead -autores del tema Friend of the Devil- en el Golden Gate Park fueron los rasgos más destacados. Al joven presbiteriano James Conley no le quedaba mucho para ser un ávido seguidor del grupo que marcó una era. Lo que es seguro es que convertirse en jerarca de la Iglesia católica no formaba parte de sus planes.

Cinco décadas después, Conley es obispo de la diócesis de Lincoln (Nebraska) desde 2012.

 "Es resultado de un liderazgo que yo he heredado. No me lo atribuyo, solo quiero no estropearlo. Quiero que continúe. He sido el beneficiario del gran liderazgo de dos grandes obispos", expresó en 2018.

El éxito que cosecha Conley como obispo es el fruto de un largo recorrido que comenzó muy lejos de la vocación, la Iglesia y la propia fe.

En una visita a la escuela North American Martyrs School realizada el pasado 24 de octubre, el obispo se sinceró ante los estudiantes sobre su historia de conversión, vocación y episcopado que comenzó precisamente en la escuela.

Sacerdote, por Juan Pablo II

Una vez fue admitido a la Iglesia a los 20 años, el converso supo que el Papa Juan Pablo II iba a visitar Des Moines, en Iowa, como parte de su viaje apostólico a los Estados Unidos en 1979 y acudió a la Misa que celebró ante 300.000 personas.

Durante la homilía, el Papa polaco dirigió un mensaje a los presentes que llamó la atención de Conley: "A todos los que cultivan la tierra, a todos los que se benefician del fruto de su trabajo, a todos los hombres y mujeres de la tierra, Jesús les dice: "Venid a mí... y yo os refrescaré". Aunque todo el hambre física del mundo fuese saciada, aunque todos los que tienen hambre fuesen alimentados por su propio trabajo o por la generosidad de los demás, el hambre más profunda del hombre seguiría existiendo".

El recién convertido recuerda "la inspiración y llamada" que le produjeron las palabras del Papa. "Dijo que estaba hablando con nosotros y que si eras joven, que te lo planteases. Lo hice y dije que sí", recuerda el actual obispo de Lincoln.

No habían transcurrido ni cuatro meses desde la Misa del Papa en Iowa cuando el converso llevó a término su decisión y se matriculó en el seminario para ser sacerdote. Fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Wichita el 18 de mayo de 1985.

Durante los siguientes 23 años sirvió como sacerdote en multitud de parroquias y confiesa humildemente que en ningún momento pensó en ser obispo, ni si quiera una vez ordenado.

Sería Benedicto XVI quien, el 10 de abril de 2008, nombrase a Conley obispo auxiliar de Denver, el 10 de abril de 2008.

Explica que la influencia que tuvo el Programa de Humanidades en su vida no se limitó a su conversión, sino que también marcó profundamente en su faceta episcopal. Tanto que escogió su lema como obispo -Cor ad cor loquitur, corazón habla a corazón- gracias al curso sobre autores británicos del siglo XIX, donde lo descubrió.

"La idea es que la amistad verdadera y auténtica (como un corazón hablando a otro) es lo que todos buscamos. Experimentamos este tipo de amistad aquí en la tierra, pero también podemos experimentar este tipo de amistad o amor auténtico con Dios", afirmó.

Una noche oscura superada con San José

Aunque admite que nunca ha "mirado atrás" ni se ha "arrepentido de esta decisión", su camino como obispo no ha estado exento de dificultades. La última de ellas fue entre 2019 y 2020, cuando unos fuertes episodios de ansiedad, depresión, insomnio y tinnitus le llevaron al límite.

"Parecía que Dios estaba ausente en mi vida. Fue probablemente el periodo más oscuro de mi vida. Hubo muchos días en los que no podía ver, oír o sentir la presencia de Dios, pero de alguna manera sabía que Él estaba allí y que no me había abandonado por completo", afirmó.

Con todo, también tuvo consuelos. El primero de ellos, adquirir una firme devoción a San José, -cuya fiesta se celebra el 19 de marzo, el mismo día en que nació el obispo- y que "desempeñó un papel crucial ayudándome a recuperar la fuerza y la esperanza. Es nuestro padre espiritual. Su profunda fe y confianza en la Divina Providencia, especialmente cuando el camino parece difícil, me dio esperanza".

Cuando echa la vista atrás, valora sus más de tres décadas como sacerdote y obispo y se sincera sobre lo que se siente "más orgulloso".

"Trabajar con estudiantes universitarios y mi trabajo provida ha sido la parte más gratificante de mi ministerio", admite.

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