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Adorar a Dios en Espíritu y verdad...¿Cómo es eso, qué significa?


ADORAR A DIOS EN ESPÍRITU Y VERDAD... ¿CÓMO ES ESO, QUÉ SIGNIFICA?
Por Frank Morera

“Le dijo la mujer:... Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (San Juan 4:19-21).

En el tiempo actual, no existe más un lugar determinado, ni un sitio geográfico, para la adoración. En Jerusalén se encontraba la casa de Dios. “Este monte” es el de Gerizim, sobre el cual un templo, que fue destruido aproximadamente un siglo antes de Jesucristo, quedó como lugar sagrado para los samaritanos.

Los samaritanos no adoraban en espíritu ni en verdad. Los judíos adoraban a Dios en verdad —aunque la revelación haya sido incompleta—, pero no lo hacían en espíritu. Su adoración implicaba un culto hecho con sacrificios materiales, según los ritos dados por Dios.

¿Dónde está la habitación de Dios en el tiempo de la gracia? Encontramos la respuesta en Efesios 2:19-22:

“Sois... conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien... vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Se refiere a la Iglesia, una “casa espiritual” constituida de “piedras vivas” (1 Pedro 2:5)

La Adoración hoy esta en la Iglesia, específicamente en la EUCARISTIA que es la forma perfecta de adoración pues adoramos en el espíritu al Dios que se hecho presente entre nosotros en Verdad.

Bendiciones +

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¿Qué es el Espíritu Santo?


¿QUÉ ES EL ESPÍRITU SANTO?
Por: P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

¿Se podría decir que el Espíritu Santo es como un ángel guardián o como una fuerza que viene de lo alto?

¿Cuándo hacemos una petición se la pedimos al Espíritu o directamente a Jesús, Nuestro Señor? ¿Se podría decir que el Espíritu Santo es como un ángel guardián que nos cuida y nos ayuda, es decir una persona? ¿O podríamos decir que es una fuerza que viene de lo alto, que es una luz, no una persona?
En el Credo decimos “creo en el Espíritu Santo”. Hay muchos cristianos que rezan el credo y repiten esta afirmación pero no saben lo que es el Espíritu Santo. Les ocurre como aquellos hombres que encontró San Pablo en uno de sus viajes; otros habían llegado antes que ellos y los habían hecho cristianos; entonces San Pablo les preguntó si estaban bautizados y le dijeron que sí; luego les preguntó si cuando fueron bautizados recibieron el Espíritu Santo, y les contentaron que ni siquiera habían escuchado hablar de que existía un Espíritu Santo.

El Espíritu Santo no es un ángel guardián ni una fuerza en el sentido impersonal de esta expresión, sino una Persona divina: la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Decir “creo en el Espíritu Santo” es profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad; más precisamente, la tercera persona. Dios como el Padre y como el Hijo; que merece la misma adoración que el Padre y el Hijo; como el Padre y el Hijo es creador, hacedor de todas las cosas, santificador. Por eso cuando hacemos la señal de la cruz, nos santiguamos en el nombre de cada una de las tres personas de la Trinidad, y cuando rezamos el Gloria nombramos a cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Generalmente los cristianos hablan más y conocen más sobre Dios Padre y sobre Dios Hijo que sobre Dios Espíritu Santo. Por eso, hubo uno que lo llamó “el Gran Desconocido”.

En el Nuevo Testamento se le dan varios nombres que nos muestran esto:

-Jesucristo lo llama “el Paráclito”, que significa “consolador”. En nuestros sufrimientos, en las tribulaciones, el E.S. es quien nos consuela. Por eso uno de los antiguos himnos de la Iglesia le pedía cantando: riega lo que árido, sana lo que está enfermo, ayuda lo que es débil, aligera lo que es pesado.

-Abogado: porque nos defiende. Dice San Pablo: “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como nos conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros como gemidos inefables” (Rom 8,26).

-Espíritu de verdad: porque El es el que hace a los Apóstoles que se acuerden de todo lo que ha dicho Jesucristo, y El es el que hace que los cristianos y especialmente el Papa entiendan las Sagradas Escrituras sin equivocarse.

-Don de Dios: porque es el gran regalo que nos hace Dios; enviarnos al Espíritu Santo.

-Santificador: porque es el que produce la santidad en nuestros corazones; El suscita en nuestros corazones las virtudes y las buenas cualidades que nos hacen santos y agradables a Dios. Por eso dice San Pablo que los frutos del E.S. son: caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Gal 5,22-23).

-Vivificante: porque El nos da la vida (cf. Gal 5,25). El nos engendra en el bautismo, nos hace hijos de Dios y nos hace nacer espiritualmente.
No podemos ser cristianos si desconocemos al Espíritu Santo. Y no podemos ser buenos cristianos si no amamos devotamente al E.S., si no lo invocamos y si no nos gozamos cuando El, por la gracia, habita en nuestros corazones.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


http://es.catholic.net/op/articulos/7963/que-es-el-espiritu-santo.html


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10 ideas para mejorar tu relación con el Espíritu Santo


10 IDEAS PARA MEJORAR TU RELACIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO
Por Fr. Ed Broom, OMV 

Permitámosle impregnarnos con Su Presencia y que tome total posesión de nuestras vidas 

El Santificador, el Paráclito, el Dedo de Dios, el Maestro Interior, el Don de Dones, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el lazo de Amor unificando el Padre y el Hijo, el Abogado, el Amigo Secreto, el Dulce Huésped del Alma – todos estos títulos se le dan a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. 

Cuando San Pablo llegó a Éfeso en un viaje misionario, él le preguntó a alguna de las personas allí si habían recibido el Espíritu Santo. Su respuesta pudo ser vista incluso a la luz de nuestra situación presente como una falta de conocimiento de la fe en general y una falta de conocimiento del Espíritu Santo en particular: 

"Ni siquiera hemos oído decir que se reciba el Espíritu Santo". (Hechos 19,1-7) 

Nunca hemos vivido en un mundo con tanta información. Sin embargo, al mismo tiempo, nunca hemos vivido en un mundo con una confusión tan esparcida – ¡los efectos del pecado y de la Torre de Babel! 

Por lo tanto, queremos ofrecer un pequeño ensayo acerca de cómo podemos hacer que nuestro conocimiento, amor y amistad con el Espíritu Santo crezcan, tal a como dice el Catecismo de la Iglesia Católica acerca de Él – “¡El Don de Dones!” 

Recibamos libremente este Don en lo profundo de nuestros corazones, mentes, almas y entendimientos y permitámosle impregnarnos con Su Presencia y que tome total posesión de nuestras vidas. Un don o un regalo pueden ser recibidos o rechazados libremente. 

Abramos nuestros seres totalmente para recibir el más grande de los Regalos, ¡a Dios mismo! 

Esperamos que estas pequeñas sugerencias sean de gran ayuda para unirnos más con el Espíritu Santo. Estemos preparados y dispuestos a compartir el conocimiento que recibamos libremente. Si hemos recibido libremente, ¡demos libremente! 

A continuación encontrarán 10 puntos o ideas para mejorar su conocimiento, amor y docilidad al Espíritu Santo. 

1.- Cada día una Oración al Espíritu Santo. 

Aquí les dejo una que puede ser memorizada fácilmente: "Ven Espíritu Santo, ven a través del Corazón de María". 

Digan esta oración a menudo con gran fe y amor. Consecuentemente, el Espíritu Santo se manifestará más activamente en sus vidas. 

2.- Leer Hechos de los Apóstoles. 

Lean el libro de la Biblia que le sigue al Evangelio de San Juan y que le es atribuido a San Lucas, los Hechos de los Apóstoles. 

Este libro ha sido llamado “El Evangelio del Espíritu Santo”. Sean especialmente observadores de cuántas veces es mencionado el Espíritu Santo en esta obra maestra espiritual. Vean además las diferentes maneras en las que el Espíritu Santo trabaja en la Iglesia primitiva. 

Pueden incluso subrayar con un lápiz cada vez que el Espíritu Santo sea mencionado en el libro de los Hechos de los Apóstoles. 

Permítanle al Espíritu Santo entrar más de lleno en sus vidas al meditar la Palabra de Dios. 

3.- Tener el hábito de rezar Novenas. 

Una de las novenas más poderosas en la historia del mundo es precisamente la novena de la preparación para la venida del Espíritu Santo, el primer Pentecostés. 

Los Apóstoles oraron y ayunaron durante 9 días y noches en unión con la Santísima Virgen María. Luego ocurrió un extraordinario fenómeno: viento y fuego descendieron sobre las cabezas de los Apóstoles, transformándolos en fervientes amantes de Jesús, ¡listos para derramar su sangre por el bien de Su nombre! (Lee el capítulo 2 del libro de los Hechos). 

4.- Conocer los SÍMBOLOS del Espíritu Santo. 

Hay que conocer todos los símbolos que nos ha dado la iglesia para conocer mejor al Espíritu Santo. 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos da varios de ellos: Fuego, Viento, Paloma. Viento, Agua y Aceite. También el Sello, un Dedo, una Lámpara. 

Los símbolos son realidades físicas que apuntan a una realidad espiritual más profunda (CCC 694 – 701) 

5.- Lean sobre el Espíritu Santo. 

Uno de los libros que recomiendo es "En la Escuela del Espíritu Santo" escrito por Jacques Philippe. 

Una obra de arte corta pero magnífica sobre el tema del Espíritu Santo, Philippe nos invita a buscar el camino de la santidad por medio del sencillo camino de la docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo. 

El Espíritu Santo, Santificador, nos quiere hacer santos, si le permitimos operar libremente en nuestras vidas. 

6.- Los Dones del Espíritu Santo 

Al momento del Bautismo recibimos los siete Dones del Espíritu Santo; luego el Sacramento de la Confirmación fortifica estos maravillosos dones. 

Conózcanlos; oren para que se actúen más vigorosamente en sus vidas. Su santificación y salvación depende de esta profunda unión con el Espíritu Santo y Sus Dones. 

7.- Los 7 Dones del Espíritu Santo 

Si sienten que deambulan en “Tierra de Nadie” con respecto a lo que son los Dones del Espíritu Santo, entonces esto les será de mucha ayuda. 

Traten de memorizarlos: Sabiduría, Conocimiento, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Piedad y Temor de Dios. 

De acuerdo a Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angelical, la Sabiduría es el más grande de los dones del Espíritu Santo, que puede ser definido como deleitarse en las cosas de Dios. 

Si quieren, el Salmista resume el don de la Sabiduría con estas palabras concisas: 

"Gusten y vean cuán bueno es el Señor"(Salmo 34,9) 

8.- Los frutos del Espíritu Santo 

Tradicionalmente los frutos del Espíritu Santo son doce, aunque Santo Tomás de Aquino dice que estos no incluyen todo. 

Los siguientes son los doce frutos conocidos tradicionalmente: caridad (o amor), alegría, paz, paciencia, benignidad (o amabilidad), bondad, longanimidad (o gran coraje), fidelidad, mansedumbre, modestia, continencia (o auto-control), y castidad. 

Santo Tomás dice que cuando correspondemos a los Dones del Espíritu Santo y llevamos a cabo la voluntad de Dios en nuestras vidas, entonces experimentamos esta dulzura interior en nuestra alma, éstos son los frutos del Espíritu Santo. 

9.- Recuperar al Espíritu Santo. 

Una tragedia moral podría ocurrir en nuestras vidas: ¡caer en pecado mortal! Si se cae en el lodo del pecado mortal en nuestras vidas, nunca caigan en desesperación sino que confíen en Dios completamente. 

Al cometer pecado mortal, estamos expulsando conscientemente a la persona del Espíritu Santo de nuestras almas. 

Sin embargo, la Buena Nueva es ésta:¡CONFESIÓN! Al realizar una buena confesión con un sacerdote, entonces no sólo regresa la gracia de Dios a nuestra alma sino que ¡regresa el Espíritu Santo como Dulce Huésped de nuestra alma! 

10.- La Virgen María y el Espíritu Santo 

María tiene la relación más profunda y cercana con el Espíritu Santo después del mismo Jesús. 

La Inmaculada Concepción, en la cual Nuestra Señora fue preservada libre de toda Culpa Original desde el momento de su concepción en el vientre de su madre, fue obra del Espíritu Santo. 

La Concepción Virginal de Jesús en el vientre de María fue por obra y gracia del Espíritu Santo. 

El nacimiento de la Iglesia en el primer Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en lenguas de fuego, sucedió en presencia de Nuestra Señora. 

Sus poderosas oraciones facilitaron la venida del Espíritu Santo y el advenimiento de la Iglesia Misionera. 

Nuestra Señora tiene una relación íntima y profunda con la Santísima Trinidad.Ella es la Hija de Dios Padre, la Madre de Dios Hijo y la Esposa Mística del Espíritu Santo. 

Por esta razón San Luis de Montfort expresó en estas palabras de gran entusiasmo: 

"Aquellos que aman a María, el Espíritu Santo se lanza a Sí mismo en estas almas", 

Que Nuestra Señora nos obtenga un Pentecostés renovado y una poderosa infusión del Espíritu Santo. 

"Ven Espíritu Santo, ven a través del Corazón de María". 

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Filioque, el Espíritu Santo también procede del Hijo


FILIOQUE, ALGUNAS SENCILLAS CONSIDERACIONES

EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y TAMBIÉN DEL HIJO, LO DEJA CLARO LA SAGRADA ESCRITURA
Por Jesús Mondragón

La separación entre La Iglesia Católica Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana en el año 1054, tuvo entre muchas cosas, su origen en el asunto sobre el "Filioque", partícula griega que significa: Y del Hijo. Haciendo referencia en que para la Iglesia de Roma, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Lo cuál fue negado por la Iglesia Católica de oriente, los Ortodoxos. Para ellos, el Espíritu Santo, procede únicamente del Padre. En realidad esto no fue más que un tremendo malentendido, pues los hermanos Ortodoxos creían que para la Iglesia latina, la fuente u origen del Espíritu Santo eran el Padre y el Hijo. En realidad ambas Iglesias creen que la fuente eterna de toda la Divinidad es el Padre. Esto no significa que primero existió el Padre y luego el Hijo y luego el Espíritu Santo. Nunca ha existido el Padre sin el Hijo y sin el Espíritu Santo. Sin Hijo, el Padre no sería Padre. La Santísima Trinidad es eterna, sin tiempo lineal, por eso un misterio.

Cuando la Iglesia Católica afirma que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no se refiere a su origen, pues siendo Dios, el Espíritu Santo no tiene un origen en el tiempo. La expresión, "procede del Padre y del Hijo" se refiere a la misión temporal del Espíritu Santo para con el hombre, tanto el Padre como el Hijo han enviado al Espíritu Santo a los Profetas, a los Apóstoles y hoy en día a la Iglesia, es por eso que procede del Padre y del Hijo.

ARGUMENTOS BÍBLICOS

Tratándose del Filioque y las antiguas batallas bíblicas, los Ortodoxos fundamentaban su posición en un sólo y único texto:

Juan 15:26
Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.


El que el texto anterior no menciona que el Espíritu Santo procede del Hijo, no significa que esto no sea verdad. Constituye como bien puede verse un argumento de silencio y un argumento de silencio no es válido en ninguna forma.

Todas las demás consideraciones presentadas por los ortodoxos son de orden teológico, es decir, meros argumentos u opiniones personales, verdaderos muñecos de paja.

En cambio, la posición católica respecto a que el Espíritu Santo procede también del hijo, se fundamenta en muchísimos textos bíblicos, que aunque no utilizan la palabra "procede", sí dejan claro que el Espíritu Santo proviene del Hijo, lo mismo que del Padre. La palabra "Trinidad" no figura ni por asomo en la Escritura, pero ningún ortodoxo se atrevería sobre la base de ésto, negar el dogma de la Santísima Trinidad.

A continuación presentamos varios textos cuya exégesis no deja lugar a dudas de que la expresión del Filioque fue correctamente empleada por la Iglesia Católica y si algunos de nuestros hermanos ortodoxos todavía hoy se niegan a aceptarlo, se debe más a motivaciones de orden político y de orgullo, que por amor y apego a la verdad.

EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y TAMBIÉN DEL HIJO, PRUEBA ESCRITURÍSTICA

Juan 20:22-23
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.

A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Romanos 8:9
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece.

Gálatas 4:6
La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!

Filipenses 1:19
Pues yo sé que esto servirá para mi salvación gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el Espíritu de Jesucristo.

I Pedro 1:10-11
Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas, que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían.

Tito 3:5-6
él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador.


LOS RÍOS DE AGUA VIVA SON EL ESPÍRITU SANTO. EL RÍO DE AGUA VIVA, ES DECIR, EL ESPÍRITU SANTO, «PROCEDE» DEL TRONO (SINGULAR, UN TRONO PARA AMBOS) DEL PADRE Y DEL HIJO

Juan 7:38-39
el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo deciá refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.


COMPARADO CON

Apocalipsis 22:1
Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.


El río de agua de vida, brota del trono de Dios y del Cordero. Dicho con otras palabras, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Más claro no puede ser.

EL FILIOQUE ACTUALMENTE YA NO ES MOTIVO DE DIVISIÓN

En los últimos años la Iglesia Católica y la Iglesia Católica Ortodoxa se han acercado a una común concepción sobre este punto. El Espíritu Santo tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración. De modo que, el filioque hoy no sería razón para seguir separados. Por desgracia, en estos casi 1000 años de separación han surgido otras diferencias que han hecho difícil, aunque no imposible la unidad. Los pasos ya se están dando y quiera Dios que muy pronto la unidad con los hermanos Ortodoxos no sea sólo un sueño, sino una realidad.

Para quien guste profundizar, aquí dejamos lo que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice sobre el tema ya considerado.

EL PADRE Y EL HIJO REVELADOS POR EL ESPÍRITU

243 Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de "otro Paráclito" (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación (cf. Gn 1,2) y "por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150), estará ahora junto a los discípulos y en ellos (cf. Jn 14,17), para enseñarles (cf. Jn 14,16) y conducirlos "hasta la verdad completa" (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.

244 El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,14). El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús (cf. Jn 7,39), revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad.

245 La fe apostólica relativa al Espíritu fue proclamada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: "Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre" (DS 150). La Iglesia reconoce así al Padre como "la fuente y el origen de toda la divinidad" (Concilio de Toledo VI, año 638: DS 490). Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: "El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma sustancia y también de la misma naturaleza [...] por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el espíritu del Padre y del Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 527). El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (DS 150).

246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu "procede del Padre y del Hijo (Filioque)". El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: "El Espíritu Santo [...] tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración [...]. Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único al engendrarlo a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente" (DS 1300-1301).

247 La afirmación del Filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa san León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 (cf. Quam laudabilitier: DS 284) antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.

248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como "salido del Padre" (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo (cf. AG 2). La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice "de manera legítima y razonable" (Concilio de Florencia, 1439: DS 1302), porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que "principio sin principio" (Concilio de Florencia 1442: DS 1331), pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él "el único principio de que procede el Espíritu Santo" (Concilio de Lyon II, año 1274: DS 850). Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.


PAX ET BONUM


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