miércoles, 9 de octubre de 2019

La Señal de la Cruz


LA SEÑAL DE LA CRUZ 

En la tradición Protestante prácticamente está prohibido hacer la señal de la cruz o persignarse, porque tal práctica alude supuestamente a una superstición católica Romana. Sin embargo, antes de que el Cristianismo fuera Romano o Reformado, era Católico. Con frecuencia podemos ver en la historia de la iglesia las referencias que se hacen a esta práctica en la iglesia primitiva. Los padres de la iglesia estaban conscientes de esta práctica, pero cómo no explican el mecanismo de está, no sabemos exactamente como se hacía. Sin embargo, el poder no radica en cómo se hace, sino en la cruz misma. 

Tertuliano uno de los primeros padres apostólicos (c. 225 AD) escribe sobre la señal de la cruz: 

“En cada paso que damos y en cada movimiento, en cada ir y venir, cuando nos vestimos y calzamos, cuando nos bañamos, cuando nos sentamos, cuando prendemos nuestras lámparas, en una piedra, en una silla, en todas las acciones ordinarias de la vida, trazamos sobre la frente la señal. Si buscas una ley en las Escrituras que valide nuestra práctica, no hallarás ninguna: la tradición es quién la origina, la costumbre la confirma, y la fe es fiel observador.” (De Corona 3). 


Aquí podemos ver cómo Tertuliano está defendiendo lo que ya se ha establecido como tradición entre los primeros Cristianos. Admite que el persignarse no está en la Escritura, pero esa no es la cuestión, para él lo que importa es la fe viva de los Cristianos: las cosas que los Creyentes pueden hacer. La señal de la cruz es para Tertuliano algo que los Cristianos hacen infinidad de veces durante el curso de su vida diaria. 

Casi un siglo después encontramos a Cirilo de Jerusalén (c. 386 AD) enseñando que los nuevos creyentes deben continuar la tradición que ha llegado a través de los siglos: 

“No nos vamos a avergonzar de confesar al Crucificado. Vamos a poner la señal de la cruz como un sello en nuestra frente: sobre el pan que comemos, sobre las copas donde bebemos; en nuestra salida y en nuestra entrada; antes de dormir; al descansar y al levantarnos; cuando vayamos por el camino o mientras continuemos nuestra marcha. Es un poderoso salvavidas; no tiene precio; por el amor al pobre; sin fatiga, por encima de la enfermedad; porque es la gracia que proviene de Dios, una insignia de la fe, y el terror de los demonios; porque “Él los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” [Col 2:15]. Porque cuando miran la cruz, se les recuerda al Crucificado.” (Un Tesoro Patrístico: Sabiduría en la Iglesia Primitiva para nuestros días) 

Tal vez fue el “racionalismo” quién marcó a la tradición como superstición. Sin embargo, no veo porque no podemos hacer la señal de la cruz en nuestra vida, al fin y al cabo es el símbolo de nuestra fe. 

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