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La Señal de la Cruz


LA SEÑAL DE LA CRUZ 

En la tradición Protestante prácticamente está prohibido hacer la señal de la cruz o persignarse, porque tal práctica alude supuestamente a una superstición católica Romana. Sin embargo, antes de que el Cristianismo fuera Romano o Reformado, era Católico. Con frecuencia podemos ver en la historia de la iglesia las referencias que se hacen a esta práctica en la iglesia primitiva. Los padres de la iglesia estaban conscientes de esta práctica, pero cómo no explican el mecanismo de está, no sabemos exactamente como se hacía. Sin embargo, el poder no radica en cómo se hace, sino en la cruz misma. 

Tertuliano uno de los primeros padres apostólicos (c. 225 AD) escribe sobre la señal de la cruz: 

“En cada paso que damos y en cada movimiento, en cada ir y venir, cuando nos vestimos y calzamos, cuando nos bañamos, cuando nos sentamos, cuando prendemos nuestras lámparas, en una piedra, en una silla, en todas las acciones ordinarias de la vida, trazamos sobre la frente la señal. Si buscas una ley en las Escrituras que valide nuestra práctica, no hallarás ninguna: la tradición es quién la origina, la costumbre la confirma, y la fe es fiel observador.” (De Corona 3). 


Aquí podemos ver cómo Tertuliano está defendiendo lo que ya se ha establecido como tradición entre los primeros Cristianos. Admite que el persignarse no está en la Escritura, pero esa no es la cuestión, para él lo que importa es la fe viva de los Cristianos: las cosas que los Creyentes pueden hacer. La señal de la cruz es para Tertuliano algo que los Cristianos hacen infinidad de veces durante el curso de su vida diaria. 

Casi un siglo después encontramos a Cirilo de Jerusalén (c. 386 AD) enseñando que los nuevos creyentes deben continuar la tradición que ha llegado a través de los siglos: 

“No nos vamos a avergonzar de confesar al Crucificado. Vamos a poner la señal de la cruz como un sello en nuestra frente: sobre el pan que comemos, sobre las copas donde bebemos; en nuestra salida y en nuestra entrada; antes de dormir; al descansar y al levantarnos; cuando vayamos por el camino o mientras continuemos nuestra marcha. Es un poderoso salvavidas; no tiene precio; por el amor al pobre; sin fatiga, por encima de la enfermedad; porque es la gracia que proviene de Dios, una insignia de la fe, y el terror de los demonios; porque “Él los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” [Col 2:15]. Porque cuando miran la cruz, se les recuerda al Crucificado.” (Un Tesoro Patrístico: Sabiduría en la Iglesia Primitiva para nuestros días) 

Tal vez fue el “racionalismo” quién marcó a la tradición como superstición. Sin embargo, no veo porque no podemos hacer la señal de la cruz en nuestra vida, al fin y al cabo es el símbolo de nuestra fe. 

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El Arco Iris: La señal del Pacto entre Dios y la humanidad.



EL ARCO IRIS: LA SEÑAL DEL PACTO ENTRE DIOS Y LA HUMANIDAD.

Más Allá del Arco Iris

Explorando el significado de la bendición que se recita al ver un arco iris.

por Dr. Asher Meir

El judaísmo tiene una gran admiración por las bellezas de la naturaleza, y nos enseña a recitar bendiciones especiales cuando nos encontramos frente maravillas naturales tales como el mar, inmensas montañas, y mucho más.

Por ello, es difícil sorprenderse al saber que también tenemos una bendición para el arco iris, que es uno de los acontecimientos más impresionantes de la naturaleza. Pero esta bendición es distinta a las demás, ya que no se enfoca en el rol de Dios como Creador del universo y su belleza, si no que se centra, en el especial pacto con Noaj (Noé), que fue sellado con la señal del arco iris (Génesis, Capítulo 9). Esta bendición alaba a Dios “Quien recuerda el pacto, es fiel a Su pacto y cumple Su palabra”.

Otro aspecto destacable de esta bendición, es que, mientras es recomendable mirar el arco iris, y así apreciar y reconocer los regalos de Dios, el Talmud nos enseña que no debemos hacerlo excesivamente.

Aquí hay una forma para entender esta bendición y sus costumbres.

Cuando “vemos” un arco iris, lo que realmente estamos viendo es el sol; ya que su luz es refractada a través de una fina nube. Ahora, el efecto normal de una nube es bloquear los rayos del sol, y así nos evita el poder verlo directamente. Pero si la nube es muy fina, sucede lo contrario: lejos de bloquear los rayos del sol, la ligera neblina nos revela su verdadera naturaleza. Normalmente, vemos la luz del sol de un simple color blanco, pero el arco iris nos revela que de hecho los rayos del sol comprenden en si brillantes colores – ¡de hecho, un arco iris!

Podemos ver esto como una metáfora de nuestra existencia física. Desafortunadamente, el efecto usual al involucrarnos en asuntos materiales, es alejar la presencia de Dios. Claro está, que hasta las más densas nubes raramente bloquean toda la luz del sol, y un día tormentoso no es igual a la noche. Asimismo, una persona que está hundida en los asuntos mundanos, puede aún encontrar un aspecto espiritual en las cosas. Una persona así, no está completamente cubierta por la oscuridad, y la luz divina de todas maneras ilumina su mundo. Sin embargo, él es incapaz de reconocer la fuente de esa luz.

Por el contrario, cuando nos liberamos completamente de nuestro apego hacia los asuntos mundanos, cuando regresamos al Mundo de la Verdad, nada oscurece nuestra percepción de la fuente de luz espiritual. El cielo esta despejado y somos capaces de ver la deslumbrante luz del juicio Divino.

Sin embargo, hay un nivel intermedio. La persona verdaderamente justa, mantiene una refinada participación en este mundo. Tal persona se asemeja a la niebla a través de la cual el arco iris brilla. La persona creyente, demuestra que solo a través de una participación medida en este mundo, se puede percibir el deslumbrante espectro de colores en el arco iris de Dios.

El mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios

Este es el pacto que Dios hizo con Noaj y con la humanidad. La Torá presenta a Noaj como un hombre justo que siguió la senda de Dios (Génesis 6:9). A través de una persona como esta, el mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios – no en una neblina para obstruir su luminosidad. Por lo tanto, un mundo fundado por Noaj nunca hubiera tenido que ser destruido.

Entonces, ¿Por qué la prohibición de mirar excesivamente el arco iris? Hemos resaltado que mirar el arco iris en el cielo, es en verdad una forma de mirar el sol. Sin embargo, si enfocamos nuestra mirada solamente en el arco iris, entonces hemos perdido de vista el sol y estamos viendo la nube. En vez de mirar a través de la neblina estamos viendo la neblina misma.

El mensaje es, que mientras podamos percibir esas maravillosas expresiones divinas en la vida y en el mundo, si vivimos con moderación y rectitud, nunca debemos cometer el error de pensar que tal esplendor se origina en el mundo material. Esto es como confundir el arco iris con una luminosidad originada en la nube misma, y se podría identificar con la herejía del panteísmo. Nosotros tenemos permitido y hasta encomendado el ver la belleza del mundo, siempre y cuando utilicemos esta visión para profundizar en nuestra conciencia que la fuente primordial de belleza está en Dios.

Aish Latino

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La ceniza, como símbolo de arrepentimiento y conversión


LA CENIZA ES SEÑAL DE ARREPENTIMIENTO Y DESEO DE CONVERSIÓN

EL PROFETA EZEQUIEL HABLA DE LA CRUZ EN LA FRENTE QUE LLEVARÍAN LOS ELEGIDOS

LAS BIBLIAS PROTESTANTES TERGIVERSAN LA PROFECÍA DE EZEQUIEL QUITÁNDOLE SU VERDADERO SIGNIFICADO
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Cualquier persona que haya leído la Biblia sabe que echar ceniza sobre la cabeza y vestirse de “saco”, es señal de arrepentimiento y dolor por haber pecado.

“- Hija de mi pueblo, cíñete de sayal y revuélcate en ceniza, haz por ti misma un duelo de hijo único, una endecha amarguísima, porque enseguida viene el saqueador sobre nosotros”. Jeremías 6, 26.

“Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza”. Job 42, 6-11.

Mateo 11:21
¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.


Bastan estos textos de ejemplo, de los innumerables que existen, que apoyan la práctica bíblica Católica, de la ceniza como símbolo de quienes nos reconocemos pecadores, con necesidad de arrepentimiento y de conversión. Hay sobre todo un texto muy revelador que es el del Profeta Ezequiel, el cual narra de qué forma serán marcados los elegidos, los siervos de Dios, que gimen y lloran por los pecados cometidos.

“y Yahveh le dijo: «Recorre Jerusalén, y marca con una cruz la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella.» Y oí que dijo a otros: «Recorred la ciudad detrás de él e id hiriendo a la gente. No tengáis piedad, no perdonéis a nadie; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la cruz en la frente...” Ezequiel 9,4-6. Biblia de Jerusalén.

La versión Reina-Valera de los “cristianos evangélicos”, famosa entre los expertos por sus 2,900 “errores” de traducción, mutila el original bíblico que dice: “marca con una TAU la frente”. Y la TAU no es otra cosa que nuestra letra “T” (t), es decir, una cruz y en griego cruz se dice “stauros”, conteniendo la partícula “tau” en el centro. Borran la Tau de la Biblia traduciendo sólo: “pon una marca en la frente”, evidenciando la falta de honestidad de las sectas, que producen sus propias “biblias” acomodadas a sus doctrinas.

Los Cristianos Católicos preferimos confiar en nuestra amada Biblia de Jerusalén, que es traducida directamente de los textos originales por la Escuela Bíblica de Jerusalén; institución que se encargó de la excavación y traducción de los “Rollos del Mar Muerto” en las cuevas de Qumrán, por lo que la Biblia de Jerusalén es reconocida por los expertos como una autoridad mundial.

La profecía de Ezequiel adquiere mayor significado a la luz del Nuevo Testamento, donde se precisa más claramente quiénes son los que reciben la señal de la Cruz o la Tau en la frente. Veamos.

Apocalipsis 7:3
«No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios

Apocalipsis 9:4

Se les dijo que no causaran daño a la hierba de la tierra, ni a nada verde, ni a ningún árbol; sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios.

Tan importante es esta señal, que las fuerzas demoníacas del mal la imitan y crean su propia versión.

Apocalipsis 13:16-17
Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente,  y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre.

Pero la marca en la frente de los hijos de Dios es imborrable e inconfundible.

Apocalipsis 14:1
Seguí mirando, y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él 144.000, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

¿Cuál es esa marca y cuál es ese Nombre?

Mateo 28:19
Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

La señal en la frente que nos hace hijos de Dios poniendo un alto a las acechanzas del demonio es el bautismo, siempre y cuando permanezcamos fieles, resistiendo hasta el fin. Sólo entonces seremos dignos de la siguiente promesa.

Apocalipsis 22:3-4
Y no habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto.
Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente.

Cada que tomamos ceniza, simbólicamente hacemos visible en nuestra cabeza, la señal del bautismo que nosotros no podemos ver, sino sólo Dios y los ángeles, pero que a menudo olvidamos que está ahí, hasta que el sacerdote coloca ceniza en nuestra cabeza y nos recuerda:

"Polvo eres y al polvo volverás. ¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio!"

Ahora ya sabes por qué nos ponemos ceniza al inicio de la cuaresma.


También hay que hacer notar que:

NO ES OBLIGATORIO TOMAR CENIZA, NI TAMPOCO ES PECADO SI NO LO HACEMOS.

Aunque sin duda, el hacerlo es mejor. Lo importante es reconocer que somos pecadores y que “polvo eres y al polvo volverás”. Génesis 3, 9.


PAX ET BONUM


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