El Papa Francisco sobre la pena de muerte: "La existencia de los castigados no puede ser eliminada"



“Que no haya discriminaciones y los derechos humanos fundamentales no sean violados, sino promovidos. Pienso principalmente en el derecho a la vida, en la necesidad de garantizarlo siempre, también en relación a los que son castigados, cuya existencia no puede ser eliminada”. Así se ha expresado el papa Francisco sobre la pena de muerte en su primer discurso hoy en Bahrein ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

El Pontífice ha recordado que “el desarrollo verdadero, humano e integral se mide sobre todo por la atención hacia los que sufren mayor marginación en la sociedad”. Asimismo, ha clamado: “No dejemos evaporar la posibilidad del encuentro entre civilizaciones, religiones y culturas”.

Jorge Mario Bergoglio ha guiado su alocución en torno al ‘Shajarat-al-Hayat’ (‘Árbol de la vida’). “Cuando me preparaba para este viaje, supe de la existencia de este emblema de vitalidad que caracteriza al país, sobre el que quisiera inspirarme para compartir algunos pensamientos”, ha señalado Jorge Mario Bergoglio sobre esta acacia que sobrevive desde siglos en una zona desértica. ¿Su secreto? Las raíces se extienden por decenas de metros bajo el suelo, alcanzando depósitos de agua subterráneos.

“Bahrein ha sido siempre lugar de encuentro entre poblaciones diversas. Esta es el agua vital de la que todavía hoy se abrevan las raíces de Baréin, cuya mayor riqueza resplandece en su variedad étnica y cultural, en la convivencia pacífica y en la tradicional hospitalidad de la población. Una diversidad que no es uniformante, sino inclusiva, es la que representa el tesoro de todo país verdaderamente desarrollado. Y en estas islas se ve una sociedad heterogénea, multiétnica y multirreligiosa, capaz de superar el peligro del aislamiento”, ha señalado.

Y ha continuado: “Pensemos en el árbol de la vida y en los áridos desiertos de la convivencia humana, y distribuyamos el agua de la fraternidad. ¡No permitamos que se sequen las raíces de lo humano! ¡Trabajemos juntos, trabajemos por todos, por la esperanza!”. “Estoy aquí, en la tierra del árbol de la vida, como sembrador de paz, para vivir días de encuentro. Estos días marcan una etapa preciosa en el proceso de amistad que se ha intensificado en los últimos años con diversos jefes religiosos islámicos. Un camino fraterno que, bajo la mirada del cielo, quiere favorecer la paz en la tierra”, ha subrayado.

¡No al trabajo “deshumanizador”!

El Papa ha recordado que el respeto, la tolerancia y la libertad religiosa “son temas esenciales, reconocidos por la Constitución del país”. Pero, “son, sobre todo, compromisos que han de ser puestos en práctica constantemente, para que la libertad religiosa sea plena y no se limite a la libertad de culto; para que la misma dignidad y la igualdad de oportunidades sean reconocidas concretamente a cada grupo y a cada persona”, ha agregado.

Volviendo al ‘Árbol de la vida’, ha proseguido indicando que “las numerosas ramas de diversos tamaños que lo caracterizan, con el tiempo han generado un frondoso follaje, aumentando su altura y amplitud. En este país ha sido precisamente la contribución de muchas personas de pueblos diferentes lo que ha permitido un considerable desarrollo productivo. Eso ha sido posible gracias a la inmigración”.

No obstante, ha dejado claro que “no se puede olvidar que en los tiempos actuales el trabajo aún es muy escaso, y hay demasiado trabajo deshumanizador”. “Eso no solo conlleva graves riesgos de inestabilidad social, sino que representa un atentado a la dignidad humana. En efecto, el trabajo no solo es necesario para ganarse la vida, es un derecho indispensable para desarrollarse integralmente a sí mismo y para formar una sociedad a la medida del hombre”, ha aseverado.

“Desde este país, atractivo por las oportunidades laborales que ofrece, quisiera señalar la emergencia de la crisis laboral mundial. A menudo el trabajo, valioso como el pan, falta; frecuentemente es pan envenenado, porque esclaviza. En ambos casos, en el centro ya no está el hombre; que, de ser el fin sagrado e inviolable del trabajo, se reduce a un medio para producir dinero”, ha añadido.

En ese sentido, Baréin cuenta con “valiosas adquisiciones”. “Pienso, por ejemplo, en la primera escuela femenina que surgió en el Golfo y en la abolición de la esclavitud. Que este sea un faro que promueva, en toda la región, derechos y condiciones justas y cada vez mejores para los trabajadores, las mujeres y los jóvenes, garantizando al mismo tiempo respeto y atención para los que sufren mayor marginación en la sociedad, como los que han emigrado y los presos”, ha remarcado.

La emergencia climática

El ‘Árbol de la vida’ le ha evocado también al Papa otros dos ámbitos “decisivos”: la cuestión ambiental y la vocación de hacer prosperar la vida. En primer lugar, ha pedido que “no nos cansemos de trabajar por esta dramática emergencia climática, tomando decisiones concretas y con amplitud de miras, adoptadas pensando en las generaciones jóvenes, antes de que sea demasiado tarde y su futuro se comprometa”.

En segundo lugar, ha remarcado que “hoy asistimos, cada día más, a acciones y amenazas de muerte. Pienso, en particular, en la realidad monstruosa e insensata de la guerra, que siembra destrucción en todas partes y erradica la esperanza. En la guerra emerge el lado peor del hombre: el egoísmo, la violencia y la mentira”. Y ha concluido: “Dirijo un pensamiento especial y apenado a Yemen, martirizado por una guerra olvidada que, como toda guerra, no conduce a ninguna victoria, sino solo a amargas derrotas para todos”.

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