¿No es anticuado y supersticioso seguir creyendo en demonios en pleno siglo XXI? Sacerdote responde.


Como sacerdote católico, comprendo que pueda surgir la pregunta de si creer en los demonios es anticuado y supersticioso en pleno siglo XXI. Antes de abordar directamente esta cuestión, es importante tener en cuenta que la fe católica se basa en la revelación divina contenida en la Biblia, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Estos tres pilares fundamentales nos proporcionan la guía para entender y vivir nuestra fe en el mundo actual.

En primer lugar, la existencia de los demonios es enseñada en la Sagrada Escritura. La Biblia es clara en su testimonio acerca de la realidad de los seres espirituales malignos que se oponen a Dios y buscan dañar a la humanidad. Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, encontramos referencias a estos seres maléficos. Por ejemplo, en el libro del Génesis, se nos habla de la caída de los ángeles rebeldes, encabezados por Satanás, que fueron expulsados del cielo por su rebelión contra Dios. Jesús mismo se encontró con demonios durante su ministerio terrenal y los expulsó, como se registra en los Evangelios.

El Catecismo de la Iglesia Católica, que recoge la enseñanza oficial de la Iglesia, también confirma la existencia de los demonios. En el párrafo 391, se afirma: "Por detrás de la opaca figuración del mal en los acontecimientos de la historia, podemos descubrir no sólo la mano del hombre y el "espíritu del mundo", sino también la actuación de un ser enemigo, Satanás, "el Maligno". El Catecismo reconoce que Satanás y los demonios son seres reales que intentan influir y corromper la creación de Dios.

Además de la Biblia y el Catecismo, las encíclicas papales también abordan el tema de los demonios. Por ejemplo, el Papa León XIII escribió una encíclica titulada "Sobre el culto público a los ángeles" (Laudis Canticum), en la cual se mencionan los peligros espirituales presentes en la sociedad y se invita a buscar la intercesión y protección de los ángeles para resistir a las fuerzas malignas. Esta encíclica subraya la importancia de reconocer la existencia de los ángeles buenos y malos, incluidos los demonios, y de buscar la ayuda divina para resistir a las tentaciones y el mal.

Ahora, ¿por qué, a pesar de los avances científicos y tecnológicos de la época actual, la creencia en los demonios sigue siendo relevante? Hay varias razones importantes para ello.

En primer lugar, la fe católica reconoce que el mal no solo tiene manifestaciones físicas y sociales, sino también espirituales. Creer en los demonios no implica negar la responsabilidad humana, sino reconocer que hay fuerzas espirituales más allá de nuestra comprensión que influyen en el mundo. La existencia de los demonios nos ayuda a entender la naturaleza del mal y a estar alerta ante sus tácticas y estrategias para debilitar nuestra relación con Dios.

En segundo lugar, creer en los demonios nos invita a valorar la realidad del pecado y la necesidad de la redención. La existencia de los demonios nos recuerda que el mal no es simplemente una abstracción o una mera imperfección humana, sino una realidad espiritual con consecuencias reales. Reconocer la realidad de los demonios nos impulsa a tomar en serio nuestra vida espiritual, a luchar contra el pecado y a buscar la gracia de Dios para vencer el mal.

En tercer lugar, creer en los demonios nos ayuda a comprender y responder a los problemas y desafíos del mal en el mundo. En un mundo en el que vemos tantas manifestaciones de maldad, como la injusticia, la violencia y la explotación, creer en los demonios nos ayuda a entender que hay fuerzas espirituales detrás de estas realidades. Esto no significa que debamos atribuir todos los males a la influencia directa de los demonios, pero reconocer su existencia nos alerta sobre la presencia del mal en el mundo y nos impulsa a luchar contra él con todas nuestras fuerzas.

Además, creer en los demonios nos lleva a buscar la protección y la ayuda de Dios en nuestra vida cotidiana. La fe católica nos enseña a invocar la intercesión de los santos y los ángeles, especialmente el Arcángel San Miguel, para protegernos del mal y de las influencias demoníacas. Esta práctica nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios y a confiar en Su poder para defendernos de las fuerzas malignas.

Es importante destacar que creer en los demonios no significa caer en la superstición o en prácticas mágicas. La Iglesia católica condena el ocultismo y cualquier forma de magia o espiritismo que busque contactar o utilizar a los demonios. Nuestra fe se basa en confiar en la providencia divina y en la gracia de Dios para enfrentar el mal.

En resumen, la creencia en los demonios no es anticuada ni supersticiosa, sino que se basa en la revelación divina de la Biblia, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. La existencia de los demonios nos recuerda la realidad del mal espiritual, la necesidad de la redención y la importancia de buscar la protección y la gracia de Dios en nuestra vida cotidiana. Creer en los demonios nos ayuda a entender y enfrentar el mal en el mundo y nos llama a fortalecer nuestra relación con Dios.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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