«Tolkien dejó escrito que ‘El señor de los anillos’ es una obra católica»


El periodista Pablo Ginés es uno de los impulsores de la nueva Asociación Tolkien Católica de España, una entidad que busca fomentar el disfrute de la obra del profesor de Oxford y la amistad cristiana

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Pablo Ginés se declara como «gran fan» de la obra de J.R.R. Tolkien, autor de El señor de los anillos, El hobbit o El Silmarilion. «Soy fan desde los 12 años», señala el periodista, jefe de redacción del portal Religión en Libertad, que, junto a tres amigos –el sacerdote Antonio Izquierdo, el escritor Diego Blanco o el apasionado tolkiendili Joaquín Ocaña– impulsa la Asociación Tolkien Católica de España (ATCE).

–¿Por qué vieron necesario crear una asociación Tolkien específicamente católica?

–Me he sentido muy fortalecido cuando he visto la respuesta de la gente al anuncio: nos decían «Hace mucho que lo esperaba» o «Alguien debía hacerlo». Yo creo que hacía falta por dos aspectos: primero, porque el análisis de la obra de Tolkien desde un punto de vista católico es absolutamente necesario, y segundo, porque mucha gente quiere compartir su fe. Por ejemplo, este septiembre se cumplirán 50 años de la muerte de Tolkien, y nosotros queremos poder celebrar una misa por él, y rezar por él. Buscamos compartir el placer de la obra de Tolkien, con gente de todas las edades y en un entorno de amistad cristiana.

–Ponen mucho énfasis en los encuentros cara a cara, ¿por qué?

–También haremos actividades online, pero sobre todo intentaremos formar grupos locales de la asociación, para quedar, hablar, pasárnoslo bien y compartir buenos momentos. Creo que esta es una época especialmente interesante para esto, porque mucha gente quiere salir de las pantallas y las relaciones fugaces por internet, y compartir cerveza, como los hobbits. O hablar de cosas elevadas y leer poesía, como los elfos. O compartir y lavar viejos agravios y construir algo, como los enanos.

–¿Qué tipo de actividades plantean desde la ACTE?

–Haremos lo que los socios quieran hacer, y cuantos más socios tengamos, más diversidad de cosas haremos. Probablemente habrá bastantes excursiones a la naturaleza, que era algo que al propio Tolkien le encantaba. Podemos peregrinar a un santuario o una ermita y leer allí su obra, o rezar: no es lo mismo hacerlo en tu capilla que en plena naturaleza. Queremos un equilibrio entre lo lúdico, lo cultural y lo educativo, y queremos tener, como te decía, una amistad específicamente cristiana.

–¿En qué consiste la amistad cristiana? Es decir, ¿qué cambia cuando le añadimos el adjetivo?

–Yo creo que la amistad cristiana es la forma más natural y más sencilla de ir creando santos. Junto con la familia, claro, pero fíjate que Jesús dijo: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Él es el modelo del amigo cristiano, que a veces te dice cosas fuertes y otras veces te consuela y te levanta. Aprendes de él, se adapta a ti… Hay un momento en El señor de los anillos donde Frodo dice a Sam: «Me alegra que estés conmigo al final de todas las cosas». Esa intimidad a las puertas de la muerte es la que queremos. La obra de Tolkien te lleva a hablar sobre la muerte, el amor, el sentido de la vida, y con los amigos puedes profundizar en estos temas desde la esperanza cristiana.

–¿La ATCE nace ligada a algún movimiento o carisma concreto?

–No, pero integrará a todos los estilos y carismas de la Iglesia católica. Hay que querer a todo el mundo, ¡incluso a Pippin! Y eso quiere decir que hemos de tener paciencia unos con otros: los hay de movimientos más alborotadores y más tranquilos, de movimientos más sociales o más devocionales… Todos tienen camino y cabida en esta comunidad un poco loca que estamos montando. Aunque hay una ortodoxia: nos sujetamos al Catecismo, creemos en lo que pone en él y nos gusta.

–¿Puede hacerse socio de la ATCE alguien que no sea católico?

–¿Tiene sentido que alguien ortodoxo o protestante se apunte a la Asociación Tolkien Católica? ¿O que invitemos a amigos que no son católicos? La respuesta es la misma con la que muchos padres apuntan a sus hijos a escuelas católicas: piensan que va a ser bueno para ellos. Probablemente haya una figura de simpatizante, y desde luego nos encantará que vengan a tomar cerveza, chocolate con churros o lo que salga, porque el mismo Tolkien hablaba con personas de ideas muy distintas, a veces bastante estrambóticas.

–Volviendo al principio, decía que es necesario analizar la obra de Tolkien desde un punto de vista católico. ¿Por qué?

–A veces el catolicismo en la obra de Tolkien no se ve porque es un mundo de fantasía donde no se habla de santos, ni de la Virgen o de Dios. Ahora bien, Tolkien tenía claro que su obra tenía una significación católica. En una carta de 1953 al padre Robert Murray, un amigo suyo jesuita, escribe: «El señor de los anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica. De manera inconsciente al principio, pero luego cobré conciencia de ello en la revisión».

–¿Cómo se refleja la fe de Tolkien en El señor de los anillos?

–En una carta, Tolkien se refería al tema como una solución, como cuando mezclas agua y azúcar. Él decía que su obra no era una alegoría al estilo de «los cinco magos son los cinco sentidos». Pero en ella hay muchos niveles simbólicos. Por ejemplo, el símbolo del dragón, que es precristiano, pero al que Tolkien añade algo más. O las dimensiones de Jesucristo como rey, sacerdote y sanador: Aragorn tiene algo de ellas, y también fue a su casa y no le reconocieron… pero esto le ocurrió también a Ulises. Aunque claro, Ulises mata a todo, incluso a quien pide clemencia, mientras que Aragorn perdona y trata de evitar las matanzas: cuando el cristianismo toca la épica pagana la cambia; deja de ser cruel y sanguinaria.

–¿Las películas de Peter Jackson o la serie Los anillos de poder respetan este espíritu?

–Las películas de Jackson, al ser bastante fieles a la obra de Tolkien, sí conseguían traslucir esta espiritualidad que algunos deducen, otros buscan más allá. De hecho, uno de los impulsores de ATCE es un sacerdote que vio la película sin saber nada de Tolkien y descubrió en ella «aroma a Jesucristo». En Los anillos del poder vemos cosas muy distintas porque no hay un cineasta enganchado a la obra, sino que un gran producto de marketing grande. ¿Es capaz un grupo de guionistas actuales de entender la épica de la obra de Tolkien?

–Dígamelo usted.

–No lo sé, porque muchos pensarán que 'épico' significa grandes explosiones, rayos de magia y armaduras brillantes, pero es otra cosa. Épico es el pequeño Frodo arrastrándose por piedras grises y puntiagudas. Tolkien vivió en la época de los totalitarismos, intentó resistirse a eso y presentar el poder de los pequeños, el poder de los débiles, que al final es el poder de la verdad. La épica también tiene un nivel de negarse a uno mismo y tomar su cruz, que tiene que ver con la vocación. ¿No sería más épico que lo hiciera el gran guerrero? Como ves, los temas son muchísimos y dan para hablar de cosas muy profundas, que es lo que nos va a gustar hacer en la Asociación Tolkien Católica de España.

Autor: Guillermo Altarriba Vilanova

Fuente: https://www.eldebate.com/religion

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