¿Por qué la Iglesia dice ser Santa en su Credo?


El credo cristiano, también conocido como el Credo de Nicea o el Credo Niceno, es una declaración de fe que se recita en muchas iglesias cristianas durante la misa o el servicio religioso. Una de las líneas del credo dice: "Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica".

La Iglesia se describe a sí misma como "santa" en el credo porque se considera que es una comunidad de creyentes que han sido santificados por la gracia de Dios. Según la doctrina cristiana, la Iglesia fue fundada por Jesucristo para ser un lugar de encuentro entre Dios y los hombres, y para ayudar a los fieles a alcanzar la salvación.

La santidad de la Iglesia no se refiere necesariamente a la perfección de sus miembros, sino más bien a su naturaleza divina y su capacidad de ayudar a los fieles a acercarse a Dios y a vivir de acuerdo con los preceptos de Cristo. Los cristianos creen que la Iglesia es santa porque es el cuerpo de Cristo en la Tierra, y como tal, es un reflejo de su santidad y su amor divino.

En resumen, la Iglesia se describe como "santa" en el credo porque se considera que es una comunidad de creyentes santificados por la gracia de Dios, y porque es el cuerpo de Cristo en la Tierra, que refleja su santidad y su amor divino.

La palabra "santo" tiene varias acepciones en el contexto religioso, y en el caso de la Iglesia, se refiere a su naturaleza divina y su capacidad de llevar a los fieles hacia la santidad. Según la doctrina cristiana, la Iglesia es santa porque es la comunidad de creyentes fundada por Jesucristo, quien es el Hijo de Dios y la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia es considerada santa porque es el cuerpo de Cristo en la Tierra, y como tal, está imbuida de su santidad y amor divino.

Esta santidad de la Iglesia no se refiere a la perfección de sus miembros, sino a su capacidad de ayudar a los fieles a acercarse a Dios y a vivir de acuerdo con los preceptos de Cristo. La Iglesia es santa en la medida en que cumple con su misión de llevar el mensaje de Jesucristo a todos los hombres y mujeres del mundo, y de ayudar a los fieles a crecer en santidad y amor.

Además, la santidad de la Iglesia también se manifiesta en los sacramentos que administra, como el Bautismo, la Eucaristía y la Confesión, que son considerados medios de gracia para los fieles. Los sacramentos son signos visibles de la acción de Dios en el mundo, y son administrados por la Iglesia con el fin de llevar a los fieles hacia la santidad y la salvación.

Es importante destacar que, aunque la Iglesia se describe a sí misma como santa, sus miembros no son perfectos, y pueden cometer errores y pecados. Sin embargo, la Iglesia también tiene mecanismos para corregir estos errores y pecados, a través de la confesión, la penitencia y la disciplina. En última instancia, la Iglesia se considera santa porque es la comunidad de creyentes que busca seguir a Cristo y llevar su mensaje de amor y salvación al mundo.

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