Cardenal Sarah: Es hora de que la Iglesia vuelva a lo que se espera de ella: hablar de Dios y la vida eterna, no de ecología



Durante el periodo del confinamiento el cardenal Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, escribió un libro a modo de “Catecismo para la vida espiritual”. La redacción es a modo de catecismo porque el cardenal “No quería escribir un tratado teológico para intelectuales y especialistas, sino un libro claro, accesible a todos, creyentes y no creyentes”, de ahí que no haya buscado “explicar y justificar todo, sino simplemente dar testimonio de la experiencia espiritual de la Iglesia”.

En una entrevista a un diario francés, el cardenal Sarah afirma como una paradoja de nuestro tiempo el hecho de que las personas que buscan a Dios son cada vez más aunque en el debate público y la escena política se le excluyen cada vez más: “Por tanto, es hora de que la Iglesia vuelva a lo que se espera de ella: hablar de Dios, del alma, del más allá, de la muerte y sobre todo de la vida eterna”, afirma.

En opinión del cardenal Sarah, incluso en la Iglesia “muchos desconocen la realidad interior, espiritual y mística de los sacramentos. Sólo vemos allí ritos sociales mientras que, en el signo sacramental, se revela el misterio, Dios mismo se da”. De ahí que afirme que “los sacramentos están en el corazón de la vida espiritual. Son contactos con Dios”.

Desde hace varias publicaciones el cardenal Sarah ha venido insistiendo en la reforma espiritual de la Iglesia y no en la reforma de sus estructuras: “Pasamos demasiado tiempo hablando de las estructuras de la Iglesia. ¡A nadie le importa! Lo que importa es nuestra vida eterna, nuestra vida interior de amistad con Dios. La Iglesia existe para que haya santos. El resto es secundario. La vida de seguimiento de Cristo nos abre esta vida con Dios. Ella pasa por la cruz. No es dolor. La cruz es la plenitud del amor manifestado. Es la victoria de la vida sobre la muerte y el pecado”.

Por esa razón subraya que “La santidad no está reservada para una pequeña élite. Es para todos”. Incluso más: “Ser santo es dejarse amar por Dios, seguir a Cristo. Todos pueden comenzar a su manera todos los días”, afirma.

Una de las declaraciones más fuertes, y al mismo tiempo más esenciales, que hace el cardenal Sarah es esta en torno a si sacerdotes y obispos hablan sobre lo que está en juego en la vida espiritual: “A veces sienten la tentación de hacerse interesantes a los ojos del mundo hablando de política o ecología. Pero no creo que le interesen a nadie entonces. Venimos a ver a un sacerdote porque buscamos a Dios, no porque queremos salvar el planeta”, apunta.

Y cuando se le refiere si esa manera de pensar lo hace ser ubicado entre los “conservadores” el cardenal Sarah no tiene reparo en decir: “Etiquetas como «conservadores» o «progresistas» tienen poco valor. Por otra parte, el silencio concierne a todo hombre de buena voluntad. Sabemos bien que sin silencio, sin oración, el hombre no vive a la altura que le conviene. Se ahoga en el materialismo”. A continuación agrega que “El interés de los occidentales por las religiones orientales muestra cuánto les falta espiritualidad y oración. Sin rodeos, quería ofrecerles una vida cristiana interior, mística evangélica accesible a todos y liberadora”.

Aportando su opinión sobre cuánto la espiritualidad es compatible con el con el cristianismo social, de acción humanitaria y ecológica, hoy sustentado por el Papa Francisco, el ex prefecto del dicasterio para el culto divino y disciplina de los sacramentos dice: “Creo que el Papa Francisco es un hombre de oración. A menudo nos recuerda que la Iglesia no es una ONG. Lo dijo al día siguiente de su elección: si deja de buscar a Dios a través de la oración, la Iglesia corre el riesgo de traicionar. ¡El Papa incluso afirmó que si ella deja de buscar a Dios, la Iglesia corre el riesgo de hacer el trabajo del diablo!”.

Finalmente, el cardenal Sarah responde a lo que puede hacer la oración con la guerra con este pensamiento: “La guerra comienza en los corazones que odian. La oración da paz al corazón”.

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