Un accidente la llevó a la fe y con ‘Clarita’ ahora le habla de Dios a todos



’Clarita’ es una muñequita muy preguntona; explora pequeños y grandes eventos de fe y los comparte en sus redes sociales.

Pilar Luévanos da un salto al pasado y recuerda cuando confeccionó a su muñequita, que entonces dejó sin ‘bautizar’: no le puso nombre ni le buscó un sentido cristiano. Y es que, cuando Pilar cursaba la carrera de Arte Dramático en la UNAM, era una joven atea y contraria a la Iglesia.

En julio de 2013 Pilar se graduó, y aquella muñequita terminó donde otros trabajos escolares: en el olvido. Pero la joven ignoraba que aquella muñequita se convertiría, con el tiempo, en la protagonista de hermosas e incontables experiencias.

El instante de su conversión

En noviembre de 2013, Pilar decidió irse a vivir a Ciudad del Carmen con su tío, y en compañía de él abordó un autobús. De camino, sucedió un accidente que cambió su vida.

“Recuerdo muertos -dice-, caras ensangrentadas, extremidades fracturadas y un caos total. Pero a mi tío y a mí no nos pasó nada”.

Aunque lo más asombroso -refiere Pilar- ocurrió al momento del impacto: cerró los ojos, los apretó, y en la oscuridad de sus párpados vio la imagen de la Virgen María, con los brazos abiertos y rayos saliendo de sus dedos.

De vuelta a la Iglesia

A los 8 de edad, Pilar había hecho su Primera Comunión, y después no recibió ningún otro Sacramento. Años más tarde, tras el accidente, vivió un tiempo en Ciudad del Carmen, y después volvió a la Ciudad de México. De lo primero que hizo fue visitar la Parroquia de San Juan Bautista (Coyoacán), y entonces la volvió a ver: era la imagen de la Virgen que había visto en el accidente.

“Yo no la conocía, no sabía nada de advocaciones marianas. Pero ahí la empecé a conocer: era la imagen de Nuestra Señora de las Gracias, la de la Medalla Milagrosa”, recuerda la joven.

Pilar se integró a la Renovación Carismática de la parroquia, donde montó obras teatrales y pasó grandes momentos. Pero le hacía falta ese sentido de pertenencia que ancla a las personas a un lugar.

San Francisco de Asís… el de los animalitos

A Pilar siempre le gustaron los animalitos, y como había escuchado que san Francisco de Asís los amaba, comenzó a investigar su historia. Le llamó la atención que el santo se dirigía a Dios así: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Y se propuso imitarlo.

Y diciendo: “Señor, ¿qué quieres que haga?”, Pilar fue invitada por la Orden Franciscana Seglar a montar un musical. Ahí fue donde sintió el llamado de Dios a poner sus habilidades teatrales a su servicio.

Tiempo después, le encomendaron una ‘Nifra’ (Grupo de Niñas Franciscanas), y la pasaba muy bien con ellas. Pero ocurría que cuando las niñas querían acercársele para platicarle sus problemas, algo obstaculizaba una relación de confianza. Pensó que quizá era su imagen de catequista.

Y se le ocurrió desempolvar su muñequita. La llamó ‘Clarita’, la vistió de monja, y resultó una excelente acompañante para las niñas. Además, abrió una página de Facebook llamada ‘Exploradores de la fe’, y ‘Clarita’ se hizo reportera.

“’Clarita’ es preguntona -dice Pilar-, explora los pequeños y grandes eventos de fe, cuenta cuentos, comparte historias y más. ¡Es toda una blogguer de la religión!”.

Alondra, la de los ojos tristes

Pilar recuerda la vez en que llevó a ‘Clarita’ a ver a una niña llamada Alondra, quien vende cosas en Coyoacán. “Alondra tenía una mirada muy triste, dura, como muchos niños que trabajan”.

Pilar se le acercó con su parlanchina muñequita, y quedó sorprendida por la manera en que Alondra comenzó a jugar con ella y abrazarla. “Ella volvió a ser niña -dice Pilar-, se le transformó la mirada. Y eso para mí fue el Señor mostrándome el camino que debía seguir”.

La pequeña Fátima

Pero no todas las experiencias han sido tan felices. De hecho, ha habido unas muy tristes, como en el caso de Fátima, una ‘Nifra’ que deseaba ser monja, “pero la leucemia le ganó la batalla”.

La partida de Fátima fue muy dolorosa para Pilar. Tanto, que no tenía palabras para consolar a los familiares y amigos de la pequeña. “Así que fue ‘Clarita’ quien habló”.

Para el novenario, familiares y amigos se reunían vía Zoom. ‘Clarita’ les dirigía mensajes de aliento, y los adultos le respondían. Le decían a ‘Clarita’: “¡Gracias por estar aquí!”, “¡Gracias por haber donado sangre a Fátima!”, “¡Gracias por todo!”.

“Aún llego a ver a Noe, el papá de Fátima -cuenta Pilar-, y cada que me ve, me dice: “¡Gracias, gracias, gracias!”.

Pilar Luévanos ahora se planta en el presente, y lo que sabe es que desea seguir sirviendo a Dios en compañía de ‘Clarita’, reportear, contar cuentos, explorar. “Pues como dice San Francisco de Asís: ‘¡Comencemos, hermanos, a servir al Señor, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho!’”.

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