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Cardenal Sarah afirma: "ningún sínodo puede inventar un ‘sacerdocio femenino’"


El Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha afirmado que “el sacerdocio es único” y advirtió que “ningún concilio, ningún sínodo” puede “inventar un sacerdocio femenino”.

Hablando en una conferencia sobre el sacerdocio en Ciudad de México, el purpurado africano dijo que el Sacramento de las Órdenes Sagradas es el mismo para toda la Iglesia Universal, y no puede ser transformado o adaptado para reducirlo a contextos culturales o ambientales.

“Ningún concilio, ningún sínodo, ninguna autoridad eclesiástica tiene el poder de inventar un sacerdocio femenino… sin dañar gravemente la perenne fisionomía del presbítero, su identidad sacramental, dentro de la renovada visión eclesiológica de la Iglesia, misterio, comunión y misión”, recalcó.

De acuerdo con el Cardenal Sarah, el sacerdocio es un don divino que no debe ser desperdiciado. Y lo describió como un gran misterio, resaltando el papel del sacerdote como representante de Cristo, llamado a conformarse a Él y a mediar su presencia a través de la ordenación.

“Es un don divino que debe ser recibido, entendido y vivido, y desde siempre la Iglesia busca comprender y profundizar en el ser propio y real del presbítero, como hombre bautizado, llamado a ser un alter Christus, otro Cristo, más aun, un ipse Christus, Cristo mismo, a representarlo, a conformarse a Él, a ser configurado y mediado en Cristo con la ordenación sacerdotal”, explicó.

Orar, pedir por las vocaciones

El Cardenal resaltó la importancia de la oración para los sacerdotes, afirmando que un sacerdote que no reza está en riesgo de decadencia espiritual. E instó a los fieles a rezar por el aumento de las vocaciones sacerdotales, recalcando que hay actualmente un número significativo de sacerdotes en el mundo, pero no todos están comprometidos activamente en sus deberes sacerdotales.

El Cardenal Sarah incentivó a los sacerdotes a ser alegres en su vocación, incluso en medio del sufrimiento, pues su felicidad puede atraer a otros a optar por el sacerdocio. E hizo énfasis en la necesidad de una Iglesia vibrante y orante, afirmando que la Iglesia que no ora está espiritualmente muerta.

Las declaraciones del Cardenal reflejan su vigorosa defensa de la comprensión tradicional del sacerdocio dentro de la Iglesia Católica, incluyendo la exclusión de la mujer de la ordenación sacerdotal. Sus puntos de vista están de acuerdo con las enseñanzas oficiales de la Iglesia, las cuales reservan la ordenación sacerdotal al hombre.

Con respecto a la falta de vocaciones sacerdotales, él incentivó a los fieles a orar, porque “no es que seamos pocos”.

“Cristo ordenó a doce para todo el mundo. ¿Hoy cuántos somos los sacerdotes? Somos cerca de 400.000 sacerdotes en el mundo. Somos demasiados”, dijo, citando la misma observación hecha por el Papa Gregorio Magno en el siglo VII.

“Muchos han aceptado el sacerdocio, pero no hacen el trabajo del sacerdote”, indicó.

“Entonces, para responder, debemos rezar. Pedir que envíe obreros a su mies, rezar. Y mostrar que somos felices los sacerdotes, porque si los jóvenes ven que estamos tristes, no atraeremos a nadie”, insistió. “Tenemos que ser felices, incluso si sufrimos”. (Raju Hasmukh con informaciones de CNA).

El cardenal Sarah: La “elección del sexo” es la evidencia del “eclipse de Dios”



Llega a las librerías ‘Catecismo de la vida espiritual’, la última obra del cardenal guineano que fue prefecto de la Congregación para el Culto Divino

El cardenal Robert Sarah, jubilado como prefecto de la Congregación para el Culto Divino, no cesa en su actividad. Este apóstol del silencio irrumpe ahora en las librerías con un ‘Catecismo de la vida espiritual’ (Ediciones Palabra) advierte del “eclipse de Dios” en las sociedades posmodernas, una exclusión que lleva a superar todo límite provocando “exacerbaciones” como “la reivindicación de la elección de sexo”.

Para el purpurado guineano “la exclusión de Dios conlleva el rechazo de toda autoridad, la rebelión contra cualquier límite, contra todo valor moral universal y contra el fundamento mismo de esos valores –es decir, la noción de naturaleza humana–, dando lugar a exacerbaciones bien conocidas: la reivindicación de la elección de sexo o la modificación del cuerpo para convertirse en un ‘hombre aumentado’ que sueña con el control total de la vida hasta producir un hombre inmortal”, según recoge Europa Press del libro de Sarah. Este “eclipse de Dios en las sociedades posmodernas, la crisis de los valores humanos y morales fundamentales y sus repercusiones incluso en la Iglesia” espera combatirlo el cardenal con herramienta como el catecismo.

Volver a casa

Sarah también apunta a la “pérdida del auténtico sentido de la liturgia y el desdibujamiento de la identidad sacerdotal” como señales del tiempo presente. Ante este panorama, reivindica una “vuelta a casa”, a un “interioridad” abandonada a la que llegar tras “tirar por la borda” actitudes como el “orgullo, la suficiencia, una vida deshonesta y corrompida, la tibieza e indiferencia hacia las cosas de Dios” o “la dejadez a la hora de avanzar en la comprensión de los misterios cristianos”.

La vida cristiana, enseña en este catecismo, “exige de cada uno abandonar el anterior modo de vida, despojarse del hombre viejo ‘corrompido por sus apetencias seductoras’”. Por ello invita a “renovarse ‘en la mente y en el espíritu’ y revestirse ‘de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas’”.

Cardenal Sara pide que le exijamos a los obispos más "palabra de Dios" y menos "discursos políticos"



Para el cardenal Sarah, "ha llegado el tiempo anunciado por San Pablo en que los hombres no soportarán la sana doctrina" y no son pocas las voces de "eminentes prelados de la iglesia" que cuestionan e incluso niegan buena parte de su mensaje.

Para hacer frente a estas desviaciones y "acompañar" y "ayudar a cuantos estén decididos a responder al amor divino", el cardenal guineano ha publicado su Catecismo de la vida espiritual (Palabra). Un escrito que, con los sacramentos y un resumen de la fe como hilo conductor, quiere ayudar al lector de forma concreta a "situar a Dios en el centro" de los intereses y aspiraciones personales y también de cara a la sociedad.

A lo largo de sus últimos libros, el cardenal Robert Sarah ha estado alertando de peligros y desviaciones que amenazan la estabilidad de la fe. Lo hizo de cara a la vida del creyente en La fuerza del silencio; respondiendo a grandes amenazas externas en Se hace tarde y anochece, e incluso a otras que afectan específicamente al sacerdocio en Para la eternidad.

En esta ocasión, el cardenal pretende abordar un "eclipse de Dios" palpable en las sociedades posmodernas y al que contribuye, en buena medida, desviaciones en la propia Iglesia.

Así, menciona la "confusión en torno a la Verdad divinamente revelada, la pérdida del auténtico sentido de la liturgia" o "las repercusiones en la Iglesia" de la propia posmodernidad entre las principales amenazas actuales.

"La voz de algunos eminentes prelados de la Iglesia católica se alza hoy para decir públicamente que la enseñanza actual de la Iglesia sobre la homosexualidad está equivocada", argumentando que "la base de esa enseñanza ya no es adecuada" y se hace necesaria "una revisión de las enseñanzas de la Iglesia", denuncia.

Por ello, el cardenal reitera nuevamente un mensaje "urgente": el de "recordar a todos los pastores de la Iglesia su deber de hablar en nombre de Dios y su misión de enseñar, santificar y conducir a los fieles, no guiados por sus opiniones personales o por lo que es socialmente aceptable", sino "iluminados por la Revelación Divina, transmitiendo sin miedo, sin ambigüedad y sin adulteraciones un discurso claro, firme y veraz".

En este sentido, el cardenal expresa su deseo de "el pueblo de Dios" reclame "insistentemente de obispos y sacerdotes la Palabra perenne, firme y concluyente de Jesús y no discursos sociopolíticos, ni cartas pastorales sobre los derechos del hombre y las democracias modernas o sobre las últimas novedades"

El bautismo debe llevar a la coherencia

Pero una de las tesis fundamentales de Sarah es que esos peligros deben enfrentarse -también- desde la vivencia coherente de la fe entre los propios católicos. Y el primer paso para ello consiste en comprender y asumir las implicaciones del bautismo, que, como  los otros sacramentos, "no tiene sentido si no lleva a una unión íntima con la Persona de Nuestro Señor Jesucristo".

Por ello, "estar inscrito en los registros de la parroquia, llevar un nombre cristiano sin vivir el bautismo, participar en los ritos sin trasladarlos a la vida o no comprometerse a una verdadera amistad con Jesús" supone hacer "estéril" ese cristianismo. Lejos de ello, dice, el bautismo significa aceptar que "la brújula" de la existencia "es la voluntad del Padre" y debe llevar a "librar una dura batalla contra Satanás y contra el pecado, también en su dimensión social.

"Debemos decir `no´ al cientificismo ateo que, en nombre del progreso, está destruyendo a la humanidad, `no´ a una cultura de la muerte predominante, a la  perversión de las costumbres, `no´ a la anticultura que se manifiesta en una sexualidad convertida en mera satisfacción de los instintos, en una diversión que tiene como corolario la cosificación del cuerpo de la mujer, del hombre y del niño", alienta.

La importancia de iniciarse lo antes posible 

El cardenal expresa igualmente una contundente crítica a la nueva costumbre de posponer los bautizos rehuyendo su importancia y expandiendo "la tibieza en la fe y el relativismo doctrinal". A esto, dice, también contribuyen "algunas plumas episcopales" que han recomendado "posponer los bautizos en contra del mensaje de la Iglesia" en el contexto de la crisis sanitaria.

"¿Qué es lo que pretenden proteger, la vida sobrenatural de los niños o las condiciones higiénicas de la reunión familiar que sigue a la ceremonia y muchos consideran lo esencial? Exhorto a los padres cristianos, en nombre de Jesucristo, a bautizar a sus hijos en los días siguientes a su nacimiento", plantea.

En el mismo sentido, el  Catecismo de la vida espiritual llama a "no retrasar la confirmación", recomendando incluso recibirlo "lo antes posible, durante la infancia", ya que "el niño que crece acompañado del Espíritu Santo adquiere una madurez cristiana más sólida y segura". "No esperemos a que nuestras sociedades materialistas y privadas de Dios malogren y corrompan en lo más hondo el espíritu de los jóvenes para invitarles a recibir el don inefable del Espíritu Santo", añade.

"Ninguna autoridad puede impedir a Dios reunir a sus hijos"

A lo largo de las más de 300 páginas del Catecismo de la vida espiritual, el cardenal Sarah ha plasmado multitud de abusos arbitrarios que tanto las autoridades civiles como eclesiásticas han fomentado con el pretexto de la crisis sanitaria.

Algo especialmente llamativo para él en lo referente a la Eucaristía y la celebración de la Santa Misa, cuya prohibición durante la pandemia ha asistido a "un sometimiento sin ninguna resistencia" ante "disposiciones que ignoran a Dios". En este aspecto, el cardenal  considera que "ninguna autoridad humana, gubernamental o eclesial, puede arrogarse el derecho de impedir a Dios reunir a sus hijos. Los obispos, sacerdotes y fieles deberían oponerse con todas sus fuerzas a unas leyes que no respetan ni a Dios ni la libertad de culto y que son más mortales que el coronavirus".

El sacramento de la Eucaristía es uno de los más extensamente tratados en este Catecismo de la vida espiritual. A lo largo de este capítulo, el cardenal llama la atención de "los riesgos de la concelebración" y cuestiona el empleo de "cantos y gritos" y "bailes que no acaban nunca", "la reducción de la Eucaristía a un banquete convival", o la introducción de "formas teatrales y sus consiguientes efectos cuando se supone que estamos recordando la muerte que quiso sufrir Jesús".

La confesión, arma frente a la tibieza y la rutina

También le dedica especial atención a la "tibieza y la rutina", "el gran peligro de la vida espiritual" que afecta tanto a fieles como a sacerdotes.

A los primeros, el cardenal advierte de que la tibieza "roba toda consistencia y entusiasmo" e  instala "en la mediocridad y en la indiferencia hacia Dios" que solo se puede prevenir de una forma: "Recomenzar cada día, sin conformarnos jamás con lo que creemos haber conseguido". 

Así como advierte a los fieles que se instalan en la tibieza y renuncian progresivamente a la confesión, también previene de esa "muerte lenta" a los sacerdotes que "prefieren dedicar tiempo a otras cosas antes que meterse al confesionario y esperar a los penitentes": "En sus homilías no se tocan temas como el pecado, el tentador, el purgatorio, el infierno o el castigo divino" y "no se presenta a los fieles esa lucha omnipresente entre el bien y el mal".

A todos ellos  anima invitando a "redescubrir el verdadero sentido del arrepentimiento" y los beneficios de la confesión. La renovación y la sanación, la reconstrucción y logro de un corazón nuevo, la paz de la conciencia y la reconciliación o una mayor coherencia son solo algunos de los descritos.

Frente a la "gobernanza mundial" contraria a la familia

El cardenal lamenta cómo, en pleno proceso de "debilitamiento del matrimonio" causado por "los defensores de la teoría de género, los ingenieros sociales y la gobernanza mundial", pretenden "otorgar carta de naturaleza a todas las "`formas de familia´ surgidas de distintas formas de uniones y prácticas homosexuales". Mientras, denuncia, en no pocos defensores del matrimonio se ha instalado una "confusión" motivada por la "ambigüedad" de quienes "tienen por misión proclamar la enseñanza de la Iglesia".

Junto con una amplia batería de instrucciones para recuperar el sentido cristiano del matrimonio, asumir su indisolubilidad y construir la fidelidad, Sarah se dirige también a quienes sufren el divorcio y se han vuelto a casar.

Si bien les recuerda que la Iglesia "no puede darles la comunión", Sarah también les dirige una exhortación de esperanza: "Venid a visitar a Jesús presente en el sagrario, real y sustancialmente, con su Cuerpo, Su Sangre, su Alma y su Divinidad. Él os escuchará cuando elevéis vuestras súplicas con la oración del publicano. Haced todo el bien que os sea posible. El gran signo de humildad, el gran signo de esperanza que nos dejaréis será el de no guardar ningún rencor, ninguna amargura contra la Iglesia, que sigue amándoos como a hijos suyos".

Celibato, oración y formación: cruciales en el sacerdote

Sin rehuir ninguna de las polémicas ni tabúes vigentes, Sarah también aborda la cuestión del celibato en el espacio dedicado al sacramento del Orden Sacerdotal. Lo hace sin embargo obviando las objeciones al celibato y centrándose en las explicaciones teológicas que hacen del mismo la única opción posible en la Iglesia latina: "Al mismo tiempo que ofrece el sacrificio de Cristo se ofrece también a sí mismo" por lo que "ningún otro vínculo humano puede adueñarse de su corazón, porque pertenecen única y exclusivamente a Dios".

Destaca, además, la importancia de cuestiones tan actuales como es la abundante carga pastoral, la oración o la formación continua del sacerdote en un "mundo de activismo frenético y rechazo a Dios" que las dificulta enormemente, especialmente las dos últimas.

"En nuestra vida diaria de sacerdotes tenemos que aferrarnos con ahínco al tiempo de oración. Sin una vida de oración perseverante y regular en medio de nuestras mil ocupaciones, no hay identificación posible con Cristo", concluye.  

Cardenal Sarah: “La crisis de la Iglesia es una crisis sacerdotal”



“El sacerdote no es un hombre como los demás”. De esta manera reivindica el cardenal Robert Sarah que se recupere el papel y la tarea de los sacerdotes en una entrevista a la revista Vatican en la que reclama que no es aceptable que los sacerdotes “asumieran el papel de los laicos metiéndose en política en lugar de predicar”. Y es que el purpurado guineano lamenta que la Iglesia se ve demasiado como una estructura externa y política.

Crisis sacerdotal

Esta confusión se debe, según el cardenal, a la ambigüedad en el papel del sacerdote ya que, para él, “la crisis de la Iglesia es una crisis sacerdotal”. “Está la cabeza, los brazos, los ojos, las orejas…. Si los oídos quieren hacer el papel de las piernas, el cuerpo ya no puede caminar ni oír nada. Cada uno debe estar en su lugar, en su papel, según la definición de la Iglesia, en armonía”, señala Sarah para expresar que a veces los laicos intentan asumir las tareas del clero o los celos y disputas entre los diferentes estados eclesiales.

Por ello reclama una reforma de la Iglesia a partir de la santidad de la misma. “La Iglesia somos nosotros, tú y yo, juntos. Cuando nos contaminamos, contaminamos a la Iglesia”, señaló para apuntar que esto implica “no sólo los sacerdotes acusados de pederastia”. Así se lee en la entrevista recogida por el portal katholisch.de.

El cardenal que fue prefecto de la Congregación para el Culto Divino de 2014 a 2021 también destaca el testimonio de la etapa final de Juan Pablo II. “Un Papa que babea y sólo puede hablar con dificultad no es presentable para la sociedad. Pero al hacerlo, fue crucificado con Cristo. Los clavos pasaron por las manos de Jesús como por las de Juan Pablo II. La lanza que pasó por el corazón de Jesús pasó por el corazón de Juan Pablo II”, declaró alabando que el Papa polaco llevó a los hombres a Dios a través del sufrimiento.

Cardenal Sarah: Es hora de que la Iglesia vuelva a lo que se espera de ella: hablar de Dios y la vida eterna, no de ecología



Durante el periodo del confinamiento el cardenal Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, escribió un libro a modo de “Catecismo para la vida espiritual”. La redacción es a modo de catecismo porque el cardenal “No quería escribir un tratado teológico para intelectuales y especialistas, sino un libro claro, accesible a todos, creyentes y no creyentes”, de ahí que no haya buscado “explicar y justificar todo, sino simplemente dar testimonio de la experiencia espiritual de la Iglesia”.

En una entrevista a un diario francés, el cardenal Sarah afirma como una paradoja de nuestro tiempo el hecho de que las personas que buscan a Dios son cada vez más aunque en el debate público y la escena política se le excluyen cada vez más: “Por tanto, es hora de que la Iglesia vuelva a lo que se espera de ella: hablar de Dios, del alma, del más allá, de la muerte y sobre todo de la vida eterna”, afirma.

En opinión del cardenal Sarah, incluso en la Iglesia “muchos desconocen la realidad interior, espiritual y mística de los sacramentos. Sólo vemos allí ritos sociales mientras que, en el signo sacramental, se revela el misterio, Dios mismo se da”. De ahí que afirme que “los sacramentos están en el corazón de la vida espiritual. Son contactos con Dios”.

Desde hace varias publicaciones el cardenal Sarah ha venido insistiendo en la reforma espiritual de la Iglesia y no en la reforma de sus estructuras: “Pasamos demasiado tiempo hablando de las estructuras de la Iglesia. ¡A nadie le importa! Lo que importa es nuestra vida eterna, nuestra vida interior de amistad con Dios. La Iglesia existe para que haya santos. El resto es secundario. La vida de seguimiento de Cristo nos abre esta vida con Dios. Ella pasa por la cruz. No es dolor. La cruz es la plenitud del amor manifestado. Es la victoria de la vida sobre la muerte y el pecado”.

Por esa razón subraya que “La santidad no está reservada para una pequeña élite. Es para todos”. Incluso más: “Ser santo es dejarse amar por Dios, seguir a Cristo. Todos pueden comenzar a su manera todos los días”, afirma.

Una de las declaraciones más fuertes, y al mismo tiempo más esenciales, que hace el cardenal Sarah es esta en torno a si sacerdotes y obispos hablan sobre lo que está en juego en la vida espiritual: “A veces sienten la tentación de hacerse interesantes a los ojos del mundo hablando de política o ecología. Pero no creo que le interesen a nadie entonces. Venimos a ver a un sacerdote porque buscamos a Dios, no porque queremos salvar el planeta”, apunta.

Y cuando se le refiere si esa manera de pensar lo hace ser ubicado entre los “conservadores” el cardenal Sarah no tiene reparo en decir: “Etiquetas como «conservadores» o «progresistas» tienen poco valor. Por otra parte, el silencio concierne a todo hombre de buena voluntad. Sabemos bien que sin silencio, sin oración, el hombre no vive a la altura que le conviene. Se ahoga en el materialismo”. A continuación agrega que “El interés de los occidentales por las religiones orientales muestra cuánto les falta espiritualidad y oración. Sin rodeos, quería ofrecerles una vida cristiana interior, mística evangélica accesible a todos y liberadora”.

Aportando su opinión sobre cuánto la espiritualidad es compatible con el con el cristianismo social, de acción humanitaria y ecológica, hoy sustentado por el Papa Francisco, el ex prefecto del dicasterio para el culto divino y disciplina de los sacramentos dice: “Creo que el Papa Francisco es un hombre de oración. A menudo nos recuerda que la Iglesia no es una ONG. Lo dijo al día siguiente de su elección: si deja de buscar a Dios a través de la oración, la Iglesia corre el riesgo de traicionar. ¡El Papa incluso afirmó que si ella deja de buscar a Dios, la Iglesia corre el riesgo de hacer el trabajo del diablo!”.

Finalmente, el cardenal Sarah responde a lo que puede hacer la oración con la guerra con este pensamiento: “La guerra comienza en los corazones que odian. La oración da paz al corazón”.

Cardenal Sarah: “No soy tradicionalista ni progresista [...] es un error haber eliminado el latín”.



El cardenal guineano denuncia que “es un error haber eliminado el latín. Todos los musulmanes rezan en árabe, aunque no sea su lengua. Estamos dividiendo lo que Cristo ha unido”

“Dios es exigente, porque el amor es exigente. Si se entiende por intransigente en este sentido, sí, estoy de acuerdo”, responde el cardenal guineano Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cuando le preguntan cómo se siente cuando le dicen que es “intransigente”. Y es que para el purpurado “hoy, muchos cristianos buscan apoyo en esta confusión, para crecer en la fe, para apoyar sus convicciones. Mi tarea es confirmarlos en la fe, en la medida de lo posible, para que no cambie lo que siempre han creído”.

Crisis antropológica

En una entrevista al medio suizo cath.ch, advierte ante la crisis “antropológica, agravada por la ideología de género”que vive, especialmente, la sociedad occidental. Y es que, defiende, “cuando se toca una herencia, no es para enterrarla, ni para despilfarrarla, sino para hacerla crecer. La tradición no es algo fijo. Evoluciona, pero sin desarraigarse” ya que “abrirse no es sólo buscar un consenso, sino querer intentar hacer crecer al otro, caminar juntos hacia la búsqueda de la verdad”.

Aplicados estos principios a la propuesta sinodal, para Sarah “la verdad no nace del consenso, nos precede. Si dialogamos, si nos reunimos, es porque buscamos juntos la verdad que nos hace libres”. En este sentido, sobre el Camino Sinodal alemán no se muestra muy entusiasmado: “No sé a dónde nos llevará. ¿Hacia una reinvención total de la iglesia? Tomaremos lo que cada uno diga para establecer un consenso. Pero la verdad de la Iglesia está por delante de nosotros. No podemos fabricarlo nosotros”.

Enfoques litúrgicos

“La inculturación no es poner un barniz africano o asiático a un rito. La inculturación es dejar que Dios penetre en mi naturaleza humana y en mi cultura. Es como la encarnación, cuando Jesús toma nuestra forma humana, no la deja intacta, la diviniza”, señala entrando en otras materias. Así, recuerda que “la misa es un sacrificio salvador y no una comida fraternal”. Por ello, critica que en las celebraciones actuales “el cura habla, habla, sin dejar ningún silencio. En África se baila mucho, se aplaude mucho, pero ¿se puede bailar delante de un muerto?”

“La liturgia no es para el hombre, es para Dios. Si perdemos la centralidad, la primacía de Dios, entonces la misa se convierte en una mera comida fraternal”, recalca. “Los musulmanes, los budistas, todos rezan de la misma manera. No entiendo por qué los cristianos nos peleamos por estos temas”, añade. Por ello, piensa que “gastamos demasiada energía en conflictos litúrgicos innecesarios”.

Fiel a la tradición

“No soy ni tradicionalista ni progresista. Enseño lo que los misioneros me enseñaron y algunos murieron muy jóvenes para darme a Cristo. No invento nada, no creo nada. Quiero ser fiel, eso es todo. Dios nos habla como lo hizo con Adán y los apóstoles”, se defiende ante quienes le señalan como tradicionalista. Se separa también de quienes le muestras crítico con Francisco, de quien dice que le “ha agradecido personalmente” su libro con un texto de Benedicto XVI.

Otra de sus constantes es la defensa del latín. “Es un error haber eliminado el latín. Todos los musulmanes rezan en árabe, aunque no sea su lengua. Estamos dividiendo lo que Cristo ha unido. Si ya no hay latín, ¿por qué hablar de una Iglesia latina? Lo mismo ocurre con la música con el mantenimiento del canto gregoriano”, sentencia.

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