El extraño caso de la mujer que vivió 15 años sin comer ni beber salvo la Sagrada Comunión.



El caso de Amalia Baranda es escalofriante; una joven de 22 años que dejó, de repente, de comer y beber y se pasó 15 años sin tomar alimentos. El caso de esta mujer figura en los anales de la Medicina y se ha llegado a considerar un milagro prolongado en el tiempo, sólo equiparable al ocurrido unos años después con la alemana Theresa Neumann que estuvo 36 años sin comer y a la que la Iglesia ha reconocido halo de santidad.

Rescatamos en esta edición de Burgos Misteriosa un manuscrito del sacerdote Ángel Villasante, fallecido en 2021, en el que relata, con enorme precisión, la historia de Amalia Baranda. En su escrito da detalles muy concretos, esclarecedores algunos, que, lejos de otorgar al fenómeno la tipología de milagro, sí le confiere un halo sobrenatural que impacta.

Y es que el caso de la enferma de Montecillo, como era conocida en su época, tiene mucho de enigmático e inexplicable y muchos investigadores lo califican de sobrenatural. Los mismos médicos atestiguan que Amalia vivió, sin tomar más alimento que la hostia consagrada, más de 15 años.

Villasante cuenta en su manuscrito que la joven tuvo inquietudes religiosas desde niña, pero sus padres no recibieron con agrado la noticia de la vocación de su hija porque querían casarla con un rico hacendado de la comarca. Amalia había nacido en Quintana de los Prados el 3 de septiembre de 1896. Y se asentó 13 años después en Montecillo, a escasos kilómetros de su pueblo natal.

La historia comienza en la madrugada del 16 al 17 de marzo de 1918, cuando Amalia tenía 21 años. Villasante explica que «sobre las 12:00 de la noche comenzó a sentirse mal, con unos fuertes dolores». Su madre la aplicó varios remedios caseros; pero nada hizo desaparecer el dolor «sino que éste iba a más» llegando a ser «insoportable».


Cuando la visitó el médico, aconsejo a los padres: «Prepárense para bien morir; pero los designios del señor eran otros». Así, la enfermedad se fue prolongando días, semanas, meses… años… tanto fue así, relata Villasante, «que con la fuerza del dolor y la abstinencia de alimentos su cuerpo se debilitó y con ello sus sufrimientos».

La incomprensión del caso tenía confundido al médico; incluso llegó a diagnosticarle una «agudísima vagancia», presionando a los padres para que «levantaran a su hija de la cama». El caso corría de boca en boca por la comarca y por toda España

«El nombre de Amalia aparece en la prensa nacional y extranjera y el pueblo de Montecillo salta del desconocimiento más absoluto, a la publicidad; y como fruto de la información periodística de aquellos años, surgió un verdadero aluvión de visitantes que acudían sin cesar en busca de la enferma», atestigua Villasante.

Personas de diferentes ámbitos pasaban por Montecillo con el ánimo de ser testigos de un fenómeno médico inexplicable. Tanto es así, explica nuestro informante en su texto, que «llevaron el control entre los meses de mayo y junio de 1936 y recibió a 26 sacerdotes, 188 paisanos y 23 médicos, y varios miles durante su enfermedad». En agosto de 1935 despertó la curiosidad del doctor Vallejo Nájera y el doctor Bermejillo. Tras examinarla concluyeron que, naturalmente, «así no se explica la vida».

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