Los cristianos somos los más perseguidos en el mundo, lo vuelve a confirmar un informe de libertad religiosa.





El informe de libertad religiosa en el mundo 2021, editado, como cada año, por Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), constata que los cristianos siguen siendo el grupo religioso más hostigado en el mundo a causa de la fe. Los perseguidores a menudo gozan de impunidad, y los gobiernos miran para otro lado. El 67% de la población mundial, 5.200 millones de personas, vive en países donde se perpetra graves ataques a este derecho fundamental (alrededor de 62 países). Más de 646 millones de cristianos viven en países donde se les discrimina y acosa sistemáticamente; el 27% de ellos son gravemente atacados. En muchos países las minorías cristianas se enfrentan a la extinción.

Grupos terroristas islámicos afiliados al Estado Islámico, Al Qaeda o Daesh, forjados en las llanuras de Siria e Irak, se han trasladado de Oriente Medio hasta el África subsahariana, donde, además, se vinculan a grupos criminales locales. Estos grupos actúan con una violencia espantosa en los 14 países del Sahel (como Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, el norte de Camerún, Chad, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Somalia y Mozambique). Conquistan territorios, obligan a los más pequeños a ingresar como “niños soldados”, usan las violaciones y esclavización sexual como armas de guerra, decapitaciones masivas, secuestros, despojo de bienes, ataques a iglesias, seminarios…y, como consecuencia, éxodo, hambre… El yihadismo aspira a convertirse en un califato transcontinental, con redes ya en Indonesia, Malasia y Filipinas.


En otros países de Asia, como China, India, Corea del Norte, Afganistán, Irán o Pakistán, la situación no ha mejorado.

Sin llegar ni mucho menos a este extremo, también en los países occidentales se está acentuando el laicismo y la intolerancia hacia el cristianismo. Agresiones a personas y símbolos religiosos, ataques a la libertad de expresión y de conciencia, sacrilegios y profanaciones en las iglesias están alcanzando un nivel preocupante. El año pasado en Francia se produjeron más de 500 ataques a templos cristianos, aunque los medios tan apenas se fijan. También se han atacado templos en Chile, Argentina, Nicaragua, Méjico, Polonia, Grecia, España (Madrid, Getafe, Rivas Vaciamadrid, La Coruña, Granada, Sevilla, Córdoba…) etc. El informe del Observatorio sobre Intolerancia y Discriminación contra los cristianos en Europa de 2018, referido a los años 2016 y 2017, reveló que España acumula el 20% de los casos de cristianofobia en Europa, solo superado por Francia, y seguida a bastante distancia por Reino Unido, Alemania, Italia, Bélgica, Austria y Suecia.

La cultura cristiana es incómoda e intolerable para los afanes globalistas, empeñados en una “religión” única, un gobierno único y unos modos y leyes demoledores de los valores y tradiciones que han sostenido durante siglos la cultura europea, especialmente la vida, la familia, la libertad y el orden sobrenatural.


Y así llegamos a situaciones tan rocambolescas como que el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, haya aceptado el encargo del Parlamento Español para investigar los abusos a menores, exclusivamente en entornos católicos, arbitrariedad que no ocurre en ningún otro país europeo (tal y como denuncia la asociación e-Cristians). A los ojos de la sociedad esto supone vincular el delito de pederastia sólo al ámbito católico, discriminación que también afecta a las víctimas.

La Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), en un exhaustivo estudio sobre el abuso sexual en la infancia y adolescencia de 2009 a 2019 revela que los sacerdotes fueron responsables del 0,2% al 0,4% de estos delitos (delitos, aunque marginales en este colectivo, abominables y que hay que erradicar). Asimismo la Fiscalía General del Estado informó en 2019 que el número de denuncias de abusos circunscritas a instituciones religiosas, fue de 68, el 0,5% del total. La mayoría de estas agresiones se dan en el entorno familiar y de confianza, seguido de compañeros, amigos, parejas o exparejas de los padres, educadores… ¿Por qué, pues, se elude el estudio de los 99,5% de los casos y de las víctimas? ¿Por qué es objeto de la máxima difusión mediática un abuso cometido por un sacerdote, mientras que se ocultan o soslayan tantos otros? ¿Se pretende quizá estigmatizar a este colectivo y convertirlo en cabeza de turco? Una nueva persecución contra los católicos que, además, incurre en una grave injusticia para toda la sociedad.

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