sábado, 20 de octubre de 2018

¿Qué es la idolatría?


¿QUÉ COSA ES REALMENTE LA IDOLATRÍA?
Por Álvaro Molina 

En tiempos de los profetas los pueblos paganos practicaban la idolatría principalmente rindiendo adoración a figuras talladas en piedra, madera o hasta metales preciosos. Bien podía tratarse de figuras de un hombre-pez, o de algún animal o de algún ser mitológico con forma humana, como en el caso de los dioses del Olimpo o algunos dioses egipcios. 

En aquel tiempo la idolatría tenía como premisa fundamental el creer que aquel objeto inanimado era realmente un dios, que podía escuchar, ver y entender, y desde luego conceder favores. En el libro de Daniel incluso vemos que algunos pueblos creían que esas figuras inertes hasta podían comer. Esa fue la razón por la que se escribió lo que leemos en Jeremías 10, donde el profeta se burla de los ídolos, ya que aquellos pueblos trataban esos objetos como si realmente eran seres capaces de ver, hablar y moverse, cuando no eran más que figuras idolatradas, talladas en algún material inerte. 

En tiempos de los apóstoles la idolatría seguía practicándose, pero no solamente hacia esculturas que eran tratadas como ídolos, sino que también hacia cosas del mundo como el sexo, el dinero y todo lo demás que el mundo pudiera ofrecer. Eso lo podemos leer en Efesios 5,5 donde San Pablo advierte que ser fornicario, avaro o mundano equivale a ser idólatra. Una advertencia similar la podemos leer también en Colosenses 3,5-6. No es casualidad que San Pablo mencione esto en dos de sus cartas, donde hace énfasis en que la idolatría no es solamente creer que un trozo de piedra o madera es un dios, sino que es acerca de poner las cosas pecaminosas del mundo por encima del verdadero Dios. 

En nuestros días solo un trastornado podría creer que un objeto con forma humana o de animal es un dios. Aun así existe la idolatría hacia otras cosas como el dinero, la fama, el sexo, el cuerpo, las personas, etc. 

Hay una palabra en hebreo, cuyo significado puede mostrar con mucha más claridad qué cosa es ser idólatra. En las prohibiciones que pueden leerse en Levítico encontraremos que no se debe adorar ídolos, no se debe usar ropas con diferentes tipos de tejidos, no se debe afeitar la barba, no se debe practicar actos homosexuales, no deben afeitarse las patillas, no debe raparse la cabeza, entre muchas otras. Hay unas prohibiciones en las que la transgresión se considera como una abominación (Levítico 18,23; Levítico 20,13). La palabra para abominación en hebreo es תּוֹעֵבַה (tow'ebah). Esta palabra tiene muchas acepciones. Significa profano, indigno, repugnante, pero también significa idolatría. Esta palabra también puede encontrarse en muchas otras citas del Antiguo Testamento. 

Resulta interesante que tow'ebah también signifique idolatría, y en realidad ese significado ayuda mucho a esclarecer qué cosa es idolatrar. Cuando cometemos una transgresión a la ley de Dios, se considera idolatría. Quiere decir que el pecado, sea cual sea, nos lleva a quitar a Dios del pedestal en donde siempre debe estar, para colocar en ese pedestal el motivo de nuestro pecado. En otras palabras, cuando pecamos, tomamos a Dios, lo lanzamos por una ventana, y en su lugar colocamos aquello que nos ha seducido hasta hacernos pecar. En ese momento colocamos el motivo de nuestro pecado en el lugar de Dios, pero ya que el pecado no es un dios, sino que un ídolo, entonces estamos idolatrando porque hemos desplazado a Dios de nuestras vidas, para sustituirlo, aunque sea por unos minutos, por algo que no es Dios. 

Cuando pecamos dejamos de servir y adorar al único y verdadero Dios, para pasar a ser sirvientes del pecado, sea cual sea, y dure el tiempo que dure. Esa es la razón por la cual tow'ebah también significa idolatría, porque desobedecer la ley de Dios es pecar, y al pecar retiramos a Dios de su merecido lugar en nuestras vidas, para colocar en ese mismo lugar otra cosa que no es Dios. 

Por eso resulta un tanto irónico cuando alguien nos acusa de ser idólatras, por el solo hecho de tener simples imágenes de la virgen María o de santos en nuestras casas o templos, ya que quien nos hace ese señalamiento es otro pecador, que repite los mismos pecados diariamente, con lo cual ese pecador es un idólatra, que nos acusa de ser idólatras. Así que al final, idólatras somos todos, pero no por adorar ídolos de piedra o madera, sino que por adorar otra clase de ídolo: el pecado. 

La desobediencia nos lleva al pecado. El pecado, como ídolo que es, siempre nos roba algo valioso. Un ídolo nos quita, nunca nos da, y si en algún momento pareciera que nos da, en realidad lo hace para quitarnos mucho más de lo que nos dio. Un ídolo se alimenta de nosotros, insaciablemente, y nos abandona hasta que ya no queda nada que pueda robarnos. El pecado es un ídolo y ese ídolo nos quita lo más valioso, la vida, ya que la paga del pecado es la muerte. 

En Éxodo 32 podemos leer cómo el pueblo de Israel decide retirar a Dios de sus vidas y hacerse un muñeco de oro con forma de becerro, al cual ellos ahora llaman dios. Es muy significativo que en Éxodo 32,8 podamos leer que Dios menciona primero lo más grave, que en ese caso no fue la fabricación del becerro, sino que la desobediencia. «Bien pronto se han apartado el camino que yo les había prescrito.» A continuación Dios menciona lo del becerro, pero como cosa secundaria. Lo más grave, lo que más ofende a Dios, es la desobediencia, la cual llevó a los israelitas a dejar de adorar a Dios y desplazarlo, para ponerse a adorar al pecado. El becerro de oro no fue más que la contundente evidencia de ese grave pecado. 

Ese día fatal la idolatría del pecado hizo que el pueblo de Israel perdiera algo muy valioso. A cambio solo obtuvieron un muñeco del metal amarillo llamado oro. El pecado, como todo el ídolo que es, solo les robó, les quitó, se alimentó de ellos, y los dejó vacíos, tan solo con un inservible montón de oro. 

En contraste con el pecado, Dios nos alimenta y nos nutre con su carne y su sangre, para darnos vida eterna. Acerquémonos a la Santa Eucaristía. Frecuentemos el sacramento de la confesión y el sacramento de la comunión. Recemos el santo rosario y luchemos para dejar de adorar ídolos, que no son otra cosa que los cotidianos y repetitivos pecados que todos cometemos. Muchos de esos pecados son de muerte. 

Vayamos a confesarnos con la mayor frecuencia posible, aunque se trate de pecados veniales, ya que lo más importante es que recibamos esa dosis de gracia cuando se nos da la absolución. De la misma manera que una planta crece más fuerte cuando es regada con más frecuencia, nosotros también nos volveremos más fuertes para resistir al pecado si nos acercamos a la confesión con frecuencia, para ser bañados con la gracia de la absolución. 

Pax et bonum


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1 comentario:

  1. O sea ritican a los protestantes de exigir diezmo pero ustedes lo hacen mas bonito piden donaciones

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