lunes, 22 de octubre de 2018

San Pedro, Príncipe de los Apóstoles


SAN PEDRO, PRÍNCIPE DE LOS APÓSTOLES
Por Álvaro Molina


Para toda la cristiandad católica San Pedro es el primer Papa de la historia. Y sí, ya sabemos que la palabra Papa no aparece en la biblia, y eso se debe a que la biblia no es un diccionario, ni es un diario de adolescentes donde aparecerá anotado hasta el último suspiro. La biblia no es más que la parte escrita de la Tradición, la cual solamente Satanás usa para tratar de confundir y sembrar dudas en la fe de los demás.

En la biblia sobran pasajes para entender que Simón Bar-Jona, a quien Jesús luego renombró como Pedro, es el primero de los apóstoles, y por consiguiente a él le fue dejado lo que hoy conocemos como el Ministerio Petrino, ministerio que ha sido legado a una ininterrumpida cadena de sucesores, hasta nuestros días, con el Papa Francisco.

San Lucas 5,1-8
* Pedro fue el que reconoció la mano del Señor en la pesca milagrosa.

San Mateo 16,15-16
* Pedro fue el que reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios.

San Mateo 16,17-18; San Juan 1,42
* Pedro fue el único a quien Jesús le cambió el nombre por uno que tiene un profundo significado, explicado por el propio Jesús.

San Mateo 16,19
* A Pedro le fueron dadas las llaves del reino de los Cielos.

* A Pedro le fue dado el poder de atar y desatar así en la tierra como en el cielo.

San Juan 21,15-17
* Fue a Pedro que Jesús le encargó cuidar tanto de Sus corderos como de Sus ovejas.

Hechos 2,14-41
* Pedro, como líder de los apóstoles, fue el que dio el discurso en Pentecostés.

San Mateo 10,2-4; San Marcos 3,16-19; San Lucas ,13-16; Hechos 1,13
* En los evangelios, cuando leemos la lista completa de los nombres de los apóstoles, el primero siempre es Pedro.

San Lucas 22, 31-32
* Jesús oró a Dios por Pedro, cuando a Satanás se le concedió zarandearlo como al trigo. Jesús le encargó a Pedro la tarea de confirmar a sus hermanos.

San Juan 20,3-8
* Juan esperó a que Pedro fuera el primero en entrar al sepulcro.

También contamos con citas que dejan muy claro que Pedro es la piedra sobre la cual Cristo construye su Iglesia. Es más que claro que Pedro no iba a vivir para siempre, por eso su responsabilidad, la que hoy llamamos Ministerio Petrino, es una que se traspasa a sus sucesores, de forma ininterrumpida, hasta nuestros días. Quienes asumen ese ministerio, reciben sobre sus hombros la misma responsabilidad de Pedro, la de ser la piedra en la cual se levanta la Iglesia de Cristo.

Hablando un poco sobre las diversas figuras, usadas en la biblia para reflejar las estructuras de la Iglesia, tenemos los siguientes pasajes:

Pedro es la piedra: San Mateo 16,18-19

Cristo es el cimiento: 1 Corintios 10,4; 1 Corintios 3,10-11

Cristo es la piedra angular: Efesios 2,20

Los apóstoles y los profetas son cimientos: Efesios 2,20

Los sacerdotes y los creyentes son piedras vivas: 1 Pedro 2,5

Pedro es la piedra amplia y sólida, que sirve de base a la Iglesia. Sobre esa piedra es que Jesús, cimiento y piedra angular, levanta su Iglesia. No la levanta sobre arena, ni sobre arcilla, ni sobre un pedregal, sino que sobre una piedra amplia, firme, sólida.

Pero la figura de la piedra no existe solamente en el Nuevo Testamento. Jesús no fue el primero en darnos a conocer a la piedra. Sobre la piedra podemos encontrar una profecía en el Antiguo Testamento, en Daniel 2,34 donde nos narra cómo una piedra, sin que mano alguna la moviera, fue lanzada hasta impactar los pies de una gigantesca estatua, que eran de hierro y barro. La estatua cayó y se pulverizó hasta desaparecer, y la piedra se convirtió en un inmenso monte que ocupó toda la tierra.

Este mismo pasaje de Daniel 2,34 también explica por qué la Iglesia de Cristo tiene su sede en Roma actualmente. No es algo que se dio de la nada, sino que ya estaba profetizado que así sucedería. Ese pasaje narra la destrucción de una enorme estatua cuya cabeza es de oro, su pecho y brazos de plata, su abdomen y espaldas de bronce y sus piernas y pies de hierro y barro. El oro representa al reino Babilonio. La plata representa al reino Persa. El bronce representa al reino Griego. El hierro mezclado con barro representa al Imperio Romano. Luego veremos que la piedra es lanzada, sin intervención de mano alguna, o sea que no se trata de algo por mano de hombres, sino que por la voluntad de Dios. La piedra impacta a la estatua en los pies de hierro y barro, que representan al cuarto reino, que es el Imperio Romano. Luego la estatua cae, y todos los otros materiales que la componían, oro, bronce, plata, junto con el hierro y el barro, se pulverizan y son esparcidos por el viento hasta desaparecer. Entonces la piedra, en el lugar donde estaban los pies de la estatua, se transforma en un inmenso monte, que llega a abarcar a toda la tierra.

La piedra fue lanzada hacia Roma. Pedro estuvo en Roma (1 Pedro 5,13), y desde ahí Pedro sembró muchísimas semillas, engendró muchísimos hijos espirituales, de los cuales surgieron muchísimas comunidades cristianas, que poco a poco fueron creciendo, con lo cual poco a poco fueron minando el destructivo poder del Imperio Romano, el cual, bajo el mando del emperador Constantino, finalmente otorgó libertad de culto al cristianismo, promulgada en el edicto de Milán, en el año 313. Con esto el cristianismo dejó de ser perseguido y ya no fue necesario seguir ocultándose en catacumbas. La piedra había impactado en los pies del cuarto reino, y la estatua comenzaba a caer. Con el tiempo el Imperio Romano desapareció, y el cristianismo comenzó a esparcirse por todo el antiguo mundo. La piedra (Pedro), situada en el mismo lugar donde antes estaban los pies de la estatua, comenzó a transformarse en un inmenso monte.

La piedra no puede ser Cristo, argumento en el cual algunos porfían, por la simple razón de que Cristo no destruyó reino alguno de la tierra. Al ascender Jesús a los Cielos, todos los reinos quedaron intactos, pero la misión de derribar a ese reino de piernas de hierro, y a toda la herencia pagana de los reinos anteriores a el, fue legada a Pedro, y a los sucesores de Pedro. Pedro llevó esa misión a Roma, dando cabal cumplimiento a la profecía en Daniel 2,34. Al morir San Pedro, su misión pasó a San Lino, luego a San Anacleto, después a San Clemente, luego a San Evaristo, y así sucesivamente. La profecía tenía que cumplirse.

Ninguna palabra escrita en la biblia está ahí por casualidad o a la deriva. No es por casualidad que en San Mateo 16,13 se menciona que Jesús llegó a Cesarea de Filipo, lugar en donde Simón Bar-Jona recibió el nombre de Pedro, las llaves del Reino de los Cielos, y el poder de atar y desatar tanto en la tierra como en el Cielo. Estamos hablando de Cesarea de Filipo, una de las regiones nombradas de esa manera para congraciarse con los césares, es decir con el Imperio Romano. O sea que Jesús escogió una de las regiones que representaba al Imperio más que otras. El nombramiento de Pedro no ocurrió en Galilea, ni en Jerusalén, ni en Belén o Nazareth. Tenía que ser en una región que representara las piernas y pies de aquel gigante de diversos metales, que en aquel entonces no era otro que el Imperio Romano.

Iniciamos este artículo indicando que la palabra Papa no aparece en la biblia. Sin embargo la biblia sí indica que Simón Bar-Joná fue nombrado padre por Jesús. La palabra Papa no es más que otra forma de decir padre, título que Jesús le otorgó a Simón Bar-Joná. En San Mateo 16,19 Jesús le da las llaves a Pedro y también poder para atar o desatar así en la tierra como en el cielo. Es decir que Jesús, siendo el rey, le deja las llaves del reino a Pedro, para que Pedro sea el que abra o cierre, mientras el rey regresa. Si Pedro ata, nadie desatará. Si Pedro desata, nadie atará. Esto es algo que encontramos en el Antiguo Testamento, en el libro de Isaías.

Isaías 22,20-22: «Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías. Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá. Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre.»

Ahí queda claro que quien tiene las llaves es un padre para los habitantes del reino. Son los que no pertenecen al reino los que no reconocen al custodio de las llaves como padre, con lo cual también rechazan la autoridad del rey que dejó sus llaves en manos de su mayordomo.

El Ministerio Petrino es una responsabilidad pesada y enorme. Todos los titulares de ese ministerio lograron llevar a cabo su misión gracias a la oración. Nosotros hoy tenemos que orar por nuestro obispo en Roma, para que en su trabajo él reciba ayuda de lo alto, para que ese ministerio siga creciendo hasta cubrir la tierra por completo.


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