lunes, 22 de octubre de 2018

Mensajes privados, apariciones, revelaciones de la Virgen y Jesucristo, ¿Son verdaderos? ¿Estamos obligados a creerlos?


MENSAJES PRIVADOS, APARICIONES Y REVELACIONES DE LA VIRGEN 

¿SON VERDADEROS? ¿DEBEMOS LOS CRISTIANOS CATÓLICOS CREER EN ELLOS?
Por Saulo de Tarso y Haydee Mondragón

He sido invitado en infinidad de ocasiones a unirme a "grupos de oración" en los que cierto día y a hora fija, se reciben mensajes, revelaciones y apariciones de la Santísima Virgen o de Nuestro Señor Jesucristo. Tal pareciera que existe una fiebre por ese tipo de revelaciones privadas, en los que las personas poco formadas, son presas fáciles del fraude y la charlatanería. Tal vez me dirán: ¿Entonces Fátima, Guadalupe, también son fraude? Expliquemos pues... 

Establece la iglesia diversas condiciones para estar seguros de que alguna de las muchas apariciones que se han dado y se dan continuamente, son en realidad sobrenaturales y no productos de alucinaciones o poderes del alma, despiertos en alguien, como enseña la psicología. En absoluto no es necesaria la santidad de la persona que recibe la gracia sobrenatural: "Las visiones, revelaciones y apariciones divinas son comunes a los buenos y a los malos; aún a los gentiles y a los impíos y estragados en delitos, acontecieron visiones y apariciones divinas". En estos casos lo único que requiere el derecho canónico es que aparezca claramente el nivel de lo milagroso o sobrenatural. 

El Papa Benedicto XIV en su obra De Beatificatione et canonizatione dice: "Las apariciones se prueban por un solo testigo fidedigno en el que se verifican con evidencia tres condiciones; el examen que se hace de la persona que la recibió; el modo como la aparición se verificó; los efectos que de ella se siguieron. Porque si la persona favorecida con la aparición fue de mucha virtud; si todo lo que hubo, mira al culto de Dios y no hubo nada que le sea contrario; si después de la aparición la persona así favorecida, creció en humildad y en otras virtudes cristianas, ya de ningún modo podrá dudarse de la calidad sobrenatural y divina de las apariciones". Aunque Dios, por sus justos designios, puede aparecerse a cualquier persona, pero como indicio para el juicio de los hombres, servirá la santidad del elegido para deducir la verdad de lo que narra. 

¿CÓMO DEBEMOS ACTUAR LOS CRISTIANOS CATÓLICOS ANTE SUPUESTAS APARICIONES, MENSAJES PRIVADOS Y REVELACIONES DE LA VIRGEN MARÍA Y JESUCRISTO? 

Atendamos primeramente a tres principios preliminares: 

1) Que como católicos tenemos el deber de discernir entre lo que es de Dios y lo que es del hombre o del demonio. 

2) Que a diferencia de los juicios criminales, donde el acusado es inocente hasta que se prueba lo contrario, en materia de apariciones y revelaciones se sospecha hasta que se prueba la legitimidad. El dictamen del Santo Padre para las revelaciones personales actúa en sentido negativo, es decir, "aprueba" el fenómeno, entendiéndose así que hasta entonces no lo estaba. 

3) QUE AÚN APROBADA UNA APARICIÓN, REVELACIÓN O MENSAJE, NO ES OBLIGATORIO CREER PARA NINGÚN CATÓLICO, POR MUY IMPRESIONANTE, CORROBORADO Y SANTO QUE SEA EL SUCESO. LO ÚNICO OBLIGATORIO DE CREER SON LOS DOGMAS. SOBRE TODO EL RESTO HAY LIBERTAD. 

Aplicación práctica y concreta de esta enseñanza de la iglesia es el caso de Vassula Ryden, una elegante mujer del mundo que ni siquiera es catolica nació ortodoxa griega, y que causó enorme fascinación entre muchos sectores de fieles católicos en las décadas de los 80's y 90's por recibir supuestamente, mensajes directos de Jesucristo. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, dictaminó lo siguiente: 

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE 

NOTIFICACIÓN
SOBRE LOS ESCRITOS Y LAS OBRAS
DE LA SRA. VASSULA RYDÉN 

Muchos Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos se dirigen a esta Congregación para tener un juicio autorizado sobre la actividad de la señora Vassula Rydén, greco-ortodoxa residente en Suiza, que está difundiendo en los ambientes católicos de todo el mundo, con su palabra y sus escritos, mensajes atribuidos a presuntas revelaciones celestiales. 

Un análisis atento y sereno de todo el asunto, realizado por esta Congregación y orientado a «examinar si los espíritus vienen de Dios» (cf. 1 Jn 4,1), ha puesto de manifiesto, junto a aspectos positivos, un conjunto de elementos fundamentales que deben considerarse negativos a la luz de la doctrina católica. 

Además de destacar el carácter sospechoso de las modalidades con que se producen esas presuntas revelaciones, es preciso subrayar algunos errores doctrinales contenidos en ellas. 

Entre otras cosas, se habla con un lenguaje ambiguo de las Personas de la Santísima Trinidad, hasta el punto de que se confunden los nombres y las funciones específicas de las Personas Divinas. En esas presuntas revelaciones se anuncia un inminente periodo de predominio del Anticristo en el interior de la Iglesia. Se profetiza, en clave milenarista, una intervención decisiva y gloriosa de Dios, que estaría a punto de instaurar sobre la tierra, antes de la venida definitiva de Cristo, una era de paz y bienestar universal. Además se anuncia que próximamente se llegará a formar una Iglesia que sería una especie de comunidad pan-cristiana, lo que se opone a la doctrina católica. 

El hecho de que en los escritos posteriores de la señora Rydén esos errores ya no aparezcan, es signo de que los presuntos «mensajes celestiales» son fruto sólo de meditaciones privadas. 

Además, la señora Rydén, participando de forma habitual en los sacramentos de la Iglesia Católica a pesar de ser greco-ortodoxa, suscita en diversos ambientes de la Iglesia Católica no poco asombro, parece colocarse por encima de cualquier jurisdicción eclesiástica y de toda regla canónica, y crea de hecho un desorden ecuménico que irrita a no pocas autoridades, ministros y fieles de su propia Iglesia, situándose fuera de la disciplina eclesiástica de la misma. 

Teniendo en cuenta que, a pesar de algunos aspectos positivos, el efecto de las actividades llevadas a cabo por la señora Vassula Rydén es negativo, esta Congregación solicita la intervención de los Obispos para que informen de forma adecuada a sus fieles, y no se dé ocasión alguna en el ámbito de sus respectivas diócesis a la difusión de sus ideas. Por último, invita a todos los fieles a no considerar sobrenaturales los escritos y las intervenciones de la señora Vassula Rydén, y a conservar la pureza de la fe que el Señor ha confiado a la Iglesia. 

Ciudad del Vaticano, 6 de octubre de 1995. 

Joseph Card. Ratzinger
Prefecto 

Tarcisio Bertone, S.D.S.
Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario 

Muchos de estos supuestos mensajes, revelaciones y apariciones de Jesús y de la Virgen, incluso se contradicen con las apariciones aprobadas por la autoridad eclesiástica como pueden ser Fátima, Lourdes o Guadalupe. 

Frente a esta problemática, debemos siempre tomar la misma precaución y la juiciosa prudencia que los santos, y no creer en ese tipo de mensajes. San Juan de la Cruz, describe con las siguientes palabras la cuestión: 

"Y espántome yo mucho de lo que pasa en estos tiempos, y es que cualquier alma de por ahí, si siente algunas locuciones de éstas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por Dios, y suponen que es así, diciendo: Díjome Dios; respondióme Dios; y no será así, si no que, como hemos dicho, ellos las más veces se lo dicen". (San Juan de la Cruz, Sub. II, 29, n. 2). 

LA APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE, UNA APARICIÓN VERDADERA Y PLENAMENTE APROBADA POR LA IGLESIA CATÓLICA 

En las informaciones para el proceso de Guadalupe, llevadas a cabo en 1666 en Cuautitlán, lugar donde naciera Juan Diego, se interrogó a ocho testigos indios, que habían escuchado de sus mayores la respuesta confiable a estas preguntas planteadas, utilizando el cuestionario elaborado en Roma, para certificar estas tres condiciones, sobre el modo de las apariciones, la persona del vidente y los efectos que se siguieron. Las respuestas fueron suficientes y aprobadas como tales por la Congregación Romana, que al fin, después de 88 años (1754) concedió las tres gracias solicitadas por México, misa oficio y fiesta especiales para Nuestra Señora de Guadalupe. 

Vive la iglesia profundamente angustiada por la falta de fe que encadena al hombre actual, muy oprimido y cercado por las preocupaciones y anhelos de lo material. Paulo VI volvió muchas veces a este tema en sus homilías y discursos, lo mismo que Juan Pablo II que no cesaba de clamar por el regreso a la fe y a la Civilización del amor. 

La virgen se ha aparecido en diversos puntos del orbe, insistiendo en los mismos mensajes de oración, penitencia y espiritualismo, para contrapesar la enfermedad del materialismo obeso que desgasta a los gobiernos y a los individuos. En el libro Se nos Apareció la Virgen, de la periodista colombiana Salma Tabet del Río se enumeran algunas de las más conocidas apariciones que se reportan en el ancho mundo (Editorial Elektra, Bogotá, 1992). 

1 - Guadalupe, México, 1531.
2 - Medalla milagrosa, París, 1830.
3 - La Salette, Francia, 1846.
4 - Lourdes, Francia, 1858
5 - Pontmain, Francia, 1871.
6 - Fátima, Portugal, 1917.
7 - Beauraing, Bélgica, 1932.
8 - Banneux, Bélgica, 1933.
9 - Siracusa, Italia, 1953.
10 - Heede, Alemania, 1937.
11 - Alto de Umbe, Bilbao, España, 1941.
12 - Bonata, Italia, 1946.
13 - Marienfried, Alemania, 1946.
14 - Garabandal, España, 1961.
15 - San Damiano, Italia, 1964.
16 - Nowra, Australia, 1968.
17 - Akita, Japón, 1973.
18 - Bayside, Estados Unidos, 1968.
19 - Cuapa, Nicaragua, 1980.
20 - El Escorial, España, 1981.
21 - Kibeho, Ruanda, desde 1981.
22 - Peñablanca, Chile, 1983.
23 - Cuenca, Ecuador, 1988.
24 - Medugorje, Yugoslavia, 1991. 

Aunque no todas gozan del mismo grado de credibilidad, pero han pasado ya el tamiz de la aprobación eclesial o está su proceso bajo estudio y examen aprobatorio. 

APROBACIÓN DE LA IGLESIA A LAS APARICIONES MARIANAS 

Nunca se da de manera directa y explícita; más bien se acepta el hecho, si no se encuentra nada que contradiga la recta teología o la fe de los fieles. En el periódico romano La civiltá cattolica, del 20 de septiembre de 1980, se comentaba este punto: 

"A pesar de la verdad y certeza de las apariciones que dieron origen a innumerables santuarios, especialmente de la Santísima Virgen, es de admirar el modo circunspecto y reservado, con que, aún en estos casos, procede la Iglesia: la cual en los mismos diplomas en que aprueba la fundación de este o de aquel santuario y les concede gracias y privilegios, las más veces omite mencionar la aparición, de la cual tuvo origen el santuario, o bien, si la refiere, lo hace con las expresiones, se dice, se cree, ud fertur, ut pie creditur. Pero con esto la Iglesia no pretende sembrar dudas, ni autorizar el escepticismo sobre los hechos, en los cuales cada entendimiento, no obcecado de prejuicios, ve claramente la intervención sobrenatural: sino que sólo se abstiene de dar una sentencia, la cual muchas veces sería muy difícil formularla en fuerza de rigurosos procedimientos jurídicos, y después de todo, porque nada, en la práctica, sería necesaria". 

En el caso de la Guadalupana, la Iglesia ha sido más explícita y benigna que con otras apariciones marianas, como lo demostró el Papa Benedicto XIV, que aprobó las tres gracias de fiesta, oficio y misa propia, no con un rescripto de la Congregación de Ritos, como solía hacerse, sino con unas "Cartas Apostólicas" del mismo Papa, que le llevó a declarar festivamente ante el procurador enviado por México, el padre Francisco López S. J.: que "había hecho por los mexicanos y en obsequio de la Virgen Guadalupana, más que por los italianos en honor de la Santa Casa de Loreto". 

Benedicto XIV admiro a la Virgen del Tepeyac. Cuenta el padre Antícoli: 

"A la vista de la Santa Imagen (una pintada por Cabrera) quedose sorprendido y como suspenso el Papa y enterneciose hasta las lágrimas; y después de un breve silencio, preguntó al padre López: ¿Así es? Si, beatisimo padre, respondió aquel; pero no digo bien, que no es así: que esta copia, aunque está sacada por el más diestro pincel de México, no es más que un borrón en comparación del divino original". Y habiéndola el Papa examinado con más atención, pronunció aquellas palabras del Salmo 147: nom fecit taliter omni nationi: "no lo hizo así con otras naciones. Si yo estuviera en aquel país, iría a visitar el santuario, no solamente con los pies descalzos, si no andando el camino de rodillas". 

En la petición de estas tres gracias se afirmaba claramente: "cómo Juan Diego desplegó su tilma y apareció, no sólo sobre, sino contra todas las reglas de pintura, la Imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe". Por eso Pío XII comentaría: es "Una imagen pintada no por manos humanas", la misma frase que el presidente de México, Adolfo López Mateos repitió ante una rueda de periodistas burlones, en Río de Janeiro, Brasil. 

Benedicto XIV aprobó explícitamente la devoción a nuestra Virgen Guadalupana: "Aprobamos y confirmamos con nuestra autoridad Apostólica la devoción de la Santísima Virgen María, bajo el título de Guadalupe, cuya sagrada imagen se venera en la magnífica iglesia colegiata, extramuros de la Ciudad de México... decretamos que la Madre de Dios, llamada Santa María de Guadalupe, sea reconocida y venerada como Patrona Principal de Nueva España". 

Para juzgar de la verdad sobrenatural de las apariciones o revelaciones hechas a un solo testigo, la Sagrada Congregación de Ritos establece tres condiciones: La persona del que las recibe, sus costumbres y santidad de vida: el examen riguroso de sus afirmaciones, de las señales que ofrece, y los efectos que deben mostrarse en la perfección de todo lo que es sobrenatural. Juan Diego muestra en las informaciones de Cuautitlán (1666) una consistente pureza de costumbres, confirmada por los testigos que depusieron en aquel proceso. 

El examen bastante riguroso de sus afirmaciones lo realizó el propio Zumárraga: "El Señor Obispo, para cerciorarse, le preguntó muchas cosas, dónde la vio y cómo era. Y el refirió todo perfectamente... explicó con precisión la figura de Ella, la siempre Virgen Santísima Madre del Salvador, Nuestro Señor Jesucristo... Viendo el Obispo que ratificaba todo, sin dudar ni retractar nada..." 

En los efectos, que se siguieron y se siguen, de la aparición no es necesario insistir, por diáfanos y evidentes: "Desenvolvió luego su blanca manta, pues tenía en su regazo a las flores; y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes Rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyac, que se nombra Guadalupe. Luego que la vio el Señor Obispo, él y todos los que allí estaban, se arrodillaron: mucho la admiraron; se levantaron a verla; se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaban con el corazón y el pensamiento. 

El Señor Obispo con lágrimas de tristeza oró y le pidió perdón de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato. Cuando se puso en pie, desató el del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibujó y apareció la Señora del cielo". 

Es suficiente que esta aprobación de la Iglesia se dé con los hechos, aunque no se encuentren documentos, que se han podido perder con la destrucción del tiempo y la incuria de los hombres. 

Pero los dos primeros Arzobispos de México, Zumárraga y Montúfar, dieron público testimonio de su aprobación al hecho: Decididamente por parte de Zumárraga hubo aprobación expresa y pública; pues de las relaciones antiguas y de las Informaciones de 1666, consta que el Santo prelado, después de haber examinado muy bien el caso, hizo proclamar solemnemente el prodigio de la aparición en las ferias o mercados que se llaman tianguis: y en aquel tiempo aciago no había otro modo mejor. (Informaciónes. Respuestas a la 2ª pregunta en las páginas 19, 23, 38, 43...). Léase también lo que escribe el Padre Florencia en su obra Estrella del Norte, cap. VIII: Que el Ilustrísimo Montúfar aprobara expresa y públicamente la aparición lo demuestran los sermones que predicó en su honor y el proceso que instituyó contra aquel controvertido predicador, el cual en un sermón se atrevió a condenar por esto al Ilustrísimo Montúfar "para aquella devoción (de Nuestra Señora de Guadalupe) aprobarlla y tenerlla por buena, era menester haber verificado milagros y comprobado con copias de testigos". En fin, esta distinción entre la aprobación solemne y formal y la aprobación ordinaria y real, no es nueva ni desconocida; si no se hizo mucho uso de ella, es porque no hubo ocasión de hacerlo; pero en cuanto esta se presentó no dejaron de mencionarla. Por ejemplo, el canónigo Conde y Oquendo en su Disertación Histórica (Tomó 2, c.V, pág. 9), tratando de este mismo asunto escribe: "y yo pregunto con mucha confianza: ¿No fue esta (la procesión y colocación de la Santa Imagen hecha por Zumárraga) una solemnísima aprobación de hecho del nuevo milagro, practicada delante de toda la cristiandad mexicana? ¿Qué papel podrían hacer las resmas de autos al lado de este hecho público y de un hecho autorizado por un Obispo santo y sabio?" (HA) 

CONCLUSIÓN 

Ante el actual fenómeno de apariciones, revelaciones y mensajes de la Virgen María y de Jesucristo, que por lo general al ser falsos, contienen errores doctrinales y herejías que muchas de las veces terminan en franca rebelión contra la Iglesia y cismas cuando no son aprobadas. Lo mejor es alejarse de ellas y esperar la decisión de la Iglesia Católica. Y aún en el supuesto de ser "aprobadas", lo que significa que son "dignas de creerse", "que no contradicen" la doctrina de la Biblia y el Magisterio de la Iglesia, pero, NO ES OBLIGATORIO CREER EN ELLAS. 

PAX ET BONUM

Fuente Enciclopedia Guadalupana


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