lunes, 22 de octubre de 2018

¿Dónde está Cristo en tu sexualidad?


¿DÓNDE ESTÁ CRISTO EN TU SEXUALIDAD?
Por Álvaro Molina 

Muchos católicos ponen a San Antonio de cabeza para que les busque pareja. Pero esa superstición, que más bien degrada grandemente la vida consagrada de San Antonio, no lleva a ningún lado y no acerca a Cristo a sus vidas. 

Quedaste embarazada de tu novio y no sabes qué hacer, porque él no quiere responsabilizarse. Te casaste no hace mucho pero dentro de poco estarán divorciados, porque descubrieron que son compatibles solamente en lo sexual, y no siempre. Las prácticas homosexuales ya no te satisfacen y quieres abandonarlas pero no sabes cómo hacerlo. La pornografía te tiene en sus redes y no sabes cómo escapar. Le eres infiel a tu cónyuge. Te contagiaste de una enfermedad incurable debido a tu promiscuidad. 

A todo lo anterior, y a muchas otras situaciones más, relacionadas con la sexualidad, le cabe una pregunta: ¿Dónde dejaron a Cristo? Si reconocen a Cristo como el Señor, ¿Alguna vez lo invitaron a ser el Señor de sus vidas sexuales? 

Muchos puritanos se sonrojarán y clamarán por más respeto para Cristo. Pero recordemos que Cristo es el Señor, el que se supone debemos dejar que gobierne nuestras vidas, por completo, incluyendo lo sexual. De otro modo, Cristo no sería el Señor, sino que sería solo un mayordomo con poderes limitados, dejándonos a nosotros como nuestros propios señores. 

Cuando pasan catástrofes en lo sexual, es porque decidimos dejar a Cristo fuera de nuestra sexualidad. Le decimos el Señor, pero en lo sexual no le dejamos mandar, sino que mandamos solamente nosotros. Ahí es cuando nos volvemos dioses de nosotros mismos en nuestra sexualidad, y por eso nos ocurren tantas desgracias relacionadas con lo sexual. 

¿Dejaría de haber divorcios o enfermedades venéreas si dejáramos entrar a Cristo en nuestra sexualidad? Claro que sí. O por lo menos las cosas andarían mucho mejor de lo que hoy andan. No podemos olvidar que la obediencia no es precisamente nuestro común denominador, lo cual hará que siempre haya uno que otro que se salga del buen camino, pero serían casos en mucha menor cuantía. 

Nuestra actual sociedad híper sexualizada ha caído en la trampa de que lo sexual es la máxima expresión de la relación de pareja. También nos quiere hacer caer en la trampa de que las sensaciones son lo más importante, que sentirnos bien es lo fundamental. Además esa misma sociedad ha promovido que los valores morales son cosa del medievo, que la castidad y la fidelidad son aburridas, que una vida llena de picantes relaciones furtivas, que colmen nuestros sentidos, es la mejor forma de disfrutar la vida. De ahí que hoy tengamos tantas adolescentes embarazadas, muchísimas de ellas de apenas 16 o 15 años de edad. 

¿Tu salvación vale hacerte un aborto? ¿Tu salvación vale unos momentos de placer con esa otra persona que no es tu cónyuge? ¿Tener sexo libre es mejor que alcanzar la vida eterna? ¿Tu matrimonio se basa solo en lo sexual? ¿Crees que sólo los heterosexuales solteros están llamados a la castidad? ¿Crees que la pornografía es inofensiva y que no te afecta? Jesús, en San Mateo 10,15 confirmó que los pecados de índole sexual son castigados. De manera que al no invitar a Cristo a nuestra vida sexual, estamos jugando con nuestra salvación. Los pecados sexuales son pecados mortales, por ende pueden ser causa de que perdamos nuestra salvación. 

Si decimos que Cristo es el Señor, pues tiene que serlo, pero de toda nuestra vida. Tenemos que invitar a Cristo a nuestra sexualidad. Tenemos que dejarlo ser el Señor de nuestra vida íntima y afectiva para que Él sea quien la gobierne. Solo así podremos vivir una sexualidad sana, sin riesgos, saludable y fuerte, como Dios quiere. Solo así las relaciones de pareja contarán con su bendición. Solo así los noviazgos serán castos y cumplirán con su legítima finalidad: la de preparar bases sólidas para el matrimonio. Solo con Cristo, gobernando nuestra sexualidad, dejará de haber tanta adolescente embarazada. Solo con Cristo en nuestra vida íntima dejarán de ser necesarios los métodos anticonceptivos y entrarán los métodos naturales de planificación familiar. Solo con Cristo como Señor de toda nuestra vida, dejarán de haber tantos abortos. 

Cristo quiere que tengas una vida plena, pero eso solo será posible lejos del pecado y del desorden sexual. Si eres soltero, abraza la castidad. Si eres casado, abraza tu matrimonio. Tu salvación no vale unos momentos de placer, ni un aborto, ni una infidelidad. Ábrele la puerta de toda tu vida a Cristo, hazlo hoy.


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