Una wed feminista explica por qué cada vez más jóvenes se unen al movimiento provida


UNA WEB FEMINISTA EXPLICA POR QUÉ CADA VEZ MÁS JÓVENES SE UNEN AL MOVIMIENTO PROVIDA

Hoy defender la vida es una forma de rebeldía frente a esa ideología mayoritaria. Pero ¿es ése el único motivo que atrae a los jóvenes al movimiento provida? Más que una ideología, el progresismo ya parece una fábrica de tapones para ideas: ya no quiere debatir, sólo censurar y señalar al que discrepa.

El progresismo está viendo amenazada la hegemonía ideológica que ejercía en muchos países occidentales. Esto también ocurre en uno de los feudos de la corrección política: Canadá.

Este jueves, la web feminista canadiense Flare publicaba un reportaje preguntándose por qué cada vez hay más jóvenes en el movimiento provida de Canadá. Precisamente ayer se celebró la March for Life de Ottawa. Según Flare, esta manifestación provida de carácter anual fue convocada por primera vez en 1998 con una asistencia de sólo 700. El año pasado fueron 15.000. Ayer la March for Life fue un nuevo éxito, como muestra este vídeo a cámara rápida de LifeSiteNews:


Según Flare, “el movimiento contra el aborto está ganando un nuevo impulso, en gran parte debido a los adolescentes y veinteañeros que están educados, motivados y listos para marchar”. Josie Luctke, una de las dirigentes de la organización provida canadiense Campaign for Life Coalition, ha dado a Flare una de las claves de este auge del movimiento provida entre los jóvenes: ser provida es la contracultura en la sociedad actual, donde el pensamiento predominante es abortista.

Hoy defender la vida es una forma de rebeldía frente a esa ideología mayoritaria. Pero ¿es ése el único motivo que atrae a los jóvenes al movimiento provida? Por supuesto que no.

La rabia del movimiento abortista contra las imágenes de abortos
La web feminista no lo dice claramente, pero la lectura de su artículo demuestra la rabia que provoca las imágenes gráficas de abortos entre el movimiento abortista. Flare cita el caso de Claire LeBlanc, una joven abortista de 22 años que tuvo conocimiento de que se iba a convocar una Marcha por la Vida en Toronto por primera vez. LeBlanc se decidió a protestar contra la marcha provida con unos argumentos muy pobres: “La retórica contra la elección no es bienvenida en nuestra ciudad o en nuestro país”, dice la joven, como si ella tuviese la autoridad para negar la libertad de expresión de aquellos canadienses que no opinan como ella.

LeBlanc también afirma que “esa mentalidad es anticuada e inoportuna”, recurriendo a la falacia ad novitatem, según la cual una afirmación es correcta por el mero hecho de ser nueva y una afirmación es falsa si se viene defendiendo desde hace muchos años. Según esa falacia, en la Alemania de 1933 lo correcto sería el nazismo, que era muy nuevo, y no la democracia, que era más antigua.

A falta de buenas razones los abortistas apuestan por la censura

Flare muestra otra de las claves del declive del movimiento abortista cuando dice que LeBlanc y otros colegas abortistas “planean interrumpir la Marcha por la Vida de Toronto al bloquear físicamente su ruta”, además de “crear ruido” para ahogar los mensajes provida y mostrar “señales de advertencia de contenido” para intentar que los espectadores no vean las “imágenes a menudo horripilantes” que los provida exhiben en sus carteles.

Estas actitudes son las propias de una persona que se considera incapaz de aportar argumentos válidos a un debate y prefiere tapar la boca a sus rivales por miedo a que sus argumentos resulten más convincentes. A falta de buenas razones, el movimiento abortista apuesta por la censura: una actitud asociada durante años a actitudes reaccionarias, aunque en realidad haya sido aplicada con mucha frecuencia por la izquierda. Esta apuesta por la censura es el error más grave del movimiento abortista.

Recurrir a la censura cuando estás perdiendo un debate es un signo claro de comportamiento tramposo y deshonesto
Cuando un espectador imparcial observa que alguien intenta impedir la libre expresión de ideas que son razonables y legítimas como las provida, el mensaje que recibe es que las personas censuradas tienen la razón y que esa censura no tiene otro fin que impedir que se sepa la verdad.

Dicen ser ‘proelección’ pero no te dejan elegir libremente tus ideas
Además, al aplicar esa censura el movimiento abortista entra en contradicción con sus propios postulados ideológicos. Si se dicen “pro-elección”, ¿por qué no permiten a la gente elegir a quién escuchar y decidir si una idea les parece razonable o no? Recurrir a la censura cuando estás perdiendo un debate es un signo claro de comportamiento tramposo y deshonesto.

El progresismo lleva décadas atribuyéndose facultades como la tolerancia, el pluralismo y el respeto al diferente, y sin embargo recurre a la represión de ideas cuando carece de buenos argumentos para contestarlas. Muchos jóvenes se dan cuenta de lo hipócrita que es esta actitud. Pero además, con esa censura se genera un sentimiento de empatía hacia los censurados y de rebeldía contra los censuradores.

La izquierda ha apelado muchas veces a la rebeldía y ha caracterizado a la derecha como autoritaria y represora, pero sin embargo muchos jóvenes observan que ese papel autoritario y represor lo ejerce ahora la izquierda, y una actitud rebelde se vuelve contra ella.

El absurdo de decir “personas con útero” para no decir “mujeres”

Otro motivo del declive del movimiento abortista es la falta de sentido común y el distanciamiento de la realidad. Por ejemplo, en Flare LeBlanc se refiere a las mujeres como “las personas con útero”, como si decir “mujer” fuese políticamente incorrecto. Es absurdo.

La ideología progresista ha proyectado sus dogmas sobre nuestra sociedad recurriendo a la manipulación del lenguaje, hablando, por ejemplo, de “interrupción del embarazo” para hablar del aborto y creando otros eufemismos para disfrazar la atrocidad de sus tesis. Al mismo tiempo, se han creado palabras-policía para demonizar a los que discrepamos de esas tesis. En el imaginario izquierdista, los conservadores son “fascistas”, los provida son “anti-elección”, los que defienden la familia son “homófobos”, los que se oponen a la inmigración ilegal son “xenófobos”, y quienes critican al Islam son “islamófobos” y “racistas”.

En el fondo, más que una ideología, el progresismo ya parece una fábrica de tapones para ideas: ya no quiere debatir, sólo censurar y señalar al que discrepa. Una actitud muy poco convincente y que está abocada al fracaso: no se puede pretender que toda una sociedad renuncie a pensar libremente por el hecho de que la izquierda sea incapaz de aceptar la discrepancia. Cada vez más jóvenes se están dando cuenta de ello.

* Publicado originalmente en Contando Estrelas.

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