La cárcel como santuario. (La columna del Padre José Francisco Gómez)


Antonio Gramsci (1891-1937) fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, y autor de obras fundamentales para la sociología política como ‘Cuadernos y Cartas de la Cárcel’. Apresado por las huestes de Mussolini, no obstante disfrutar de inmunidad parlamentaria, fue acusado de actividad conspirativa, instigación a la guerra civil, apología del delito e incitación al odio de clase.

Nunca gozó de buena salud, y su estancia en prisión la empeoró poco a poco. Cuentan los biógrafos que, a causa precisamente de sus malestares físicos, il Duce decidió otorgarle la libertad, a lo que Gramsci se negó, sosteniendo que jamás había cometido un delito. Cayó en coma y murió en un hospital romano, absuelto, pero sin haber aceptado una indigna liberación.

María Luisa Villanueva Márquez pasó 25 años en el Centro Femenil de Reinserción Social ubicado en el municipio de Xochitepec, Morelos. Fue acusada de secuestro. Originaria de Guerrero, y con mínima escolaridad -no sabía lo que significaba esa palabra, secuestro, en el momento de su detención- tuvo que aprender en el reclusorio la connotación de su supuesto delito.

El pasado dos de febrero, una foto en la que se ve cómo dos custodias la cargan para sacarla a la fuerza del penal, dio la vuelta por todo México. ¿Cómo es posible que alguien no quiera alcanzar la libertad, después de cinco lustros sin ella?, se preguntaron muchos. Pues María Luisa se negaba mientras se le mantuviera el status de culpable: exige, ahora en la calle, que se le declare inocente.

El obispo nicaragüense de Matagalpa, Rolando Álvarez, se encontraba desde el 19 de agosto del año pasado en arraigo domiciliario. El régimen de Daniel Ortega lo acusó de conspiración contra el Estado y propagación de noticias falsas en las redes sociales. A partir de este nueve de febrero, el prelado duerme en la cárcel La Modelo, ubicada a las afueras de Managua, a donde son enviados los críticos del gobierno.

¿Qué pasó? ¿Por qué se expone a ser declarado culpable, a perder su nacionalidad jurídica y a pasar encarcelado más de 20 años? Pues resulta que Daniel Ortega quiso desterrar a 220 presos políticos hacia los Estados Unidos, entre ellos Álvarez. La noche previa fue sacado de su casa y conducido al aeropuerto, pero se negó a subir al avión: no aceptó la libertad a cambio de abandonar a su grey.

En los tres casos, y con personajes tan diversos -un diputado comunista italiano, una humilde mujer mexicana y un obispo católico centroamericano- estamos ante personas que decidieron mantener su dignidad, aún a costa de su independencia.

Y es que, acostumbrados a las notas periodísticas que presentan a las penitenciarías como verdaderos infiernos, en donde los reclusos sufren todo tipo de vejaciones y los capos toda suerte de privilegios, el testimonio de estos héroes es edificante. Han convertido a los presidios en verdaderos santuarios, en donde las rejas no les impiden pensar y amar sus ideales, y el calabozo encerrará sus cuerpos pero no sus espíritus capaces de trascender.

Pro-vocación

El Sínodo General de la Iglesia en Inglaterra -anglicanos- ha respaldado el que las parejas del mismo sexo puedan recibir una bendición. No, no se asuste, no se trata de matrimonios, sino de bendiciones. La obispa de Londres, Sarah Mullally, sabe que la propuesta no será suficiente para muchos y será demasiado para otros. ¿Y la Iglesia Católica? ¿Cuándo se animará a dar el paso?

Autor: Padre José Francisco Gómez Hinojosa. Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México). 

1 comentario:

  1. Truculenta forma de divulgar con "apoyos" un tema que está fuera del fondo del artículo.

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