¿Dios sigue amando a los que se fueron al infierno?


Para abordar esta pregunta, es importante analizar la naturaleza del amor de Dios y su relación con el libre albedrío humano.

La Biblia nos enseña que Dios es amor (1 Juan 4,8) y que su amor es incondicional y eterno. Sin embargo, también nos enseña que Dios respeta nuestra libertad y nos da la capacidad de elegir entre el bien y el mal. En su amor infinito, Dios desea que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2,4).

El infierno, como lo describe la Iglesia Católica, es la separación eterna de Dios, elegida libremente por aquellos que rechazan su amor y se alejan de él. Es importante destacar que Dios no envía a nadie al infierno; más bien, es una elección libre y consciente de aquellos que rechazan la salvación y la reconciliación con Dios.

Aunque aquellos que están en el infierno han hecho una elección definitiva de alejarse de Dios, esto no significa que Dios deje de amarlos. Su amor es inmutable e incondicional, y su deseo de salvación para todos los seres humanos no disminuye. Sin embargo, el infierno es una realidad en la que aquellos que han rechazado a Dios han elegido permanecer.

La Biblia nos enseña que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ezequiel 18,23). Su amor y misericordia son infinitos, y siempre está dispuesto a perdonar y recibir a aquellos que se arrepienten sinceramente de sus pecados. Sin embargo, también respeta nuestra libertad y no nos obliga a aceptar su amor y salvación.

Es importante recordar que el infierno no es un castigo impuesto por Dios, sino una consecuencia natural de la elección libre y consciente de alejarse de él. Aquellos que se condenan al infierno han rechazado el amor y la misericordia de Dios y han elegido vivir separados de él por toda la eternidad.

Aunque Dios sigue amando a aquellos que se han condenado al infierno, su amor no puede forzar la reconciliación o la salvación. La condenación al infierno es el resultado de una elección libre y consciente de alejarse de Dios y rechazar su amor y misericordia.

Es importante recordar que el amor de Dios es incondicional y eterno, pero también está en armonía con su justicia. Aquellos que se condenan al infierno han elegido libremente vivir separados de Dios y enfrentar las consecuencias de sus acciones.

Como sacerdote católico, mi deber es guiar a los fieles hacia la santidad y promover los valores y enseñanzas de la Iglesia. Esto incluye enseñar sobre el amor incondicional de Dios, su deseo de salvación para todos los seres humanos y la realidad del infierno como una consecuencia de nuestras elecciones libres.

Es importante recordar que Dios siempre está dispuesto a perdonar y recibir a aquellos que se arrepienten sinceramente de sus pecados. Su amor y misericordia son infinitos, y su deseo es que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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