Obispo que se negó a participar en el Sínodo por estar “ideológicamente viciado”; los fieles piden al Vaticano que suprima la diócesis


Wolfgang Haas fue criticado en 2021 por considerar que el Sínodo estaba “ideológicamente viciado”

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Una asociación de laicos católicos de Liechtenstein ha vuelto a pedir la disolución de la Arquidiócesis de Vaduz y “el fin del aislamiento”. La razón, tal como recoge Katholisch, es la gestión de su obispo, Wolfgang Haas, quien se negó el pasado 2021 a entrar en la fase diocesana del Sínodo de la Sinodalidad.

“Definitivamente queremos volver a conectarnos con la diócesis de Chur o posiblemente con la diócesis de Sankt Gallen o Feldkirch” en Austria, dijo el teólogo Günther Boss, perteneciente a la Asociación para una Iglesia Abierta, ya que, según él, durante el mandato de Haas el principado experimentó “una secularización acelerada” debido al carácter “muy conservador” del arzobispo. Mientras, Haas cumplía ayer 75 años, la edad en la que, según el Derecho Canónico, debería presentar su renuncia ante el Papa, pero los laicos asumen que la Santa Sede nombrará un nuevo arzobispo a su debido tiempo.

“Que sea muy conservador no es el único problema de Haas”, explicó el teólogo, que considera aún más grave el hecho de que no tenga “cualidades directivas de ningún tipo, no sabe organizar y actúa torpemente en relación con los medios de comunicación”. Asimismo, Boss denuncia que la Arquidiócesis de Vaduz es conocida por el hecho de que aquellos aspirantes al sacerdocio que son rechazados en sus diócesis de origen, “son formados y ordenados” en ella.

El Sínodo, “ideológicamente viciado”

Haas se bajaba del carro del Sínodo de la Sinodalidad porque, según él, “en nuestra pequeña archidiócesis podemos abstenernos de llevar a cabo un proceso tan complejo y a veces incluso complicado, que en nuestras latitudes corre el riesgo de convertirse en algo ideológicamente viciado”. El prelado defendía de esta manera, en un comunicado que hacía público la diócesis, que entre las parroquias y los agentes de pastoral con los sacerdotes había un contacto estrecho “de modo que siempre ha sido y es posible un intercambio intelectual y espiritual”.

“Todos los que lo deseen pueden dialogar entre sí, escucharse y mantener una comunicación personal sobre sugerencias, deseos e ideas en la vida cotidiana de la Iglesia”, señalaba. Recordaba, además, que hay consejos parroquiales y órganos de participación en las instituciones eclesiásticas en las que los responsables pueden gozar de “una interacción responsable, con tacto y sensibilidad”.

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