¿Por qué el catecismo dice que el ser humano tiene un "deseo de Dios"?


Me alegra que me hagas esta pregunta sobre el deseo de Dios. El catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que todos los seres humanos tenemos un deseo innato de Dios, porque Él mismo ha puesto ese anhelo en nuestro corazón. En el número 27 del catecismo, se nos dice que "el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar".

Este deseo de Dios es algo natural en nosotros, como una especie de vacío o inquietud que solo puede ser llenado por Él. A lo largo de la historia, los hombres y mujeres han buscado a Dios de diferentes maneras y a través de diferentes religiones, pero siempre ha habido un anhelo profundo de encontrar a Aquel que da sentido y plenitud a nuestras vidas.

La Biblia nos muestra este deseo de Dios en muchos pasajes. Por ejemplo, en el Salmo 42,2, el salmista dice: "Como el ciervo sediento busca corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío". Aquí vemos cómo el salmista compara su anhelo de Dios con la sed de un ciervo en busca de agua fresca. Es una imagen poderosa que ilustra la intensidad y la necesidad que tenemos de estar cerca de Dios.

En el Nuevo Testamento, Jesús también habla sobre este deseo de Dios. En el Evangelio de Juan, Jesús dice: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan, vivirá para siempre" (Juan 6,51). Jesús nos muestra que solo Él puede satisfacer nuestro deseo más profundo, solo Él puede llenar ese vacío en nuestro corazón.

Además de la Biblia, la patrística también nos ofrece una visión profunda sobre este deseo de Dios. Por ejemplo, San Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia, escribió en sus "Confesiones": "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". San Agustín nos recuerda que solo en Dios encontraremos la verdadera paz y satisfacción, y que nuestro corazón seguirá buscando hasta encontrarlo.

El catecismo de la Iglesia Católica también nos enseña sobre este deseo de Dios en el número 30, donde se nos dice que "el deseo de Dios es inherente a la naturaleza del hombre". Este deseo nos impulsa a buscar a Dios y a abrirnos a su amor y a su gracia. Es un recordatorio constante de que estamos hechos para algo más grande, para una relación íntima con nuestro Creador.

Entonces, hijo mío, el catecismo nos dice que tenemos un deseo de Dios porque Él mismo ha puesto ese anhelo en nuestro corazón. Es como si fuéramos un rompecabezas incompleto y solo encajáramos perfectamente en la presencia de Dios. Nuestro deseo de Dios es una invitación a buscarlo, a acercarnos a Él y a permitirle llenar nuestras vidas con su amor y su gracia.

Espero que esta respuesta haya sido útil, hijo mío. Recuerda que Dios te ama y siempre está cerca de ti. No dudes en acercarte a Él en oración y pedirle que te ayude a vivir de acuerdo con su voluntad. ¡Que Dios te bendiga y te acompañe en tu camino espiritual!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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