viernes, 12 de abril de 2019

Controla tu ira antes de que ella te controle a ti


CONTROLA TU IRA ANTES DE QUE ELLA TE CONTROLE A TI
Padre Óscar Chavarría

El tráfico ha se vuelto insoportable en nuestras ciudades y en las horas pico es todavía peor. Andamos estresados, malhumorados, peliando hasta con los semáforos.

Este mediodía, iba manejando y un muchacho con los auriculares de su celular puestos, se cruzó sin ver para ningún lado y de repente un motociclista que iba cruzando, ha tenido que esquivarlo y se cayó. Todo se detuvo en el semáforo, el muchacho le pedía disculpas, pero ha sido todo tan rápido que no lo había visto.

El motociclista, no solo no le ha escuchado, sino que se ha llenado de ira, y con gesto desafiante, lo ha empezado a insultar de una manera tan vulgar, que una señora que iba en el carro de al lado le ha dicho: ¡Perdónalo! Te ha pedido disculpas, gracias a Dios, no ha pasado nada, y te está diciendo que lo siente mucho, que no te había visto! ¿Qué más quieres que haga, que se ponga de rodillas? El joven siguió insultando y haciendo gestos.

Es increíble, pero sí nos fijamos un poco en la gente que nos rodea, nos daremos cuenta enseguida de que una gran cantidad de personas cargan de la mañana a la noche con una pesada mochila llena de ira y rencor.

Cada día la vida nos está dando a elegir y yo, desde luego, intento elegir ser feliz; tener armonía conmigo mismo, tranquilidad de espíritu, intentando no hacer daño a los demás, vivir y dejar vivir.

Creo que uno de los problemas importantes, está en esa mochila repleta de rencores, de rabias, de amargura, de ira, de negatividad, que la gente guarda como un tesoro, sin darse cuenta que les impide ser felices.

En estos casos, lo único que podemos hacer es permanecer serenos y no recibir esa rabia que les invade y que intentan transmitirnos. Todos deberemos reflexionar, y sí creemos que tenemos esa mochila a la espalda, la vaciaremos con las palabras: Lo siento, perdón, por favor, gracias… Y continuaremos nuestro camino, porque los rencores ya no nos interesan.

Tenemos que acostumbrarnos a no aceptar la rabia y el rencor ajenos, porque es algo “desestabilizante” y destructivo. No siempre podemos controlar la ira ajena, pero sí podemos controlar la nuestra, así que no aceptaremos cargar con malos rollos antiguos.

Nuestro cuerpo sufre recordando una mala experiencia, lo mismo que el día que nos sucedió, así que no volveremos hacia atrás ni para coger impulso, por salud mental.

Cada uno es dueño de sus actos y yo puedo elegir las emociones que quiero sentir y guardar. Yo elijo las buenas con un buen respiro de aire fresco.

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