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Papa Francisco denuncia el "maltrato" y "desprecio" de muchos Sacerdotes a los laicos; es "la gran derrota que nos trae el clericalismo”, afirma.


“Me gusta pensar en la Iglesia como un pueblo de Dios, un santo y una oveja, un pueblo llamado y convocado”. Con estas palabras iniciaba el papa Francisco su intervención, esta tarde, en la 18ª Congregación General de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Así, el Papa ha recordado que “Jesús, para su Iglesia, no aceptó ninguno de los esquemas políticos de su tiempo: ni fariseos, ni saduceos, ni fanáticos, ni zelotes. Me gusta pensar en la Iglesia como este pueblo sencillo y humilde que camina en la presencia del Señor (el pueblo de Dios). Este es el sentimiento religioso de nuestra comunidad”.

Un pueblo que, además, es “infalible en creer”. “La fe del pueblo, el alma de Dios del pueblo santo, tiene un alma, y ​​porque podemos hablar del alma de un pueblo podemos hablar de una hermenéutica, de un camino de verdad, de una conciencia”, ha aseverado Francisco.

“Los miembros de la Jerarquía provienen de esta comunidad y recibimos la fe de esta comunidad, generalmente de nuestras madres e hijos, ‘tu madre y tu hijo’ le dice Pablo a Timoteo, una mujer transmitida en dialecto femenino, como la Madre de los Macabeos que les hablaba ‘en dialecto’ a sus hijos”, ha continuado el Papa, subrayando que “la fe se transmite en dialecto, y generalmente en dialecto femenino”.

Contra el clericalismo

Esto, ha explicado, “no se debe solo a que la Iglesia es Madre y son precisamente las mujeres las que mejor reflejan; son las mujeres que saben esperar, saben descubrir el progreso de la Iglesia, del campo comunitario, si se aventuran más allá del límite, quizás con el corazón pero con valentía, y en la luz oscura de un día que comienza si buscan una tumba con la intuición de que pueden tener algo de vida”. “La mujer de la santa comunidad de Dios es el reflejo de la Iglesia”, ha aseverado Francisco. “La Iglesia es femenina, es madre”.

“Cuando los ministros salen de su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran la tribuna de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales”, ha continuado el Papa, recordando que “es doloroso encontrar la ‘lista de precios’ de los servicios sacramentales como en el supermercado”. Y es que “o la Iglesia es la comunidad de Dios en el camino, santos y pecadores, o acaba siendo una empresa de servicios variados”. “Cuando los agentes pastorales siguen este camino, la Iglesia se convierte en el supermercado de la salvación y los sacerdotes en empleados de una multinacional”, ha añadido.

Esta es, para Francisco, “la gran derrota que nos trae el clericalismo”. “Y el pueblo de Dios, el pueblo santo de Dios, continúa, con paciencia y humildad, soportando el desprecio, el maltrato y la marginación que parte del clericalismo institucional”.

Que los críticos del Sínodo lo recuerden: La Iglesia de 'Hechos de los Apóstoles' era Sinodal


En el libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos una rica narrativa sobre los primeros días de la Iglesia Cristiana, después de la ascensión de Jesucristo al cielo. Este libro bíblico, atribuido a San Lucas, nos proporciona valiosas lecciones sobre la naturaleza sinodal de la Iglesia primitiva y, por ende, establece un precedente importante para la estructura sinodal en la Iglesia Católica actual. A lo largo de este texto, se presentan diversas instancias en las que los apóstoles y otros líderes de la Iglesia se reunieron para tomar decisiones importantes y discernir juntos la voluntad de Dios. Estos episodios ilustran el poder y la eficacia del modelo sinodal en la toma de decisiones eclesiales.

El concepto de sinodalidad se deriva del griego "synodos", que significa "caminar juntos". En el contexto de la Iglesia, la sinodalidad implica que los obispos, considerados sucesores de los apóstoles, se reúnen para discutir temas importantes, tomar decisiones y discernir la voluntad de Dios para la Iglesia, pero escuchando también las voces y expresiones de los laicos en sus comunidades particulares, expresando que al final de cuentas todos los bautizados somos sacerdotes. Este enfoque refleja el espíritu de colegialidad y comunión que caracteriza a la Iglesia desde sus primeros días.

Uno de los pasajes más significativos que demuestran la naturaleza sinodal de la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles se encuentra en el capítulo 15, conocido como el Concilio de Jerusalén. En este evento, los apóstoles y los ancianos se reunieron para abordar la cuestión de si los gentiles convertidos al cristianismo debían seguir prácticas judías, como la circuncisión y el cumplimiento de la ley mosaica. Después de una discusión en la que se expresaron diferentes opiniones, y en la que muchos creyentes tomaron la palabra, los líderes de la Iglesia llegaron a un acuerdo conjunto, que fue comunicado a través de una carta a las comunidades cristianas (Hechos 15, 22-29). Este concilio ejemplifica el proceso sinodal de discernimiento y toma de decisiones, donde los líderes de la Iglesia y demás nuevos creyentes en Jesús se reunieron, discutieron, oraron y llegaron a una conclusión juntos.

Este modelo sinodal también está en consonancia con el magisterio de la Iglesia, que se refiere a la enseñanza autorizada de la Iglesia sobre la fe y la moral. La sinodalidad se basa en la convicción de que el Espíritu Santo guía a la Iglesia a través del discernimiento comunitario y la sabiduría colectiva de los líderes eclesiales. En este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica subraya la importancia de la comunión entre los fieles y los pastores, reconociendo que todos los bautizados participan en la misión de la Iglesia y tienen un papel importante en la transmisión de la fe (Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 899).

Además, el Papa Francisco ha hecho hincapié en la importancia de la sinodalidad en la Iglesia contemporánea. En su exhortación apostólica "Evangelii Gaudium", el Papa llama a una Iglesia sinodal que escucha, discierne y está en diálogo con el mundo. También ha convocado al Sínodo de los Obispos que se desarrolla en estos momentos sobre temas cruciales para la Iglesia y la sociedad contemporáneas, como la familia y la juventud. Estos esfuerzos demuestran el compromiso de la Iglesia Católica con el modelo sinodal y su relevancia continua en el mundo actual.

A pesar de los beneficios evidentes de la sinodalidad, algunos críticos dentro de la Iglesia han planteado objeciones y dudas sobre este enfoque. Algunos podrían argumentar que la sinodalidad conduce a la indecisión y la falta de autoridad, ya que implica un proceso de toma de decisiones más prolongado y consultivo en comparación con un liderazgo centralizado y jerárquico. Sin embargo, estas preocupaciones no tienen en cuenta el testimonio bíblico y la rica tradición de la Iglesia que respaldan el modelo sinodal.

En primer lugar, es esencial comprender que la sinodalidad no implica falta de autoridad, sino más bien una autoridad ejercida en comunión y diálogo. La Iglesia Católica, a través del Papa y los obispos en comunión con él, sigue siendo fiel a la enseñanza de Cristo y la Tradición apostólica. La sinodalidad no socava esta autoridad, sino que la enriquece al fomentar la participación activa y la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia en su misión.

En segundo lugar, la sinodalidad refleja el modelo de Iglesia como Pueblo de Dios, un concepto profundamente arraigado en el Concilio Vaticano II. Como pueblo santo y sacerdotal, todos los fieles tienen un papel vital en la vida y la misión de la Iglesia. La sinodalidad reconoce y valora la diversidad de dones y carismas presentes en la comunidad eclesial, promoviendo un ambiente donde la riqueza de las voces y perspectivas puede ser escuchada y apreciada.

En tercer lugar, la sinodalidad se basa en la confianza en la guía del Espíritu Santo. Jesús prometió a sus discípulos que el Espíritu Santo los guiaría hacia toda verdad (Juan 16:13). Esta promesa sigue siendo válida para la Iglesia hoy en día. El discernimiento sinodal implica un proceso de oración y escucha atenta al Espíritu Santo, confiando en que Él iluminará las mentes y los corazones de los líderes eclesiales para tomar decisiones que estén en consonancia con la voluntad divina.

En último lugar, la sinodalidad es un testimonio poderoso de amor y unidad en un mundo dividido y fracturado. Al adoptar un enfoque sinodal, la Iglesia muestra al mundo que es posible vivir en armonía y respeto mutuo, incluso en medio de las diferencias. Este testimonio es fundamental en un mundo donde el diálogo y la comprensión a menudo parecen estar ausentes.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Padre Radcliffe en el Sínodo: "Divorciados o gays se sienten marginados porque les hemos aplicado etiquetas"


“Muchas personas se sienten excluidas o marginadas en nuestra Iglesia porque les hemos aplicado etiquetas fáciles: ¡divorciados vueltos a casar, homosexuales, polígamos, refugiados, africanos, jesuitas!”. Así lo ha expresado esta mañana el P. Timothy Radcliffe, en su meditación en la IV Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad.

El dominico ha compartido con los padres y madres sinodales que “el fundamento de nuestro encuentro amoroso con los demás es, sin duda, nuestro encuentro con el Señor, cada uno desde nuestro lugar, con nuestros fallos, debilidades y deseos”, porque “Él nos conoce tal como somos y nos hace que seamos libres para encontrarnos con un amor que libera y no controla”.

“Evitar las etiquetas fáciles”

Asimismo, ha destacado que “en el silencio de la oración somos liberados, como la samaritana que junto al pozo encuentra al que la conoce totalmente, y esto la impulsa en su misión”. “Hasta ahora ha vivido avergonzada y oculta, temiendo el juicio de sus conciudadanos. Va al pozo en el calor del mediodía cuando no hay nadie más allí. Pero ahora el Señor ha iluminado todo lo que ella es y la ama”, ha agregado haciendo hincapié en el encuentro personal, en los que invita a todos los sinodales a formarse para “evitar las etiquetas fáciles”.

Hablando sobre la formación en sinodalidad, ha señalado que esto “significa aprender a ser personas apasionadas, llenas de deseos profundos”. Pero “para llegar a ser apasionados del Evangelio es necesario formarse en el amor no posesivo, un amor que ni huye del otro ni se apodera de él, un amor que no es ofensivo ni frío”, ha añadido.

“La formación en la sinodalidad nos quita los disfraces y las máscaras para que entremos en la luz”, aseguró el religioso, reclamando que “¡esto suceda en nuestros círculos menores!”.

¿Encabeza el cardenal Burke un sínodo paralelo?


La capa

El cardenal estadounidense Raymond Leo Burke está en campaña. Con el comienzo de la asamblea sinodal en Roma ha participado en distintos actos y se le ha visto más activo fuera del cómodo apartamento del que goza en las inmediaciones de la Plaza de San Pedro. En su cartel de presentación no podían faltar sus imágenes luciendo la ‘capa magna’, una prenda litúrgica medieval que solo se encuentra en uso en determinados grupos tradicionalistas.

Un perfil de Instagram de este tipo, ‘Mirari vos’, rescataba una de las apariciones de Burke con esta capa que, señalaban, “es un sacramental poderoso –como la sotana o cualquier vestidura litúrgica– porque aumenta la fe en los corazones de los creyentes y de los que aman a Cristo. Hay que estar entrenado y versado en la lectura de símbolos para entender por qué la Iglesia, en su sabiduría, ha preservado el uso de esta vestidura”. Tras señalar algunos datos de la vinculación del sacerdote a Cristo en su pasión apuntaban que “este sacramental en particular atormenta a los voluntariamente ciegos. Los envía, casi como un exorcismo, a un retorcimiento y agonía vengativos y rencorosos”.

Ante esos endemoniados que no saben apreciar el simbolismo de la capa, añadían los administradores del perfil que “se burlan de quienes ven la belleza del simbolismo cristocéntrico y lo tachan de anticuado o medieval. Sin embargo, se niegan voluntariamente a reconocer que allí donde se utiliza este símbolo tan digno, allí también están los jóvenes, acudiendo en masa a la auténtica comprensión del sacerdocio y a la solemnidad y seriedad del culto formal”.

Me parece que el pequeño vídeo que acompaña a este texto está grabado en una iglesia de Florencia atendida por el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote –profundizaremos en ella en el blog de la semana que viene–. Lo cierto es que a Burke se le ha visto con la prenda en otras celebraciones en Roma o Estados Unidos cuando en 2018, la usó en una ceremonia en la catedral de Washington, D.C. para celebrar el centenario de la fundación de la archidiócesis. Ahora bien, hay que decir que el purpurado también se ha puesto, más allá del gremial en la liturgia, un delantal para servir a los seminaristas del mismo Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote en la comida del Viernes Santo sin perder su dignidad cardenalicia o sin que se le caiga el anillo –también cardenalicio–.

Las ‘dubia’

Pero su principal ariete contra este signo no esta prenda litúrgica. Burke y sus seguidores quieren encontrar su particular ‘Pachamama’ en una carta con cinco ‘dubia’ que parece que tendrán poco recorrido entre los padres y las madres sinodales. No es solo que filtrar los ‘dubia’ que Burke junto a Brandmuller, Sandoval, Sarah y Zen le enviaron al Papa el 10 de julio (y que este les respondió privadamente al día siguiente), a 48 horas del Sínodo les haya servido para recabar nuevos apoyos; sino que las nuevas apariciones públicas tampoco están teniendo excesiva repercusión como la llamada conferencia internacional de ‘La Babel sinodal’ a la que acudieron Raymond L. Burke y Robert Sarah.

La ponencia de Burke llevaba por título ‘La sinodalidad contra la verdadera identidad de la Iglesia como comunión jerárquica’. Con esto ya no hacía falta mucho más. Simplemente defendió que “el Sínodo que hoy se abre esconde una agenda más política que eclesial y divina. Es clara la voluntad de modificar la constitución jerárquica de la Iglesia, con el consiguiente debilitamiento de la enseñanza en materia moral”, sin ninguna mención a la homilía o la apertura del Sínodo por parte del papa Francisco en la que podría encontrar algunos argumentos para apoyar su tesis más basada en el sínodo de lo medios que en el del Espíritu.

Mientras, contrasta pensar si la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles se parece más a las mesas redondas con doce personas venidos de todos los lugares del mundo o, en cambio, encuentra su reflejo en el cardenal de la capa magna, por mucho que una vez al año se ponga el delantal. Puede que la sinodalidad sirva para reforzar la auténtica autoridad de los cristianos que está en el servicio como lo vivió Cristo hasta el extremo y no en el poder que otorga la posición jerárquica. ¿Será esta la contraofensiva que tiene que durar hasta la sesión de octubre de 2024?

AUTOR: Mateo González Alonso 

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/


James Martin: "Hay muchos sacerdotes gays castos y célibes en la Iglesia. Es importante que se diga"


“Hay muchos sacerdotes gays castos y célibes en la Iglesia. Es importante que se diga. Sin embargo, insisto, es crucial señalar que estos sacerdotes llevan una vida casta y célibe, al igual que sus colegas heterosexuales, y dedican sus vidas al servicio en la Iglesia. Esto probablemente siempre ha sido así”, señala el jesuita estadounidense James Martin en entrevista con El Periódico en vísperas de su participación en el Sínodo sobre la Sinodalidad.

Destacado impulsor de la pastoral de acogida en la Iglesia a los miembros de la comunidad LGTBI, lo que ha valido estar permanentemente en el centro de la críticas de los sectores más conservadores de la Iglesia, Martin añade que, sobre el número de sacerdotes homosexuales en la Iglesia, “es imposible determinarlo debido al estigma que aún existe en torno a este tema”, dado que “muchos han sufrido en silencio debido a las burlas, incluso mientras servían en la Iglesia”, aunque, en todo caso, afirma que “estos sacerdotes han celebrado misas, bautizado a niños, celebrado matrimonios, visitado a enfermos en el hospital y enterrado a seres queridos”.

Designado específicamente por el papa Francisco para participar -y votar- en la próxima asamblea sinodal, cuya primera fase se inaugura en el Vaticano este 4 de octubre, su principal misión es llevar a ese escenario la voz de la comunidad LGTBI, una voz que ya se ha dejado oír en las fases previas diocesanas, nacionales y continentales, como confirma el también autor de Tender un puente (Editorial Mensajero).

“Personas que han participado en el instrumentum laboris me han dicho que la mitad de las diócesis de todo el mundo han mencionado la necesidad de una mayor acogida e inclusión de las personas LGTBI. Esto no se limita a Occidente, sino que se extiende por todo el mundo. Sin embargo, tampoco es sorprendente. A medida que más personas se identifican como LGTBI, más familias, parroquias y diócesis se ven afectadas. Por lo tanto, hay un interés natural y creciente en comprender cómo brindar atención pastoral a la comunidad LGBTQ”, señala en la citada entrevista con el diario catalán.

¿Tensiones en el Sínodo? "Probablemente"

Precisamente, esta cuestión, unida al tema de la ordenación de hombres casados, la participación de la mujer o una apertura en cuestiones sobre moral sexual ha llenado de expectativas este Sínodo -que ya no lo es solo de obispos-, por lo que se espera que durante sus jornadas surjan también tensiones.

“Eso es probablemente inevitable, pero no debemos temer a las tensiones. El primer sínodo en la historia de la Iglesia fue el Concilio de Jerusalén, que tuvo lugar alrededor del año 50 d.C. Hubo mucha tensión en ese momento, pero el Espíritu Santo aún pudo actuar”, señala al respecto el jesuita, quien, en todo caso, sobre lo que puede salir de esta asamblea sinodal se muestra cauto: “Para ser sincero, realmente no sé qué esperar. Creo que en esta primera reunión [la siguiente será el próximo año] nos centraremos en cómo dialogar entre nosotros y escucharnos mutuamente”. Lo cual ya no es poco.

Obispo que se negó a participar en el Sínodo por estar “ideológicamente viciado”; los fieles piden al Vaticano que suprima la diócesis


Wolfgang Haas fue criticado en 2021 por considerar que el Sínodo estaba “ideológicamente viciado”

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Una asociación de laicos católicos de Liechtenstein ha vuelto a pedir la disolución de la Arquidiócesis de Vaduz y “el fin del aislamiento”. La razón, tal como recoge Katholisch, es la gestión de su obispo, Wolfgang Haas, quien se negó el pasado 2021 a entrar en la fase diocesana del Sínodo de la Sinodalidad.

“Definitivamente queremos volver a conectarnos con la diócesis de Chur o posiblemente con la diócesis de Sankt Gallen o Feldkirch” en Austria, dijo el teólogo Günther Boss, perteneciente a la Asociación para una Iglesia Abierta, ya que, según él, durante el mandato de Haas el principado experimentó “una secularización acelerada” debido al carácter “muy conservador” del arzobispo. Mientras, Haas cumplía ayer 75 años, la edad en la que, según el Derecho Canónico, debería presentar su renuncia ante el Papa, pero los laicos asumen que la Santa Sede nombrará un nuevo arzobispo a su debido tiempo.

“Que sea muy conservador no es el único problema de Haas”, explicó el teólogo, que considera aún más grave el hecho de que no tenga “cualidades directivas de ningún tipo, no sabe organizar y actúa torpemente en relación con los medios de comunicación”. Asimismo, Boss denuncia que la Arquidiócesis de Vaduz es conocida por el hecho de que aquellos aspirantes al sacerdocio que son rechazados en sus diócesis de origen, “son formados y ordenados” en ella.

El Sínodo, “ideológicamente viciado”

Haas se bajaba del carro del Sínodo de la Sinodalidad porque, según él, “en nuestra pequeña archidiócesis podemos abstenernos de llevar a cabo un proceso tan complejo y a veces incluso complicado, que en nuestras latitudes corre el riesgo de convertirse en algo ideológicamente viciado”. El prelado defendía de esta manera, en un comunicado que hacía público la diócesis, que entre las parroquias y los agentes de pastoral con los sacerdotes había un contacto estrecho “de modo que siempre ha sido y es posible un intercambio intelectual y espiritual”.

“Todos los que lo deseen pueden dialogar entre sí, escucharse y mantener una comunicación personal sobre sugerencias, deseos e ideas en la vida cotidiana de la Iglesia”, señalaba. Recordaba, además, que hay consejos parroquiales y órganos de participación en las instituciones eclesiásticas en las que los responsables pueden gozar de “una interacción responsable, con tacto y sensibilidad”.

Sacerdote jesuita James Martin afirma: "Trabajar con cristianos LGBTQ está dentro de las enseñanzas de la Iglesia"

Escuchándolo en la mañana del domingo 30 de julio, en el gran auditorio del Colegio de São João de Brito, estaban más de cuatrocientos jóvenes que participan de Magis, el adverbio latino que significa “más, más grande” y que designa las iniciativas de los jesuitas en la pre Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Lisboa del 1 al 6 de agosto.

Entre los 26 talleres diferentes –oración, debate, profundización bíblica, talleres de arte…–, el encuentro con el padre James Martin, que trabaja con cristianos LGBTQ, fue el más concurrido de los más de dos mil participantes de Magis. Los jóvenes no quieren ser parte de una Iglesia que no los acepta como homosexuales –o que no acepta a sus amigos homosexuales, como dirá el padre Martín en esta breve entrevista con 7MARGENS, en la que también admite que “hay una mucha homofobia dentro de la Iglesia”.

Al final del encuentro, y durante varios minutos, el jesuita norteamericano respondió a muchas preguntas de los jóvenes de su entorno. En la reunión, el padre Martín tomó el episodio bíblico de Zaqueo, cuando Jesús le pide al recaudador de impuestos -un hombre que, por su profesión, estaba proscrito por la sociedad de su tiempo- que se quede en su casa. Jesús sale al encuentro de los que son detestados y detestados, responde James Martin a los jóvenes. Y varios de ellos quieren saber más sobre la interpretación de la Biblia en relación al tema de la homosexualidad y la forma en que la Iglesia Católica ha tratado el tema.

Respeto, compasión, sensibilidad: estas son las actitudes en las que insiste, repitiendo lo que propone en su libro Construindo Uma Ponte (Tender un puente, editorial Mensajero), publicado recientemente en Portugal.

El tema LGBTQ es uno de los mayores factores de fractura en la Iglesia católica en los Estados Unidos...

Desafortunadamente, es una fuente de división en la Iglesia en algunos lugares, lo cual es muy triste, ya que creo que la Iglesia en todas partes necesita cuidar de este grupo de personas que a menudo son objeto de violencia, palizas y acoso. También son quizás el grupo más marginado en la Iglesia de hoy. Podemos pensar en ellos como el hombre golpeado que yace junto al camino en la Parábola del Buen Samaritano.

-Usted ha sido muy criticado por eso. ¿Cómo reaccionas ante las críticas que recibe por tu trabajo?

Les recuerdo a las personas que no estoy desafiando las enseñanzas de la Iglesia; de hecho, las estoy apoyando, ya que Jesús nos pide que vayamos “a las periferias”, como nos recordó el Papa Francisco. Todo lo que hago, lo hago dentro del pensamiento de la Iglesia, sin desafiar el pensamiento de la Iglesia. Se trata de respetar a las personas, tener compasión y sensibilidad. Esta es la enseñanza de la Iglesia, no un desafío a la enseñanza de la Iglesia.

En cuanto a cómo lo trato internamente, recuerdo que no todos pueden quererme, amarme o aprobarme (no lo hicieron con Jesús, ¿por qué debería ser diferente?). Y también que algunas de estas personas son simplemente homofóbicas o, para usar una palabra infrautilizada, malas. Entonces, ¿por qué iba a prestar atención?

- Habiendo Jesucristo aceptado y querido que todo tipo de personas se acerquen a él, sin ninguna condición previa, ¿de dónde cree que viene esta dificultad de la Iglesia católica y de los católicos para acoger a las personas homosexuales?

Hay varias razones para esta oposición. Primero, tenemos que admitir que hay mucha homofobia en la Iglesia. Por lo tanto, a algunas personas simplemente no les gusta o incluso odian a las personas LGBTQ. ¿Por qué? Porque a menudo son vistos como “diferentes”, “extranjeros” u “otros”. Y eso significa que podrían ser un grupo que podemos tratar como casi menos humanos, o incluso chivos expiatorios. Siempre es así en las sociedades. Pero esto depende de dónde vivas y de la cultura de la que vengas.

En segundo lugar, algunas personas piensan que aceptar y dar la bienvenida a las personas LGBTQ va en contra de las enseñanzas de la Iglesia, lo cual no es el caso. El Catecismo, de hecho, dice que debemos tratarlos con “respeto, compasión y sensibilidad”…

- Palabras a las que vuelve en su libro…

Sí. Y esto, por no hablar de la acogida de Jesús a los marginados: el centurión romano, la mujer del pozo, Zaqueo, entre otros. Finalmente, están los que piensan que todas estas personas son “pecadores”. Pero claro, todos somos pecadores, y la vida de nadie se ajusta al 100% a las enseñanzas de la Iglesia.

Como ejemplo, piense en todas las parejas heterosexuales que usan anticonceptivos. En los Estados Unidos, es alrededor del 80%. No estoy seguro de si en Portugal es un número tan alto, pero es una parte importante de la población. Pero nadie dice: “Las parejas casadas son repugnantemente pecaminosas. ¿Por qué los dejamos entrar en nuestras iglesias?”. Solo la persona LGBTQ es llamada “pecadora”. En general, sin embargo, se trata principalmente de homofobia.

- Para usted, que lleva tanto tiempo trabajando con la comunidad homosexual, ¿cuál sería la buena noticia de la próxima asamblea sinodal en octubre? ¿Qué espera que diga la asamblea sobre esta comunidad?

¡La primera buena noticia ya ha sucedido! Es decir, el documento de trabajo del Sínodo más reciente incluía un llamado a escuchar las voces de las personas LGBTQ de todo el mundo. Dio la casualidad de que hace unos meses, mientras estaba en Roma, conocí a un joven que estaba trabajando con el Sínodo, quien me dijo que aproximadamente la mitad de todos los informes de las diócesis de todo el mundo incluían un llamado para dar la bienvenida a las personas LGBTQ. Es un gran paso adelante, algo que hubiera sido inconcebible hace 15 años.

Y en cuanto a lo que diga la asamblea, eso depende del Espíritu Santo, pero el primer paso es escuchar sus voces tanto como sea posible en el Sínodo. Porque el Espíritu Santo también está activo y vivo en ellos.

- ¿Cree que es posible una verdadera apertura de la Iglesia católica a la comunidad y personas homosexuales sin una revisión profunda de la doctrina y el pensamiento católicos sobre la sexualidad?

Bueno, no estoy cuestionando ninguna de las enseñanzas de la Iglesia. La apertura principal es la que acabo de mencionar: escuchar. Durante demasiado tiempo, esta comunidad fue en gran medida invisible para la Iglesia o, peor aún, tratada como si fuera infrahumana. Por lo tanto, la “revisión en profundidad” tiene que ser la escucha.

Más recientemente, un número creciente de líderes de la Iglesia reconoce que, para muchas personas LGBTQ, las enseñanzas de la Iglesia son una barrera real para sentirse bienvenidos de cualquier manera. El cardenal Robert McElroy, obispo de San Diego, pidió recientemente un cambio en el lenguaje del “trastorno objetivo”, que muchas personas LGBTQ han señalado como un verdadero obstáculo, algo que les hace sentir que están en un error.

Una de las cosas interesantes es que este ministerio es para un pequeño porcentaje de personas: cinco, diez por ciento; pero detrás de ellos hay padres y madres, hermanas, hermanos, sobrinos, tíos, amigos… pero sobre todo muchos jóvenes no querrán estar en una Iglesia que no acepta a sus amigos. Aunque es un pequeño porcentaje, es mucha gente...

- La carta que le escribió el Papa animándolo en su trabajo pastoral con la comunidad homosexual, apareció poco después del Responsum que cerraba la puerta a la posibilidad de bendecir a las parejas homosexuales. ¿Cómo ve estas dinámicas contradictorias de la Curia romana en relación con los gestos del Papa?

Bueno, antes que nada, es una Iglesia grande. Y el Papa Francisco, como Jesús, enseña con palabras y hechos. Entonces, el apoyo que muestras a varias personas en la comunidad LGBTQ, ya sea una carta a alguien que los ayuda, un encuentro con ellos o incluso mencionar a las personas LGBTQ en una homilía o en una audiencia general, es un gran paso adelante. Así parece ser como el Santo Padre está haciendo avanzar las cosas en este ámbito, paso a paso, más con gestos que con declaraciones. Y estos han sido una serie significativa de pasos hacia adelante.

La reforma del clero es el máximo desafío del Sínodo


Se ha hablado de una recepción latinoamericana creativa y selectiva del Vaticano II. En materia de formación del clero debe precisarse que esta recepción ha sido incompleta e involutiva en puntos cruciales. Por cierto, el mismo Concilio no explicitó suficientemente la reforma que impulsó, pues no hizo la armonización teológica de documentos como Lumen gentium, Presbyterorum ordinis y Optatam totius. Cada uno de estos hizo un aporte, pero también arrastró consigo criterios de la formación tridentina y la teología escolástica, hoy completamente inútil.

En los documentos latinoamericanos que pretenden hacer suyos los textos conciliares (Medellín, Puebla y Aparecida, y las ratio nationalis para la formación de los presbíteros), es posible identificar una de las causas del clericalismo del que se quejan los laicos/as del continente.

En la Síntesis narrativa latinoamericana para la Asamblea eclesial, la gente se lamenta: “El clericalismo comienza a formarse desde el ingreso al Seminario de los candidatos al Sacramento del Orden” (117). Es más, la Iglesia latinoamericana y caribeña está muy lejos de entregar al Pueblo de Dios en su conjunto, laicado y ministros, la responsabilidad de la formación de sus presbíteros; al igual que, por razones análogas, todavía es difícil pensar en una rendición de cuentas de los obispos y presbíteros al laicado (accountability); y, para qué decir, en una elección y eventual remoción de parte de la integridad del Pueblo de Dios.

Un asunto central, aunque no suficientemente explicitado por el Concilio, es la importancia que ha de tener la construcción dialéctica de la identidad de los presbíteros (Lumen gentium 10). El Concilio parte de la base de que todos los/as bautizados/as constituyen un pueblo sacerdotal, y que los ministros están al servicio de la actualización de su sacerdocio.

Para que los presbíteros efectivamente cumplan esta misión, es necesario como los seminaristas lleguen a ser idóneos a través de un crecimiento humano conjunto con las personas, hombres y mujeres; adquieran una capacitación intelectual que los prepare para entender la vida de la gente y los desafíos del mundo actual; y se atrevan a ensayar nuevas modalidades pastorales basadas sobre todo en testimonios compartidos, entre los cuales el suyo propio nunca debe faltar.

Si no lo hacen será, como muchas veces sucede, la formación tridentina de funcionarios eclesiásticos no servirá para nada. Será un estorbo. Los presbíteros no pueden seguir siendo formados entre cuatro paredes por una casta que se elige a sí misma, y determina por sí y ante sí quiénes son idóneos. La formación de mujeres sacerdotes, si se realiza en clave tridentina, sería igualmente problemática. La Iglesia necesita ministros que, en virtud del Espíritu, sean capaces de actuar in persona Christi no menos que in nomine Ecclesiae

Los presbíteros separados del Pueblo de Dios como personas sagradas capacitadas principalmente para realizar sacrificios eucarísticos, se alejan de los cristianos/as exactamente en la dirección contraria a la que el Vaticano II quiso dar a la Iglesia para cumplir su misión de atender los signos de los tiempos y anunciar el Evangelio.

El Instrumentum laboris preparatorio al Sínodo en curso (2023-2024) es pobre en esta materia. Pero es el Sínodo mismo que tiene la última palabra.

Autor: Presbítero Jorge Costadoat

Cardenal Sarah afirma: "ningún sínodo puede inventar un ‘sacerdocio femenino’"


El Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha afirmado que “el sacerdocio es único” y advirtió que “ningún concilio, ningún sínodo” puede “inventar un sacerdocio femenino”.

Hablando en una conferencia sobre el sacerdocio en Ciudad de México, el purpurado africano dijo que el Sacramento de las Órdenes Sagradas es el mismo para toda la Iglesia Universal, y no puede ser transformado o adaptado para reducirlo a contextos culturales o ambientales.

“Ningún concilio, ningún sínodo, ninguna autoridad eclesiástica tiene el poder de inventar un sacerdocio femenino… sin dañar gravemente la perenne fisionomía del presbítero, su identidad sacramental, dentro de la renovada visión eclesiológica de la Iglesia, misterio, comunión y misión”, recalcó.

De acuerdo con el Cardenal Sarah, el sacerdocio es un don divino que no debe ser desperdiciado. Y lo describió como un gran misterio, resaltando el papel del sacerdote como representante de Cristo, llamado a conformarse a Él y a mediar su presencia a través de la ordenación.

“Es un don divino que debe ser recibido, entendido y vivido, y desde siempre la Iglesia busca comprender y profundizar en el ser propio y real del presbítero, como hombre bautizado, llamado a ser un alter Christus, otro Cristo, más aun, un ipse Christus, Cristo mismo, a representarlo, a conformarse a Él, a ser configurado y mediado en Cristo con la ordenación sacerdotal”, explicó.

Orar, pedir por las vocaciones

El Cardenal resaltó la importancia de la oración para los sacerdotes, afirmando que un sacerdote que no reza está en riesgo de decadencia espiritual. E instó a los fieles a rezar por el aumento de las vocaciones sacerdotales, recalcando que hay actualmente un número significativo de sacerdotes en el mundo, pero no todos están comprometidos activamente en sus deberes sacerdotales.

El Cardenal Sarah incentivó a los sacerdotes a ser alegres en su vocación, incluso en medio del sufrimiento, pues su felicidad puede atraer a otros a optar por el sacerdocio. E hizo énfasis en la necesidad de una Iglesia vibrante y orante, afirmando que la Iglesia que no ora está espiritualmente muerta.

Las declaraciones del Cardenal reflejan su vigorosa defensa de la comprensión tradicional del sacerdocio dentro de la Iglesia Católica, incluyendo la exclusión de la mujer de la ordenación sacerdotal. Sus puntos de vista están de acuerdo con las enseñanzas oficiales de la Iglesia, las cuales reservan la ordenación sacerdotal al hombre.

Con respecto a la falta de vocaciones sacerdotales, él incentivó a los fieles a orar, porque “no es que seamos pocos”.

“Cristo ordenó a doce para todo el mundo. ¿Hoy cuántos somos los sacerdotes? Somos cerca de 400.000 sacerdotes en el mundo. Somos demasiados”, dijo, citando la misma observación hecha por el Papa Gregorio Magno en el siglo VII.

“Muchos han aceptado el sacerdocio, pero no hacen el trabajo del sacerdote”, indicó.

“Entonces, para responder, debemos rezar. Pedir que envíe obreros a su mies, rezar. Y mostrar que somos felices los sacerdotes, porque si los jóvenes ven que estamos tristes, no atraeremos a nadie”, insistió. “Tenemos que ser felices, incluso si sufrimos”. (Raju Hasmukh con informaciones de CNA).

“Que las mujeres podamos votar es aire fresco en el Sínodo”: Sor Micaela Monetti.


“Estoy feliz de que la reforma del Papa Francisco, paso a paso, manifieste el rostro de la eclesiología del Vaticano II”, subraya sor Micaela Monetti, de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Expresa su satisfacción por los cambios en la composición de los participantes en la Asamblea General del Sínodo del próximo octubre por los que, de entre quienes tienen derecho a voto, habrá un cincuenta por ciento de mujeres entre los laicos y cinco religiosas entre las Superioras Generales de las Congregaciones.

“Me llenó de alegría. Vi el rostro de una Iglesia que evangélicamente se revela por lo que es: una comunidad reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y no solo en el nombre de los sacramentos, ministerios o cuestiones de género. Se acogió la petición de los sínodos anteriores para reconocer el derecho al voto de las mujeres consagradas; se trata de un paso acorde con los tiempos”.

Micaela, de 67 años, fue elegida el pasado 14 de abril como presidenta de la Unión de Superioras Mayores de Italia (USMI). Se siente agradecida por lo que considera la fuerza profética del Papa y acoge este soplo de renovación convencida de que traerá “una profundización en la vida de la Iglesia y de la sociedad”. En su opinión, “la Iglesia italiana está todavía un tanto paralizada por el clericalismo que tiene en cuenta a las religiosas en función de los servicios eclesiales. Sería necesario dar voz y espacio a la experiencia y sensibilidad femenina, entendiéndola también como un reconocimiento a nivel de toma de decisiones. Se nos valora cuando se trata del cuidado de los espacios y de las personas, pero a la hovida religra de decidir, es el párroco quien decide”.

El ministerio es un servicio

Monetti es consciente de que no se trata de extender las reivindicaciones al sacerdocio ministerial, sino de poder servir en plenitud, de acuerdo a las propias aptitudes. Para ella, la premisa es que todo ministerio es un servicio. “Si para el ministerio que me ha sido confiado invierto todas mis energías y capacidades, ¿por qué habría de pensar en algo más?”. Y dice, por ejemplo, que tuvo la suerte de encontrar mujeres al frente de comunidades eclesiales de base en la Amazonía o en Argentina donde “realmente hay una diaconía eclesial que se expresa en la figura de un diaconado femenino que sabemos que está madurando. Eso debería bastar”.

Monetti llega a este nuevo cargo después de haber sido Consejera General hasta 2017 por un doble mandato. Ella ve bien los desafíos que supone una presencia femenina significativa en la vida consagrada, y como cabeza de la USMI quiere aportar “en la sencillez y la fraternidad” para emprender caminos valientes. La imagen de las sembradoras de esperanza que usó el Papa cuando en el Vaticano se reunió con las religiosas de la Asamblea General, le gusta mucho “porque nos da el sentido de la pequeñez, pero también el poder de la generatividad. No se trata de recoger los frutos, porque no vendemos frutos, vendemos semillas”. Cuenta cómo el ser Superiora le ayudó a abrir la mente, el corazón y la mirada a lo diferente. Un enfoque que incide en el uso del lenguaje: “hablar de autoridad en países democráticos, por ejemplo, tiene un peso muy diferente que en contextos excomunistas”.

Modelo del poliedro

Es el modelo del poliedro, tan querido por Francisco, lo que le interesa, un modelo que refleja la confluencia de todas las parcialidades manteniendo en él su originalidad. Desde este punto de vista, Sor Micaela, –con un compromiso constante con la pastoral juvenil–, señala en el Pacto Educativo Global un campo en el que desea trabajar intensamente. Y confía una preocupación personal suya que tiene que ver con la búsqueda de caminos y medios para abordar la cuestión de la identidad de género en las escuelas católicas italianas, así como en la orientación vocacional, sin prejuicios y rechazos apriorísticos.

“La cuestión de género es un tema que me toca especialmente en el corazón porque a las nuevas generaciones, a los jóvenes que se interrogan sobre la vocación, los encaminamos sin prestar especial atención a una identidad de un género consolidada, que hoy es objeto de muchos desafíos”, subraya sor Micaela. A partir de la experiencia diaria sobre el terreno de las hermanas comprometidas en un trabajo integral de formación, la nueva presidenta se refiere a una afectividad “provocada por mucha confusión e inestabilidad”.

Y añade: “Hay un mundo cada vez más fluido. Debemos aceptar la invitación del Papa a escuchar antes de juzgar y encasillar, y reconocer que Dios tiene una buena mirada sobre cada uno y no se puede cerrar la puerta a priori. Hay que estar ahí, y estar ahí de forma preparada”. Monetti explica que en los caminos de discernimiento y búsqueda vocacional la mayoría de las veces no se percibe de inmediato la orientación de la joven, donde también juega mucho el miedo al estigma.

De Babel a Pentecostés

“Generalmente es en el período del juniorado, en la fase de los votos perpetuos, cuando surgen verdaderas sorpresas también para las formadoras: lo que parecía seguro hasta antes de ayer, ya no lo es. Es un campo que nos desafía con preguntas fuertes y desconcertantes. No tengo las respuestas, pero es necesario vivir esta realidad y buscar juntos el plan de Dios. Porque hay formas y formas de vida consagrada. No podemos eludir esta realidad, se necesita proximidad. Y también nuestros adolescentes deben encontrar en nuestras consagradas puntos de referencia que puedan ayudarles con las preguntas que se están haciendo”. Además, en este sentido, sor Micaela se siente en continuidad con madre Yvonne Reungoat, de quien toma el relevo, ella que, con su carisma salesiano, ha dado una gran aportación a la pastoral juvenil. “Se puede ser alegre y abierta como quiere el Papa solo si se tiene una madurez afectiva”, explica.

Entonces, ¿cómo no estar disponibles para acoger la oportunidad que suponen las redes sociales? Son espacios que interesan muchísimo a la USMI, campo abierto para compartir y dialogar. Porque “el camino sinodal no es solo caminar juntos, sino una comunidad que encuentra un camino de discernimiento colectivo aprendiendo mejores métodos de comunicación”. El gran desafío de fondo, en el que todas están implicadas, es el de la interculturalidad, que no es solo acogida. El punto es ir de Babel a Pentecostés, entenderse. Esto, concluye sor Micaela, es lo que necesitan nuestras comunidades.

Autor: Antonella Palermo

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

Las mujeres dispararán el voto en el Sínodo de la Sinodalidad: habrá 103 miembros más que en 2018


- Mientras el Sínodo de los Jóvenes contó con 267 participantes, la cifra aumenta ahora hasta los 370

- “Pretender escribir primero las conclusiones sería blasfemar contra el Espíritu”, afirma el cardenal Grech

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El Sínodo de la Sinodalidad contará con más miembros que nunca. En total, se esperan unos 370 miembros de la Asamblea, excluidos los expertos, mientras que en el Sínodo de los Jóvenes (2018) fueron 267 los padres sinodales, más unos cincuenta auditores –figura que ahora desaparece–. En concreto, la participación con voz y voto de las mujeres aumenta en 103 personas el número de participantes, lo que hará aún más participativa la primera sesión, cuyo ‘Instrumentum laboris’ han presentado hoy a los medios en rueda de prensa.

Pero esta no es la única novedad en cuanto a la metodología y operativa, presentada por Giacomo Costa, SJ, consultor de la Secretaría General del Sínodo. Y es que el Sínodo se muda. El Aula del Sínodo se queda corta para el alto número de participantes, por lo que la Asamblea se traslada al Aula Pablo VI, donde el papa Francisco celebra la audiencia general cuando las condiciones climáticas no permiten hacerlo en la plaza de San Pedro.

Costa ha estado escoltado por el cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, y el cardenal Jean-Claude Hollerich, SJ, arzobispo de Luxemburgo y relator general de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

También han participado para ofrecer su visión de la etapa continental Helena Jeppesen-Spuhler, miembro de la delegación suiza de la Asamblea Continental de Praga; Ester Lucas, miembro del equipo sinodal del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar; y Nadia Coppa, ASC, presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).

Grech: “Hemos vivido un proceso circular”

Según ha remarcado el cardenal Grech, el Sínodo comenzó el pasado 10 de octubre de 2021, con la celebración de la apertura en San Pedro. Desde ahí, ha destacado que el ‘Instrumentum laboris’ es “fruto de un proceso sinodal que ha implicado a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia” con una amplia “consulta al Pueblo de Dios” dirigida a todos, “en particular a las periferias y a quienes por una u otra razón se sienten excluidos”.

El purpurado se ha puesto serio para responder a quienes afirman que el Pueblo de Dios no tiene los instrumentos para aportar una contribución real al proceso sinodal. “Para mí esto es un grave insulto. La experiencia vivida ha demostrado que allí donde los obispos han iniciado y acompañado la consulta, la contribución ha sido viva y profunda. Lo mismo sucede a nivel de las parroquias, de las congregaciones de vida consagrada o de las asociaciones y movimientos laicales, donde los responsables han acompañado y estimulado la consulta”, ha afirmado.

Para el purpurado, “tampoco existe el temor de que la escucha del Pueblo de Dios haya comprometido la función pastoral de los obispos. Por el contrario, el proceso sinodal ha devuelto a los obispos un fecundo ministerio, como pastores de sus Iglesias y como miembros de los órganos colegiales que han sido llamados a realizar un atento discernimiento de las aportaciones de la consulta”. “No temo describir la primera fase, que ha ocupado a la Iglesia durante dos años, como un proceso de profunda circularidad entre profecía y discernimiento”, ha añadido.

Sobre el contenido del documento, Grech ha dejado claro que “la mayor preocupación de la Secretaría del Sínodo y la mía propia ha sido respetar siempre lo que surgía de las etapas del proceso sinodal”. Y es que “pretender escribir primero las conclusiones sería blasfemar contra el Espíritu”.

El cardenal ha insistido en que “no encontraréis en el texto una sistematización teórica de la sinodalidad, sino el fruto de una experiencia de Iglesia, de un camino en el que todos hemos aprendido más, por el hecho de caminar juntos e interrogarnos sobre el sentido de esta experiencia”. Y agregó: “Puedo decir que el ‘Instrumentum laboris’ es un texto en el que no falta la voz de nadie”.

Asimismo, ha subrayado que el documento es también una oportunidad para “implicar a quienes no se han implicado hasta ahora”. Por eso “me gusta concluir que no es un documento de la Santa Sede, sino de toda la Iglesia. No es un documento escrito en un escritorio. Es un documento en el que todos son coautores, cada uno por el papel que está llamado a desempeñar en la Iglesia, en docilidad al Espíritu. Y es al Espíritu Santo a quien invocamos para que nos sostenga en las ulteriores etapas del proceso sinodal”, ha concluido.

Hollerich: “Es un documento provisional”

Por su parte, el cardenal Hollerich ha comenzado diciendo que es este documento: “Se trata de un documento provisional que, tras varias enmiendas de los participantes en el Sínodo, debería desembocar en una versión definitiva que se votará al final del Sínodo. No es una respuesta provisional a todas las preguntas sobre la sinodalidad; es más bien el resultado del proceso sinodal a todos los niveles, un resultado que da lugar a muchas preguntas que podrían recibir respuesta por parte de los participantes en el Sínodo”.

Durante su alocución ha vuelto a hacer hincapié en que “el Espíritu Santo es el verdadero protagonista del Sínodo”. Por eso, “el texto del ‘Instrumentum laboris’ no tiene ninguna pretensión de tratado teológico sobre la sinodalidad. El texto no da respuestas sino que se limita a plantear preguntas. El texto es como un libro de cocina. El cocinero recibe ese libro junto con algunos ingredientes: su misión es juntar los diferentes ingredientes para complacer a los diferentes paladares…”, ha subrayado.

Autor: Rubén Cruz

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El Vaticano rompe tabúes: los LGBTQ+, los divorciados y las víctimas de abusos entran al Sínodo


- Se trata de la primera vez en la que un documento de peso de la Santa Sede habla del colectivo LGBTQ+, pues hasta ahora, en el Sínodo de los Jóvenes incluido, solo se hablaba de homosexuales

- La polarización, los pobres, el cambio climático, los migrantes o las mujeres, entre los temas a discernir

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Como no podía ser de otra manera, el ‘Instrumentum laboris’ para la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’, que se celebrará en octubre de 2023, trae más preguntas que respuestas. Con un lenguaje novedoso, el documento rompe tabúes y no orilla ningún tema para el discernimiento de las madres y padres sinodales: desde las personas LGBTQ+, hasta los divorciados pasando por las víctimas de abusos, que no reduce al ámbito sexual.

El ‘Instrumentum laboris’ –plagado de citas del Concilio Vaticano II– comienza con una amplia recapitulación del camino recorrido hasta llegar a la primera sesión de octubre de este año, para luego meterse de lleno en las fichas de trabajo aportadas a la Asamblea Sinodal para su diálogo y discernimiento.

Fichas de trabajo

“Las fichas están concebidas como una herramienta de trabajo. No son capítulos de un libro que deban leerse sucesivamente, ni ensayos breves, más o menos completos, sobre un tema. Son ‘para hacer’ y no ‘para leer'”, señala el documento.

Así, “todas las fichas tienen la misma estructura. Comienzan con una rápida contextualización a partir de lo surgido en la primera fase. A continuación, formulan una pregunta para el discernimiento. Por último, ofrecen algunas intuiciones, que articulan diversas perspectivas (teológica, pastoral, canónica, etc.), dimensiones y niveles (parroquia, diócesis, etc.), pero, sobre todo, recuperan la concreción de los rostros de los miembros del Pueblo de Dios, de sus carismas y ministerios, de las preguntas que expresaron durante la fase de escucha”.

“La abundancia de los estímulos propuestos en cada ficha responde a una necesidad de fidelidad a la riqueza y variedad de lo recogido en la consulta, sin convertirla en un cuestionario en el que sea necesario formular una respuesta a cada pregunta”, agregan.

El documento también pone de manifiesto que algunas de las cuestiones surgidas de la consulta al Pueblo de Dios se refieren a temas sobre los que ya existe un desarrollo magisterial y teológico al que remitirse: “Por poner solo dos ejemplos, basta pensar en la aceptación de los divorciados vueltos a casar, tema tratado en la exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’, o la inculturación de la liturgia, objeto de la Instrucción ‘Varietates legitimae’ (1994) del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos”.

Por eso, “el hecho de que sigan surgiendo interrogantes sobre puntos de este tipo no puede descartarse precipitadamente, sino que debe ser objeto de discernimiento, y la Asamblea sinodal es un foro privilegiado para hacerlo. En particular, deben investigarse los obstáculos, reales o percibidos, que han impedido dar los pasos indicados y lo que hay que hacer para eliminarlos”.

Las fichas de trabajo recogen las tres cuestiones prioritarias: 1/ Una comunión que se irradia. ¿Cómo podemos ser más plenamente signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad del género humano? 2/ Corresponsables en la misión. ¿Cómo podemos compartir dones y tareas al servicio del Evangelio? 3/ Participación, responsabilidad y autoridad. ¿Qué procesos, estructuras e instituciones son necesarias en una Iglesia sinodal misionera?

Una comunión que se irradia

En primer lugar, centrándose en cómo alimentar la comunión desde la caridad, la justicia social y el cuidado de la Casa común, el texto recoge las aportaciones de las Iglesias continentales, que señalan que “en una Iglesia sinodal, los pobres ocupan un lugar central”. Asimismo, indican que “el cuidado de la Casa común exige una acción compartida”. Por otro lado, reconocen en los movimientos migratorios una “oportunidad”. E instan a “desempeñar un papel de testimonio profético en un mundo fragmentado y polarizado”.

En este mismo sentido, lanzan otra gran pregunta para el discernimiento antes de explicar las sugerencias para la oración y la reflexión: “Caminar juntos significa no dejar a nadie atrás y ser capaces de seguir el ritmo de los que más les cuesta. ¿Cómo podemos crecer en nuestra capacidad de promover el protagonismo de los últimos en la Iglesia y en la sociedad?”.

También en la acogida, reconocen que los Documentos finales de las Asambleas continentales mencionan a menudo a quienes no se sienten aceptados en la Iglesia, como los divorciados vueltos a casar, las personas en matrimonios polígamos o las personas LGBTQ+.

Se trata de la primera vez en la que un documento de la Santa Sede habla del colectivo LGBTQ+, pues hasta ahora, en el Sínodo de los Jóvenes incluido, solo se hablaba de homosexuales. Sí es verdad que se advertía ya en el Documento para la Fase Continental, pues fue una propuesta de Lesoto, lo que sorprendió a los redactores, pues cabía esperar que estas cuestiones fueran puestas encima de la mesa por europeos o americanos.

También señalan cómo formas de discriminación racial, tribal, étnica, de clase o de casta, también presentes en el Pueblo de Dios, llevan a algunos a sentirse menos importantes o menos bienvenidos dentro de la comunidad.

Muy generalizada es la indicación de cómo una pluralidad de barreras, desde las que son físicas a los aquellas que brotan de prejuicios culturales, generan formas de exclusión de las personas con discapacidad y requieren que sean superadas. Surge también la preocupación de que los pobres queden con demasiada frecuencia en los márgenes de las comunidades cristianas (por ejemplo, prófugos, migrantes y refugiados, niños de la calle, personas sin hogar, víctimas de la trata de seres humanos, etc.).

Por último, los documentos de las Asambleas continentales señalan que es necesario mantener el vínculo entre la conversión sinodal y la atención a las víctimas y marginados dentro de la Iglesia; en particular, hacen mucho hincapié en la necesidad de aprender a ejercer la justicia como forma de acoger a quienes han sido heridos por miembros de la Iglesia, especialmente las víctimas y supervivientes de “todas las formas de abuso”.

A este respecto, ofrecen esta pregunta para el discernimiento: “¿Qué pasos puede dar una Iglesia sinodal para imitar cada vez más a su Maestro y Señor, que camina con todos con amor incondicional y anuncia la plenitud de la verdad del Evangelio?”.

Tampoco se olvida esta primera parte relativa a la comunión del ecumenismo, el diálogo interreligioso, los jóvenes, los pueblos originarios o el promover el intercambio de dones entre las Iglesias locales.

Corresponsables en la misión

En relación con la misión, el ‘Instrumentum laboris’ aterriza en los ministerios. “Resulta evidente la llamada a superar una visión que reserva solo a los ministros ordenados (obispos, presbíteros, diáconos) toda función activa en la Iglesia, reduciendo la participación de los bautizados a una colaboración subordinada”, advierten. Asimismo, indican que “la experiencia de caminar juntos en la Iglesia local permite imaginar nuevos ministerios al servicio de una Iglesia sinodal”.

En esta línea, se preguntan: “¿Cómo podemos avanzar en la Iglesia hacia una corresponsabilidad real y efectiva en clave misionera para una realización más plena de las vocaciones, carismas y ministerios de todos los bautizados? ¿Cómo conseguir que una Iglesia más sinodal sea también una ‘Iglesia de todos los ministerios’?”.

En relación a la mujer, detallan que, “de manera sustancialmente unánime, a pesar de las diferentes perspectivas de cada continente, todas las Asambleas continentales piden que se preste atención a la experiencia, la condición y el papel de las mujeres. Celebran la fe, la participación y el testimonio de tantas mujeres en todo el mundo, laicas y consagradas, como evangelizadoras y a menudo primeras formadoras en la fe, destacando especialmente su contribución a la dimensión profética, en lugares remotos y contextos sociales problemáticos”.

Además, “la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y gobierno surgieron como elementos cruciales en la búsqueda de cómo vivir la misión de la Iglesia de una manera más sinodal. Las mujeres que participaron en la primera fase expresaron claramente un deseo: que la sociedad y la Iglesia sean un lugar de crecimiento, participación activa y sana pertenencia para todas las mujeres”.

Del mismo modo, “piden a la Iglesia que esté a su lado para acompañar y promover la realización de este deseo. En una Iglesia que quiere ser verdaderamente sinodal, estas cuestiones deben ser abordadas conjuntamente y deben construirse juntos respuestas concretas para un mayor reconocimiento de la dignidad bautismal de las mujeres y para la lucha contra todas las formas de discriminación y exclusión de las que son víctimas en la comunidad eclesial y en la sociedad”.

Por otro lado, “las Asambleas continentales destacan la pluralidad de experiencias, puntos de vista y perspectivas de las mujeres y piden que esta diversidad sea reconocida en los trabajos de la Asamblea del Sínodo, evitando tratar a las mujeres como un grupo homogéneo o un tema de discusión abstracto o ideológico”.

A este respecto, la pregunta es clara: “¿Qué pasos concretos puede dar la Iglesia para renovar y reformar sus procedimientos, disposiciones institucionales y estructuras, de modo que permitan un mayor reconocimiento y participación de las mujeres, incluso en los procesos de gobierno y toma de decisiones, en un espíritu de comunión y con vistas a la misión?”.

Y van más allá en las sugerencias para la oración y la preparación: “La mayor parte de las Asambleas continentales y las síntesis de numerosas Conferencias episcopales piden que se considere de nuevo la cuestión del acceso de las mujeres al diaconado. ¿Es posible plantearlo y en qué modo?”.

Lo mismo ocurre con el celibato, al recogerlo en las sugerencias con esta pregunta: “¿Es posible, como proponen algunos continentes, abrir una reflexión sobre la posibilidad de revisar, al menos en algunas áreas, la disciplina sobre el acceso al presbiterado por parte de hombres casados?”.

En lo que respecta a la corresponsabilidad en la misión, el documento también se detiene en la misión del obispo en una Iglesia sinodal, llamando a una renovación de la visión y de las formas de ejercicio concreto del ministerio episcopal.

Participación, responsabilidad y autoridad

En el ejercicio de la participación, la responsabilidad y la autoridad, destaca la renovación del servicio de la autoridad y las estructuras, dejando claro que no se quiere contraponer la sinodalidad a la jerarquía. Es decir, la Iglesia es jerárquica al mismo tiempo que sinodal.

“La perspectiva de transparencia –más si cabe con la crisis de los abusos– y rendición de cuentas es fundamental para un ejercicio auténticamente evangélico de la autoridad y la responsabilidad. Sin embargo, también suscita temores y resistencias. Por eso es importante afrontar seriamente, con actitud de discernimiento, los hallazgos más recientes de las ciencias de la gestión y el liderazgo”, recogen de lo expresado por las Asambleas continentales.

Estas también señalan “fenómenos de apropiación del poder y de los procesos de toma de decisiones por parte de algunos que ocupan puestos de autoridad y responsabilidad. A estos fenómenos vinculan la cultura del clericalismo y las diferentes formas de abuso (sexual, financiero, espiritual y de poder) que erosionan la credibilidad de la Iglesia y comprometen la eficacia de su misión, particularmente en aquellas culturas donde el respeto a la autoridad es un valor importante”.

Ante esta cuestión, la pregunta para el discernimiento es la siguiente: “¿Cómo entender y ejercer la autoridad y la responsabilidad al servicio de la participación de todo el Pueblo de Dios? ¿Qué necesitamos renovar en la comprensión y en las formas de ejercer la autoridad, la responsabilidad y el gobierno para crecer como Iglesia sinodal misionera?”.

En definitiva, infinidad de temas puestos sobre la mesa para crecer en sinodalidad. Sin embargo, la propia Secretaría General del Sínodo no espera a finales de octubre tener todas las respuestas a estas preguntas, pues todo este trabajo servirá para perfilar aún más la segunda sesión, a celebrarse en octubre de 2024, tras la que se ofrecerá al papa Francisco todo el material de cara a la elaboración de su exhortación postsinodal.

Autor: Rubén Cruz.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

El cardenal Burke reza cada día para que no se celebre el Sínodo

 

En una entrevista ha defendido que “no puede ver nada bueno” en la sinodalidad

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El cardenal Raymond Burke no está nada conforme con eso de la sinodalidad. Y no se corta en decirlo alto y claro. “Mi oración personal todos los días a nuestro Señor es que de alguna manera haga que el Sínodo no se lleve a cabo porque, francamente, no puedo ver nada bueno en él”. Así lo declaraba el purpurado en una entrevista con EWTN, en la que defendía que “ni siquiera los propios obispos tienen una idea clara de lo que es la sinodalidad”.

Pero la realidad es que a Burke parece preocuparle más en manos de quién está el futuro Sínodo, como el hecho de que los laicos tengan voto, e, incluso, los obispos responsables del proceso: “El secretario general –Mario Grech– recientemente dio una entrevista en la que parece indicar que no tiene una idea clara de lo que va a pasar o una idea clara de lo que es la sinodalidad. Y, sin embargo, sigue adelante liderando este proceso. Y, por supuesto, el presidente de la sesión del Sínodo sobre la sinodalidad, –el cardenal Jean-Claude Hollerich de Luxemburgo-, ha defendido públicamente enseñanzas y prácticas que son claramente contrarias a lo que la Iglesia siempre ha enseñado en la práctica”.

Otro “camino sinodal alemán”

Incluso, el cardenal dejó ver en la entrevista su temor a que el Sínodo se convierta en un nuevo Camino Sinodal Alemán, el cual considera “una desviación de las enseñanzas de Cristo y la Iglesia” y un “pecado contra Cristo mismo”.

“Ya sea una desviación, una enseñanza herética y la negación de una de las doctrinas de la fe, o la apostasía en el sentido de simplemente alejarse de Cristo y de Su enseñanza en la Iglesia para abrazar alguna otra forma de religión, estos son delitos”, dijo Burke. “Son pecados contra Cristo mismo”, insistía.

“Estos son inventos humanos, ideologías humanas que están siendo impulsadas y la Iglesia está siendo utilizada”, agregó. “Y lo que hace es convertir a la Iglesia en una especie de agencia humana, casi como una agencia gubernamental que está siendo manipulada para fomentar ciertos programas y cierta agenda. Y entonces tenemos que despertar a lo que está sucediendo”.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

Papa Francisco: “El Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo”

 


El pontífice pide que el Sínodo sea “un camino según el Espíritu; no un parlamento para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo”

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En el gran día del laicado el papa Francisco ha presidio la misa de Pentecostés en el interior de la basílica de San Pedro en el Vaticano. Una celebración en la que se emplean las vestiduras litúrgicas rojas con la que se cierra el tiempo pascual y que ha comenzado con la aspersión del agua bendita y en la que se ha proclamado el conocido relato de los Hechos de los Apóstoles.

Armonía en la división

En su homilía, el pontífice señaló cómo, a partir de las lecturas bíblicas proclamadas, el Espíritu Santo actúa “en el mundo que ha creado, en la Iglesia y en nuestros corazones”. El Espíritu “es Aquel que, al principio y en todo tiempo, hace pasar las realidades creadas del desorden al orden, de la dispersión a la cohesión, de la confusión a la armonía. Él da al mundo, en una palabra, armonía”, subrayó. “Renueva la tierra, pero —atención— no cambiando la realidad, sino armonizándola; este es su estilo porque Él en sí mismo es armonía”, precisó.

Para Francisco “hoy en el mundo hay mucha discordia, mucha división. Estamos todos conectados y, sin embargo, nos encontramos desconectados entre nosotros, anestesiados por la indiferencia y oprimidos por la soledad. Muchas guerras, muchos conflictos; ¡parece increíble el mal que el hombre puede llegar a realizar!”, lamentó. Ante esta división provocada por el diablo que “goza con los antagonismos, con las injusticias, con las calumnias. Y, frente al mal de la discordia, nuestros esfuerzos por construir la armonía no son suficientes” por eso necesita el “Espíritu de unidad que trae la paz”.

Un camino del Espíritu

“El Espíritu no dio comienzo a la Iglesia impartiendo instrucciones y normas a la comunidad, sino descendiendo sobre cada uno de los apóstoles”, prosiguió el Papa. Para Bergoglio “el Espíritu no comienza por un proyecto estructurado —como hacemos nosotros, que a menudo nos perdemos después en nuestros programas—; no, Él empieza repartiendo dones gratuitos y sobreabundantes”. “Así empieza la vida de la Iglesia; no por un plan preciso y articulado, sino por la experiencia del mismo amor de Dios. De este modo, el Espíritu crea armonía, nos invita a dejar que su amor y sus dones, que están presentes en los demás, nos sorprendan”, añadió.

“Ver a cada hermano y hermana en la fe como parte del mismo cuerpo al que pertenezco; esta es la mirada armoniosa del Espíritu, este es el camino que nos indica”. Algo que se traduce hasta en el Sínodo que “es —y debe ser— un camino según el Espíritu; no un parlamento para reclamar derechos y necesidades de acuerdo a la agenda del mundo, no la ocasión para ir donde nos lleva el viento, sino la oportunidad para ser dóciles al soplo del Espíritu”.

El Papa alertó que “sin Él la Iglesia permanece inerte, la fe es una mera doctrina, la moral sólo un deber, la pastoral un simple trabajo. Con Él, en cambio, la fe es vida, el amor del Señor nos conquista y la esperanza renace”. Po ello invitó: “Volvamos a poner al Espíritu Santo en el centro de la Iglesia, de lo contrario nuestro corazón no será inflamado de amor por Jesús, sino por nosotros mismos. Pongamos al Espíritu en el principio y en el centro de los trabajos sinodales”. “El Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo. Así se renueva la armonía en la Iglesia: caminando juntos con el Espíritu al centro. ¡Construyamos armonía en la Iglesia!”, exhortó.

Curando heridas

Finalmente destacó que Jesús envía el Espíritu “para perdonar los pecados, es decir, para reconciliar los ánimos, para armonizar los corazones lacerados por el mal, rotos por las heridas, disgregados por los sentimientos de culpa”. “Si queremos armonía busquémoslo a Él, no a los sucedáneos mundanos. Invoquemos al Espíritu Santo cada día, comencemos rezándole cada día, ¡seamos dóciles a Él!”, clamó.

“¿Me apresuro a juzgar, señalo con el dedo y le cierro la puerta en la cara a los demás, considerándome víctima de todo y de todos? O, por el contrario, ¿acojo su poder creador armonioso, la “gracia del conjunto” que Él inspira, su perdón que da paz, y a mi vez perdono, promuevo reconciliación y creo comunión?”, preguntó el Papa. “Si el mundo está dividido, si la Iglesia se polariza, si el corazón se fragmenta, no perdamos tiempo criticando a los demás y enojándonos con nosotros mismos, sino invoquemos al Espíritu”, alentó antes de concluir la homilía haciendo una plegaria.

Autor: Mateo González Alonso.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

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