martes, 26 de marzo de 2019

4 casos de sacerdotes encarcelados injustamente por abusos sexuales que no cometieron


4 CASOS DE SACERDOTES ENCARCELADOS INJUSTAMENTE POR ABUSOS SEXUALES QUE NO COMETIERON

¿Por qué las revelaciones de inocencia no se destacan en los titulares como fueron alardeadas las acusaciones calumniosas?
El escándalo de sacerdotes, religiosos y monjas de la Iglesia católica responsables por abusos morales, económicos y sexuales es un hecho dolorosamente real y comprobado en decenas de países en todos los continentes.

Y es deber de la justicia denunciar y castigar con rigor cada uno de esos crímenes, tanto por parte de las autoridades civiles como las eclesiásticas – no siempre, sin embargo, las autoridades eclesiásticas involucradas han tenido mano firme para cumplir este deber, involucrándose, algunas de ellas, en el escándalo adicional de encubrimiento de los abusadores.

Los Papas Benedicto XVI y Francisco impulsaron medidas rígidas de combate tanto a esos crímenes como a su encubrimiento por parte de las autoridades cómplices, aunque la red de facilitación de los abusos fuera lo suficientemente amplia para seguir interponiendo escándalos a las nuevas medidas de transparencia, castigo a los criminales e indemnización a las víctimas. A pesar de esos sabotajes, las medidas adoptadas por la Iglesia han sido firmes y efectivas.

Las medidas de la Iglesia católica para enfrentar y solucionar el problema han tenido un relieve positivo entre las muchas otras instituciones que, con menos sensacionalismo mediático, también vienen siendo acusadas de crímenes idénticos – y eso implica a políticos, jueces, autoridades policiales y el ejército, figuras del mundo de la economía internacional y los imperios de los medios, astros del cine y la televisión y cracks del mundo deportivo, además de otras religiones y sectas, por citar solo una parte de los sectores ya comprobadamente manchados. Pero los medios, así como la ONU y su agenda ideológica, no siempre interesada en la verdad de los hechos, prefiere subrayar y hasta amplificar los casos vinculados a los clérigos.

Además de esforzarse por ampliar al máximo toda acusación contra la Iglesia, cosa que no suele hacer con el mismo empeño en el caso de otras instituciones, los medios también parecen esforzarse por destacar lo mínimo las noticias sobre la inocencia de sacerdotes calumniados y hasta encarcelados injustamente por crímenes que no cometieron.

Es lo que se constata en los cuatro casos indignantes que presentamos a continuación.

Caso 1: España, 2017
Tras dos años y medio de investigación, el promotor público Francisco Hernández retiró las acusaciones de abusos sexuales supuestamente cometidos contra un menor por un sacerdote católico de Granada, en el sur de España, por considerar que “no hay testigos ni pruebas conclusivas”. El sacerdote acusado sin pruebas e investigado durante más de 30 meses era el sacerdote Román Martínez.

El promotor subrayó que las declaraciones del joven denunciante eran contradictorias y que su comportamiento incluía actitudes incoherentes. El juicio está a espera de una sentencia definitiva.

El abogado del joven que hizo la denuncia mantiene el pedido de 26 años de prisión para el sacerdote. La Asociación Pro Derechos del Niño (PRODENI), que participó en el proceso como parte acusadora particular, también sigue pidiendo 5 años de prisión para el sacerdote Román.

El caso se volvió especialmente mediático después de que el joven recibiera una llamada telefónica del Papa Francisco en respuesta a una carta en que contaba al Papa lo que supuestamente había sucedido. El Papa lo orientó a contar al obispo de la diócesis, don Javier Martínez, su versión de los hechos para iniciar la debida investigación.

Caso 2: Estados Unidos, 2016


La influyente revista norteamericana Newsweek publicó un extenso reportaje sobre la serie de falsedades del ex monaguillo Daniel Gallagher, que se volvió conocido en el país como “Billy Doe”. Las mentiras del joven redundaron en la injusta condena de tres sacerdotes y un profesor de la arquidiócesis de Filadelfia, acusados de abusos sexuales cometidos contra él.


En 2011, Daniel Gallagher, entonces con 22 años, cambió los titulares en Estados Unidos al afirmar que había sido violado en diversas ocasiones por los sacerdotes Charles Engelhardt y Edward Avery (este último acabaría dejando el ministerio sacerdotal) y por el profesor Bernard Sheroe cuando cursaba el quinto y sexto año de la escuela de la parroquia de San Jerónimo, en Filadelfia. Su testimonio llevó a la condena de los tres supuestos agresores y también del sacerdote William Lynn, ex vicario de la arquidiócesis para asuntos del clero, considerado culpable de encubrimiento. Fue el primer caso en la historia en que un administrador católico fuera condenado por ese tipo de acusación.

El proceso se extendió contra la arquidiócesis de Filadelfia, condenada a pagar a “Billy Doe” una indemnización de aproximadamente 5 millones de dólares. El valor fue pagado en agosto de 2015.

Durante ese tiempo, el sacerdote Charles Engelhardt murió en la cárcel, en noviembre de 2014, tras un pedido denegado por la justicia de someterse a una cirugía cardiaca.

Desde las primeras acusaciones lanzadas por “Billy Doe” en 2009, el joven presentó por lo menos nueve versiones diferentes de los supuestos abusos de los que se decía víctima. Su historia, por más inconsistente que se revelara, fue suficiente para atraer la atención de la periodista Sabrina Rubin Erdely, de la revista Rolling Stone que, en 2011, dio voz a las denuncias del joven en un larguísimo artículo titulado The Catholic Church’s Secret Sex-Crime Files (“Los archivos secretos de los crímenes sexuales de la Iglesia católica”). El texto describía a “Billy Doe” como un “dulce y amable niño de buena apariencia juvenil”.

La misma periodista escribió más tarde sobre el caso de “Jackie”, estudiante de la Universidad de Virginia que declaraba haber sido violada por 7 hombres durante una fiesta de académicos. Poco tiempo después, se descubrió que la historia de 2014, impresa en las portadas de los medios estadounidenses y mundiales durante semanas, no pasaba de ser una mentira de “Jackie”.

La revista Rolling Stone tuvo que retractarse públicamente- y ahora enfrenta dos procesos por difamación.

Volviendo al caso de los sacerdotes acusados por mentiras semejantes: la congregación religiosa del sacerdote Engelhardt, los Oblatos de san Francisco de Sales, contrató los servicios del psiquiatra forense Stephen Mechanik para evaluar a “Billy Doe”, con una orden judicial. En el informe de 40 páginas, divulgado por la revista Newsweek, el psiquiatra muestra los resultados de los exámenes de MMPI-2 (Inventario de Personalidad Multifásico de Minnesota), aplicados al joven acusador: en los exámenes, “Billy Doe” admite que mintió y que ofreció “información poco fiable”sobre el caso.

Para demostrar que el joven “no siempre fue honesto con sus proveedores de servicios médicos”, el psiquiatra hizo una revisión minuciosa de la trayectoria clínica de Daniel Gallagher, “Billy Doe”: nada menos que 28 instituciones entre clínicas de rehabilitación por uso de drogas, hospitales, médicos y consejeros sanitarios.

En una de las mentiras de Daniel Gallagher, contada en 2007 y repetida en 2011, él decía ser “paramédico y surfista profesional” y alegaba haber tenido que abandonar el deporte debido a la adicción a las drogas. El chico también había afirmado que sufría de hernia discal, pero el Dr. Mechanik constató que ninguno de los registros médicos indicaba ningún diagnóstico del supuesto cuadro. De la misma forma, en las acusaciones de abuso sexual, el chico presentó, según el perito, “información contradictoria y poco fiable” en cuanto a los detalles de los supuestos ataques, lo que implica que “no es posible concluir con grado razonable de certeza psiquiátrica o psicológica que el Sr. Daniel Gallagher haya sido abusado sexualmente”.

La trayectoria de Daniel Gallagher incluye hechos verificados como el consumo y tráfico de heroína, además de la expulsión de dos escuelas secundarias y el paso por 23 centros de rehabilitación por uso de drogas en un periodo de 10 años. También fue detenido 6 veces por robo y tráfico de drogas, incluyendo un caso de posesión e intento de distribución de 56 paquetes de heroína.

“Curiosamente”, nada de eso parece haber levantado las sospechas de la justicia norteamericana, que dio crédito al joven a pesar de la falta de pruebas y, con base solo en acusaciones contradictorias, condenó a prisión, injustamente, a los tres sacerdotes católicos y al profesor señalados como violadores.

Y no fue por falta de alertas: en una declaración confidencial obtenida y divulgada por Newsweek, el detective Joseph Walsh fue consultado, el 29 de enero de 2015, sobre nueve contradicciones importantes en la historia de Daniel Gallagher. El investigador testimonió que, cuando interrogó al chico sobre sus contradicciones, Daniel adoptó tres actitudes: o permanecía sentado sin decir nada, o se limitaba a alegar que estaba drogado, o contaba otra historia diferente.

La misma revista Newsweek afirma que hay un conjunto de razones para creer que Daniel Gallagher miente reiteradamente. La publicación cita, como ejemplo adicional a los ya mencionados, registros escolares de numerosas denuncias de lesiones físicas y psíquicas supuestamente sufridas por el muchacho – todas desmentidas.

La cantidad de absurdos en el juicio de los acusados llevó al Tribunal Superior del Estado de Pensilvania, el 22 de diciembre de 2015, a anular por segunda vez la condena del sacerdote William Lynn y a ordenar un nuevo juicio. Tres jueces concluyeron que la magistrada de primera instancia, M. Teresa Sarmina, había admitido como pruebas 21 acusaciones adicionales de abuso sexual contra el sacerdote – pero las acusaciones se remontaban a 1948, tres años antes del nacimiento del cura.

En el funeral del sacerdote Engelhardt, el superior provincial de los Oblatos de san Francisco de Sales, el sacerdote James Greenfield, reveló que, en la víspera del juicio, el fallecido sacerdote había recibido la propuesta de “negociar un acuerdo para salir de prisión y realizar servicios comunitarios”. El sacerdote prefirió quedarse en la cárcel “porque no pretendía perjurar contra sí mismo al declararse culpable de un crimen que simplemente no había cometido”.

Caso 3: Colombia, 2015

El sacerdote colombiano José Isaac Ramírez fue liberado en octubre de 2015 tras tres años de prisión – a los cuales había ido injustamente condenado debido a la falsa acusación de abuso sexual contra un adolescente de 14 años. Después de la revisión de las supuestas pruebas, el juez del caso concluyó que éstas no probaban la culpa del presbítero.


El sacerdote Ramírez había sido encarcelado en 2012, después de que una jueza aceptara el pedido de prisión contra él como “medida de seguridad”. Las acusaciones eran de “actos sexuales abusivos contra el menor de 14 años y exploración sexual del menor”.

El abogado del sacerdote, Elmer Montaña, afirma: “Nosotros presentamos a la fiscalía, desde el primer momento, una serie de testimonios de que el niño había sido manipulado e inducido a dar esas declaraciones contra el cura”. Durante el proceso. “fueron cometidas serias irregularidades”, añade el abogado, particularmente en la denuncia presentada por el padre del menor. “El padre tenía conocimiento de los supuestos actos que denunció. Él mismo contó, en su declaración que, cuando llegó la fiscalía, ellos le mandaron firmar una denuncia. Además de eso, la defensa probó que el niño mintió para esconder una situación en la que se había involucrado en la iglesia “.

En la época de su prisión, el sacerdote Ramírez era párroco de la Iglesia de María Inmaculada en la diócesis de Soacha, en Bogotá. En la cárcel, él dio la bendición a varios reclusos y atendió en confesión a varias autoridades del presidio.

Caso 4: México, 2015

El sacerdote Guillermo Gil era párroco en la Iglesia de Santa Rosa de Lima, en la arquidiócesis mexicana de San Luis Potosí, cuando fue encarcelado el 27 de junio de 2014 por, supuestamente, haber abusado de un menor. Al año siguiente, fue absuelto porque nada se pudo probar contra él.

“No hubieron pruebas. Las personas que lo acusaron no se presentaron siquiera en el proceso canónico. La única cosa que se esperaba era la resolución del juez, en el ámbito civil, para cerrar también el proceso canónico”, explicó Marco Luna, abogado de la arquidiócesis, añadiendo al respecto de la familia denunciante: “Hace un año, ellos fueron llamados al tribunal tanto para formalizar el proceso como para ofrecerles la ayuda que habían solicitado. Pero la familia cambió de domicilio y no tuvimos más posibilidades de localizarla. Extraoficialmente, sabemos que ellos presentaron una carta al tribunal, hace alrededor de quince días (en la época de la entrevista, en 2015), diciendo que ya no querían saber nada”.

Liberado, el sacerdote Guillermo Gil fue recibido por los familiares y, con autorización del obispo, pasó un tiempo con su madre y hermanas, también afectadas por el trauma del encarcelamiento injusto del sacerdote.

Marco Luna observó que, “tanto en el caso del cura Guillermo Gil como del cura José de Jesús Cruz, desde el principio no habían certezas, no habían pruebas de las acusaciones. Incluso así, ellos fueron presos y se quedaron en esa situación durante casi un año”.

Fuente, Aleteia

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