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¿Un sacerdote puede celebrar misa en cualquier lugar del mundo?


La pregunta que me haces es muy buena y quiero responderte de manera clara y amena, como si estuviéramos platicando en una tarde tranquila, con una buena taza de café.

Primero, vamos a lo esencial: sí, un sacerdote católico tiene la capacidad de celebrar la misa en cualquier lugar del mundo. Esto es un don y una responsabilidad que se le confiere en el momento de su ordenación sacerdotal. La Eucaristía es el centro de nuestra fe, el sacrificio de Cristo que se actualiza en cada misa, y la Iglesia desea que todos los fieles tengan acceso a este misterio sublime.

Sin embargo, como en todas las cosas, hay un orden que debemos respetar. La Iglesia Católica, siendo una institución que abarca todo el mundo, está organizada de manera muy estructurada. Cada región geográfica está bajo la autoridad de un obispo, quien es el pastor principal de su diócesis. En términos sencillos, podríamos decir que cada obispo es como el "capitán" de su territorio. La diócesis es su barco, y él es responsable de guiar a su tripulación, que son los fieles de esa región, hacia el buen puerto, que es la salvación y el crecimiento en la fe.

El Código de Derecho Canónico, que es como la ley interna de la Iglesia, nos dice en el canon 391: "El Obispo diocesano gobierna la Iglesia particular que le está encomendada con poder legislativo, ejecutivo y judicial, según el derecho". Esto significa que el obispo tiene la autoridad de tomar decisiones importantes sobre lo que sucede en su diócesis, incluyendo la celebración de la misa.

Entonces, aunque un sacerdote tenga la capacidad de celebrar la misa en cualquier lugar, siempre necesita la autorización del obispo local para hacerlo si no pertenece a esa diócesis. Esta autorización no es solo un formalismo; es un acto de respeto y de comunión con la autoridad que Cristo ha puesto en cada lugar. El obispo tiene la responsabilidad de velar por la fe y la disciplina en su diócesis, y parte de esto es asegurarse de que las celebraciones litúrgicas se realicen de manera adecuada y en comunión con toda la Iglesia.

Hay varias razones prácticas para esto. Por ejemplo, el obispo necesita saber quiénes están celebrando misa en su diócesis para asegurar que se sigue la liturgia de manera correcta y que los sacerdotes que lo hacen están en buena posición con la Iglesia. También es una manera de evitar confusiones y desorden, porque imagina si cada sacerdote pudiera celebrar misa donde quiera sin decirle nada a nadie; podría haber mucha desorganización.

En la Biblia, encontramos ejemplos de la importancia de la autoridad y la organización en la Iglesia. Por ejemplo, en la carta a los Hebreos 13,17, se nos dice: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y no quejándose, porque esto no os sería provechoso". Este pasaje nos recuerda que nuestros pastores, incluyendo a los obispos, tienen la responsabilidad de cuidarnos espiritualmente, y nosotros, en respeto y amor, debemos colaborar con ellos.

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1567, dice: "Los presbíteros, aunque no tengan la plenitud del sacerdocio y, en el ejercicio de su poder, dependan de los obispos, están, sin embargo, unidos a ellos en honor del sacerdocio y en virtud del sacramento del Orden y, según la distribución de las funciones pastorales, están llamados a servir al Pueblo de Dios". Este texto subraya la relación de cooperación y respeto que debe existir entre los sacerdotes y su obispo.

Entonces, si un sacerdote quiere celebrar misa fuera de su diócesis, primero debe pedir permiso al obispo del lugar. Este permiso suele ser un proceso sencillo si el sacerdote está en buena posición con su propio obispo y no hay ninguna razón especial para negárselo. A menudo, este permiso se puede otorgar de manera verbal o a través de una simple carta.

También es importante recordar que hay situaciones especiales, como las misiones o circunstancias donde la misa no puede celebrarse fácilmente. En esos casos, los obispos suelen ser muy comprensivos y facilitadores, porque entienden la importancia de la Eucaristía para los fieles. La Iglesia es madre y siempre busca el bien de sus hijos.

Por último, me gustaría compartir una pequeña reflexión sobre la belleza de la universalidad de la Iglesia. Cuando un sacerdote puede celebrar misa en cualquier lugar del mundo (con la debida autorización), nos recuerda que somos una sola familia en Cristo, sin importar dónde nos encontremos. Cada misa, sin importar el lugar, es una actualización del sacrificio de Cristo en la cruz, uniendo a todos los fieles en un solo cuerpo, que es la Iglesia. 

Esta universalidad es uno de los grandes tesoros de nuestra fe. No importa si estamos en una pequeña capilla en una aldea remota o en una majestuosa catedral en una gran ciudad; la misa es siempre la misma, el mismo sacrificio de amor de nuestro Señor. Y este acto de unidad y amor es lo que nos fortalece y nos guía en nuestro caminar diario como cristianos.

Espero que esta explicación te haya sido útil y clara. Siempre es un placer compartir y profundizar en nuestra fe juntos. Si tienes más preguntas o dudas, no dudes en preguntar. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre en tu camino. ¡Hasta pronto!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Sacerdotes confiesan en video rezar para que el Papa "vaya al cielo cuanto antes"; aceptan que fue un comentario "de mal gusto" y que no desean la muerte de Francisco.


Unos comentarios emitidos por ciertos sacerdotes han suscitado controversia en las plataformas digitales, lo que ha llevado a los propios líderes religiosos a reconocer que es un "comentario de mal gusto".

Estas declaraciones se realizaron durante una tertulia en YouTube llamada 'La Sacristía de la Vendée. Una tertulia sacerdotal contrarrevolucionaria', organizada por Francisco José Delgado Martín, sacerdote diocesano de Toledo, el 22 de febrero.

En el transcurso del evento, Gabriel Calvo Zarraute, sacerdote perteneciente a la diócesis de Toledo, expresó: "Yo también rezo mucho por el Papa, para que pueda ir al cielo cuanto antes".

En respuesta, el sacerdote estadounidense Charles Murr comentó: "Yo también me uno a las oraciones del padre Gabriel para el Santo Padre", a lo que Calvo Zarraute añadió: "Somos muchos con esa intención". Posteriormente, el moderador mencionó: "A ver si rezamos más fuerte", mientras que el padre mexicano Juan Razo agregó: "Estoy como el padre Murr. ATM: A toda máquina".

Tras la polémica suscitada en las redes sociales, donde algunos usuarios interpretaron que los sacerdotes estaban deseando la muerte del Papa, los organizadores de la tertulia expresaron su pesar por el comentario, considerándolo un "comentario de mal gusto" y aclarando que no expresaba deseos de muerte hacia el Papa, sino que fue dicho en tono de humor.

Además, manifestaron su apoyo al Papa Francisco y rechazaron los ataques contra él y la unidad de la Iglesia, reconociendo que lamentaban haber podido causar confusión o escándalo en algunas personas. También lamentaron los problemas ocasionados a sus respectivos obispados por las protestas coordinadas surgidas a raíz de estas declaraciones.

"Es un comentario de mal gusto y, aunque no expresa deseos de la muerte del Papa, como algunos medios maliciosamente han difundido, comprendemos que se pueda entender de esa forma", reconocieron los participantes en el foro.

El Arzobispado de Toledo rechazó rotundamente las declaraciones, avisando que no se excluían medidas de corrección por estos hechos. En un comunicado, el Arzobispado informó que esas declaraciones "lesionan la comunión de la Iglesia y escandalizan al Pueblo de Dios", reiterando su llamado a la comunión con el Papa y agradeciendo el trabajo del presbiterio diocesano para promover esa comunión.

¿Los monjes son sacerdotes? ¿Pueden consagrar los dones?


¿Son los monjes sacerdotes?

Para comprender mejor este asunto, vamos a adentrarnos un poco en la naturaleza de la vida monástica y el papel de los sacerdotes dentro de la Iglesia Católica. Los monjes, como sabes, son hombres que han elegido dedicar sus vidas por completo a Dios, buscando la perfección evangélica a través de la oración, el trabajo y la vida comunitaria. Viven en comunidades cerradas, a menudo en monasterios, y siguen una regla de vida específica, como la de San Benito o la de San Francisco de Asís.

Dentro de la vida monástica, no todos los monjes son sacerdotes. De hecho, muchos monasterios están compuestos por una mezcla de hermanos religiosos y sacerdotes. Los hermanos religiosos, también llamados monjes laicos o hermanos legos, no han recibido el sacramento del Orden Sacerdotal y, por lo tanto, no pueden administrar los sacramentos que requieren la ordenación, como la Eucaristía y la Reconciliación.

Por otro lado, los sacerdotes que son monjes, como los monjes sacerdotes benedictinos, han sido ordenados y tienen la capacidad de celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, y llevar a cabo otras funciones pastorales dentro y fuera de la comunidad monástica.

Para entender esta distinción, podemos recurrir al Catecismo de la Iglesia Católica, que nos enseña sobre el sacramento del Orden. En el párrafo 1554, el Catecismo nos dice: "Los sacerdotes son consagrados en la medida en que se unen al sacerdocio de Cristo, que es único. Por tanto, en cierto sentido, es Cristo mismo quien se hace presente en ellos". Esta unión especial con Cristo, que se logra a través del sacramento del Orden, capacita al sacerdote para actuar en la persona de Cristo, especialmente en la celebración de los sacramentos.

En la vida monástica, los monjes sacerdotes desempeñan un papel crucial al presidir la liturgia y guiar espiritualmente a la comunidad. Sin embargo, es importante destacar que la vida monástica no se centra únicamente en el sacerdocio. Todos los monjes, independientemente de si son sacerdotes o no, comparten la misma llamada a la santidad y se esfuerzan por vivir según los principios del Evangelio.

En este sentido, podemos reflexionar sobre las palabras de San Pablo a los Corintios en su primera carta, donde compara a la Iglesia con un cuerpo, con diferentes miembros que tienen funciones distintas pero complementarias. En 1 Corintios 12:12-14, nos dice: "Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, aun siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos".

Esta imagen nos recuerda que cada miembro de la Iglesia, ya sea sacerdote, religioso laico o laico comprometido, tiene un papel vital que desempeñar en el cuerpo de Cristo. Los monjes, ya sean sacerdotes o hermanos legos, contribuyen de manera única a la vida de la Iglesia a través de su dedicación a la oración, su testimonio de vida comunitaria y su compromiso con la caridad y el servicio.

Además, es interesante observar que la tradición monástica tiene una larga historia en la Iglesia Católica y ha producido numerosos santos y figuras espirituales que han enriquecido la vida de fe de millones de personas en todo el mundo. Desde los primeros monjes del desierto hasta los grandes fundadores de órdenes religiosas como San Benito, San Francisco y Santa Teresa de Ávila, la vida monástica ha sido una fuente inagotable de inspiración y renovación espiritual.

En última instancia, más allá de las distinciones entre sacerdotes y hermanos religiosos, lo que importa en la vida monástica es el llamado a la búsqueda de Dios y la respuesta generosa a ese llamado. Como dijo San Benito en su Regla, "nada debe anteponerse al amor de Cristo", y esta búsqueda apasionada del amor divino es lo que impulsa a los monjes en su camino de conversión y santificación.

Así que haciendo un pequeño resumen, los monjes pueden ser sacerdotes o hermanos religiosos, pero en ambos casos comparten la misma vocación a la santidad y contribuyen de manera única a la vida y la misión de la Iglesia. Ya sea en la celebración de los sacramentos, en el trabajo manual en el campo o en la oración constante en el claustro, los monjes son testigos vivos del amor de Dios y nos recuerdan a todos la belleza y la importancia de buscar a Dios en todas las cosas.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¡ESCÁNDALO! Sacerdote dice: "Cristo es lesbiana, gay, bisexual, transgénero y queer"

 


«Una vez que perteneces a Cristotú también perteneces a todos los demás que le pertenecen a Cristo', dijo el Padre Rick Walsh.

El 28 de junio de 2020, el sacerdote paulista Rick Walsh ofreció “una reflexión” titulada “Todos nos pertenecemos unos a otros” en la parroquia Católica 'San Pablo el Apóstol' en la ciudad de Nueva York; La parroquia es la casa madre de la orden paulista. El 25 de junio de 2020, Walsh también fue el "celebrante" de la 'Misa del Orgullo' de la parroquia patrocinada por el ministerio LGBT paulista "Out at St. Paul" (OSP). Durante su "reflexión" el Padre Walsh dijo:
"¿No son conscientes? Cristo es una mujer... Cristo es negro
En Cristo, yo también soy negro.
Una vez que perteneces a Cristo, perteneces a todos los demás que también le pertenecen a Cristo.
Algunos dicen que aquellos de nosotros que somos miembros LGBTQ no pertenecemos al cuerpo de Cristo; negando totalmente nuestro bautismo.
¿No son conscientes de que nosotros, que somos LGBTQ, también estamos viviendo ahora en Cristo?
Que somos Cristo
Cristo es lesbiana, gay, bisexual, transgénero y queer.
En Cristo, soy lesbiana, gay, bisexual, transgénero y queer.
Una vez que perteneces a Cristo, perteneces a todos los demás que también le pertenecen a Cristo."
El sacerdote jesuita Donal Godfrey una vez escribió algo extrañamente similar:

"Si Dios debe volverse asiático o africano, entonces Dios también es, en cierto sentido, extranjero... ¿Es menos apropiado que los homosexuales imaginen a Jesús como homosexual que para los cristianos africanos imaginarlo como negro, los cristianos asiáticos como asiático?"

El meme "queer-Christ" se ha convertido en una piedra angular de los llamados ministerios LGBT católicos.

OSP es un "ministerio" que  tiene una larga historia de prácticas pastorales a favor de los homosexuales y declaraciones públicas en apoyo del matrimonio entre personas del mismo sexo. El 15 de mayo de 2018, este Ministerio organizó un evento en el bar deportivo gay Boxers in Hell’s Kitchen. Sin embargo, esta no fue la primera vez que Out at St. Paul celebra reuniones en bares gay. El 22 de marzo de 2017, Out at St. Paul organizó un "Spring Social" en el bar gay Bottoms Up de Hell’s Kitchen. Por otra parte, el 31 de enero de 2018, organizaron su "Winter Social" en el bar gay Rise en Hell’s Kitchen. 

¿Los sacerdotes también se confiesan?


Te puedo asegurar que sí, los sacerdotes también nos confesamos. Aunque a veces pueda parecer que llevamos una vida intachable, todos somos seres humanos y también cometemos errores y pecados.

La confesión es un sacramento muy importante en nuestra fe católica. Nos permite reconciliarnos con Dios y con nuestra comunidad, y recibir el perdón y la gracia divina. A través de la confesión, reconocemos nuestros pecados, nos arrepentimos sinceramente de ellos y buscamos enmendar nuestras acciones. Además, recibimos el consejo y la absolución del sacerdote, quien actúa en el nombre de Cristo.

La confesión nos ayuda a crecer espiritualmente y a fortalecer nuestra relación con Dios. Incluso Jesús mismo nos enseñó sobre la importancia de confesar nuestros pecados cuando dijo en Mateo 4,17: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca". También en el Evangelio de Juan 20,23, Jesús le dice a sus discípulos: "A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengan, les serán retenidos".

La tradición de los sacerdotes confesándose se remonta a los primeros siglos del cristianismo. En la patrística, encontramos numerosos escritos de los Padres de la Iglesia que hablan sobre la importancia de la confesión y el papel del sacerdote como ministro de este sacramento. San Agustín, por ejemplo, escribió en su obra "Confesiones" sobre su propia experiencia de confesión y cómo esto le ayudó a encontrar la paz y el perdón de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica también nos habla sobre la confesión y la importancia de que los sacerdotes se confiesen. En el párrafo 1465, se menciona: "En virtud de su ministerio, representan a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y actúan en su nombre cuando, en virtud del poder que él les confió, perdonan los pecados en el sacramento de la penitencia".

Es importante destacar que los sacerdotes también son seres humanos y están sujetos a las tentaciones y debilidades propias de nuestra condición. Aunque hemos sido llamados a servir a Dios y a la comunidad, también necesitamos recibir el perdón y la gracia divina. La confesión nos permite humillarnos ante Dios y reconocer nuestras propias limitaciones.

Así que sí, los sacerdotes también se confiesan. Al igual que cualquier otro fiel, necesitamos acercarnos al sacramento de la reconciliación para recibir el perdón y la misericordia de Dios. No somos perfectos, pero a través de la confesión buscamos crecer espiritualmente y ser mejores ministros para nuestra comunidad.

Espero que esta respuesta te haya sido útil, hijo mío. Recuerda siempre que Dios está dispuesto a perdonarnos y acogernos con amor incondicional. No importa cuán grande sea nuestro pecado, siempre podemos encontrar la paz y el perdón en el sacramento de la confesión. ¡Que Dios te bendiga y te acompañe en tu camino espiritual!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

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¿Ya conoces estos libros católicos?

Papa Francisco en carta a los sacerdotes: «las intransigencias doctrinales y los extremismos litúrgicos» son síntoma de mundanalidad


En una carta, les dice además que la mundanidad se esconde incluso en «las buenas intenciones» y «las motivaciones religiosas»

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Desde Portugal, el obispo de Roma, es decir, el Papa, ha escrito unas palabras para los sacerdotes de su diócesis «desde el corazón y el afecto que siento por cada uno de vosotros», escribe.

En la misiva escrita con motivo de la dedicación de la basílica de Santa María la Mayor, Francisco parafraseando una homilía suya de la Misa crismal de este año, les da las gracias por su esfuerzo, hecho en tantas ocasiones sin recibir el merecido reconocimiento. Al mismo tiempo, les recuerda que el ministerio sacerdotal «no se mide en los éxitos pastorales». Porque es la Gracia de Dios la que sostiene su labor apostólica y les permite «soportar los fracasos y decepciones, alegrarse con sencillez de corazón, ser mansos y pacientes, volver a empezar y tender la mano a los demás».

Dice el Papa en la misiva que no solo el descanso les permite «recargarse», sino, sobre todo, «estar abiertos al encuentro fraterno entre nosotros». «En ese espíritu os escribo», indica el Pontífice que les asegura que está «en camino con vosotros». «Por eso, quiero haceros sentir que soy cercano en las alegrías y sufrimientos, en los proyectos y cansancios, en las amarguras y en el consuelo pastoral», les escribe contándoles además que reza todos los días por ellos.

«El peligro más grande para la Iglesia»

En esa oración, Francisco confiesa que le vuelve un pensamiento constante: «Que Dios nos pide ir a fondo en la lucha contra la mundanidad espiritual». El Papa retoma unas palabras de Henri de Lubac en las que el teólogo afirma que la mundanidad espiritual es «el peligro más grande para la Iglesia» y concluye que «si esta mundanidad espiritual invade la Iglesia y trabaja para romperla, sería infinitamente más desastrosa que cualquier mundanidad simplemente moral». 

La espiritualidad de la apariencia

El Papa reconoce que ha repetido muchas veces estas ideas, pero considera que recordarlas es prioritario. Indica que la mundanidad «es un modo de vivir que reduce la espiritualidad a apariencia», a «hombres revestidos de formas sagradas que, en realidad, continuan pensando y actuando según las modas del mundo». Sucede, advierte el Pontífice, cuando se dejan arrastrar por lo efímero, la mediocridad, la rutina y las tentaciones de poder e influencia social. Además detalla algunos síntomas como «la vanagloria, el narcisismo, las intransigencias doctrinales y los extremismos litúrgicos». Dice que dejan entrever una forma de mundanidad que se esconde en una aparente religiosidad e incluso amor a la Iglesia, pero que no buscan la gloria de Dios, sino «la gloria humana y el bienestar personal».

Explica Francisco que la mundanidad espiritual llega de puntillas y se esconde «en buenas intenciones o dentro de motivaciones religiosas». Por eso, en esta carta invita a los sacerdotes de Roma, en un mensaje que es aplicable a cualquier sacerdote de cualquier parte del mundo, a practicar «la vigilancia interior».

«Actitudes distanciadoras y altivas»

El Santo Padre apunta a una forma concreta de mundanidad espiritual que es el clericalismo. Al Papa le preocupa ver que se cae una y otra vez en esta tentación «cuando quizá sin darnos cuenta hacemos ver a la gente que somos superiores, privilegiados, colocados en lo alto y, por tanto, separados del resto del Pueblo santo de Dios». Lamenta que este clericalismo haga perder la memoria del bautismo recibido y haga vivir la autoridad sin darse cuenta de las incongruencias y sin humildad, «con actitudes distanciadoras y altivas», preocupados por el yo, las propias necesidades.

Clericalismo en los laicos

Francisco también advierte de que este clericalismo se extiende a los laicos y operadores pastorales, cuando se cierran en sus propios grupos, «cuando desarrollan lazos posesivos respecto a su papal en la comunidad» o cuando son arrogantes. «El diablo se insinúa alimentando la queja, la negatividad y la insatisfacción crónica», señala.

En cualquier caso, el Papa no quiere ser pesimista y anima a seguir adelante «arremangándose y rezando arrodillados, ustedes que pueden» indica, haciendo una simpática alusión a su problema de rodilla. Como antídoto a esta mundanidad espiritual y a su forma más dañina, el clericalismo, Francisco propone mirar a Jesús «a la compasión con la que ve nuestra humanidad herida, al a gratuidad con la que ha ofrecido su vida por nosotros en la cruz».

Desde el año 2016, 40 sacerdotes católicos se han suicidado en Brasil


Una investigación realizada por el P. Lício de Araújo Vale, perteneciente a la Diócesis de São Miguel Paulista, demuestra que entre agosto de 2016 y junio de 2023, 40 sacerdotes católicos se suicidaron en todo el Brasil.

El número es una alerta sobre este triste y complejo fenómeno que azota a los clérigos del gigante suramericano. Según el padre Lício, entre los principales motivos que llevaron a los sacerdotes a suicidarse están el estrés, la soledad y las exigencias excesivas.

La imagen teológica y sociológica del sacerdote

En un artículo publicado en Vatican News, el Padre Lício explica que hay una diferencia entre la imagen teológica y la sociológica del sacerdote. La primera es la que se proyecta en la celebración de los sacramentos, los sacramentales y en la relación del sacerdote con sus más cercanos colaboradores.

La imagen sociológica del sacerdote es la que recibe de la sociedad, “muchas veces diferente de la que tiene de sí mismo, lo que puede provocar estrés, soledad y desánimo”. Es en el enfrentamiento entre estas dos imágenes donde el sacerdote puede acabar perdiéndose.

El gran desafío es “no huir de la realidad refugiándose en la imagen teológica del sacerdote, pero tampoco ignorar la imagen sociológica que se tiene de él en la sociedad actual”. Es necesario “vivir con coherencia la dimensión teológica del sacerdocio, tan cuestionada desde el punto de vista de la realidad social en todos sus aspectos”.

El reto de ser sacerdote en el siglo XXI

El Padre Lício también destaca el desafío de ser sacerdote en el siglo XXI, tiempo en el que es necesario adaptarse a través del servicio fiel y eficaz a la llamada del Evangelio, teniendo ojos y oídos atentos a los signos de los tiempos, ademásde tener la habilidad de atender a los corazones sedientos.

Finalmente, concluye subrayando que es importante y urgente que se ofrezca una mejor formación inicial en los seminarios y noviciados, y que se creen estrategias pastorales “más apropiadas no sólo para la formación permanente, sino también para la atención de los mismos sacerdotes, así como enfrentar el miedo y los prejuicios respecto a la salud mental de los presbíteros”. (EPC)

Fuente: https://es.gaudiumpress.org/

Oración por los Seminaristas y por los Sacerdotes.


ORACIÓN POR LOS SEMINARISTAS Y SACERDOTES

Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote, te doy gracias por el don de tu sacerdocio en la Iglesia. Ruego por todos los sacerdotes y los que están en la formación sacerdotal, especialmente a los más necesitados.

Llénalos con el gozo de tu Espíritu Santo mientras te imitan, el Buen Pastor, entregando sus vidas diariamente para aquellos que les has dado para servir. Deja que tu amor llene y satisfaga sus corazones mientras tu les enseñas cómo dar de ellos mismos más profundamente. Hazles ardientes pero amables heraldos del Evangelio y tiernos ministros de tu misericordia, especialmente hacia los que más la necesitan.

Jesús, manso y humilde de corazón, haz sus corazones más como el tuyo! Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria. 

San Juan Vianney, patrón de los sacerdotes,
¡Ruega por nosotros, y especialmente por todos los Sacerdotes!

El problema del suicidio entre el clero católico: alarma por aumento en algunos países



Los sacerdotes también lloran y padecen problemas de salud mental. Alarma en algunos países el aumento de suicidios.
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Los sacerdotes son hombres de Dios y cuentan con una particular –como poderosa– asistencia del Espíritu Santo que, sin importar cuan frágiles o pecadores fueren estos sacerdotes, actúa en ellos y a través de ellos para ofrecer a todos las gracias sacramentales de Dios Padre; fuente de salvación ganada para toda la humanidad a precio de la sangre redentora del Hijo de Dios, Jesucristo.

También puedes leer: Aire fresco en el Vaticano: Nuevo prefecto en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe  

Pero los sacerdotes también lloran y –según indican diversos estudios desde comienzos de este siglo XXI– padecen situaciones de agotamiento –burnout–, soledad u otras fragilidades psicoemocionales que están al alza, generando en algunos problemas de salud mental y alarmas en países donde se observa un aumento en el número de sacerdotes que llegan al suicidio.

Abordar entonces la cuestión de la salud mental de seminaristas y sacerdotes es cada vez más urgente para la Iglesia. Como bien señala el Padre Giovanni Cucci en un ensayo recién publicado por La Civiltà Cattolica (pulse para leer), el estrés y la soledad golpean por igual a los sacerdotes. En este sentido, el agotamiento y la sensación de inadecuación son síntomas a vigilar. «Se trata de un malestar destinado a crecer, porque los sacerdotes tienen a menudo varias parroquias que administrar, sin residir en ninguna de ellas, y a las tareas administrativas se añaden las responsabilidades canónicas, civiles y penales», escribe Cucci.

Algunos sondeos

En Francia, el 25 de noviembre de 2020 se presentó un estudio financiado por la Conferencia Episcopal Francesa (CEF) y la Mutualité Saint Martin sobre la salud de los 6.400 sacerdotes diocesanos menores de 75 años que trabajan en las 105 diócesis.

Cuando se les pregunta en general cómo se sienten, la inmensa mayoría responde «bien» o «bastante bien» (93,3%); sin embargo, el 40% siente un bajo grado de realización personal y malestar en relación con la jerarquía eclesiástica, a menudo debido a problemas de gestión; dos de cada cinco sacerdotes tienen problemas con el alcohol y el 8% son adictos. Sin embargo, lo que más preocupa a los obispos es que el 2% de sus sacerdotes sufre de forma grave de burnout: el 7% experimenta «fatiga de forma elevada» y el 76% de forma débil; sólo el 15% parece estar exento.

También en Italia se han realizado estudios sobre el malestar entre los sacerdotes. Una investigación realizada en 2005 en Padua (una de las diócesis donde hay más sacerdotes, 806 en el momento de la investigación) muestra resultados muy similares a los encontrados en Francia. De las entrevistas se desprenden 2 grandes grupos (124 sacerdotes cada uno) antitéticos: para el primer grupo «todo va bien», mientras que el segundo se siente «agotado», con altos niveles de depresión, falta de implicación y escasa realización personal. Hay otras categorías, menos numerosas, pero que sienten una situación bastante similar a la de los «agotados».

Cifras que inquietan

El ensayo de Padre Giovanni Cucci también menciona algunas cifras que inquietan: «Desde hace algún tiempo, ha habido un aumento impresionante de suicidios entre los sacerdotes en Brasil. Durante el año 2018, 17 sacerdotes se quitaron la vida y otros 10 en 2021». Y continúa…

«Ya en 2008, una investigación realizada por la organización Isma Brasil, recogiendo entrevistas con 1.600 sacerdotes, religiosos y religiosas, había señalado que la principal causa de estrés en la vida religiosa era la ausencia de privacidad, tiempo y espacio adecuados para el autocuidado. La Conferencia Episcopal de Brasil también inició investigaciones. Los expertos consultados señalaron el exceso de trabajo, la falta de ocio, la soledad y la pérdida de motivación entre los posibles factores que llevan a algunos religiosos al suicidio (…) De las entrevistas realizadas, sin embargo, se desprende que el problema más común es la depresión: Un sacerdote joven en un país como Brasil, donde puede enfrentarse a mucho – demasiado – trabajo pastoral, puede llegar a una actitud digamos hiperresponsable, que fácilmente desemboca en activismo, que a su vez se convierte en estrés, y éste en ansiedad y depresión. Y a menudo está solo y no puede cuidar de sí mismo».

La situación no mejora trasladándose a Europa, y más concretamente a Francia, como revela una investigación realizada sobre esa nación. «Uno de ellos –escribe Civiltà Cattolica refiriéndose a los sacerdotes implicados en la encuesta– confesó que no era el pastor con olor a oveja, sino con olor a gasolina… Para muchos no hay días libres. Aunque la situación no sea tan dramática como en Brasil, en Francia se han producido siete suicidios de sacerdotes en cuatro años».

Incluso Italia, desde este punto de vista, no es inmune: una investigación llevada a cabo en el país saca a la luz un malestar generalizado entre los sacerdotes entrevistados. ¿Las causas? «El burnout, aunque la mayoría de ellos no han utilizado este término y a menudo ni siquiera lo conocen; más bien se detectan causas externas precisas (multiplicidad de compromisos, complejidad de los problemas, el sentimiento de ser ‘funcionarios de lo sagrado’, que prestan servicios asépticos a fieles indiferentes)».

Las soluciones

El periódico jesuita intenta, no obstante, hipotetizar salidas: desde la ampliación de la vida comunitaria, quizá con la presencia de familias, hasta la implicación de las mujeres en la formación de los sacerdotes. Tampoco deben excluirse, «en los casos más difíciles», incluso «periodos de alejamiento» para pasarlos «en un contexto más protegido, manteniendo siempre la posibilidad de relacionarse con los responsables de la diócesis».

Y también sobre abordar soluciones… el pasado 14 de marzo de 2023 en el portal de la Conferencia Episcopal de Brasil, Monseñor Messias dos Reis Silveira, Obispo de Teófilo Otoni (MG) escribe un extenso artículo con un título de alto impacto: Remedio Para el Suicidio de Sacerdotes (pulse aquí para leerlo).

Asertivo, Monseñor Reis Silveira, inicia reconociendo que cuando un sacerdote se suicida lo único que algunos hacen es buscar un culpable y no comprometerse. «¿Quién tiene la culpa? ¿El obispo? ¿Los superiores? ¿El presbiterio? ¿El sacerdote? ¿La familia? ¿La Iglesia? ¿El sistema?  Las preguntas se suceden casi siempre sin respuestas vivificantes. Los hechos se repiten», denuncia el obispo.

El suicidio –prosigue Monseñor– es la culminación de un proceso de enfermedad que, poco a poco, convierte la vida en una carga insuperable para la persona que se enfrenta a sus dificultades, aplastada por la imposibilidad de salir del sufrimiento. «No es una elección racional libre e incontaminada. Es la única vía viable dentro de la lógica de un corazón enfermo para abortar el sufrimiento y, quién sabe, ser feliz, aunque sea después de la muerte», destaca.

Consciente de que este es un problema complejo, el cual requiere un abordaje desde múltiples esferas tanto espirituales, de profesionales idóneos en salud mental y de cada miembro de la Iglesia, Monseñor Reis Silveira advierte que ha de ser una prioridad de cada obispo salvaguardar –como lo haría todo buen Padre con sus hijos– el bienestar de sus sacerdotes.


«Detrás de un sacerdote o de un agente religioso hay un ser humano con todas las vicisitudes, debilidades y virtudes de la ‘naturaleza’ humana (..) Un estilo de vida sacerdotal sin apego al presbiterado, sin comunión, sin cuidado de la salud física, emocional, relacional y espiritual conduce a la muerte. Y este se ha convertido en el gran reto de nuestra misión como Obispos Pastores como cuidadores del rebaño, desde la formación inicial hasta la permanente. Generar confianza y ayudar a sanar los corazones es un camino que no se puede dar por descontado», alerta Monseñor Reis Silveira.
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Fuente: https://es.zenit.org/

Sudán: mientras estallan los combates, los sacerdotes permanecen con sus rebaños


Aunque hasta ahora no ha muerto ningún trabajador de la Iglesia, a pesar del creciente número de víctimas civiles, las iglesias han sufrido daños, al igual que otros edificios públicos, incluidos los hospitales.

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Los sacerdotes de un Sudán devastado por la guerra siguen cuidando de sus rebaños a pesar de la escalada del conflicto en la capital sudanesa, Jartum, y en toda la región de Darfur.

A pesar del alto el fuego, continúan los violentos enfrentamientos entre las semioficiales Fuerzas de Apoyo Rápido y el ejército sudanés, con más de 400 civiles muertos.

En declaraciones a la organización caritativa católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), un sacerdote misionero recalcó que, a pesar de la intensificación de los combates, permanecería en el país el mayor tiempo posible para atender a los afectados por la violencia: «Quiero quedarme hasta el último minuto. No quiero dejar sola a la gente. Muchos de nuestros católicos vinieron [a la iglesia]. Aquí, la Iglesia es su esperanza. Pero nos enfrentamos a los mismos problemas que el resto de la gente».

Las iglesias han abierto sus puertas para dar cobijo y refugio, pero los socios del proyecto dijeron a la AIN que uno de sus mayores problemas es la escasez de agua. El agua es esencial, ya que las temperaturas en la capital, Jartum, superan los 38ºC.

Según informaron a ACN, la gente se dirige al Nilo Azul, que atraviesa la capital, para conseguir agua, pero aun así puede ser peligroso atravesar la ciudad e incluso si la gente consigue agua del río, está sucia y necesita ser purificada.

Los socios del proyecto afirman que los mercados están vacíos y escasean los alimentos.

Y con poco o ningún combustible, hay largas colas en las gasolineras, y a menudo se producen enfrentamientos por el combustible disponible.

Aunque hasta ahora no ha muerto ningún trabajador de la Iglesia, a pesar del creciente número de víctimas civiles, las iglesias han sufrido daños, al igual que otros edificios públicos, incluidos los hospitales.

Según ha podido saber AIN, la iglesia de Bahri, en el norte de Jartum, fue alcanzada por una bomba, pero los que se encontraban en el lugar consiguieron apagar el fuego después de que se apoderara del tejado.

Los combatientes armados también entraron por la fuerza en la catedral de Jartum y una capilla perteneciente a una congregación religiosa fue bombardeada.

En conclusión, un socio del proyecto dijo a AIN: «¿Terminará pronto el conflicto? Es nuestra oración… Pero, en realidad, ninguna de las partes está preparada. A nivel internacional se presiona para que haya diálogo, pero sigue habiendo tiroteos».

Autor: Zenit Noticias

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Fuente: https://es.zenit.org/2023/05/04/sudan-mientras-estallan-los-combates-los-sacerdotes-permanecen-con-sus-rebanos/

¿Por qué hay sacerdotes que no creen en las apariciones de Fátima?


¿Por qué hay sacerdotes que no creen en las apariciones de Fátima? Hace poco supe del Padre Mario Oliveira que niega estos eventos y escribió un libro llamado "Fátima nunca más" en el que, según él, todo habría sido un invento del clero portugués de la época. ¿Qué me puede decir al respecto?

Respuesta:

Debo decir que la Iglesia Católica reconoce la existencia de las revelaciones privadas, pero también establece ciertas normas y criterios para discernir su autenticidad y su importancia para la fe de los creyentes. La Iglesia distingue entre las revelaciones privadas y el deposito de la fe, que son las verdades que Dios ha revelado de manera pública y definitiva a través de Jesucristo y los apóstoles.

En cuanto a las apariciones de Fátima, es importante señalar que la Iglesia no exige a los católicos creer en ellas como parte del deposito de la fe, pero tampoco las rechaza de manera automática. En cambio, la Iglesia ha estudiado detenidamente estas apariciones a lo largo de los años y ha emitido diversas declaraciones y juicios al respecto.

La Iglesia ha reconocido que las apariciones de Fátima son un fenómeno notable que ha despertado la devoción y la fe de muchos creyentes en todo el mundo. Sin embargo, también ha sido cuidadosa en no sobrestimar la importancia de estas apariciones y en no hacer afirmaciones que no estén respaldadas por pruebas sólidas.

En cuanto al caso del Padre Mario Oliveira, no puedo hablar en su nombre ni en nombre de la Iglesia, pero puedo decir que cada sacerdote tiene derecho a tener sus propias opiniones y creencias en cuanto a las apariciones de Fátima o cualquier otra cuestión de fe. Sin embargo, si un sacerdote enseña algo que va en contra del magisterio de la Iglesia o que pone en duda la autenticidad de una enseñanza importante de la fe, entonces debe ser llamado a rendir cuentas y aclarar sus posiciones.

Debo decir que el libro "Fátima nunca más" del padre Mario Oliveira presenta una opinión muy crítica y controvertida sobre las apariciones de Fátima y su interpretación por parte de la Iglesia Católica. Aunque es cierto que existen algunas discrepancias y debates en torno a este tema, la posición oficial de la Iglesia es que las apariciones son un evento sobrenatural digno de respeto y devoción.

Es importante recordar que la Iglesia ha realizado una extensa investigación sobre las apariciones de Fátima y ha reconocido su autenticidad y trascendencia religiosa. Además, la canonización de los niños Jacinta y Francisco Marto, quienes presenciaron las apariciones, es una prueba del reconocimiento oficial de la Iglesia sobre la importancia de este evento.

En cuanto al contenido del libro del padre Oliveira, es cierto que presenta algunas hipótesis interesantes y cuestiona algunos aspectos de las apariciones, pero como sacerdote, debo recordar que las opiniones y teorías personales no pueden sustituir la verdad revelada por Dios y transmitida a través de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

En cuanto al proceso de discernimiento de las revelaciones privadas, la Iglesia se basa en varios criterios para evaluar su autenticidad y su importancia para la fe de los creyentes. Estos criterios incluyen la conformidad con la enseñanza de la fe, la coherencia interna del mensaje, la santidad de la persona que recibió la revelación, la frutos espirituales que ha producido y la aceptación por parte del pueblo de Dios.

En el caso de las apariciones de Fátima, la Iglesia ha evaluado cuidadosamente cada uno de estos criterios y ha llegado a la conclusión de que estas apariciones fueron auténticas, que realmente la Virgen María se manifestó a los pastorcillos y por tanto son dignas de respeto y devoción, pero también es cierto que no constituyen una parte esencial del deposito de la fe. Por lo tanto, los católicos no están obligados a creer en ellas, pero pueden hacerlo como una expresión de su fe personal.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Sacerdotes, presbíteros, padres, pastores o curas?


Autor: Pbro. José Francisco Gómez Hinojosa. Vicario General de la Arquidiócesis de Monterrey (México).

Los seminarios se vacían en forma dramática, ante la falta de vocaciones. Monjas españolas dicen que no necesitan capellán para las celebraciones eucarísticas: se puede encargar de ellas la superiora. Consagradas brasileñas confiesan a los fieles en la Amazonía, aunque no les dan la absolución. Laicos de Paderborn, Alemania, quieren nombrar a su arzobispo, siguiendo el espíritu del camino sinodal germano.

¿Estamos ante una revolución eclesial, acorde a lo vivido en estos últimos 10 años con el papa Francisco? Sin lugar a dudas. Pero uno de los elementos a resolver en primer lugar, me parece, es la tarea que tendrán en el futuro los clérigos actuales: en ellos se centran muchos de los problemas a superar, desde su progresiva disminución numérica, hasta el clericalismo que los corroe.

Y un buen comienzo sería definirlos, asignarles un nombre que los identifique. No es un mero nominalismo, sino la expresión de una realidad. ¿Cómo se les ha venido llamando? ¿Cómo se les podrá designar en la Iglesia del futuro? Vayamos de menos a más en lo que, a mi juicio, sería la nomenclatura adecuada.

¿Sacerdotes? Va un no rotundo. Ni los apóstoles, ni los discípulos de Jesús, ni quienes tenían a su cargo las primitivas comunidades recibieron ese apelativo. Además, evoca más el poder en la administración de lo sagrado que el servicio desinteresado a la comunidad.

¿Presbíteros? Quizá, y estaría más acorde a lo que se dice de ellos en el Nuevo Testamento. Son ancianos -no en el sentido cronológico- que se distinguen por su sabiduría y experiencia, aunque el concepto no deja de parecer distante de los fieles.

¿Padres? Así se nos llama con más frecuencia, lo que genera una suerte de filiación en los laicos, aunque no se puede desechar el mandato de Jesús -claro, rechazado siempre cuando los protestantes nos lo espetan en la cara-: “a nadie llamen padre” (Mateo 23,9).

¿Pastores? Ya nos vamos acercando al punto correcto, creo, pues así se autodefinió Jesús de Nazaret. Aunque la expresión nos sigue pareciendo distante a quienes vivimos en sectores urbanos, y los fieles actuales lo que menos quieren es que se les considere ovejas.

¿Curas? Aunque para algunos pueda significar algo peyorativo, remite a cuidado, cercanía, protección, que no significa falta de competencia profesional -los “curadores” no solo alivian enfermedades sino también garantizan la pureza de lo que cuidan, como quienes velan por la calidad artística de una obra-, sino involucramiento personal con quien se asiste en alguna problemática.

Quizá, entonces, el cura del futuro se encargará menos de administrar sacramentos como el bautismo, la eucaristía y la reconciliación, o de testificar matrimonios -¿todo ello lo podrán hacer algunos laicos calificados?- y más de ungir enfermos, visitarlos en sus hogares y en los hospitales, atender a los pobres y marginados, predicar su experiencia de Dios, curar, vaya, las heridas de un mundo cada vez más necesitado de el bálsamo del cariño y la delicadeza. Veremos.

Pro-vocación

Bien por Francisco de Roma. En la reciente Asamblea Plenaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, cuyo título fue “Los laicos y la ministerialidad en la Iglesia sinodal”, el Papa ha recordado que los ministerios en la Iglesia van más allá de los conocidos, es decir, los ordenados o instituidos, y piensa en la atención a las nuevas pobrezas y, en especial, a los migrantes como las nuevas formas de servicio ministerial. Bien por Bergoglio.

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/blog/sacerdotes-presbiteros-padres-pastores-o-curas-jose-francisco-gomez-hinojosa/


También puedes leer: Tú, católico, haz caso al Papa: ¡prohibido dormirse sin hacer un breve examen de conciencia!

Famoso sacerdote tiktoker y sacerdote escritor de bestseller juntos en serie de 7 capítulos


Al finalizar el Jubileo del año 2000 el Papa Juan Pablo II ya anunció el Jubileo de 2025. Coincidiendo con ese año de gracia, dos sacerdotes, Jesús Sánchez Adalid, de Mérida-Badajoz, y el mexicano Heriberto García Arias, pondrán en marcha una serie audiovisual con la que pretenden acercar la figura del sacerdote al gran público. En este proyecto Sánchez Adalid pondrá su experiencia de escritor puntero y veterano sacerdote, mientras que el padre Heriberto pondrá su experiencia en redes sociales, donde cuenta con 1.700.000 seguidores en Tik Tok y más de 172.000 en Instagram. Sus vídeos son vistos por cientos de millones de jóvenes de todo el mundo.

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Pregunta: Padre Heriberto sus vídeos son vistos por cientos de millones de personas…

Heriberto: Sí, sí, así es. No sé si eso es para alegrarme o preocuparme por la responsabilidad, pero estoy muy contento con lo que Dios me está pidiendo. Es algo que yo no tenía en mis planes pero, al final, Él está haciendo conmigo lo que quiere y ahora me está pidiendo que siga haciendo contenido para los adolescentes, que son la mayoría de los seguidores de mis cuentas.

Pregunta: El proyecto cinematográfico en el que os embarcáis los dos no es nada fácil…

Jesús: Efectivamente, no es fácil en estos tiempos porque la Iglesia está muy desprestigiada y es innegable que el corazón de la Iglesia, que somos nosotros, los sacerdotes, también estamos muy desprestigiados. Este proyecto busca acercar, de una forma diferente y nueva, la vida del sacerdote a la gente. Queremos presentar al mundo un sacerdote que es una persona con sus problemas, sus dudas y que también sufre con los mismos escándalos de la Iglesia. Entre los dos vamos a bucear en el gran misterio que es el sacerdocio, desde la naturaleza, desde la belleza que hay en el mundo pero sin desdeñar el dolor, la miseria, el pecado, el mal.

Pregunta: Se trata de una película documental de 7 capítulos, con la que queréis llegar a católicos alejados de la Iglesia y directamente a gente sin fe, ¿no es así?

Heriberto: Es el contacto que hemos descubierto, el contacto con el mundo, con la cultura a través de la literatura y a través del contacto con adolescentes y jóvenes en las redes sociales. No es solo que lo queramos hacer, yo siento que es una llamada de Dios para la que hemos encontrado muchas facilidades y oportunidades que es sorprendente. Realmente, Dios está allanando el camino y eso es también una gran responsabilidad. Queremos algo muy bien hecho, muy ambicioso, pero respondiendo desde nuestra conciencia a algo que Dios nos está pidiendo, por eso no hay temor.

Pregunta: ¿Cuáles serán los grandes argumentos de la serie?

Jesús: En el episodio piloto, que será fundamental para que el proyecto no se estanque, se presentará Heriberto. Su vida es muy interesante: viene de Jalisco, practica la suerte de la charrería, se ha pasado media vida montando a caballo, es deportista… Ahí él recibió la vocación y marchó al seminario para ordenarse sacerdote. La gente tiene que saber que un sacerdote viene del mundo, que no es una persona que ha nacido ya rezando, sino que puede ser un aventurero, un hombre en búsqueda. Después se me va a presentar a mí, con mi vida sencilla como sacerdote de una parroquia en Extremadura, pero al mismo tiempo como escritor con cierto éxito y mi faceta de académico o mi trabajo en la biblioteca de la Real Academia de Extremadura. Él irá al mundo: visitará Auswich, estará en el corazón de África, en Ruanda, donde se dieron las matanzas entre Hutus y Tutsis, estará en contacto con víctimas de abusos… Después, entre los dos, iremos sacando conclusiones de todo esto, del bien, del mal, de las luces y de las sombras.

Autor: Juan José Montes.

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Fuente: https://es.zenit.org/

Francisco a los confesores: "No olviden que están en el confesionario no para torturar, sino para perdonar"


"Que se abra el camino a la paz, sigamos rezando por el martirizado pueblo ucraniano y tengamos cercanos a quienes han padecido el terremoto en Turquía y Siria", señaló el papa Francisco tras la oración del ángelus este mediodía desde el balcón de la tercera planta del palacio apostólico.

Igualmente, y tras traer a su recuerdo a "las poblaciones de Misisipi devastadas por un tornado" y saludar a los grupos de peregrinos españoles y peruanos que se encontraban en una plaza de San Pedro repleta de fieles, pidió también que "recemos por la reconciliación en el Perú, para que tenga paz".

Ya durante la catequesis del ángelus, glosando el pasaje de la Resurrección de Lázaro en este V domingo de Cuaresma, Francisco, reconociendo esos momentos en que "uno se siente sin esperanza, o que encuentra personas que han dejado de tenerla", a la manera de Jesús ante su amigo muerto, instó a "quitad la piedra: no escondáis el dolor, los errores, los fracasos, dentro de vosotros, en una habitación oscura y solitaria, cerrada. Quitad la piedra: sacad todo lo que hay dentro, ponedlo ante mí con confianza, sin temor, porque yo estoy con vosotros, os amo y deseo que volváis a vivir".

Recordando que "Jesús da la vida incluso cuando parece que ya no hay esperanza", pidió "no ceder al pesimismo que deprime, al temor que aísla, al desánimo por el recuerdo de malas experiencias, al miedo que paraliza. ¡Yo te quiero libre y vivo, no te abandono, estoy contigo! No te dejes aprisionar por el dolor, no dejes que muera la esperanza: ¡vuelve a vivir!".

Finalmente, e improvisando, como es tan del gusto del Papa, dirigiéndose a "mis hermanos, los confesores, les dijo: "Ustedes también son pecadores y no olviden que están en en el confesionario no para torturar, sino para perdonar".

Las palabras del Papa en el ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, quinto domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presenta la resurrección de Lázaro (cfr. Jn 11, 1- 45). Es el último de los milagros de Jesús narrados antes de la Pascua; podemos decir, por tanto, que nos encontramos en el culmen de sus “signos”. Lázaro es un querido amigo de Jesús, quien sabe que está a punto de morir; el Señor se pone en camino, pero llega a casa del amigo cuatro días después de que haya sido sepultado, cuando ya se ha perdido toda esperanza. Sin embargo, su presencia enciende un poco de confianza en el corazón de las hermanas, Marta y María (cfr. v. 22-27). Ellas, en medio del dolor, se aferran a esa luz. Jesús las invita a tener fe, y pide que abran el sepulcro. Luego reza al Padre, y entonces grita a Lázaro: «¡Sal fuera!» (v. 43). Éste vuelve a vivir y sale.

El mensaje es claro: Jesús da la vida incluso cuando parece que ya no hay esperanza. Sucede, a veces, que uno se siente sin esperanza, o que encuentra personas que han dejado de tenerla, a causa de una pérdida dolorosa, de una enfermedad, de un cruel desengaño, de una injusticia o una traición sufrida, de un grave error cometido. En ocasiones, oímos decir: “Ya no hay nada que hacer”. Son momentos en los que la vida se asemeja a un sepulcro cerrado: todo es oscuridad, en torno se ve solamente dolor y desesperación. Hoy Jesús nos dice que no es así, que en esos momentos no estamos solos, es más, que precisamente en esos momentos Él se hace más cercano que nunca para darnos de nuevo la vida. Él llora con nosotros, como lloró por Lázaro: el Evangelio repite dos veces que se conmovió (cfr. v. 33-38), y subraya que «se echó a llorar» (cfr. v. 35). Y, al mismo tiempo, Jesús nos invita a no dejar de creer y esperar, a no dejarnos abatir por los sentimientos negativos. Se acerca a nuestros sepulcros y nos dice, como entonces: «¡Quitad la piedra!» (v. 39).

Jesús nos dice esto. Quitad la piedra: no escondáis el dolor, los errores, los fracasos, dentro de vosotros, en una habitación oscura y solitaria, cerrada. Quitad la piedra: sacad todo lo que hay dentro, ponedlo ante mí con confianza, sin temor, porque yo estoy con vosotros, os amo y deseo que volváis a vivir. Y, como a Lázaro, repite a cada uno de nosotros: ¡Sal fuera! ¡Levántate, reemprende el camino, reencuentra la confianza! Yo te  tomo de la mano, como cuando de pequeño aprendías a dar los primeros pasos. Quita las vendas que te atan (cfr. v. 45), no cedas al pesimismo que deprime, al temor que aísla, al desánimo por el recuerdo de malas experiencias, al miedo que paraliza. ¡Yo te quiero libre y vivo, no te abandono, estoy contigo! No te dejes aprisionar por el dolor, no dejes que muera la esperanza: ¡vuelve a vivir!

Queridos hermanos y hermanas, este pasaje, que se encuentra en el capítulo 11 del Evangelio de Juan y que nos hace mucho bien leer, es un himno a la vida, y lo leemos cuando la Pascua está cerca. Quizá también nosotros llevamos ahora en el corazón algún peso o algún sufrimiento que parece aplastarnos. Es el momento de quitar la piedra y de salir al encuentro de Jesús, que está cerca. ¿Somos capaces de abrirle el corazón y  confiarle nuestras preocupaciones? ¿De abrir el sepulcro de los problemas y mirar más allá del umbral, hacia su luz? Y, a nuestra vez, como pequeños espejos del amor de Dios, ¿logramos iluminar los ambientes en los que vivimos con palabras y gestos de vida? ¿Testimoniamos la esperanza y la alegría de Jesús? 

Que María, Madre de la esperanza, renueve en nosotros la alegría de no sentirnos solos y la llamada a  llevar luz a la oscuridad que nos rodea.

Autor: José Lorenzo.

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Fuente: https://www.religiondigital.org/evangelio_del_domingo/Francisco-angelus_0_2545245454.html

Sacerdotes son acusados en Sinaloa por presunto acoso y violación; víctimas comparten chats por redes sociales.


A través de redes sociales, sacerdotes de Sinaloa han sido denunciados por acoso y violación; las víctimas han compartido los chats en los que se comprueba el hostigamiento de los religiosos a las jóvenes.

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Al menos cinco sacerdotes han sido denunciados por cometer violación y acoso, los señalamientos comenzaron en redes sociales y una de ellas se formalizó en la Fiscalía General del Estado de Sinaloa. 

Las denuncias se iniciaron el Día Internacional de las Mujeres, señalando acoso de parte de algunos sacerdotes de la Diócesis de Culiacán, algunas mujeres comenzaron a narrar sus experiencias, hasta llegar a una violación. 

Este caso habría ocurrido en abril de 2014, en la comunidad de Estación Bamoa, en el municipio de Guasave, cuando la persona afectada era menor de edad, pero luego de haber denunciado públicamente, decidió acudir a las autoridades. 

Otros señalamientos habrían sido en contra del párroco de Nuestra Señora del Carmen en Culiacán, quien habría obtenido su ordenamiento apenas en junio de 2021, quien supuestamente acosó sexualmente a varias menores, integrantes del movimiento Arcoíris. 

La identidad de los otros sacerdotes se desconoce, pero la Diócesis de Culiacán, a través de la Comisión de prevención de Abusos a Menores, confirmó que, cinco ministros de culto fueron separados de sus funciones mientras se realizan las investigaciones. 



Todos los sacerdotes serán sometidos a un procedimiento eclesiástico y se les impondrá la sanción correspondiente, pero los denunciantes deberán aportar las pruebas que tengan en contra de ellos. 

Algunas de las personas denunciantes dicen tener mensajes, audios y conversaciones, las cuales pudieran ser incluidas a sus expedientes. Una investigación que se realizaría de forma paralela a la denuncia penal que existe al menos contra uno de ellos. 

Las sanciones contempladas en estos casos, van desde un llamado de atención hasta la expulsión del estado clerical, dependiendo de la gravedad del caso, explicó la Diócesis de Culiacán.

Este es uno de los casos que se comparte a través de redes sociales.


El Papa critica el clericalismo: "¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales"


"La diversidad de carismas y de ministerios no debe dar lugar, dentro del cuerpo eclesial, a categorías privilegiadas; ni puede servir de pretexto a formas de desigualdad que no encuentran cabida en Cristo y en la Iglesia". Así de claro lo dejó estaba mañana el papa Francisco durante la catequesis pronunciada en la audiencia general, prosiguiendo sus reflexiones sobre qué significa ser apóstol hoy y en el marco del Concilio Vaticano II.

En este sentido, el Papa subrayó que "la cuestión de la igualdad en dignidad" pide repensar muchos aspectos decisivos para la evangelización. "Por ejemplo -abundó el Pontífice-, ¿somos conscientes del hecho de que con nuestras palabras podemos dañar la dignidad de las personas, arruinando así las relaciones? Mientras tratamos de dialogar con el mundo, ¿sabemos también dialogar entre nosotros creyentes? ¿Nuestro hablar es transparente, sincero y positivo, o es opaco, equívoco y negativo? ¿Hay voluntad para dialogar directamente, cara a cara, o mandamos mensajes a través de un tercero? ¿Sabemos escuchar para comprender las razones del otro, o nos imponemos, quizá también con palabras suaves?". 

"¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales", señaló el Papa, en una de esas improvisaciones fuera del discurso oficial al que nos tiene acostumbrados en su reflexión sobre cómo entiende el Concilio la colaboración del laicado con la jerarquía

El Papa concluyó la catequesis en la soleada y ventosa mañana invitando a que "no temamos plantearnos estas preguntas. Nos pueden ayudar a verificar la forma en la que vivimos nuestra vocación bautismal, nuestra forma de ser apóstoles en una Iglesia apostólica".

Durante los saludos, el Papa tuvo especialmente presente al pueblo de Malawi, "estoy muy cercano a su población", señaló al dar cuenta de los efectos que había tenido un ciclón en los últimos días. Igualmente volvió a tener presente la guerra en Ucrania, y, en esta sentido, reclamó a todos los responsables políticos que respetasen los diversos lugares de culto.

Al dirigirse a los peregrinos de lengua española, el Papa tuvo un mensaje especial para sus compatriotas argentinos, a los que, señaló, "quiero agradecer de una manera especial a todas las personas pertenecientes a los partidos políticos y referentes sociales de mi país, que se han unido para firmar una carta de saludo con motivo del décimo aniversario de mi pontificado. Gracias por este gesto y se me ocurre decirles que, así como se han reunido para firmar esta carta, qué lindo que se unan para hablar, para discutir y para llevar la Patria adelante".

TEXTO DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Proseguimos las catequesis sobre la pasión de evangelizar y, en la escuela del Concilio Vaticano II, tratemos de entender mejor qué significa ser “apóstoles” hoy. La palabra “apóstol” nos trae a la mente el grupo de los Doce apóstoles elegidos por Jesús. A veces llamamos “apóstol” a algún santo, o más en general a los obispos. Pero ¿somos conscientes que el ser apóstoles se refiere a cada cristiano, y por tanto  también a cada uno de nosotros? En efecto, estamos llamados a ser apóstoles en una Iglesia que en el Credo profesamos como apostólica.  

Por tanto, ¿qué significa ser apóstol? Significa ser enviado para una misión. Ejemplar y  fundacional es el acontecimiento en el que Cristo Resucitado manda a sus apóstoles al mundo, transmitiéndoles el poder que Él mismo ha recibido del Padre y donándoles su Espíritu. Leemos en el  Evangelio de Juan: «Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros”. Como el Padre me envió, también yo  os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”» (20,21-22).  

Otro aspecto fundamental del ser apóstol es la vocación, es decir la llamada. Ha sido así desde el principio, cuando el Señor Jesús «llamó a los que él quiso; y vinieron donde él» (Mc 3,13). Les constituyó como grupo, atribuyéndoles el título de “apóstoles”, para que estuvieran con Él y para enviarles en misión (cfr Mc 3,14; Mt 10,1-42). San Pablo en sus cartas se presenta así: «Pablo, llamado a ser apóstol» (1 Cor  1,1) y también: «Pablo, siervo de Cristo, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios» (Rm  1,1). E insiste en el hecho de ser «apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos» (Gal 1,1); Dios lo ha llamado desde el seno de su madre para anunciar el evangelio en medio de las gentes (cfr Gal 1,15-16). 

La experiencia de los Doce y el testimonio de Pablo nos interpelan también a nosotros hoy. Nos invitan a verificar nuestras actitudes, nuestras elecciones, nuestras decisiones, sobre la base de estos puntos firmes: todo depende de una llamada gratuita de Dios; Dios nos elige también para servicios que a veces parecen sobrepasar nuestras capacidades o no corresponder a nuestras expectativas; a la llamada recibida como don gratuito es necesario responder gratuitamente.  

Dice el Concilio: «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado»  (Decr. Apostolicam actuositatem [AA], 2). Se trata de una llamada que es común, «como común es la  dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación;  común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG, 32).  

Es una llamada que se refiere tanto a aquellos que han recibido el sacramento del Orden, como a las personas consagradas, como a cada fiel laico, hombre o mujer. Y es una llamada que capacita para desempeñar de forma activa y creativa la propia tarea apostólica, en el seno de una Iglesia en la que «hay variedad de ministerios, pero unidad de misión. A los Apóstoles y a sus sucesores les confirió Cristo el encargo de enseñar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad. Mas también los laicos hechos partícipes del ministerio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo» (AA, 2).

En este cuadro, ¿cómo entiende el Concilio la colaboración del laicado con la jerarquía? ¿Se trata de una mera adaptación estratégica a las nuevas situaciones emergentes? En absoluto, hay algo más, que va más allá de las contingencias del momento y que mantiene su propio valor también para nosotros. «La Iglesia –afirma el Decreto Ad gentes– no está verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho» (n. 21). 

En el cuadro de la unidad de la misión, la diversidad de carismas y de ministerios no debe dar lugar, dentro del cuerpo eclesial, a categorías privilegiadas; ni puede servir de pretexto a formas de desigualdad que no encuentran cabida en Cristo y en la Iglesia. Esto se debe a que, aunque «algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo» (LG, 32).  

[Improvisando] ¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales".

Así planteada, la cuestión de la igualdad en dignidad nos pide repensar muchos aspectos de nuestras relaciones, que son decisivas para la evangelización. Por ejemplo, ¿somos conscientes del hecho de que con nuestras palabras podemos dañar la dignidad de las personas, arruinando así las relaciones? Mientras tratamos de dialogar con el mundo, ¿sabemos también dialogar entre nosotros creyentes? ¿Nuestro hablar es transparente, sincero y positivo, o es opaco, equívoco y negativo? ¿Hay voluntad para dialogar directamente, cara a cara, o mandamos mensajes a través de un tercero? ¿Sabemos escuchar para comprender las razones del otro, o nos imponemos, quizá también con palabras suaves? 

Queridos hermanos y hermanas, no temamos plantearnos estas preguntas. Nos pueden ayudar a verificar la forma en la que vivimos nuestra vocación bautismal, nuestra forma de ser apóstoles en una Iglesia apostólica.  

Aunque usted no lo crea: Obispos alemanes aprueban que personas transexuales puedan ser sacerdotes.


De perdidos al río: el ‘camino sinodal’, ya en abierto desafío frente a Roma, no tiene límites, y acaba de aprobar que se permita el sacerdocio para personas ‘transgénero’ por 38 votos contra 7.

El documento establece que las personas ‘intersexuales y transexuales’ que quieren ser sacerdotes ‘no deben ser excluidas en todos los ámbitos’ y que las personas con confusión de género pueden cambiar la inscripción del sexo en sus formularios de bautismo.

Los participantes en esta asamblea hereje votaron abrumadoramente a favor del texto titulado “Tratar con la diversidad de género”, más del 95% de los votos, durante la quinta Asamblea Sinodal en Frankfurt am Main. De los 58 obispos alemanes, solo siete votaron en contra del texto, mientras que 13 se abstuvieron. Como señaló el periodista Martin Bürger en un artículo de CNA Deutsch , si los obispos que se abstuvieron hubieran votado “ no ”, la aprobación del documento podría haberse bloqueado debido a la mayoría requerida de dos tercios para los obispos.

El documento establece que para los católicos intersexuales y “transexuales”, “se puede omitir la inscripción del género en el registro bautismal o, como ahora lo dispone la ley alemana, inscribirse como 'diverso'” , y que “si el deseo de cambiar la entrada de género surge en una fecha posterior, el cambio se concede sin complicaciones”.

Además, el texto desafía el sacerdocio exclusivamente masculino llamando a la posibilidad de sacerdotes “transgénero”:

El acceso a las órdenes sagradas y las vocaciones pastorales también debe examinarse en cada caso individual para las personas intersexuales y transexuales bautizadas y confirmadas que sienten una vocación por sí mismas y no deben ser excluidas en todos los ámbitos.

El documento además busca eliminar el requisito de que los sacerdotes sean biológicamente varones: “Se abolirá la determinación del estado de los caracteres sexuales externos donde aún deba practicarse en el curso de la aceptación de un hombre como candidato a el sacerdocio”.

Autor: Carlos Esteban. 

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