martes, 28 de agosto de 2018

San Junípero Serra


SAN JUNÍPERO SERRA, RUEGA POR NOSOTROS

28 de agosto Siglo XVIII

En Monterrey, en California, Junípero (Miguel) Serra, Apóstol y Paladín de California, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que pasó por muchas dificultades y pesares predicando el Evangelio entre las tribus todavía paganas de aquella región, en su propia lengua, y defendió con gran valentía los derechos de los pobres y de los humildes.

Vida de Junípero Serra

El franciscano fray Junípero Serra fue el alma de la evangelización de la Alta California (o California estadounidense). La relevancia del misionero franciscano en la historia de esa parcela del Nuevo Mundo la confirma la presencia de su estatua, la única de un español, en el Hall of Fame (Galería de la Fama) del Capitolio norteamericano en Washington, colocada entre las de los padres fundadores y los personajes más destacados de la nación.

La llamada del Nuevo Mundo

Miguel José Serra nació en la villa de Petra (Mallorca) el 24 de noviembre de 1713, en el seno de una humilde familia campesina.

Sus primeros estudios los realizó en el convento de San Bernardino de Siena, en Petra. Posteriormente ingresa en el convento franciscano de Jesús, de la ciudad de Palma, donde hace su profesión religiosa el 15 de septiembre de 1731; en esa ocasión cambia su nombre de pila por el de Junípero.

En los años siguientes obtiene el doctorado en Filosofía y Teología en la Universidad Luliana de Palma y se dedica a la docencia y la predicación.

Las cartas y las noticias que llegan de los misioneros de América mueven a fray Junípero a abandonar su brillante carrera como profesor para incorporarse al trabajo de evangelizador en tierras americanas.

El 28 de agosto de 1749, Junípero Serra y otros veinte franciscanos salen del puerto de Cádiz rumbo a Nueva España (México). La expedición llega a la ciudad mexicana de Veracruz el 7 de diciembre.

Mientras el grueso del grupo misionero se dirige, a lomos de mulas, hacia Ciudad de México, fray Junípero y un acompañante emprenden el camino a pie. En este viaje contrae una dolencia en la pierna que ya no le abandonará hasta su muerte.

Entre los pames de Sierra Gorda

El primer destino del mallorquín en tierras del virreinato español son las misiones de Sierra Gorda, habitadas por los indios pames. Junípero Serra y su paisano y amigo fray Francisco Palou se establecen en la misión de Santiago Xalpán el 16 de junio de 1750. El primer obstáculo a salvar por parte de los dos misioneros es la barrera de la lengua que los separa de sus nuevos «feligreses». El futuro padre de California se aplica al estudio del «pame» y llega a dominarlo en poco tiempo. Más tarde traducirá oraciones y nociones de doctrina cristiana a ese idioma indígena para uso de sus compañeros.

Además de la predicación del Evangelio y la administración de los sacramentos, una importante labor de los misioneros españoles en el Nuevo Mundo fue incorporar a los nativos a la civilización occidental. «Ganar almas para Dios y pueblos para la Corona» era el lema que movía a religiosos y soldados.

Junípero Serra dio pruebas en Santiago Xalpán de unas dotes de organización y de sentido práctico que le permitirían, años más tarde, llevar a cabo la ingente tarea de colonizar la Alta California.

El misionero hizo llegar a Sierra Gorda semillas y animales de tiro y de labor; introdujo a los indios en el cultivo de la tierra; los reunió en granjas colectivas y les enseñó a comerciar con el excedente de sus cosechas. Las mujeres «pames» aprendieron a hilar y tejer.

Poco a poco, y gracias a esas iniciativas, fue mejorando la vida de los pueblos indios de la sierra, que hasta entonces habían llevado una existencia difícil.

Tras nueve años en las misiones de Sierra Gorda, fray Junípero recibe el encargo de dirigir la evangelización de los apaches de la región del río San Saba y se traslada a Ciudad de México. Allí tendrá que permanecer diecinueve años, porque la muerte del virrey paralizó los proyectos que las autoridades españolas habían trazado respecto al territorio apache.

A Junípero Serra no se le abrió una nueva posibilidad de incorporarse al trabajo misionero, que tanto añoraba, hasta 1767. Ese año, el rey Carlos III firmó un decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de todas las posesiones españolas. Entre los afectados por la orden real se encontraban los dieciséis jesuitas que atendían las misiones de la Baja California (o California mexicana). Los franciscanos fueron escogidos para hacerse cargo de los puestos que quedaban vacantes.

Fundador de California

El 14 de julio de 1767 dieciséis miembros de la Orden franciscana parten de Ciudad de México rumbo a la California ya colonizada. Al frente de ellos, como «padre presidente», iba Junípero Serra.

Una vez en su nuevo destino, el director de los misioneros y el visitador real, José de Gálvez, organizaron una expedición que tenía como objetivo ocupar para España y «llevar a la luz del Evangelio» la Alta California, prácticamente desconocida en aquellos tiempos. Una de las razones que se apuntan como móvil de esta decisión española fue la presencia de Rusia en Alaska y el peligro de que tratara de extender hacia el Sur su presencia en el continente americano.

En 1768, soldados y misioneros se pusieron en marcha hacia las nuevas tierras. Era el comienzo de la gesta californiana de fray Junípero Serra y de sus acompañantes.

Primero sale por mar el buque «San Carlos», con una carga de semillas, herramientas, material de construcción... y todo lo necesario para establecer las poblaciones ya dibujadas en la mente de los expedicionarios. Por tierra sube el resto con cabezas de ganado destinadas a poblar de vacas, cerdos y caballos los territorios que van a colonizarse.

La primera fundación española en la Alta California, a muchos kilómetros ya de Vellicatá, límite de la Corona en lo que actualmente es México, es la de San Fernando. La ceremonia de ocupación tuvo lugar el 14 de mayo de 1769. Junípero Serra llegó a ese puesto un poco más tarde, porque la expedición terrestre se retrasó.

A partir del pueblo-misión de San Fernando, y en el breve espacio de quince años, surgieron otros nueve asentamientos a lo largo de la costa del Pacífico: todos ellos fueron impulsados directamente por el franciscano mallorquín.

Cálculos aproximativos cifran la población de California, cuando llegaron los españoles, en 100.000 indios de diversas tribus. La mayoría de los pobladores, a diferencia de los de México, constituían sociedades rudimentarias, con enormes problemas de subsistencia. Su alimentación se reducía a raíces y frutos salvajes. No conocían los vestidos y para protegerse del frío cubrían sus cuerpos de barro. Tampoco habían desarrollado un sistema propio de escritura.

Evangelización y colonización

El objetivo de la empresa española en el Nuevo Mundo era la «creación de sociedades cristianas». Para lograrlo introducían a los nativos en los principios cristianos y los hacían beneficiarios de las ventajas de la civilización occidental, aun cuando eso supuso en muchas ocasiones la destrucción de culturas muy desarrolladas.

Junípero Serra y sus colaboradores siguieron la línea de acción establecida por sus predecesores en otras partes del continente. Cuando llegaban a un lugar conveniente, levantaban una capilla, unas cabañas para residencia de los frailes y un pequeño fuerte protector contra posibles ataques. Acogían a los indígenas que se aproximaban movidos por la curiosidad y, una vez ganada su confianza, les invitaban a establecerse en las proximidades de la misión.

Allí, al mismo tiempo que catequizaban a los indios, los misioneros les enseñaban nociones de agricultura y ganadería, les proporcionaban semillas y animales y les asesoraban en el trabajo de la tierra. Algunos de ellos aprendieron también las técnicas de la carpintería, la herrería o la albañilería. Las mujeres recibían adiestramiento en las labores de cocina, costura y confección de tejidos.

De esta manera fue cambiando el entorno físico de la Alta California y la forma de vida de sus moradores. Aparecieron pueblos circundados por campos de maíz, trigo y vides. La ganadería vacuna, porcina y caballar, inexistente anteriormente, se iba multiplicando e inundaba aquellos parajes.

A la muerte de fray Junípero, el 28 de agosto de 1784, quedaban establecidos nueve pueblos-misión, que acogían a unos 5.800 nativos, muchos de ellos bautizados. A ésos les siguieron en los dos años siguientes otros doce. De ellos surgirían con el paso del tiempo ciudades tan importantes como las actuales de Los Angeles, San Diego, San Francisco, Sacramento...

La consolidación de la obra de evangelización y civilización de California no fue una tarea sencilla. Eran muchas las dificultades a vencer: tierras desconocidas, indios hostiles al principio, problemas de avituallamiento hasta que empezaron a recogerse las primeras cosechas, carencia de medios de transporte y caminos por trazar, desaliento y proyectos de abandono por parte de los gobernantes del virreinato.

Sólo la fe y el empuje de fray Junípero hicieron posible la culminación de esa aventura. El mismo, soportando los dolores de una llaga nunca curada en una pierna, recorrió más de 20.000 kilómetros pasando de una misión a otra, animando y dirigiendo los trabajos.

Fue un verdadero paladín de California. Durante su segundo viaje a los Estados Unidos, en septiembre de 1987, Juan Pablo II visitó la basílica de la Misión de San Carlos en California, donde se guardan los restos de Junípero Serra, de quien tejió un gran elogio, diciendo entre otras cosas: «El no sólo llevó el Evangelio a los indígenas americanos; como era una persona que vivía el Evangelio, se hizo también su defensor y su paladín».

Carrera Augusto, Francisco, MCCJ, Beato Junípero Serra. Apóstol y paladín de California, en R. Ballán, Misioneros de la primera hora. Grandes evangelizadores del Nuevo Mundo. Lima 1991, pp. 229-236.

(fuente: franciscanos.org)

Proceso de canonización

El anuncio de esta canonización molestó a algunos indios nativos de California, quienes acusaron al religioso de haber traído enfermedades y torturas entre otros hechos. Por su parte Steven Hackel, profesor de Historia de la Universidad de California, consideró las misiones como una amenaza para la cultura indígena, y que esa controversia enterró a Junípero Serra como un personaje “extraordinario” que rivalizaría con Washington o Jefferson en importancia a la hora de explicar a los EE. UU. Pero por otro lado, también se alega que Serra era apreciado por los indios, pues antes que un conquistador o colonizador, más bien tuvo que enfrentarse con el poder político para defender a los nativos. Aparte de dejar un importante legado que disfruta hoy el desarrollo económico estadounidense.

Por fin, el 23 de septiembre de 2015 fue canonizado por el papa Francisco, en la ciudad de Washington D.C., por lo que es el segundo santo nativo de las Islas Baleares, después de santa Catalina Tomás. Fue mediante una «canonización equivalente», es decir, sin la necesidad de aprobar un milagro y debido a la probada veneración popular. También se lo incluye entre los santos de Estados Unidos.

En 2017 hubo varios actos de vandalismo contra la memoria del fraile.


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