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¿Puede bautizar un laico?


Antes de responder a tu pregunta, déjame explicarte un poco sobre el bautismo y su importancia en la vida de un católico.

El bautismo es uno de los siete sacramentos de la Iglesia Católica y es el primero que recibimos. A través del bautismo, somos incorporados a la familia de Dios y nos convertimos en miembros de la Iglesia. Es un sacramento que nos purifica del pecado original y nos da la gracia santificante, que es la vida divina en nosotros.

La Iglesia enseña que el bautismo debe ser administrado por un ministro válido, que normalmente es un sacerdote o diácono. Sin embargo, en situaciones extraordinarias, cuando no hay un ministro ordenado disponible, la Iglesia permite que un laico administre el bautismo de emergencia.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos la enseñanza sobre el bautismo de emergencia: "Cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y sigue el rito de la Iglesia. El rito esencial del bautismo consiste en sumergir en agua al candidato o en derramar agua sobre su cabeza, mientras se pronuncia la invocación de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo" (Catecismo, 1256).

La Iglesia reconoce que en casos de necesidad grave, como el riesgo inminente de muerte, cualquier persona puede administrar el bautismo, siempre y cuando tenga la intención requerida y siga el rito establecido por la Iglesia. Esto significa que un laico puede bautizar a alguien si se cumplen estas condiciones.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el bautismo administrado por un laico solo es válido en situaciones de emergencia y debe ser posteriormente confirmado y registrado por un ministro ordenado de la Iglesia. Esto se debe a que el sacramento del bautismo es un acto de la Iglesia y está vinculado a la comunidad de fe.

El bautismo es un sacramento de amor y misericordia. Es un encuentro personal con Dios que nos transforma y nos hace hijos suyos. En ese sentido, representa la apertura y la acogida que debemos tener hacia aquellos que buscan el bautismo, pues así como Dios nos acoge a nosotros cuando somos bautizados, así nosotros debemos acoger a los demás cuando quieren venir a Cristo en el bautismo.

Jesús nos enseñó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y a acoger a los más necesitados. En el Evangelio según Mateo, Jesús nos dice: "Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento" (Mateo 25,35). Estas palabras nos invitan a ser generosos y compasivos con aquellos que buscan el bautismo.

Es importante recordar que el bautismo es un sacramento de iniciación cristiana y no debe ser negado a aquellos que sinceramente lo buscan. Si alguien se acerca a ti como laico solicitando el bautismo, debes escuchar su historia, discernir su intención y, si es necesario, buscar la ayuda de un sacerdote para asegurarte de que se cumplan todas las condiciones necesarias.

En resumen, un laico puede administrar el bautismo en situaciones de emergencia, pero siempre debe buscar la confirmación y el registro posterior por parte de un ministro ordenado de la Iglesia. El bautismo es un sacramento de amor y misericordia, y debemos estar dispuestos a acoger y acompañar a aquellos que buscan recibirlo. Recuerda siempre buscar la guía y el apoyo de un sacerdote en estas situaciones.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué los acólitos laicos no usan vestimentas litúrgicas en la Misa?



Como sacerdote católico, puedo responder a tu pregunta sobre por qué los acólitos laicos no usan vestimentas litúrgicas en la Misa.

En primer lugar, es importante entender el papel de los acólitos en la liturgia. Los acólitos son ayudantes del sacerdote durante la celebración de la Misa. Su función principal es asistir al sacerdote en el altar, llevando los objetos sagrados necesarios para la celebración, como el cáliz, la patena y el incensario.

Aunque los acólitos no usan vestimentas litúrgicas específicas, como el alba o la estola, su participación en la Misa es de gran importancia y dignidad. Su servicio en el altar es un acto de servicio a Dios y a la comunidad cristiana.

La razón por la cual los acólitos laicos no usan vestimentas litúrgicas se debe a que estas vestimentas están reservadas para los ministros ordenados, como los sacerdotes y diáconos. Las vestimentas litúrgicas son un símbolo externo de la función sacramental y ministerial que ejercen los ministros ordenados en la Iglesia.

La Iglesia Católica ha establecido una clara distinción entre los ministerios ordenados y los ministerios laicos. Los ministros ordenados reciben un sacramento específico, el sacramento del Orden, que los capacita para ejercer funciones sacerdotales y diaconales. Los acólitos laicos, por otro lado, no han recibido el sacramento del Orden y, por lo tanto, no tienen las mismas responsabilidades y funciones que los ministros ordenados.

Sin embargo, esto no significa que el servicio de los acólitos laicos sea menos importante o menos valioso. Los acólitos laicos desempeñan un papel esencial en la liturgia y contribuyen al orden y la belleza de la celebración. Su servicio en el altar es una forma de participar activamente en la vida de la Iglesia y de ofrecer su tiempo y talento para el servicio de Dios y de los demás.

Es importante recordar que la liturgia es una celebración comunitaria en la que todos los fieles participan de diferentes maneras. Cada miembro de la comunidad tiene un papel único y valioso en la liturgia, ya sea como acólito, lector, cantor, ujier, entre otros. Todos estos ministerios son importantes y contribuyen a la belleza y el significado de la celebración.

Además, es importante recordar que las vestimentas litúrgicas no son un requisito absoluto para el servicio en la liturgia. Si bien las vestimentas litúrgicas son un símbolo externo importante, lo más importante es el corazón y la intención con la que se realiza el servicio. Lo más importante es ofrecer nuestro servicio a Dios y a la comunidad con humildad, reverencia y amor.

En cuanto a las citas bíblicas que respaldan esta enseñanza, podemos encontrar ejemplos en el Nuevo Testamento que hablan sobre los diferentes ministerios dentro de la Iglesia. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, por ejemplo, se menciona la elección de los siete diáconos para servir a las viudas y a los necesitados. Estos diáconos fueron elegidos para un servicio específico y se les impusieron las manos para recibir el ministerio.

En 1 Timoteo 3, San Pablo también habla sobre los requisitos para los obispos y diáconos, y menciona la importancia de la ordenación y la responsabilidad que conlleva. Estos pasajes bíblicos muestran que la Iglesia primitiva ya reconocía la distinción entre los ministerios ordenados y los ministerios laicos.

En resumen, los acólitos laicos no usan vestimentas litúrgicas en la Misa porque estas vestimentas están reservadas para los ministros ordenados. Aunque los acólitos laicos no usen vestimentas litúrgicas específicas, su servicio en el altar es de gran importancia y dignidad. Su participación en la liturgia es una forma de ofrecer su tiempo y talento para el servicio de Dios y de la comunidad cristiana. Todos los fieles, ya sean ministros ordenados o laicos, tienen un papel único y valioso en la liturgia y contribuyen a la belleza y el significado de la celebración.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Ante la caída de vocaciones en Irlanda: Los laicos harán funciones de sacerdotes (pero con tareas limitadas).


 

El país se enfrenta a una caída del 10% de su población católica y, con ello, a la disminución de los sacerdotes

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Los datos son claros: en Irlanda el número de personas que se identifican como católicas no para de descender. Ha pasado, de hecho, tal como informa The Tablet, de 3.696.644 (79%) en 2016 a 3.515.861 (69%) en 2022. Datos que impactan todavía más al comprobar que en 1961, el 95% de la población se identificaba como católica, y en 2011 la cifra era del 84,2%.

“Es un tema que debemos tomarnos muy en serio”, ha dicho a The Tablet el primado de Irlanda, el arzobispo Eamon Martin de Armagh. Sin embargo, admitió que este descenso en las cifras “no fue una gran sorpresa para nosotros”.

Contra la falta de sacerdotes

Esta situación tiene además otra consecuencia: la falta de sacerdotes. Pero, ante ello, ya hay diócesis que están poniendo en marcha sus propias iniciativas, las cuales pasan, irremediablemente, por dar más responsabilidades a los laicos. Así, en la diócesis de Down y Connor, a partir de este verano los laicos comenzarán a dirigir oraciones en los funerales o en crematorios en algunas parroquias, entre otras labores.

La medida es parte de un programa piloto anunciado por el obispo de Derry, Donal McKeown, en su papel de administrador apostólico de la diócesis en una carta pastoral titulada “Sé parte del asombroso sueño de Dios”, publicada en Pentecostés y en la que revela que, dentro de 15 años, la diócesis, por primera vez en su historia, tendrá más sacerdotes jubilados que en el ministerio activo.

Autor: VIDA NUEVA

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

El Papa reforma la 'Constitución' de la Ciudad del Vaticano e incluirá a laicos en la Comisión Pontificia


Para "responder a las necesidades de nuestro tiempo" y "hacer operativas" las situaciones derivadas de los compromisos internacionales asumidos por la Sede Apostólica "con las renovadas exigencias que un aspecto tan específico requiere", el Papa Francisco ha promulgado hoy, 13 de mayo, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Fátima, una nueva Ley Fundamental para el Estado de la Ciudad del Vaticano. El Pontífice renueva así la "Constitución" del Estado Vaticano, sustituyendo a la del 26 de noviembre de 2000 de San Juan Pablo II, que a su vez sucedía a la promulgada el 7 de junio de 1929 por Pío XI.

Una reforma en el marco de las reformas

Una nueva reforma, por tanto, que se inscribe en el marco de las numerosas reformas que se han desarrollado durante estos diez años de pontificado. La Ley, en efecto, está preparada y formulada para dar "fisonomía constitutiva" al Estado, a sus poderes, al ejercicio de sus funciones, y "asume y completa" las actualizaciones normativas ya emanadas y los perfiles institucionales hechos operativos en el Estado con la reforma de la Ley sobre las Fuentes del Derecho, la Ley sobre el Gobierno del Estado y la Ley sobre el Ordenamiento Jurídico. El propio Papa lo explica al introducir los 24 artículos:

"Llamado a ejercer en virtud del munus petrino poderes soberanos también sobre el Estado de la Ciudad del Vaticano que, el Tratado de Letrán ha puesto como instrumento para asegurar a la Santa Sede una independencia absoluta y visible y para garantizar su soberanía también en el ámbito internacional, he considerado necesario dictar una nueva Ley Fundamental para responder a las necesidades de nuestro tiempo".

La intención es garantizar a los actos y actividades que son propios del Estado la "necesaria autonomía" que requieren las funciones estatales.

Sustitución de la Ley de 2000

Como en la "Constitución" de 2000, el Papa confirma "la plenitud de la potestad de gobierno del Sumo Pontífice", "que comprende la potestad legislativa, ejecutiva y judicial". También confirma "la singular peculiaridad y autonomía del ordenamiento jurídico vaticano", distinto del de la Curia romana. Y confirmada la jurisdicción del Estado sobre las áreas extraterritoriales, o, mejor dicho, "el ejercicio de cualquier poder consiguiente sobre el territorio, definido por el Tratado de Letrán, y en los edificios y áreas donde operan instituciones del Estado o de la Santa Sede y están en vigor garantías e inmunidades personales y funcionales de derecho internacional".

Comisión Pontificia

El Papa confirma también la función legislativa de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta ahora compuesta por un cardenal presidente (que es también el presidente de la Gobernación) y otros cardenales. Con la nueva Ley Fundamental -y ésta es una de las novedades- no será así: además de los cardenales, la Comisión contará con "otros miembros" nombrados por el Papa para un mandato de cinco años. Por tanto, también podrán participar laicos y laicas.

Salvo en los casos en que el Papa pretenda reservársela, la Comisión Pontificia aprueba leyes y otras disposiciones normativas. El presidente, dice, "puede dictar ordenanzas, decretos y otras disposiciones, aplicando normas legislativas o reglamentarias". Y en casos de urgente necesidad, "podrá dictar decretos con fuerza de ley, que, sin embargo, perderán su eficacia si no son convertidos en ley por la Comisión Pontificia en el plazo de 90 días desde su publicación".

Un Colegio de Consejeros de Estado

La Comisión Pontificia cuenta con la colaboración de la Oficina Jurídica de la Gobernación, de expertos y de los Consejeros de Estado para elaborar los proyectos pertinentes. Respecto a estos últimos, una novedad introducida por la Ley es que se crea un Colegio especial de Consejeros de Estado. Anteriormente los consejeros -nombrados siempre por el Papa por cinco años- eran consultados individualmente, ahora existe un Colegio que desempeña (al igual que los miembros individualmente) funciones ejecutivas y consultivas.

Regulación del presupuesto

Otra novedad importante se refiere a la reglamentación más rigurosa y detallada del presupuesto y del balance, que es deliberada anualmente por la Comisión Pontificia, "en conformidad con las reglas de contabilidad" y "con los actos que tienen fuerza de ley". La Comisión delibera el plan financiero trienal sometiendo "estos actos directamente a la aprobación del Sumo Pontífice".

El presupuesto debe garantizar "el equilibrio" de ingresos y gastos" e inspirarse en los "principios de claridad, transparencia y equidad". "En caso de necesidad", se lee, "el presidente puede, mediante decreto, ordenar desplazamientos de recursos entre capítulos presupuestarios, manteniendo el equilibrio del balance y teniendo en cuenta la sostenibilidad en el tiempo". Además, "el presupuesto está sometido al control y a la auditoría de un Colegio, compuesto por tres miembros, nombrados para un mandato de tres años por la Comisión Pontificia, a la que rinde cuentas". 

La Gobernación

En cuanto a la Gobernación, la nueva Ley reitera que "con su propia estructura organizativa contribuye a la misión propia del Estado y está al servicio del Sucesor de Pedro, ante quien es directamente responsable". La representación del Estado de la Ciudad del Vaticano en las relaciones con los Estados y con otros sujetos de derecho internacional, en las relaciones diplomáticas y para la conclusión de tratados, están reservadas al Papa, que las ejerce a través de la Secretaría de Estado, pero en algunos casos la representación la ejerce el Presidente de la Gobernación, que participa en las Instituciones internacionales de las que la Santa Sede es miembro "en nombre y por cuenta del Estado", "mantiene relaciones y firma, con organismos y entidades extranjeras", necesarias para asegurar suministros, conexiones, dotaciones y servicios públicos.

La Gobernación también sigue ocupándose de la seguridad, el orden público, la protección civil, la protección sanitaria, la salud pública, la higiene pública, la ecología, las actividades económicas, los servicios postales, las infraestructuras de red, las actividades de construcción, las instalaciones técnicas. También es responsable de la conservación, valorización y disfrute del conjunto artístico de los Museos Vaticanos, así como de la superintendencia de todo el patrimonio artístico, histórico, arqueológico y etnográfico.

Las mujeres y los laicos votarán por primera vez en la asamblea del Sínodo


El Papa elegirá a 70 miembros de una lista de 140 personas, entre sacerdotes, laicos o consagrados. El 50 % tendrán que ser mujeres

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El Papa Francisco permitirá, con una revolucionaria decisión, que las mujeres y los laicos que sean elegidos para participar en la próxima asamblea del Sínodo puedan votar por primera vez, una opción que hasta el momento estaba reservada a los obispos, informa EFE.

Los cardenales Mario Grech y Jean-Claude Hollerich, secretario general de la Secretaría del Sínodo y relator de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos respectivamente, han anunciado este miércoles esta novedad de cara a las dos reuniones, ordinaria y extraordinaria, que se celebrarán en 2023 y 2024 sobre la sinodalidad.

Diez clérigos serán «sustituidos por cinco religiosas y cinco religiosos pertenecientes a institutos de vida consagrada». Tendrán derecho a voto.

La otra gran novedad es que no habrá «auditores», como hasta ahora, sino que se añaden «otros 70 miembros, no obispos, que representen a otros fieles y que pueden ser sacerdotes, personas consagradas, diáconos o fieles laicos y que procedan de las Iglesias locales». Todos ellos, también con derecho a participar en las votaciones.

Estos serán elegidos por el Papa Francisco de una lista de 140 personas indicadas durante las reuniones internacionales de las Conferencias Episcopales y la Asamblea de Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas. Se ha pedido que el 50 % sean mujeres y que se valore también la presencia de jóvenes.

Autor: Alfa y Omega.

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Fuente: https://alfayomega.es/

El sufragio universal llega a la Iglesia: todos los laicos (incluidas las mujeres) votarán en el Sínodo la aprobación del documento final


- El Papa democratiza la asamblea del próximo mes de octubre con la presencia de más de 70 católicos, ordenados o no, que tendrán capacidad para decidir si se aprueba o no el documento final

- Aunque el 75% del foro vaticano estará compuesto por obispos, el salto cualitativo y cuantitativo habla de un cambio histórico

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Francisco da un paso hacia adelante en materia de igualdad en la historia de la Iglesia. Por primera vez, podrán votar los laicos, tanto hombres como mujeres, que sean elegidos para participar en la Asamblea del Sínodo de la Sinodalidad que se celebrará en dos sesiones en Roma, en octubre de 2023 y de 2024. Se trata de una decisión inédita en tanto que, hasta ahora, podían participar en el foro vaticano creado hace seis décadas por Pablo VI, pero solo los obispos tenían derecho a votar en el documento final.

Los organizadores de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo anunciaron hoy estos cambios que no acaban aquí. También se eliminará en la asamblea sinodal la tradicional figura de los auditores en la asamblea donde se solía dar cabida a los laicos, al igual que la figura de los expertos. Con voz, pero sin voto. En su lugar, habrá otros 70 miembros, entre los que pueden ser elegidos sacerdotes, personas consagradas, diáconos o fieles laicos y que procedan de las Iglesias locales.

Casting sinodal

Y, ¿cuál será el criterio para escogerles? Serán elegidos por el Papa de una lista de 140 personas indicadas durante las reuniones internacionales de las conferencias episcopales y la Asamblea de Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas. “A la hora de identificarlos, se tendrá que tener en cuenta no solo su cultura general y prudencia, sino también sus conocimientos, tanto teóricos como prácticos, así como su participación en diversas capacidades en el proceso sinodal”, han informado desde la Asamblea General Ordinaria del Sínodo. Se espera que la mitad de estos participantes sean mujeres y todos votarán.

Además, se incluye la participación de cinco religiosas como representantes de las congregaciones religiosas femeninas, cuando hasta ahora solo tenían asiento reservado los religiosos sacerdotes pertenecientes a Institutos de vida consagrada. En ambos casos, no es la Santa Sede quien elegirá a estos delegados, sino la Unión de Superiores Generales y la Unión Internacional de Superioras Religiosas.

“No es una revolución”

Al presentar hoy estas novedades, Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y relator del Sínodo de la Sinodalidad, matizó que, en su opinión, “no es una revolución, pues la asamblea sigue siendo una reunión de obispos, con una participación de no obispos”. Y es que cerca del 75% de los participantes seguirán siendo prelados.

En esta misma línea, el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, apuntó que “seguirá siendo un Sínodo de obispos, pero habrá esta participación como miembros de laicos”. “Su presencia y participación no solo asegura el diálogo entre profecía del Pueblo de Dios y el discernimiento de los pastores”, sentenció.

Salto cualitativo y cuantitativo

Cuando se cumplen diez años de la elección de Jorge Mario Bergoglio y después de innumerables alusiones del Pontífice argentino sobre la necesidad de reconocer institucionalmente a la mujer en la Iglesia, es ahora cuando se produce este salto cualitativo y cuantitativo. Este reconocimiento del ‘sufragio universal’ viene a rubricar algunos gestos realizados hasta la fecha, como situar a mujeres en puestos claves de la Curia.

Quizá el más significativo tuvo lugar en febrero del 2021, cuando eligió por primera vez a una mujer como subsecretaria del Sínodo de los Obispos, la religiosa francesa Nathalie Becquart, para trabajar mano a mano y en igualdad de condiciones con el subsecretario español de la Orden de San Agustín, Luis Marín de San Martín. Eso sí, aun queda pendiente una toma de decisión final, después de poner en marcha varias comisiones de estudio, si finalmente se retomará la figura histórica del diaconado femenino.

Autor: José Beltrán.

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

La Santa Sede bloquea la elección de un obispo alemán en la que iban a participar catorce laicos

El Vaticano ha impedido que catorce laicos alemanes participen en la elección de un obispo alemán, para lo que ha tenido que bloquear el proceso aprobado por el camino sinodal germano aceptado por la archidiócesis de Paderborn.

Esta sede episcopal había elegido al grupo de laicos de manera aleatoria para que se unieran a los miembros del cabildo catedralicio para seleccionar una lista de candidatos que el cabildo presenta al Papa, entre los que se elige al obispo, según informa el semanario especializado en temática religiosa The Tablet.

Esta manera de efectuar el nombramiento difiere de las normas establecidas de los concordatos entre los Estados alemanes y la Santa Sede. En Paderborn, los catorce miembros del cabildo catedralicio elaboran una lista de posibles candidatos, la presentan al Vaticano, que elige tres nombres de la lista y los devuelve a Paderborn. El cabildo elige entonces a uno de los tres candidatos como arzobispo.

Sin embargo, la incorporación de los catorce laicos para participar en la elección quedó bloqueada. El 12 de abril, recibieron una carta del preboste de la catedral, Joachim Göbel, en la que se les informaba de que, para garantizar la legalidad de la elección episcopal, el Vaticano no podía permitirles participar en ella. El nuncio papal en Alemania, el arzobispo Nikola Eterovic, fue el encargado de trasmitir el mensaje del Vaticano, que había sido «absolutamente claro» al respecto, según subrayaba Göbel en su carta.

Göbel lamentó la decisión del Vaticano. La mayoría de los capitulares de Paderborn se habían mostrado favorables a ampliar el derecho de voto a los fieles laicos. La archidiócesis está vacante desde el 1 de octubre de 2022, cuando el arzobispo Hans-Josef Becker se jubiló al cumplir 75 años.
La diócesis de Paderborn era observada de cerca por todas las diócesis alemanas, ya que fue la primera diócesis que quedó vacante tras aprobarse la iniciativa sinodal de incluir a los laicos en los nombramientos episcopales. Con este movimiento, el Vaticano prohíbe expresamente la participación de los laicos en los nombramientos episcopales, lo que tendrá un efecto de señalización en otras diócesis alemanas y rebate de nuevo una iniciativa del camino sinodal alemán.

Autor: Redacción El Debate.
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Fuente: https://www.eldebate.com/

El Papa critica el clericalismo: "¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales"


"La diversidad de carismas y de ministerios no debe dar lugar, dentro del cuerpo eclesial, a categorías privilegiadas; ni puede servir de pretexto a formas de desigualdad que no encuentran cabida en Cristo y en la Iglesia". Así de claro lo dejó estaba mañana el papa Francisco durante la catequesis pronunciada en la audiencia general, prosiguiendo sus reflexiones sobre qué significa ser apóstol hoy y en el marco del Concilio Vaticano II.

En este sentido, el Papa subrayó que "la cuestión de la igualdad en dignidad" pide repensar muchos aspectos decisivos para la evangelización. "Por ejemplo -abundó el Pontífice-, ¿somos conscientes del hecho de que con nuestras palabras podemos dañar la dignidad de las personas, arruinando así las relaciones? Mientras tratamos de dialogar con el mundo, ¿sabemos también dialogar entre nosotros creyentes? ¿Nuestro hablar es transparente, sincero y positivo, o es opaco, equívoco y negativo? ¿Hay voluntad para dialogar directamente, cara a cara, o mandamos mensajes a través de un tercero? ¿Sabemos escuchar para comprender las razones del otro, o nos imponemos, quizá también con palabras suaves?". 

"¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales", señaló el Papa, en una de esas improvisaciones fuera del discurso oficial al que nos tiene acostumbrados en su reflexión sobre cómo entiende el Concilio la colaboración del laicado con la jerarquía

El Papa concluyó la catequesis en la soleada y ventosa mañana invitando a que "no temamos plantearnos estas preguntas. Nos pueden ayudar a verificar la forma en la que vivimos nuestra vocación bautismal, nuestra forma de ser apóstoles en una Iglesia apostólica".

Durante los saludos, el Papa tuvo especialmente presente al pueblo de Malawi, "estoy muy cercano a su población", señaló al dar cuenta de los efectos que había tenido un ciclón en los últimos días. Igualmente volvió a tener presente la guerra en Ucrania, y, en esta sentido, reclamó a todos los responsables políticos que respetasen los diversos lugares de culto.

Al dirigirse a los peregrinos de lengua española, el Papa tuvo un mensaje especial para sus compatriotas argentinos, a los que, señaló, "quiero agradecer de una manera especial a todas las personas pertenecientes a los partidos políticos y referentes sociales de mi país, que se han unido para firmar una carta de saludo con motivo del décimo aniversario de mi pontificado. Gracias por este gesto y se me ocurre decirles que, así como se han reunido para firmar esta carta, qué lindo que se unan para hablar, para discutir y para llevar la Patria adelante".

TEXTO DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Proseguimos las catequesis sobre la pasión de evangelizar y, en la escuela del Concilio Vaticano II, tratemos de entender mejor qué significa ser “apóstoles” hoy. La palabra “apóstol” nos trae a la mente el grupo de los Doce apóstoles elegidos por Jesús. A veces llamamos “apóstol” a algún santo, o más en general a los obispos. Pero ¿somos conscientes que el ser apóstoles se refiere a cada cristiano, y por tanto  también a cada uno de nosotros? En efecto, estamos llamados a ser apóstoles en una Iglesia que en el Credo profesamos como apostólica.  

Por tanto, ¿qué significa ser apóstol? Significa ser enviado para una misión. Ejemplar y  fundacional es el acontecimiento en el que Cristo Resucitado manda a sus apóstoles al mundo, transmitiéndoles el poder que Él mismo ha recibido del Padre y donándoles su Espíritu. Leemos en el  Evangelio de Juan: «Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros”. Como el Padre me envió, también yo  os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”» (20,21-22).  

Otro aspecto fundamental del ser apóstol es la vocación, es decir la llamada. Ha sido así desde el principio, cuando el Señor Jesús «llamó a los que él quiso; y vinieron donde él» (Mc 3,13). Les constituyó como grupo, atribuyéndoles el título de “apóstoles”, para que estuvieran con Él y para enviarles en misión (cfr Mc 3,14; Mt 10,1-42). San Pablo en sus cartas se presenta así: «Pablo, llamado a ser apóstol» (1 Cor  1,1) y también: «Pablo, siervo de Cristo, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios» (Rm  1,1). E insiste en el hecho de ser «apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos» (Gal 1,1); Dios lo ha llamado desde el seno de su madre para anunciar el evangelio en medio de las gentes (cfr Gal 1,15-16). 

La experiencia de los Doce y el testimonio de Pablo nos interpelan también a nosotros hoy. Nos invitan a verificar nuestras actitudes, nuestras elecciones, nuestras decisiones, sobre la base de estos puntos firmes: todo depende de una llamada gratuita de Dios; Dios nos elige también para servicios que a veces parecen sobrepasar nuestras capacidades o no corresponder a nuestras expectativas; a la llamada recibida como don gratuito es necesario responder gratuitamente.  

Dice el Concilio: «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado»  (Decr. Apostolicam actuositatem [AA], 2). Se trata de una llamada que es común, «como común es la  dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación;  común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG, 32).  

Es una llamada que se refiere tanto a aquellos que han recibido el sacramento del Orden, como a las personas consagradas, como a cada fiel laico, hombre o mujer. Y es una llamada que capacita para desempeñar de forma activa y creativa la propia tarea apostólica, en el seno de una Iglesia en la que «hay variedad de ministerios, pero unidad de misión. A los Apóstoles y a sus sucesores les confirió Cristo el encargo de enseñar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad. Mas también los laicos hechos partícipes del ministerio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo» (AA, 2).

En este cuadro, ¿cómo entiende el Concilio la colaboración del laicado con la jerarquía? ¿Se trata de una mera adaptación estratégica a las nuevas situaciones emergentes? En absoluto, hay algo más, que va más allá de las contingencias del momento y que mantiene su propio valor también para nosotros. «La Iglesia –afirma el Decreto Ad gentes– no está verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho» (n. 21). 

En el cuadro de la unidad de la misión, la diversidad de carismas y de ministerios no debe dar lugar, dentro del cuerpo eclesial, a categorías privilegiadas; ni puede servir de pretexto a formas de desigualdad que no encuentran cabida en Cristo y en la Iglesia. Esto se debe a que, aunque «algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo» (LG, 32).  

[Improvisando] ¿Quién tiene más dignidad, el obispo, el sacerdote...? No, todos somos iguales".

Así planteada, la cuestión de la igualdad en dignidad nos pide repensar muchos aspectos de nuestras relaciones, que son decisivas para la evangelización. Por ejemplo, ¿somos conscientes del hecho de que con nuestras palabras podemos dañar la dignidad de las personas, arruinando así las relaciones? Mientras tratamos de dialogar con el mundo, ¿sabemos también dialogar entre nosotros creyentes? ¿Nuestro hablar es transparente, sincero y positivo, o es opaco, equívoco y negativo? ¿Hay voluntad para dialogar directamente, cara a cara, o mandamos mensajes a través de un tercero? ¿Sabemos escuchar para comprender las razones del otro, o nos imponemos, quizá también con palabras suaves? 

Queridos hermanos y hermanas, no temamos plantearnos estas preguntas. Nos pueden ayudar a verificar la forma en la que vivimos nuestra vocación bautismal, nuestra forma de ser apóstoles en una Iglesia apostólica.  

Grupo de laicos en Bélgica piden abolir el sacerdocio para acabar con el clericalismo en la Iglesia, distribuyen manifiesto en diócesis.


“La ordenación de clérigos, tal como se propone y se vive actualmente, es uno de los pesos que frena el dinamismo y el profetismo de la Iglesia. Es urgente poner en marcha una práctica más auténtica de las comunidades cristianas que supere las barreras demasiado estrictas de una legislación canónica que testimonia el pasado y que a menudo obstruye el Evangelio creyendo servirlo…”.

Es la petición que, a través de un documento de cincuenta páginas, ha hecho circular por la diócesis belga de Lieja un grupo de cristianos comprometidos, convencidos de que, “para suprimir el clericalismo, hay que suprimir al clero”.

“¡Devolvamos la Iglesia al pueblo de Dios!”

Con el título de “¡Devolvamos la Iglesia al pueblo de Dios!”, este documento, según informa CathoBel, es el fruto de una reflexión durante más de un año por pate de “personas particularmente comprometidas con la vida de la Iglesia, algunos incluso a nivel profesional, y en particular dentro del Vicariato de Salud de la diócesis de Lieja”.

Y aunque el texto se aborda también “el lugar de la mujer en la Iglesia, el clericalismo, el abuso de poder, el sacerdocio…”, donde más lejos llega la propuesta es sobre el papel y el lugar de los sacerdotes. “Pocos de ellos son capaces de relaciones verdaderamente igualitarias, y por tanto fraternales, con los cristianos que los rodean”, escriben los autores.

Reavivar el espíritu del evangelio

Junto con todo ello, hay una fuerte apuesta por la asunción de responsabilidades por parte del laicado: “Es una falsa buena idea creer que la ordenación de una mujer o un hombre casados solucionaría las rupturas que vive la Iglesia. Es el paradigma que hay que cambiar, hay que reavivar el espíritu del evangelio, hay que privilegiar la responsabilidad de cada bautizado”, señala el documento.

Como era de esperar, este documento ha sido recibido con disgusto por el obispo de Lieja, Jean Pierre Delville, quien en otro escrito ha denunciado que algunas de las palabras del documento “muchos sacerdotes, diáconos y laicos cristianos sienten que son insultantes e injustas”.

Igualmente, el pastor, miembro de la Comunidad de Sant’Egidio, sale a defender la labor de los sacerdotes frente a las afirmaciones del documento de reflexión: “Las percibo como totalmente falsas cuando pienso en la cantidad de entrega que he visto entre los sacerdotes y otros actores pastorales de nuestra diócesis durante casi diez años de episcopado”, señala Delville.

Finalmente, el obispo de Lieja (uno de los primeros nombrados por Francisco) lamenta "el carácter caricaturesco de este folleto, pero más aún, el hecho de que la reflexión presentada impugne la posición del Concilio Vaticano II y condene dos mil años de vida cristiana”.

¿Elección democrática de Obispos? En Chipre los fieles ortodoxos eligieron en las urnas a los candidatos al Arzobispado.



Chipre celebró este domingo la primera fase para elegir al nuevo líder de la Iglesia ortodoxa de este país tras la muerte en noviembre del Arzobispo Crisóstomos II, quien la encabezó durante dieciséis años (2006-2022).

Después de la misa dominical, los fieles ortodoxos empezaron a acudir a las urnas de este singular sufragio, articulado en dos etapas, que prevé la participación popular solo en la primera fase.

Los ciudadanos podían elegir entre seis a sus tres obispos preferidos, quienes pasarán a la segunda fase, en la que el Santo Sínodo (la conferencia episcopal) elegirá a uno de los tres como nuevo Arzobispo de Chipre.

El mecanismo es sencillo: Había inicialmente seis candidatos, y los tres más votados por los fieles forman una terna de entre la cual el Sínodo General de Obispos elegirá a solo uno. 

Los electores dieron el visto bueno a los obispos de Limassol, Athanasios; de Tamasos y Orinis, Isaías, y de Pafos, Georgios, quienes según anunció el coordinador electoral, Yannis Jarilau, obtuvieron 35,26 %, 18,49 % y 18,22%, respectivamente.

El Estatuto de la Iglesia de Chipre, una de las iglesias independientes más antiguas fundada por San Pablo y San Bernabé, prevé que, ocho días después de las elecciones, el Santo Sínodo ratificará formalmente este triunvirato religioso, y a finales de diciembre el Santo Sínodo designará al que será el 95 primado.

La independencia de la iglesia de Chipre fue reconocida en el concilio de Éfeso, en el año 431 y reafirmada en Trullo, en 692 cuando se otorgó a la Iglesia la facultad de autogobernarse y elegir a su propio líder.

Al Arzobispo se le concedieron privilegios especiales como firmar con tinta roja al igual que los emperadores de Bizancio; llevar un cetro real en lugar del usual báculo pastoral y vestirse con una capa roja. Estas innovaciones marcaron el comienzo de una tradición única en cuanto a la responsabilidad de esta Iglesia en los asuntos políticos de la isla.

La iglesia de Chipre ha mantenido su independencia a pesar de las invasiones francesa (1191-1489), veneciana (1489-1571) y otomana (1571-1832), así como del protectorado británico (1878-1958).

Por falta de sacerdotes, laicos hombres y mujeres presidirán los bautismos en dos diócesis alemanas



Essen y Rottenburg-Stuttgart han reformado su normativa por la falta de sacerdotes y para visibilizar la igualdad entre hombres y mujeres

Carolin Winkler se mostró “gratamente sorprendida” al saber que sería una mujer quien bautizaría a su hija Mara, de cinco meses. La celebración tuvo lugar el domingo 4 de diciembre en la iglesia de Santa Edwige de la diócesis de Essen, en la cuenca del Ruhr. “No tenía ninguna expectativa particular de antemano, pero el hecho de que un laico, y especialmente una mujer, pudiera bautizar a mi hija entusiasmó a toda mi familia”, dice la joven madre.

La laica en cuestión es Elvira Neumann, animadora parroquial, acompañante durante el duelo y, desde el verano, miembro de un equipo de tres laicos que, junto con un sacerdote, se encargan de dirigir la parroquia. Licenciada en Teología, Elvira Neumann también forma parte del grupo de 18 personas –17 de ellas mujeres– autorizadas desde marzo por el obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck, a celebrar bautizos. “Antes me ocupaba de la preparación con las familias, pero tenía que dejar la celebración propiamente dicha al diácono o al sacerdote”, dice. “Ahora acompaño a las familias hasta el final. Es un sentimiento muy fuerte y un verdadero honor”.

Práctica habitual en Suiza

En la práctica, Elvira Neumann no puede bautizar a mayores de 14 años, ni realizar la unción con el crisma o el rito optativo del Effetá, en el que el celebrante toca con el dedo los oídos y la boca del catecúmeno, diciendo: “Effetá, ábrete, para que proclames con tu boca la fe que has recibido escuchando”. También hay que señalar una diferencia en la vestimenta respecto a la del sacerdote o diácono.

La práctica ya está permitida en Suiza, pero la diócesis de Essen es la primera en Alemania en designar oficialmente a laicos para realizar bautismos. El derecho canónico lo permite en situaciones de emergencia. El obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck, ha decidido situar bajo este concepto la falta estructural de sacerdotes. “Estamos reaccionando ante una situación pastoral difícil”, explicó en marzo.

A raíz de esto, la diócesis de Rottenburg-Stuttgart también ha anunciado que hará lo mismo. Desde noviembre, los candidatos pueden darse a conocer y seguir un curso de formación que les permitirá celebrar bautizos a partir de otoño de 2023. Los responsables religiosos justifican su decisión por su conformidad con el derecho canónico y la instrucción sobre la conversión pastoral de las parroquias publicada en 2020 por Roma, que ve en la falta de sacerdotes una justificación para autorizar el envío de laicos.

Promover la igualdad en la Iglesia

Pero la diócesis también se remite a las recomendaciones del actual camino sinodal alemán para reforzar la Iglesia y buscar la “justicia de género”. “La motivación del obispo es hacer todo lo posible por promover la justicia de género en la Iglesia”, comentó su auxiliar, el obispo Matthäus Karrer, en un comunicado. Confirma que esta reforma no habría tenido lugar sin la “presión desde abajo” y sin la creación de un foro de mujeres en el consejo diocesano. Otras diócesis conocidas por sus tendencias reformistas podrían seguir su ejemplo, como Aquisgrán.

Sin embargo, estos avances suscitan debate entre los teólogos. Por ejemplo, el sacerdote austriaco Joachim Heimerl, muy crítico con el enfoque sinodal alemán, no ve en estas reformas una forma de “asegurar la administración de los sacramentos”, sino “una politización y secularización de la Iglesia”. “Esto significa que los sacerdotes y diáconos ya casi no bautizarán. El bautismo por un laico –hasta ahora solo permitido en casos de emergencia– se convierte en la norma. Los laicos se apoderarán de él y lo defenderán contra el clero”, teme. También circula el temor a un bautismo a dos velocidades, entre una “ceremonia de verdad” celebrada por sacerdotes… y otra “de segunda”.

El teólogo Michael Seewald, profesor de teología dogmática en la Universidad de Münster y autor de ‘El dogma en evolución’, también se muestra crítico, pues cree que la urgencia vinculada a la escasez de sacerdotes es “más bien relativa y ficticia”. “Las parroquias pueden alegrarse de celebrar bautizos y nunca les faltarán sacerdotes para ello”, afirma. En su opinión, esta reforma es más bien “un símbolo político que no es más que un premio de consolación y un placebo para las mujeres que no pueden ser ordenadas sacerdotes”. “Al mismo tiempo, se margina al sacerdocio”, prosigue. “Esto es trágico porque demuestra su incapacidad para reformarse. Nadie sale ganando”.

El obispo de Osnabrück (Baja Sajonia, noroeste de Alemania), Franz-Josef Bode, quiere seguir los pasos de las diócesis de Essen y Rottenburg-Stuttgart. En una reunión de la que informó la agencia católica KNA, anunció que permitiría a los laicos bautizar. A partir de Semana Santa de 2023, se crearán cursos de formación. Se dirigen especialmente a mujeres muy implicadas en sus comunidades. Según el obispo de Osnabrück, los laicos podrían empezar a bautizar en 2025.

Un ex seminarista, casado y con dos hijas, es el nuevo secretario del Dicasterio de Laicos



El papa Francisco continúa dando papeles fundamentales a los laicos dentro de los dicasterios del Vaticano. Esta vez, ha nombrado como secretario del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida al brasileño Gleison de Paula Souza, de 38 años, ex seminarista, profesor de Religión en la Escuela secundaria “A. Vallone” de Galatina (Italia) y que actualmente está casado y es padre de dos niñas.

Nacido en 1984 en Minas Gerais (Brasil), de Paula es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, y posee una maestría en Filosofía por la Universidad de Salento, en Lecce. De 2005 a 2016 fue miembro de la Congregación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.

“Sentí que Dios me ama a través del Papa”

En 2014, cuando se encontraba en el seminario y en pleno proceso de discernimiento vocacional, tuvo la oportunidad de enviar un saludo por escrito al papa Francisco, de quien recibió una llamada como respuesta invitándolo a visitarlo en Casa Santa Marta. “Él me animó y paternalmente me dio muchos buenos consejos”, dijo de Paula, en declaraciones recogidas por el Movimiento Apostólico de Schoenstatt (Brasil).

“Su palabra era una invitación continua a la misericordia del Señor. Le pregunté si podía ir a confesarme y con su respuesta positiva volví a abrir mi corazón. No me dio ninguna respuesta, pero me dejó reflexionar, diciendo que está conmigo. Me conmueve saber que a él le importa saber lo que siento, pienso y espero”, explica. “Sentí que Dios me amaba a través de las palabras del papa Francisco”. Después del discernimiento vocacional, Gleison dejó el seminario, aunque ha continuado con una activa vida de fe.

Los fieles católicos exigimos la dimisión colectiva de los obispos de EEUU cómplices de pedófilos


DECLARACIÓN DE TEÓLOGOS CATÓLICOS, EDUCADORES, PARROQUIANOS Y LÍDERES LAICOS SOBRE EL ABUSO SEXUAL CLERO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
(Lucas 1, 51-52)

Declaración de teólogos católicos, educadores, parroquianos y líderes laicos
Sobre el abuso sexual de los clérigos en los Estados Unidos

El martes 14 de agosto de 2018, el Procurador General de Pensilvania Josh Shapiro se publicó un informe exhaustivo del gran jurado que documenta el abuso sexual de más de 1,000 niños por parte de 301 sacerdotes en seis diócesis de Pensilvania. El documento narra, con una claridad nauseabunda, siete décadas de abuso sexual por parte del clero y encubrimientos sistemáticos de obispos y otros en posiciones de poder. El informe siguió los pasos de las revelaciones de los últimos meses de décadas de depredación sexual por parte del cardenal Theodore McCarrick y en la sombra de la crisis de abuso sexual en Boston y más allá.

Los crímenes detallados en el informe del gran jurado muestran un horror incomprensible. El informe resume la situación así: “Los sacerdotes estaban violando niños pequeños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no sólo no hicieron nada; lo escondieron todo. Durante décadas.” Nos vemos arrodillados en repulsa y vergüenza por las abominaciones que estos sacerdotes cometieron contra niños inocentes. Estamos asqueados en igual medida por la conspiración del silencio entre los obispos que explotaron las heridas de las víctimas como garantía de autoprotección y la preservación del poder. Está claro que fue la complicidad de los poderosos lo que permitió que este mal radical floreciera con impunidad.

Hoy, llamamos a los Obispos Católicos de los Estados Unidos a genuinamente y con oración considerar someter al Papa Francisco su dimisión colectiva como un acto público de arrepentimiento y lamentación ante Dios y ante el pueblo de Dios.

Los urgimos a los obispos que sigan el ejemplo de los treinta y cuatro obispos chilenos, que se dimitieron colectivamente en mayo de este año después de que se habían traído a la luz las revelaciones de abusos sexuales y corrupción extendidos. A través de un prudente discernimiento, el Papa Francisco finalmente aceptó tres de estas treinta y cuatro dimisiones. Cabe señalar que la proporción de obispos católicos es casi la misma en Chile y en los Estados Unidos, y que el alcance geográfico de la crisis en este país parece superar al de Chile. Después de años de verdades reprimidas, la decisión sin reservas de las dimisiones de los obispos chilenos transmitió a los fieles un mensaje que los católicos en Estados Unidos aún no han escuchado, con una urgencia que todavía tenemos que presenciar: hemos causado esta devastación. Hemos permitido que persista. Nos sometemos a juicio en recompensa por lo que hemos hecho y no hemos podido hacer.

Algunos sentirán que la dimisión de todos los obispos es injustificada e incluso nocivo para el trabajo de curación. Después de todo, muchos obispos son en verdad siervos humildes y pastores bien intencionados. Este es un impulso que reconocemos, pero no es uno que podamos aceptar. La escala catastrófica y la magnitud histórica del abuso dejan en claro que este no es un caso de “algunas manzanas podridas”, sino más bien una injusticia radical sistémica manifestada en todos los niveles de la Iglesia. El pecado sistémico no puede terminarse a través de la buena voluntad individual. Sus heridas no se curan a través de declaraciones, investigaciones internas o campañas de relaciones públicas, sino a través de la responsabilidad colectiva, la transparencia y la verdad. Somos responsables de la casa en la que vivimos, incluso si no la construimos nosotros mismos. Es por eso que llamamos a los Obispos de los Estados Unidos a presentar sus renuncias colectivamente, en reconocimiento de la naturaleza sistémica de este mal.

Si queremos decir “nunca más” a esta epidemia catastrófica de violencia sexual dentro de la Iglesia, entonces se requiere un cambio estructural en una escala previamente inimaginable. Muchos han ofrecido propuestas sensatas para reformas específicas que comenzarían a convertir esta cultura de violencia eclesial en una de transparencia, responsabilidad, humildad, seguridad y confianza ganada. Estas son propuestas que apoyamos incondicionalmente, comenzando con investigaciones externas de cada provincia eclesiástica en los Estados Unidos similar a la que acabamos de completar en Pensilvania. Al mismo tiempo, reconocemos que la verdad y el arrepentimiento son requisitos previos para la conversión. Esto es tan cierto para la conversión institucional como para la conversión individual. Como un cuerpo colectivo, los obispos han dado a los fieles pequeños indicios de que reconocen y toman responsabilidad por la impresionante magnitud de la violencia y el engaño que no han disminuido bajo su liderazgo. Por lo tanto, les pedimos que sigan el ejemplo de Cristo al ofrecer al pueblo una voluntaria abdicación del estado terrenal. Este es un acto público de penitencia y pena, sin el cual no puede comenzar ningún proceso genuino de sanación y reforma.

Nosotros, los abajo firmantes, enseñamos en escuelas católicas, colegios, universidades y programas de postgrado. Trabajamos en parroquias, centros de retiros y oficinas diocesanas. Somos feligreses, ministros eclesiales laicos, músicos litúrgicos, catequistas, trabajadores de la pastoral, ministros de niños y jóvenes, capellanes, trabajadores parroquiales, defensores de la comunidad, estudiantes, maestros, profesores, bibliotecarios e investigadores. Somos madres y padres, tías y tíos, hijos e hijas y religiosos consagrados. Somos los bautizados.

Nos solidarizamos con las miles de víctimas, nombradas y sin nombre, a quienes los sacerdotes depredadores, protegidos por el silencio complaciente de muchos obispos, han violado, maltratado, lavado del cerebro, traumatizado y deshumanizado. Nos solidarizamos con los que se han caído al alcoholismo y la adicción a las drogas, a las enfermedades mentales y el suicidio. Nos afligimos con sus familias y comunidades.

Nos afligimos de una manera diferente pero no menos profunda para nuestros estudiantes, niños, familias, padres, abuelos, amigos, vecinos y todos aquellos que amamos que han dejado o dejarán la Iglesia porque han encontrado que sus líderes no son dignos de confianza. Lloramos por nuestras parroquias, comunidades, escuelas y diócesis. Lloramos por nuestra Iglesia.

La llamada que emitimos hoy no es liberal ni conservadora. No surge de una facción o ideología en particular, sino del corazón de una Iglesia herida. Es una expresión de fidelidad a las víctimas, a Jesucristo, a la Iglesia a cuyo servicio hemos dedicado nuestras vidas.

Por lo tanto, les pedimos a ustedes, Obispos de los Estados Unidos, que consideren este humilde y público acto de penitencia en nombre de todos nosotros. Que sea el primero de muchos pasos hacia la justicia, la transparencia y la conversión. Sólo entonces puede comenzar el doloroso trabajo de curación.

Agregue su firma a esta declaración abajo. Espere varias horas para que su firma aparezca en línea.

AL FINAL DEL TEXTO DE ESTE ENLACE PUEDES AGREGAR TU FIRMA

Con preguntas, ponerse en contacto con Susan Reynolds, Assistant Professor of Catholic Studies at Candler School of Theology at Emory University, a: sbreyn3@emory.edu.


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¿Pueden los laicos imponer las manos?


¿PUEDEN LOS LAICOS REALIZAR LA IMPOSICIÓN DE MANOS?
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Con el surgimiento a comienzos del siglo XX de las sectas pentecostales, las llamadas medicinas alternativas, que no son otra cosa que esoterismo, New Age o meras supersticiones, que dan un exagerado énfasis a la imposición de las manos a fin de según éstos, ungir a otros con el Espíritu Santo, realizar exorcismos, impartir gracias o dones carismáticos o simplemente devolver la salud mediante un pretendido poder de sanación mediante la imposición de manos como en el Reiki, que dicho sea de paso, nada tiene que ver con el cristianismo y no es más que una dañina superstición, con algún efecto placebo en el mejor de los casos.

Se impone debido a esto y al enorme atractivo de ver en otros supuestos poderes, el deseo en muchas personas de tener ese poder también y ejercer tal superioridad sobre los demás o por lo menos el deseo de recibir las supuestas gracias, dones o beneficios.

Hechos 8:18-24
Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: «Dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos.» Pedro le contestó: «Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero. En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón; porque veo que tú estás en hiel de amargura y en ataduras de iniquidad.» Simón respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no venga sobre mí ninguna de esas cosas que habéis dicho.»

Son las sectas pentecostales, la práctica del esoterismo y la New Age, los movimientos que permiten a las personas comunes sentirse poderosos y de ejercer esa superioridad y poder sobre los demás, de ahí su enorme éxito entre las masas ignaras.

Surge entonces en el pueblo católico la siguiente pregunta: ¿PUEDE UN LAICO IMPONER LAS MANOS?

La respuesta es sí, sí pueden los laicos imponer las manos. Siempre y cuando se tomen en cuenta ciertas prerrogativas o consideraciones que procederemos a explicar.

¿QUIÉNES PUEDEN IMPONER LAS MANOS?

En el Antiguo Testamento sólo los sacerdotes tenían la facultad de imponer las manos, era siempre el superior quien imponía las manos sobre el inferior. En el Nuevo Testamento esto cambió, Jesucristo no facultó únicamente a sus Apóstoles para poder imponer las manos, sino a todos los miembros de su Iglesia

Marcos 16:17-18
Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien
.

Por eso la Iglesia Católica no tiene ninguna prohibición explícita o implícita que impida a los laicos imponer las manos, siempre y cuando, como ya dijimos, se tomen en cuenta ciertas consideraciones, pues aunque bien es cierto que cualquier persona puede imponer las manos, el efecto de ésto no es el mismo en un laico que en un ministro ordenado. Por eso vemos que para curar a un enfermo, no cualquier persona puede imponer las manos, sino solamente un ministro ordenado, como un presbítero o sacerdote a fin de realizar la unción. En quien la acción de la imposición de manos adquiere ya un carácter sacramental.

Santiago 5:14-15
¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.

LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE LOS LAICOS Y LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE LOS MINISTROS ORDENADOS

Solamente y únicamente los ministros ordenados pueden mediante la imposición de las manos, administrar los sacramentos, ordenar a otros ministros, transmitir poder o autoridad, ungir con el Espíritu Santo, impartir gracia, impartir dones y carismas, expulsar demonios o exorcismos, sanar a las personas.

La imposición de las manos realizada por los laicos es considerada como un sacramental, no un sacramento. No puede por tanto un laico mediante la imposición de las manos, administrar sacramentos. La imposición de manos en los laicos no imparte ninguna gracia, no imparte ningún don ni carismas, no realiza ninguna unción del Espíritu Santo, no puede ordenar ministros ni transmitir autoridad alguna, no puede expulsar demonios o realizar exorcismos y no tiene poder de sanación por sí misma.

La imposición de las manos en los laicos se circunscribe a la intercesión por medio de la oración, para pedir por la salud de un enfermo, por ejemplo. En suma, para orar en favor de otra persona. Debe considerarse que la imposición de manos no da mayor eficacia a la oración, no se requiere imponer las manos para orar por alguien, ni tampoco es importante si al imponer las manos se toca a la persona o no. No se deben imponer técnicas para la imposición de las manos, la Iglesia no tiene nada establecido al respecto.

¿A QUIÉN DEBEMOS INVOCAR AL IMPONER LAS MANOS?

El laico que impone las manos sobre alguien para orar, debe dejar a un lado todo sentimiento de protagonismo o superioridad, al orar debe hacerlo de manera sencilla, sin imitar las formas de los protestantes. No se deben invocar a los ángeles, a las energías cósmicas o del universo, no deben invocarse a las buenas vibras, ni realizar decretos ni nada por el estilo. A quien debemos invocar es a Dios Padre, a Jesucristo, pero sobre todo al Espíritu Santo. Es mediante la epíclesis o invocación al Espíritu Santo, que el ministro ordenado ejerce toda acción litúrgica, pues no existe acción litúrgica sin epíclesis, es decir, sin la invocación y la presencia del Espíritu Santo.

En los laicos, ésta epíclesis o invocación al Espíritu Santo, se circunscribe a la oración mediante la intercesión y la eficacia de esta oración no está en el mero hecho de imponer las manos, sino en la gracia y voluntad del Espíritu Santo a atender nuestra invocación. Al orar por una persona mediante el gesto de imponer las manos, debe tomarse en cuenta siempre, que tanto en un ministro ordenado como en un laico, no es la persona la que actúa, sino que es el Espíritu Santo, quien actúa todo, en todos.

I Corintios 12:4-11
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad.

¿A QUIÉN PODEMOS Y A QUIÉN NO DEBEMOS IMPONER LAS MANOS?

Se puede imponer las manos a toda aquella persona que lo desea, sin sustituir con esto la liturgia, como el dejar de asistir a misa, o la recepción de los sacramentos. La imposición de las manos no es sustituto de nada. La persona sobre quien se impongan las manos por un laico, debe tener verdadero deseo de conversión y no al verse ya curado por ejemplo, vuelva a su vida de antes y se aleje de Dios.

I Timoteo 5:22
No te precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas partícipe de los pecados ajenos. Consérvate puro.

No debemos imponer las manos a quien no desea que lo hagan, a la fuerza nunca. Y si la persona no está en condiciones de aprobar tal acción, podemos hacerlo, siempre y cuando no nos conste que de estar en condiciones lo hubiera rechazado.

OPINIONES DE CATÓLICOS RECONOCIDOS

FRANK MORERA

La imposicion de manos es un Signo de oracion que no esta prohibido por la Iglesia. Es como juntar las manos o levantarlas, un simple gesto, solo que las personas deben de estar claras que este gesto de Oracion NO IMPARTE GRACIA como el que hace los Sacerdotes en los Sacramentos, asi lo dice en su web la Diosecis de Gran Canaria: "Un laico puede imponer las manos como señal de deseo de bendición de Dios para otra persona, por ejemplo cuando se está orando en grupo, preparaciones a las celebraciones comunitarias del perdón, pero no cuando se está administrando un sacramento."

Tambien responde la diócesis de Canarias con dos puntualizaciones:

1) Un seglar no puede imponer las manos cuando se está recibiendo un sacramento.

2) Un seglar puede imponer las manos como señal de bendición de Dios para otra persona; por ejemplo, cuando se está orando en grupo.

https://www.ewtn.com/legacy/v/experts/showmessage_print.asp?number=660580&language=sp

http://www.diocesisdecanarias.es/preguntarespuesta/sacramentos/imposic ion-de-manos-por-parte-de-seglares.html

FRAY NELSON MEDINA

Ahora bien, lo mismo que no toda agua es agua bendita, ni todo pan es la Eucaristía, así tampoco debemos considerar como sacramento, o con grado de sacramento todo gesto de imposición de manos, y esto implica dos cosas, una para quien lo da, y otra para quien lo recibe.

El laico que hace ese gesto debe hacerlo sin pretensión alguna, con sencillez e informalidad, sin darle el carácter de un exorcismo o de una unción. El estilo debería ser de énfasis en la cercanía, la solidaridad y el deseo de apoyar y proteger. Debe evitarse el estilo de "ordenar" (como en las ordenaciones que hacen los obispos) y tampoco es bueno acostumbrarse a hacer oraciones inusuales que supongan un "poder" de la persona que impone manos. Me refiero a casos como oraciones en lenguas, visiones, o cosas así.

"La persona que recibe una oración siéntase ante todo acompañada, apoyada por un hermano o hermana, y ponga su esperanza en la oración de la Iglesia entera y en la piedad de Dios, sin darle demasiado protagonismo a tal o cual hermano o hermana."

http://fraynelson.com/respuestas.php?fechapub=20100708

PADRE FORTEA (EXORCISTA)

"48 ¿Deben los laicos imponer manos cuando oran por alguien? No hay ninguna razón para prohibir que se impongan las manos, mientras se ora para pedir a Dios que devuelva la salud a alguien o para pedir cualquier otra cosa. Tampoco hay ningún peligro en hacerlo, como muchos creen. Aunque considero que éste es un gesto sacerdotal, y que por eso es preferible que sólo lo hagan los clérigos. Pero se trata sólo de una recomendación. Aun así, aun tratándose de una recomendación, y no de una prohibición, obsérvese quienes imponían las manos en el Antiguo Testamento: sólo los sacerdotes y los profetas. ¿Por qué? Porque imponer las manos es signo de ejercer un poder que se tiene. Alzar las manos hacia Dios es signo de pedir a Él. Imponer las manos, es símbolo de ejercer un poder. El mismo gesto es elocuente, es poner encima las manos como si de éstas saliera un poder. Cualquier pueblo, por primitivo que sea, entiende este gesto de un modo natural: el poder está en la persona, la mano es el instrumento a través del cual se ejerce."

http://www.corazones.org/z_imagenes/pdf/un_dios_misterioso1.pdf

CONCLUSIÓN

De modo que, si se toman en cuenta todas las consideraciones ya expuestas, cualquier laico, puede realizar la imposición de manos de acuerdo a la voluntad de Dios.

LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE UN LAICO NO TRANSMITE EL ESPÍRITU SANTO, NINGUNA GRACIA, NINGÚN CARISMA, LIBERACIÓN ETC.

LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE UN LAICO SÓLO PUEDE REALIZARSE PARA ORAR O INTERCEDER POR UNA PERSONA

LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE UN LAICO NO ES NECESARIA PARA ORAR O INTERCEDER POR ALGUIEN, NI DA MAYOR FUERZA A LA ORACIÓN


LA EFICACIA DE LA IMPOSICIÓN DE MANOS DE UN LAICO RESIDE EN LA ORACIÓN, LA VOLUNTAD DE DIOS, NO EN LAS MANOS


PAX ET BONUM


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