miércoles, 2 de enero de 2019

¿Cuando estemos en el cielo, nos reconoceremos unos a otros?


¿CUANDO ESTEMOS EN EL CIELO,
NOS RECONOCEREMOS UNOS A OTROS?

Nacemos con cero conocimientos.

Siendo el cerebro humano una maravilla de la creación de Dios, cuando nacemos, salvo algunas sensaciones experimentadas en la gestación, no conocemos nada de nada. No hay ninguna idea dentro de la cabecita del bebé, tan sólo millones de neuronas ávidas de empezar a trabajar. Poco a poco, por medio de los sentidos, conocemos por experiencia, el mundo que nos rodea. Vamos almacenando en la memoria caras, sonidos, sabores y lenguaje, palabra por palabra. A mayor experiencia y estudio, mayor conocimiento.

Pero en el Cielo las cosas son distintas

San Pablo tuvo una probadita de la Gloria en un éxtasis y nos dice que:

"Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que lo aman" 1a Cor 2,9

Nacidos en el tiempo y en un espacio muy limitado y con cero conocimientos, no podemos ni imaginar lo que conoceremos estando ya en presencia de Dios, que es lo que llamamos "Visión Beatifica" o sea, lo que ven o conocen los Bienaventurados, los Santos y Ángeles.

La verdad total

En un instante, en la presencia de Dios, conoceremos todas las verdades en una sola verdad, todos los interrogantes, todos los misterios: "en su Luz, veremos toda Luz", No más aprendizaje, no más penoso esfuerzo. Conoceremos todo de todo. Y nos reconoceremos, por supuesto, en la Luz de Dios.

San Cipriano, en su sermón sobre la muerte nos escribe:

"Allí está el coro celestial de los Apóstoles, la multitud de los Profetas, la innumerable muchedumbre de los Mártires, allí las Vírgenes, allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practican el bien...."

"Nos encontramos con la Virgen Santísima, con nuestros Santos Patronos, nuestros Ángeles de la Guarda y aquellos que desde la tierra admiramos por sus virtudes: padres y madres de familia, jóvenes rectos y piadosos, trabajadores honestos, niños llevados al Cielo en su inocencia, etc."

No lo dudemos: en el Coro Celestial, nos abrazaremos gozosos con nuestros seres queridos, padres, abuelos, hijos y amigos.

¡Que alegría, que consuelo! ¡Todos en compañía de Jesús nuestro Salvador!

San Cipriano añade:

"Cuál no será tu gloria y tu dicha! Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar de las alegrías de la salvación, de la Luz Eterna en compañía de Cristo el Señor tu Dios....gozar en el Reino de los Cielos en compañía de los justos y los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada!"

No nos perdamos de la felicidad eterna! Vivamos esta vida con la mira bien puesta en lo que nos aguarda si vivimos permanentemente en la Gracia de Dios!

Fuente, E.V.C.

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