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¿Sabías que la Iglesia Católica está compuesta por la comunión de 24 Iglesias? Estas son:

 Las 24 Iglesias que conforman la Iglesia Católica.


Muchas personas, sobre todo entre los círculos protestantes/evangélicos más anticatólicos, identifican al Cristianismo católico bajo el título peyorativo de "romanismo". Este título no solo es malintencionado, pues pretende limitar a la Iglesia católica a la Iglesia particular de Roma, además, dicho concepto despectivo busca identificarla con el imperio romano, para así desconocer su procedencia apostólica. Pero el mencionado término, además de todo, es impreciso, porque el catolicismo es mucho más que la Iglesia romana. Si bien la Iglesia católica tiene por Sede Apostólica a la Iglesia de Roma, no se reduce solo a ella, la Iglesia católica es una gran comunión de 24 Iglesias Cristianas en Oriente y Occidente con sus respectivos ritos litúrgicos, y lo que las distingue es que todas están en plena comunión con el Papa, y todas ellas además están unidas en una misma fe y una sola doctrina, con todos y cada uno de los mismos dogmas y el mismo número de sacramentos.


Estas son actualmente las 24 Iglesias* que conforman la Iglesia Católica.

(*No confundir a las Iglesias católicas de rito oriental que están en comunión con el Papa -y que son las que se enlistan a continuación-, con las Iglesias ortodoxas). 

Sviatoslav Shevchuk, Arzobispo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana celebrando la Divina Liturgia en el altar mayor de la basílica de Santa María la Mayor, en Roma.

IGLESIA DE RITO OCCIDENTAL

Tradición litúrgica latina:
 

1. Iglesia Católica Apostólica Romana (sede en Roma)

IGLESIAS DE RITOS ORIENTALES

Tradición litúrgica alejandrina:

2. Iglesia Católica Copta (patriarcado; sede en El Cairo, Egipto)

3. Iglesia Católica Etíope (metropolitanado; sede en Addis Abeba, Etiopía)

4. Iglesia Católica Eritrea (metropolitanado; sede en Asmara, Eritrea)


Tradicióno litúrgica bizantina:


5. Iglesia Greco-Católica Melquita (patriarcado; sede en Damasco, Siria)

6. Iglesia Católica Bizantina Griega (eparquía; sede en Atenas, Grecia)

7. Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (eparquía; sede en Sicilia, Italia)

8. Iglesia Greco-Católica Ucraniana (arzobispado mayor; sede en Kiev, Ucrania)

9. Iglesia Greco-Católica Bielorrusa (también llamada Católica Bizantina Bielorrusa)

10. Iglesia Greco-Católica Rusa (sede en Novosibirsk, Rusia)

11. Iglesia Greco-Católica Búlgara (eparquía; sede en Sofía, Bulgaria)

12. Iglesia Católica Bizantina Eslovaca (metropolitanado; sede en Prešov, Eslovaquia)

13. Iglesia Greco-Católica Húngara (metropolitanado; sede en Nyíregyháza, Hungría)

14. Iglesia Católica Bizantina de Croacia y Serbia (eparquía; sedes en Križevci, Croacia, y Ruski Krstur, Serbia)

15. Iglesia Greco-Católica Rumana (arzobispado mayor; sede en Blaj, Rumanía)

16. Iglesia Católica Bizantina Rutena (metropolitanado; sede en Pittsburgh, Estados Unidos)

17. Iglesia Católica Bizantina Albanesa (eparquía; sede en Fier, Albania)

18. Iglesia Greco-Católica Macedónica (exarcado o exarquía; sede en Skopje, Macedonia)


Tradición litúrgica armenia:

19. Iglesia Católica Armenia (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)

Tradición litúrgica maronita:

20. Iglesia Maronita (patriarcado; sede en Bkerke, Líbano)

Tradición litúrgica antioquena o siríaca occidental:

21. Iglesia Católica Siríaca (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)

22. Iglesia Católica Siro-Malancar (arzobispado mayor; sede en Trivandrum, India)


Tradición litúrgica caldea o siríaca oriental:

23. Iglesia Católica Caldea (patriarcado; sede en Bagdad, Iraq)

24. Iglesia Católica Siro-Malabar (arzobispado mayor; sede en Cochín, India)

"Mejor imposible": 8 motivos por los que la fe católica es la mejor imaginable… y cómo defenderla




Si la fe es la Verdad, ¿por qué los católicos se avergüenzan de ella? ¿Por qué tiende a apagarse en nuestros días? Si el yoga es miles de años más antiguo que el cristianismo, ¿por qué es entendido como un sinónimo de modernidad frente una fe "anticuada"? Desde su ordenación, el sacerdote José Luis Retegui ha recopilado cientos de respuestas y llegado a la misma conclusión: "La visión católica de la realidad es la mejor imaginable", pero en muchos casos, no sabemos por qué.

Retegui, vicario parroquial y profesor de Religión, acaba de publicar Mejor imposible (Palabra), donde expone de una forma breve, amena y convincente los pilares de la fe católica con argumentos actuales, sin tapujos y, sobre todo, "sin rehuir ningún tema".

El libro, estructurado en ocho capítulos, tiene un título -Mejor imposible- y un objetivo -"explicar porqué no es posible una visión de la realidad más elevada que la católica"- que podrían parecer grandilocuentes de no dar respuesta a cada una de las objeciones con las que se ha topado. Pero lo hace, y con argumentos que sorprenden

Por ejemplo, que el mal no solo puede ser "inofensivo" sino que de hecho "nos hace mejores". "La visión católica del mal es la más positiva que podemos concebir: gracias a la Cruz creemos que el mal nos permite amar con más intensidad a Dios y a los demás. El mal sufrido no es culpa tuya y solo padeceremos aquellos males que Dios permita para sacar bienes mayores", explica.

A lo largo de Mejor imposible, Retegui reflexiona sobre algunos peligros que enfrenta la fe y la Iglesia contemporáneas. Así, explica que uno de los "principales defectos a la hora de transmitir el mensaje cristiano no es transmitirlo mal, sino -directamente- no transmitirlo".

En este sentido, también observa una "falta de claridad" que lleva a seleccionar aspectos separados del mensaje evangélico. "La fe o se transmite entera o no se entiende. Por miedo a gustar se predica solo lo fácil, que Dios es bueno y nos ama mucho. Es verdad, y lo fundamental, pero también hay que exponer claramente las consecuencias del pecado -el infierno, las drogas, el sexo desordenado…- la Iglesia tiene el antídoto para lo que más daño nos hace", comenta.

Con los defectos, también menciona las amenazas de la evangelización y la vida de fe. "La mayor dificultad no es intelectual, sino vivencial. El hombre está hecho para convivir, si no vive la fe acompañado, la fe se apaga. Sin la comunidad es difícil evangelizar, por eso urge ofrecer una amistad o comunidad en la que vivir la fe, así como propiciar familias fuertes donde se transmita la fe".

Chispazos que no convencen

Otro de los aspectos centrales de Mejor imposible es su visión apologética, pues aborda el aparente triunfo de las ideologías modernas -y no tan modernas- sobre la Iglesia.

"Las de corte oriental como el yoga, el karma o la reencarnación son del 5000 antes de Cristo, incluso el cientificismo tiene más de cuatro siglos", menciona. Estas son solo algunas de las "ideologías dominantes" a las que el autor, al final de cada capítulo, contrapone "la maravilla de la verdad católica" con la pobreza de estas doctrinas que, a su juicio, "son como chispazos, pero no terminan convenciendo del todo".

"Buscar la relajación del yoga en vez de dar un sentido al sufrimiento, sustituir a un Dios personal por una energía cósmica que no te ama, o aceptar que el mal vencerá y no volveremos a ver a nuestros seres queridos después de morir no satisface al ser humano. Estamos hechos para algo superior, aspiramos al máximo amor y felicidad posible, y solo Jesús nos lo ha ofrecido", expresa convencido.

En Mejor imposible, Retegui considera, en definitiva, que "la verdad de la Iglesia no puede ser más verdadera ni con un Dios más perfecto" y su objetivo es transmitirlo.

"Pretende ser una exclamación positiva de la inmensa suerte que tenemos de participar de la fe católica. Nuestra vida no puede ser mejor. Sabemos que Dios nos ama sin límites, que podemos amar como Él y que nuestro destino es una eternidad de completa felicidad. La vida mejor que pudiéramos soñar se ha hecho realidad y podemos disfrutarla", concluye.

Ocho capítulos para enfrentar las ideologías dominantes

El autor comparte el extracto de los ocho capítulos del libro, que condensan las respuestas y argumentos a las grandes objeciones de la fe de nuestros días y las contrapone de forma sencilla a las ideologías dominantes:

1.- Verdad

No hay una doctrina que haya dado más pruebas de su veracidad: Dios en persona ha bajado del cielo y te la ha contado. Miles de milagros a lo largo de la historia certifican que estamos en lo cierto.

2.- Dios

Creemos en un Dios que tiene todas las perfecciones posibles. Ha derrochado inteligencia en toda la creación para que no dudemos de que un ser inteligente nos ha creado. Además, sólo la religión cristiana defiende que Dios es amor, le otorga a Dios en grado sumo la mayor perfección del hombre. Un Dios que te ama de modo omnipotente y todopoderoso es el mejor imaginable.

3.- Hombre

No seremos igual a Dios en todas sus características (omnipotencia, omnipresencia) pero si en la principal: en la capacidad de amar sin límites y humanamente, como Jesucristo. Ninguna visión del mundo promete al hombre algo mayor a ser como Dios (sería imposible).

4.- Religión

La relación entre Dios y el hombre según la fe católica es de la mayor intensidad. Creemos que Dios la ha reducido la distancia entre Él y nosotros a la mínima expresión. Con la encarnación y el bautismo, la vida de Dios y la del hombre unen totalmente por amor. La eucaristía es esa unión perfecta entre Dios y el hombre que acontece en cada comunión.

5.- Iglesia

La mejor compañía imaginable que puede tener el hombre es la Iglesia. Primero, porque está formada por pecadores y así puedes formar parte. “La Iglesia te coge pecador y te hace santo”. Es una comunidad pensada para santificar a pecadores reincidentes.

6.- Mal

La visión católica del mal es la más positiva que podemos concebir: gracias a la Cruz creemos que el “mal es bueno”, pues nos permite amar con más intensidad a Dios y a los demás. El mal tiene fecha de caducidad: Cristo lo ha aniquilado en la Cruz. Además, los católicos identificamos y tenemos las herramientas para combatir el único mal que nos debe preocupar: el pecado.

7.- Cielo

La vida después de la muerte es más del 99,999999999% de nuestra existencia. Nuestro futuro no puede ser mejor: participar para siempre del todo el amor y felicidad de Dios. Además, con nuestro mismo cuerpo, nuestra misma voz y personalidad. Dios compartirá contigo toda su capacidad de amar.

8.- Jesucristo


La mejor persona de la historia de la humanidad está completamente enamorada de nosotros. Cristo es todopoderoso y está más empeñado en tu felicidad que tú mismo. ¿Con quién mejor podemos compartir nuestra vida?

9 formas de infidelidad más comunes y cómo proteger tu matrimonio.

  


La infidelidad destruye matrimonios. Si quieres proteger tu matrimonio, te aconsejo que evites estos comportamientos.

Cómo proteger tu matrimonio de estas 9 formas de infidelidad.

Las relaciones hoy en día se encuentra en peligro. Quiero mostrarte cómo proteger tu matrimonio de estas 9 formas de infidelidad que son muy comunes en la actualidad. Recientemente hablé con un viejo amigo cuyo matrimonio se encuentra en crisis. Su esposa ha estado teniendo una aventura con su entrenador personal en el gimnasio. El resultado de esta aventura amorosa está causando que su familia se separe. Lo que ella asumió, de manera ingenua, como una "aventura inofensiva" está sumando una gran cantidad de consecuencias negativas a su matrimonio y a sus hijos. La infidelidad destruye matrimonios. Lo veo todos los días.

Normalmente, cuando hablamos de infidelidad, nos referimos solo al ámbito sexual. Mientras que las aventuras sexuales pueden ser la forma más destructiva de infidelidad, hay muchas otras maneras en las cuales las personas pueden ser infieles en el matrimonio. Los actos más pequeños de infidelidad usualmente conducen a aventuras sexuales. Debemos proteger nuestros matrimonios de TODAS las formas de infidelidad existentes. Cómo perdonar la infidelidad del cónyuge Perdonar la infidelidad del cónyuge incluye un proceso de sanación que puede ser largo o corto, dependiendo del tamaño de su corazón La definición de infidelidad es literalmente el quebrantamiento de confianza o de la lealtad.

Si quieres proteger tu matrimonio de la infidelidad en todas sus presentaciones, se aconseja que por favor evites los siguientes comportamientos.

9 formas de infidelidad más comunes.

La prevención de los siguientes 9 actos de quebrantamientos de lealtad y la confianza en el matrimonio son pasos vitales para preservar tu matrimonio. Aquí tienes entonces las 9 formas más comunes de cometer una infidelidad son (sin orden específico)

1. La lealtad primordial es hacia tu cónyuge. Entregar tu lealtad primordial a alguien o a algo más que a tu cónyuge es un peligro para tu matrimonio. Esto es una forma de infidelidad. Si estás entregando tu lealtad primordial a tus padres por delante de tu pareja, básicamente estás cometiendo un acto de infidelidad. Si estás más interesado o preocupado por tus amigos que por tu pareja, le estás engañando. Si estás pensando entregar toda tu lealtad al campo laboral, estás siendo infiel. Si simplemente pudiésemos comprender la responsabilidad que tenemos de entregar nuestra más pura, fuerte y primordial lealtad a nuestros matrimonios, estos mismos podrían mejorar de manera inmediata y dramática.

2. Guardarle secretos al cónyuge. En el matrimonio, los secretos son casi tan dañinos como las mentiras. El matrimonio debe construirse sobre una base de total transparencia y confianza. Debes darle prioridad a la confianza y la transparencia en el matrimonio, incluso por encima de tu privacidad personal. A menos que estés planeando una fiesta sorpresa o escondiendo un regalo para una fecha especial, no hay lugar para secretos en el matrimonio. Esto es una de las principales causas de discusión que traen problemas serios a la relación. Una forma de infidelidad muy común que puede pasar desapercibido. Cada vez que estés entablando una conversación, haciendo una compra, enviando un mensaje de texto, realizando una búsqueda vía Internet o haciendo cualquier cosa con la intención de que tu pareja nunca se entere, tu secreto es en realidad un acto de infidelidad.

3. Amenazar con el divorcio. El divorcio se ha convertido en un acto demasiado informal en nuestra sociedad. Suponemos que el momento en que el matrimonio se torna difícil, significa que nos hemos casado con la persona equivocada y que debemos empezar desde cero con una persona completamente nueva. Cuando amenazamos con el divorcio, estamos rompiendo la confianza sagrada que hace que un matrimonio funcione. Estamos dando a entender que nuestros votos matrimoniales no importan y que nuestro compromiso está condicionado a nuestros sentimientos. Veamos los problemas de nuestros matrimonios como una oportunidad para trabajar juntos, en equipo; y no como una oportunidad para renunciar.

4. Aventuras emocionales. Las aventuras de carácter emocional pueden rápidamente conducir a aventuras sexuales, pero también son un acto de infidelidad. Se llevan a cabo en secreto cuando comenzamos a buscar afecto y atención de alguien que no es nuestra pareja. Usualmente, una aventura emocional comienza de manera inocente con una conexión natural que se comparte con alguien en el trabajo (o donde sea), pero las líneas se pueden cruzar rápidamente. De entre las 9 formas de infidelidad más comunes, esta suele ser bastante peligrosa.

5. Negarse a admitir la culpa o pedir disculpas de manera sincera. Cuando te niegas a admitir la culpa, buscas excusas para sus acciones, culpas a tu pareja en lugar de asumir la responsabilidad o dejas de pedir disculpas sinceramente, estás cometiendo un acto de infidelidad. Perdonar y pedir perdón son actos valientes en toda relación. Algunas de las palabras más poderosas en la sanación de un matrimonio son: "Yo estaba equivocado", "De verdad lo siento", "Por favor, perdóname", y "Dame la oportunidad de reconstruir la confianza que he roto".

6. No estar cuando tu cónyuge te necesita. Tu pareja no debería tener que hacer frente a ninguna situación sin tu presencia, tu colaboración y tu apoyo. Cuando ambos dijeron acepto, hicieron un voto para estar allí el uno para el otro. Retener tu ayuda o elegir selectivamente tu participación basado/a en tu conveniencia, es comunicar deslealtad a tu pareja, quiere decir que, es cometer un acto de infidelidad. Demostremos nuestro amor apoyando y estando allí para nuestras parejas.

7. Tratar de ganar una discusión con tu cónyuge. Este puede haberte tomado por sorpresa. Todos queremos ganar un argumento, ¿verdad? ¿Qué podría estar mal con eso? Pues, en el matrimonio, no puedes tomar los desacuerdos como algo que una persona gana y otra pierde. Intentar ganar a expensas de tu pareja es en realidad una forma de quebrantamiento de confianza y lealtad, ya que ustedes dos están en el mismo equipo. Tanto como para ganar juntos o para perder juntos. Tener una mentalidad de ganar o perder en el matrimonio es dar a entender que están en diferentes equipos. Que son adversarios en lugar de socios. Esa es una mentalidad de divorcio; no una manera de pensar en matrimonio.

8. Aventuras sexuales. Las aventuras de carácter sexual destruyen matrimonios. Esto es probablemente lo primero que viene a tu mente cuando escuchas la palabra "infidelidad", ya que se reconoce como el acto de quebrantamiento de confianza y lealtad más fuerte que puede cometerse. Si vas a adentrarte en este camino e iniciar el tóxico proceso de justificar una aventura sexual, ¡detente ahora mismo! El dolor que causarás va más allá de lo que en realidad te puedes imaginar.

9. Renunciar a la relación. Cualquier problema que estén enfrentando, pueden superarlo si se mantienen unidos. No pierdan las esperanzas, no renuncien a ustedes mismos. Renunciar a la relación es una traición directa a las promesas que usted hizo en el matrimonio. Si renuncia a algo tan importante para la felicidad de toda su vida ¿cree que va a tener éxito en todo lo demás que se plantee? El matrimonio es lo más valioso que pueden tenerse los cónyuges. Cultiven y cuiden su relación cada día. Tenga en cuenta estas 9 formas de infidelidad que pueden ocurrir en su matrimonio y protéjanse de ellas. Cuiden su relación y siempre traten de dar lo mejor el uno por el otro.

LA MITAD DE LOS JÓVENES CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES HAN ABANDONADO LA IGLESIA




Por cada joven norteamericano que se une a la Iglesia Católica, más de seis la abandonan. La mitad de los católicos menores de 30 años han abandonado la Iglesia en Estados Unidos en el curso de los últimos años (...).

Según se informa desde Conferencia plenaria de los Obispos Católicos de los Estados Unidos, los datos de uniones y abandonos de la Iglesia católica norteamericana entre los jóvenes son aterradores.

Los obispos estadounidenses están tratando de llegar a conclusiones acerca de las razones por las que la juventud católica abandona la Iglesia.

Es un escándalo solo ponerse a pensar que uno de cada seis jóvenes que nacieron entre la década de los 80 y principios de los 90 en los Estados Unidos y que fue formado en la fe católica, ahora se ha convertido en un ex católico.

Por cada joven que se une a la Iglesia, ya sea por el bautismo al haber nacido en un hogar católico o por la predicación luego de haber pertenecido a alguna otra fe, 6.45 abandonan la Iglesia. El 79% de los que abandonan la Iglesia, lo hacen antes de cumplir los 23 años. La edad media de los deciden irse es de 13 años.

Además no hay nada que indique que estos jóvenes retornan a la fe, todo lo contrario, al parecer muchos de estos jóvenes se vuelven antirreligiosos y particularmente anti-católicos. 

La presentación de estos datos corrió a cargo del obispo auxiliar de Los Ángeles, Robert Barron. Según el propio prelado, estas cifras son «un fruto amargo del desplome de nuestra fe». El obispo precisó, además, que los jóvenes que abandonan el catolicismo no se unen necesariamente a otras iglesias. La mayoría de ellos se convierten en "indiferentes".


9 cosas que nunca debes decirle a un converso al catolicismo



Hay que tener mucho cuidado al recibir a los conversos en la Iglesia porque podríamos confundirlos con lo que les decimos.

He aquí un ranking de las 9 cosas que nunca debes decirle a un converso al catolicismo.

1. “¿Y por qué dejaste de ser cristiano?”

Primero que nada, no olvides que los católicos SOMOS CRISTIANOS. Cuando un protestante decide convertirse al catolicismo NO deja de ser cristiano; ahora es un CRISTIANO CATÓLICO. Si bien el Catecismo nos enseña a no regatearles el título de cristianos a nuestros hermanos separados, no debemos nosotros tampoco renunciar a él. Una mejor manera de plantear el asunto sería decirle: ¿Hermano, qué te llevó a tomar la decisión de vivir tu cristiana en la Iglesia católica?

2. “Seguro te convertiste porque ser católico es más fácil”

Cuando un protestante decide convertirse al catolicismo sabe que las cosas no se pondrán más fáciles. Muchos han sido criados en familias de tradición protestante y saben que esa decisión les costará la incomprensión de sus seres más queridos.

3. “Si ya eres católica, ¿por qué te sigues vistiendo como evangélica?”

Lo modestia en el vestir es algo 100% católico. No es una buena idea cuestionar la forma de vestir de una chica que ha decidido hacerse católica. A muchos nos haría mucho bien leer un poco sobre la “Teología del cuerpo” de San Juan Pablo II para comprender mejor este asunto.

4. “¡Uy! ¡Tú te debes haber leído toda la Biblia como 20 veces!”

En realidad los protestantes sí leen la Biblia, pero no tanto. Además ¿no se supone que nosotros como católicos deberíamos leerla tanto, o más, que ellos?

5. “Los evangélicos atraen a mucha gente. Enséñanos cómo lo hacen”

Recuerden que todas las estrategias pastorales de las comunidades protestantes no fueron suficientes para que él se quede allá. Los católicos ya tenemos algo que lo nos atrajo a la Iglesia y que es suficiente para atraer a todo el mundo: Jesús Eucaristía.

6. “¿Eras evangélico? Nosotros tenemos un grupo parecido. Te va a gustar”

Es tentador, pero es muy probable que rechace la oferta ya que ellos no se convirtieron para seguir haciendo lo mismo.

7. “No vayas a Misa tan seguido. Aquí solo es necesario los domingos”

Cuando un converso llega por primera vez a la Iglesia es normal que quiera estar cerca de aquello que más lo atrajo a la verdadera fe: la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Antes de limitar su devoción, los católicos deberíamos imitarlos.

8. “Esto se llama Misa, ella es una monja, ese es un monaguillo, eso es una catedral…”

El converso pudo haber leído mucho antes de convertirse y es más que probable que ya sepa muchas cosas de nuestra Iglesia. No es necesario explicarles con manzanas y palillos, por ejemplo, quién es el Papa. Eso sí, en algún momento harán preguntas y debemos estar preparados para dar respuestas.

9. “¿Y por qué ya no quieres a los evangélicos? ¿Qué te hicieron?”

Los conversos nunca dejan de sentir cariño por los evangélicos. En esas comunidades protestantes les hablaron por primera vez de Jesús, les enseñaron a decirle no al pecado, aprendieron a orar, etc.

‘Instrumento de tu amor’, la canción que Franco Escamilla dedicó a Jesús.



Aunque ahora es un famoso comediante, con millones de seguidores en redes sociales y shows en diversos países todo el año, Franco Escamilla ha contado en muchas ocasiones que su carrera artística inició como músico.

Además, en sus shows y entrevistas también ha platicado que comenzó a tocar en el coro de una Iglesia en Monterrey, entidad donde vive desde que era adolescente. Pero, ¿Sabías que compuso una canción católica y que con ella ganó un concurso?

Instrumento de tu amor

En una entrevista para  Multimedios Televisión en noviembre de 2020, el comediante Franco Escamilla explicó que antes de iniciar su carrera, formaba parte del coro de la Iglesia del Santísimo Sacramento, en San Nicolás de los Garza.

En el 2005, el coro se inscribió al 16º Festival de la Canción Vocacional, que organiza cada año la Pastoral Vocacional del Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Monterrey, y él decidió inscribir también una canción de su autoría, titulada ‘Instrumento de tu amor’.

“Metí una rolita mía, acompañada por tres amigos, tocábamos cuatro guitarras (…) el coro no calificó a la final, pero el canto, que se llama Instrumento de tu amor, pasó a la final y ganó el concurso”, recordó en aquella entrevista.

Franco Escamilla, quien ha hablado en varias ocasiones sobre su fe católica, recuerda con cariño esos años en el coro de la Iglesia, donde incluso conoció a su esposa. Desde entonces, su canción ha sido retomada por diversos coros y grupos juveniles.

Sexo, ¿es bueno o malo? ¿Qué dice la Iglesia?



Casi todas las voces que escuchan los jóvenes en la cultura secular los invitan a experimentar con el sexo. Pero, ¿el sexo es bueno o malo?

La misma educación sexual escolar les proporciona la información para que, desde la adolescencia, los chicos se enrolen en actividad sexual. Les hablan de derechos sexuales y reproductivos, incluso les han dado una cartilla nacional que los promueve; de esa manera los van incitando hacia la promiscuidad.

En este ambiente cultural, la Iglesia con su enseñanza sobre la castidad hasta el matrimonio parece retrógrada. La ética sexual católica se ve como el aguafiestas en medio del desenfreno del mundo. Parece que se cumple aquellas palabras de san Pablo: “llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina” (2Tim 4,3).

¿Qué dice la Iglesia sobre el sexo?

Sin embargo cuando echamos una mirada a nuestro alrededor y vemos las consecuencias de la Revolución sexual de los años 60 en la manera en que los jóvenes viven su vida sexual –con todas las heridas físicas, psicológicas, familiares y espirituales–, nos convencemos, más que nunca, de que la Iglesia debe seguir proclamando el plan de Dios sobre el amor y la sexualidad con valentía, arguyendo, reprendiendo, exhortando, con paciencia incansable y con afán de enseñar (2Tim 4,2).

Enseñar a los adolescentes y jóvenes que antes de casarse vivan una vida sexual activa es un grave error. Pero hay que explicarles por qué. Para entenderlo, primero hay que saber que el sexo es una creación de Dios y, como tal, es bueno. Cuando creó el mundo vio que todo era muy bueno (Gen 1,31), incluido el sexo. Sin embargo el sexo no solamente es bueno sino increíblemente bueno.

Tan bueno es, que Dios hizo el mundo para que fuera poblado con seres humanos, hechos a su imagen y semejanza, llamados por vocación a compartir con ellos la vida eterna en el Cielo. “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla” (Gen 1,28). Si tú y yo somos seres hermosos salidos de las manos de Dios, a quienes Él ama apasionadamente, eso significa que el acto sexual que nos dio origen –el sexo– es querido por Dios y es algo extraordinariamente positivo. Podemos decir que no hay en la tierra una forma de contacto físico con una dignidad tan alta como es el acto conyugal.

Dios pudo hacer que los niños llegaran al mundo por otros medios. Algún pájaro como la cigüeña podía traerlos del cielo, o pudieron haber sido plantados en la tierra y cosechados, pero no fue así. Dios quiso crear otro sistema para que viniéramos al mundo.

Dios  ama a cada vida humana que existe y, para traer esas vidas, se vale de un sistema llamado “familia”, donde el hombre y la mujer se aman y donde comparten sus vidas. ¿Podemos imaginar lo que significa pasar todo el resto de la vida juntos, viviendo bajo el mismo techo, comiendo con la misma vajilla, durmiendo en la misma cama, compartiendo el baño, incluso el tiempo de descanso? Para ser los dos una sola carne se requiere de mucho amor y de una cantidad muy generosa de sacrificio (Mc 10,6-9).

Cuando una pareja se casa por la Iglesia, hacen la promesa de aceptarse mutua y totalmente, de ser fieles uno al otro, en las alegrías y las penas, en la salud y la enfermedad y amarse y respetarse todos los días de su vida. Prometen que nunca se utilizarán como si fueran objetos o cosas, sino que se tratarán como personas que buscan lo mejor uno para el otro; y para toda la vida.

El sacramento del Matrimonio los convierte en una sola persona conyugal (Mt 19,5). Después de la boda, la pareja suele salir a un viaje llamado “luna de miel”, donde se entregan sus cuerpos para manifestar la alianza que sellaron con Dios ante el altar de la iglesia. Este intercambio sexual es una entrega absoluta de la totalidad de sus personas.

Este es el idioma del amor que los jóvenes deben descubrir como algo grandioso. De esa entrega total Dios puede crear una nueva vida humana a su imagen y semejanza (Gen 1,26). Crear seres humanos es uno de los actos predilectos de Dios.

El resultado de este idioma del amor es una familia. La vida familiar existe para que todos sus miembros puedan aprender a amar, a buscar lo mejor para el bien de los demás, y para aprender a entregarse por los otros, aún con sacrificio.

En las familias amamos y somos amados. Las familias se edifican por el amor y se originan en el sexo. Así que no enseñemos a los jóvenes que el sexo es malo sino algo bueno, algo maravilloso. Y por ser tan increíblemente bueno, debe realizarse sólo en el matrimonio y para formar una familia.

¿Por qué Jesús habló sin rodeos sobre el tema del divorcio?


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. (Mc 10, 2-12)

¿Dónde radica la condescendencia de Jesús?

Ciertamente en el Evangelio del día de hoy se plantea un problema serio y muy actual. Jesús declara que la Ley de Moisés condescendió al divorcio porque el pueblo de Dios tenía un corazón muy duro, una incapacidad de comprender el sentido del plan de Dios. Bajo esta perspectiva, la dureza, la incapacidad no proviene de Dios sino de la humanidad que se encuentra en circunstancias de pecado. El proyecto de Dios es que un hombre y una mujer se unan y formen una sola carne. Esta es la característica del Matrimonio conocida como unidad.

Si nos fijamos bien en el discurso de nuestro Señor Jesucristo, Él enuncia el plan original, la unidad permanente, estable, entre un hombre y una mujer. Pero, en su enseñanza, introduce un nuevo elemento sobre el cual no transige, esto es que la persona pretenda iniciar un proceso de unidad con otra pareja, a esto llama sin ambages: adulterio.

Visto en el contexto, el adulterio, sería un acto de injusticia en contra de la primera pareja, la cual ha sido despedida. En el texto del Antiguo Testamento que habla sobre el divorcio (Dt 24,1-3) la única precisión que se hace es que, si la mujer despedida tomara un segundo marido y éste la repudiara o muriera, ella no podría regresar al primer marido pues sería una abominación.

El Deuteronomio no enuncia el derecho, de quien despidió a la primera mujer, de tomar una segunda. Solo menciona a la que ha sido repudiada. La condescendencia de Dios, que Jesús aplicó a lo largo de su vida pública no se refiere a los principios. Lo que Dios planeó desde el principio es universalmente válido, y es Dios mismo quien garantiza la posibilidad de su cumplimiento. Jesús declaró: “lo que para los hombres es imposible, para Dios es posible” (Lc 18,27). Cuando Jesús dijo, “sean perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” lo dijo en serio y, en ningún pasaje o discurso, le escuchamos contradecir estas cosas.

Sin embargo, ante una mujer sorprendida en adulterio, Él no aconsejó que la lapidaran, sin más, al contrario, dijo, “aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” (Jn 8,1-11) Después de unos minutos nadie la había lapidado ni condenado, entonces Jesús, haciendo uso de su condescendencia misericordiosa, le dijo “yo tampoco te condeno, vete en paz y no vuelvas a pecar”.

¿Por qué un ladrón se nos adelantó a reconocer a Cristo como rey?



El Evangelio de Lucas (Lc 23, 35-43) nos narra que cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

¿Por qué un ladrón aceptó a Cristo como Rey?

Una de las cosas que a Nuestro Señor Jesucristo más le costó trabajo de comunicar a los discípulos fue el hecho de que su misión como Mesías se habría de cumplir por medio de la Pasión, Muerte y Resurrección. Cuando el Señor Jesús lo anunció por primera vez en el inicio de su camino hacia Jerusalén (Mc 8,31-33) Pedro trató de reconvenirlo, pero el Señor lo puso en su lugar de discípulo.

Ahora, en la lectura de este Evangelio nos encontramos en el momento más dramático de ese proceso de Pasión y Muerte, a saber, la crucifixión. Y es precisamente allí donde uno de los ladrones crucificados como Él, le pide que tenga compasión cuando llegue a su Reino ¿por qué motivos un hombre en suplicio podría pensar que otra persona que sufre la misma suerte es un rey?

Aquí está presente la sorpresa de la lógica del Hijo de Dios. No fue una casualidad, sino un proceso bien pensado y previsto por el Señor Jesús, que sería por medio de su anonadamiento en la cruz que habría de pasar después a la exaltación de la Resurrección por encima de toda cosa sobre la Tierra, en el Cielo y por debajo de la Tierra, como lo declara san Pablo en su cántico de la carta a los Filipenses (Flp 2,6-11).

Curiosamente, lo que a los discípulos costó mucho comprender, a un hombre sometido al suplicio Dios -el ladrón- le concedió la gracia de comprenderlo y por su oración obtener la promesa de participar con Jesús en el Reino de los Cielos, es decir, en el paraíso.

Normalmente el esplendor de los reyes suele medirse por sus riquezas, por la esplendidez de su corte, por el éxito material. La lógica del Reino de Dios no va por ese camino, si de verdad queremos comprenderla es necesario aceptar que no es una ruta de ganancias sino de pérdidas, Jesús mismo lo expresaba de esta forma: “el que quiera ganarse a sí mismo se perderá, pero el que pierda la vida por mí y por el evangelio la salvará” (Mc 8,35).

Dentro del mismo libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos demuestra que el mismo camino seguido por el Señor Jesús habría de ser el camino que sus discípulos y apóstoles habrían de seguir.

El primer mártir cristiano fue san Esteban diácono, después Santiago. A Pedro y a Juan los encarcelaron y azotaron varias ocasiones, así como lo hicieron con san Pablo. Ser servidor de este rey nos lleva a asemejarnos a Él, pero también nos lleva al Reino definitivo.

2 razones para irse de la Iglesia, 12 para quedarse.



Según se puede deducir de cientos de entrevistas a católicos que se han alejado de la Iglesia, y también a quienes han permanecido en ella, los primeros suelen tener solamente dos razones para irse, mientras que los segundos tienen muchas más para quedarse. Las dos razones por las que la gente suele dejar la Iglesia son éstas:

1. La ignorancia

Hay católicos que solamente fueron bautizados e hicieron su Primera Comunión, pero luego no siguieron aprendiendo nada respecto a su fe. No leían la Biblia, no oraban, dejaron de ir a Misa o iban a aburrirse. No tenían una relación personal con Jesús ni sabían que Él estaba realmente presente en la Eucaristía. No les importó alejarse porque no tenían ni idea de lo que abandonaban.

2. El enojo

También hay católicos que cuando un padre los regañó, o no estuvo disponible para realizar algo o en el momento en que se lo pidieron, o tal vez cometió algo grave que los escandalizó, se alejaron de la Iglesia. Tristemente permitieron que el pecado ajeno les estorbara en su propia relación con Dios.

Quienes no por costumbre, sino por convicción permanecen en la Iglesia, dan infinidad de razones. Las más mencionadas son las siguientes:

1. Origen. La Iglesia Católica es la única fundada por Cristo (ver Mt 16, 18). Todas las demás iglesias han sido creadas por hombres.

2. Continuidad. Hay quien cree que en el siglo I la Iglesia se corrompió, y así se quedó hasta que vino el fundador de x denominación, y la restauró. Eso es falso. La Iglesia se ha mantenido desde su inicio, la sostiene Cristo, que prometió que los poderes del mal no prevalecerían sobre ella. El Papa es sucesor de san Pedro, en línea ininterrumpida.

3. Verdad. Hay quienes afirman que sólo hay que creer lo que viene en la Biblia (por cierto, un principio auto-destruible, pues no viene en la Biblia), pero leer la Palabra de Dios por propia cuenta se presta para llegar a las más diversas y falsas interpretaciones. Jesús prometió a la Iglesia enviar Su Espíritu Santo para guiarla a la Verdad. Ella fue la que compiló la Biblia, y la que sabe interpretarla y enseñarla sin error.

4. Presencia Real de Cristo. En Jn 6, Jesús dijo que hay que comer Su Carne y beber Su Sangre para tener vida eterna. No hablaba simbólicamente. Y desde que instituyó la Eucaristía, en cada Misa se hace realmente presente, para que podamos contemplarlo, comulgarlo, unirnos íntimamente a Él. Cumplió Su promesa de quedarse con nosotros.

5. Santidad
. La Iglesia enseña que, aunque la salvación nos la da el Señor, Él espera que nos esforcemos en cumplir Su voluntad. Y por eso nos ofrece todo lo que necesitamos para la santidad: sus enseñanzas, los Sacramentos, la Biblia, la oración…

6. María y los santos. Jesús eligió la mejor Madre y ¡nos la compartió! Ella nos ama y le pide por nosotros. También los santos y santas nos ayudan con su ejemplo e intercesión.

7. Sabiduría y experiencia. La Iglesia nos ofrece dos mil años de sabiduría en su enseñanza y en los escritos de hombres y mujeres sabios y santos. Puedes confiar en que es cierto, y no cambiará, lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica.

8. Bondad. La Iglesia Católica es la institución que más ayuda humanitaria da en todo el mundo. Cuando hay un desastre es la primera en llegar porque ya estaba allí, ayudando, y cuando pasa la emergencia y todos se van, ella se queda.

9. Universalidad.
La Misa es semejante en cualquier lugar del mundo. La liturgia no depende del gusto del pastor.

10. Belleza. La Iglesia nos anima a usar los sentidos en nuestra vida espiritual, y nos ofrece extraordinaria belleza en edificaciones, pinturas, esculturas, música, vitrales, cirios, flores

11. Variedad. Puedes rezar con los escritos de los santos, o con tus palabras; adorar a Dios cantando y aplaudiendo, o arrodillarte en silencio ante el Santísimo; ayudar a los necesitados en tu parroquia, o ir de misión al otro lado del mundo. ¡Hay algo para todos los gustos!

12. Esta doceava razón y otras que se te ocurran, piénsalas y compártelas.

"El demonio es protestante" asegura un pastor evangélico convertido al catolicismo


«EL DEMONIO ES PROTESTANTE» ASEGURA UN PASTOR EVANGÉLICO CONVERTIDO AL CATOLICISMO
Por: Luis Miguel Boullón

“El Demonio es protestante”, fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

“Al principio fue el Verbo”

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como “leyendas negras”, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al “adversario” diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.

Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un “cura nuevo”, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba – Dios me perdone – de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer – me avergüenzo al recordarla – era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.

En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.

Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.

Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan “cálido” en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.

El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi… porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: “Padre M… comencemos desde el principio” Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: “De acuerdo: al principio era el Verbo y…”

Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

“Pastor Boullón”, me dijo luego, “No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen… y por eso también fue el primer Evangélico”.

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:

– Si… fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!

– Pero Cristo les respondió con la Biblia…

– Entonces usted me da la razón, Pastor… los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien… y le tapó la boca.

Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): “Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra”

Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito “No tentarás al Señor tu Dios”. Y el demonio se alejó confundido.

Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!

Creo que fue la plática más saludable de mi vida.

La táctica del demonio

Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.

Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí – creo – brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: ¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús – respondió Pablo – y te salvarás tú y toda tu casa.

Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.

Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:

– “¿Continuará la lectura de San Pablo?”

– “Ya terminé, Padre M.”

– “¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a 1ª Corintios, XIII, 32.

– Leí en voz alta: “Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy”

– Entonces la fe…

– La fe… la fe… la fe es lo que salva

– ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.

– ¿Salvarse?

– Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva…

– …

– No se quede en silencio, Pastor… siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque “como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta” (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice “Si quieres salvarte, guarda los mandamientos” Ahí tiene usted la respuesta completa.

Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica – sólo una me basta – en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.

Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

“Sólo la Biblia”

Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. “Si es sólo la Biblia”, me dije, “entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba”.

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.

Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

El pago del mundo

Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un “Pastor” protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas “no estrictamente ecuménicas”.

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio – pensaba – me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.

Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto… para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.

Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Mi querido amigo se despide

No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades… o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba – si tenía sentido – desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía – jamás dio muestras de sufrir – y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. “Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades”, sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. “¡El Demonio es protestante!” les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma… y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe

Roma… mi dulce hogar

Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.

Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.

Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto – por superficiales y emocionales – de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.

Fuente, Cristiandad.org

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Tribu de Etiopía se convierte al catolicismo: Más de 400 bautismo simultáneos

Un sacerdote junto a dos de los nuevos creyentes de la tribu Gumuz, Foto: AMECEA

TRIBU DE ETIOPÍA SE CONVIERTE AL CATOLICISMO: MÁS DE 400 BAUTISMOS SIMULTÁNEOS

(Adís Abeba) Una escena que recuerda el testimonio de las misiones que permitieron la evangelización de numerosos países se reprodujo en Etiopía el pasado 04 de abril, cuando más de 400 miembros de la tribu Gumuz fueron admitidos de manera conjunta en la Iglesia Católica. El Obispo de Bahir Dar Dessie, Mons. Lisane-Christos Matheos Semahun, presidió la Eucaristía campal en la cual se impartieron a los nuevos creyentes los sacramentos del Bautismo y la Confirmación.

El prelado basó su predicación en un pasaje del Evangelio según San Juan, en el cual Cristo se presenta a sí mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", y recordó a los miembros de la tribu que la salvación llega a los hombres a través de Jesucristo. "Es por esto que Cristo murió, para salvar a la humanidad", predicó, según informó AMECEA News. "Necesitamos estar en guardia en contra del demonio, ya que él nunca duerme, de día a día, hasta que tenga una oportunidad de atacarnos".

Los nuevos creyentes recibieron vestiduras blancas tras su Bautismo para recordar su nueva condición de hijos de Dios y que han sido limpiados de sus pecados y liberados de la esclavitud del pecado. Los miembros de la tribu conservan un modo de vida primitivo, empleando herramientas de madera para la agricultura y cazando con arcos y flechas. Sus casas son pequeñas, elaboradas con madera local y cubiertas con techos de pastos de la sabana.

La Iglesia Católica en Etiopía lleva a cabo tareas de Evangelización Ad Gentes, difundiendo la Buena Noticia entre pueblos que aún no han escuchado el anuncio. Además desarrollan acciones caritativas y de desarrollo social que dan testimonio del mandato del amor cristiano. A través de este contacto con la fe, los habitantes de la región han manifestado su deseo de ser bautizados y hacer parte de la Iglesia Católica.

Con información de AMECEA News.

Fuente gaudiumpress.org

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Jesús se le apareció y le dijo que se convierta del Islam al Catolicismo



JESÚS SE LE APARECIÓ Y LE DIJO QUE SE CONVIERTA DEL ISLAM AL CATOLICISMO

Charbel Raish compartió su peculiar historia de conversión en una entrevista a Parusia Media. Indicó que él se crio como católico, pero como muchos no conocía muy bien su fe.


Un día conoció a unos musulmanes de su escuela, ellos le argumentaron inteligentemente su punto de vista religiosa. Él no supo cómo responder a sus objeciones y argumentos, y como resultado, lo convencieron para que se convirtiera al Islam.

Inclusive él empezó a frecuentar la mezquita de su pueblo para poder conocer más dicha religión. Empezó su camino como un musulmán practicante.

Cuando se sintió listo, fue y le dijo a su madre que se había convertido al islam. Ella, lejos de enojarse con él, lo retó a visitar a la iglesia católica del pueblo donde ella asistía, y que le pregunte a Jesús Eucaristía si debía ser musulmán.

Él fue, y a pesar que la iglesia estaba a 3 minutos de su casa, él lo sintió como una caminata de 3 horas. Al entrar, se arrodilló frente al Santísimo, y una señora se acercó a prender una vela cerca donde él estaba.

Sintió dentro de él una seguridad que le hizo afirmar que consideraba a esa señora como una santa. Pero eso hizo resonancia con su opción al Islam pues, según su nueva religión, esa señora se iría al infierno por ser católica, y algo de ese argumento no le pareció correcto.

De pronto, según afirma Raish, cuando volvió a mirar al Santísimo, el rostro del hombre de la Sábana Santa, Jesús, se le apareció en el tabernáculo, y escuchó una voz en su interior que decía: “Charbel, ¿vas a renunciar a todo lo que he hecho por ti?”.

Él supo que era Jesús quien le decía estas palabras. Entonces, en respuesta, dijo: “No, Señor, no voy a rendirme”. Dice que sintió que se le quitaba un gran peso de los hombros y fue entonces que decidió volver al catolicismo, religión a la que pertenece hasta el día de hoy.

Fuente churchpop_es

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10 cosas que nunca debes decirle a un converso al Catolicismo


10 COSAS QUE NUNCA DEBES DECIRLE A UN CONVERSO AL CATOLICISMO
Por Editor de ChurchPOP 

A Dios gracias, ya no es raro conocer a alguien que se haya convertido al catolicismo. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado en cómo los recibimos en la Iglesia porque algunas de las cosas que les podamos decir pueden ser un poco confusas para ellos. He aquí un ranking de las 10 cosas que nunca debes decirle a un converso al catolicismo.

1) “¿Y por qué dejaste de ser cristiano?”

Un converso al catolicismo entiende que al dar ese paso de fe no ha dejado de ser cristiano ¡Todo lo contrario! Precisamente lo hacen porque están seguros de que aquí encontrarán la plenitud de la revelación cristiana.

2) “Seguro te convertiste porque ser católico es más fácil.”

Cuando un protestante decide convertirse al catolicismo sabe que las cosas no se pondrán más fáciles. Muchos han sido criados en familias de tradición protestante y saben que esa decisión les costará la incomprensión de sus seres más queridos. También están los que llegaron a ser pastores protestantes y esa era su única fuente de ingresos económicos. ¿Se imaginan lo difícil que es tomar esa decisión sabiendo que ya no tendrás cómo comer?

3) “Si ya eres católica ¿por qué te sigues vistiendo como evangélica?”

Lo modestia en el vestir es algo 100% católico. No es una buena idea cuestionar la forma de vestir de una chica que ha decidido hacerse católica. A muchos nos haría mucho bien leer un poco sobre la Teología del cuerpo de san Juan Pablo II para comprender mejor este asunto.

4) “¡Uy! ¡Tú te debes haber leído toda la Biblia como 20 veces!”

En realidad los protestantes sí lees la Biblia, pero no tanto. Además ¿no se supone que nosotros como católicos deberíamos leerla tanto o más que ellos?

5) “Los evangélicos atraen a mucha gente. Enséñanos cómo le hacen.”

El converso al catolicismo se va a extrañar mucho si le piden eso. Recuerden que todas las estrategias pastorales de las comunidades protestantes no fueron suficientes para que él se quede allá. Los católicos ya tenemos algo que lo atrajo a él y que de ser correctamente comprendido es suficiente para atraer a todo el mundo: Jesús Eucaristía.

6) “¿Eras evangélico? Nosotros tenemos un grupo parecido. Te va a gustar.”

Es tentador, pero es muy probable que rechace la oferta ya que ellos no se convirtieron para seguir haciendo lo mismo. Lo más seguro es que los dejemos con una pregunta en la cabeza: ¿si yo no estoy interesando en seguir haciendo lo mismo por qué los católicos sí?

7) “No vayas a Misa tan seguido. Aquí solo es necesario los domingos.”

Cuando un converso llega por primera vez a la Iglesia es normal que quiera estar cerca de aquello que más lo atrajo a la verdadera fe: la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Antes de limitar su devoción, los católicos deberíamos imitarlos pues en ellos se ve aquello que el Señor nos manda a que nunca olvidemos: nuestro primer amor. (Apocalipsis 2, 3-5)

8) “Esto se llama Misa, ella es una monja, ese es un monaguillo, eso es una catedral…”

Es muy probable que él converso haya leído mucho antes de convertirse y es más que probable que ya sepa muchas cosas de nuestra Iglesia. No es necesario explicarles con manzanas y palillos, por ejemplo, quién es el Papa. Es más, es muy común que ellos tengan un conocimiento de la Iglesia un poco más amplio que un católico promedio. Eso sí, en algún momento harán preguntas y debemos estar preparados para dar respuestas.

9) “¿Y por qué ya no quieres a los evangélicos? ¿Qué te hicieron?”

Los conversos nunca dejan de sentir cariño por los evangélicos. En esas comunidades protestantes les hablaron por primera vez de Jesús, les enseñaron a decirle no al pecado, aprendieron a orar, etc. Durante toda su vida seguirán rezando por ellos, para que puedan descubrir toda la maravilla que ellos han descubierto en la Iglesia Católica. En un corazón donde habita el amor de Dios no hay espacio para guardarle rencor al prójimo.

10) La frase que NUNCA debes decirle a un converso al catolicismo

Esta frase es impronunciable… incluso peligrosa. Es tan grave que en ChurchPOP creemos que cualquier explicación que podamos hacer no será suficiente para dar a entender el por qué es tan mala. Mejor dejaremos que Fernando Casanova, famoso predicador converso al Catolicismo, lo explique con sus propias palabras:



Fuente, es.churchpop.com



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Cristianismo descafeinado


CRISTIANISMO DESCAFEINADO
Por: Fernando Pascual

"Al final, uno llega a pensar que sería capaz de mejorar la Iglesia. Cree que ya sabe más que el Papa y los obispos".

Se trata de un peligro real: pensar que uno es cristiano porque fue bautizado, porque recibió algunas charlas de doctrina, porque se educó en una escuela católica, porque hizo la primera comunión, tal vez porque también se confirmó.

En muchos casos, la formación religiosa se redujo luego a un barniz tenue y tranquilizante. Lecturas más o menos buenas sobre la fe, sobre la Iglesia, sobre la moral. Convicciones formadas a partir de experiencias, sin confrontarlas con el Catecismo de la Iglesia Católica o con la ayuda de algún católico bien formado. Críticas recogidas aquí o allá, en un programa de radio o televisión, en una novela saturada de rabia contra la Iglesia, en una conferencia de un ilustre profesor lleno de títulos, sofismas y medias verdades (que son a veces peores que medias mentiras)...

Al final, muchos viven según un coctel confuso de ideas movedizas. Más o menos se acepta la Trinidad, pero Cristo es visto en algunos casos simplemente como un gran hombre, o incluso como un extraterrestre. Muchos no tienen claro si resucitó de veras, si fundó la Iglesia. Más o menos se recuerdan los mandamientos, pero se dejan de lado a la hora de controlar la propia sensualidad y soberbia, o cuando hay que vivir la justicia social y el respeto a la fama del próximo. Más o menos se sabe que existe la misa dominical y el sacramento de la confesión, pero quedan reservados para ocasiones especiales: el día de bodas, el bautizo de los hijos o de un sobrino. No es raro encontrar a alguno que sólo se confiese en el funeral de sus familiares para, al menos, hacer la comunión ese día...

Las dudas de moda entran y ocupan un lugar importante en el propio corazón. Se empieza a atacar al Papa y a los obispos por las “riquezas” de la Iglesia, por la falta de adaptación a los tiempos modernos, por el preocuparse tanto de la moral privada y poco de la justicia social. Se dice que haría falta dejar el celibato y permitir el sacerdocio femenino. Se defiende la libertad de opinión respecto a los dogmas para dejar de lado “ideas medievales” como las que hablan del demonio o del infierno.

Al final, uno llega a pensar que sería capaz de mejorar la Iglesia. Cree que ya sabe más que el Papa y los obispos. Estaría incluso dispuesto a darles consejos y a dirigir sus pasos para una “buena” modernización de la Iglesia, más tolerante, más adaptada a los tiempos que corren, más comprensible para la gente, más benigna con los pecadores (si es que todavía se acepta que existe algo que se llama “pecado”).

Dicen que la ignorancia es atrevida. Quizá habría que añadir que sin fe profunda, sin oración sincera, sin caridad alegre, sin obediencia redentora, podemos llegar a formas descafeinadas de vivir que son todo menos verdadero cristianismo.

Hace falta mucha valentía para romper con un pensamiento confuso que buscan imponer ciertos grupos de poder. El Evangelio es mucho más fuerte que mil mentiras. En Roma brilla una luz particular para los corazones grandes. Quien estudia y acoge la Biblia, las enseñanzas del Papa, los documentos de los concilios, caminará seguro.

Dios lleva el timón de su Iglesia. Dentro de la barca, muy unidos al Papa y a los obispos, podremos vivir un cristianismo verdadero, que viene directamente del Padre, que fue manifestado por el Hijo, que es iluminado por el Espíritu Santo, que acoge a María como Madre de todos los creyentes.

Será posible, entonces, tomar un compromiso serio por estudiar la propia fe, por leer los Evangelios, por asimilar el Catecismo, por vivir los sacramentos.

Habrá un trabajo serio para hacer realidad el principal mandamiento: la caridad. Que implica darse a todos, perdonar al enemigo, buscar maneras de levantar al caído, escuchar y dar afecto al anciano, visitar al enfermo.

Habrá un deseo profundo de orar, porque lo pide el Maestro, porque lo necesita el corazón, tan hambriento de luz y de fuerzas en un mundo que nos arrastra a una vida fácil y sin sentido.

Habrá un cristianismo auténtico y verdaderamente católico (universal), porque la fe será madura y sincera. Porque esa fe no es “una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada” (Benedicto XVI, Valencia 9 de julio de 2006). Porque esa fe iluminará toda la casa y a todos los hombres que se acerquen a ella (cf. Mt 5,14-16). Porque seremos capaces de participar en la plenitud del Dios Bueno... (cf. Jn 1,16).

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/10284/cat/17/cristianismo-descafeinado.html

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Oscar Wilde una figura explotada como "ícono gay" pero de la que se silencia su conversión final


ÓSCAR WILDE, UNA FIGURA EXPLOTADA COMO "ICONO GAY" PERO DE LA QUE SE SILENCIA SU CONVERSIÓN FINAL 

La religiosidad de Oscar es a menudo censurado por quienes lo quieren reducir a simple icono gay. 

Oscar Wilde fue uno de los grandes escritores del siglo XIX, y a día de hoy es considerado como uno de los iconos gays más universales. Esto ocurre por el silencio y/o la censura que se ha realizado sobre su lucha interior y posterior conversión al catolicismo que realizó antes de morir. Son muchos los que no conocen este vital episodio de su vida, pero sí sus romances con otros hombres. 

Una nueva película sobre los últimos días del escritor irlandés está levantando gran expectación por todo el mundo. Y en el filme sí aparece este deseo de ser católico, y que finalmente se pudo llevar a término tal y como cuenta en este reportaje La Nuova Bussola Quotidiana: 

El retrato de Oscar Wilde que la vulgata gay esconde 

La reciente película Happy Prince: el último retrato de Oscar Wilde, escrita, dirigida e interpretada por Rupert Everett, uno de los nombres más importantes del cine británico, tiene el gran mérito de presentarnos los últimos días de uno de los más célebres y celebrados escritores de los últimos dos siglos, mostrándonoslo en toda su plenitud, con todas sus contradicciones, su fragilidad ante las tentaciones pero, también, con ese deseo de Dios que lo llevó, antes de morir, a convertirse al catolicismo y a pedir los Sacramentos. 

Un aspecto, el de la religiosidad de Oscar, que es a menudo censurado por quienes lo quieren reducir a simple icono gay. 

Mientras estaba detenido en la cárcel de Reading, condenado a dos años de trabajos forzados, leyó numerosas obras religiosas, entre las cuales todas las obras de John Henry Newman. En la cárcel se reconcilió con su mujer: se abrazaron después de tanto tiempo, hablaron todo el tiempo que les fue posible, sobre todo de los hijos, y Oscar le pidió a su esposa que no los malcriara, que los educara de manera que cualquier cosa que hicieran, incluso la más equivocada, lo importante era que no mintieran y volvieran a ella para contarsela: sólo así les podría enseñar qué era la redención. 

De Profundis

Wilde había podido reflexionar profundamente sobre su historia y su relación con Bosie Douglas, el joven que le había llevado a la ruina. Escribió una larga carta a su ex amigo, que años después fue publicada con el título De Profundis. Era verdaderamente el grito de dolor de Oscar desde lo más hondo de su noche más oscura; una oscuridad que, sin embargo, aún no se había adueñado de su alma. Al contrario: al cabo de mucho tiempo parecía que Oscar podía, por fin, comprenderse a sí mismo, leer entre las líneas de su vida. 

Escribió: "Ahora encuentro, escondido en el fondo de mi naturaleza, algo que me dice que, en el mundo entero, nada está privado de significado, mucho menos el sufrimiento. Ese algo escondido en el fondo de mi naturaleza, como un tesoro en un campo, es la humildad. Es la última cosa que me queda, y la mejor de todas; el descubrimiento final al que he llegado, el punto de partida para una nueva evolución". 

Tras su puesta en libertad, Oscar transcurrió dos años de vagabundeo, de confusión, de soledad. Por desgracia, volvió a ver a Bosie, que lo llevó consigo a Italia, a Nápoles, donde Oscar vio por última vez su malvada naturaleza en acción, truncando definitivamente la relación. No volvió a ver a su esposa, que murió en Génova debido a una lesión en la espina dorsal. Arrastró su vida, marcada por la enfermedad, hasta París. 

Su amigo y su hijo se convirtieron al catolicismo

En París se reunió con él su viejo amigo Robbie Ross, que había sido su primer amante de sexo masculino. Robbie, precisamente gracias a Oscar, había descubierto el catolicismo, se había convertido y había cambiado radicalmente su vida. Ahora, Robbie era para Oscar "sólo" un amigo, una amistad profunda y maravillosa. Con Ross hablaba de sus hijos, que el amigo visitaba con regularidad, y fue feliz de saber que uno de ellos, Vyvyan, se había convertido al catolicismo. 

También él quería dar el gran paso, después de haber esperado toda su vida. Robbie se sorprendió y conmovió, casi no se lo creía. Le preguntó si realmente estaba convencido. "El catolicismo es la única religión en la que moriría", había dicho después de salir de la cárcel y ahora, por una vez en su vida, quería mantener la palabra. 

Toda su vida había vacilado, mientras a su alrededor sus amigos, uno detrás de otro, se convertían: Robbie, Gray, Beardsley y, por último, su hijo. 

Un religioso irlandés para que le diera los Sacramentos

Oscar murió con este consuelo. Cuando Robbie vio que empezaba a agonizar se precipitó a buscar un sacerdote. Se dirigió a un convento cercano de Padres Pasionistas y, por muy increíble que parezca, encontró a un religioso irlandés, el padre Cuthbert Dunne. 

Oscar recibió los Sacramentos de mano de un connacional, un hombre de la Isla del Destino que la Providencia había querido que estuviera con él en ese momento final. Perdió el conocimiento mientras apretaba entre sus manos el rosario del padre Cuthbert. 

Era el 30 de noviembre de 1900 y Oscar Wilde moría en paz. 

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Catolicos-Religion en Libertad


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