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Mi novio dice que no es pecado tener relaciones si nos amamos, ¿qué puedo hacer?


Antes que nada, quiero agradecerte por confiar en mí y abrir tu corazón. La sexualidad es un tema importante y delicado, y estoy aquí para ayudarte en lo que pueda.

La visión católica sobre la sexualidad está profundamente arraigada en la fe y en el diseño divino para la unión entre el hombre y la mujer. Para entender mejor este punto, podemos remontarnos al principio de la Creación, al relato del Génesis. En Génesis 2,24 se nos dice: "Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". Aquí, la Biblia nos presenta la idea de la unión entre un hombre y una mujer como algo sagrado y diseñado por Dios.

Además, el Catecismo de la Iglesia Católica aborda la sexualidad en el contexto del matrimonio. En los párrafos 2331 y 2332, se enfatiza que la sexualidad tiene su verdad y su significado plenos solo dentro del matrimonio. El acto sexual no solo es un medio de procreación sino también un acto de amor y entrega mutua entre esposo y esposa.

Entiendo que tu novio menciona que no ve pecado en tener relaciones si ambos se aman. Amar es un sentimiento hermoso y poderoso, y es algo que Dios quiere que experimentemos. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que el acto sexual tiene un propósito específico y sagrado que se manifiesta plenamente dentro del matrimonio.

Ahora, volvamos a tu situación específica. Entiendo que estás en una relación y que ambos se aman. Eso es maravilloso y algo que Dios desea para nosotros, pero también es esencial abordar esta relación de una manera que sea coherente con la enseñanza de la Iglesia.

Primero, te animaría a hablar abierta y honestamente con tu novio sobre tus pensamientos y preocupaciones. La comunicación clara y sincera es clave en cualquier relación. Explícale tus inquietudes y comparte tus creencias de manera respetuosa. Es posible que él también tenga sus propias perspectivas y que esté dispuesto a entender tu posición.

Luego, juntos podrían buscar crecer en la fe y en la comprensión de lo que significa vivir una relación basada en los principios católicos. Podrían considerar buscar orientación pastoral, ya sea a través de un sacerdote, un consejero católico o un mentor espiritual. Estas personas están ahí para ayudar y guiar, y pueden ofrecer una perspectiva valiosa desde la fe.

Además, es importante orar juntos como pareja. La oración fortalece la relación y permite que Dios sea una parte integral de su vida como pareja. Pídele a Dios que los guíe y les dé la sabiduría y la gracia necesarias para tomar decisiones que estén en línea con Su voluntad.

Recuerda que todos somos seres humanos y cometemos errores. La Iglesia nos enseña sobre la misericordia de Dios, y siempre hay oportunidad para el arrepentimiento y la reconciliación. Si han tomado decisiones en el pasado que van en contra de los principios católicos, no tengan miedo de acercarse al sacramento de la reconciliación, donde podrán experimentar el perdón de Dios y un nuevo comienzo.

En resumen, amar a alguien es hermoso y es un regalo de Dios. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que el acto sexual tiene un propósito divino específico y debe vivirse dentro del matrimonio. Hablar abierta y honestamente con tu novio, buscar orientación pastoral y orar juntos son pasos importantes para construir una relación sólida y centrada en la fe. Recuerda que Dios siempre está dispuesto a guiarnos y ayudarnos en nuestro camino de fe.

Espero que estas palabras te sean de ayuda y te alienten en tu jornada espiritual y en tu relación. ¡Que la gracia y la paz de Dios estén contigo siempre!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Qué significa el "yugo desigual" en la biblia?


Hoy vamos a explorar un pasaje bíblico que ha suscitado numerosas preguntas y reflexiones a lo largo de los años: el "yugo desigual". Este concepto se encuentra en el Nuevo Testamento, específicamente en la Segunda Carta a los Corintios, capítulo 6, versículo 14 (Biblia de Jerusalén):

"No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque ¿qué tienen en común la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?"

A simple vista, este pasaje puede parecer algo enigmático y abstracto, pero en realidad tiene profundas implicaciones para nuestras vidas y relaciones. Para entender mejor lo que significa el "yugo desigual", vamos a sumergirnos en su contexto y explorar su significado en términos prácticos y espirituales.

Primero, es importante reconocer que este pasaje se encuentra dentro de una carta escrita por el apóstol Pablo a la comunidad cristiana en Corinto. Pablo, como líder de la Iglesia primitiva, estaba preocupado por la influencia de las creencias y prácticas paganas en la comunidad cristiana. En el versículo anterior al que acabamos de citar (2 Corintios 6, 13), Pablo expresa su deseo de que los corintios abran sus corazones a él y a su mensaje, como lo harían con los demás. Esto nos da un contexto claro: Pablo está instando a los cristianos a mantener la pureza de su fe y evitar asociaciones que puedan poner en peligro su relación con Dios.

Ahora, ¿qué significa realmente el "yugo desigual"? En la antigüedad, un yugo era una pieza de madera que se colocaba sobre el cuello de los bueyes para unirlos y permitir que trabajaran juntos en un arado o en un carro. Era una metáfora de la unión o la colaboración en una tarea común. En este contexto, "yugo desigual" se refiere a la unión o la asociación entre dos personas que tienen creencias o valores fundamentalmente opuestos, especialmente en lo que respecta a la fe y la moral.

Pablo utiliza esta metáfora para enfatizar la importancia de mantener la pureza de la fe y la moral cristianas. Él está preocupado de que los corintios, al unirse estrechamente con aquellos que no comparten su fe, puedan verse influenciados por prácticas y creencias que contradigan los principios cristianos. Esta preocupación no es exclusiva de Pablo; es una preocupación válida en el contexto de cualquier fe o sistema de creencias.

Entonces, ¿qué nos enseña este pasaje sobre cómo debemos vivir nuestras vidas y relacionarnos con los demás? Aquí hay algunas reflexiones importantes:

1. La importancia de la fe compartida: Aunque el pasaje habla de evitar un "yugo desigual", no significa que debamos aislarnos por completo de quienes no comparten nuestra fe. Más bien, destaca la importancia de tener una base espiritual compartida en nuestras relaciones cercanas, especialmente en el matrimonio y la amistad más profunda. Compartir la fe puede fortalecer nuestros lazos y proporcionar una base sólida para la comprensión mutua y el crecimiento espiritual conjunto.

2. La influencia de nuestro entorno: Pablo estaba preocupado por la influencia que los creyentes podrían ejercer sobre los no creyentes y viceversa. Esto nos recuerda que debemos ser conscientes de cómo nuestras amistades y relaciones pueden afectar nuestra fe y valores. Es importante rodearnos de personas que nos animen en nuestra fe y nos ayuden a crecer espiritualmente.

3. La comprensión y la paciencia: Si ya estamos en una relación con alguien que no comparte nuestra fe, el pasaje nos llama a ser comprensivos y pacientes. Puede ser un desafío, pero es posible mantener una relación amorosa y respetuosa con alguien que tiene creencias diferentes. La oración y el diálogo pueden ser herramientas poderosas para encontrar puntos en común y fomentar la comprensión mutua.

4. La priorización de la fe y los valores: Aunque podemos tener relaciones con personas de diferentes creencias, debemos priorizar nuestra fe y nuestros valores cristianos. Esto significa que, en situaciones donde nuestras creencias y valores están en conflicto, debemos tomar decisiones que estén en línea con nuestra fe y nuestra conciencia.

5. El llamado a la evangelización: Si bien el pasaje advierte sobre el "yugo desigual", también nos llama a compartir nuestra fe y a ser testigos de Cristo ante el mundo. No debemos temer compartir el Evangelio con quienes no creen, pero debemos hacerlo con amor y respeto, reconociendo que la conversión es obra del Espíritu Santo.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 1633, se aborda el tema del matrimonio mixto (cuando un cónyuge es católico y el otro no) y se enfatiza la importancia de mantener la fe y la unidad en la familia. Se alienta a los cónyuges católicos a practicar su fe y a criar a sus hijos en la fe católica, mientras que también se reconoce la necesidad de respetar la libertad religiosa del cónyuge no católico.

En resumen, el "yugo desigual" en la Biblia nos llama a ser conscientes de nuestras relaciones y a priorizar nuestra fe y nuestros valores cristianos. No se trata de aislarnos del mundo, sino de mantener la pureza de nuestra fe mientras vivimos en él. Al hacerlo, podemos ser luces en la oscuridad y testigos de la gracia de Dios para aquellos que aún no conocen su amor.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Puedo jugar a la Ouija con mis amigos si solo la veo como un simple juego de mesa?

 

Antes de entrar en detalles, es importante recordar que mi respuesta se basa en la enseñanza y la tradición de la Iglesia Católica, así como en la Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica. Mi intención es guiarte y proporcionarte una perspectiva católica sobre este tema.

La ouija es conocida como un "juego de mesa" que supuestamente permite la comunicación con los espíritus. Sin embargo, debemos ser cautelosos y considerar algunos aspectos importantes antes de participar en tales actividades.

En primer lugar, la Sagrada Escritura nos enseña que no debemos participar en prácticas que impliquen la invocación o la comunicación con los muertos. En Deuteronomio 18:10-12, se nos advierte: "Que no se encuentre en medio de ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni que practique adivinación, ni que interprete augurios, ni que practique hechicerías, ni encantamientos, ni que consulte a los muertos. Porque Yahveh aborrece a los que hacen estas cosas".

Estas advertencias bíblicas nos instan a evitar cualquier forma de adivinación, incluyendo el contacto con los muertos, ya sea a través de la ouija u otras prácticas similares. La Iglesia Católica enseña que debemos buscar nuestra guía y consuelo en Dios y en la intercesión de los santos, en lugar de intentar comunicarnos con los espíritus de los fallecidos.

El Catecismo de la Iglesia Católica también aborda esta cuestión en el párrafo 2116, donde se dice: "Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satanás o a los demonios, la evocación de los muertos y otras prácticas que equivocadamente se supone 'desvelan' el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a médiums ocultos encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios".

El Catecismo deja claro que cualquier forma de adivinación o comunicación con los muertos se opone al respeto y la adoración que solo debemos ofrecer a Dios. Además, estas prácticas conllevan un deseo de controlar el tiempo, la historia y los seres humanos, lo cual no es coherente con una vida de fe en Dios.

Incluso si tú y tus amigos consideran la ouija como un simple juego de mesa sin implicaciones espirituales, es importante tener en cuenta que puede abrir puertas a influencias negativas y al engaño. El demonio es astuto y puede aprovecharse de nuestra curiosidad y nuestras acciones aparentemente inofensivas. La ouija, aunque se presente como un juego de mesa, puede abrir la puerta a influencias espirituales negativas y potencialmente peligrosas. Aunque tú y tus amigos no tengan la intención de invocar a los espíritus o participar en actividades ocultas, no podemos ignorar la posibilidad de que pueda haber repercusiones más allá de lo que percibimos.

La Iglesia Católica nos exhorta a buscar la protección y la guía de Dios en todas nuestras acciones. San Pablo nos dice en Efesios 6:12: "Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos del aire". La realidad espiritual es algo en lo que debemos ser conscientes y cautelosos.

En lugar de participar en la ouija u otras prácticas similares, te animo a buscar actividades que fomenten la paz, la alegría y el crecimiento espiritual en armonía con la enseñanza de la Iglesia. La oración, la lectura de la Biblia, la participación en la Misa, la reflexión personal y el servicio a los demás son algunas de las maneras en las que puedes cultivar tu relación con Dios y fortalecer tu fe.

Es importante tener en cuenta que como sacerdote católico mi deber es guiar a las personas hacia el camino de la santidad y el bienestar espiritual. Mi intención no es imponer restricciones arbitrarias, sino más bien orientarte hacia lo que la Iglesia considera como prudente y beneficioso para tu vida espiritual.

Recuerda que Dios nos ha dado dones y talentos para utilizarlos de manera positiva y constructiva en nuestra vida diaria. En lugar de buscar experiencias dudosas o peligrosas, es mejor buscar maneras de crecer en virtudes como la caridad, la paciencia, la generosidad y el amor hacia los demás.

Si tienes más preguntas o inquietudes sobre este tema o cualquier otro asunto relacionado con la fe católica, no dudes en acercarte a un sacerdote en tu parroquia local. Estarán encantados de ayudarte y proporcionarte una orientación adecuada desde la perspectiva de la Iglesia.

Que Dios te bendiga y te guíe en tu camino de fe y discernimiento.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Pregúntale al sacerdote: "¿Por qué es pecado tener relaciones sexuales antes del matrimonio?"


Pregunta: ¿Por qué es pecado tener relaciones sexuales antes del matrimonio?

Respuesta:

Como sacerdote católico, debo empezar diciendo que el matrimonio es considerado una institución sagrada en nuestra fe. La Iglesia Católica enseña que el matrimonio es un sacramento, un acto sagrado que representa la unión de dos personas ante Dios. Por lo tanto, cualquier actividad sexual debe tener lugar dentro del contexto de un matrimonio sacramental.

En la Iglesia Católica, el sexo es visto como un acto sagrado y significativo, que está destinado a la procreación y a la unión amorosa entre marido y mujer. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio van en contra de esta enseñanza porque no están abiertas a la procreación y a la unión amorosa que debe existir entre marido y mujer.

Además, las relaciones sexuales antes del matrimonio pueden llevar a otras formas de pecado. La Iglesia Católica enseña que el cuerpo humano es sagrado y debe ser respetado, y que el acto sexual debe tener lugar en el contexto de una relación amorosa comprometida. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio pueden ser impulsadas por la lujuria y la pasión, y pueden llevar a comportamientos irrespetuosos y dañinos hacia el cuerpo humano y hacia los demás.

También es importante destacar que la Iglesia Católica enseña que el sexo no es sólo un acto físico, sino también un acto espiritual. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio pueden llevar a un alejamiento de Dios y a una pérdida de la gracia santificante. La Iglesia Católica cree que la gracia santificante es necesaria para la salvación, y que el pecado mortal puede poner en peligro la vida eterna de una persona.

La Iglesia Católica, por lo tanto, enseña que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son pecaminosas porque van en contra de la naturaleza sagrada del matrimonio y del acto sexual, pueden llevar a otros pecados y comportamientos irrespetuosos, y pueden poner en peligro la salvación de una persona.

Es importante tener en cuenta que la Iglesia Católica no condena a las personas que han tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, sino que las exhorta a arrepentirse de sus pecados y a buscar el perdón de Dios a través del sacramento de la reconciliación. La Iglesia también alienta a las personas a buscar una vida de castidad y a esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, para así poder experimentar el verdadero significado y la plenitud del acto sexual.

debo aclarar que la Iglesia Católica no considera que el cuerpo humano sea sucio o malo. De hecho, la Iglesia Católica enseña que el cuerpo humano es sagrado y que es creado a imagen y semejanza de Dios. El cuerpo humano es una parte integral de la persona y es por eso que la Iglesia lo respeta y lo valora como algo bueno y digno.

Es cierto que la Iglesia Católica ha sido criticada en algunos casos por enfatizar demasiado la importancia de la abstinencia sexual y de la castidad, pero esto no significa que la Iglesia vea el cuerpo como algo malo. De hecho, la Iglesia Católica enseña que el cuerpo humano es bueno y que es el templo del Espíritu Santo.

La enseñanza de la Iglesia sobre el cuerpo humano y la sexualidad está basada en una comprensión de la naturaleza humana y de la dignidad de la persona. La Iglesia Católica reconoce que la sexualidad es una parte integral de la persona, pero también entiende que la sexualidad debe ser vivida de una manera que respete la dignidad humana y que esté en conformidad con la ley divina.

La Iglesia Católica cree que la sexualidad es un don de Dios y que, por lo tanto, debe ser tratada con respeto y cuidado. El cuerpo humano es una expresión de la persona y debe ser valorado y respetado en todas sus dimensiones. 

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Pregúntale al sacerdote: "¿Si soy católica puedo acompañar a mi novio protestante a su iglesia?"


"¿Si soy católica puedo acompañar a mi novio protestante a su iglesia?"

Respuesta: 

Como sacerdote católico, mi deber es guiar a los fieles en su camino de fe y ayudarles a vivir su relación con Dios de la mejor manera posible. En respuesta a tu pregunta, diría que no hay nada que impida a un católico acompañar a su novio protestante a su iglesia. Sin embargo, hay algunas consideraciones importantes que deben tenerse en cuenta antes de hacerlo.

En primer lugar, es importante recordar que la fe católica tiene una rica tradición y una liturgia muy específica, y que esto puede ser muy diferente a lo que se encuentra en las iglesias protestantes. Por lo tanto, es posible que algunos aspectos de la liturgia protestante no sean familiares para los católicos, y pueden resultar desconcertantes o confusos. Es importante, entonces, que el católico que desee acompañar a la iglesia protestante a la persona con la que está en un noviazgo esté preparado para experimentar algo nuevo y diferente.

Además, es importante recordar que la Iglesia Católica reconoce la validez del bautismo realizado en otras denominaciones cristianas, incluyendo las iglesias protestantes. Esto significa que tú como católica puedes reconocer a tu novio protestante como un hermano en Cristo, aunque no esté en plena comunión con la Iglesia Católica. Sin embargo, la Iglesia Católica también enseña que la Eucaristía es el sacramento central de la fe cristiana, y que la comunión plena con la Iglesia Católica es importante para el crecimiento espiritual y la salvación de un cristiano. Por lo tanto, si el católico acompaña a su novio protestante a su iglesia, es importante que comprenda que no debe recibir la comunión allí.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, aunque la Iglesia Católica reconoce la importancia del diálogo interreligioso y el respeto por otras denominaciones cristianas, sigue siendo importante que los católicos mantengan su propia identidad y no se dejen absorber completamente por la tradición y práctica de otras iglesias. Es importante que los católicos comprendan la riqueza de su propia tradición y liturgia, y que no pierdan de vista la importancia de su propia práctica religiosa en su vida espiritual.

Además, es importante tener en cuenta que la práctica religiosa no debe ser un obstáculo para una relación amorosa. Si el católico y su novio protestante desean continuar su relación, deben trabajar juntos para encontrar un equilibrio entre sus respectivas tradiciones religiosas, y respetar las creencias y prácticas religiosas del otro.

En conclusión, si eres católica y te preguntas si puedes acompañar a tu novio protestante a su iglesia, la respuesta es sí, siempre y cuando se respeten algunas consideraciones importantes. Es importante estar preparado para experimentar algo nuevo y diferente, reconocer la importancia de la Eucaristía en la fe católica y no recibirla en una iglesia protestante, mantener la propia identidad católica y no perder de vista la riqueza de la propia tradición y liturgia, y trabajar juntos para encontrar un equilibrio entre las respectivas tradiciones religiosas.

También es importante recordar que los católicos tienen la obligación de asistir a Misa todos los domingos y días de precepto. La Iglesia Católica enseña que la Misa es la celebración central de la fe católica y que la participación en la Misa es esencial para el crecimiento espiritual de los fieles. Por lo tanto, aunque una católica puede acompañar a su novio protestante a su iglesia en ciertas ocasiones, no debe dejar de cumplir con su obligación de asistir a Misa los domingos y días de precepto en su propia parroquia católica. Es importante que los católicos mantengan un equilibrio adecuado entre su vida espiritual y sus relaciones personales, y que no descuiden su propia práctica religiosa en el proceso.

Como católicos, debemos ser cuidadosos y no dejarnos confundir por las doctrinas protestantes cuando asistimos a sus servicios religiosos. Aunque muchas de las creencias y prácticas de las iglesias protestantes pueden parecer similares a las de la Iglesia Católica, hay algunas diferencias fundamentales en la doctrina y la teología que pueden ser importantes. Algunas iglesias protestantes pueden enseñar cosas que contradicen las enseñanzas de la Iglesia Católica, como la interpretación de la Biblia, la sacramentalidad, el papel de la Virgen María y los santos, entre otros. Por lo tanto, es importante que los católicos estén bien informados sobre su propia fe y puedan distinguir claramente entre las enseñanzas católicas y las de otras denominaciones. Al mismo tiempo, también debemos estar abiertos al diálogo y al entendimiento mutuo, y siempre debemos tratar a los demás con respeto y caridad cristiana.

Como católicos, creemos que la Iglesia Católica es la iglesia fundada por Cristo y que contiene la plenitud de la verdad y la gracia divina. Por lo tanto, es natural que deseemos compartir la belleza y la riqueza de nuestra fe con los demás, incluyendo a nuestros amigos y seres queridos que pueden pertenecer a otras denominaciones. Si bien es posible acompañar a nuestro novio protestante a su iglesia en ciertas ocasiones, también es importante que le hagamos saber que nuestra propia fe católica es muy importante para nosotros y que nos gustaría compartir su belleza y verdad con él.

Una forma de hacerlo podría ser invitándolo a aprender más sobre la Iglesia Católica y considerar la posibilidad de convertirse. Esto no significa que debamos forzarlo o presionarlo de ninguna manera, sino que debemos estar abiertos al diálogo y al compartir nuestra propia experiencia de fe con él. Es importante recordar que la conversión es un proceso personal y que cada persona tiene su propio camino hacia Dios. Sin embargo, como católicos, creemos que la Iglesia Católica es el camino más seguro y completo hacia la salvación, y es natural querer compartir ese camino con aquellos a quienes amamos.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Pregunta a un sacerdote: ¿Si Dios nos ama tanto por qué existe el infierno?



P: ¿Cómo puede un Dios amoroso enviar a alguien al infierno? Siempre me dijeron que Dios nos ama incondicionalmente, pero si eso es cierto, ¿por qué existe el infierno? ¿No prueba eso que el amor de Dios es condicional? ¿No podría Dios, quien creó el magnífico universo, presentar una alternativa mejor que el infierno? ¿Por qué Dios crearía un lugar que hace que la muerte de Jesús en la cruz sea ineficaz para todos los que van al infierno? El cristianismo nos enseña a amar a nuestro prójimo. ¿Cómo puedo amar a mi prójimo y olvidar las almas que arden en el infierno? No podemos orar por ellos. El infierno es eterno. Si termino en el cielo, si Dios quiere, ¿cómo puedo disfrutar del cielo sabiendo que trillones de almas arden por toda la eternidad? La conclusión es que el amor de Dios y el castigo del infierno están en oposición directa. Algunas personas me han dicho que el infierno es la justicia de Dios. Cuando leo las palabras de Jesús sobre el infierno, no me muestran justicia. Muestra odio. El infierno es algo que desprecio. Es una creación de Dios que creo que no debería existir para ninguno de sus hijos, por muy malos que sean. Nunca debemos olvidar que nada sucede que no sea conforme a la voluntad de Dios y eso incluye a las personas que van al infierno. Me niego a creer que mi corazón es más bondadoso que mi doctrina... más bondadoso que mi Señor y Dios. Espero no haberte ofendido con mis preguntas. -C.

Respondido por el p. Edward McIlmail, LC

R: Agradezco esta oportunidad de tratar de responder algunas de sus sinceras preguntas. Sin embargo, en primer lugar, debo enfatizar que de ninguna manera las palabras de Jesús sobre el infierno deben interpretarse como una muestra de odio. Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), y todo lo que reveló, lo hizo por nuestra salvación. Y lo hizo por amor a nosotros.

Creo que el corazón de su pregunta es su sensación de que “el amor de Dios y el castigo del infierno están en oposición directa”. Ellos no son. Más bien, son dos caras de la misma moneda.

Para entender esto, necesitamos recordar dos realidades: primero, quién es Dios, y segundo, qué es el infierno.

Las Escrituras nos dicen que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Dios es amor puro, perfección infinita. Las palabras no podían comenzar a describir su grandeza. Tan amoroso es él, que nos creó para compartir su amor con nosotros. Ahora bien, si Dios es bueno, tan amoroso, tan perfecto, ¿qué posible excusa podría tener una criatura para desobedecerlo?

Dios no nos creó como robots. Él nos dio libre albedrío para que pudiéramos amarlo libremente. Su perfecta voluntad es que le obedezcamos, él quiere lo mejor para nosotros. Pero su voluntad permisiva nos extiende una libertad de la que podemos abusar.

Nuestros padres, Adán y Eva, desobedecieron su voluntad, dañándose a sí mismos ya la naturaleza humana que pasaría a sus descendientes (como nosotros). Esta naturaleza dañada es una forma de pensar el pecado original, que heredamos. Entre los efectos del pecado original, incluso después del bautismo, está que tenemos una tendencia al pecado, también conocida como concupiscencia. “La concupiscencia proviene de la desobediencia del primer pecado. Desequilibra las facultades morales del hombre y, sin ser en sí mismo una ofensa, inclina al hombre a cometer pecados» (Catecismo, n. 2515).

Ahora bien, algunos pecados son graves o mortales. El pecado mortal implica un rechazo radical del amor de Dios (para más información, consulte la sección del Catecismo que comienza con el número 1845). Una persona que muere en estado de pecado mortal enfrenta las consecuencias de esa ruptura radical con Dios. De esto se trata el infierno.

El infierno no fue una invención de Dios. Más bien, según el Papa Juan Pablo II en una audiencia de 1999, “No es un castigo impuesto externamente por Dios, sino un desarrollo de premisas ya establecidas por personas en esta vida”.

El infierno, en otras palabras, procede de la naturaleza misma del pecado mortal. Dios no envía personas al infierno; es algo que eligen por sí mismos.

Una analogía podría ayudar. Imagina que estás en un barco que busca supervivientes de un transatlántico hundido. Ves a un pasajero luchando contra las olas detrás de ti. Le arrojas un salvavidas, pero él se niega a agarrarlo. Le ruegas que tome el salvavidas, pero él ignora tu súplica. Eventualmente, se hunde debajo de las olas y se ahoga. ¿Su ahogamiento indica que eras indiferente? Cuando le suplicaste que agarrara el salvavidas, ¿estabas mostrando odio? ¿Fue culpa tuya que se ahogara?

La respuesta a todas estas preguntas es: no. La persona en el agua, por la razón que sea, rechazó tu ayuda. Su ahogamiento fue la consecuencia.

Es similar al amor de Dios. Lanza cuerdas de salvamento constantemente a las personas que han caído en pecados graves. Incluso había enviado a su Hijo para enseñarles a agarrarse del salvavidas y advertirles lo que arriesgaban si no lo hacían. Para ayudar a las personas a obtener la salvación, Jesús incluso estuvo dispuesto a morir en una cruz. Sin embargo, no forzará la salvación de nadie. Respeta demasiado su libre albedrío.

Quiero reiterar: Dios nunca deja de alcanzarnos mientras estemos aquí en la tierra. El Catecismo lo deja claro: “Aunque el hombre pueda olvidar a Dios o rechazarlo, Él no cesa de llamar a todos los hombres a buscarlo para encontrar la vida y la felicidad” (n. 30). Al explicar cómo alguien puede terminar en el infierno, el Catecismo vuelve a señalar este punto, desde un ángulo diferente: “Dios no predestina a nadie para ir al infierno; para esto es necesario un alejamiento voluntario de Dios (pecado mortal), y perseverar en él hasta el final” (n. 1037). Dios nos ama demasiado como para obligarnos a ir al cielo. Él respeta nuestra libertad, y es posible que usemos esa libertad para rechazar su amistad para siempre.

En resumen: Dios no envía a nadie al infierno. La gente lo elige por sí misma. El infierno no era parte de la creación original de Dios. Más bien, es el resultado de las elecciones hechas por personas (y ángeles) que rechazan el amor de Dios.

Si llegas al cielo, y espero que lo hagas, tu primera pregunta, allí en la presencia de Dios, podría ser: "¿Cómo podría alguien rechazar un Amor tan perfecto?" Afortunadamente, el error de los demás no perturbará tu propia felicidad. Porque estar en el cielo por definición significa ser tan feliz como puedas ser. (Por cierto, sigue orando por los difuntos, nunca sabes quién todavía necesita tu ayuda).

Dices que te niegas a creer que tu corazón es más bondadoso que el de Nuestro Señor. Estoy de acuerdo. Nadie puede superar a Nuestro Señor en bondad y amor. Oremos para que todos acepten esa verdad. Dios los bendiga.

Las 84 preguntas del cardenal Osoro que todo cristiano puede (y debe) responder



El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ya ha publicado su carta pastoral para el curso 2021-2022. Con el título ‘Dame de beber’, el purpurado renueva su llamada a la misión con la invitación a “sentir las voces de tantas personas que pasan a nuestro lado y nos dicen: ‘Dame de beber'”.

Para el también vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, en el “momento histórico que nos toca vivir, la Iglesia ha de ofertar la vida de Dios” con la Eucaristía “como fuente y paradigma de la espiritualidad de comunión”.

Osoro pide a los cristianos salir al encuentro de cada hombre y mujer “allí donde vive y como está: en su barrio, en su casa, en su trabajo…”. Y hacerlo “llenos de piedad, de empatía, de compasión y de misericordia”.


84 cuestiones “para seguir pensando”

En su misiva, el cardenal va proponiendo una serie de preguntas en cada capítulo. En total, 84 cuestiones “para seguir pensando” a las que todos los cristianos pueden dar respuesta:

1. ¿Te has sentido misionero? ¿Cómo dijiste y a quién: “¿Qué quieres que haga por ti?”?, ¿en tu casa, entre los tuyos, con tus amigos, con tus vecinos, en tu barrio…?

2. ¿Te ofreciste y pudiste decir: “Quiero entrar en tu casa”?

3. ¿Sientes y vives que ser misionero ha de ser la versión de tu vida como cristiano?

4. ¿Animas a otros que viven a tu lado a vivir la fe, ya que dejaron de practicar la vida de fe, no bautizaron a sus hijos o no se casaron por la Iglesia?

5. ¿Muestras con obras que eres discípulo de Cristo y miembro de la Iglesia?

6. A nivel personal, piensa si como cristiano o cristiana tienes el corazón abierto a todas las personas sin distinción.

7. A nivel de comunidad y de grupo, ¿nos presentamos como Iglesia que es Madre de corazón abierto o cerramos las puertas a algunos? ¿Por qué lo hacemos?

8. ¿Sabes mirar nuestra ciudad, nuestros barrios y pueblos con una mirada contemplativa y ver la presencia de Dios que habita en los hogares, en las calles, en las plazas…?

9. ¿Te preguntas alguna vez cómo alcanzar el corazón de quienes viven a nuestro lado a la manera que lo hizo Jesús con la samaritana?

10. ¿Qué vacíos existenciales encuentras entre nuestras gentes: jóvenes, familias, adultos, matrimonios, ancianos?

11. ¿Ofrece la Iglesia esperanza?

12. ¿Qué lugares y espacios ofrecemos para encontrarnos con el Señor? ¿Puedes imaginar nuevos espacios en las nuevas urbanizaciones, en los grandes barrios en construcción?

13. ¿Cómo provocar lo que Jesús suscitó en la samaritana para pedir: “Dame de esa agua”?

14. ¿Qué rostros y qué nombres pondrías al vacío existencial que engendran la falta de fe y la ausencia de Dios?

15. ¿Has leído y meditado la encíclica ‘Lumen fidei’ del papa Francisco?

16. ¿Aceptas sin cuestionar cualquier paradigma, es decir, cualquier teoría para interpretar la realidad?

17. ¿Cuenta Dios mucho en un mundo que desde la técnica y desde la ciencia se intenta explicar todo?

18. ¿Cómo devolver el reconocimiento de la presencia de Dios en este mundo?

19. ¿Qué entiendes por “ecología integral”? ¿Entran todas las dimensiones de la persona?

20. ¿Tienes datos u observaciones que te hagan pensar que el ser humano necesita volver a probar el agua que ofrece Jesucristo?

21. ¿Por qué hoy se aprecia un deseo de recogimiento y de contemplación? ¿Cómo ha de responder la Iglesia a este deseo?

22. ¿Cómo abrirnos a compromisos de servicio y de caridad en nuestra vida, ya sea en la comunidad cristiana o en servicios a la sociedad realizados desde la entrega personal testificada con nuestra vida cristiana?

23. ¿Has leído y meditado la encíclica del papa Francisco ‘Laudato si”?

24. ¿Cómo haces vida la parábola del Buen Samaritano? ¿Qué es lo que más te interpela de la parábola (Lc 10, 25-37)?

25. ¿Ves la necesidad de construir un nosotros?
 ¿Cómo lo haces en tu familia, en tu barrio, en tu trabajo?

26. ¿Ponemos en el centro a Dios para construir la fraternidad o nos ponemos nosotros mismos?

27. ¿Es el amor al prójimo quien mueve nuestra vida en todas las situaciones que vive el otro?

28. ¿Pones en el centro a Dios para construir este mundo o pones otras cosas diferentes?

29. ¿Rezas el padrenuestro para ver las exigencias que tiene el ser hijo de Dios y por ello hermano de todos los hombres?

30. ¿Cómo deseas protagonizar aquí y ahora lo que Jesús hizo con la samaritana?

31. ¿Te has preguntado cómo vives tu vocación al amor?
 ¿Cómo mostrar y hacer presente el amor de Dios aquí y ahora?

32. Hoy se necesitan testigos que muestren el camino de la fe, ¿estás dispuesto a hacerlo?

33. ¿Dónde encuentras la fuerza para anunciar el Evangelio? ¿Qué situaciones hemos de tener en cuenta?

34. ¿Participas en la vida y misión de la Iglesia? ¿Cómo lo haces? ¿Vas solo y por libre o con otros? ¿En tu comunidad funcionan y tienen vida los consejos pastorales?

35. ¿Hay encuentro entre todos los que participamos en alguna misión dentro de la comunidad parroquial? ¿Tenemos algún objetivo común?

36. ¿Te sientes corresponsable en la misión? ¿A través de qué formas vives esa corresponsabilidad?

37. ¿Nos sentimos en la Iglesia compañeros de camino?
 ¿Trabajamos con proyectos concretos en los que participamos en su realización?

38. ¿Vives tu pertenencia eclesial descubriendo en ella que participación y corresponsabilidad forman parte de tu identidad cristiana?

39. ¿Qué cometidos percibes que son prioritarios en la misión? ¿Qué situaciones hay que tener en cuenta?

40. ¿Tienes resistencias para entrar en conversación con quien fuere? ¿Vives sabiendo que todos los hombres son hijos de Dios y que a todos has de servir?

41. ¿Eres capaz de descubrir la sed de amor verdadero que tienen los hombres? ¿Qué manifestaciones y expresiones utilizan los hombres y mujeres de nuestro tiempo donde se manifiesta que hay sed de Vida?

42. La pregunta que más escuchas es “¿qué va a pasar?” o, más bien, “¿qué vamos a hacer?”.

43. ¿En tu vida se proyecta la dinámica del amor que perciben los demás o la dinámica de mis gustos, proyectos personales…?

44. En tus encuentros con las personas, ¿te quedas en lo superficial como la samaritana (“es un judío”), o entras en la profundidad del corazón que tiene sed de Amor?

45. Haz una propuesta concreta en la que se haga un plan para que la comunidad cristiana viva la sinodalidad, es decir, para que salgamos al camino juntos, para que el anuncio del Evangelio sea entre todos, con todos y para todos.

46. ¿Eres capaz de entrar en esa mirada que el Señor nos enseña, que alcanza la profundidad del corazón del ser humano? ¿Cómo lo haces? ¿De qué medios te sirves?

47. ¿Qué lectura creyente haces, aquí y ahora, de los acontecimientos, situaciones, personas, etc.?

48. Si a Dios lo sacamos de la vida, ¿qué visión acabamos teniendo de la misma? ¿Hasta dónde podemos llegar si la observación que hacemos de todo lo que acontece lo vemos y medimos desde nosotros mismos?

49. ¿Haces proyectos y los propones desde tus intereses personales o de grupo o desde toda la Iglesia diocesana? ¿A dónde te lleva esto?

50. ¿Quién puede garantizar las relaciones justas entre los hombres?

51. ¿Qué diferencia existe entre apelar a la dignidad trascendente de la persona humana como imagen visible de Dios o no tenerla en cuenta a la hora de legislar o de hacer proyectos sociales?

52. ¿Qué consecuencias tiene el proceso de secularización y laicización que vivimos? ¿Cómo salimos al paso de este proceso?, ¿con propuestas concretas y realizaciones o con un dolor que nos incapacita para suscitar esperanza?

Mantener una presencia viva de Dios que nos haga formular todo de un modo nuevo requiere creatividad, ¿qué propuestas concretas harías?
Cuando uno recorre las páginas del Evangelio, su corazón descubre que en todos los encuentros, en situaciones diversas, Jesús nos ofrece su Amor, ¿sientes en ti ese Amor? ¿Eres portador del Amor de Dios? ¿Cómo y dónde lo recibes?
La medicina que transforma el corazón del hombre es ese Amor incondicional. Por eso, Jesús nos pide a la Iglesia que se lo ofrezcamos a todas las personas. En nuestro día a día, ¿hacemos realidad este mandato? ¿Cómo y dónde lo entregas? ¿Qué tendrías que mejorar para lograrlo? Cuando otra persona lo hace, ¿la ayudas o le pones dificultades?
El Amor de Dios produce milagros, transforma a la persona y nos llama a regalar lo que hemos recibido: ¿retienes o compartes ese Amor? ¿Cómo y dónde puedes hacer posibles esos milagros?
¿La fidelidad al Evangelio te hace ser valiente y creativo? ¿En qué lo notas y cómo se manifiesta? ¿Qué puedes mejorar en tu comunidad y en tu vida cotidiana?
Nuestra comunidad ha sido rica en propuestas y proyectos. De ellos surgieron muchos carismas y actividades evangelizadoras, ¿conoces alguna que toque tu corazón y el de nuestros hermanos? ¿Qué valoración te merece?
En una ciudad grande, hay soledad en la vida y también en la muerte, ¿percibes que hay sed de Dios? ¿Dónde y por qué? ¿Qué actividades y espacios promoverías para compartir y saciar esa sed?
En tu vida cotidiana, ¿haces del lugar en el que vives, de tu barrio, de tu comunidad un verdadero hogar, donde quien llegue sienta la incondicionalidad de su Amor? ¿Haces que ese hogar sea un espacio en el que mi hermano se sienta confiado, acogido y no juzgado?
¿Con tu modo de vivir contribuyes a crear una cultura de encuentro? ¿Tienes empatía, compasión y misericordia hacia los demás?
¿Cómo te sitúas en tu vida ante los más pobres? ¿Y ante los inmigrantes y refugiados? ¿Y ante los que no piensan como tú o no cumplen tus expectativas? ¿Cómo podemos luchar contra la indiferencia hacia el otro?
Examina tu vida: ¿eres portador de Cristo? ¿Eres consciente de que su Amor es la fuerza que cambia la dirección de la Historia y de tu historia? ¿Tu corazón está dispuesto a experimentar esa transformación?
Solo en el encuentro con Jesucristo cambia la vida. ¿Cómo fue tu encuentro con el Señor? ¿Descubriste la grandeza que da a la vida saberse amado por Dios?
¿Tienes la convicción y la certeza de que Dios cuenta contigo para ofrecer un modo de vivir nuevo? ¿Por qué? ¿Cómo enseñar hoy a nuestros contemporáneos a ponerse en el camino del encuentro con Jesucristo?
¿Cómo es tu oración, tu diálogo con el Señor? ¿Cómo, dónde y cuándo levantas la mirada del corazón hacia el Señor? ¿Lo haces habitualmente con tu comunidad cristiana?
Todos los humanos aspiramos a vivir una vida verdadera que solo encontramos en Jesucristo. ¿De qué manera la vives? ¿A qué compromisos lleva? ¿En qué situaciones se manifiesta?
En tu vida diaria aparecen en lo hondo de tu corazón estas expresiones: “tengo prisa”, “disfruta a tope”, «”el dinero es lo más importante”, “no quiero depender de nadie”, “no soy feliz”, “estoy agobiado”, “no me siento comprendido”, “no me siento amado”… ¿Te has preguntado por qué? ¿De qué tienes lleno el corazón? ¿Qué y a quién buscas para que llene tu vida y el deseo innato que tienes de Amor?
La vida humana está llena de vacíos. ¿Qué puede ofrecer la Iglesia como Madre de todos los hombres para llenar su vida de sentido y del Amor mismo del Señor?
¿Cómo profundizar más en esa vida nueva que se nos regala en el Bautismo y cómo ofrecer esta Vida a los hombres y mujeres de hoy?
¿Somos personas de esperanza? ¿La damos y la ofrecemos? ¿Cómo?
¿Estás convencido de que la Verdad te busca? ¿Descubres y vives que la Verdad es Jesucristo? ¿Qué consecuencias tiene esto en tu vida personal y social?
¿Sitúas tu vida ante el Señor diciéndole: “Dame de esa agua: así no tendré más sed”? ¿Cómo ayudas a situar la vida de los demás ante Jesucristo? ¿Cómo se hace en la comunidad cristiana en la que vives tu fe?
¿En tu parroquia o realidad eclesial hay ayudas concretas para realizar este encuentro con el Señor? ¿Cuáles?
¿Cómo te sitúas ante la Verdad que tiene nombre: Jesucristo? ¿Qué ves? ¿Qué pides? ¿Qué haces?
¿La Verdad que es Jesucristo mueve tu vida y te hace ser misionero?
¿Asistes a los servicios de tu parroquia o tienes compromisos concretos en la vida de tu comunidad cristiana? ¿Cuáles?
¿Eres más libre cuando has abierto la vida a confrontarla con Jesucristo que te sitúa en la verdad de tu vida?
¿Eres valiente y creativo para proponer la persona de Jesucristo como el camino que nos construye como personas y que nos sitúa ante los demás como hermanos?

¿Has descubierto que tu vocación es la Verdad y el Amor? ¿Cómo la vives? ¿Qué camino eliges para vivirla porque sientes que Dios te llama a hacerlo así?

¿Qué proyectos podríamos presentar en nuestra comunidad cristiana para descubrir la persona de Jesucristo?

¿Cómo está funcionado nuestra Cáritas y qué otras iniciativas sociales propondrías?

¿Sabemos proponer que el Amor del Señor es más fuerte que todas las fuerzas de este mundo y que este cambia el corazón y la vida de los hombres? Haz una propuesta alternativa: la escuela del nuevo humanismo o del humanismo verdadero. ¿Qué programa harías en ella? ¿A quién invitarías?

Descubre la Eucaristía, ¿qué te ofrece?, ¿qué te da?, ¿cómo te marca?, ¿hacia dónde te hace salir?

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