miércoles, 25 de septiembre de 2019

El último superviviente del 11 S: bajó 84 pisos «con ayuda de una voz» ¿Sería Dios o su ángel custodio?

Ron DiFrancesco fue la última persona que escapó del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 

EL ÚLTIMO SUPERVIVIENTE DEL 11 S: BAJÓ 84 PISOS «CON AYUDA DE UNA VOZ» ¿SERÍA DIOS O SU ÁNGEL CUSTODIO? 

El 11-S sigue (y seguirá) siendo una fecha señalada en el calendario. El atentado a las Torres Gemelas cambió el curso de la historia reciente así como las relaciones internacionales y la geopolítica. También supuso la pérdida de 2.996 vidas, por no hablar de los bomberos y policías que continúan muriendo a causa de enfermedades relacionadas con las labores de rescate. Sin embargo, la historia de Ron DiFrancesco, el último superviviente que escapó del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, hace pensar que siempre puede haber algo de esperanza. 

DiFrancesco, que acudió a «Cuarto Milenio», sigue pasándolo mal cuando ve las imágenes de cómo los aviones impactan contra las torres. El canadiense era un broker que trabajaba en la planta 84 de la Torre Sur y que había acudido a su puesto de trabajo «como cualquier otro día». «Nadie entendía qué estaba pansando. Vimos una gran deflagración en la otra torre y observamos que salían de allí humo y papeles. Cuando me asomé, vi a personas en las ventanas que no sabían qué hacer. (...) Había gente debatiéndose entre saltar o morir quemados», dice. 

Les dijeron que se trataba de un accidente en la Torre 1, que la Torre 2 estaba segura. «No vimos ni el avión ni nada. Solo el agujero en el edificio. No sabía lo que estaba pasando ni si quiera cuando me desperté en el hospital», relata. DiFrancesco regresó a su mesa para volver al trabajo, pero recibió una perturbadora llamada. «Me llamó un amigo de la universidad que estaba en Toronto y estaba viendo lo sucedido por la televisión. Empezó a gritarme: '¡Sal de ahí!'. Agarré a un compañero y dije: vámonos de aquí», recuerda. Entonces llegó el segundo impacto; esta vez en su edificio. 

«No vi nada, pero empezaron a caer los paneles del techo. No sabía que era un avión. Pensé que quizá era un generador que se había hundido», añade. DiFrancesco aún tiene cicatrices en el rostro de las heridas que sufrió ese día; incluso sus lentillas se unieron con sus ojos por las altas temperaturas. «Tuvimos que bajar por la escalera porque los ascensores estaban cerrados, pero el humo era demasiado denso. Nos agachamos para intentar estar por debajo del humo. La gente se estaba desmayando», continúa. 

CON AYUDA DE UNA VOZ 

DiFrancesco seguía intentando encontrar una salida. «Estaba a punto de desmayarme cuando oí una voz que me llamaba y me decía 'levántate y sigue por este camino', y es lo que hice», dice. Ron se acercó a las llamas y se agarró a una placa de pladur para buscar su camino hacia abajo. «Fui deslizándome por todas estas plantas que estaban incendiadas», relata. Lo hizo guiado por una «voz clara y tranquila, que me decía por dónde tenía que ir». 

¿De dónde venía la voz? «Creo que era un ser superior, hay gente que lo llamará un Dios, un ángel, una voz interior… pero yo estoy seguro de que era una voz que venía de dentro del edifico». Él decidió seguir las órdenes de la voz y así consiguió sobrevivir: «Me pudo el deseo de volver a ver a mi mujer y mis hijos, y por suerte seguí a la voz. Me guió a un punto seguro y ahí ya me abandonó», confiesa. 

No fue un camino fácil. Corrió por tres plantas incendiadas. «No sé cómo no me quemé, pero de repente empecé a sentir frescor, humedad. Habían empezado a funcionar los aspersores contra incendios», explica. Siguió bajando «camino a la salvación» y estaba solo. No recuerda cómo salió de esa torre ni fue consciente de ser el último superviviente del 11-S. «Cuando bajé a la zona de superficie, a la entrada, quería salir corriendo de allí, pero no nos dejaron», asegura. 

«Había gente que estaba saltando y escombros cayendo así que nos llevaron por una zona subterránea a una salida diferente. Allí me encontré con un colega y empezamos a caminar hacia esa salida, pero comenzó a derrumbarse el edificio. Me giré a la derecha y vi una bola de fuego enorme que se acercaba a nosotros. Eso es lo último que recuerdo. Me desperté tres días después en el hospital», añade. 

Ron DiFrancesco sobrevivió a una de las mayores tragedias del siglo XXI, pero sigue enfrentándose a una complicada pregunta: ¿Por qué me salvó a mi? «Es un pensamiento con el que tendré que luchar hasta el día en que me muera», concluye. 


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