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Padre Radcliffe en el Sínodo: "Divorciados o gays se sienten marginados porque les hemos aplicado etiquetas"


“Muchas personas se sienten excluidas o marginadas en nuestra Iglesia porque les hemos aplicado etiquetas fáciles: ¡divorciados vueltos a casar, homosexuales, polígamos, refugiados, africanos, jesuitas!”. Así lo ha expresado esta mañana el P. Timothy Radcliffe, en su meditación en la IV Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad.

El dominico ha compartido con los padres y madres sinodales que “el fundamento de nuestro encuentro amoroso con los demás es, sin duda, nuestro encuentro con el Señor, cada uno desde nuestro lugar, con nuestros fallos, debilidades y deseos”, porque “Él nos conoce tal como somos y nos hace que seamos libres para encontrarnos con un amor que libera y no controla”.

“Evitar las etiquetas fáciles”

Asimismo, ha destacado que “en el silencio de la oración somos liberados, como la samaritana que junto al pozo encuentra al que la conoce totalmente, y esto la impulsa en su misión”. “Hasta ahora ha vivido avergonzada y oculta, temiendo el juicio de sus conciudadanos. Va al pozo en el calor del mediodía cuando no hay nadie más allí. Pero ahora el Señor ha iluminado todo lo que ella es y la ama”, ha agregado haciendo hincapié en el encuentro personal, en los que invita a todos los sinodales a formarse para “evitar las etiquetas fáciles”.

Hablando sobre la formación en sinodalidad, ha señalado que esto “significa aprender a ser personas apasionadas, llenas de deseos profundos”. Pero “para llegar a ser apasionados del Evangelio es necesario formarse en el amor no posesivo, un amor que ni huye del otro ni se apodera de él, un amor que no es ofensivo ni frío”, ha añadido.

“La formación en la sinodalidad nos quita los disfraces y las máscaras para que entremos en la luz”, aseguró el religioso, reclamando que “¡esto suceda en nuestros círculos menores!”.

El Vaticano rompe tabúes: los LGBTQ+, los divorciados y las víctimas de abusos entran al Sínodo


- Se trata de la primera vez en la que un documento de peso de la Santa Sede habla del colectivo LGBTQ+, pues hasta ahora, en el Sínodo de los Jóvenes incluido, solo se hablaba de homosexuales

- La polarización, los pobres, el cambio climático, los migrantes o las mujeres, entre los temas a discernir

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Como no podía ser de otra manera, el ‘Instrumentum laboris’ para la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’, que se celebrará en octubre de 2023, trae más preguntas que respuestas. Con un lenguaje novedoso, el documento rompe tabúes y no orilla ningún tema para el discernimiento de las madres y padres sinodales: desde las personas LGBTQ+, hasta los divorciados pasando por las víctimas de abusos, que no reduce al ámbito sexual.

El ‘Instrumentum laboris’ –plagado de citas del Concilio Vaticano II– comienza con una amplia recapitulación del camino recorrido hasta llegar a la primera sesión de octubre de este año, para luego meterse de lleno en las fichas de trabajo aportadas a la Asamblea Sinodal para su diálogo y discernimiento.

Fichas de trabajo

“Las fichas están concebidas como una herramienta de trabajo. No son capítulos de un libro que deban leerse sucesivamente, ni ensayos breves, más o menos completos, sobre un tema. Son ‘para hacer’ y no ‘para leer'”, señala el documento.

Así, “todas las fichas tienen la misma estructura. Comienzan con una rápida contextualización a partir de lo surgido en la primera fase. A continuación, formulan una pregunta para el discernimiento. Por último, ofrecen algunas intuiciones, que articulan diversas perspectivas (teológica, pastoral, canónica, etc.), dimensiones y niveles (parroquia, diócesis, etc.), pero, sobre todo, recuperan la concreción de los rostros de los miembros del Pueblo de Dios, de sus carismas y ministerios, de las preguntas que expresaron durante la fase de escucha”.

“La abundancia de los estímulos propuestos en cada ficha responde a una necesidad de fidelidad a la riqueza y variedad de lo recogido en la consulta, sin convertirla en un cuestionario en el que sea necesario formular una respuesta a cada pregunta”, agregan.

El documento también pone de manifiesto que algunas de las cuestiones surgidas de la consulta al Pueblo de Dios se refieren a temas sobre los que ya existe un desarrollo magisterial y teológico al que remitirse: “Por poner solo dos ejemplos, basta pensar en la aceptación de los divorciados vueltos a casar, tema tratado en la exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’, o la inculturación de la liturgia, objeto de la Instrucción ‘Varietates legitimae’ (1994) del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos”.

Por eso, “el hecho de que sigan surgiendo interrogantes sobre puntos de este tipo no puede descartarse precipitadamente, sino que debe ser objeto de discernimiento, y la Asamblea sinodal es un foro privilegiado para hacerlo. En particular, deben investigarse los obstáculos, reales o percibidos, que han impedido dar los pasos indicados y lo que hay que hacer para eliminarlos”.

Las fichas de trabajo recogen las tres cuestiones prioritarias: 1/ Una comunión que se irradia. ¿Cómo podemos ser más plenamente signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad del género humano? 2/ Corresponsables en la misión. ¿Cómo podemos compartir dones y tareas al servicio del Evangelio? 3/ Participación, responsabilidad y autoridad. ¿Qué procesos, estructuras e instituciones son necesarias en una Iglesia sinodal misionera?

Una comunión que se irradia

En primer lugar, centrándose en cómo alimentar la comunión desde la caridad, la justicia social y el cuidado de la Casa común, el texto recoge las aportaciones de las Iglesias continentales, que señalan que “en una Iglesia sinodal, los pobres ocupan un lugar central”. Asimismo, indican que “el cuidado de la Casa común exige una acción compartida”. Por otro lado, reconocen en los movimientos migratorios una “oportunidad”. E instan a “desempeñar un papel de testimonio profético en un mundo fragmentado y polarizado”.

En este mismo sentido, lanzan otra gran pregunta para el discernimiento antes de explicar las sugerencias para la oración y la reflexión: “Caminar juntos significa no dejar a nadie atrás y ser capaces de seguir el ritmo de los que más les cuesta. ¿Cómo podemos crecer en nuestra capacidad de promover el protagonismo de los últimos en la Iglesia y en la sociedad?”.

También en la acogida, reconocen que los Documentos finales de las Asambleas continentales mencionan a menudo a quienes no se sienten aceptados en la Iglesia, como los divorciados vueltos a casar, las personas en matrimonios polígamos o las personas LGBTQ+.

Se trata de la primera vez en la que un documento de la Santa Sede habla del colectivo LGBTQ+, pues hasta ahora, en el Sínodo de los Jóvenes incluido, solo se hablaba de homosexuales. Sí es verdad que se advertía ya en el Documento para la Fase Continental, pues fue una propuesta de Lesoto, lo que sorprendió a los redactores, pues cabía esperar que estas cuestiones fueran puestas encima de la mesa por europeos o americanos.

También señalan cómo formas de discriminación racial, tribal, étnica, de clase o de casta, también presentes en el Pueblo de Dios, llevan a algunos a sentirse menos importantes o menos bienvenidos dentro de la comunidad.

Muy generalizada es la indicación de cómo una pluralidad de barreras, desde las que son físicas a los aquellas que brotan de prejuicios culturales, generan formas de exclusión de las personas con discapacidad y requieren que sean superadas. Surge también la preocupación de que los pobres queden con demasiada frecuencia en los márgenes de las comunidades cristianas (por ejemplo, prófugos, migrantes y refugiados, niños de la calle, personas sin hogar, víctimas de la trata de seres humanos, etc.).

Por último, los documentos de las Asambleas continentales señalan que es necesario mantener el vínculo entre la conversión sinodal y la atención a las víctimas y marginados dentro de la Iglesia; en particular, hacen mucho hincapié en la necesidad de aprender a ejercer la justicia como forma de acoger a quienes han sido heridos por miembros de la Iglesia, especialmente las víctimas y supervivientes de “todas las formas de abuso”.

A este respecto, ofrecen esta pregunta para el discernimiento: “¿Qué pasos puede dar una Iglesia sinodal para imitar cada vez más a su Maestro y Señor, que camina con todos con amor incondicional y anuncia la plenitud de la verdad del Evangelio?”.

Tampoco se olvida esta primera parte relativa a la comunión del ecumenismo, el diálogo interreligioso, los jóvenes, los pueblos originarios o el promover el intercambio de dones entre las Iglesias locales.

Corresponsables en la misión

En relación con la misión, el ‘Instrumentum laboris’ aterriza en los ministerios. “Resulta evidente la llamada a superar una visión que reserva solo a los ministros ordenados (obispos, presbíteros, diáconos) toda función activa en la Iglesia, reduciendo la participación de los bautizados a una colaboración subordinada”, advierten. Asimismo, indican que “la experiencia de caminar juntos en la Iglesia local permite imaginar nuevos ministerios al servicio de una Iglesia sinodal”.

En esta línea, se preguntan: “¿Cómo podemos avanzar en la Iglesia hacia una corresponsabilidad real y efectiva en clave misionera para una realización más plena de las vocaciones, carismas y ministerios de todos los bautizados? ¿Cómo conseguir que una Iglesia más sinodal sea también una ‘Iglesia de todos los ministerios’?”.

En relación a la mujer, detallan que, “de manera sustancialmente unánime, a pesar de las diferentes perspectivas de cada continente, todas las Asambleas continentales piden que se preste atención a la experiencia, la condición y el papel de las mujeres. Celebran la fe, la participación y el testimonio de tantas mujeres en todo el mundo, laicas y consagradas, como evangelizadoras y a menudo primeras formadoras en la fe, destacando especialmente su contribución a la dimensión profética, en lugares remotos y contextos sociales problemáticos”.

Además, “la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y gobierno surgieron como elementos cruciales en la búsqueda de cómo vivir la misión de la Iglesia de una manera más sinodal. Las mujeres que participaron en la primera fase expresaron claramente un deseo: que la sociedad y la Iglesia sean un lugar de crecimiento, participación activa y sana pertenencia para todas las mujeres”.

Del mismo modo, “piden a la Iglesia que esté a su lado para acompañar y promover la realización de este deseo. En una Iglesia que quiere ser verdaderamente sinodal, estas cuestiones deben ser abordadas conjuntamente y deben construirse juntos respuestas concretas para un mayor reconocimiento de la dignidad bautismal de las mujeres y para la lucha contra todas las formas de discriminación y exclusión de las que son víctimas en la comunidad eclesial y en la sociedad”.

Por otro lado, “las Asambleas continentales destacan la pluralidad de experiencias, puntos de vista y perspectivas de las mujeres y piden que esta diversidad sea reconocida en los trabajos de la Asamblea del Sínodo, evitando tratar a las mujeres como un grupo homogéneo o un tema de discusión abstracto o ideológico”.

A este respecto, la pregunta es clara: “¿Qué pasos concretos puede dar la Iglesia para renovar y reformar sus procedimientos, disposiciones institucionales y estructuras, de modo que permitan un mayor reconocimiento y participación de las mujeres, incluso en los procesos de gobierno y toma de decisiones, en un espíritu de comunión y con vistas a la misión?”.

Y van más allá en las sugerencias para la oración y la preparación: “La mayor parte de las Asambleas continentales y las síntesis de numerosas Conferencias episcopales piden que se considere de nuevo la cuestión del acceso de las mujeres al diaconado. ¿Es posible plantearlo y en qué modo?”.

Lo mismo ocurre con el celibato, al recogerlo en las sugerencias con esta pregunta: “¿Es posible, como proponen algunos continentes, abrir una reflexión sobre la posibilidad de revisar, al menos en algunas áreas, la disciplina sobre el acceso al presbiterado por parte de hombres casados?”.

En lo que respecta a la corresponsabilidad en la misión, el documento también se detiene en la misión del obispo en una Iglesia sinodal, llamando a una renovación de la visión y de las formas de ejercicio concreto del ministerio episcopal.

Participación, responsabilidad y autoridad

En el ejercicio de la participación, la responsabilidad y la autoridad, destaca la renovación del servicio de la autoridad y las estructuras, dejando claro que no se quiere contraponer la sinodalidad a la jerarquía. Es decir, la Iglesia es jerárquica al mismo tiempo que sinodal.

“La perspectiva de transparencia –más si cabe con la crisis de los abusos– y rendición de cuentas es fundamental para un ejercicio auténticamente evangélico de la autoridad y la responsabilidad. Sin embargo, también suscita temores y resistencias. Por eso es importante afrontar seriamente, con actitud de discernimiento, los hallazgos más recientes de las ciencias de la gestión y el liderazgo”, recogen de lo expresado por las Asambleas continentales.

Estas también señalan “fenómenos de apropiación del poder y de los procesos de toma de decisiones por parte de algunos que ocupan puestos de autoridad y responsabilidad. A estos fenómenos vinculan la cultura del clericalismo y las diferentes formas de abuso (sexual, financiero, espiritual y de poder) que erosionan la credibilidad de la Iglesia y comprometen la eficacia de su misión, particularmente en aquellas culturas donde el respeto a la autoridad es un valor importante”.

Ante esta cuestión, la pregunta para el discernimiento es la siguiente: “¿Cómo entender y ejercer la autoridad y la responsabilidad al servicio de la participación de todo el Pueblo de Dios? ¿Qué necesitamos renovar en la comprensión y en las formas de ejercer la autoridad, la responsabilidad y el gobierno para crecer como Iglesia sinodal misionera?”.

En definitiva, infinidad de temas puestos sobre la mesa para crecer en sinodalidad. Sin embargo, la propia Secretaría General del Sínodo no espera a finales de octubre tener todas las respuestas a estas preguntas, pues todo este trabajo servirá para perfilar aún más la segunda sesión, a celebrarse en octubre de 2024, tras la que se ofrecerá al papa Francisco todo el material de cara a la elaboración de su exhortación postsinodal.

Autor: Rubén Cruz.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

El Papa defiende el derecho de los fieles divorciados a ser acompañados en sus nuevas uniones y el deber de la Iglesia de ofrecer ese apoyo


El décimo aniversario del pontificado del Papa Francisco se celebra este 13 de marzo y, como parte de las celebraciones, ha ofrecido entrevistas a diversos medios de comunicación, entre ellos el periódico argentino Perfil. En su conversación, recordó su último encuentro con Benedicto XVI antes de su fallecimiento y la reflexión que este le dejó: “Aprovecha lo que tienes que hacer ahora, porque llegar a mi edad y estar bien es una gracia, pero no sé hasta cuándo durará”.  

En lo que se refiere a la acogida a los divorciados Francisco confiesa: “Jesús me ganó de mano”. “Hoy día acompañar las nuevas uniones, es un derecho que tienen los cristianos y un deber de la Iglesia”, sentencia. También comenta que “La unión civil [entre personas del mismo sexo] es una cosa mucho más amplia, es un contrato social que garantiza de alguna manera los derechos sociales, cierta estabilidad y no es el sacramento del matrimonio, o al menos el hecho matrimonial”, “matrimonio es otra cosa, y tiene otra configuración, pero esa es mi postura”, apunta.

“Todos son hijos de Dios y cada uno busca a Dios y lo encuentra, por el camino que puede. Dios solamente aparta a los soberbios, los demás pecadores estamos todos en la fila”, añade sobre las personas homosexuales. “No sé si se abrirá o no se abrirá, pero es una posibilidad que se puede abrir”, señala sobre el celibato voluntario para los sacerdotes, “es una posibilidad abierta”

Un siglo de guerras

“Se puede dialogar muy bien con la economía y lograr pasos de entendimiento o fórmulas que van bien. En cambio, no se puede dialogar bien con las finanzas. Las finanzas son gaseosas, la economía es concreta”, destaca entrada en la doctrina social. Así, denuncia “la exclusión, injusticia, hay gente que muere de hambre o gente explotada, los chicos explotados, el trabajo infantil es gravísimo”. En este sentido muestra su preocupación por la deriva de un liberalismo no social o que “la derecha exagerada, desarraigada, es muy peligrosa”.


Más allá de la política, denuncia que “estamos en un siglo de guerras, desde el 14 hasta hoy estamos en una guerra mundial. Puedo definir una guerra mundial a pedacitos, pero estamos en guerra mundial”. A lo que une su condena del sector armamentístico: “No sé si es verdad o no, pero la guerra sirve para probar las armas”.


Un mundo sin fronteras para el Papa sería “no como una uniformidad, o cuestión de imagen, sino como la riqueza de cada país, de cada pueblo, de cada continente intercambiándose”. Para él, hay el riego, por ejemplo en la Unión Europea, de buscar “una universalización de lo particular que no es lícita, porque la riqueza universal está en la variedad de los países, con su cultura, su historia, su política”. “No hay que tener miedo a la diversidad”, sentencia.


En otro orden de cosas, precisa que “la Teología de Liberación nace de la experiencia del éxodo, de la liberación del pueblo. Entonces la intención es buena y hacen una opción por los pobres que es a lo que hay que liberar. Pero de ahí tuvo tantas ramas y tantas ideologías interpretativas que es difícil hablar en general”. Como movimiento del pueblo señala su relación con las Madres de la Plaza de Mayor y señala que “las mujeres llevaron esto adelante, los padres de Plaza de Mayo nunca, es curioso”. “Yo veo una madre que sufrió y yo soy pastor, quiero estar cerca de la madre”, destaca mientras se desmarca nuevamente de la dictadura argentina y de las acusaciones mientras era superior provincial de los jesuitas en Argentina. “Mi voluntad es, espero que lo pueda hacer”, señala sobre un posible viaje a la Argentina cuando pase el año electoral o visite Mongolia. Y es que, conlcuye, “estoy muy agradecido a Buenos Aires, a la Argentina. Es mi patria”

El cardenal McElroy se defiende: “Privar la comunión a gays y divorciados es bloquear su camino a Cristo”


Tras ser acusado de hereje, el arzobispo de San Diego argumenta en un artículo que no se excluya a estos colectivos “categóricamente” de la eucaristía

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Después de ser acusado de “hereje” por alguno de sus hermanos obispos que han pedido para él la “ex comunión”, el cardenal arzobispo de San Diego, Robert W. McElroy, ha dado un paso al frente para defender una vez más el acceso de los divorciados y homosexuales a la comunión en la eucaristía.

En un extenso artículo publicado ayer en la revista América de los jesuitas norteamericanos, el purpurado, vuelve a reafirmarse en el texto que ya escribió el pasado mes de enero. McElroy lamenta que “la exclusión de la eucaristía” se haya tomado “esencialmente como una cuestión doctrinal más que pastoral”.

El papel de la conciencia

A la par defiende, siguiendo la imagen del hospital de campaña tan recurrente en Francisco, que “ todos estamos heridos por el pecado y todos necesitamos por igual la gracia y la sanación de Dios”. En paralelo, ahonda en otro de los pilares del pensamiento del Papa: “el papel de la conciencia”.

“si bien la enseñanza católica tiene un papel esencial en la toma de decisiones morales, es la conciencia la que tiene el lugar privilegiado”, subraya el arzobispo de San Diego, que se remite de nuevo a Bergoglio para suscribir que “el papel de la iglesia es formar conciencias, no reemplazarlas”.

Discernir la elección moral

“Las exclusiones categóricas de los divorciados vueltos a casar y las personas LGBT de la eucaristía no dan el debido respeto a las conversaciones internas de conciencia que las personas tienen con su Dios al discernir la elección moral en circunstancias complejas”, sentencia el cardenal.

Es más, partiendo de que comulgar “no es un premio para los perfectos, sino una poderosa medicina y alimento para los débiles”, considera que “privar a los discípulos de esa gracia bloquea uno de los principales caminos que Cristo les ha dado para reformar sus vidas y aceptar el Evangelio cada vez más plenamente”.

¿Razonamiento único?

A partir de ahí, el pastor llama a replantearse “el razonamiento único del principio de que todos los pecados sexuales son pecados objetivamente mortales”. “Relegamos los pecados de la sexualidad a un ámbito en el que ningún otro tipo amplio de pecado está tan absolutamente categorizado”, argumenta.

Incluso, expone que “todos los pecados que violan el sexto y noveno mandamiento son pecados mortales categóricamente objetivos”. “No existe una clasificación tan completa del pecado mortal para ninguno de los otros mandamientos”, añade a renglón seguido.

Así, el cardenal no duda en poner sobre la mesa que, sin embargo, “no es automáticamente un pecado mortal objetivo abusar física o psicológicamente de su cónyuge, explotar a sus empleados, discriminar a una persona por su género, etnia o religión, o abandonar a tus hijos”.

Autor: José Beltrán

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Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/2023/03/03/el-cardenal-mcelroy-se-defiende-privar-la-comunion-a-gais-y-divorciados-es-bloquear-su-camino-a-cristo/

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