Mostrando las entradas con la etiqueta Concilio Vaticano II. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Concilio Vaticano II. Mostrar todas las entradas

¿Cuál es la diferencia entre los "sedevacantistas" y los "lefebvristas"?


La diferencia entre los "sedevacantistas" y los "lefebvristas" es una cuestión importante dentro de la Iglesia Católica, así que vamos a abordarlo con calma y claridad.

Empecemos por los "sedevacantistas". Este término viene del latín "sede vacante", que significa "sede vacía". Los sedevacantistas son un grupo que sostiene la creencia de que la Sede de Pedro, es decir, la cátedra del Papa, está vacante. Esto quiere decir que consideran que no hay un Papa legítimo en el cargo. Esta postura suele estar asociada con la idea de que los Papas que han ocupado la sede desde el Concilio Vaticano II (que tuvo lugar entre 1962 y 1965) han caído en herejía, y por lo tanto, no son verdaderos Papas.

Ahora, hablemos de los "lefebvristas". Este término hace referencia a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre en 1970. La FSSPX se caracteriza por su oposición a ciertas enseñanzas y prácticas que surgieron en el Concilio Vaticano II, particularmente en lo que respecta a la liturgia y la ecumenismo. Los lefebvristas defienden una interpretación más tradicional y conservadora de la fe católica, y a menudo critican lo que perciben como la "modernización" de la Iglesia. Los lefebvristas no rechazan todo el Concilio Vaticano II, pero sí muchos de sus Decretos y Documentos.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre estos dos grupos? Aunque tanto los sedevacantistas como los lefebvristas comparten ciertas críticas hacia la Iglesia contemporánea, difieren en su respuesta a la autoridad papal. Mientras que los sedevacantistas niegan la legitimidad de todos los Papas desde el Concilio Vaticano II y desonocen al Concilio mismo, considerando que la Sede de Pedro está vacía (vacante), los lefebvristas sí reconocen a todos los Papa post conciliares como legítimos, pero mantienen una postura crítica hacia algunas de sus acciones y enseñanzas, sobre todo en cuanto a la Misa novus ordo.

Desde la perspectiva católica tradicional, es importante recordar que la autoridad papal tiene un papel central en la Iglesia. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa es el "sucesor de Pedro como Obispo de Roma y cabeza del Colegio Episcopal" (CIC 882). Jesús mismo confió a Pedro la responsabilidad de guiar a la Iglesia cuando dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella" (Mateo 16,18).

La enseñanza católica también reconoce la autoridad del Papa en asuntos de fe y moral cuando habla ex cathedra, es decir, desde la cátedra de Pedro, y bajo ciertas condiciones específicas. Esto significa que cuando el Papa habla oficialmente en nombre de la Iglesia sobre cuestiones de fe y moral, su enseñanza es infalible y vinculante para todos los católicos.

Sin embargo, eso no significa que los Papas estén exentos de error en todos los aspectos de su vida o enseñanza. Los lefebvristas pueden criticar ciertas decisiones o acciones papales, pero mantienen su reconocimiento de la autoridad papal como un principio fundamental de la fe católica. Por otro lado, los sedevacantistas van un paso más allá al negar la legitimidad de los Papas post conciliares en su totalidad, lo que representa una ruptura más radical con la estructura y la autoridad de la Iglesia.

Es importante recordar que la unidad es un principio fundamental en la Iglesia Católica. San Pablo nos recuerda en su carta a los Efesios: "Solamente os pido una cosa: que llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. Así, sea que vaya a veros o que permanezca lejos, podré saber que estáis firmes en un mismo espíritu, luchando juntos como un solo hombre por la fe del Evangelio" (Efesios 1,27). Esta unidad se basa en la comunión con el Sucesor de Pedro y con los obispos en comunión con él.

Por lo tanto, aunque es natural que surjan diferencias de opinión dentro de la Iglesia, es importante abordarlas con respeto y en un espíritu de búsqueda de la verdad y la unidad. El diálogo fraterno y la oración son herramientas fundamentales para promover la comprensión mutua y la reconciliación en el cuerpo de Cristo.

Así que los "sedevacantistas" y los "lefebvristas" representan dos posturas diferentes dentro del catolicismo tradicional, especialmente en lo que respecta a la autoridad papal y la interpretación del Concilio Vaticano II. Mientras que los sedevacantistas niegan la legitimidad de los Papas desde el Concilio Vaticano II y consideran la Sede de Pedro como vacante, los lefebvristas reconocen al Papa como legítimo, pero mantienen una postura crítica hacia algunas de sus acciones y enseñanzas. En última instancia, es importante recordar que la unidad y la comunión con la Iglesia son fundamentales para nuestra fe como católicos, y debemos esforzarnos por trabajar juntos en un espíritu de amor y respeto mutuo.

¿Por qué algunos católicos dicen que la Misa actual fue "protestantizada" en el Concilio Vaticano II?


La Misa y su evolución a lo largo de los siglos es un tema complejo y apasionante que a menudo genera preguntas y confusiones. Primero, es importante entender que la Misa es el centro de la vida católica y ha sido objeto de reflexión y desarrollo continuo a lo largo de los siglos.

Algunos católicos han expresado la preocupación de que la Misa actual fue "protestantizada" durante el Concilio Vaticano II. Es cierto que el Concilio Vaticano II (1962-1965) trajo consigo cambios significativos en la liturgia católica, pero afirmar que estos cambios fueron una influencia directa del protestantismo es una simplificación injusta de un proceso complejo y cuidadosamente considerado.

El Vaticano II buscó, entre otras cosas, renovar y revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia para que los fieles pudieran participar más plenamente en la celebración de la Misa. Este deseo de renovación no implicó una adopción indiscriminada de prácticas protestantes, sino una vuelta a las fuentes originales del cristianismo, a los primeros siglos de la Iglesia.

Es interesante notar que muchos de los cambios introducidos durante el Vaticano II se basaron en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, los primeros líderes y teólogos cristianos que vivieron en los primeros siglos después de Cristo. Por ejemplo, San Justino Mártir, un apologista cristiano del siglo II, describió la liturgia cristiana en su "Apología Primera" escrita alrededor del año 155. San Justino proporciona una valiosa visión de cómo se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos de la Iglesia. En su descripción, encontramos elementos que se asemejan a la liturgia actual, como la estructura mucho más clara de la celebración en dos partes o dos tiempos, la Liturgia de la Palabra que precede e introduce a la Liturgia Eucarística, donde se consagra el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En la descripción de San Justino se hace claro también que los fieles participaban más activamente durante los oraciones y plegarias, así como que también se daban el saludo de la paz que es tan común en nuestro "nueva misa".

El Concilio Vaticano II, al tomar inspiración de estas fuentes antiguas, no introdujo una "protestantización" de la Misa, sino que restauró elementos que se habían perdido o habían caído en desuso con el tiempo. Por ejemplo, el uso del idioma vernáculo en la liturgia (es decir, la lengua hablada por el pueblo) se reintrodujo para que los fieles pudieran comprender y participar plenamente en la Misa. En los primeros siglos la Misa no se celebraba en latín, sino en el idioma de cada uno de los pueblos y comunidades que iban adoptando la fe cristiana, donde predominaba el griego. Cabe preguntarse por qué ahora algunos hermanos tratan de presentar casi como una herejía que la Misa no se celebre en latín.

Además, la participación activa de los fieles se enfatizó durante el Vaticano II. Esto se alinea con la enseñanza de la Iglesia desde los primeros tiempos, donde la participación activa de la comunidad en la celebración eucarística siempre fue considerada fundamental, y además, es bíblico. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, habla de la importancia de la participación activa y consciente en la Cena del Señor (1 Corintios 11, 17-34). El énfasis en la participación de la congregación en las oraciones, cantos y respuestas durante la Misa se encuentra en sintonía con esta tradición apostólica.

Además, la reforma litúrgica del Vaticano II también reafirmó la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia, recuperando un elemento importantísimo que prácticamente se había perdido casi por completo en la Misa de "vetus ordo", y es el sentido de la Misa como Banquete. La Iglesia Católica enseña que la Eucaristía es el "sacramento del sacramento", es decir, el sacramento más importante y central de la fe católica, y esto ya estaba presente en la Misa Tridentina, claro está, pero el énfasis en dicha misa se hacía sobre todo al carácter sacrificial de la Eucaristía, eclipsando casi por completo su carácter de banquete fraterno. 

Durante la Misa nos reunimos para ofrecer el Sacrificio perfecto a Dios Padre, que es su Hijo Jesús bajo las apariencias del pan y el vino, pero Jesús que es el Cordero de Dios no solo se sacrifica, sino que también se come. La Misa es un sacrificio y es un banquete y siempre ha sido así, pero los elementos de la reforma litúrgica lo dejan mucho más claro ahora que antes. Por ejemplo, algo que disgusta a los opositores a las reformas litúrgicas es que el altar ya no esté pegado al retablo, sino en el centro del presbiterio, donde por un lado está el sacerdote y frente a él los fieles. Pues este pequeño detalle nos ofrece precisamente la imagen de una Mesa, es decir, de un Banquete. El altar es el lugar de sacrificio pero también la mesa en la que Dios nos alimenta con el Cuerpo del Cordero divino, es decir, con Jesús mismo.

La reforma litúrgica del Vaticano II no solo enfatizó la importancia teológica de la Eucaristía, sino que también buscó hacer que la celebración de la Misa fuera más accesible, participativa y significativa para los fieles, recuperando el sentido de que todos los bautizados somos sacerdotes y todos ofrecemos el sacrificio eucarístico, no solo el sacerdote ordenado. Esto se hizo mediante la simplificación de ciertos ritos, el uso del idioma vernáculo y la promoción de una participación activa por parte de la congregación.

Es importante destacar que estos cambios no implicaron una pérdida de la sacralidad o solemnidad de la Misa, sino más bien una adaptación a las necesidades pastorales y espirituales de los fieles en el mundo moderno. La liturgia católica sigue siendo profundamente reverente y llena de simbolismo, recordando a los fieles la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

En resumen, la afirmación de que la Misa fue "protestantizada" en el Concilio Vaticano II es una interpretación errónea de los cambios introducidos. En realidad, la reforma litúrgica buscó acercar la celebración de la Misa a sus raíces históricas y teológicas, en consonancia con las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y la práctica apostólica temprana. La riqueza y profundidad de la liturgia católica siguen siendo una fuente de gracia y encuentro con Dios para los fieles en todo el mundo. Siempre es importante recordar las palabras del Salmo 95:6: "Venid, adoremos y prosternémonos; doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor". En la Misa, tenemos la oportunidad de hacer precisamente eso, adorar y encontrarnos con nuestro Creador y Salvador de una manera especial y significativa. ¡Que Dios te bendiga abundantemente en tu camino de fe!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Por qué el Concilio Vaticano II tiene tantos detractores dentro de la misma Iglesia?


El Concilio Vaticano II fue un evento histórico en la vida de la Iglesia Católica que tuvo lugar entre los años 1962 y 1965. Fue convocado por el Papa Juan XXIII con el objetivo de renovar y actualizar la Iglesia en respuesta a los desafíos del mundo moderno.

Durante el Concilio, se llevaron a cabo discusiones y debates sobre diversos temas, como la liturgia, la eclesiología, el ecumenismo, la relación de la Iglesia con el mundo y muchos otros. Se emitieron numerosos documentos que buscaban promover una mayor participación de los fieles, fomentar la unidad entre los cristianos y promover el diálogo con las diferentes religiones y culturas.

A pesar de los esfuerzos del Concilio por renovar la Iglesia y adaptarla a los tiempos modernos, algunos católicos han expresado críticas y reservas hacia sus enseñanzas y decisiones. Estas críticas provienen de diferentes sectores dentro de la Iglesia y se basan en diversas razones.

Una de las razones por las que el Concilio Vaticano II tiene detractores es que algunos consideran que sus enseñanzas y decisiones han llevado a una pérdida de la identidad y la tradición católica. Algunos críticos argumentan que se ha producido una relajación de la disciplina y la moral, y que se ha dado paso a una interpretación laxa de la fe y los sacramentos.

Sin embargo, es importante destacar que el Concilio Vaticano II no buscaba cambiar la doctrina de la Iglesia, sino más bien adaptar su forma de presentarla al mundo moderno. El Papa Juan XXIII, al convocar el Concilio, afirmó claramente que no se trataría de un concilio dogmático, es decir, no se iban a definir nuevos dogmas o enseñanzas fundamentales de la fe.

En este sentido, el Concilio Vaticano II se enmarca dentro de la continuidad de la Tradición apostólica y busca profundizar en ella, sin contradecirla. Como católicos, debemos recordar que la Tradición de la Iglesia es un depósito vivo y dinámico de fe que se ha desarrollado a lo largo de los siglos, bajo la guía del Espíritu Santo.

El Concilio Vaticano II nos invita a redescubrir y vivir esta Tradición en un mundo cambiante, donde los desafíos y las necesidades de las personas son diferentes a las de épocas anteriores. Esto implica una apertura al diálogo con el mundo moderno, sin renunciar a los principios y valores fundamentales de nuestra fe.

Otra razón por la que el Concilio Vaticano II ha sido objeto de críticas es que algunas personas consideran que ha llevado a una pérdida de la belleza y el misterio en la liturgia. Algunos críticos argumentan que las reformas litúrgicas promovidas por el Concilio han llevado a una simplificación excesiva de los ritos y a una pérdida de la sacralidad en la celebración de los sacramentos.

Es importante recordar que el Concilio Vaticano II buscó promover una participación más activa y consciente de los fieles en la liturgia, para que puedan experimentar más plenamente la presencia de Cristo en los sacramentos. Esto no implica una renuncia a la belleza y el misterio, sino más bien una búsqueda de una mayor comprensión y vivencia de la fe.

La liturgia es el lugar privilegiado donde encontramos a Dios y nos encontramos con los demás miembros de la Iglesia. Es un encuentro sagrado que nos invita a la adoración, la alabanza y la acción de gracias. El Concilio Vaticano II nos anima a vivir la liturgia de manera plena y consciente, pero también nos recuerda que la belleza y el misterio deben estar presentes en ella.

Es importante señalar que las críticas al Concilio Vaticano II no son representativas de toda la Iglesia Católica. Muchos católicos valoran y aprecian las enseñanzas y decisiones del Concilio, reconociendo su importancia para la renovación y la actualización de la Iglesia en el mundo moderno.

Además, es fundamental recordar que como católicos estamos llamados a vivir en comunión con la Iglesia y a aceptar su autoridad. El Papa y los obispos, en comunión con él, son los legítimos sucesores de los apóstoles y tienen la responsabilidad de guiar y enseñar a la Iglesia.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, se nos recuerda que "la Iglesia es infalible cuando enseña en materia de fe y costumbres" (CIC 891). Esto significa que, en cuestiones de fe y moral, podemos confiar en la autoridad de la Iglesia y en su capacidad para guiarnos hacia la verdad.

En última instancia, es importante recordar que nuestra fe católica se basa en la Palabra de Dios, transmitida a través de las Sagradas Escrituras y la Tradición apostólica. El Concilio Vaticano II nos invita a profundizar en esta fe, a vivirla de manera auténtica y a compartirla con el mundo.

En conclusión, el Concilio Vaticano II ha sido objeto de críticas dentro de la misma Iglesia por diversas razones. Algunos consideran que ha llevado a una pérdida de la identidad y la tradición católica, mientras que otros argumentan que ha provocado una simplificación excesiva de la liturgia. Sin embargo, es importante recordar que el Concilio buscaba renovar y actualizar la Iglesia en respuesta a los desafíos del mundo moderno, sin renunciar a los principios y valores fundamentales de nuestra fe. Como católicos, estamos llamados a vivir en comunión con la Iglesia y a aceptar su autoridad, confiando en su capacidad para guiarnos hacia la verdad. ¡Que Dios te bendiga y te llene de alegría y paz!

Autor: Padre Ignacio Andrade

“Que las mujeres podamos votar es aire fresco en el Sínodo”: Sor Micaela Monetti.


“Estoy feliz de que la reforma del Papa Francisco, paso a paso, manifieste el rostro de la eclesiología del Vaticano II”, subraya sor Micaela Monetti, de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Expresa su satisfacción por los cambios en la composición de los participantes en la Asamblea General del Sínodo del próximo octubre por los que, de entre quienes tienen derecho a voto, habrá un cincuenta por ciento de mujeres entre los laicos y cinco religiosas entre las Superioras Generales de las Congregaciones.

“Me llenó de alegría. Vi el rostro de una Iglesia que evangélicamente se revela por lo que es: una comunidad reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y no solo en el nombre de los sacramentos, ministerios o cuestiones de género. Se acogió la petición de los sínodos anteriores para reconocer el derecho al voto de las mujeres consagradas; se trata de un paso acorde con los tiempos”.

Micaela, de 67 años, fue elegida el pasado 14 de abril como presidenta de la Unión de Superioras Mayores de Italia (USMI). Se siente agradecida por lo que considera la fuerza profética del Papa y acoge este soplo de renovación convencida de que traerá “una profundización en la vida de la Iglesia y de la sociedad”. En su opinión, “la Iglesia italiana está todavía un tanto paralizada por el clericalismo que tiene en cuenta a las religiosas en función de los servicios eclesiales. Sería necesario dar voz y espacio a la experiencia y sensibilidad femenina, entendiéndola también como un reconocimiento a nivel de toma de decisiones. Se nos valora cuando se trata del cuidado de los espacios y de las personas, pero a la hovida religra de decidir, es el párroco quien decide”.

El ministerio es un servicio

Monetti es consciente de que no se trata de extender las reivindicaciones al sacerdocio ministerial, sino de poder servir en plenitud, de acuerdo a las propias aptitudes. Para ella, la premisa es que todo ministerio es un servicio. “Si para el ministerio que me ha sido confiado invierto todas mis energías y capacidades, ¿por qué habría de pensar en algo más?”. Y dice, por ejemplo, que tuvo la suerte de encontrar mujeres al frente de comunidades eclesiales de base en la Amazonía o en Argentina donde “realmente hay una diaconía eclesial que se expresa en la figura de un diaconado femenino que sabemos que está madurando. Eso debería bastar”.

Monetti llega a este nuevo cargo después de haber sido Consejera General hasta 2017 por un doble mandato. Ella ve bien los desafíos que supone una presencia femenina significativa en la vida consagrada, y como cabeza de la USMI quiere aportar “en la sencillez y la fraternidad” para emprender caminos valientes. La imagen de las sembradoras de esperanza que usó el Papa cuando en el Vaticano se reunió con las religiosas de la Asamblea General, le gusta mucho “porque nos da el sentido de la pequeñez, pero también el poder de la generatividad. No se trata de recoger los frutos, porque no vendemos frutos, vendemos semillas”. Cuenta cómo el ser Superiora le ayudó a abrir la mente, el corazón y la mirada a lo diferente. Un enfoque que incide en el uso del lenguaje: “hablar de autoridad en países democráticos, por ejemplo, tiene un peso muy diferente que en contextos excomunistas”.

Modelo del poliedro

Es el modelo del poliedro, tan querido por Francisco, lo que le interesa, un modelo que refleja la confluencia de todas las parcialidades manteniendo en él su originalidad. Desde este punto de vista, Sor Micaela, –con un compromiso constante con la pastoral juvenil–, señala en el Pacto Educativo Global un campo en el que desea trabajar intensamente. Y confía una preocupación personal suya que tiene que ver con la búsqueda de caminos y medios para abordar la cuestión de la identidad de género en las escuelas católicas italianas, así como en la orientación vocacional, sin prejuicios y rechazos apriorísticos.

“La cuestión de género es un tema que me toca especialmente en el corazón porque a las nuevas generaciones, a los jóvenes que se interrogan sobre la vocación, los encaminamos sin prestar especial atención a una identidad de un género consolidada, que hoy es objeto de muchos desafíos”, subraya sor Micaela. A partir de la experiencia diaria sobre el terreno de las hermanas comprometidas en un trabajo integral de formación, la nueva presidenta se refiere a una afectividad “provocada por mucha confusión e inestabilidad”.

Y añade: “Hay un mundo cada vez más fluido. Debemos aceptar la invitación del Papa a escuchar antes de juzgar y encasillar, y reconocer que Dios tiene una buena mirada sobre cada uno y no se puede cerrar la puerta a priori. Hay que estar ahí, y estar ahí de forma preparada”. Monetti explica que en los caminos de discernimiento y búsqueda vocacional la mayoría de las veces no se percibe de inmediato la orientación de la joven, donde también juega mucho el miedo al estigma.

De Babel a Pentecostés

“Generalmente es en el período del juniorado, en la fase de los votos perpetuos, cuando surgen verdaderas sorpresas también para las formadoras: lo que parecía seguro hasta antes de ayer, ya no lo es. Es un campo que nos desafía con preguntas fuertes y desconcertantes. No tengo las respuestas, pero es necesario vivir esta realidad y buscar juntos el plan de Dios. Porque hay formas y formas de vida consagrada. No podemos eludir esta realidad, se necesita proximidad. Y también nuestros adolescentes deben encontrar en nuestras consagradas puntos de referencia que puedan ayudarles con las preguntas que se están haciendo”. Además, en este sentido, sor Micaela se siente en continuidad con madre Yvonne Reungoat, de quien toma el relevo, ella que, con su carisma salesiano, ha dado una gran aportación a la pastoral juvenil. “Se puede ser alegre y abierta como quiere el Papa solo si se tiene una madurez afectiva”, explica.

Entonces, ¿cómo no estar disponibles para acoger la oportunidad que suponen las redes sociales? Son espacios que interesan muchísimo a la USMI, campo abierto para compartir y dialogar. Porque “el camino sinodal no es solo caminar juntos, sino una comunidad que encuentra un camino de discernimiento colectivo aprendiendo mejores métodos de comunicación”. El gran desafío de fondo, en el que todas están implicadas, es el de la interculturalidad, que no es solo acogida. El punto es ir de Babel a Pentecostés, entenderse. Esto, concluye sor Micaela, es lo que necesitan nuestras comunidades.

Autor: Antonella Palermo

--

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/

La guerra es inmoral: Desde Juan XXIII a Pablo VI y Francisco


El 25 de octubre de 1962, Juan XXIII dirigió un mensaje “a todos los hombres de buena voluntad”, texto que   ya había enviado a las embajadas soviética y americana en Roma y donde el papa pedía el inicio de las negociaciones para poner fin a un conflicto entre EE.UU. y Rusia. 

El día 26, Khrushchev envió una carta a Kennedy, donde proponía un debate sobre desarme y donde pedía que Cuba no fuese invadida por las tropas americanas. Kennedy por su parte, respondía prometiendo que cesaría el bloqueo a la isla, si la URSS sacaba las rampas de misiles soviéticos. Finalmente, el 28 de octubre, Khrushchev aceptaba la propuesta de Kennedy. 

Juan XXIII se dirigió a los lideres involucrados llamando a que  hicieran todo lo que esté en sus manos para salvar la paz. Así evitarán al mundo los horrores de una guerra cuyas terribles consecuencias no se pueden prever» 

De esta conciencia surgió -en abril de 1963- la Encíclica Pacem in Terris. Encíclica citada por el papa Francisco en Fratelli Tutti. 

En el nº 260 de “Fratelli Tutti”, Francisco dice: “...Como decía san Juan XXIII, «resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado»  

Reforzó la convicción de que las razones de la paz son más fuertes que todo cálculo de intereses particulares y que toda confianza en el uso de las armas. Pero no se aprovecharon adecuadamente las ocasiones que ofrecía el final de la guerra fría ...y se cedió a la búsqueda de intereses particulares sin hacerse cargo del bien común universal. Así volvió a abrirse camino el engañoso espanto de la guerra...”[243] Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 127: AAS 55 (1963), 291. 

Carrera de armamentos 

Ya en 1963 escribía el Papa Juan XXIII estas necesarias y actuales reflexiones: 

Vemos, con gran dolor, cómo en las naciones económicamente más desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todavía, enormes armamentos, dedicando a su construcción una suma inmensa de energías espirituales y materiales. Con esta política resulta que, mientras los ciudadanos de tales naciones se ven obligados a soportar sacrificios muy graves, otros pueblos, en cambio, quedan sin las ayudas necesarias para su progreso económico y social. (Pacem in terris nº 109).

Y argumentaba que:

La razón que suele darse para justificar tales preparativos militares es que hoy día la paz, así dicen, no puede garantizarse sí no se apoya en una paridad de armamentos. Por lo cual, tan pronto como en alguna parte se produce un aumento del poderío militar, se provoca en otras una desenfrenada competencia para aumentar también las fuerzas armadas. Y si una nación cuenta con armas atómicas, las demás procuran dotarse del mismo armamento, con igual poder destructivo. (nº 110) 

La consecuencia es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor…Y además, aunque el poderío monstruoso de los actuales medios militares disuada hoy a los hombres de emprender una guerra, siempre se puede, sin embargo, temer que los experimentos atómicos realizados con fines bélicos, si no cesan, pongan en grave peligro toda clase de vida en nuestro planeta. (nº 111). 

No se debe permitir -advertía nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII- que la tragedia de una guerra mundial, con sus ruinas económicas y sociales y sus aberraciones y perturbaciones morales, caiga por tercera vez sobre la humanidad. (nº 112) 

"…En nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado. (nº 127).

Tampoco el argumento de la disuasión debe ser aceptado

Sin embargo, vemos, por desgracia, muchas veces cómo los pueblos se ven sometidos al temor como a ley suprema, e invierten, por lo mismo, grandes presupuestos en gastos militares. justifican este proceder -y no hay motivo para ponerlo en duda-diciendo que no es el propósito de atacar el que los impulsa, sino el de disuadir a los demás de cualquier ataque. (Nº 128).

La Paz es más que una ausencia de guerra 

“La paz no se reduce a una ausencia de guerra (…) se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres”. Esta relación entre el progreso y la paz le llevó a afirmar que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Un desarrollo integral que alcanzara a toda la humanidad era para Pablo VI la garantía de estabilidad y de paz. 

Pablo VI dijo en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (4 octubre 1965): “..Nuestro mensaje nace de nuestra experiencia histórica. Es como “experto en humanidad” que aportamos a esta Organización el sufragio de nuestros últimos predecesores... convencidos como estamos de que esta Organización representa el camino obligado de la civilización moderna y de la paz mundial…. Nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás. ¿No es con ese fin sobre todo que nacieron las Naciones Unidas: contra la guerra y para la paz? 

Las relaciones entre los pueblos deben regularse por el derecho, la justicia, la razón, los tratados, y no por la fuerza, la arrogancia, la violencia, la guerra y ni siquiera, por el miedo o el engaño. Y pide que nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás. 

Fin de la idea de “guerra justa”

El Papa Juan XXIII, en su encíclica Pacem in Terris, cuestionó el concepto de guerra justa. 

Hasta las dos últimas guerras mundiales, se justificaba lo que llamaban “teología de la guerra justa”. Hoy esto, afortunadamente, ha evolucionado y se ve con claridad que la guerra no es una solución. 

Una vez iniciado el Concilio Vaticano II, la Iglesia comenzó a desarrollar una doctrina de paz. Este mensaje se expresa, año tras año, en el inicio de enero. Estamos ante una gran aportación del Magisterio eclesial. 

En la constitución del Vaticano II, Gaudium et Spes,  se decantan por la obligación de evitar la guerra. Hay que frenar la crueldad de las guerras.  Dice:  “...La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo...En la medida en que lo hombres son pecadores, les amenaza el peligro de guerra hasta la venida de Cristo; en la medida en que, unidos en el amor, superan el pecado, se superan también las violencias”. (nº 78).

Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tanto poder económico, y sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria; nunca el ser humano ha tenido un sentido tan agudo de su libertad, y sin embargo, surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Y la humanidad  no está lejos del peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. 

Hasta las dos últimas guerras mundiales, los teólogos desarrollaron una teología de la guerra justa. Así como del poder de la bomba atómica. Hoy se ve que la guerra no es ya una solución. Los papas Juan XXIII con la encíclica Pacem in Terris y luego con el gran discurso de Pablo VI en las Naciones Unidas durante el Concilio, comenzaron a desarrollar una doctrina de paz. Y esta idea se ve todos los años en los discursos del 1 de enero. 

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos…” (Mt 5,9). Jesús llama así a los pacíficos, ¿cómo, entonces, se puede apoyar la idea de ir a la guerra? Por otra parte, en el libro del Éxodo se dice, en referencia, a los diez mandamientos: “No mates” (Ex. 20,13). 

Cuando San Agustín comienza a escribir acerca de la “Guerra justa”, plantea algunos debates relevantes desde el punto de vista de la justicia. Uno de ellos se refiere a si la paz es preferible a la guerra. Su conclusión es que no siempre lo es. Afirma que la paz posee un valor intrínseco. 

Lo que se deduce de los escritos de San Agustín, es que descarta las guerras ofensivas –ésa sería la regla de oro-. Es preciso que exista un agravio previo para tomar las armas. La noción de legítima defensa está presente en su razonamiento.

El concepto de guerra justa es una cosa que pertenece al pasado. Lo defendía santo Tomás de Aquino en caso de legítima defensa. Pero en nuestro tiempo no tiene ya validez, porque los seres humanos tienen otros medios para poder resolver los conflictos entre los pueblos, dijo el papa Juan Pablo II en el transcurso de una conversación con los periodistas que le acompañaban en su viaje de regreso a Roma desde el Reino Unido (2 de junio de 1982).

Frenar la crueldad de las guerras 

El concilio aborda la obligación de frenar las guerras

“A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños gravísimos materiales y morales, todavía a diario en algunas zonas del mundo la guerra continúa sus devastaciones. Es más, al emplear en la guerra armas científicas de todo género, su crueldad intrínseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere, enormemente la de los tiempos pasados.

El Concilio Vaticano II, nos insta a preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos.../ La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces garantías.../

Debemos procurar, con todas nuestras fuerzas, una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos…/ 

La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces garantías…/ 

Mentalidad nueva ante la guerra

El horror y la maldad de la guerra se acrecientan inmensamente con el incremento de las armas científicas. Con tales armas, las operaciones bélicas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas, las cuales, por tanto, sobrepasan excesivamente los límites de la legítima defensa. Es más, si se empleasen a fondo estos medios, que ya se encuentran en los depósitos de armas de las grandes naciones, sobrevendría la matanza casi plena y totalmente recíproca de parte a parte enemiga, sin tener en cuanta las mil devastaciones que parecerían en el mundo y los perniciosos efectos nacidos del uso de tales armas. Todo esto nos obliga a examinar la guerra con mentalidad totalmente nueva…...El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles...” (G.S. nº 80). 

Hoy hay que decir que la disuasión nuclear no funciona y que el armamento nuclear es una inmoralidad. La posesión no solamente el uso, es una inmoralidad. Poseer armas nucleares es inmoral, porque poseer lleva a la disuasión y la disuasión lleva a la guerra. Ls guerra siempre es inmoral. Se nos pide trabajar por un mundo nuevo no basado en las armas. En la guerra no hay soluciones Un buen político siempre debe apostar por la paz, un buen cristiano siempre debe elegir la vía del diálogo. Si llegamos a la guerra es porque fracasó la política. Y cada guerra que se inicia es también un fracaso de la humanidad.

La cultura de la guerra

El Papa Benedicto XVI afirmó que la Guerra Santa va contra Dios, durante su discurso en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, el 12 de septiembre de 2006, ante representantes de la ciencia, en una de las etapas de su viaje a Baviera. En su discurso de análisis entre fe y razón, rechazó cualquier tipo de fanatismo religioso y para ello tomó como ejemplo las conversaciones transcritas por Theodore Khoury entre el emperador bizantino Manuele II Paleólogo y un ciudadano persa sobre el cristianismo y el Islam. Para Benedicto XVI, el emperador, cuando habla de la Yihad (guerra santa), “explica minuciosamente las razones por las que la difusión de la fe mediante la violencia es algo irrazonable. La violencia contrasta con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. “Dios no se complace de la sangre. No actuar según la razón es contrario a la naturaleza de de Dios. Quien quiere conducir a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de actuar con violencia o con amenazas”, dijo el Papa, citando las conversaciones del emperador sobre los versículos del Corán, atribuidos a Mahoma, sobre la “difusión por medio de la espada de la fe que él predicaba”. 

Para Benedicto XVI, la afirmación decisiva de esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es que no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. En su discurso, el Papa también habló de Occidente “Una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas”. 

“En el mundo occidental está muy difundida la opinión según la cual sólo la razón positivista y las formas de la filosofía derivadas de ella son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo consideran que precisamente esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón constituye un ataque a sus convicciones más íntimas”, añadió el Papa, recogiendo el tema de la secularización de Occidente ya expresado el pasado domingo. 

La industria de las armas

La carrera de armamentos es la plaga más grave de la humanidad y perjudica a los pobres de manera intolerable. Las armas científicas no se acumulan exclusivamente para el tiempo de guerra. Puesto que la seguridad de la defensa se juzga que depende de la capacidad fulminante de rechazar al adversario, esta acumulación de armas, que se agrava por años, sirve de manera insólita para aterrar a posibles adversarios. Muchos la consideran como el más eficaz de todos los medios para asentar firmemente la paz entre las naciones. 

Sea lo que fuere de este sistema de disuasión, convénzanse los hombres de que la carrera de armamentos, a la que acuden tantas naciones, no es camino seguro para conservar firmemente la paz, y que el llamado equilibrio de que ella proviene no es la paz segura y auténtica. De ahí que no sólo no se eliminan las causas de conflicto, sino que más bien se corre el riesgo de agravarlas poco a poco. Al gastar inmensas cantidades en tener siempre a punto nuevas armas, no se pueden remediar suficientemente tantas miserias del mundo entero.

El Papa Francisco pide con insistencia el fin de la guerra en Ucrania. Y recordó, con preocupación, las dos guerras mundiales del siglo pasado. “…después de dos tremendas guerras mundiales, después de la Guerra Fría que durante décadas mantuvo al mundo en vilo, en medio de tantos conflictos desastrosos en todas partes del globo, entre tonos de acusación, amenazas y condenas, todavía nos encontramos al borde de un frágil equilibrio y no queremos hundirnos...”

La gran ganadora en toda guerra es la industria armamentista. Este es uno de los negocios más exitosos del mundo. 

La cifra total de las ventas, en plena pandemia, ascendió a 470.000 millones de euros, después de seis años consecutivos de aumentos (Fuente SIPRI). 

Disuasión nuclear

Las 41 compañías de EE.UU. incluidas entre las 100 principales del mundo acapararon el 54% de las ventas totales el año pasado, con 252.000 millones de euros (Fuente: El País). Un día antes de estallar la guerra dichas compañías tenían un valor conjunto de 705.000 millones de euros (era el 23 de febrero) y una semana después (el 2 de marzo) habían subido a 777.000 millones de euros. 

Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, en poco más de una semana el valor de las 15 empresas armamentistas con mayores ventas del mundo –de las que nueve son estadunidenses–, se disparó en alrededor de 71.500 millones de euros, revelan datos de mercado de las diferentes compañías. 

Las grandes empresas europeas de armas son Thales (francesa), Leonardo (italiana), Indra Sistemas (española) y Airbus (Países Bajos). Estas empresas cuentan entre sus accionistas con estos cuatro estados y con los mismos fondos de inversión estadounidenses que poseen acciones de la industria armamentística de Estados Unidos 

Causa especial tristeza darse cuenta de que detrás de todas estas tragedias bélicas, están el ansia de poder y el comercio de armas». Son las palabras del Papa Francisco en la entrevista que le realizó el periodista italiano Domenico Agasso, del periódico La Stampa, y publicada el 18 de noviembre 2022. 

«Me dijeron que si no se fabricaban y vendían armas en un año, se acabaría con el hambre en el mundo. En cambio, siempre prevalece la vocación destructiva, que da lugar a las guerras. Cuando los imperios se debilitan, buscan hacer la guerra para sentirse fuertes, y también para vender armas».

La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos más necesitados y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio. 

La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Que se termine ya mismo la producción y el comercio internacional de armas.

Con la guerra hay millones que pierden todo, pero hay muchos que ganan millones. Es desolador incluso sospechar que muchas de las guerras modernas se hacen para promocionar armas. Esto se tiene que parar. A los responsables de las naciones, en nombre de Dios, les pido -gritó el Papa Francisco- que se comprometan con firmeza a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes. Que tengan valentía y creatividad para reemplazar la fabricación de armamento con industrias que promuevan la fraternidad, el bien común universal y el desarrollo humano integral de sus pueblos. 

Frente a ese escenario nos preguntamos: ¿quiénes tienen esos armamentos? ¿qué controles hay? ¿Cómo se frena la lógica que especula con el atesoramiento de ojivas nucleares para la disuasión? 

Guerra de Ucrania ¿se podía haber evitado ? 

La guerra de Ucrania se podía haber evitado. El Papa Francisco, en todo este conflicto, ha puesto la mirada más allá de Europa, en los conflictos periféricos y olvidados de Siria, Yemen, Myanmar, Etiopía, Somalía, lo que él llama la “tercera guerra mundial en etapas”. Es necesario oponerse con toda la fuerza al riesgo de acostumbrarse, o incluso de olvidar, la “trágica realidad” de lo que ocurre en Ucrania, o en cualquier otro lugar, como si fuera algo lejano, y “enfriar el corazón”. «lo que tenemos ante nuestros ojos es una situación de guerra mundial, de intereses globales, de venta de armas y de apropiación geopolítica”. Una tercera guerra mundial ‘a pedazos’, hoy quizás podemos decir ‘total’ (matiza el Papa)y los riesgos para las personas y el planeta son cada vez mayores. San Juan Pablo II.

Oración por Ucrania

Toda guerra genera un cúmulo de sufrimiento. Es una tragedia humana. Esta guerra de Ucrania se podía haber evitado si la OTAN no hubiera rodeado a Rusia con misiles tal como se acordó con Gorbachov en 1991. Sin embargo, Estados Unidos, a través de su maquinaria de guerra, la OTAN, instaló misiles en los países de la antigua URSS en las fronteras con Rusia. Incluso el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, estaba haciendo gestiones para entrar también en la OTAN. 

Esto molestó a Rusia, provocando la intervención militar. Ya se ha recordado que en 1962 la URSS comenzó a instalar misiles en Cuba y el presidente estadounidense John Kennedy lo consideró como una grave amenaza para Estados Unidos. Entonces, para evitar un conflicto bélico mundial, la URSS suspendió el proyecto. Ha faltado capacidad y voluntad política para favorecer el diálogo en el conflicto entre los gobiernos de Rusia, Estados Unidos, la OTAN y el gobierno de Ucrania. 

Los Estados Unidos y los países de la Unión Europea están enviando armamento bélico y grandes sumas de dinero para la guerra de Ucrania. Este no es el camino. La paz no se construye con armas sino con el diálogo, que es la única vía para la resolución de conflictos. No es enviando armas a Ucrania como se apaga la guerra. Es echar más leña al fuego y generar una espiral de violencia que, incluso, puede llegar a la utilización de armas nucleares y esto sería una catástrofe mundial. 

A nivel socioeconómico la guerra está afectando a todo el mundo, particularmente a Europa, por la subida del coste de la vida, debido al encarecimiento del petróleo, gas y electricidad. La guerra la pagamos todos. 

¿Camino de una guerra nuclear?

Estamos en peligro de guerra nuclear. Estados Unidos tiene 800 bases e instalaciones militares en el planeta y representa el 46% del gasto militar en todo el mundo. 

¿No queremos aprender de la historia?. ¿Por qué no aprender de la historia, clama el Papa Francisco? 

El Papa recuerda el peligro de un conflicto bélico nuclear y lo hace rememorando la figura de su predecesor san Juan XXIII, cuando hace 60 años, en el inicio del Concilio Vaticano II fue determinante en evitar una guerra nuclear entre las dos super potencias de entonces, los Estados Unidos y la Unión Soviética, a causa del incidente conocido como “crisis de los misiles de Cuba”. Desde Cuba (distante unos 150 km. de EE.UU) unos misiles nucleares rusos estaban alojados en la Isla. 

El Papa Francisco en el vuelo de regreso a Roma el 6 de noviembre de 2022, después de su viaje apostólico a Bahréin y en relación con la situación de la guerra en Ucrania, comentó: 

“...Al día siguiente del inicio de la guerra -pensé que esto no se podía hacer...-fui a la embajada rusa [ante la Santa Sede] a hablar con el Embajador, que es un buen hombre, que conozco desde hace seis años. Recuerdo un comentario que me hizo entonces: “Nous sommes tombés dans la dictature de l’argent” (Hemos caído en la dictadura del dinero), hablando de la civilización. Un humanista, un hombre que lucha por la igualdad. Le dije que estaba dispuesto a ir a Moscú para hablar con Putin, si era necesario. Me respondió muy cortésmente [el Ministro de Asuntos Exteriores] Lavrov: gracias, respondió, pero que no era necesario por el momento. 

Desde entonces nos hemos interesado mucho. Hablé tres veces por teléfono con el presidente Zelesnky; después con el Embajador ucraniano algunas veces más. Y se hace un trabajo de acercamiento, para buscar soluciones.

Como decía san Juan XXIII, «resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado». Lo afirmaba en un período de fuerte tensión internacional, y así expresó el gran anhelo de paz que se difundía en los tiempos de la guerra fría. Reforzó la convicción de que las razones de la paz son más fuertes que todo cálculo de intereses particulares y que toda confianza en el uso de las armas. Pero no se aprovecharon adecuadamente las ocasiones que ofrecía el final de la guerra fría por la falta de una visión de futuro y de una conciencia compartida sobre nuestro destino común. En cambio, se cedió a la búsqueda de intereses particulares sin hacerse cargo del bien común universal. Así volvió a abrirse camino el engañoso espanto de la guerra. 

Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal. No nos quedemos en discusiones teóricas, tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los perjudicados. 

Hoy el Papa Francisco, toma el relevo e insiste en la misma idea.

Carta del Papa Francisco al pueblo ucraniano

En noviembre 2022, cuando se cumplían 9 meses de la invasión rusa en Ucrania, el Papa Francisco escribió una carta al pueblo ucraniano. Menciona a los niños, los jóvenes y adultos, los ancianos.

Queridos hermanos y hermanas ucranianos!

En tu tierra, desde hace nueve meses, se ha desatado la locura absurda de la guerra. 

“Lloro con ustedes por cada pequeño que, a causa de esta guerra, ha perdido la vida, como Kira en Odessa, como Lisa en Vinnytsia, y como cientos de otros niños: en cada uno de ellos la humanidad entera está derrotada.Ahora están en el regazo de Dios…” […]

“...Lloro por vosotros, los ancianos, que en vez de pasar un apacible ocaso habéis sido arrojados a la oscura noche de la guerra.

“…No hay día en que no esté cerca de ustedes y no los lleve en mi corazón y en mi oración”. “Su dolor es mi dolor”, asevera, y sostiene que “en la cruz de Jesús hoy los veo a ustedes, que sufren el terror desatado por esta agresión”…

“…Tantas imágenes sangrientas han entrado en nuestras almas, que nos hacen gritar: ¿por qué? ¿Cómo pueden los hombres tratar así a otros hombres?”.

Menciona a los voluntarios “que se gastan cada día por la gente”. También a los clérigos “que -a menudo con gran riesgo para su propia seguridad- han permanecido cerca de la gente, llevando el consuelo de Dios y la solidaridad…transformando los lugares de la comunidad y los conventos en refugios donde ofrecer hospitalidad, alivio y comida a quienes se encuentran en condiciones difíciles”.

Autor: José Manuel Coviella Corripio

¿Quiénes son los tradicionalistas hoy en la Iglesia?


Tras el Concilio Vaticano II, Pablo VI reformó la liturgia publicando un nuevo misal en 1970. Los católicos tradicionalistas son los que siguen apegados a la celebración de la misa según el misal que estaba en vigor anteriormente, conocido como rito tridentino, o misal de san Pío V –porque fue promulgado por este papa en 1570, siguiendo las indicaciones del Concilio de Trento– o de Juan XXIII, habiéndose producido la última edición de este misal en 1962.

Tras el Concilio y la reforma litúrgica que le siguió, a estos laicos apegados a la antigua forma del rito les siguieron “un cierto número de sacerdotes, y luego el arzobispo Lefebvre a finales de los años 70”, como explica el historiador Yves Chiron, autor de una obra de referencia sobre el tema (‘Histoire des traditionalistes’), en la que detalla la historia de los tradicionalistas católicos que criticaron o rechazaron el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica que le siguió.

Cinco décadas después, “los tradicionalistas siguen ahí, cada vez un poco más numerosos y con una media de edad todavía muy joven”, observaba La Nef en una encuesta publicada en el verano de 2021 (realizada justo antes de la publicación del motu proprio ‘Traditionis custodes’ que restringía el uso del misal de 1962).

Además de los fieles habituales del misal de Juan XXIII, el mundo tradicional incluye también a las familias a través de las escuelas, los movimientos scouts, los campamentos juveniles o los retiros. Las comunidades tradicionalistas incluyen sociedades de vida apostólica, pero también monasterios e institutos religiosos.

No todos siguen exclusivamente el rito tridentino, y algunos “navegan fácilmente entre las distintas sensibilidades”, señala Christophe Geffroy, director de La Nef. “Los tradicionalistas de las nuevas generaciones no se sienten concernidos por las grandes querellas litúrgicas de sus mayores, que no han vivido”, explica. “Por eso, aun siendo exigentes con la liturgia, estos jóvenes, que pueden calificarse de conservadores, van a misa tanto según el misal de Pablo VI como según el de san Pío V”.

Ecclesia Dei

Las comunidades que celebran la misa según el misal de san Pío V, en comunión con Roma, estuvieron hasta 2019 bajo la jurisdicción de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei. Esta comisión fue creada en 1988, tras el cisma provocado por el arzobispo Lefebvre al ordenar obispos en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (SSPX) sin la aprobación de Roma.

Con Ecclesia Dei, Roma pretendía supervisar a las comunidades que se negaban a seguir al arzobispo Lefebvre en su cisma y continuar el diálogo con la SSPX. En 2009, esta comisión se integró en la Congregación para la Doctrina de la Fe, aunque conservando cierta autonomía. Desde 2019, solo es una sección de dicha Congregación.

Autor: Clémence Houdaille

--

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/quienes-son-los-tradicionalistas-hoy-en-la-iglesia-clemence-houdaille/

“El Concilio Vaticano II señaló la necesidad de reflexionar sobre la naturaleza y la misión de la Iglesia”: Benedicto XVI.



El Papa emérito ha enviado una carta al presidente de la Universidad Franciscana de Steubenville, donde estos días se celebra un simposio sobre la eclesiología del pontífice

En los últimos años, no es habitual que Benedicto XVI se pronuncie. Sin embargo, este mismo mes de octubre ha enviado una carta a Dave Pivonka, presidente de la Universidad Franciscana de Steubenville (Estados Unidos) que organiza un simposio sobre la eclesiología del pontífice emérito del 20 al 21 de octubre.

Tal como recoge Famille Chretienne, la misiva del Papa emérito fue leída durante la apertura del coloquio por el padre Federico Lombardi, presidente de la Fundación Ratzinger. En ella, el Benedicto XVI hace un recorrido del último siglo de la Iglesia que culmina, de forma natural, en el Concilio Vaticano II.

El lugar de la Iglesia

Este evento, aunque generó “muchas dudas”, resultó ser “no sólo útil, sino necesario”, subraya. Asimismo, el Papa emérito señala que, al abordar de manera “radical” las nuevas cuestiones de la teología de las religiones o el vínculo entre fe y racionalidad, el Vaticano II “amenazó primero con desestabilizar y sacudir a la Iglesia más que con darle nueva claridad a su misión”.

Sin embargo, Benedicto XVI considera que ahora “está emergiendo lentamente la fuerza positiva del Concilio” con la conciencia de la “necesidad de reformular la cuestión de la naturaleza y la misión de la Iglesia”. Por ello, Benedicto XVI señala que el Vaticano II no solo cimentó el concepto entre “el realismo de la fe y de sus instituciones”, sino que convirtió “en el problema principal” la reflexión sobre qué lugar ocupa la Iglesia en el mundo actual.

"El Vaticano II trajo una nueva primavera a la Iglesia, fue un paso del Espíritu Santo por las comunidades cristianas"



Autor: Monje Benedictino Josep Miquel Bausset.

Hoy, 11 de octubre, fiesta de San Juan XXIII, conmemoramos el 60 aniversario de la inauguración del Vaticano II, que trajo una nueva primavera a la Iglesia, ya que fue un paso del Espíritu Santo por las comunidades cristianas. De hecho, el Concilio hizo posible la renovación (el aggiornamento) de la Iglesia y despertó un nuevo vigor en sacerdotes, religiosas y laicos. E incluso despertó la ilusión en las otras Iglesias cristianas y en el mundo. 

Las sesiones del Concilio, desde octubre de 1962 a diciembre de 1965, reunieron en Roma a obispos de todo el mundo (más de 2000) además de teólogos de gran prestigio (Congar, Rahner, de Lubac, Ratzinguer, Küng) en una asamblea guiada primero por el papa Roncalli y después por el papa Montini, que fue quien clausuró el Vaticano II el 8 de diciembre de 1965.

Durante el Concilio, en la diócesis de Sogorb-Castelló estaba el añorado y querido obispo Josep Pont i Gol, que fue quien aplicó los decretos y documentos del Vaticano II en esta diócesis. Para Pont i Gol, el concilio fue “una mentalidad, una línea a seguir: el Evangelio vivido con la autenticidad que nuestros tiempos reclaman”. El obispo Josep Pont, avanzándose a lo que ahora defiende el papa Francisco, decía: “La Iglesia, renovada en el Concilio, se nos presenta como Iglesia de los pobres y servidora de la paz”. Y añadía el obispo Josep Pont: “La Iglesia quiere ir desnudándose de las apariencias de poder, de la fuerza, de las riquezas, de la influencia terrena”.

Reconocimiento de las minorías

Por otra parte, el obispo Josep tuvo un papel importante, para que la Lumen gentium reconociese a las minorías nacionales el derecho a su propia lengua. Y por eso el obispo Josep fue decisivo para que el valenciano (o catalán), pudiese ser lengua litúrgica, cuando los obispos españoles (sobre todo el de València, Marcelino Olaechea y el de Oriola- Alacant, Pablo Barrachina), defendían que solo lo podía ser el castellano Desgraciadamente, después de 60 años del inicio del Vaticano II, en el País Valenciano (a excepción de la diócesis de Tortosa), aún no se ha hecho realidad la lengua vernácula en la liturgia, debido a que los obispos valencianos continúan excluyendo y de las iglesias la lengua de Sant Vicent Ferrer.

Por su fidelidad al Evangelio, el obispo Josep Pont tuvo diversos conflictos con el franquismo. Como ha recordado mossèn Miquel Barberà, un “director general de Información”, de Madrid, le dijo un día al obispo Josep: “Hay una Iglesia que nos gusta y otra que no nos gusta y usted es de la que no nos gusta”. Y es que el obispo Pont defendía la independencia de la Iglesia del Estado y el derecho de nuestra lengua en la liturgia.

Misión pastoral a una laica

Convencido de la importancia que tenía el Concilio en la vida de la Iglesia, el obispo Pont fue uno de los primeros obispos en dar una misión pastoral a una laica y a nombrar a una religiosa como delegada de los religiosos, instauró el diaconado permanente y, posteriormente, ya como arzobispo de Tarragona, revitalizó la Provincia Eclesiástica Tarraconense. 

Con espíritu sencillo y renovador, el obispo Pont i Gol escribió la Carta Pastoral “La Iglesia ante el Concilio”, que tuvo un eco internacional. En esta Pastoral, el obispo Josep exponía la “finalidad principalmente pastoral del Concilio”. Por eso Pont i Gol exhortaba a los cristianos del obispado de Sogorb-Castelló a vivir “en estado de Concilio”, para que pudiesen sentirse “colaboradores, como miembros vivientes de la Iglesia, en la tarea del Santo Concilio”. En esta Carta Pastoral, del 7 de marzo de 1962, el recordado obispo Josep quería que la diócesis de Sogorb-Castelló viviese intensamente el Concilio, que ya estaba en las puertas. Y por eso comentaba el eco que tuvo en la diócesis el anuncio del Vaticano II, debido al interés del obispo para exponer en esta Pastoral, “algunos puntos generales del Concilio”. Así, este texto quería contribuir “a poner a nuestros sacerdotes y fieles diocesanos dentro del ambiente conciliar, con la explicación de los aspectos y circunstancias que nos han parecido principales en el futuro Concilio Vaticano II”. En esta Pastoral, el obispo Josep detallaba “los temas del Concilio”, uno de los cuales, según el obispo Pont, era “el problema de la lengua”. Como decía el obispo Josep, hacia falta avanzar en la introducción de la lengua vernácula y por eso aseguraba que “es muy posible que la cuestión de la introducción de la lengua popular en la liturgia, sea uno de los temas que tocan los principios más elevados sobre la revisión litúrgica, que han de ser establecidos por los Padres en el próximo Concilio Ecuménico”.

Como dijo el mossèn valenciano Joan Llidó, fallecido el pasado 31 de julio, cada vez que el obispo Josep Pont volvía a Castelló de la Plana después de una sesión conciliar, pasaba una semana explicando los debates y las nuevas perspectivas a los sacerdotes y seminaristas de la diócesis. 

También el entonces obispo de Solsona, Vicent Enrique i Tarancon, tuvo un papel importante en el Concilio. Gracias al sobrino de Tarancon, estudié el archivo del cardenal, que se ha digitalizado en Montserrat. De este archivo querría destacar la importancia que Tarancon daba a la “colegialidad del episcopado, los seglares, el ecumenismo y la libertad religiosa”. Tarancon también destacaba la trascendencia de la reforma litúrgica, que él definía como “expresión del Misterio de Cristo y de la Iglesia”, así como la “concelebración, la comunión con el pan y el vino de la Eucaristía y la lengua vernácula  como lengua litúrgica”. Para Tarancon, era importante el papel de los seglares como Pueblo de Dios, ya que no concebía una Iglesia con cristianos de primera y de segunda. Para el que obispo de Solsona durante una buena parte del Concilio, la finalidad del Vaticano II fue “la renovación de la Iglesia”. Una Iglesia que no había de estar encerrada en un dogmatismo excluyente, sino en diálogo con el mundo. Y es que Tarancon fue un pionero del Concilio, uno de los obispos europeos que mejor asimiló sus directrices y el mejor portavoz de la renovación de la Iglesia.

También el obispo de Girona, Narcís Jubany, en los años postconciliares, tuvo una gran actividad en la renovación pastoral y litúrgica de la diócesis. En el Vaticano II, Jubany intervino diversas veces, con unas aportaciones que fueron decisivas en el grupo de padres conciliares más progresistas. Un año antes de ser nombrado obispo de Girona, Narcís Jubany, en el aula conciliar, el 15 de octubre de 1963, defendió en nombre de doce obispos españoles la colegialidad episcopal de la Iglesia. Eso causó una gran indignación en la mayor parte del episcopado español, profundamente franquista e involucionista. Años más tarde, Jubany recordaba que en salir del aula conciliar, “nuestros hermanos en el episcopado se esforzaban en saber quines eren aquellos obispos traidores”. 

También el obispo de Vic, Ramon Masnou, “una persona de fidelidades, un hombre bueno, firme, sereno”, como lo definió el amigo David Pagès (Diari de Girona, 2 de marzo de 2010), fue un obispo claramente defensor de nuestra lengua en la Iglesia, y por eso fue uno de los primeros obispos que durante el franquismo escribió las pastorales en catalán. Masnou apoyó la revista en catalán Cavall Fort, el Aplec de Matagalls y el Concurso literario de Cantonigròs. 

Cabe recordar en este 60 aniversario de la inauguración del Vaticano II, el P. Adalbert Franquesa, monje de Montserrat y experto en liturgia, que antes del Concilio ya había demostrado tener las condiciones requeridas para ser contado entre los liturgistas más preeminentes. Por eso el P. Adalbert fue convocado para formar parte del equipo internacional que trabajó en la renovación litúrgica y fue él quien, durante el Concilio, ayudó a preparar la Constitución Sacrosanctum concilium. Además, el P. Adalbert fue elegido representante del episcopado español y después del Concilio ocupó un lugar destacado en el Consilium ad Exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, formado en 1964 y presidido por el cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia.

Gratitud a los papas Juan XXIII y Pablo VI

60 años después de la inauguración del Vaticano II, hace falta recordar con gratitud a los papas Juan XXIII y Pablo VI y a los obispos Josep Pont i Gol, Ramon Masnou, Narcís Jubany y Vicent Enrique i Tarancon, que con audacia y valentía, hicieron del Concilio un acontecimiento fundamental para la renovación de la Iglesia. 

Desgraciadamente, 60 años después del inicio del Vaticano II, también hace falta que recordemos que la Iglesia del País Valenciano, o mejor dicho, sus obispos (a excepción del de Tortosa, el nuevo arzobispo de València), continúan despreciando y excluyendo el valenciano de la liturgia y de los seminarios, con el Misal Romano, traducido desde hace años por la Acadèmia Valenciana de la Llengua, y que continúa “secuestrado” en el palacio episcopal de València, sin que pueda ser aprobado por la CEE. Es una vergüenza que en 2022 los cristianos valencianos tengamos la lengua propia del País Valenciano prohibida en los templos valencianos. Esperemos que el nuevo arzobispo de València acabe con esta absurdidad de no poder vivir nuestra fe en valenciano.

El Concilio fue el inicio de un camino de esperanza y de comunión y un impulso y un fermento en la vida eclesial. El Vaticano II fue también un camino que abrió la Iglesia al pluralismo y al diálogo con el mundo. No un camino de un uniformismo estéril, ni de posturas de confrontación, de nostalgias y de miedos.

Me gustaría que en el 60 aniversario del Vaticano II, la Iglesia continuara renovándose a la luz del Evangelio, ahora con el papa Francisco, para ser fiel al Señor Resucitado, y de esta manera anunciar el Reino a las nuevas generaciones. Y como hace 60 años, me gustaría que también hoy, la Iglesia hiciese suyos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”, como comenzaba la Constitución Pastoral Gaudium et spes.

"Ni progresismo, ni tradicionalismo", afirma el papa en la conmemoración de los 60 años del Concilio Vaticano II



“Ni el progresismo que se adapta al mundo, ni el tradicionalismo que añora un mundo pasado son pruebas de amor, sino de infidelidad”, ha dicho Francisco.

“Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas”. Sobre estas palabras de Jesús, recogidas en el evangelio de Juan (21,15), el papa Francisco ha construido su homilía durante la celebración por el 60 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.

Una pregunta, “¿Me amas?”, que, tal como ha señalado el Papa, Cristo sigue haciendo a día de hoy a su Iglesia. “El estilo de Jesús no es tanto el de dar respuestas, como el de hacer preguntas, preguntas que interpelan la vida”. Y el Señor, que “habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos”, sigue repitiendo –"y seguirá siempre"– esta pregunta a su Iglesia.

“El Concilio Vaticano II fue una gran respuesta a esa pregunta”, ha señalado Francisco. De hecho, únicamente para “reavivar su amor”, la Iglesia, por primera vez en la historia, “dedicó un Concilio a interrogarse sobre sí misma, a reflexionar sobre su propia naturaleza y su propia misión”. “Y se redescubrió como misterio de gracia generado por el amor, se redescubrió como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo vivo del Espíritu Santo”, ha aseverado el Papa.

Volver a lo esencial

De hecho, la “primera mirada” que, según el Papa, “hay que tener sobre la Iglesia”, es “la mirada de lo alto”, la mirada “con los ojos enamorados de Dios”. Sin embargo, “siempre existe la tentación de partir más bien del yo que de Dios, de anteponer nuestras agendas al Evangelio, de dejarnos transportar por el viento de la mundanidad para seguir las modas del tiempo o de rechazar el tiempo que nos da la Providencia de volver atrás”.

En esta línea, Francisco ha hecho una llamada de atención, ya que “ni el progresismo que se adapta al mundo, ni el tradicionalismo que añora un mundo pasado son pruebas de amor, sino de infidelidad”. Son, tal como ha definido el Pontífice, “egoísmos pelagianos, que anteponen los propios gustos y los propios planes al amor que agrada a Dios, ese amor sencillo, humilde y fiel que Jesús pidió a Pedro”.

Asimismo, el Papa ha animado a redescubrir el Concilio Vaticano II como la oportunidad de “dar la primacía a Dios, a lo esencial, a una Iglesia que esté loca de amor por su Señor y por todos los hombres que Él ama, a una Iglesia que sea rica de Jesús y pobre de medios, a una Iglesia que sea libre y liberadora”. Y es que el Concilio marca una nueva hoja de ruta a la Iglesia: “la hace volver, como Pedro en el Evangelio, a Galilea, a las fuentes del primer amor, para redescubrir en sus pobrezas la santidad de Dios, para volver a encontrar en la mirada del Señor crucificado y resucitado la alegría perdida, para concentrarse en Jesús”.

“Hermanos, hermanas, volvamos a las límpidas fuentes de amor del Concilio”, ha animado Francisco, subrayando, además, la importancia de la alegría en la Iglesia. “Si no se alegra se contradice a sí misma, porque olvida el amor que la ha creado”. “Y, sin embargo, ¿cuántos entre nosotros no logran vivir la fe con alegría, sin murmurar y sin criticar?”, se ha preguntado el Papa. “Una Iglesia enamorada de Jesús no tiene tiempo para conflictos, venenos y polémicas”, ha advertido. “Que Dios nos libre de ser críticos e impacientes, amargados e iracundos. No es sólo cuestión de estilo, sino de amor, porque el que ama, como enseña el apóstol Pablo, hace todo sin murmuraciones”.

Iglesia de la alegría

Pero, además de preguntarle a Pedro si le ama, Jesús le ordena: “Apacienta mis ovejas”, y “expresa con este verbo el amor que desea de Pedro”, el cual pasa de pescador de peces a “pescador de hombres”. “Ahora le asigna un nuevo oficio, el de pastor, que nunca había ejercido. Y es un cambio, porque mientras el pescador toma para sí, atrae hacia sí, el pastor se ocupa de los otros, apacienta a los otros”, ha explicado Francisco. “Es más, el pastor vive con su rebaño, alimenta a las ovejas, se encariña con ellas. No está arriba, como el pescador, sino en medio”.


De esta manera, el Concilio pone “la mirada en el medio, estar en el mundo con los demás y sin sentirnos jamás por encima de los demás, como servidores del Reino de Dios; llevar la buena noticia del Evangelio a la vida y en las lenguas de los hombres, compartiendo sus alegrías y sus esperanzas”. Así, el Concilio se muestra “actual”, porque “nos ayuda a rechazar la tentación de encerrarnos en los recintos de nuestras comodidades y convicciones”.

“La Iglesia no celebró el Concilio para contemplarse, sino para darse”, ha continuado el Papa. “En efecto, nuestra santa Madre jerárquica, que surgió del corazón de la Trinidad, existe para amar”, por lo que, al ser “un pueblo sacerdotal”, no debe “sobresalir ante los ojos del mundo, sino servir al mundo”. “No lo olvidemos”, ha señalado el Papa, “el Pueblo de Dios nace extrovertido y rejuvenece desgastándose, porque es sacramento de amor”.

“El Concilio ha redescubierto el río vivo de la Tradición sin estancarse en las tradiciones”, ha aseverado Francisco, y ha animado a volver a él para “salir de nosotros mismos y superar la tentación de la autorreferencialidad”. “Apacienta, repite el Señor a su Iglesia; y apacentando, supera las nostalgias del pasado, la añoranza de la relevancia, el apego al poder, porque tú, Pueblo santo de Dios, eres un pueblo pastoral, no existes para apacentarte a ti mismo, sino a los demás, a todos los demás, con amor”, ha explicado. “Y, si es justo tener una atención particular, que sea para los predilectos de Dios, para los pobres y los descartados; para ser, como dijo el Papa Juan, ‘la Iglesia de todos, en particular la Iglesia de los pobres»’.

Cuidado con la polarización

Por último, Francisco ha señalado que cuando Jesús dice “apacienta mis ovejas” no se refiere “solo a algunas, sino a todas, porque las ama a todas, las llama a todas afectuosamente ‘mías’”. De esta manera, el “buen pastor” quiere a su rebaño “unido”, porque “la Iglesia, a imagen de la Trinidad, es comunión”. “No cedamos a sus lisonjas, no cedamos a la tentación de la polarización”, ha pedido el Papa. “Cuántas veces, después del Concilio, los cristianos se empeñaron por elegir una parte en la Iglesia, sin darse cuenta que estaban desgarrando el corazón de su Madre”, ha lamentado.

“Cuántas veces se prefirió ser ‘hinchas del propio grupo’ más que servidores de todos, progresistas y conservadores antes que hermanos y hermanas, ‘de derecha’ o ‘de izquierda’ más que de Jesús; erigirse como ‘custodios de la verdad’ o ‘solistas de la novedad’, en vez de reconocerse hijos humildes y agradecidos de la santa Madre Iglesia”, ha aseverado. “El Señor no nos quiere así, nosotros somos sus ovejas, su rebaño, y sólo lo somos juntos, unidos”, ha recordado. “Superemos las polarizaciones y defendamos la comunión, convirtámonos cada vez más en una sola cosa, como Jesús suplicó antes de dar la vida por nosotros”.

Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK