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Profanan Sagrario: Robaron copones y tiraron hostias consagradas a la calle



El Santuario Parroquia Nuestra Señora de Lourdes que este martes sufrieron la profanación de la Gruta de Lourdes, ubicada en Quinta Normal. A través de un comunicado, informaron que robaron dos copones desde el sagrario y las hostias que estaban en ellos.

“Les comparto la triste y dolorosa noticia que hemos vivido hoy en la Gruta de Lourdes. Han profanado el sagrario, robando dos copones, uno grande plateado y uno mediano dorado, con la comunión consagrada”, confirmó en un comunicado el rector del santuario y párroco, Pedro Pedraza.

“Las Hijas de Santa Ana, nuestras vecinas, son alertadas por una llamada de los padres de familia del Colegio Santa Ana que hay hostias tiradas en la calle. Alrededor de las 16:30 horas, la superiora de Casa de Oración recoge algunas hostias y luego se encuentran otras más, por la misma calle”, contó.

“Lamentamos este hecho y clamamos misericordia y que, por favor, nos acompañen en oración de reparación”, cerró.

Los hechos denunciados se dan en medio de distintas manifestaciones y disturbios por el Día del Joven Combatiente, en el que se conmemora el crimen de los hermanos Vergara Toledo, en 1985, por parte de Carabineros.

Durante este martes se han registrado quemas de buses y disturbios en distintos sectores de la región Metropolitana.

La comunión en la boca y el satanismo ¿Qué tienen que ver?


LA COMUNIÓN EN LA BOCA Y EL SATANISMO ¿QUÉ TIENEN QUE VER?
Por P. Luis Santamaría | Fuente: R.I.E.S. (Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas) / Aleteia

La comunión en la mano es posible países cuyas Conferencias Episcopales la han aprobado. Sin embargo, el fenómeno del satanismo, con su consiguiente peligro de sacrilegios realizados con las Hostias consagradas, ha dado lugar a una praxis de precaución.

Aunque en muchos países la Iglesia permite a los fieles comulgar recibiendo el Cuerpo de Cristo en las manos, hay algunos momentos –como las Misas presididas por el Papa u otras celebraciones multitudinarias– en los que sólo se da en la boca, por temor a que las Hostias sean sustraídas de forma sacrílega para usarse en ceremonias satánicas.

1. Comulgar… ¿en la boca o en la mano?

A veces tienen lugar discusiones infructuosas sobre la mejor forma de que los fieles católicos reciban la Comunión: de pie o de rodillas, en la boca o en las manos. Discusiones que a veces buscan una mejor práctica sacramental, pero que en otras muchas ocasiones muestran una peligrosa instrumentalización de algo tan sagrado al servicio de posiciones ideológicas propias (además de utilizar la Comunión para dividir, algo totalmente fuera de lugar). Las normas de la Iglesia dejan bien claro que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (CIC 843 § 1). Esto se aplica concretamente a la Eucaristía cuando se dice, por ejemplo, que “no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie” (Redemptionis sacramentum 91).

En cuanto a la forma de recibirla de manos del ministro, el “manual de instrucciones” del Misal Romano –aquí estamos hablando siempre del rito romano– indica que, después de contestar “amén”, el fiel ha de comulgar “en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente” (Instrucción general del Misal Romano, 161). Es decir, que hay países donde la Conferencia Episcopal ha permitido, con la aprobación de la Santa Sede, recibir el Cuerpo de Cristo en las manos, como sucede en España o Italia.

2. Cuando se comulga en la mano…

La regulación eclesial deja claro que lo importante es comulgar de forma reverente, conscientes de que no se está comiendo un trozo de pan común, sino la materia que ha sido transformada sacramentalmente en el Cuerpo de Jesús. En la historia de la Iglesia encontramos testimonios a favor tanto de una práctica como de la otra. Así, frente a los que se oponen duramente a la Comunión en las manos y afirman que es una práctica irreverente impuesta por el modernismo, podemos leer que San Cirilo de Jerusalén instruía a los ya iniciados en la fe, en torno al año 350, llamándolos a comulgar de la siguiente manera: “poniendo la mano izquierda bajo la derecha a modo de trono que ha de recibir al Rey, recibe en la concavidad de la mano el Cuerpo de Cristo” (Catequesis mistagógica V, 21).

Como se trata de algo sumamente importante, y para evitar una mala praxis, el organismo de la Santa Sede que vela por la liturgia y todo lo celebrativo ayudando al Papa en su misión –la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos– publicó en 1985 una breve Instrucción sobre este tema. Las condiciones que pone para recibir la Comunión en la mano son de sentido común: que se manifieste respeto a la presencia real de Cristo, que el gesto se haga con “nobleza”, que se diga claramente “amén”, que se comulgue inmediatamente y delante del ministro, que sea éste el que ponga la Hostia en la mano del comulgante, que las manos estén limpias, etc.

Entonces, ¿a qué podemos considerar mala praxis? Además de cualquier situación que contravenga lo que dice esa Instrucción, hay casos claros en los que no debería darse la Comunión en la mano. Podemos pensar en casos concretos y reales como los de niños que jueguen con el Cuerpo de Cristo, personas que se dediquen a contemplar la Hostia porque les transmite “energías”, otros que se la lleven “de recuerdo” a casa –ya sea por razones de devoción, ya sea por superstición, como si se tratara de un amuleto– o incluso que la guarden para dársela al ganado. Todos estos casos han sucedido. Pensemos entonces cuánto más puede suceder esto en Misas masivas, sobre todo cuando las ha presidido el Papa y el Santísimo Sacramento corre el riesgo de ser tenido como “souvenir”.

3. El satanismo entra en juego

Y es aquí donde hay que tener en cuenta la presencia y actuación de las sectas satánicas. No se trata de leyendas urbanas ni de teorías conspiranoicas a las que se aferran los tradicionalistas para exigir la Comunión en la boca. Es una realidad. Porque hay ritos satánicos en los que se profana la Eucaristía. Para obtener Hostias consagradas con este fin, las vías principales son tres: que un sacerdote celebre la Misa con esa intención sacrílega, la profanación de un sagrario, o la obtención ilícita mediante una falsa Comunión, que es el tema que nos ocupa. De hecho, como las dos primeras formas son más problemáticas, el tercer camino es el que puede ser más empleado por los adeptos de estas sectas para la realización de sus ritos.

¿De qué ritos se trata? En primer lugar, la llamada comúnmente “misa negra”, una simulación sacrílega de la celebración eucarística de los católicos, en la que se toman muchos elementos de la Misa y se realizan al revés, con un fin que no tiene nada que ver con la religión (puede buscar el sometimiento sexual de una persona, o hacerle un bien, o hacerle un mal, siempre invocando al Diablo). Dejando fuera la complicada discusión sobre si hay sacrificios humanos o no, en estos ritos se puede profanar el Cuerpo de Cristo de diversas maneras (pisoteándolo, pasándolo por el cuerpo desnudo de la mujer que sirve de altar, etc.).

No se trata simplemente de rumores ni de declaraciones exageradas de ex-adeptos poco fiables. Lo podemos leer en sus libros. Por ejemplo, en The Satanic Rituals, Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, escribe: “quizás la frase más potente de toda la misa es la que sigue a la profanación de la Hostia: ‘desaparece en el vacío de tu cielo vacío, porque nunca has existido, ni existirás nunca’”. Usa expresamente la palabra “profanación” (desecration), porque aunque rechaza la existencia de Cristo, conoce bien el valor que los católicos damos a la Eucaristía y por eso se actúa de esa forma. También explica LaVey que, frente al uso que algunos han hecho de ornamentos católicos en las misas negras, “la autenticidad de una Hostia consagrada parece haber sido mucho más importante”.

4. Y ante esto, ¿qué hace la Iglesia?

Ante todo, la Iglesia cuida como lo más importante que tiene entre manos el Cuerpo sacramental del Señor Jesús, velando con su enseñanza, con su práctica y con sus normas para que la Eucaristía sea respetada como lo que es: presencia real de Cristo, comulgado por los fieles y custodiado en los sagrarios para la adoración y la Comunión de los enfermos. Además, la Iglesia es clara a la hora de considerar penalmente la profanación de la Eucaristía, algo que considera un “delito contra la religión y contra la unidad de la Iglesia”, y afirma sin rodeos: “quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica” (CIC 1367).

Por eso, hay que entender que en algunas ocasiones, como en las Misas multitudinarias –en las que a veces no hay una fila normal de comulgantes–, cuando no se puede asegurar que el Cuerpo de Cristo sea comulgado con normalidad, de forma excepcional se toman las mayores precauciones posibles. Es verdad –dirán algunos– que pueda darse el caso de personas que comulgan en la boca aparentemente, porque luego no tragan la Hostia, y la guardan con un fin sacrílego. A pesar de esto, los ministros de la Comunión deben poner todos los medios posibles para evitarlo, y uno de ellos es depositarla directamente en la boca del fiel. En las Misas presididas en Roma por el Papa convergen dos razones fundamentales: quién es el ministro que ha consagrado el pan ofrecido en el altar (porque de hecho se han llegado a subastar a través de Internet Hostias consagradas por él), y la notable difusión del satanismo en Italia, que legitima un miedo mayor que el que pueda haber en otros lugares.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:




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San Tarcisio, el niño que dio su vida por defender la Santa Eucaristía


SAN TARCISIO, EL NIÑO QUE DIO SU VIDA POR DEFENDER LA SANTA EUCARISTÍA

La emocionante historia del niño que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía

Es bien sabido que los primeros cristianos daban su vida por negarse a renegar de su fe. ¡Y esa valiente convicción también la tenían los niños! En efecto, hubieron niños que también fueron martirizados a causa de su fe. Este es el caso del pequeño San Tarcisio, un niño de 11 años que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía.

San Tarcisio fue un niño cristiano que vivió en Roma a finales del siglo III en un contexto muy complicado para los creyentes. En aquel entonces el emperador Valeriano se convenció de que los cristianos eran enemigos del imperio e impuso leyes para hacerles la vida imposible.

“Los obispos, presbíteros y diáconos deben ser inmediatamente ejecutados; los senadores, nobles y caballeros, perdida su dignidad, deben ser privados de sus bienes, y si aun así continúan siendo cristianos, sufran la pena capital. Las matronas, despojadas de sus bienes, sean desterradas. Los libertos del césar que antes o ahora hayan profesado la fe, confiscados sus bienes, y con el registro [marca de metal] al cuello, sean enviados a servir a los dominios estatales.”
Caesar Publius Licinius Valerianus Augustus

Esta ley provocó que el propio Papa Esteban I fuera capturado y martirizado delante de muchos testigos. El pequeño Tarcisio estuvo presente aquel trágico día y la imagen quedó fuertemente guardada en su alma. Desde entonces anheló algún día dar su vida por su fe al punto de decir “ojalá fuera hoy mismo”.

Algún tiempo después San Sixto II, sucesor de Esteban I, se encontraba celebrando la Santa Misa en las Catacumbas y vino a su corazón un profundo amor por los cristianos encarcelados quienes no podían ser fortalecidos espiritualmente por encontrarse privados de la Santa Eucaristía. Por eso preguntó si entre los asistentes se encontraba algún valiente que se atreviera a llevarles el Cuerpo de Cristo. Muchas manos se levantaron, la de los ancianos, algunos jóvenes fornidos ¡y hasta los niños! Todos estaban dispuestos a morir llevando la Eucaristía a sus hermanos.

Entre la multitud también se levantó la mano del pequeño Tarcisio. Esto conmovió al Papa San Sixto II.

– ¿Tú también, hijo mío?, preguntó el papa.
– ¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años.

Ante tanta convicción, el papa guardó las Sagradas formas en un relicario y se las entregó a Tarsicio y este salió rápidamente a cumplir su misión sabiendo que estaba arriesgando su vida.

En el camino es interceptado por otros niños que no creían en Jesús.

– Hola, Tarcisio, juega con nosotros. Necesitamos un compañero.
– No, no puedo. Otra vez será, dijo mientras apretaba sus manos con fervor sobre su pecho.
– A ver, a ver. ¿Qué llevas ahí escondido? Debe ser eso que los cristianos llaman “Los Misterios”.

Es entonces que se produjo un forcejeo. Derribaron al pequeño Tarcisio y ponían sus piernas sobre su pecho para hacer palanca e intentar quitarle lo que llevaba. Otros niños le tiraban pedradas, pero Dios obró un milagro para que sus brazos quedaran herméticamente cerrados y jamás pudieran abrirse.

Después de algunos momentos, pasó por allí un soldado converso al cristianismo llamado Cuadrado, el cual conocía a Tarcisio. Al ver la escena corrió en su ayuda y los demás niños huyeron. El soldado tomó al niño y lo llevó en sus hombros hasta la Catacumbas de San Calixto en la Vía Appia, pero al llegar el pequeño ya había muerto.

Al respecto, años más tarde el Papa San Dámaso escribió “queriendo a San Tarcisio almas brutales de Cristo el sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los Misterios celestiales”.

Actualmente se celebra la fiesta de San Tarcisio el 13 de agosto y es el Patrón de los Monaguillos y de los Niños de Adoración Nocturna.

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Satánicos irrumpen en templos de la Iglesia Católica para robar la Eucaristía


SATÁNICOS IRRUMPEN EN TEMPLOS DE LA IGLESIA CATÓLICA PARA ROBAR LA EUCARISTÍA 

Desgraciadamente cada vez son más abundantes los robos en las Iglesias, pero no tanto objetos de valor material, sino sobre todo formas consagradas para emplearlas en rituales satánicos. Mientras muchos católicos están tibios con relación a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, las personas consagradas al mal creen firmemente en la presencia real de Cristo y buscan formas consagradas para profanarlas. 

Debemos impedir por todos los medios que esto suceda. Uno de los robos más sonados fue el que se produjo no hace mucho en la arquidiócesis de León. Robaron la Santísima Eucaristía del Templo del Señor del Buen Viaje perteneciente a la parroquia de la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato. Se cree que el latrocinio de la Eucaristía fue para emplearlo en cultos a Satanás. 

Hubo gran indignación entre los feligreses que realizaron actos de desagravio. 

Para que no se repitan nunca más casos como estos, es cada vez más importantes que nuestros templos estén vigilados de manera permanente, especialmente la zona del Sagrario, que debe estar bajo llave y en algunas parroquias está detrás de un cristal blindado para mayor seguridad. Toda precaución es poca para proteger el cuerpo de Nuestro Señor. 

La Iglesia nos recuerda que el primer mandamiento de Dios reprueba los principales pecados de irreligión: la acción de tentar a Dios con palabras o con obras, el sacrilegio y la simonía. 

El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente (cf CIC can. 1367 - 1376). 

Fuente, Hispanidad Católica 

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