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Hechos 11, 26: La biblia es la clave para entender que los primeros cristianos pertenecían a la Iglesia católica.


La biblia dice que a los discípulos del Señor se les comenzó a llamar 'Cristianos' en Antioquía: «Y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos".» Hechos 11, 26

Ahora bien, en el año 107, precisamente EL OBISPO DE LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA (San Ignacio) le llama 'Católica' a la Iglesia en su carta a los cristianos de Esmirna:

«Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la Iglesia católica.»

¿Entonces a qué Iglesia pertenecían aquellos discípulos que recibieron por primera vez el nombre de "cristianos" en Antioquía como dice Hechos 11, 26? ¡A LA IGLESIA CATÓLICA!

Autor: Alfredo Rodríguez.

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San Tarcisio, el niño que dio su vida por defender la Santa Eucaristía


SAN TARCISIO, EL NIÑO QUE DIO SU VIDA POR DEFENDER LA SANTA EUCARISTÍA

La emocionante historia del niño que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía

Es bien sabido que los primeros cristianos daban su vida por negarse a renegar de su fe. ¡Y esa valiente convicción también la tenían los niños! En efecto, hubieron niños que también fueron martirizados a causa de su fe. Este es el caso del pequeño San Tarcisio, un niño de 11 años que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía.

San Tarcisio fue un niño cristiano que vivió en Roma a finales del siglo III en un contexto muy complicado para los creyentes. En aquel entonces el emperador Valeriano se convenció de que los cristianos eran enemigos del imperio e impuso leyes para hacerles la vida imposible.

“Los obispos, presbíteros y diáconos deben ser inmediatamente ejecutados; los senadores, nobles y caballeros, perdida su dignidad, deben ser privados de sus bienes, y si aun así continúan siendo cristianos, sufran la pena capital. Las matronas, despojadas de sus bienes, sean desterradas. Los libertos del césar que antes o ahora hayan profesado la fe, confiscados sus bienes, y con el registro [marca de metal] al cuello, sean enviados a servir a los dominios estatales.”
Caesar Publius Licinius Valerianus Augustus

Esta ley provocó que el propio Papa Esteban I fuera capturado y martirizado delante de muchos testigos. El pequeño Tarcisio estuvo presente aquel trágico día y la imagen quedó fuertemente guardada en su alma. Desde entonces anheló algún día dar su vida por su fe al punto de decir “ojalá fuera hoy mismo”.

Algún tiempo después San Sixto II, sucesor de Esteban I, se encontraba celebrando la Santa Misa en las Catacumbas y vino a su corazón un profundo amor por los cristianos encarcelados quienes no podían ser fortalecidos espiritualmente por encontrarse privados de la Santa Eucaristía. Por eso preguntó si entre los asistentes se encontraba algún valiente que se atreviera a llevarles el Cuerpo de Cristo. Muchas manos se levantaron, la de los ancianos, algunos jóvenes fornidos ¡y hasta los niños! Todos estaban dispuestos a morir llevando la Eucaristía a sus hermanos.

Entre la multitud también se levantó la mano del pequeño Tarcisio. Esto conmovió al Papa San Sixto II.

– ¿Tú también, hijo mío?, preguntó el papa.
– ¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años.

Ante tanta convicción, el papa guardó las Sagradas formas en un relicario y se las entregó a Tarsicio y este salió rápidamente a cumplir su misión sabiendo que estaba arriesgando su vida.

En el camino es interceptado por otros niños que no creían en Jesús.

– Hola, Tarcisio, juega con nosotros. Necesitamos un compañero.
– No, no puedo. Otra vez será, dijo mientras apretaba sus manos con fervor sobre su pecho.
– A ver, a ver. ¿Qué llevas ahí escondido? Debe ser eso que los cristianos llaman “Los Misterios”.

Es entonces que se produjo un forcejeo. Derribaron al pequeño Tarcisio y ponían sus piernas sobre su pecho para hacer palanca e intentar quitarle lo que llevaba. Otros niños le tiraban pedradas, pero Dios obró un milagro para que sus brazos quedaran herméticamente cerrados y jamás pudieran abrirse.

Después de algunos momentos, pasó por allí un soldado converso al cristianismo llamado Cuadrado, el cual conocía a Tarcisio. Al ver la escena corrió en su ayuda y los demás niños huyeron. El soldado tomó al niño y lo llevó en sus hombros hasta la Catacumbas de San Calixto en la Vía Appia, pero al llegar el pequeño ya había muerto.

Al respecto, años más tarde el Papa San Dámaso escribió “queriendo a San Tarcisio almas brutales de Cristo el sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los Misterios celestiales”.

Actualmente se celebra la fiesta de San Tarcisio el 13 de agosto y es el Patrón de los Monaguillos y de los Niños de Adoración Nocturna.

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¿Qué hacían los primeros Cristianos?


¿QUÉ HACÍAN LOS PRIMEROS CRISTIANOS?

5 cosas que quizás no sabías y que eran fundamentales para los primeros cristianos
Por: Kenneth Pierce

Existe un juego que quizás practicaste de niño y que consiste en pasar un mensaje de uno a otro, y sorprenderse porque al final el mensaje ha cambiado notablemente. Algunos lo conocen como el «teléfono roto». Recuerdo cómo se iban construyendo historias, recortando y añadiendo partes, hasta producir al final un relato completamente distinto, para risa de todos.

La Iglesia tiene dos mil años de existencia y más de uno puede pensar que en su larga historia ha sucedido lo mismo que en ese juego: el mensaje de Jesús, transmitido a través de los siglos, se ha ido deformando con el pasar del tiempo. Dios, en su infinita sabiduría, ya lo había previsto. Para que esto no sucediese nos dejó la Iglesia que, auxiliada por el Espíritu Santo, ha conservado la Buena Nueva traída por Cristo.

Aun contando con la acción del Espíritu Santo, es provechoso darnos una vuelta por los inicios de la historia de la Iglesia y ver cómo vivían su fe los primeros cristianos, cómo acogieron de primera mano ese mensaje anunciado por el Hijo de Dios y que luego transmitieron. San Lucas nos lo cuenta en los Hechos de los Apóstoles. Existe en ese libro, un pequeño versículo que nos puede iluminar mucho hoy: Los primeros discípulos «se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» (Hech 2,42).

1. Los primeros cristianos se formaban en su fe
Escuchaban la enseñanza de los apóstoles y se preocupaban por aprender acerca de la fe. ¡Cuántos católicos en nuestro tiempo conocen muy poco o nada acerca de su fe! De hecho, la gran mayoría de críticas que los mismos católicos hacemos provienen en buena medida de la ignorancia acerca de lo que creemos y por qué lo creemos. No se puede amar lo que no se conoce, y por eso es tan importante formarnos en la fe, como lo hacían los primeros discípulos.

2. Participar de una comunidad

Dios pensó al hombre para vivir en comunión y en amistad con Él y con los demás seres humanos. Para los primeros discípulos la experiencia de comunión y amistad era fundamental. De hecho en muchos momentos Lucas nos resalta la unidad de mente y corazón que vivían los primeros discípulos (Hech 1,14; 2,1). La experiencia de fraternidad, de unidad en la diversidad como obra del Espíritu, fue uno de los mayores testimonios que daban a las personas de su tiempo. Además: comunidades siempre abiertas, nunca formando grupitos de privilegiados o exclusivos. ¡Todo lo contrario!

3. Recibir a Cristo en la Eucaristía

Cristo había instituido la Eucaristía, y les había pedido a los apóstoles repetirla en memoria suya. Así lo entendieron los apóstoles y la «fracción del pan» fue para ellos signo fundamental de la presencia de Jesús entre ellos. Pretender seguir a Cristo y olvidar la Eucaristía es dejar de lado un pedido clarísimo que Jesús hizo a sus primeros apóstoles y que la Iglesia primitiva conservó y cuidó con todo el corazón.

4. Rezar juntos

No solo rezar por los demás, sino también junto a nuestros amigos en la fe. Obvio Jesús enseñó que la oración era un diálogo personal con el Padre, pero al mismo tiempo enseñó a sus discípulos a rezar juntos el «Padre nuestro». Los primeros discípulos entendieron la importancia de rezar juntos, como Iglesia, expresión de la comunión profunda en el Espíritu que debemos tener todos los bautizados. Ir a Misa, por ejemplo, no es solo ir a rezar solito, sino participar de una asamblea que en comunión da gloria al Padre. En el Cielo no estaremos solos, sino en comunión. ¿Por qué no experimentarlo desde ya?

5. Vivir con alegría y sencillez de corazón

Al final de este pasaje Lucas nos cuenta que los primeros discípulos, con su testimonio de alegría y sencillez, gozaban de la simpatía de todo el pueblo. «Por lo demás — nos cuenta —, el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando» (Hech 2,47). A veces nos podemos esforzar demasiado en planificar, pensar, ordenar estrategias apostólicas, pensando que todo depende de qué tan bien hagamos las cosas. ¡Qué fácil es caer en la tentación de pensar que podemos controlar todo, incluso los frutos del apostolado!

Vivir con alegría y sencillez de corazón, testimoniando así nuestra fe en Jesús, es muchas veces el mejor apostolado. Es la mejor manera de dejar a Dios actuar a través nuestro para tocar el corazón de quienes lo buscan. ¿Contagias a los demás de la felicidad que Cristo pone en tu corazón?

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:


http://es.catholic.net/op/articulos/71705/que-hacian-los-primeros-cristianos.html


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