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Jóvenes profanan lo sagrado, los sorprenden teniendo sexo en el Confesionario de una Iglesia.

 


Los jóvenes estaban dentro del confesionario y quedaron grabados en un video. El hombre fue capturado por irrespeto a la autoridad

Una pareja de jóvenes quedó grabada en video, al parecer, teniendo relaciones sexuales dentro de un confesionario de la iglesia Nuestra Señora del Rosario en el municipio de Villamaría (Caldas). En el clip se ve a una mujer que se acerca junto con otra persona a la zona, abre la puerta y le pide a la pareja que salgan porque van a cerrar y que respeten el lugar.

Más adelante se ve que dos policías arrestan al joven pero este se resiste, mientras que la mujer trata de impedir el procedimiento en medio del llanto. Finalmente el hombre es sacado del lugar a la fuerza. El Tiempo conoció que la Secretaría de Gobierno de Villamaría informó que sí les impusieron comparendo pero por irrespeto a la autoridad ya que no se interpuso ninguna otra denuncia ya que el testigo, un empleado de la iglesia, no quiso interponer ninguna acción judicial.

Por otro lado, en Manizales, capital del departamento, una joven mujer de 19 años y madre de un menor de 2 años, fue accedida por un hombre delante de su hijo, en medio de un parque, en inmediaciones del sector conocido como La Playita del barrio Aranjuez, ubicado en el perímetro urbano de la ciudad.

De acuerdo con la Policía, la víctima caminaba por una zona boscosa en compañía de su pequeño cuando fue alcanzada por el agresor, quien no dudó en ultrajarla. “Allí fue interceptada por un hombre que cubría su rostro con pasamontañas y que utilizó un arma cortopunzante para intimidarla. En un hecho repudiable, la mujer fue víctima de un caso de agresión sexual”, manifestó la fuerza pública manizaleña.

Una vez el sujeto cometió el delito, huyó, mientras que la madre fue dirigida a un centro hospitalario y posteriormente, al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, donde se le revisó y, según informaron los médicos, presentaba varias contusiones y lesiones alrededor de su cuerpo.

El sujeto ya fue denunciado penalmente por la víctima, mientras que la Policía condenó estos aberrantes hechos de violencia hacia la mujer. Así lo hizo saber el comandante de la Policía de Manizales, coronel Raúl Vera.

“Rechazamos vehementemente este hecho y desplegamos ya todas nuestras capacidades de investigación criminal para identificar, ubicar y capturar al responsable de este hecho”, aseveró el alto oficial.

¿Por qué el sexo dentro del Matrimonio es el mejor? Esta es la razón




POR PBRO. EDUARDO HAYEN CUARÓN

Un artículo de la revista Psychology Today de Michael Castleman, llamado “Satisfacción sexual: el matrimonio ¿la ayuda o la perjudica?” cita varias investigaciones de diversas universidades norteamericanas que concluyen, a través de diversos estudios, que en promedio, las parejas casadas tienen una vida sexual más satisfactoria que las personas solteras o las que viven en unión libre.

Estos estudios de las Universidades de Arizona, Nueva York, Western Ontario y Chicago, afirman que los casados se sienten más felices y satisfechos sexualmente.

La cara falsa de la moneda

La cultura popular en los medios de comunicación raramente muestra a los matrimonios que son religiosos practicantes llevando una vida sexual satisfactoria.

En cambio, enseñan que las personas solteras y que son rebeldes hacia la religión llevan una vida sexual activa y satisfactoria, y que el buen sexo estaría en la soltería porque es el estado donde están las emociones, las aventuras y las pasiones.

El cine y la televisión suelen transmitir la idea de que la soltería es excitante mientras que el matrimonio y la religión son opresivas.

La cara verdadera de la moneda

Norteamérica es la tierra de las estadísticas. Sus investigaciones son siempre reveladoras.

La revista “Psychology of religion and Spirituality” publicó estudios sobre sexualidad en Estados Unidos: ¿quiénes tienen sexo? ¿Con qué frecuencia? ¿Quiénes tienen una vida sexual más satisfactoria?

Todas las investigaciones en este rubro llegan a la misma conclusión: las personas con más felicidad sexual son las parejas casadas; y no sólo eso, sino que los matrimonios que llevan una vida de práctica religiosa comprometida son los más satisfechos sexualmente.

A los participantes de dicho estudio se les pidió que calificaran cuánto pensaban que Dios estaba en el centro de su matrimonio. También se les preguntó con qué frecuencia asistían a los servicios de adoración religiosa con su cónyuge y con qué frecuencia participaban en actividades religiosas en el hogar como pareja.

Finalmente, preguntó a las parejas qué tan satisfechas estaban con el aspecto sexual de su matrimonio. ¿El resultado? fue sorprendente: sentir que Dios era parte de su vida matrimonial se asociaba positivamente con la satisfacción sexual.

Estos estudios nos indican que no es que las personas religiosas conozcan mejores “técnicas” sexuales que los solteros, sino que viven su sexualidad en un contexto muy diverso al de la soltería.

El sexo tiene un significado intrínseco que es: “hasta que la muerte nos separe“, y esta entrega recíproca los casados la viven en la vida ordinaria y en aquellos momentos en que la expresan en la intimidad. Esto les da la certeza de que la relación es sincera y recíproca.

Los cónyuges que practican la fe tienden más a invertir en su matrimonio y trabajar para fortalecer áreas que no son sexuales, como mejorar los compromisos y disminuir los conflictos.

Cuando dos personas casadas creen que su matrimonio tiene importancia espiritual y religiosa, ellos son más propensos a invertir para que la convivencia sea positiva.

Sexo sin miedo

Además el sexo en el matrimonio es un sexo sin miedos. Los cónyuges no tienen por qué temer a un embarazo o a convertirse en padres o madres solteros porque saben que hay un compromiso formal para permanecer unidos.

Tampoco tienen por qué temer a las enfermedades de transmisión sexual. Si son fieles estarán libres de infecciones y del miedo de contagiar a su cónyuge. No existe el miedo de verse abandonados como en el caso de la unión libre, ni miedo de sentirse utilizados por el otro porque creen en su alianza conyugal.

Una muchacha, cuyo novio la quiere bien y ve que él está dispuesto a respetar el lenguaje intrínseco del sexo –entrega total en el matrimonio–, puede tener mayor seguridad en su relación de noviazgo porque sabe que su pareja ha desarrollado un alto nivel de control sobre sí mismo.

Sabe que ese hombre es alguien en quien puede confiar porque vivirá más fácilmente la fidelidad durante la vida matrimonial. Y también podrán aprender juntos el lenguaje de la intimidad sexual, sin tener a otra persona del pasado en sus recuerdos con la que puedan comparar a su cónyuge.

Cuando el cine o la televisión presenten al sexo en la soltería como el mejor y el más emocionante, no lo creamos. Es en ese tipo de sexo donde están los daños emocionales y las heridas más fuertes. En cambio el sexo matrimonial es como el buen vino que ha sabido esperar un tiempo de añejamiento para ser el de mejor calidad.

Sexo, ¿es bueno o malo? ¿Qué dice la Iglesia?



Casi todas las voces que escuchan los jóvenes en la cultura secular los invitan a experimentar con el sexo. Pero, ¿el sexo es bueno o malo?

La misma educación sexual escolar les proporciona la información para que, desde la adolescencia, los chicos se enrolen en actividad sexual. Les hablan de derechos sexuales y reproductivos, incluso les han dado una cartilla nacional que los promueve; de esa manera los van incitando hacia la promiscuidad.

En este ambiente cultural, la Iglesia con su enseñanza sobre la castidad hasta el matrimonio parece retrógrada. La ética sexual católica se ve como el aguafiestas en medio del desenfreno del mundo. Parece que se cumple aquellas palabras de san Pablo: “llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina” (2Tim 4,3).

¿Qué dice la Iglesia sobre el sexo?

Sin embargo cuando echamos una mirada a nuestro alrededor y vemos las consecuencias de la Revolución sexual de los años 60 en la manera en que los jóvenes viven su vida sexual –con todas las heridas físicas, psicológicas, familiares y espirituales–, nos convencemos, más que nunca, de que la Iglesia debe seguir proclamando el plan de Dios sobre el amor y la sexualidad con valentía, arguyendo, reprendiendo, exhortando, con paciencia incansable y con afán de enseñar (2Tim 4,2).

Enseñar a los adolescentes y jóvenes que antes de casarse vivan una vida sexual activa es un grave error. Pero hay que explicarles por qué. Para entenderlo, primero hay que saber que el sexo es una creación de Dios y, como tal, es bueno. Cuando creó el mundo vio que todo era muy bueno (Gen 1,31), incluido el sexo. Sin embargo el sexo no solamente es bueno sino increíblemente bueno.

Tan bueno es, que Dios hizo el mundo para que fuera poblado con seres humanos, hechos a su imagen y semejanza, llamados por vocación a compartir con ellos la vida eterna en el Cielo. “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla” (Gen 1,28). Si tú y yo somos seres hermosos salidos de las manos de Dios, a quienes Él ama apasionadamente, eso significa que el acto sexual que nos dio origen –el sexo– es querido por Dios y es algo extraordinariamente positivo. Podemos decir que no hay en la tierra una forma de contacto físico con una dignidad tan alta como es el acto conyugal.

Dios pudo hacer que los niños llegaran al mundo por otros medios. Algún pájaro como la cigüeña podía traerlos del cielo, o pudieron haber sido plantados en la tierra y cosechados, pero no fue así. Dios quiso crear otro sistema para que viniéramos al mundo.

Dios  ama a cada vida humana que existe y, para traer esas vidas, se vale de un sistema llamado “familia”, donde el hombre y la mujer se aman y donde comparten sus vidas. ¿Podemos imaginar lo que significa pasar todo el resto de la vida juntos, viviendo bajo el mismo techo, comiendo con la misma vajilla, durmiendo en la misma cama, compartiendo el baño, incluso el tiempo de descanso? Para ser los dos una sola carne se requiere de mucho amor y de una cantidad muy generosa de sacrificio (Mc 10,6-9).

Cuando una pareja se casa por la Iglesia, hacen la promesa de aceptarse mutua y totalmente, de ser fieles uno al otro, en las alegrías y las penas, en la salud y la enfermedad y amarse y respetarse todos los días de su vida. Prometen que nunca se utilizarán como si fueran objetos o cosas, sino que se tratarán como personas que buscan lo mejor uno para el otro; y para toda la vida.

El sacramento del Matrimonio los convierte en una sola persona conyugal (Mt 19,5). Después de la boda, la pareja suele salir a un viaje llamado “luna de miel”, donde se entregan sus cuerpos para manifestar la alianza que sellaron con Dios ante el altar de la iglesia. Este intercambio sexual es una entrega absoluta de la totalidad de sus personas.

Este es el idioma del amor que los jóvenes deben descubrir como algo grandioso. De esa entrega total Dios puede crear una nueva vida humana a su imagen y semejanza (Gen 1,26). Crear seres humanos es uno de los actos predilectos de Dios.

El resultado de este idioma del amor es una familia. La vida familiar existe para que todos sus miembros puedan aprender a amar, a buscar lo mejor para el bien de los demás, y para aprender a entregarse por los otros, aún con sacrificio.

En las familias amamos y somos amados. Las familias se edifican por el amor y se originan en el sexo. Así que no enseñemos a los jóvenes que el sexo es malo sino algo bueno, algo maravilloso. Y por ser tan increíblemente bueno, debe realizarse sólo en el matrimonio y para formar una familia.

El sexo es un don de Dios, no es el coco: Papa Francisco


EL SEXO ES UN DON DE DIOS. NO ES EL COCO: PAPA FRANCISCO
Por Myriam Ponce Flores 

Con motivo de la JMJ, en el encuentro de periodistas durante el vuelo de Panamá a Roma, el Papa tocó algunos temas de actualidad. Entre ellos, acerca del debate sobre si debería proveerse de educación sexual en varios países de América central, mencionó: <<en las escuelas hay que dar educación sexual. El sexo es un don de Dios. No es el “coco”. Es el don de Dios para amar. Que algunos lo usen para ganar plata o explotar a otros, es otro problema>> Cerró el tema afirmando: “hay que dar educación sexual objetiva, como es. Sin colonización ideológica>>.

¿A qué se refería con esto?

En los últimos años hablar de sexo se ha transformado de manera exponencial. De ser un tabú, se ha convertido en un tema económico central, alrededor del cual gira un increíblemente grande y fructífero movimiento financiero. Esto ha hecho que la objetividad del tema se vea opacada por los intereses monetarios de algunos, en vez de por la profundidad del tema.

En cuanto al término “colonización ideológica”, el Papa hace una referencia implícita a la ideología de género que, con el paso del tiempo, ha cumplido su propósito de confundir a millones de personas. El Papa mismo advirtió: <<si de entrada se da una educación sexual llena de colonizaciones ideológicas, destruyes a la persona>>, y es profundamente cierto. Nada te dará más paz que aceptarte, en cuerpo y alma.

Las influencias culturales y ambientales, claro toman un peso fuerte en nuestra formación humana, pero, en definitiva, no son pilares únicos para nuestra existencia y desarrollo. También existe una postura científica que se aferra a la biología, la genética, la fisiología, etc… para explicarnos quiénes somos. La ideología de género, según el mismo Papa Francisco, “niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer” (exhortación apostólica Amoris Laetitia n° 56), es decir, pretende la deconstrucción jurídica de la familia” (AL 53).

En otras palabras, una educación sexual libre de ideologías, debe ayudarnos a valorar nuestra femeneidad o masculinidad, lo que resulta necesario para identificarnos en el encuentro con el diferente. La educación sexual debe ayudarnos a aceptar nuestro propio cuerpo y ser, en su totalidad.

En efecto, el sexo no es algo que deba asustarnos. Dios lo creó, con un buen propósito, y debe ser estudiado y comprendido como eso, incluso desde casa. El móvil de esta formación es acompañar a la persona en el camino a la santidad, abarcando todos los ámbitos.

Para nosotros, siendo creyentes, la educación sexual significa formar en los valores inherentes a la sexualidad humana, que abarcan desde la protección de la vida (desde la concepción), la expresión del amor conyugal y hasta la virtud de la castidad.

Una educación sexual integral y objetiva es una vía excelente para prevenir el aborto, la iniciación sexual precoz, las enfermedades de transmisión sexual, la violencia y el abuso sexual. Pero, al ser integral, no debe olvidar el valor mismo de la sexualidad y su completa finalidad, incluso divina.

Nuestra fe católica ofrece una visión de la persona humana sumamente valiosa, amplia e integral, que debe ser respetada y fomentada en la sociedad. En el acto sexual, es la persona la que se da a sí misma en una comunión de amor. La educación sexual debe, por tanto, considerarse como verdadera cuando forme los corazones y la conciencia de nuestros jóvenes hacia el amor verdadero, uno que fomente su desarrollo humano y espiritual pleno. Esto último es la visión de la Iglesia, el Papa Francisco lo ha dejado claro.

Lo que nos toca ahora, como fieles practicantes, es fomentar la visión integral del tema. Para ello, debemos estar formados en las necesidades actuales del mundo y las soluciones propuestas según el fundamento Católico. Los invito a leer dos documentos apostólicos que me han sido de gran apoyo: Amoris Laetitia del Papa Francisco y Deus Caritas est de Benedicto XVI. Ambos fundamentales para adentrarnos en el tema y reconocer en Dios la máxima expresión de amor.

El sexo es un don de Dios, que permite dar vida y expresa el amor entre un hombre y una mujer. Defendamos y promovamos su profundo valor en la creación.

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