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¿Qué es un sacrilegio?


Hablemos de sacrilegio. Es un término que a veces suena un poco antiguo, ¿verdad? Pero en realidad, sigue siendo muy relevante en nuestra fe católica hoy en día. Básicamente, el sacrilegio es un término que usamos para describir acciones o actitudes que profanan o deshonran lo que es sagrado o consagrado por Dios.

Ahora, ¿qué significa eso en términos más simples? Bueno, piénsalo de esta manera: imagina que tienes algo muy especial y valioso, algo que tratas con mucho cuidado y respeto. Digamos que es un regalo que te hizo alguien que amas mucho. Ahora, si alguien viniera y tratara ese regalo de manera irrespetuosa o lo dañara a propósito, ¿cómo te sentirías? Probablemente te sentirías herido, molesto, ¿verdad? Bueno, en esencia, eso es lo que sucede con el sacrilegio, pero en un nivel espiritual.

En nuestra fe católica, hay muchas cosas que consideramos sagradas y dignas de respeto. Por ejemplo, los sacramentos, como la Eucaristía (la Santa Comunión), el Bautismo, la Confirmación, entre otros, son muy importantes para nosotros. Cuando tratamos estos sacramentos de manera irreverente o los usamos de una manera que va en contra de lo que significan, eso sería un ejemplo de sacrilegio.

La Santa Misa es otro ejemplo importante. Cuando vamos a Misa, estamos participando en el sacrificio de Jesús en la cruz. Es un momento sagrado donde Jesús se nos da a sí mismo en el pan y el vino consagrados. Por lo tanto, cualquier falta de respeto o falta de reverencia durante la Misa sería considerada un sacrilegio. Por ejemplo, distraerse con el teléfono o hablar sin necesidad durante la Misa, sería una falta de respeto hacia lo que está sucediendo allí.

Ahora, la Biblia y el Catecismo nos dan algunas pautas sobre lo que constituye el sacrilegio. En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 2120, se nos dice que el sacrilegio consiste en "profanar o tratar con irreverencia los sacramentos y otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas o los lugares consagrados a Dios". Esto nos da una idea clara de lo que debemos evitar.

La Biblia también nos ofrece ejemplos de acciones que podrían considerarse sacrílegas. Por ejemplo, en 1 Corintios 11:27-29, San Pablo advierte contra recibir la Eucaristía de manera indigna, es decir, sin estar en estado de gracia o sin tener una disposición adecuada. Él dice: "Por tanto, quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor". Esto nos muestra la seriedad con la que debemos tomar la recepción de la Eucaristía.

Otro ejemplo está en el Evangelio de Mateo, donde Jesús expulsa a los vendedores del Templo (Mateo 21:12-13). Él dice: "Está escrito: 'Mi casa será llamada casa de oración', pero ustedes la están convirtiendo en una 'cueva de bandidos'". Aquí, Jesús está mostrando su indignación ante el hecho de que se esté deshonrando el lugar sagrado del Templo con actividades comerciales.

Entonces, ¿cómo podemos evitar el sacrilegio en nuestras vidas diarias? Bueno, en primer lugar, es importante cultivar una profunda reverencia por todo lo que es sagrado en nuestra fe. Esto significa tratar con respeto los sacramentos, las iglesias, las personas consagradas, como sacerdotes y religiosos, y todo lo que se relacione con nuestra relación con Dios.

También debemos asegurarnos de participar plenamente y con reverencia en la vida litúrgica de la Iglesia, especialmente en la Santa Misa. Esto significa estar atentos, participar activamente en la oración y los cantos, y recibir los sacramentos con el debido respeto y preparación.

Además, es importante examinar nuestras propias acciones y actitudes para asegurarnos de que no estemos contribuyendo al sacrilegio de ninguna manera. Esto podría significar evitar chismes o críticas negativas hacia la Iglesia o las personas consagradas, o corregir comportamientos irreverentes durante la Misa o en lugares sagrados.

En resumen, el sacrilegio es algo que debemos tomarnos muy en serio como católicos. Nos llama a honrar y respetar todo lo que es sagrado en nuestra fe, y a cuidar de no profanar o deshonrar lo que Dios nos ha dado. Al hacerlo, podemos cultivar una relación más profunda y significativa con Dios y con nuestra comunidad de fe.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Sacerdote comete sacrilegio y consagra inválidamente al hacer que una mujer pronuncie palabras de la consagración durante Misa.



Un sacerdote habría cometido un sacrilegio contra la Eucaristía en una Misa celebrada recientemente en la Diócesis de Arecibo, en Puerto Rico.

El 2 de agosto, el párroco de la Parroquia Santísima Trinidad, P. Elmon Hernández Faña, presidió la Misa por sus bodas de plata, acompañado de otros sacerdotes y fieles.

La Misa se celebró con ocasión del aniversario 25 años de la ordenación del P. Hernández Faña.

En la Misa, una mujer hizo parte de la plegaria eucarística, algo no contemplado en las normas de la Iglesia.

Antes de la consagración del pan, la mujer dijo: “Él mismo, la víspera de su pasión, como memorial de su amor hacia nosotros y como anticipo de la esperanza de la resurrección, tomó pan en sus manos, pronunció sobre él la bendición y se lo repartió diciendo”.

Después la mujer también dijo: “De la misma manera, cuando ya estaba para terminar la cena, tomó un cáliz lleno de vino, pronunció de nuevo la bendición sobre él, y se lo pasó a sus amigos diciendo”.

El P. Francisco Torres Ruiz, sacerdote de la Diócesis española de Plasencia y profesor de Liturgia, dijo a la prensa que al hacer la narración una mujer, “eso es un abuso litúrgico porque esa forma de proceder no se contempla en ni un solo documento ni se puede apoyar en ni un solo pronunciamiento del magisterio litúrgico de la Santa Iglesia”.

El sacerdote advirtió además que “se podría negar la validez de esa consagración”.

“La narración, o el relato de la institución, es un todo. Las palabras ‘Tomó pan, dio gracias y se los dio diciendo’ no son una mera descripción sino que son parte del relato de la institución eucarística, y por tanto, sin tener la efectividad sacramental de las palabras propias, forman parte de ese momento”.

En todo caso, “podemos decir que el Señor sufrió un verdadero sacrilegio y una auténtica profanación de la Eucaristía, por la cual alguien tendrá que pedir perdón y dar explicaciones” aseguró el sacerdote.

Para concluir, el P. Torres Ruiz dijo sobre el P. Elmon Hernández que “habría que cuestionar un poco la validez de sus misas y la forma litúrgica de proceder en estos años”.

La palabra del sacerdote y la Diócesis de Arecibo

ACI Prensa se contactó con el P. Elmon Hernández, quien dijo que “se cometió un error litúrgico. (No se permite) Ya fue corregido. Gracias por ponerte en contacto con nosotros. Disculpe el inconveniente sucedido”.

ACI Prensa también se contactó con el Vicario General de la Diócesis de Arecibo, P. Jorge Virella, para preguntar por lo ocurrido en la Misa.

“El Administrador Apostólico, Mons. Álvaro Corrada, tan pronto tuvo conocimiento de esta situación llamó al sacerdote implicado y se encuentra trabajando en el asunto. Ciertamente se trata de un abuso litúrgico y de una ofensa a la dignidad del sacramento”, indicó el Vicario.

“El Obispo ha manifestado su dolor por esta ofensa y, como indiqué, en estos momentos se encuentra trabajando, no solo para corregir el abuso, sino para enmendar y reparar el escándalo y dolor causado por este acto”, destacó.

La Diócesis de Arecibo está vacante, es decir no tiene obispo sino administrador, desde la destitución de Mons. Daniel Fernández Torres, quien debió dejar el cargo en marzo de este año por mandato del Papa Francisco.

Aunque el Vaticano no informó el motivo de la decisión, ACI Prensa pudo conocer que una de las razones fue la negativa inicial de Mons. Fernández a que los seminaristas de Arecibo, que se formaban en la Universidad de Navarra (España), sean enviados al nuevo Seminario Interdiocesano de Puerto Rico, aprobado por el Vaticano en marzo de 2020.

¿Qué establece la Iglesia en estos casos?

Lo ocurrido en la Misa presidida por el P. Elmon Hernández contraviene la instrucción Redemptionis Sacramentum del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano, que trata sobre las cosas que se deben observar o evitar en la Misa.

En el numeral 52, el documento establece que “la proclamación de la plegaria eucarística, que por su misma naturaleza es como la cumbre de toda la celebración, es propia del sacerdote, en virtud de su misma ordenación”.

“Por tanto, es un abuso hacer que algunas partes de la plegaria eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno solo o por todos los fieles juntos”, añade.

“La plegaria eucarística, por lo tanto, debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el sacerdote”, destaca el texto del Vaticano.

Atacan Santísimo durante adoración eucarística en grave acto de sacrilegio



Un doloroso episodio conmovió a la comunidad parroquial de Cañadas de Obregón, en Jalisco, México: una persona ingresó a un templo y atacó al Santísimo Sacramento que se encontraba expuesto para la adoración eucarística.

Según informó en un comunicado obispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe, administrador apostólico de la Diócesis de San Juan de los Lagos, el 29 de junio a las 6.30 pm, una persona ingresó a la parroquia Nuestra Señora de la Luz y destruyó la custodia de 2 mts de altura que contenía el Santísimo Sacramento.

El atacante habría sufrido un corte en la agresión, ya que el sacerdote de la iglesia que encontró manchas de sangre.

“De inmediato, el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento y lo reservó. Todo indica que fue un ataque directo al Santísimo Sacramento, pues en la Iglesia parroquial todas las demás cosas estaban en su sitio”.

El obispo comenta que la persona que atacó al Santísimo no ingresó por la fuerza, pues el templo se encontraba abierto para la oración de los fieles durante todo el día. El agresor “aprovechó un momento de descuido de quienes se turnaban para la oración”.

Luego de informar lo ocurrido, el administrador apostólico señaló que  “estos hechos constituyen un delito contra los sacramentos, y quien lo cometió, es merecedor conforme a derecho de la Excomunion Latae Sententiae“.

“Debido a la gravísima falta cometida contra Nuestro Señor presente en las Sagradas Formas, invito a todos los fieles a unirse en oración, realizando actos de desagravio y fomentando el amor a Cristo Eucaristía“, pidió especialmente.

Al mismo tiempo, el obispo informó que se dispondrían los medios para realizar el acto de desagravio comunitario por el sacrilegio contra el Santísimo Sacramento.

¡Oremos en reparación por este agravio!

¿Es sacrilegio llamarle "Dios" a Messi o a cualquier otro "ídolo" del deporte?



Cuando aún vivía, Diego Armando Maradona, “en algún lugar de la Mancha”, se formó la Iglesia Maradoniana, por la gran influencia en el ámbito futbolístico del famoso futbolista argentino, admirado por millones de fanáticos en todo el mundo. Años después, surgió otro gran “ídolo”, Lionel Messi, también argentino, considerado el mejor futbolista de las últimas décadas.

Ante estos dos grandes personajes del futbol mundial surgen los cuestionamientos sobre cuál de ellos es el más grande de la historia y no falta quien, en el calor de la emoción, se refiera a alguno de ellos como un “dios”.

Hace tiempo, un periodista lanzó la siguiente pregunta al Papa Francisco: “¿Es un sacrilegio decir que Messi es Dios?”.

El Santo Padre respondió: “en teoría, es un sacrilegio. No se puede decir, yo no lo creo”.

Sin embargo, precisó que se trata de expresiones cotidianas: “la gente dice que ‘es dios’, así como dice ‘yo te adoro’. Adorar solamente a Dios”.

Cuando ponemos a una persona o cosa por encima de Dios, incluso negando a Dios, estamos cometiendo un sacrilegio.

No debemos tener y menos adorar ídolos; no podemos, por muchos que sean los éxitos de una persona, ponerle el nombre de Dios. Quizás suavizando las frases que usamos comúnmente, la intención es agrandar y resaltar los logros en determinado campo, pero sin tomarlos en sentido literal.

A los latinoamericanos nos gusta exagerar lo que nos gusta y apasiona. Tenemos muchos “reyes” y “dioses”: de la salsa, del futbol, del automovilismo… No creo, igual que el Papa, que los creamos dioses y los adoremos, pues nos llevaría claramente a la idolatría y al sacrilegio.

Para evitarlo, debemos acercarnos y conocer de verdad las enseñanzas de la Iglesia, a la verdadera y sana doctrina, cuyo fundamento es la Sagrada Escritura, bien comprendida, y al Magisterio con toda su Tradición.

No se trata de ser eruditos, pero sí de buscar la verdad, sin miedos, y dejarnos llevar por el Espíritu de Dios. Él nos guía a la verdad y nos hace, en verdad, libres.

Hombre apedrea imagen de la Virgen "por no cumplirle un milagro".




A través de las redes sociales está circulando el video viral del momento exacto en que un feligrés apedrea la imagen de la Virgen de Guadalupe, en la Catedral metropolitana de Guadalajara, los hechos indignaron a mucha gente y ahora se pide justicia para que este hombre pague por lo que hizo, las autoridades ya lo investigan.

El hombre de 38 años, Jorge “N”, fue detenido por elementos de la Comisaría de Guadalajara quienes señalan que al momento de la detención el sujeto argumentó que su vida ha tenido una etapa complicada y que por más que había pedido a la Virgen que le ayudará para que mejorara, no le había cumplido y por eso justificó su agresión hacia la imagen.

Los hechos ocurrieron la noche del 24 a las 20:00 horas dentro de la catedral basílica de la Asunción de María Santísima en Guadalajara. En el video viral podemos observar cómo llega un hombre con una mochila y se la quita para poder sacar las piedras para después arrojarlas a la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El hombre arrojó dos piedras a la imagen de la Virgen de Guadalupe y luego regresa a su mochila donde se observa que toma más piedras para arrojarlas a otra imagen dentro de la catedral.

Una mujer que al parecer estaba terminando de rezar, se retiró del lugar y en cuanto el hombre apedreó la imagen, la mujer apretó el paso para huir del lugar. Por lo pronto, Jorge “N” fue puesto a disposición del Ministerio Público y deberá pagar los daños al lienzo de la Virgen María.

La comunión en la boca y el satanismo ¿Qué tienen que ver?


LA COMUNIÓN EN LA BOCA Y EL SATANISMO ¿QUÉ TIENEN QUE VER?
Por P. Luis Santamaría | Fuente: R.I.E.S. (Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas) / Aleteia

La comunión en la mano es posible países cuyas Conferencias Episcopales la han aprobado. Sin embargo, el fenómeno del satanismo, con su consiguiente peligro de sacrilegios realizados con las Hostias consagradas, ha dado lugar a una praxis de precaución.

Aunque en muchos países la Iglesia permite a los fieles comulgar recibiendo el Cuerpo de Cristo en las manos, hay algunos momentos –como las Misas presididas por el Papa u otras celebraciones multitudinarias– en los que sólo se da en la boca, por temor a que las Hostias sean sustraídas de forma sacrílega para usarse en ceremonias satánicas.

1. Comulgar… ¿en la boca o en la mano?

A veces tienen lugar discusiones infructuosas sobre la mejor forma de que los fieles católicos reciban la Comunión: de pie o de rodillas, en la boca o en las manos. Discusiones que a veces buscan una mejor práctica sacramental, pero que en otras muchas ocasiones muestran una peligrosa instrumentalización de algo tan sagrado al servicio de posiciones ideológicas propias (además de utilizar la Comunión para dividir, algo totalmente fuera de lugar). Las normas de la Iglesia dejan bien claro que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (CIC 843 § 1). Esto se aplica concretamente a la Eucaristía cuando se dice, por ejemplo, que “no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie” (Redemptionis sacramentum 91).

En cuanto a la forma de recibirla de manos del ministro, el “manual de instrucciones” del Misal Romano –aquí estamos hablando siempre del rito romano– indica que, después de contestar “amén”, el fiel ha de comulgar “en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente” (Instrucción general del Misal Romano, 161). Es decir, que hay países donde la Conferencia Episcopal ha permitido, con la aprobación de la Santa Sede, recibir el Cuerpo de Cristo en las manos, como sucede en España o Italia.

2. Cuando se comulga en la mano…

La regulación eclesial deja claro que lo importante es comulgar de forma reverente, conscientes de que no se está comiendo un trozo de pan común, sino la materia que ha sido transformada sacramentalmente en el Cuerpo de Jesús. En la historia de la Iglesia encontramos testimonios a favor tanto de una práctica como de la otra. Así, frente a los que se oponen duramente a la Comunión en las manos y afirman que es una práctica irreverente impuesta por el modernismo, podemos leer que San Cirilo de Jerusalén instruía a los ya iniciados en la fe, en torno al año 350, llamándolos a comulgar de la siguiente manera: “poniendo la mano izquierda bajo la derecha a modo de trono que ha de recibir al Rey, recibe en la concavidad de la mano el Cuerpo de Cristo” (Catequesis mistagógica V, 21).

Como se trata de algo sumamente importante, y para evitar una mala praxis, el organismo de la Santa Sede que vela por la liturgia y todo lo celebrativo ayudando al Papa en su misión –la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos– publicó en 1985 una breve Instrucción sobre este tema. Las condiciones que pone para recibir la Comunión en la mano son de sentido común: que se manifieste respeto a la presencia real de Cristo, que el gesto se haga con “nobleza”, que se diga claramente “amén”, que se comulgue inmediatamente y delante del ministro, que sea éste el que ponga la Hostia en la mano del comulgante, que las manos estén limpias, etc.

Entonces, ¿a qué podemos considerar mala praxis? Además de cualquier situación que contravenga lo que dice esa Instrucción, hay casos claros en los que no debería darse la Comunión en la mano. Podemos pensar en casos concretos y reales como los de niños que jueguen con el Cuerpo de Cristo, personas que se dediquen a contemplar la Hostia porque les transmite “energías”, otros que se la lleven “de recuerdo” a casa –ya sea por razones de devoción, ya sea por superstición, como si se tratara de un amuleto– o incluso que la guarden para dársela al ganado. Todos estos casos han sucedido. Pensemos entonces cuánto más puede suceder esto en Misas masivas, sobre todo cuando las ha presidido el Papa y el Santísimo Sacramento corre el riesgo de ser tenido como “souvenir”.

3. El satanismo entra en juego

Y es aquí donde hay que tener en cuenta la presencia y actuación de las sectas satánicas. No se trata de leyendas urbanas ni de teorías conspiranoicas a las que se aferran los tradicionalistas para exigir la Comunión en la boca. Es una realidad. Porque hay ritos satánicos en los que se profana la Eucaristía. Para obtener Hostias consagradas con este fin, las vías principales son tres: que un sacerdote celebre la Misa con esa intención sacrílega, la profanación de un sagrario, o la obtención ilícita mediante una falsa Comunión, que es el tema que nos ocupa. De hecho, como las dos primeras formas son más problemáticas, el tercer camino es el que puede ser más empleado por los adeptos de estas sectas para la realización de sus ritos.

¿De qué ritos se trata? En primer lugar, la llamada comúnmente “misa negra”, una simulación sacrílega de la celebración eucarística de los católicos, en la que se toman muchos elementos de la Misa y se realizan al revés, con un fin que no tiene nada que ver con la religión (puede buscar el sometimiento sexual de una persona, o hacerle un bien, o hacerle un mal, siempre invocando al Diablo). Dejando fuera la complicada discusión sobre si hay sacrificios humanos o no, en estos ritos se puede profanar el Cuerpo de Cristo de diversas maneras (pisoteándolo, pasándolo por el cuerpo desnudo de la mujer que sirve de altar, etc.).

No se trata simplemente de rumores ni de declaraciones exageradas de ex-adeptos poco fiables. Lo podemos leer en sus libros. Por ejemplo, en The Satanic Rituals, Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, escribe: “quizás la frase más potente de toda la misa es la que sigue a la profanación de la Hostia: ‘desaparece en el vacío de tu cielo vacío, porque nunca has existido, ni existirás nunca’”. Usa expresamente la palabra “profanación” (desecration), porque aunque rechaza la existencia de Cristo, conoce bien el valor que los católicos damos a la Eucaristía y por eso se actúa de esa forma. También explica LaVey que, frente al uso que algunos han hecho de ornamentos católicos en las misas negras, “la autenticidad de una Hostia consagrada parece haber sido mucho más importante”.

4. Y ante esto, ¿qué hace la Iglesia?

Ante todo, la Iglesia cuida como lo más importante que tiene entre manos el Cuerpo sacramental del Señor Jesús, velando con su enseñanza, con su práctica y con sus normas para que la Eucaristía sea respetada como lo que es: presencia real de Cristo, comulgado por los fieles y custodiado en los sagrarios para la adoración y la Comunión de los enfermos. Además, la Iglesia es clara a la hora de considerar penalmente la profanación de la Eucaristía, algo que considera un “delito contra la religión y contra la unidad de la Iglesia”, y afirma sin rodeos: “quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica” (CIC 1367).

Por eso, hay que entender que en algunas ocasiones, como en las Misas multitudinarias –en las que a veces no hay una fila normal de comulgantes–, cuando no se puede asegurar que el Cuerpo de Cristo sea comulgado con normalidad, de forma excepcional se toman las mayores precauciones posibles. Es verdad –dirán algunos– que pueda darse el caso de personas que comulgan en la boca aparentemente, porque luego no tragan la Hostia, y la guardan con un fin sacrílego. A pesar de esto, los ministros de la Comunión deben poner todos los medios posibles para evitarlo, y uno de ellos es depositarla directamente en la boca del fiel. En las Misas presididas en Roma por el Papa convergen dos razones fundamentales: quién es el ministro que ha consagrado el pan ofrecido en el altar (porque de hecho se han llegado a subastar a través de Internet Hostias consagradas por él), y la notable difusión del satanismo en Italia, que legitima un miedo mayor que el que pueda haber en otros lugares.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:




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Satánicos irrumpen en templos de la Iglesia Católica para robar la Eucaristía


SATÁNICOS IRRUMPEN EN TEMPLOS DE LA IGLESIA CATÓLICA PARA ROBAR LA EUCARISTÍA 

Desgraciadamente cada vez son más abundantes los robos en las Iglesias, pero no tanto objetos de valor material, sino sobre todo formas consagradas para emplearlas en rituales satánicos. Mientras muchos católicos están tibios con relación a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, las personas consagradas al mal creen firmemente en la presencia real de Cristo y buscan formas consagradas para profanarlas. 

Debemos impedir por todos los medios que esto suceda. Uno de los robos más sonados fue el que se produjo no hace mucho en la arquidiócesis de León. Robaron la Santísima Eucaristía del Templo del Señor del Buen Viaje perteneciente a la parroquia de la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato. Se cree que el latrocinio de la Eucaristía fue para emplearlo en cultos a Satanás. 

Hubo gran indignación entre los feligreses que realizaron actos de desagravio. 

Para que no se repitan nunca más casos como estos, es cada vez más importantes que nuestros templos estén vigilados de manera permanente, especialmente la zona del Sagrario, que debe estar bajo llave y en algunas parroquias está detrás de un cristal blindado para mayor seguridad. Toda precaución es poca para proteger el cuerpo de Nuestro Señor. 

La Iglesia nos recuerda que el primer mandamiento de Dios reprueba los principales pecados de irreligión: la acción de tentar a Dios con palabras o con obras, el sacrilegio y la simonía. 

El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente (cf CIC can. 1367 - 1376). 

Fuente, Hispanidad Católica 

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