En mi parroquia hay mucho chisme y conflictos entre miembros de grupos parroquiales, ¿No deberíamos amarnos los unos a los otros? ¿Qué pasa?


Es cierto, a veces la convivencia en la parroquia puede volverse un poco complicada, pero déjame asegurarte que no estás solo en esto. El amor fraternal es una parte fundamental de nuestra fe, y es algo en lo que todos debemos esforzarnos día a día.

Primero que todo, quiero recordarte las sabias palabras de Jesús que nos dejó en el Evangelio según San Juan, capítulo 13, versículo 34-35: "Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. En esto todos conocerán que son discípulos míos: si se aman los unos a los otros." ¡Qué mensaje tan poderoso y hermoso nos dejó nuestro Señor!

En momentos de conflicto, es fundamental recordar que todos somos hermanos y hermanas en Cristo. La envidia y los chismes pueden surgir cuando nos olvidamos de que estamos llamados a amarnos mutuamente. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 1933, nos enseña sobre el respeto a la persona y la importancia de la caridad: "El respeto a la persona humana implica el respeto a los derechos que derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y deben ser reconocidos por ella."

Ahora bien, ¿cómo podemos aplicar esto en nuestra parroquia? Primero, es esencial recordar que todos estamos en este camino de fe juntos. Las diferencias de opiniones o personalidades no deben alejarnos del amor que Jesús nos enseñó. En el Evangelio según San Mateo, capítulo 18, versículo 15, Jesús nos da una guía clara para resolver conflictos entre hermanos: "Si tu hermano peca, ve y corrige lo entre tú y él a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano." La comunicación abierta y amorosa es clave para superar las tensiones.

Además, el Apóstol San Pablo nos brinda valiosos consejos en su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículo 22-23, sobre los frutos del Espíritu Santo: "En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas." ¡Cuánta sabiduría hay en estas palabras! Busquemos cultivar estos frutos en nuestra vida diaria y en la convivencia con nuestros hermanos y hermanas de la parroquia.

La oración también desempeña un papel crucial en la resolución de conflictos y la construcción de relaciones sólidas. En Filipenses 4, 6-7, San Pablo nos exhorta: "Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." Invitemos al Señor a ser parte de nuestras dificultades y a guiar nuestros corazones hacia la reconciliación y el amor fraterno.

Recuerda también que nuestra parroquia es una comunidad diversa, con diferentes dones y carismas. El Apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, capítulo 12, utiliza la metáfora del cuerpo para ilustrar la diversidad y la interdependencia de los miembros de la comunidad cristiana. En el versículo 25 nos dice: "para que no haya división en el cuerpo, sino que los miembros tengan igual cuidado los unos por los otros." Todos somos necesarios en esta comunidad, y nuestras diferencias nos enriquecen.

Ahora, respecto a los chismes, recordemos las palabras de Santiago, el hermano de Jesús, en su epístola, capítulo 3, versículo 16: "Porque donde hay envidias y rivalidades, allí hay desorden y toda obra perversa." Los chismes pueden sembrar la discordia y la desconfianza en la comunidad. En lugar de hablar a nuestras espaldas, busquemos la honestidad y la comprensión directa entre nosotros. La corrección fraterna, como nos enseña Jesús en San Mateo 18,15, es un acto de amor y cuidado por el bienestar espiritual de nuestros hermanos y hermanas.

En última instancia, la clave está en vivir el mandamiento del amor en todos los aspectos de nuestra vida. Recordemos las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica en el párrafo 1825: "Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía enemigos suyos. El Señor nos pide también que amemos a nuestros enemigos y hagamos el bien a quienes nos odian, para imitar así al Padre que hace salir el sol sobre malos y buenos." Si amamos incluso a aquellos con quienes tenemos dificultades, estaremos reflejando la luz del amor de Dios en nuestra parroquia.

En resumen, querido amigo, la respuesta a los conflictos y chismes en nuestra parroquia está en vivir el mandamiento del amor que Jesús nos dejó. Recordemos siempre que somos una familia en Cristo, llamados a amarnos y respetarnos mutuamente. La oración, la comunicación abierta, la corrección fraterna y la búsqueda de los frutos del Espíritu Santo son herramientas valiosas para construir una comunidad fuerte y unida. Que el Señor nos guíe en este camino de amor y reconciliación, y que nuestra parroquia sea un reflejo del amor de Dios en el mundo.

Autor: Presbítero Ignacio Andrade.

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