El Papa alerta sobre “un sentido mal entendido de la liturgia” que “se disfraza de fidelidad a la tradición”.


El papa Francisco todavía no se lanza a pronunciar un largo discurso por la inflamación pulmonar que arrastra desde hace dos semanas. Así lo ha hecho saber esta mañana al arrancar la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI. “También hoy pido la ayuda de monseñor Campanelli porque todavía tengo algo de fatiga y me cuesta si hablo demasiado, aunque estoy mucho mejor", expuso con total naturalidad el líder cristiano, que cedió la palabra a uno de sus colaboradores que para exponer la catequesis que había preparado para la jornada centrada en el papel del Espíritu Santo en la evangelización. Al finalizar en el encuentro con los peregrinos, el Santo Padre tomó una vez más la palabra para pedir oraciones “por los que sufren el drama de la guerra, en particular las poblaciones de Ucrania, Israel y Palestina”. “La guerra es siempre una derrota, nadie gana, todos pierden, solo ganan quienes fabrican las armas”, entonó con la voz algo ronca.

Partiendo de la ida de que el anuncio del Evangelio es alegría y que va dirigido a todos, la reflexión papal subraya que “el anuncio debe realizarse en el Espíritu Santo”. “Sin el Espíritu Santo todo celo es vano y falsamente apostólico: sería sólo nuestro y no daría fruto”, se expone en el texto. 

Sin indolencia

Es más, en el documento, Francisco recuerda que “la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino una gracia, un don, y el Espíritu Santo es precisamente el don de Dios”. En esta misma línea, se alerta de que “el primado del Espíritu no debe llevarnos a la indolencia”. “La confianza no justifica la desconexión”, apunta.

A partir de ahí, el Papa explica en la catequesis que “el Señor no nos ha dejado folletos teológicos ni un manual pastoral para aplicar, sino el Espíritu Santo que inspira la misión”. “Y la valiente inventiva que infunde el Espíritu nos lleva a imitar su estilo, que tiene siempre dos características: creatividad y sencillez”.

Desde ambos ejes, el sucesor de San Pedro insta a los católicos a no refugiarse “en zonas de seguridad”, caer en “la repetición” de iniciativas pastorales o adentrarse “en las llamadas tentadoras de una espiritualidad íntima, o incluso en un sentido mal entendido de la centralidad de la liturgia”. “Son tentaciones que se disfrazan de fidelidad a la tradición, pero que a menudo, más que respuestas al Espíritu, son reacciones a la insatisfacción personal”, alerta Francisco. Como alternativa, el vicario de Cristo llama a una “creatividad pastoral, siendo audaz en el Espíritu, ardiendo con su fuego misionero”.

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