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Depresión navideña: ¿qué hacer para estar bien?



La depresión navideña es una desestabilización emocional frecuente, causada por múltiples factores ¡Conoce qué hacer para estar bien en esta temporada!

Llegó diciembre, y con el mes, la época navideña y sus numerosos festejos: previo a la Navidad abundan las reuniones y las cenas, y para casi todos es importante asistir a ellas, y dar y recibir ese abrazo tan especial del cierre de año. Sin embargo, múltiples personas padecen de depresión navideña ¡Conoce qué es y qué hacer para estar bien!

Depresión navideña: ¿Por qué pasa antes de Navidad?

Muchas familias mantienen viva la tradición de las posadas. Muchas otras, hacen reuniones prenavideñas. Y unas más simplemente hacen planes para convivir: se ponen de acuerdo sobre dónde comprarán el tradicional arbolito, qué día se reunirá la familia para ponerlo, qué otro para llenar la casa de los abuelos de luces y adornos.

La mayoría de las familias también suelen ponerse de acuerdo para todo lo relacionado con la cena de Navidad: qué platillos habrá sobre la mesa, quién los preparará, y, por supuesto, cómo se llevará a cabo esta vez el intercambio de regalos. En todo caso, lo importante para el común de la gente es ser partícipes de la fiesta de Navidad.

Toda esta algarabía tiene su origen en torno a un acontecimiento único: el Nacimiento de Jesús. Así que muchos católicos, entregados a su fe, estarán dedicados a las celebraciones en la iglesia, retiros, Misas o conciertos de villancicos o música navideña. Para otros, se trata de una época para meditar acerca de las enseñanzas que Jesucristo nos dejó, un momento propicio para reflexionarlas y ponerlas nuevamente en práctica.

Sin embargo, en medio de todo esto, llámense cenas, fiestas, comidas, posadas o actividades en torno al Nacimiento de nuestro Salvador, también se dan casos de personas que lo pasan muy mal y las que tienen depresión navideña.

¿Qué es la depresión navideña?

La depresión navideña es una condición que afecta a un sector importante de la población, y que dura aproximadamente el tiempo que duran los festejos de la temporada. Este tipo de depresión es multifactorial, por lo que en este artículo citaré algunos de los posibles generadores del problema.

¿Por qué las personas se deprimen en Navidad?

Las personas se deprimen en esta época del año por diferentes razones. La depresión, como muchas otras alteraciones del ánimo, tiene múltiples factores: ya sea por una predisposición genética o biológica, ya sea por que el clima juega en contra de nuetro estado de ánimo, ya sea porque venimos arrastrando experiencias difíciles, o por todos los anteriores puntos a la vez.

Por principio de cuentas, hay que señalar que se trata de una época del año en que la familia y los amigos tienen mucho peso y mucho significado, por lo que cualquier modificación en las dinámicas interpersonales -sea un divorcio, una enfermedad o la muerte de un ser querido- se resiente de manera más intensa.

En el DSM-V (Manual de Diagnóstico Diferencial) no aparece como tal una clasificación de “Depresión Navideña”; sin embargo, se trata de un tipo de depresión bastante común, que ha sido analizada por expertos. Éstos no la consideran un trastorno como tal, sino un estado de ánimo negativo y temporal: una reacción emocional a estímulos exteriores, como la decoración navideña, el constante sonar de los villancicos o el exceso de compromisos y reuniones familiares, entre otros factores.

Síntomas de la depresión navideña

Las personas que experimentan la llamada depresión navideña (también conocida como depresión blanca o blues navideño) se sienten tristes, decaídos, sin ganas de hacer nada, no les llama la atención los festejos y mucho menos quieren involucrarse. Tienen ansiedad o mal humor y prefieren estar dormidos que hacer algo o convivir.


Principales causas de la depresión navideña

De acuerdo con la Secretaría de Salud, la depresión navideña, o invernal, es un tipo de alteración de temporada que afecta sobre todo a mujeres, mismas que presentan una mejoría en primavera o verano.

También es más frecuente en personas que viven en países donde la noche es más larga que el día. Y en este caso se asocia con los neurotransmisores del sistema nervioso central que influyen en la gestión de estados de ánimo y sus cambios estacionales: a menos horas de luz, por ejemplo, menos producción de serotonina, y por tanto, peor humor y falta de energía. Sin embargo, en países como México son otras las posibles causas que conviene en listar para tener un mapa de mayor utilidad respecto a la también llamada depresión de invierno. A continuación cito algunas:

Predisposición genética

Hay estudios que demuestran que la gente que tiene padres, hermanos o abuelos susceptibles a este tipo de alteración, tiene más predisposición genética a padecerla. Es decir, existe una parte hereditaria que hace que estas personas tengan más altas probabilidades de sufrir esta condición, en especial si experimentan un evento traumático.

Incumplimiento de metas

Muchas personas hacen propósitos de año nuevo que, en teoría, deberían empezar a cumplir desde los primeros días de enero; y de alguna forma diciembre representa el cierre del ciclo, el cumplimiento del plazo, que tal vez los encuentre con la historia de siempre: ¡no cumplieron! Es decir que, para muchos, puede significar la conclusión de un mal año -o de otro mal año-, en el que no alcanzaron sus metas u objetivos, lo cual genera una sensación de frustración por haber dejado tirados los propósitos.

Periodos de duelo

Hay quienes vienen arrastrando momentos difíciles, como puede ser un divorcio, la pérdida del empleo o de la salud; o bien, la muerte de un ser querido. Y en esta época del año, este tipo de pérdidas agudizan la sensación de vacío.

Distanciamientos

Los distanciamientos por peleas con personas significativas de nuestra familia o entorno, también pueden ser sumamente difíciles o dolorosos, especialmente en esta época del año. Pero también pueden serlo los distanciamientos relacionados con el tema de la migración: la realidad de algunas familias cambia si uno o varios de sus miembros han tenido que abandonar el país.

Añoranza

En la temporada decembrina, hay gente que llega a experimentar una nostalgia más acentuada debido a una sensación, no poco frecuente, de que los tiempos pasados fueron mejores que los actuales, o que los festejos en torno a la Navidad eran más alegres que los de ahora.

Abandono

También sucede que algunos adultos mayores, por diversas circunstancias, se van quedando en soledad, y ésta es una de las principales razones por las que este tipo de personas desarrollan depresión, pues es en un momento del año en el que, se supone, todo debiera ser felicidad.

Estrés por compromisos

Así como hay gente que tiene una sensación de bienestar por la abundancia de reuniones, comidas y festejos decembrinos, hay quienes sienten en los compromisos personales o familiares una carga social o una complicación en su economía. Sobre todo si no tuvieron un buen año en cuanto a ingresos, el gastar en regalos y reuniones les resulta agobiante.

Estos eventos o circunstancias pueden provocar mucho estrés, especialmente cuando las personas no sienten agrado por las reuniones, y en cambio sí una necesidad de asistir y fingir una felicidad inexistente.

Efectos publicitarios

La publicidad, sea de radio, televisión, revistas o espectaculares, muestra siempre la Navidad como una época del año en a la que nadie tiene dificultades, en la que todo mundo es feliz y en la que en todos los hogares existe ese calor humano que mitiga el frío del planeta. Pero la publicidad es eso: hacer creer que la “vida es perfecta” si se usa determinado producto. Sin embargo, no es así: todos pasamos por días buenos y malos, por momentos de crisis, enfermedad y muerte.

Susceptibilidad a las redes sociales

Las redes sociales, por su naturaleza de ‘vitrina digital’, también nos presentan una temporada de felicidad y abundancia. Los usuarios publican todo tipo de compras; también sus arbolitos adornados espectacularmente; sus casas con foquitos hasta en el baño, o sus cenas deliciosas. Todos reunidos con amigos y familiares, mostrando una gran sonrisa, los mejores pasos de baile. Quien se encuentra con estas fotos, jamás imaginaría que quizás ‘tras bambalinas’ hubo un pleito familiar, o el sacrificio económico de un jefe de familia para llenar las expectativas de las personas de su alrededor, o de la sociedad en general.

Si presentamos alguno, o varios de estos síntomas en esta época del año, por más de dos semanas; o bien, si los notamos en alguno de nuestros seres queridos, es importante buscar ayuda, pues tal vez el estado de ánimo de la persona la tenga imposibilitados hasta para expresar sus emociones o pedir apoyo.

¿Qué es una red de apoyo cuando se tiene depresión navideña?

Una red de apoyo es toda relación o vínculo con que la persona en depresión puede contar, gente a quien recurrir. En un primer momento se encuentran los familiares y amigos, así como las comunidades eclesiales y los servicios de escucha que ofrece la Iglesia.

Si hablamos en particular de México, la sociedad es predominantemente católica, y la Iglesia resulta un excelente soporte para salir de un estado anímico de depresión.

¿Cómo prevenir la depresión navideña?

A continuación, en listo algunos consejos que pueden ser de utilidad:

Para empezar, si eres una persona que sufre constantemente de depresiones, es una buena idea hacerte el propósito de acercarte a tu médico con regularidad para que te ayude o te oriente.

Durante el año, procura estar rodeado de tu red de apoyo: mantén relaciones sanas con tu familia, comunidad parroquial, amigos, vecinos y gente de tu agrado.

Si a lo largo del año tuviste algunas pérdidas significativas, del tipo que sean, es una excelente idea hacer una lista de lo bueno que sí tienes.

La tristeza no es sinónimo de depresión. Si en esta época del año estás pasando por un momento doloroso o de abatimiento, date la oportunidad de sentir tristeza. Esto, lo primero que significa que tienes vida: las emociones existen para sentirlas, y son una forma de procesar nuestras experiencias.

No te sientas presionado por cumplir con todos los compromisos de la temporada; es muy válido rechazar una invitación si el asistir a la reunión implica para ti estrés o complicaciones económicas.

Si revisas tus redes sociales, recuerda que la gente sólo publica contenidos de lo que desea que los demás vean. Cómo tú, el mundo entero tiene alguna dificultad.

Intenta, eso sí, en la medida de lo posible, comer, dormir, descansar, divertirte (si lo deseas), hacer ejercicio y ser tolerante contigo mismo, como principio fundamental de una vida sana.

¿Qué hacer si nos atrapó la depresión navideña?

Es muy importante, en el momento en que no nos sintamos bien, o que algún ser querido parezca de malos ánimos, estar al pendiente de los síntomas para valorar si es necesario consultar a un profesional. En este caso, puede acudir a terapia con un psicólogo, con un psiquiatra o con un doctor que lo oriente o medique.

La terapia es indispensable, ya que ayuda a detectar qué es lo que nos está causando miedo, ansiedad, dolor, tristeza, frustración o desesperación, a fin de poder tomar cartas en el asunto y resolverlo.

Además, tener un lugar donde desahogarnos sin juicio ni crítica, puede ser un bálsamo para las presiones cotidianas o los tragos amargos de la vida. En este sentido, también es buena idea acudir con un sacerdote, con la confianza de que guardará el secreto de Confesión. O bien, también es una buena opción recurrir a los centros de apoyo con los que cuenta la Iglesia, como los llamados Centros de Escucha.

Y finalmente, para las personas cercanas a la Iglesia, es importante recordar que lo mejor en esta época, más allá de regalos y fiestas, es sentir la Natividad: el Nacimiento de Jesús, y vivir los valores cristianos, como la solidaridad, la unión, el amor, la paz, el perdón y la amistad. Si tienes depresión navideña, no estás solo, cuentas con un red de apoyo ¡Pide ayuda!


La actriz y cantante Selena Gómez afirma haber querido suicidarse en repetidas ocasiones. Un sacerdote nos explica cómo ayudar a personas con depresión.



La famosa actriz y cantante Selena Gómez relata en una entrevista que hace algunos años sufrió depresión, psicosis y fue diagnosticada como bipolar, problemas que la llevaron a pensar en el suicidio durante varios años y en repetidas ocasiones.

“Voy a ser muy abierta con todos en esto: he estado en cuatro centros de tratamiento”, dijo Gómez, de 30 años, en entrevista con la revista estadounidense Rolling Stone, en ocasión del estreno del documental “Selena Gómez: My Mind & Me" (Mi mente y yo) en Apple TV.

“Creo que cuando llegué a los 20 años todo comenzó a ponerse muy oscuro, cuando comencé a sentir que no tenía control sobre lo que sentía, ya fuera bueno o malo”.

Gómez, dijo que “todo comenzó con la depresión y pasó luego al aislamiento. Luego no me podía mover de mi cama, no quería hablar con nadie. Mis amigos me llevaban comida porque me querían, pero ninguno de nosotros sabía qué era”.

El entrevistador de Rolling Stone indica luego que Selena Gómez nunca intentó suicidarse, pero consideró la idea durante algunos años.

“Pensaba que el mundo estaría mejor sin mí”, aseguró la joven, quien dijo que pensaba que estaría casada a los 25 años, que no se sentía a gusto entre las jóvenes celebridades y que su “única amiga en la industria es Taylor” Swift.

“Sentía a todos a mi alrededor viviendo vidas plenas. Tenía esta posición y era realmente feliz, ¿pero en realidad lo era? ¿Estas cosas materiales me hacían feliz?”.

Fue diagnosticada como bipolar, padeció de psicosis y uno de los tratamientos que recibió no fue adecuado según relata. Tuvo que “desintoxicarse de las medicinas que tomaba”.

“Me costó mucho aceptar que era bipolar, pero aprendí a lidiar con eso”, aseguró Selena Gómez, que también colaboró en la producción de la serie 13 Reasons Why, que cuenta la historia de una adolescente de 17 años que se suicida y que señala a un grupo personas como las 13 “razones” por las que decidió acabar con su vida.

Las claves para afrontar las ideas suicidas y el suicidio

El P. Antonio María Domenech, de la diócesis española de Cuenca, explicó recientemente a EWTN Noticias que “Dios nos da tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad. Aquellos que se quitan la vida pueden tener fe pero han perdido la esperanza. No confían en que el sufrimiento de sus vidas puede llegar a ser un camino para el encuentro con Dios. Eso es la esperanza”.

El sacerdote indicó luego que a quienes piensan en el suicidio hay que ayudarlos a vivir la esperanza ante el hecho que el amor o “la caridad la practican poco, porque creen que su amor no le sirve a nadie y se han hundido internamente”.

El P. Domenech dijo que una forma concreta de disuadir a una persona que quiere suicidarse es decirle “‘Dios te ama’. Y a partir de ello empezar a hablar de Dios y su amor para luego intentar sacarlos de las ideas que los llevan a pensar en sí mismos”.

Toca entonces “sacar ese corazón de esa angustia personal y poder hacerlo pensar en personas, situaciones o momentos en que pueden ayudar a alguien, hacerlos saber que alguien los espera en algún sitio”.

De ese modo, precisó el sacerdote español, “si alguien nos espera o conseguimos que alguien reciba de la persona un bien, pues se les puede salvar la vida”.

¿Qué se puede hacer después de disuadir a alguien del suicidio?

El sacerdote dijo que en su experiencia, una vez que logra derribar las ideas suicidas, “intento mantener el contacto”.

“Me gustaría que cuando intentamos ayudar a alguien que está mal seamos capaces de vivir lo que dice el Evangelio: ‘al que te pide que le acompañes una milla, ve con él durante dos’, es decir darle el doble de lo que necesita”.

El P. Domenech dijo también a EWTN Noticias que a estas personas que se logró disuadir del suicidio “hay que llevarlos a Cristo e intentar caminar a su lado durante un tiempo, sin ser invasivo. Es bueno ponerse al lado, estar disponible aunque sea solo para hablar”.

“A veces hablando o escuchando se hace mucho porque esas personas no suelen ser escuchadas”, resaltó el sacerdote.

“Cada uno según su estado y circunstancias puede hacer algo, suscitando la confianza. Si tú abres el corazón, ellos también lo abrirán”, concluyó.


¿Tus planes no se realizan? ¿Sientes que Dios se olvidó de ti? Lee esto.



Su hijo era toda su esperanza, pero la muerte vino a buscarlo de madrugada. Ahora ella, viuda y sin hijo, quedaba sin derecho a nada. Así era la ley en esos tiempos por allá en la ciudad de Naín (Lucas 7, 11-17). Con el corazón quebrado, se aferró fuerte al brazo de una amiga que la consolaba, mientras el cortejo fúnebre se iba a acercando al lugar de la sepultura.

¿Quién hacía tanto alboroto en medio de un sepelio? Un hombre desconocido se acercó con un montón de gente y la miró de un modo tan profundo que sintió que su corazón ya no sangraba. Jesús se compadeció de su dolor, entonces hizo lo que mejor sabía hacer, cambiar las lágrimas en gozo puro. Para ello dio una orden contundente al muchacho muerto, quien para alegría de los presentes y testimonio de multitudes, se puso de pie y le dijo unas palabras de ternura a su madre.

La gente del cortejo quedó perpleja: la tradición era llorar a gritos, no actuar de otra manera. Sin embargo, sus ropas luctuosas y oscuras se tiñeron de esperanza. Jesús le dijo a todos esa tarde que ningún plan se frustra en Su presencia.

“¿Le importaré a alguien?”

Te levantas temprano, enciendes el lavarropas, preparas las viandas para los niños, le das de comer al conejo y te sientas a coser un botón de tu uniforme de trabajo. Tienes inmensos planes para tu vida, quieres que tus hijos tengan todo lo que a ti te ha faltado, que no sufran. Tus planes no incluían una niña pequeña con dislexia y un seguro social que no alcanza, un hijo mayor experto en darte dolores de cabeza, un jefe anunciando el recorte de horas extras, los fines de semana con la soledad dominando tu almohada, la hipoteca en el buzón, y tu ex esposo en el Caribe con la secretaria. Dentro de ti te preguntas “¿le importaré a alguien?”. Claro que sí y, para que tengas ese sentimiento vivo en tu interior, te comparto estos tres consejos:

Cambia tus planes. Toma la Biblia, y lee conmigo Jeremías 29, 11. Te traigo muy buenas noticias: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo”. Quizás por toda tu situación has dejado de buscar aliento en Sus palabras, quizás ya ni siquiera oras ni te haces tiempo para renovar tu fe. Definitivamente es hora de hacer cambios de planes, dejar los tuyos a un lado, y tomar los de Dios. Él te desea tiempos de bocadillos. Dios quiere tu bienestar y darte un futuro lleno de esperanza. Además, si miras bien, en el documento Él ha puesto su firma. No creas que es como los políticos de turno, es un Dios de palabra. Cuando vives con los planes de Dios, descubres que el gozo es una constante en tu vida.

Explora dentro de ti, tu necesidad de Dios. Busca cerca de tu casa un lugar donde reunirte y celebrar la gracia de Dios. Desarrolla tu fe y espera un regalo tan grande de amor verdadero que los vecinos quedarán sorprendidos. Cuando pides a Dios, recibes; al buscarlo, lo hallas. La dislexia, la soledad, los bajos ingresos y el resto de las complicaciones van a ir desapareciendo a medida que desarrolles fortaleza espiritual para sobrellevar todas las calamidades.

Promueve el Reino en tu casa. Enseña a los niños a depender de Él. Ora junto a ellos, enséñales que Dios escucha que sus necesidades tienen un lugar en la agenda de Dios, que Él se detiene en medio de la multitud y se vuelve para oír sus corazones doloridos. Lee con ellos la Biblia. Que sonrías al encontrar consuelo en sus palabras, es lo que mueve a Dios a darte vida abundante para seguir adelante.

Te has saturado de desgracias, has estado insatisfecha… Reconoce que necesitas algo diferente. El poder de Dios sacude los féretros, asombra multitudes, pero en medio de esas multitudes, Él te mira, te cuida y te espera. ¿Hay algo más maravilloso?

Decidida a quitarse la vida, pidió a Dios una señal para no hacerlo y esto fue lo que recibió



Nueve años hace que Rosa María empezó a mostrar los primeros signos de una enfermedad que prontamente cambió su vida: en muy poco tiempo quedó postrada en cama por el dolor, la inflamación y la rigidez a causa de una artritis reumatoide que afectó severamente sus articulaciones.

Para entonces, Rosa María contaba con la ayuda de su esposo, José Desiderio, y de su hija Sandra, quien se encargaba de la mayor parte de sus cuidados: la levantaba de la cama para llevarla al baño, la aseaba, le cambiaba la ropa y todo lo que requería en su enfermedad.

Sin embargo, dos años después de que iniciara con la artritis reumatoide, su esposo falleció, y ella cayó en una profunda depresión. Toda la responsabilidad de sus cuidados y del hogar, quedó en manos de su hija, quien tenía que hacer enormes esfuerzos para poder sacarla adelante.

Para Rosa María aquello ya no era vida, y en lo único que pensaba era en suicidarse. Así lo tenía decidido. De manera que comenzó a pedir a Dios una señal para no hacerlo: algo que la hiciera reaccionar, deshacerse de esa idea.

Una señal poderosa


Cuenta Rosa María que por aquel entonces, decidida totalmente a quitarse la vida, logró llegar por ella misma al baño, y justo cuando iba a proceder, entró su hija y le dijo: “¡Estoy embarazada!”.

Aquella noticia tan repentina definitivamente representó para Rosa María una poderosa señal del amor de Dios, un signo claro de que la amaba y de que quería que siguiera con vida.

“Esa ocasión levanté la cara y le dije a Dios: ‘Esa debe ser tu señal, Señor. Y no quiero nada más. Sólo, si tú así lo deseas, concédeme poder moverme para ir al baño. No te pido más”.

Don José Desiderio había fallecido un 20 de diciembre, y el 25 de diciembre del siguiente año nació el pequeño Andrés. Pero aquel signo del amor de Dios no vino sólo: Rosa María comenzó a recobrar la movilidad; paulatinamente pudo hacerse cargo de sus propios cuidados, y retomar después sus actividades en el hogar.

Su vida hoy

Rosa María desde hace un tiempo es beneficiaria de un programa de despensas de la Cáritas Parroquial en la Preciosa Sangre de Cristo (colonia Gómez Farías). Su hogar es modesto, pero sumamente cálido. Y ahora, entre ella, su hija Sandra y el pequeño Andrés atienden felizmente un puestecito de botanas a la salida de su casa.

Así, ordinariamente Rosa María se va muy temprano a Cáritas para ser la primera en la fila, y corre rumbo a casa para poner el puesto y poder vender sus botanas, sobre todo a los barrenderos que a esas horas de la mañana andan muy activos por la colonia. “Si vendo 20 pesos, con eso está bien; no necesitamos mucho para estar contentos”.

Como consecuencia de aquella artritis reumatoide, a veces Rosa María se siente adolorida y sin fuerzas para levantarse de la cama, pero el pequeño Andrés la consuela: “Mamá -me dice-, no estés triste. Hazme un lugarcito. Yo te voy a llenar de amor”.

La más reciente bendición

Durante siete años, Rosa María no ha parado de ver señales del amor de Dios, quien se manifiesta en su vida de una u otra manera.

“Hoy Dios me ha mandado una nueva bendición -señala-: el Cardenal Carlos Aguiar vino a mi casa, que es un hogar muy humilde y pequeñito, y nos ha dado la bendición. Ha sido algo muy emocionante recibirlo a él y al Obispo. El Señor me llena de bendiciones, siempre se acuerda de mí”.

El día que la Virgen de Guadalupe sacó de la depresión al Papa Francisco


EL DÍA QUE LA VIRGEN DE GUADALUPE SACÓ DE LA DEPRESIÓN AL PAPA FRANCISCO

La vida de Jorge Mario Bergoglio cambió cuando le regalaron una medalla de la Virgen.

El gran carisma del Papa Francisco sólo se puede entender desde sus orígenes y formación, en cuyos detalles ahonda el periodista argentino Armando Rubén Puente, en su obra La vida oculta de Bergoglio, en la que comparte historias inéditas de la vida del Santo Padre.

Uno de estos relatos es precisamente sobre aquellos años en los que el padre Jorge Mario Bergoglio –ahora Papa Francisco– pasó oculto en la Provincia de Córdoba (Argentina), en donde padeció una grave y prolongada crisis interior, tras dejar de ser Provincial para Argentina de la Compañía de Jesús, cargo que ocupó a los 36 años.

Se encontraba en la Residencia Mayor que la Compañía tenía en esa capital, ubicada en la calle Caseros 141; el sacerdote –quien había cumplido para entonces los 52 años– se limitaba a servir en el templo anexo celebrando Misa y confesando.

Se trataba de una gran crisis interior que lo hizo aferrarse a lo que decía san Ignacio de Loyola: “Dado por supuesto que en la desolación no debemos cambiar los primeros propósitos, aprovecha mucho reaccionar intensamente contra la misma desolación como, por ejemplo, insistir más en la oración y meditación, en examinarse mucho, y en alargarnos en algún modo conveniente de hacer penitencia”.

En la habitación que se le había asignado, y ante el Santísimo, pasó muchas horas orando y recordado su infancia, sus padres y sus abuelos inmigrantes.

El sacerdote jesuita Carlos Carranza, asegura que el padre Bergoglio no quería más que dedicarse a orar, de tal manera que lo creían enfermo; tanto, que el director de la residencia, el P. José Antonio Sojo, preocupado y sabiendo que dormía poco y mal, le ofreció cambiarlo de habitación a una interior, para que no le molestara el ruido de la calle y pudiera descansar, pero el P. Bergoglio no quiso.

Sus hermanos religiosos sentían mucha pena por él, pues se pasaba horas sentado en la galería de la casa mirando el vacío, con la mirada perdida.

La doctora Selva Tissera, quien lo atendía de sus dolencias, fue quien le llevó al padre Bergoglio una imagen de la Virgen de Guadalupe. “Estaba preocupada por la salud y estado emocional del padre Bergoglio y por eso le traje de México una medalla de la Virgen de Guadalupe, que compré cuando visité el santuario de la Patrona de América. Cuando se la di, Bergoglio se emocionó al punto de que se le empañaron los ojos y se la colgó al cuello”.

Más tarde, él mismo reconocería que desde aquel momento cambió su vida.

El padre Jorge Bergoglio sabía muy bien que su problema era “que tenía el corazón dolido, herido, rencoroso, incapaz de perdonar”. Sabía que “hay cosas que no se pueden borrar y que perdonar es mirarlas desde otra óptica, redimensionar la ofensa, esa llaga”, que “el fundamento de todo perdón es imitar a Dios”, que “aunque no podamos disimular o pasar por alto una ofensa, como hace Él en su perfección y santidad infinita, lo que sí podemos es dejar pasar un poco el tiempo, aguantar el dolor, padecer con paciencia la ofensa, el agravio, la injusticia, hasta que llegue el momento en que –con la ayuda de Dios– mudemos el corazón, cambiemos el corazón de piedra en uno de carne, como dice el profeta Ezequiel, como Dios quiere. Es un trabajo que solo Él puede hacer en la medida que uno se ponga a tiro, con ese esfuerzo ascético de pedir perdón, de reconocer mis culpas, que había fallado, en lugar de intentar cobrar las cosas que podían haberme hecho”.

Asegura el periodista Armando Rubén que Bergoglio sentía que estaba en el exilio hasta que se dio cuenta, poco a poco, que era “una mala nostalgia, en la que se vuelve atrás y se pierde la esperanza”.

“En aquellos dos años dedicados casi exclusivamente a meditar, orar y confesar, Bergoglio experimentó la misericordia y conoció los grandes sufrimientos de muchos que acudían confesarse, mujeres que habían abortado, prostitutas, y otras muchas personas castigadas por circunstancias de la vida. Conoció un mundo distinto a aquel en el que se había movido durante veinte años y tuvo que aprender una pastoral diferente”.

La lección de aquella crisis, la explicaría más tarde con las siguientes palabras: “Debemos transitar en paciencia, sobre todo ante el fracaso y el pecado, cuando nos damos cuenta de que quebramos nuestro propio límite”.

Fueron, pues, esos años oscuros en los que aprendió mucho como pastor, fueron clave para la formación de ese corazón de pastor que lo ha convertido en un líder espiritual tan distinto a otros y tan cercano a la gente, como se le conoce en la actualidad.

¿Cómo orar en momentos de depresión?


¿CÓMO ORAR EN MOMENTOS DE DEPRESIÓN?
Por: Padre Pedro Barrajón, L.C.

¡Oren constantemente! También cuando estamos en desánimo y depresión podemos orar

La depresión es una enfermedad o una situación anímica negativa de la que se habla cada vez más. El ritmo moderno de la vida conlleva exceso en el esfuerzo que luego se puede traducir en un bajón generalizado de nuestra tonalidad anímica. ¿Cómo orar entonces en momentos de depresión, de desánimo, de desesperanzas? ¿Hay algún secreto para orar en estas circunstancias?

Una simplemente una vida competitiva y llena de exigencias múltiples en muchos sentidos hacen difícil la concentración para la oración, crean nuevas ansias y temores, conducen a altibajos emotivos y afectivos que causan si no una verdadera depresión, sí estados anímicos negativos en los que se nos hace difícil y pesada la vida.

Las personas se pueden preguntar si en estos momentos de depresión se puede rezar o el normal esfuerzo que requiere la oración es demasiado elevado para quien parece no tener fuerzas ni siquiera para llevar una vida normal.

San Pablo en la conclusión de la primera carta a los Tesalonicenses, una de las primeras comunidades cristianas europeas, exhorta a estos discípulos de Cristo en esa ciudad griega: "Oren constantemente". (1 Tes 5, 17) Aquí San Pablo pide algo que parecería casi imposible.

Hay que entender esta exhortación como: oren siempre, en toda ocasión, en toda circunstancia. Por lo tanto, también cuando el estado interior está en desánimo, oprimido por un pena o en depresión anímica. Por lo tanto está claro que también hay que orar en momentos de depresión.

¿Cómo orar ante circunstancias de desánimos?
En cada momento de la vida, nuestra oración debe acoplarse a la realidad interior o exterior que tenemos que vivir.

Se puede orar en la alegría o en la tristeza, se puede orar cuando todo marcha viento en popa o cuando todo parece ir contra lo que habíamos planeado, cuando nos sentimos queridos por los demás o abandonados por todos.

También podemos rezar cuando nuestro estado anímico es positivo o, por el contrario, cuando se ve afligido por lo que hoy se llama depresión.

¿Qué podemos orar cuando estamos en un estado negativo?

En primer lugar se puede orar pidiendo al Señor que, si es su voluntad, nos haga salir de ese estado que nos oprime. Se puede pedir que nos ayude a soportar esa prueba que no se había buscado, ni sospechado y que sin embargo hace tan duro y lento el caminar por la vida.

Quizás en estas circunstancias puede nacer espontánea del alma alguna oración parecida a la de Job que en forma dramática maldice el día de su nacimiento (Job 3, 3-4) aunque luego, esclarecido por la revelación divina reconoce: "yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 5)

Cristo oró en la cruz, invocando al Padre para que escuchara su oración y acogiera su espíritu (Lc 23, 46) Los evangelistas nos han dejado también una invocación de Jesús en la cruz que parece desgarradora: "!Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?" (Mt 26, 46) que probablemente es la recitación de un salmo (Salmo 22) que concluye luego lleno de esperanza.

Cómo orar ante la depresión
En la depresión como en cualquier circunstancia de la vida humana, podemos y debemos orar, no del mismo modo como oramos normalmente. No será una oración discursiva o racional, pero no menos intensa y verdadera.

La oración interpreta los deseos de nuestro espíritu. Y nuestro espíritu siempre busca el amor.

También en la depresión podemos amar y por ello podemos orar, podemos implorar el amor y ofrecer el sufrimiento de nuestro ser como parte de nuestra ofrenda de amor al Señor.

Cada uno encontrará las fórmulas o los métodos que más le ayuden a orar, pero no caigamos en la tentación de dejar la oración cuando más la necesitamos para nutrir nuestro espíritu de las fuerzas que le faltan a la parte emotiva y afectiva de nuestro ser.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos:

http://es.catholic.net/op/articulos/64918/-como-orar-en-momentos-de-depresion.html

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