domingo, 23 de junio de 2019

Jóvenes, ¿realmente una Esperanza?

Columna dominical

JÓVENES, ¿REALMENTE UNA ESPERANZA?

Por Juan M. Rodea

"¿Cómo son los jóvenes de hoy, qué buscan? Se podría decir que son los mismos de siempre." Palabras de un hombre santo a finales del siglo pasado, el Papa que marcó un rumbo decisivo para la Iglesia de las últimas décadas, San Juan Pablo II. Cruzando el umbral de la Esperanza es un libro que rescata la entrevista que le hizo en su momento el reportero católico Vittorio Messori y que recoge varios problemas importantes de la sociedad en ese contexto de los años 90, y uno de ellos era el papel de la juventud.

¿Quiénes eran los jóvenes de aquel entonces?, al pensar en sus características bien podríamos pensar en los jóvenes de ahora y un par de generaciones diferentes, pues nos encontramos en una etapa de transición y relevo, y dada su naturaleza cambiante, pero a la vez cíclica de la historia, nos vemos en la necesidad de preguntarnos: ¿qué diferencias y qué semejanzas hay entre la juventud de los 90 y la de esta segunda década del siglo XXI que está por concluir?, ¿son realmente distintos los millennials y la generación z de la generación x?

Yo nací a finales de los 80, prácticamente soy de los primeros millennials, y mis primos mayores –de cinco años de diferencia para adelante– fueron de los últimos de la generación x –el parteaguas es 1985–, yo no alcancé a ver el auge de varias cosas que para ellos fueron moda en algún momento como algunas consolas de videojuegos o algunos grupos musicales, mientras su infancia transcurría en los 80 y a mi me tocaba compartir su adolescencia con mi infancia noventera, conforme nos acercábamos al fin de la década, el siglo y el milenio algunas cosas nos las iban transmitiendo a mis hermanos, mis primos más chicos y yo, desde ciertos trucos y travesuras hasta hábitos de estudio y costumbres más funcionales.

Así, de generación en generación, los tiempos van cambiando, tenemos características físicas y mentales que son diferentes para cada etapa de la vida, lo que cambia es el entorno donde nos desarrollamos, desde el estilo de vida la tecnología, hasta la cultura. Cada vez se busca más el espacio y la independencia, pero eso nos ha llevado un poco al aislamiento y a distraernos de aquello que es lo más importante por causa de aquello que es novedoso, pero que sigue siendo pasajero. Ese sentido de trascendencia que se está perdiendo de un tiempo para acá, que nos hace preguntarnos cuál es el camino de la verdadera felicidad sin encontrar una respuesta que logre convencernos y que nos llene tanto que no tengamos que errar de un lado a otro buscándola sin encontrarla...



Algo que es difícil de darse cuenta es que a nuestro lado tenemos la solución, que junto a nosotros están las personas que más valen y junto a quienes podemos disfrutar de las alegrías y acompañarnos en las penas, hablo de los círculos más cercanos de convivencia, entre ellos la familia, pero, ¿entonces la Esperanza no eran los jóvenes?, y si no es la familia ni lo son los jóvenes, ¿entonces cómo lograr una Esperanza en una sociedad decadente cuando se está abriendo cada vez más la brecha entre jóvenes y familia?

Sin entrar en detalles, fui viendo las dificultades que iban enfrentando mis primos y personas de su edad conforme iban formando sus propias familias, problemas un poco más complejos que aquellos que nos contaban nuestros padres y nuestros tíos, y fui viendo también cómo algunos amigos de la universidad o del movimiento se iban casando y teniendo sus propios hijos, y es preocupante que en mayor o menor medida de acuerdo a sus ambientes y círculos más cercanos se ven influenciados por la tendencia de tener cada vez menos hijos, no tenerlos y hasta sustituirlos por perrhijos.

Según platicaba la tarde de ayer con uno de mis tíos que ha trabajado en dependencias de gobierno, nos dábamos cuenta que en México la natalidad va cayendo desde hace un par de décadas, era una noticia optimista hace aproximadamente un lustro el hecho de que estábamos poseyendo un bono demográfico gracias a que como millennials representábamos un país de jóvenes con el potencial de innovar e impulsar el desarrollo, hecho mismo que a la fecha no resultó muy alentador por dos motivos: la actitud de las nuevas juventudes de aportar valor en el momento que les toca y que las generaciones que les siguen son menores en número, y ese bono desaprovechado podría tronar en forma de burbuja y convertirse en un invierno demográfico, como ha pasado en España y otros países de Europa occidental que poseen una cultura cada vez más líquida y que se refleja en varios aspectos de la vida pública:



Existe una contradicción en el slogan del YOLO (You Only Live Once, que significa "sólo vives una vez"): se busca vivir "al máximo e intensamente" en este mundo y al mismo tiempo se opta consciente o inconscientemente por una cultura de la muerte, un deseo cada vez más constante e inducido de ser los últimos sobrevivientes sobre la faz de la tierra, una escatología sin Dios que puede o no ser diferente a conjeturas alegóricas del fin de la historia como la de Francis Fukuyama.

Nos habremos ido después de haber sido los últimos en haber gozado, y sin embargo cada vez más personas nos vamos convenciendo de que quizás nuestra existencia va más allá de lo que percibimos con nuestros sentidos básicos, algo que motiva esta vida para vivirla al máximo compartiéndola más bien con los demás y preservándola para continuarla con los que vienen, continuidad que nos acerca cada vez más a la Eternidad de Dios después de las pruebas de purificación que a este mundo le faltan.

Es por ello que la respuesta a la interrogante sobre la Esperanza cimentada en los jóvenes y la familia se encuentra en la visión de conjunto que enlaza los proyectos de vida: los jóvenes de hoy son la familia de mañana, por eso los últimos sínodos y exhortaciones de los Papas de nuestros tiempos han abordado ambas cuestiones sociales, pues no se puede hablar de jóvenes entusiastas y dinámicos sin familias bien formadas, como no se puede hablar de nuevas familias si los jóvenes no se animan a luchar por los retos crecientes que supone la formación de estas a través de la aventura del matrimonio.

Por ello para concluir quiero retomar una pregunta que parte de la revisión del propio Plan de vida de la persona hacia afuera: ¿qué exige el Señor ante los hechos revisados?




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