Los milagros eucarísticos demuestran la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.


Por: Alfredo Rodríguez

Es conocido que la mayoría de nuestros hermanos separados (cristianos no católicos) niegan la presencia real de Cristo en la eucaristía, aunque bien cabe aclarar que en algunas corrientes luteranas del "protestantismo clásico" no es así, pues el mismo Lutero, aun habiéndose separado de la Iglesia Católica, afirmaba con toda contundencia que el cuerpo y la sangre de Jesucristo estaba presente en la Santa Cena.

Es una verdadera lástima que los miembros de las actuales denominaciones evangélicas protestantes, debido a sus prejuicios anticatólicos, se pierdan de una de las más grandes y asombrosas maravillas que puede experimentar una persona que ame a Jesús, como lo es el recibir, de manera literal, el cuerpo de nuestro señor Jesucristo.

Hay que reconocer, que a pesar de todos sus errores teológicos y doctrinales, muchos evangélicos protestantes muestran un ferviente amor por Cristo, y mientras que Él se hace realmente presente en cada misa católica para entregar su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad a cada uno de los que comulgamos, no deja de ser un poco triste pensar en lo que se están perdiendo todos esos hermanos.

En un reciente debate, un protestante que no aclaró a qué iglesia pertenece, negando la eucaristía, decía un tanto de manera irónica a otro hermano católico lo siguiente:

"¿Que le parece si hacemos una prueba, a una hostia después de Bendecida para ver si se volvió carne. ¿Se anima?"
Con mi respuesta quería animarlo a investigar sobre los maravillosos misterios de los 'milagros eucarísticos' investigados científicamente por Ricardo Castañón, en los que, sin ninguna explicación desde el punto de vista materialista, han ocurrido fenómenos que nos sirven de señal para reconocer que la presencia de Cristo en la Eucaristía es cierta y verdadera.

Mi respuesta: ¿Has escuchado hablar de los milagros eucarísticos? Yo te propongo que expliques, si es que no crees en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, cómo es que brota sangre real y aparecen células VIVAS (y que han permanecido vivas por años) de tejido del músculo del corazón en un pedazo de pan.

¿Increíble, no crees? La Iglesia afirma, siguiendo fielmente la enseñanza de Jesús, que el pan del altar, luego de la consagración, aunque sigue teniendo la forma de pan, se convierte en el verdadero cuerpo de Cristo, y justamente en esos fragmentos de pan consagrado, pasando por encima de cualquier explicación de las leyes naturales, se han sucedido manifestaciones sobrenaturales, inexplicables para el reduccionista y limitado cientificismo materialista.

¿No ves en eso una señal inequívoca de que Cristo les está gritando "aquí está mi Cuerpo y mi Sangre, les entrego esta pequeña prueba por si lo siguen dudando"?

Desde el día que descubrí dichos fenómenos, y después de investigar que los análisis hayan sido reales y siguiendo el protocolo científico correcto (pues no soy precisamente de las personas que se creen lo primero que ven), demostrando que no se trataba de ningún fraude, me sigo preguntando cómo puede haber protestantes, que conociendo milagros de esa magnitud, se atrevan a seguir negando la Eucaristía, y más grave aún, que se sigan perdiendo voluntariamente por sus prejuicios anticatólicos, de tan maravillosa experiencia de poder recibir literalmente el Cuerpo de Cristo.

Si tienes un verdadero interés en profundizar, te dejo acá el enlace a un video:


 

5 razones cristianas para rechazar el horóscopo.

5 razones cristianas para rechazar el horóscopo.

1) No existe ninguna evidencia de que la posición de los astros determinen los sucesos trascendentes de nuestras vidas. Como cristianos creemos que es nuestra voluntad y libertad, de la mano de la providencia del único Dios verdadero, las que hacen posibles los eventos trascendentes en nuestra existencia.

2) La probabilidad de que suceda lo pronosticado en el horóscopo es muy baja. La adhesión a las conjeturas zodiacales están más asociadas a sugestiones o esperanzas puestas en cosas inherentes.

3) El zodíaco contiene elementos de culturas espirituales del paganismo que no solo no se relacionan, sino que están en completa oposición con la espiritualidad cristiana.

4) En el horóscopo, las pautas que supuestamente determinan los destinos de cada persona son elaborados por hombres que no se basan en ninguna revelación genuina y si las hay no vienen de Dios.

5) Cada persona es única e irrepetible y no está encasillada en una forma de ser por el día y el año en el que nació.

Pongamos nuestra esperanza en Cristo, no en invensiones ajenas a Él.

También te puede interesar ver:

La Iglesia católica es la Iglesia de Cristo, explicado en seis pasos.

 1.-> Nuestro Señor Jesucristo fundó su Iglesia en el primer siglo como lo enseña la Biblia.

2.-> Los Apóstoles San Juan y San Pablo, como es obvio y por todos conocido, pertenecían a esa Iglesia que Cristo fundó.
3.-> San Juan y San Pablo tuvieron un discípulo, San Ignacio, Obispo de la ciudad de Antioquía.
4.-> El Obispo San Ignacio en una de sus cartas le llamó «Iglesia católica» a aquella Iglesia a la que él mismo pertenecía, y a la que, como es lógico, pertenecían también sus maestros San Juan y San Pablo.
5. -> ¿A qué Iglesia entonces le llamó «Católica» el Obispo San Ignacio?
6.-> A la Iglesia que Cristo fundó


Imagen para que compartas en las redes: 

Homenaje al Sagrado Corazón de Jesús para obtener santa vida y dichosa muerte.

 



Homenaje al Sagrado Corazón de Jesús para obtener santa vida y dichosa muerte.

  Corazón de Jesús, fuente de todos los dones del cielo; El don de sabiduría para conocer, amar y gustar las verdades eternas:
Concédemelo, Señor.
  El don de inteligencia para penetrar tus misterios:
Concédemelo, Señor. 
  El don de ciencia, para conocerme a mí mismo, y para despreciar las vanidades del mundo: 
Concédemelo, Señor. 
  El don de consejo, para saber caminar entre las tinieblas y los peligros de esta vida:
 Concédemelo, Señor.
  Corazón de Jesús, fuente de todos los dones del cielo; El don de fortaleza para vencer las tentaciones del enemigo y las dificultades de la virtud: 
Concédemelo, Señor. 
  El don de piedad para amar la oración y servirte con alegría:
Concédemelo, Señor.
  El don del santo temor para huir con horror de todo lo que puede desagradarte:
Concédemelo, Señor.
  Corazón de Jesús, fuente de todos los dones del cielo; El don de lágrimas, para llorar mis pecados:
Concédemelo, Señor. 
  El espíritu de penitencia, para satisfacer a la justicia divina:
Concédemelo, Señor.
  El don de la perseverancia final para vivir y morir  en tu gracia:
Concédemelo, Señor. 
Amén. 
 

Iglesia Protestante Sueca lanza guía para enseñarles la Biblia con visión LGBTQ a los niños

 



En otra de las aberraciones del decadente cristianismo europeo, carcomido por el discurso del liberalismo progresista y de la post-modernidad, la Iglesia de Suecia (de doctrina luterana protestante, y desde hace varias décadas es extremadamente liberal y progresista), ha lanzado una "guía LGBTQ" para "niños queer", que, dice esta iglesia protestante, servirá como "guía de sobrevivencia" para los niños y adolescentes suecos que no adhieren a ningún género o identidad sexual en específico y que quieren conocer la biblia desde una visión moderna del mundo.

La escandalosa guía, presenta a nuestro Señor Jesucristo con una visión "queer", pues, según este documento impregnado de ideología de género, Jesús llevó una vida de respeto en la que no promovió prejuicios contra las tendencias de las personas.

La guía describe a Jesús como un hombre que "rompió las normas" de su época y que "tampoco defendió la familia tradicional".

La guía también incluye varios términos, como "cisgénero", "género fluido", "género no binario", "queer",y demás terminología propia de los "estudios de género" que niegan que la naturaleza sea la que determine la sexualidad de hombres y mujeres, y que sostienen que la "identidad sexual" se construye socialmente y es una decisión personal.

Esta iglesia protestante es una de las más liberales de Europa y del mundo, ya en años recientes se ha destacado por ordenar "obispas" lesbianas, casar parejas del mismo sexo, sacar de su liturgia los término de 'Señor' o 'Él' para "no asumir el género de Dios", ya que consideraron que era "machista" asignarle un término masculino.

Era un exitoso Doctor en Microbiología, pero Jesús tenía otros planes, lo llamó al Sacerdocio.

 


Compartimos el hermoso testimonio vocacional de Gerardo Ramos Alfano, seminarista del Seminario de Monterrey, México, que siendo un exitoso académico con un Doctorado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Nuevo León fue llamado por Nuestro Señor Jesucristo al Ministerio Sacerdotal.

Demos Gloria a Dios y sigamos orando por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. 

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Testimonio vocacional.

Comencé mis estudios en el Seminario de Monterrey el 8 de agosto del 2009, después de asistir durante un año al proceso vocacional y a dirección espiritual. Recuerdo cómo esperaba con alegría cada fin de semana de retiro para asistir. Siempre buscaba la manera de estar libre ese domingo para no faltar a ninguno. De los días más felices que he tenido en mi vida tengo muy presente el día de ingreso al Seminario Menor después de la misa de inicio de cursos en la Basílica de Guadalupe.

Pero todo tiene un antecedente: durante siete años y medio trabajé para la Universidad Autónoma de Nuevo León, soy Biólogo egresado de esta Casa de Estudios, también obtuve el grado de Maestría en Ciencias con especialidad en Inmunobiología y el Doctorado en Ciencias con especialidad en Microbiología; fui profesor investigador en la Facultad de Ciencias Biológicas y por cinco años subdirector en lo que era la Dirección de Vinculación y Servicio Social de la U.A.N.L.

El año 2006 fue un parteaguas en mi vida: por invitación de Juan Manuel Adame Rodríguez, gran amigo y exjefe del laboratorio, del 23 al 26 de noviembre me encontré con Cristo en un Cursillo de Cristiandad (n. 514), y desde ese momento mi rutina, que iniciaba con clases a las 8:00 horas, oficina, laboratorio, juntas y concluía a las 20:00 horas, dio un giro de 180 grados.

Escuchando el testimonio del Pbro. Osbaldo Rentería Salinas sentí el llamado del Señor a seguirlo. Fueron momentos difíciles, saber si realmente era un llamado de Dios, dejar aquello que por años había sido una pasión en mi vida, dejar a mis padres, mi papá Profr. Héctor Arnoldo Ramos Gutiérrez en ese momento sobrellevando por 17 años una enfermedad crónica, dejar de apoyar en esto a mi madre Aída Alfano Guerra; pero el Señor siempre va aclarando esas tinieblas que debilitan nuestra limitada fe.

Mis padres, con el apoyo de mis hermanos Héctor Arnoldo, Aída y Mayela, fueron reacomodando su vida, me doy cuenta que incluso este tiempo en el Seminario fue una oportunidad para volver a empezar como familia y generó nuevos liderazgos, mayor integración y, sobre todo, un aumento en la fe y la vivencia de la vida cristiana como familia.

Es así que este proceso formativo en miras al sacerdocio ministerial no fue solo para mí, sino que involucró también a mi familia cercana, a la familia extendida, a muchas amistades que guardo desde antes del Seminario, es decir, el llamado del Señor no implica solo al seminarista, sino es un proceso que irradia e impacta todos los ámbitos de nuestra vida.

Nuestros padres viven su propio proceso, igual hermanos, tíos, padrinos, etc. y todo esto va también formando y conformando una luz y esperanza para nuestra Iglesia.


Mi padre fue llamado a la Casa de Dios hace apenas dos años, tras una enfermedad que no se manifestó hasta una etapa terminal invasiva, el Señor nos permitió como familia estar con él, cuidarlo y acompañarlo hasta el último momento, y este regalo tan grande solo lo podemos comprender desde la purificación y crecimiento en la fe en que todos hemos ido experimentando como familia; y tanto que aún nos falta por madurar en ella.

El año escolar 2018-2019 iniciamos una nueva etapa formativa que implicó la mayor parte de la semana estar insertos en una parroquia, este próximo ciclo escolar regresaremos un día a la semana al Seminario, sin embargo, debo reconocer la nostalgia que implicó el último día en esta casa de formación… recordar tantos momentos que evocan muchos sentimientos, solo puedo decir ante ello: no me arrepiento de estar tratando de responder a este llamado de amor por parte del Señor. Recuerdo que lo que más me motivó a, después de dos años, iniciar mi proceso vocacional, fue el no quedarme con la interrogante de saber qué hubiera sido de mí si hubiese entrado al Seminario. Me doy cuenta que al final no dejé nada, ni familia, ni amigos ni cosas, solo el Señor me pidió que renunciara a mí mismo para dejarlo a Él, por amor a su pueblo y dentro de mis limitaciones, manifestar su presencia real y actuante en el mundo de hoy.


Gerardo Ramos Alfano.

¿La Iglesia católica odia a los homosexuales? Te decimos la verdad.

 

 
Si hay una idea fuertemente instalada en la mentalidad de la sociedad occidental es aquella de que el catolicismo odia a los homosexuales, que los detesta, que si no fuera por los derechos humanos los metería a todos a la hoguera. Pues nada más falso. La Iglesia católica no solo no odia a los homosexuales, sino que condena gravemente cualquier expresión de discriminación u odio contra ellos.

Sí, aunque te sorprenda, dentro del sistema moral cristiano de la Iglesia católica es un pecado ofender a los homosexuales, y si algún católico agrede física o verbalmente o incluso si tan solo piensa (en el catolicismo existe el pecado de pensamiento) algo malo sobre algún homosexual, es su deber confesarse y hacer penitencia por esa falta contra el prójimo.

¿Pero y eso de cuando a acá? ¿Cuándo cambiaron las reglas? No, nunca han cambiado, la Iglesia siempre ha enseñado que es contrario a la voluntad de Dios ofender de cualquier manera a su prójimo, pues la ley de Cristo es la ley del amor; amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

El Catecismo dice al respecto del trato hacia los homosexuales:

"Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta." (CIC, 2358).

¿Entonces la Iglesia ya acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo? ¡NO! Y es aquí donde surgen todas las confusiones. La Iglesia mantiene inalterable su posición (que no es que la haya creado ella por su cuenta, sino que la recibió de Dios a través de la Revelación) de que el matrimonio es una institución establecida entre un hombre y una mujer.

¿Pero entonces cómo es eso de que la Iglesia condena hasta los pensamientos contra los homosexuales pero está en contra de que se casen? Bueno, la respuesta es: ¡Porque los ama!

Sí, sabemos que según la mentalidad del mundo, la "prueba de amor" que la Iglesia podría darle a las personas homosexuales sería exclusivamente la de aprobar sus uniones a través del matrimonio. Pero el amor no solo es consentir, amar es querer el mayor bien para la persona amada, y la Iglesia está convencida de que estas relaciones ofenden gravemente a Dios, por lo que consentirlas sería hacerle un profundo daño a quienes buscan establecerlas. La Iglesia solo obedece lo que ha recibido en el Depósito de la Fe Revelada y actúa en consecuencia por el bien y la salvación de las almas.

¿Y por qué reprueba Dios estas uniones si están basadas en el amor?

Los católicos no negamos que pueda existir amor entre dos personas del mismo sexo, pero de ahí no se desprende que deba tratarse de amor erótico, y que tengan que llevar implícita la intimidad sexual, la cual creemos que Dios ha reservado para una relación específica, el matrimonio entre un hombre y una mujer. Un padre y un hijo se aman profundamente, y no podríamos justificar con eso que tuvieran intimidad sexual. El sentimiento de amor no es la única condición para entablar uniones sexuales.

Dos hombres o dos mujeres pueden experimentar un auténtico y profundo amor fraterno, pero si éste deviene en una forma de "amor" erótico, se trata de una distorsión.

Dios ha creado dos clases de cuerpos humanos para ser complementarios, y que al unirse físicamente, unen también la dimensión espiritual (dimensión unitiva de la sexualidad humana), y estableciendo una perfecta comunión quedan abiertos al don de la vida (la reproducción).

No existe la complementariedad física entre dos cuerpos del mismo sexo, por lo que sus relaciones no cumplen con el sentido unitivo, ni mucho menos con el reproductivo.

¿Qué puede hacer entonces una persona con esta inclinación fuertemente arraigada?

Citamos de nueva cuenta el Catecismo: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana." (CIC 2359).


Y la perfección cristiana es el amor. La persona homosexual está llamada a amar, esa es la vocación fundamental de todos los seres humanos, el amor. Pero la expresión del amor se cumple en las distintas facetas de la vida de maneras específicas y fuera del matrimonio entre hombre y mujer, la expresión del amor no incluye la sexualidad. Si una persona definitivamente no cree posible establecer una relación con alguien del sexo opuesto, bien puede, guardando la castidad, amar profundamente al prójimo por medio de las obras de misericordia al modelo del amor perfecto que es del Cristo.


¿Por qué para los católicos es preciosa la Sangre de Cristo?



Cuando en pantalla, sea de TV o de redes sociales, se publica una noticia en cuyas imágenes hay sangre, se acostumbra presentar antes un letrero: “Advertencia: Contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador.” Es que ver sangre es impactante. Procuramos evitarlo.

Entonces ¿por qué la Iglesia, que dedica cada mes del año a diversas devociones, propone como tema para julio “la Preciosísima Sangre de Cristo”, si tampoco nos gusta contemplar la sangre de Jesús? Recuerdo que Mel Gibson fue muy criticado en su película ‘La Pasión de Cristo’ porque lo presentó demasiado sangrante, siendo que la gente prefiere verlo como suele ser representado en los crucifijos: con una llaga en el pecho, de la que si acaso brota sangre es un discreto hilito, pequeñas costras en manos y tobillos, a veces las rodillas raspadas, y para de contar.

Gibson explicó que se basó en el testimonio de la Sábana Santa, lienzo que envolvió a Cristo en el sepulcro, y que muestra manchas de sangre de 120 azotes con flagelo, 50 heridas en la cabeza, una profunda llaga en el hombro, y otras lastimaduras en rostro, manos y rodillas, producto de trancazos y caídas. Es la representación fílmica de Cristo más realista que se ha presentado. Y aunque nos horrorice, hemos de reconocer que una de las principales causas de la muerte de Cristo fue que se desangró. Literalmente derramó hasta la última gota de Su Sangre por nosotros. Y no en una transfusión anestesiada, sino a base de brutales golpes, latigazos y agudas espinas enterradas con saña.

Siglos antes, el profeta Isaías había descrito a Jesús como Siervo Doliente del cual se aparta la mirada, y anunció que muchos se horrorizarían al verlo (ver Is 52, 14;53,3). Entonces, ¿por qué la Iglesia nos invita este mes a contemplar la Sangre de Cristo? Para comprenderlo, cabe recordar 3 significados que se daba a la sangre en el Antiguo Testamento, porque son aplicables a la de Jesús.

1- La sangre era considerada sede de la vida. ¡Cuánto más lo es la Sangre de Cristo, el Viviente por excelencia, el Autor de la existencia, Aquel que derrotó la muerte con Su Resurrección! Por eso afirmó: “quien bebe Mi Sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). A Adán y Eva les advirtió Dios que si comían el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, morirían. Lo comieron, no murieron. ¿Era sólo una amenaza vacía? No. Sí murieron, pero no perdieron su vida física, sino espiritual, se vieron privados de la vida sobrenatural, la vida de la gracia. Es ésta la vida que Jesús nos restituye cuando bebemos Su Sangre.

2- En la noche en que el pueblo judío salió de Egipto, donde era esclavo, la sangre de un cordero, untada en el dintel de las puertas, salvó de morir a quienes vivían en las casas marcadas, y pudieron huir hacia la libertad (ver Ex 12,13). La Sangre de Cristo, el Cordero inmolado, no sólo nos salva de la muerte, pues aunque muramos, resucitaremos, sino que ya en este mundo, nos libera de la esclavitud del pecado, para gozar de la libertad de ser hijos de Dios.

3- Desde el inicio de la historia de la salvación Dios estableció alianzas (con Adán y Eva, Noé y su familia, Abraham y su tribu, Moisés y Su pueblo), y para pactarlas se solía sacrificar un animal y rociar con la sangre el altar y a la gente. Pero como una y otra vez, los hombres fueron infieles a la alianza con Dios, Él prometió enviar al que establecería una alianza que fuera para siempre, y envió a Jesús. Cuando en la Última Cena Él tomó en Sus manos una copa de vino y lo transformó en Su Sangre, dijo que ésa era la Sangre de la alianza, nueva y eterna, que sería derramada por muchos, para el perdón de los pecados.

A lo largo de todos los siglos han corrido ríos de tinta acerca de la Sangre de Cristo. Los santos la han llamado Sangre vivificadora, salvadora, fuente de redención, torrente infinito de perdón, manantial de vida eterna, mar de inagotable misericordia, bebida de salvación. No alcanza este espacio para describirla. No alcanza este mes para contemplarla. No alcanza esta vida para adorarla y agradecerla.

¿Podrían ser santos los dos jesuitas asesinados en la Sierra Tarahumara?


Luego del asesinato de los sacerdotes Javier Campos Morales y Joaquín César Mora en la Sierra Tarahumara hay fieles que se preguntan si podrían llegar a ser santos en un futuro, ya que han sido considerados como hombres piadosos, ejemplares y con absoluta entrega al prójimo y a la Iglesia.

¿Qué se debe considerar en este caso? Lo primero es entender que la situación no queda descartada, pero no ocurriría de inmediato.

La Iglesia Católica solicita que para introducir una Causa de canonización se esperen por lo menos cinco años después de la muerte de un candidato.

Hay dos formas de ser santo

Hay dos vías para llegar a los altares: el martirio y la práctica de las virtudes teologales en grado heroico, y en ambos casos, las investigaciones corren lentas pues se deben responder a todas las interrogantes que formule la Comisión para las Causas de los Santos.

En el caso del martirio, lo primero que se debe probar es que el crimen ocurrió por odio a la fe cristiana; que las víctimas perdonaron a sus verdugos, y que no respondieron con violencia.

En el segundo caso, se tienen que estudiar, por lo menos, los 10 últimos años de la vida de un candidato; tomar testimonios de testigos y de personas que lo conocieron, analizar la correspondencia que hayan sostenido y sus escritos, estudiar a fondo su vida, y para ello, es necesario escribir una biografía oficial muy completa, que será analizada por peritos.

Las fases de una causa de canonización

Todo proceso tiene dos fases, la diocesana, que conduce el obispo del lugar donde falleció el candidato, y una vez que los peritos la aprueban, es enviada a Roma para su estudio, donde también hay peritos que analizan todos los detalles.

Desde el momento en el que el obispo diocesano aprueba una Causa, al candidato se le puede llamar Siervo de Dios, y solo a partir de ese momento, se puede rezar a Dios y pedir la intercesión para que ocurra un milagro que sea demostrado científicamente. Cuando esto pasa, también es estudiado en sus dos fases: en el país de origen y luego en Roma.

Por todo lo anterior aún es muy pronto para saber si los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora podrían avanzar a los altares, pero esto no queda descartado.

Anécdotas inéditas de los padres Morita y Gallo, contadas por un jesuita



Tras el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales (El Gallo) y Joaquín César Mora Salazar (Morita) dentro de una iglesia de la comunidad de Cerocahui, Chihuahua, en la que por décadas desempeñaron su ministerio, son muchos los testimonios que han trascendido en notas o artículos periodísticos, así como en las redes sociales.

Desde la fe platicó con un sacerdote jesuita que conoció a ambos religiosos desde que eran seminaristas. Se trata del padre Luis González Cosio, rector de San Ignacio de Loyola, en Polanco, quien cuenta algunas anécdotas inéditas en torno a estos dos jesuitas que dieron la vida por proteger a un guía de turistas. Los tres fueron abatidos dentro del templo de la Sierra Tarahumara el pasado 20 de junio.

El padre Luis González coincidió con Javier y Joaquín en el Seminario Jesuita de Puente Grande, Jalisco, y desde entonces –asegura– vivían su vocación de manera íntegra.

De Joaquín Mora Salazar

El beso a los enfermos

Era moreno –dice el P. Luis González-, lo que hacía honor a su apellido “Mora”. Además parecía moro: tenía ojos profundos y el pelo crespo; era callado, tímido, taciturno. Y siempre un muy buen compañero.

Vivió gran parte de su apostolado (tenía aproximadamente 50 años de sacerdocio) en colegios, particularmente en el Instituto Cultural Tampico.

A esa ciudad, en el estado de Tamaulipas, suelen llegar muchos indígenas de la Huasteca por los servicios médicos, y el padre Mora tenía la costumbre de buscar a los indígenas más pobres y enfermos, sobre todo a aquellos que no tenían familiares.

“Los acompañaba, los auxiliaba espiritualmente. A pesar de que él era muy sobrio en sus expresiones, al final de su visita los besaba con muchísimo cariño, sin ninguna repugnancia, como un papá o una mamá besan a sus hijos”, cuenta.

El libro que nunca terminaba

En los colegios, el padre Joaquín  era asesor espiritual de secundaria, con chavos en plena adolescencia; sin embargo, siempre lograba mantenerlos atentos. Y esto lo hacía gracias a un libro llamado Mi pie izquierdo, de Christy Brown, que leía por partes con sus alumnos, y a partir del cual iba generando reflexiones para la vida; sin embargo, jamás terminaban de leerlo.

“Era sólo su estrategia pedagógica. El estudiantado es como el agua del río: nunca pasa dos veces, y por ello repetía una y otra vez su estrategia. Al final le reclamaban porque jamás terminaban de leer el libro, pero su objetivo era mantenerlos atentos”, dice el padre Luis González.

Los alumnos de los colegios lo recuerdan también por su manera peculiar de vestir: “A pesar del calor de Tampico, usaba camisas de franela abotonadas hasta el cuello. Se paseaba en silencio, pero sonriente, siempre con una mochila en la espalda”.

El mote de “Morita”

El padre Joaquín era de frágil salud. Cuando salió de Tampico quería irse a trabajar a las Islas Marías, donde la Compañía de Jesús estuvo a cargo del penal por varias décadas; sin embargo, su estado de salud no se lo permitió. Por eso fue enviado primero a Parras y luego a la Tarahumara.

Cuando el P. Mora recibió en Cerocahui al padre Luis González, era época de lluvias, pues él quería que viera lo hermoso del camino. Durante los días de visita se dio cuenta, tal como ocurría desde el seminario, que seguía desplegando una bondad innata con los pobladores de la región: acogía a todos y visitaba a los pobres.

“Fue esa bondad innata con la población de Cerocahui lo que le mereció el mote cariñoso de Morita”, asegura el sacerdote.

De Javier Campos Morales

El apodo del seminario

El padre Javier Campos era un hombre fuerte, alto, moreno, generoso y sobre todo espiritual e incansable.

Desde que estudiaban en el Seminario de Puente Grande, destacaba por su espiritualidad.

Cuenta el P. Luis González: “Teníamos que leer un libro medieval llamado la Imitación de Cristo, de Tomas Kempis. Entre Kempis y Campos hay una cierta similitud, por lo que en lugar de decirle Campos, le decíamos Kempis. Desde el seminario pintaba como un hombre que apreciaba los grandes valores espirituales”.

El apodo de la Tarahumara

Ya en la Tarahumara, donde el padre Javier vivió 50 años de sacerdocio al servicio de las etnias originales, se ganó el mote de “El Gallito”. Y es que, mientras que todo mundo imita al gallo con el tradicional “ki-ki-ri-kí”, el sacerdote jesuita lo imitaba con un canto perfecto, tanto que la gente no sabía si realmente había un gallo por ahí cerca. “Volteaban para todos lados en busca del gallo”.

Un hombre incansable

Algo de lo que más llamaba la atención del padre Javier Campos era su impresionante fortaleza. “Era un hombre incansable”.

Recuerda el padre Luis González que en su troca podía recorrer kilómetros y kilómetros de la sierra y estar “fresco como una lechuga” para seguir trabajando.

“Fue hasta hace unos años cuando comenzó a disminuir el ritmo de su trabajo en ese sentido, ya por su edad. Pero en mi mente siempre quedará el recuerdo de ese hombre fuerte, incansable y espiritual”.

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