miércoles, 18 de julio de 2018

El caso Galileo, la iglesia católica, ¿Enemiga de la ciencia?



CONOCE LA VERDAD SOBRE EL CASO GALILEO, DESTRUIREMOS LA FALSA HISTORIA QUE TE HAN ENSEÑADO

GALILEO LLEGÓ A LA CONCLUSIÓN DE QUE LA TIERRA GIRA ALREDEDOR DEL SOL SOBRE PREMISAS FALSAS, ES DECIR...

¡ÉL TENÍA RAZÓN, PERO LAS PRUEBAS QUE APORTABA ESTABAN EQUIVOCADAS¡
Por Saulo de Tarso

El genio de Galileo Galilei es indiscutible y sus aportaciones a la ciencia y el conocimiento son de indudable valor. Sin embargo, la Iglesia siempre es puesta como un grupo de gente estúpida e ignorante que se opone al progreso y la ciencia, que se negaba a reconocer la verdad que Galileo proclamaba. Pero nada está más lejos de la realidad que ésa fábula erigida en dogma y que es enseñada en todas las escuelas y universidades del mundo.

La comisión que interrogó a Galileo sobre su teoría, estaba formada por sacerdotes es cierto, sólo que esos sacerdotes jesuitas eran científicos tan competentes como el propio Galileo. Nada más que lo que en las escuelas y universidades no se nos cuenta y cualquier persona puede comprobar si consulta los documentos originales del proceso contra Galileo, es que las pruebas aportadas por él en favor de que la tierra orbita alrededor del sol ¡Estaban equivocadas!

Galileo aportó como pruebas de que la tierra se movía, las mareas. Es decir, según él, la prueba de que la tierra se movía, era que dicho movimiento agitaba el agua del mar y por eso las mareas subían y bajaban. Cuando hoy todos sabemos que las mareas son provocadas por la atracción gravitacional que la luna ejerce sobre la tierra y causa que el nivel del mar suba por las noches, Galileo por tanto, en ese punto estaba equivocado.


Galileo no podía responder el argumento más fuerte en su contra, que fue propuesto por Aristóteles, el paralaje. Si la tierra orbitaba el sol, entonces los paralajes estelares podrían ser observados en el cielo. En otras palabras, habría un cambio en la posición de una estrella observada desde la tierra a un lado del sol, y seis meses después cuando la tierra se trasladara al otro extremo de su órbita. Galileo no podía con el mejor de sus telescopios discernir el más mínimo paralaje estelar, porque aunque el paralaje  sí existía, las distancias tan enormes entre las estrellas en el  universo no permitían apreciarlo. Ésta era una objeción científica válida, y no fue comprobada sino hasta 1838, con el avance de la ciencia, cuando Friedrich Bessel tuvo éxito en determinar el paralaje de la estrella 61 Cygni. Pero dos siglos antes, Galileo Galilei era incapaz de probarlo.

El otro problema de Galileo fue que insistió en que los planetas orbitan el sol en círculos perfectos a pesar de los descubrimientos de Johannes Kepler, que demostraban que los planetas se mueven en órbitas elípticas. Los astrónomos jesuitas podían ver claramente que lo afirmado por Galileo era insostenible. 

La Iglesia Católica nunca estuvo cerrada a la teoría de que la tierra se moviera alrededor del sol, pues mucho antes de Galileo, el clérigo católico Nicolás Copérnico, había propuesto la teoría heliocéntrica, de que el sol y no la tierra era el centro de nuestro sistema. Teoría que la Iglesia Católica jamás condenó como herejía, como muchas personas falsamente aseguran. No existe ningún documento oficial de la Iglesia que condene la teoría heliocéntrica de Copérnico.


El biólogo Thomas Henry Huxley, que no tenía precisamente simpatía por el catolicismo, examinó el caso y concluyó que “la Iglesia llevaba la ventaja en este caso”. El punto más sobresaliente sobre esto es que, hasta que Galileo forzó el asunto hacia el ámbito de la teología, la Iglesia había sido defensora de la nueva astronomía. Había alentado el trabajo de Copérnico y había refugiado a Kepler contra las persecuciones de los calvinistas protestantes. La Iglesia Católica apoyó el trabajo de Copérnico, quien al publicar sus estudios los presentó como teoría y no como un hecho probado científicamente, dedicando por cierto, su trabajo al Papa Paulo III. Copérnico había retrasado la publicación de este libro porque temía, no la censura de la Iglesia, sino las burlas de los académicos. Eran los aristotélicos más rígidos en las escuelas quienes ofrecían la más fiera resistencia a la nueva ciencia. Finalmente, el trabajo de Copérnico fue publicado en 1543 antes de su muerte, a petición de un grupo de Cardenales de la Iglesia. 

Actitud completamente contraria a la que adoptó Galileo, ya que la Iglesia apoyó su teoría, siempre y cuando la publicara como lo que en realidad era, una teoría, debido a que las pruebas que aportaba, no eran concluyentes. Sólo que Galileo lo mostró como un hecho probado científicamente, rompiendo lo acordado.

Galileo fue más allá. Afirmó que dos libros escritos por el mismo Autor, es decir, la Biblia y el libro de la naturaleza, no podían contradecirse el uno al otro. Pero añadió que nadie podía “asegurar con certeza que todos los intérpretes hablaran por inspiración divina”. Es ésta la herejía pronunciada por Galileo, el problema no fue que él asegurara que la tierra orbita en torno al sol, sino que se atrevió a meterse con la Biblia saliéndose de lo estrictamente científico al poner en duda su inspiración divina. Es cierto, la opinión general de la Iglesia era que era el sol es el que se mueve, hoy en día seguimos diciendo que el sol sale o se mete, lo cual es falso como todos sabemos, pero no nos convierte en estúpidos por decirlo. La Iglesia jamás definió como dogma que el sol gira alrededor de la tierra, esa era simplemente la creencia que todo el mundo tenía.

Es cierto, Galileo estaba en lo correcto apoyado sobre pruebas que no podían probar nada. El Papa Urbano VIII concedió el IMPRIMATUR a Galileo para publicar sus conclusiones científicas siempre y cuando las presentara como lo que realmente eran, una teoría no plenamente comprobada aún. Pero Galileo cambió el escrito presentado para su aprobación eclesiástica o Imprimatur y lo publicó como un hecho probado en forma de diálogos en los que ponía en boca del imbécil las opiniones del Papa. De modo que no sólo violaba el acuerdo, sino que además insultaba al Papa al ponerlo como un tonto. Pero esa era la forma común de actuar de Galileo, trataba de asnos, idiotas, imbéciles a todo aquel colega científico o no, que no estuviera de acuerdo en algo con él. ¿Sabías por ejemplo querido lector, que Galileo obligó a sus dos hijas a hacerse monjas aunque ellas no tenían vocación y no deseaban hacerlo? Motivo por el cual, una de ellas terminó suicidándose.

Galileo no fue torturado, ni quemado en la hoguera de la inquisición como falsamente pregonan muchos protestantes ignorantes y gente de mala fe. Galileo fue condenado como “SOSPECHOSO DE HEREJÍA” a arresto domiciliario en un castillo y después volver a su casa. Nunca se le condenó como hereje.

Como escribió el embajador toscano Francesco Niccolini el 27 de febrero de 1633 (página 225 del libro The Galileo Affair: A Documentary History de Maurice A. Finocchiaro):

“Su Santidad [Papa Urbano VIII] respondió que le había hecho al Sr. Galilei un favor singular, no hecho a otros, al permitirle quedarse en esta casa [la embajada toscana] en lugar de hacerlo en el Santo Oficio, y que este amable procedimiento había usado solo porque es un querido empleado del Patrono Más Sereno [el Papa] y debido a la consideración debida a Su Alteza [el Papa], porque un Caballero de la Casa de Gonzaga, hijo de Ferdinando, no solo había sido colocado en una litera y escoltado a Roma bajo vigilancia, pero fue llevado al Castillo y se mantuvo allí durante un largo tiempo hasta el final del juicio. Me mostré consciente de la naturaleza del favor y le agradecí humildemente a Su Santidad [el Papa].”

Y el 16 de abril de 1633 (páginas 250-51 de ibid. ):

“De hecho, no hay ningún precedente de que alguien haya sido interrogado durante un juicio sin haber sido detenido en una celda de la prisión, y en este sentido se ha beneficiado de haber sido empleado por Su Alteza [Papa Urbano VIII] y de haber sido alojado en esta casa; ¿Hay conocimiento de alguien más (ya sea obispo, prelado o noble) que, inmediatamente después de su llegada a Roma, no se ha mantenido en el Castillo o en el mismo palacio de la Inquisición, sujeto a todo rigor y rigor. Además, incluso le permiten a su sirviente esperar en él, dormir allí y, lo que es más, ir y venir a su antojo, y permiten que mis propios sirvientes le traigan comida a su habitación desde aquí y regresen a mi casa. casa mañana y tarde.”

Este tratamiento singular difícilmente puede considerarse una persecución.

Su arresto domiciliario comenzó en la misma embajada de la Toscana el 24 de junio de 1633. El 1 de diciembre de 1633, el Papa permitió a Galileo regresar a su villa en Arcetri, cerca de Florencia, donde permaneció el resto de su vida.

CONCLUSIÓN

Galileo era un genio que aportó muchas cosas a la ciencia, pero era un ser humano al fin con terribles defectos como cualquier persona. Él tenía la razón, pero no podía probarlo plenamente y traicionó e insultó al Papa que siempre le dio honores y facilidades convirtiendo el asunto en algo personal. Por otra parte, la Iglesia o mejor dicho el Papa Urbano VIII, tomó de forma personal los excesos de Galileo y le hizo sentir todo el peso de su autoridad en un proceso ridículo y precipitado que más que enseñar humildad a Galileo, dañó tremendamente la reputación de la Iglesia.

Galileo no fue ninguna víctima tratado injustamente por un grupo de ignorantes irracionales y fanáticos como puede verse a continuación en lo escrito por un santo de fama mundial de la Iglesia Católica, San Roberto Belarmino, cardenal que participó en el proceso contra Galileo. Se trata de la carta que Belarmino escribió, el 12 de abril de 1615, a Paolo Antonio Foscarini, superior de los carmelitas de Calabria y amigo de Galileo.

“Digo, lo tercero, que si hubiese una verdadera demostración de que el sol está en el centro del mundo y la tierra en el tercer cielo, de que el sol no rodea a la tierra sino la tierra al sol, entonces sería necesario andar con mucho cuidado al explicar las Escrituras que parecen contrarias. Habría que decir que no las entendemos, más que decir que sea falso lo que está demostrado. Mas yo no creeré que exista tal demostración, mientras no me la muestren: y no es lo mismo demostrar.”

¿Le parece a usted querido lector que esa posición de aceptar el error propio a cambio de pruebas es irracional? ¿Toda corte en el mundo se basa en pruebas para dilucidar la falsedad o verdad de todo asunto. ¿Era la Iglesia irracional y fanática al exigir las pruebas? ¡Y Galileo quería cambiar la interpretación de la Biblia sobre la base de pruebas equivocadas!

Esa era como ya lo tenemos dicho, la posición de la Iglesia: Se aceptaría que estaba equivocada en cuanto a su entendimiento de la Escritura, siempre y cuando se presentaran pruebas irrefutables, pruebas que Galileo no podía aportar y que aparecerían muchos años después con el avance de la ciencia.

Y SIN EMBARGO SE MUEVE...

No es extraño que, durante las clases de historia que se imparten en la educación básica, todos aprendamos anécdotas o supuestos datos que, a la luz de la investigación de los hechos históricos, terminan siendo falsos.

Así sucede con la muy famosa frase atribuida a Galileo Galilei, "Y sin embargo, se mueve", la cual supuestamente pronunció cuando fue obligado por la Santa Inquisición a retractarse de la 'herética' teoría de que la Tierra se movía alrededor del Sol, y no al revés.

Pero la verdad es que la famosa sentencia 'Eppur si muove' no está registrada en ninguno de los archivos del juicio, ni tampoco en las cartas o escritos posteriores de Galileo. Tampoco existe ninguna crónica de la época que dé cuenta de ella ni queda asentada en la biografía de Galilei escrita por su propio discípulo, Vincenzo Viviani. En suma, ES FALSO QUE GALILEO DIJO: “Y SIN EMBARGO SE MUEVE”.

Hubo lamentables excesos por ambas partes, pero ni Galileo era un santo, ni la Iglesia era cerrada y estúpida. Esa es la realidad histórica del caso Galileo que no nos contaron en la escuela y la universidad. Esos son los hechos, no palabras.



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