"Baja de la Cruz"

"Baja de la Cruz"

Por Juan M. Rodea


¿Una justa condición para creer?


Un visceral desafío que procede de la incredulidad es presentado como afrenta en el momento más inoportuno, a un condenado a muerte se le demanda un esfuerzo extraordinario en una cruel situación de desventaja para gozar de una credibilidad condicionada y quizá pasajera que demerita todo un Proyecto, se pide una prueba para que en el momento funcionen las cosas a modo más allá de lo sensato que pueda esto resultar, de la misma forma que un secuestrador o un terrorista demandan un acuerdo forzado ellos estipulan sus términos a quien a la vez están tomando como rehén: "¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz!" (Mt. 27,40) ¿De qué depende que esta condición sea valorada o no como justa conforme a los términos en que se realiza?, ¿y qué tal si fuéramos a la búsqueda de interpretar las intenciones con las que se realiza?... de antemano los textos bíblicos que narran el acontecimiento lo juzgan con cabal fundamento como una burla hacia el condenado, acción que viene a formar parte de un momento puntual y con implicaciones diversas que no se pueden de ningún modo subestimar.


¿Qué hay tras el reclamo?


Una actitud renuente frente a la conversión que parte del orgullo y la envidia que termina lamentablemente apoderándose de quienes estaban a cargo de enseñar y hacer cumplir la Ley de Dios para preservar la Alianza sacerdotal es la que lleva a los maestros de la Ley a oponerse al Ministerio de Cristo, aceptar su Propuesta implicaba renunciar a algunas cosas a las que estaban acostumbrados, se puede decir que la conveniencia era el origen de su rechazo del Plan de Salvación que constituye el Plan de Dios para la humanidad.

En este contexto histórico se observan hechos y acciones que marcaron el rumbo de este proyecto de Dios, de igual forma que sucede al día de hoy con las particularidades del acontecer actual: hablar de este momento histórico hace paralelos el pasado y el presente de la Historia de Salvación, y de la misma forma en que sucede con la iniciativa de Jesús de dar la propia vida como donación entera de su Persona (Jn. 10,17-18).

Ese fue el reclamo anterior, aquel que fue silenciado con el estruendo que secundaba las últimas palabras de Jesús antes de expirar (Lc. 23,44-48), aunque quizás es aún más apremiante cuestionarse si a pesar de ello ese reclamo aún existe ya desde voces diferentes, y basta mirar los medios de comunicación, donde algunos líderes de opinión que en público se expresan con una fuerte aversión hacia toda forma de Fe, en vez de ignorar el tema, se vuelven acérrimos críticos al expresarse en forma hilarante en ocasiones y en forma agresiva en otras, y el argumento central toma una fuerza especial durante estos momentos en que la humanidad atraviesa por una de las peores crisis de su historia –o al menos es en lo que el miedo y la incertidumbre llevan al impulso a pensar–.



A veces se habla de la creencia en Dios como una injusta forma de infundir miedo para llevar de la tragedia a la conversión, o en un intento de darle un tinte más racionalista al reclamo se reprocha el cómo las religiones del mundo apoyan directa o indirectamente a los médicos y científicos para resolver el problema para después desentenderse reconociendo la bondad de la Acción Divina, como si una cosa estuviera peleada con la otra..., y ya no hablemos del trillado mito de la opulencia de la Iglesia y una riqueza material que no es compartida para erradicar el hambre, enfermedades y damnificación por desastres naturales, y esta pandemia de coronavirus naturalmente se presta para bombardear fuertemente con ese discurso.


¿Qué diferencia este desafío del justo reclamo?


Para terminar de entender el primer caso hay que reparar en que quienes actualmente rechazan la Fe directa o indirectamente tras caretas de arrogancia, sarcasmo y desprecio hacia la genuina ignorancia o simple ingenuidad de no pocos creyentes –un problema que por su gravedad no puede ser ignorado suele esconderse un resentimiento generado por heridas hechas en el transcurso de la experiencia personal y que han empeorado con los remedios propuestos en las alternativas ideológicas, formas de colectivización mal encauzadas y la reacción inicua encabezada por la envidia y el deseo de venganza.



Un claro ejemplo: más allá de los daños en propiedad ajena y la agresión física hacia las personas que se crucen en el camino, los colectivos que piden considerar verdaderos males como el aborto en forma de derechos, suelen impartir talleres para "abortar de forma segura en casa" sin la conciencia del peligro que supone la vida e integridad de quienes en su desesperación lo realicen y sin que quienes lo promueven se atrevan a mencionarlo:




Justamente antes de ser aprehendido para ser juzgado y ejecutado, Jesús mismo reprende a Pedro por su intento de defender a su Maestro y explica cómo el círculo de la violencia la vuelve sistémica y conduce a la muerte de quienes se involucran (Mt. 26,51-52).

A veces nuestra realidad al ser confrontada puede ocasionarnos dolor o incomodidad ante la pérdida de algo que al ser debidamente resuelta nos puede ayudar a obtener un bien mayor, y para muestra basta un botón: varios católicos quedaron contrariados de la postura de la Iglesia mexicana antes del 9M y se llegó a pensar que se estaba cediendo ante las peticiones de los colectivos tal y como los mismos colectivos lo manifestaban en son de burla a través de sus redes sociales, e incluso no faltaron católicos desinformados que llegaron a pensar que se estaba apoyando al paro –evidentemente la Iglesia NO SE ESTABA SUMANDO AL PARO– y aún algunos cedieron compartiendo contenido y elementos propios de los colectivos –quede este último punto comentado más con fines narrativos que de juicio, y sin embargo la puerta que se dejó abierta al diálogo tenía como objetivo que fuésemos LOS LAICOS quienes a través de contracampañas como #mujeresvida o #undiasinviolencia pudimos unirnos no al paro convocado por los colectivos, sino al justo reclamo por la violencia no solamente hacia las mujeres, sino de todo aquel ser humano (para este ejemplo en particular, en vez de la venganza se opta por pedir cordialmente protección y responsabilidad para lograr el bien común mediante el justo medio).

Contrario a lo que se cree, no tenemos un Dios cruel que se goza en el dolor humano y al que se le pinta como implacable por una interpretación sesgada del Antiguo Testamento ni mucho menos negligente ante sus hijos que sufren, tan es así que Él mismo en la Persona de su propio Hijo se entregó a nosotros de la forma más injusta en reparación de nuestros pecados:



Y ante todo, por si sigue siendo difícil entender el dolor físico de un Hombre que fue agredido físicamente en forma gradual pasando de las bofetadas (Jn. 18,22; Mt. 26,67) a los sádicos azotes de los conquistadores romanos (Jn. 19,1-3) y la ignominiosa cruz (Deut. 21,22-23; Jn. 19,5-6; Gál. 3,13; Fil. 2,8), también está el sufrimiento anímico de la tristeza y angustia de Getsemaní (Mt. 26,37-38) y ese sentimiento de profundo abandono en el Calvario (Mt. 27,46) ya citado por el salmista (cfr. Sal. 22,1ss). El propio dolor fue la forma perfecta de unir el sufrimiento experimentado por Jesús al del resto de la humanidad en oblación:



Un detalle inesperado propio de la espontaneidad del programa citado (min. 11:30): nuestra invitada tenía ganas de salmodiar, instada entonces a la forma de compartir en la que se sintiera expresándolo más tranquilamente lo hizo y comentamos el hecho de que esperaríamos al domingo de ramos para escuchar la liturgia completa, y son inevitables los sentimientos encontrados al reparar en que tuvimos que vivir la celebración de la semana pasada en la lejanía de una transmisión en vivo o por televisión. Por algo vivimos ese adelanto (Rom. 8,28), muy a propósito de la insistencia de entender los signos de los tiempos, y el dolor es un indicador de la necesidad de Dios por ser en Él en el que encontramos Plenitud, más allá del chantaje percibido por el recelo del no creyente, descubrimos nuestra propia vulnerabilidad y la exponemos delante de Dios encauzando nuestro sentido de vida, más o menos dirigidas en esa línea van todas las corrientes de la filosofía y la psicología, pero una aproximación bastante precisa es la de la experiencia propia de Viktor Frankl en el campo de concentración, gracias a la fortaleza que desarrolló poniendo sus ojos más allá de Auschwitz nació la logoterapia, la escuela que más apertura tiene a la dimensión teologal del hombre –específicamente de la cosmovisión judeocristiana.



Es evidente entonces que no es nueva la osadía de desafiar a Dios y pedirle que actúe a nuestra conveniencia, antes del aborrecimiento cultural posmoderno promovido por los representantes del progresismo y las mentes donde predomina un criterio débil el día de hoy ("si Dios existe, que deje de haber pobreza, los curas dejen de violar niños", etc.), antes de que los maestros de la Ley con su alevosía de acusadores y verdugos dijeran "si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz", se escuchó decir también: "si eres Hijo de Dios, tírate abajo[...]" (Mt. 4,6), y ese mismo adversario definitivo formalmente declarado recibió por respuesta "[...]está escrito: 'no tentarás al Señor tu Dios'" (Mt. 4,7; cfr. Deut. 6,16). Hay una brecha entre la malicia declarada de la enemistad completa elegida contra Dios que comienza por culparle del destino (Jb. 2,9) y la desesperación que nos lleva atribuirle nuestras desgracias, o en su defecto, demostrar que como la desgracia existe, entonces no existe el Bien absoluto y por ende es vana la búsqueda de la trascendencia, y sin embargo esta humana y limitada forma de pensar que es de naturaleza intrínsecamente empírica, se origina en un conocimiento incompleto y perturbado de nuestra realidad y la realidad del mundo –por no mencionar la insensatez y el desconocimiento del Plan de Dios– (Jb. 2,10; Sal. 14,1), es preciso atender a la identificación de los sofismas modernos en sus más diversas formas de aplicarlos en esta narrativa –comenzando por la falacia de petición de principio que es el punto de partida en esta ocasión, el hombre de paja o la compleja paradoja de Epicuro.


La Verdad: solución y punto de convergencia




Si de verdad nos esforzáramos en aprender desde nuestros momentos de dolor; si así como somos capaces de levantarle la voz o simplemente reclamarles a nuestros padres, maestros o superiores en el trabajo y de pelearnos con nuestros clientes, proveedores, socios y vecinos fuésemos firmes para dejar de justificar a líderes e ideologías en momentos de clara injusticia e incongruencia por miedo de renunciar a algún favor o la necesidad de replantear las convicciones propias; si así como somos capaces de reclamarle –no siempre de la mejor manera– a alguien que se metió en la fila o se nos cerró con su vehículo en la calle fuésemos firmes para denunciar un delito que presenciamos; si así como somos capaces de criticar a nuestro párroco, el Papa, los obispos y líderes pastorales –gran parte del tiempo a sus espaldas o en el anonimato presencial de las redes fuéramos prestos para el apostolado, las obras de Misericordia, la responsabilidad cotidiana y firmes para reprender en la caridad a alguien que está errando sin alegar una empatía simplista y reducida; si así como somos capaces de reclamar tiempos de respuesta a las oraciones de Dios fuéramos nosotros de asiduos a la oración y a los Sacramentos –especialmente el de la reconciliación–, podríamos comenzar a sentar las bases en nuestra vida de la Verdadera Justicia, aquella que fue detalladamente descrita en el Sermón del monte (Mt. 5-7).



Dios es el Bien y la Verdad en si mismos, se le puede entender de forma personal gracias a Jesucristo que se entrega por nosotros un día como hoy, por ello debemos preguntarnos si nuestro reclamo es realmente justo y ser capaces de rectificar y perdonar a Dios dado que Él ni es culpable de nuestro dolor ni se complace en el mismo, antes bien, es capaz de llorar junto a nosotros ante nuestra pérdida (Jn. 11,35; Lc. 19,41); de ahí a partir de las circunstancias viene perdonar aún a quien nos ha hecho daño sin importar si es capaz de reconciliarse con nosotros o no (Mt. 6,12.14;5,44-47), Jesús mismo pone el ejemplo de compasión ante esa saña máxima de quienes lo llevan al suplicio (Lc. 23,34); y el verdadero arrepentimiento para rectificar nuestras acciones, culmina con perdonarnos a nosotros mismos confiando en que Dios puede perdonarnos de todo si así lo permitimos (1 Jn. 3,20-21; Jn. 6,37-38; Lc. 15,20), estos tres niveles de perdón los identifica y enseña San Francisco de Asís, es preciso reiterar que en el sufrimiento propio somos más sensibles de acuerdo a nuestro grado de autorreconocimiento a la Verdadera Justicia y cuando vemos la dureza de corazón de alguien a nuestro lado a raíz de que la está pasando mal, es posible voltear para reconocer la oportunidad de elegir entre el reproche y la compasión para pedir perdón ante la propia exigencia de nuestras culpas (Lc. 23,39-42) y recibir en reciprocidad aún sin merecerlo la Misericordia y el recibimiento de Dios que nos acompaña incondicionalmente desde la Cruz (Lc. 23,43).

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¿Dónde quiere Jesús que preparemos la Cena?

¿Dónde quiere Jesús que preparemos la Cena?

Por Juan M. Rodea


¿Es este un momento histórico al que nos estamos refiriendo?


Bien sabido es que la celebración de Pésaj giraba en torno a un hecho que había constituido a Israel como nación después de la opresión de Egipto, que se veía claudicante frente a la mortal tragedia de la que los israelitas se estaban viendo rescatados frente a quienes los tenían cautivos (Ex. 12,1-28). Año con año se celebró desde entonces por el pueblo hebreo esta fiesta que en el mundo occidental para los hispanoablantes se conoce como la Pascua, con rigor ininterrumpido se cumplía cabalmente por todo judío que se respetaba y la familia de Nazareth no fue la excepción (Lc. 2,41-42). El Hijo Único de esta familia subía entonces cada año a Jerusalén en peregrinación para esta festividad, y sin embargo en el ocaso de los evangelios se muestra el marcado y explicado interés que tiene Jesús en la Última Pascua que vivió en este mundo antes de morir (Lc. 22,14-16), ¿y cómo comenzó este acontecimiento único?, por lo menos los primeros tres evangelios narran el acontecimiento (Mt. 26,17-19; Mc. 14,12-16; Lc. 22,7-13), y para poder ver con mayor detalle la escena revisaremos el último de los textos:

"Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Vayan y prepárennos la Pascua para que la comamos.» Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» Les dijo: «Cuando entren en la ciudad, les saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo hasta la casa en que entre, y dirán al dueño de la casa: ‘El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ Él les dará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; hagan allí los preparativos.» Fueron y lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua."
Lc. 22,7-13 BJL

A pesar de que sé la condición Divina de Cristo como muchos que leen, no deja de asombrarme como a la mayoría el hecho de que el Maestro sabía de antemano –conociera o no previamente al dueño, claro está que tampoco debemos olvidar también su condición humana– cómo estaría dispuesto todo y da indicaciones precisas y puntuales para que los Apóstoles que recibieron la encomienda pudieran ser atendidos conforme a la disponibilidad que los anfitriones tenían a cargo. Claro está que toda indicación recibida de Jesucristo a los suyos desde entonces está llena de elementos dignos de atención, por eso dio en todo momento y con toda claridad la importancia de atender signos y señales con su respectivo significado:




Para aclarar entonces, ¿nos estamos refiriendo a este momento histórico o a aquel?


¿Por qué algunos columnistas insistimos en usar tantas preguntas? (especialmente en los encabezados), ¿para qué hacer capcioso algo que debe de ser entendible? –¡y sobretodo tratándose del título o incluso el punto de partida!–, ¿no es mejor ser directos e ir al punto sin rodeos?..., ¡pues si y no!, ¿y por qué no? –pregunta obligada en ambas direcciones–, la claridad a veces requiere ser depurada reteniendo lo descartable identificándolo primero, y esto implica asegurarnos que estamos planteando correctamente una problemática, o en su defecto, que estamos entendiendo correctamente la que plantea alguien más.



Hablamos de un momento único, histórico, esa materia que tantos dolores de cabeza por la cronología que implica es preciso emplearla para entender hechos pasados... ¡o actuales!, el tiempo transcurre y cambia los lugares y actores, a Heráclito de Éfeso se le ocurrió la analogía del agua del río para tratar de comprender esa cuestión, figurarse que aunque la ubicación de un cauce hidrográfico –historia, filosofía y también geografía, ¿no estábamos ya de vacaciones? podía aludir a un mismo río al cuál acudir para bañarse, si lo visitamos en diferentes ocasiones no será el mismo río porque el caudal de agua que lo conforma va fluyendo y es reemplazado por agua que proviene del mismo lugar y que está constituida por átomos y moléculas del mismo tipo de elementos –¡física y química, el colmo!, pero a fin de cuentas unidades moleculares diferentes...

...el estudio del factor tiempo en cuestiones existenciales es algo tan complejo y a la vez necesario, que grandes filósofos como Martin Heidegger dedicaron obras completas para entenderlo como parte esencial de la vida del hombre (El ser y el tiempo, 1927), que cunda el alivio de que no es el objetivo disertar a profundidad sobre esta cuestión, pero si es necesario darnos una idea de qué tamaño es para asimilar la riqueza de los pronombres demostrativos –¿y ahora para qué meter conceptos de gramática?– en la afirmación central que nos compete la pregunta del primer subtítulo: "¿es este un momento histórico al que nos estamos refiriendo?" (si, ¿cómo asegurarnos si es este momento o aquel momento?, ¿la Jerusalén de tiempos de Jesucristo o el 2020 que está corriendo actualmente?)


¿Para qué hacer una diferenciación tan radical y a la vez un paralelismo tan exhaustivo de ambos momentos?


¿Estás seguro(a) de que la historia no se repite?, evidentemente, esa Pascua para la que Cristo vino al mundo resignificó el Pésaj de los judíos para que los cristianos viviéramos ese momento único aún dentro de la especificidad del momento presente, así como Jesús de Nazareth estaba presenciando el momento más adverso de su Ministerio y de su propia existencia en este mundo, la humanidad hoy enfrenta una crisis única en la historia...



...una crisis tan única como lo fue la epidemia de peste negra del siglo XVII, y tan única como las que le precedieron en la Edad Media, fueron circunstancias bastante similares, pero en cada una la humanidad actuó diferente en muchos aspectos aunque el temor a nivel escatológico era el mismo, igualmente hace 12 años se vivió una epidemia de influenza porcina (ocasionada por la cepa del virus H1N1) en la que se vivieron breves momentos de pánico que igual se prestaron  en su momento para bastantes conjeturas más allá de los cuidados que desde entonces se practicaron –suspensión de actividades, uso de equipo de protección y medidas de sanitización, y vemos al día de hoy reacciones diversas ante una pandemia de un tipo de coronavirus (SARS-CoV-2) que se contagia más fácilmente y que tiene azorados a los sistemas de salud públicos y privados y a todos los gobiernos del mundo muy a pesar de los intereses y poder que puedan tener y de los que no es preciso hablar mucho en este momento.

En teoría los creyentes no deberíamos temer mal alguno porque Dios está con nosotros en las buenas y en las malas (cfr. Sal. 23,1ss), y sin embargo vemos que se pierde de forma inconsciente y en algunos casos hasta deliberada de la cordura, la prudencia, el sentido común y algunas otras cualidades intelectuales en muchos aspectos de la vida cotidiana que se ven forzados a cambiar debido a esta peculiar circunstancia al menos en el tiempo que esto dure.

Hasta el cansancio se han visto publicaciones varias en sitios católicos que hablan precisamente de ejemplos bíblicos de confinamiento y otras maniobras de defensa utilizadas por el Pueblo de Israel para salvaguardar la vida e integridad de aquellos a quienes Dios quiso proteger muchas ocasiones, y es de hecho la Pascua judía –o Pésaj– el ejemplo que más se ha utilizado, Dios mismo pidiendo a los hebreos que no salieran porque quería que nadie de los suyos sufriera la tragedia que les afectaría a los verdaderos responsables de la misma, no se trata de buscar culpables al día de hoy de la propagación de esta enfermedad como muchos oportunistas han querido hacer, antes bien, habría que preguntarnos en qué estado se encuentra ahora mismo nuestra vida de Fe para poder confiadamente encaminar nuestra oración hacia el pedido de la Misericordia y protección divina (Ef. 6,18) de Aquel que hace salir el sol sobre buenos y malos (Mt. 5,45). Esta importante labor se corresponde hoy con el tiempo litúrgico, pues en todo el mundo ha habido obispos que sabiamente han dispuesto consideraciones para vivir las celebraciones cuaresmales y del triduo pascual de manera acorde a la seguridad requerida en este momento, naturalmente la más compartida es la de solicitar que solamente los fieles que servirán en la liturgia y la música sean los que estén presentes en el templo desde donde se está transmitiendo por internet a puerta cerrada para los demás fieles:



Valga destacar el hecho de que la devoción en línea jamás se podrá equiparar con la vivencia presencial de los Sacramentos de la misma forma que un noviazgo a distancia no se puede comparar con uno donde se convive con una persona en la misma ciudad y mucho menos viene a ser reemplazo una de la otra, se ha dispuesto esto en lo que se busca la forma de que tengamos nuevamente acceso a la Eucaristía, la Confesión y todos los demás ritos en los que formamos parte del nuevo Pueblo de Dios, pues así como las catacumbas preservaron provisionalmente de la persecución a los primeros cristianos, nuestras casas por ahora son el entorno seguro donde estamos invitados a participar en la celebración este momento de la Cena del Señor, la instrucción la hemos recibido, lo que queda es ir hacia donde nos ha pedido a través de quienes dejó a cargo el Papa y los obispos en la primera jerarquía de la línea pastoral–, para que igual que en este pasaje del Evangelio podamos encontrar todo tal como nos ha dicho y preparar la Pascua.

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¿Aún no tenemos Fe?


¿Aún no tenemos Fe?

Por Juan M. Rodea


¿Por qué es para todos esa pregunta hoy en día?



"La Fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve."
Heb. 11,1 BJL

Así es como de forma plena y concisa se nos presenta la definición de la Fe como concepto en el Nuevo Testamento, y no es tan diferente del Magisterio de la Iglesia, que en el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1814, que nos amplía el significado de ello:
La Fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la Verdad misma. Por la Fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (Dei Verbum, Num. 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la Voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la Fe” (Rom.1, 17). La Fe viva “actúa por la Caridad” (Gal. 5, 6).
En ese esfuerzo podemos entender un acto de Fe como una obra que requiere iniciativa en dos aspectos: conocimiento y acción. Con un poco de entendimiento a priori podríamos identificar en estas dos vertientes del acto de Fe una fase mecánica y una dinámica, una virtud que una vez meditada nos puede llevar a la acción, y sin embargo a veces vivimos la Fe sin haberla meditado previamente y las consecuencias podrían no corresponder con los resultados a los que queremos que nuestra Fe esté orientada.

¿Qué tan oportunamente activa está nuestra Fe?

Así como amar es un acto de Caridad y esperar uno de Esperanza, la Fe en activo requiere creer en algo que existe, algo que Alguien superior a nosotros dispone y con quien hemos de encontrarnos en el mejor momento de nuestras vidas, ese Dios personal que nos espera confiadamente y que por ello nos infunde a su vez la capacidad y el deseo de esperar en Él y que humanamente se traduce en ese anhelo de felicidad y esa búsqueda del bien y la Verdad que llevan intrínsecamente (CIC Num. 1818), son virtudes que si bien no están del todo separadas es preciso diferenciarlas para tener bien claro el Camino que hemos de recorrer, y por ello hemos de preguntarnos de la misma forma que el sabio rey Salomón (Prov. 20,24) y posteriormente San Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio (Fe y razón, Num. 20): "¿cómo puede el hombre saber su Camino?" (podríamos hacer una sesión completa de diálogo sobre esa cuestión para apropiarnos mejor de la pregunta):



Una vez entendido el papel de la razón para una vivencia madura de la Fe, quizás es buen momento de preguntarnos más a conciencia: ¿cómo se vive la Fe?, ¿se ve?, ¿se siente?, ¿se intuye?, ¿cuál es el ideal de la Fe?

Si tenemos una forma clara de identificar cómo debe de ser la Fe en su madurez y Plenitud total tenemos la respuesta a lo que nos está faltando hoy para vivir la Fe, y la ausencia de Fe la podemos encontrar de hecho en la zozobra que nos produce la adversidad presente.

¿Realmente conocemos en qué estado y condiciones se encuentra nuestra Fe el día de hoy?

Hace algunos años se me pidió para nuestros jóvenes un tema de confrontación para un retiro, un retiro temático cuya ambientación y actividades –naturalmente incluyendo el contenido– giraba en torno a la vida naval y por ende las citas bíblicas tenían que ver con episodios relacionados a las embarcaciones.



Tejer redes es una de las actividades de los pescadores y que usualmente se realiza en tierra firme para la pesca que se ejecuta desde la embarcación una vez mar adentro, y partiendo del acto de embarcarse en una aventura –como lo es el anuncio del Evangelio– el ejemplo que me sirvió para comenzar con esa enseñanza fue el de Jonás, que fue invitado a dar un mensaje de conversión a la ciudad de Nínive y decidió irse por mar hacia otro lado, acto que tuvo sus respectivas consecuencias y que sin embargo supuso para el profeta prófugo una desaveniencia donde Dios estuvo presente preservándolo en las entrañas de un pez para tener posteriormente la oportunidad de enmendar aquel acto de desobediencia y resultando esta segunda oportunidad en un fruto de abundantes conversiones, una ciudad entera para ser precisos (Jon. 1,1-16;2,1-11;3,1-10).



Y a propósito de los paralelismos bíblicos, pasa en los temas de formación, pasa en la vida, de la barca de Jonás podemos pasar a episodios con ciertas circunstancias similares. Tenemos por un lado en el Antiguo Testamento, un Dios que estuvo siempre pendiente de aquel que subía a bordo, y sin embargo también tenemos en el Nuevo Testamento un momento diferente, circunstancias un tanto desalentadoras para un puñado de hombres que desde el principio se embarcaban obedientes a la Voluntad de Dios y que enmedio de una gran tormenta ven al Hijo de Dios durmiendo plácidamente (Mc. 4,38)...



¿Quién hubiera imaginado hace aproximadamente 4 años que esa misma escena fuera a ser evocada por el Papa Francisco el pasado viernes enmedio de la penumbra que vive la humanidad ahora que se vive esta pandemia de coronavirus?, nos recuerda que es el único momento en el Evangelio –al menos en los 4 relatos que componen el Canon bíblico que usamos– que se ve a Jesús durmiendo, pero la escena no es exclusiva de aquel tiempo, ni para los jóvenes que recibieron esa enseñanza en aquel retiro, ni lo es en tiempos actuales donde no sabemos las dimensiones del confinamiento que vivimos en nuestros domicilios, lugares de trabajo e incluso en nuestros recintos de culto dadas las circunstancias específicas de estos días y que nos implican participar sin congregarnos físicamente por un tiempo.



Difícil no asomar un par de lágrimas o por lo menos sentir un nudo en la garganta al contemplar una escena donde una Nochebuena, un par de solitarios con miedo coinciden y uno de ellos –el de mayor experiencia recorrida (Roberts Blossom, 1924-2011)– menciona al otro que ese lugar donde se han encontrado es el lugar correcto para encontrar refugio cuando la conciencia exige rectificar, esa parada que Kevin (Macaulay Culkin, 1980-), el pequeño protagonista de la película hace en un templo camino a casa (Home alone, 1990). Este clásico filme de una época bastante específica y que por algo llegó a ser transmitido en un canal de televisión de paga en días recientes, si bien hace alusión a una temporada y tiempo litúrgico diferente, nos recuerda que la razón de la Natividad del Señor es su Pasión, Muerte y Resurrección para la que nos preparamos durante la Cuaresma para vivir plenamente la Pascua.



Difícil no sentir consternación cuando a un año de la histórica tragedia del incendio en la Catedral de Notre Dame vemos pintas en nuestras iglesias por parte de grupos de choque que exigen derechos perjudiciales para la propia vida de los no nacidos, como es también difícil evitar la nostalgia cuando después de estos disturbios se nos pide no asistir físicamente a nuestros templos justamente para evitar que se propague el contagio de la enfermedad que amenaza también a nuestras familias por unos días..., ¡vaya Cuaresma la que nos está tocando vivir este año!, tenemos una ausencia sacramental que nos hace pensar en el duelo que vivieron los Apóstoles (Mt. 9,14-15) cuando escondidos por miedo a los judíos pasaban esos dos días posteriores a la Pasión de su Señor (Jn. 20,19) sin saber qué pasaría después del dolor por la muerte de alguien que siendo el Hombre más importante (Jn. 13,1.3) se hizo amigo de ellos de la misma forma que busca ser amigo de nosotros (Jn. 15,13-15).



Este lluvioso atardecer en la Plaza de San Pedro que al Papa le recuerda el inicio de la perícopa (Mc. 4,35) es señal, o bien de una época de cambio, o deliberadamente de un cambio de época, ¿fin de los tiempos?, la Plenitud de los tiempos tuvo lugar en el Calvario y si acaso será consumada en la Parusia, esta no tendrá lugar sin que antes sucedan varias otras cosas que faltan, no es menester de nosotros hacer pronósticos aún con las mejores intenciones dado que no tenemos facultad de ello (Mt. 24,36), antes bien nos toca estar atentos y vivir en obediencia a la Voluntad de Dios (Mt. 24,42; cfr. 1 Pe. 5,8-9).

¿Qué tan consolidada está nuestra Fe?

¿Qué es lo que nos toca hacer el resto de los días que tenemos?, Dios en su Misericordia dispone para nosotros del tiempo y recursos necesarios para conocer su Voluntad en nuestras vidas y el propósito para el cuál mediante esa Voluntad perfecta nos tiene en este mundo aguardando su venida. Tenemos una vida completa para aprender cómo sentir, conocer, encauzar y vivir la Fe, una vida que bien podemos orientar desde el conocer y el actuar para la edificación de la Obra de Dios, porque como bien lo dijo G.K. Chesterton (Lo que está mal en el mundo, 1874), este mundo más que un cementerio, aún a pesar del lúgubre escenario de las personas que sucumben ante este padecimiento y que a algunos incluso les hace recordar el tercer secreto de Fátima –a pesar de que ni siquiera llega a su cabal cumplimiento aún–, es como un templo inacabado.

El no estar físicamente en templos terminados de construir  y dispuestos para el culto bien podría llevarnos a pensar cómo constituirnos en una feligresía activa y participativa de una forma muchísimo más radical que antes de esta prueba, pues muchas más hemos de pasar de aquí hasta que vuelva nuestro Señor, es momento de plantearnos qué tanto estamos edificando con nuestra vida...



Evidentemente, la Fe tiene un propósito fundamental en la vida del cristiano, y seguramente alguien se preguntó antes que nosotros, ¿cuál es la ruta que la Fe nos descubre?...

...no sé tú, pero creo que vale la pena estar pendientes de esa respuesta, puede llegar cuando menos lo esperas, ¿estás listo(a) para recibirla y vivirla al máximo?

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La Virgen María es Pneumatófora y Pneumatoformis. Mira lo que esto significa.



LA VIRGEN MARÍA ES PNEUMATÓFORA Y PNEUMATOFORMIS. MIRA AQUÍ LO QUE ESTO SIGNIFICA

Primero leamos este pasaje del Evangelio sobre la visitación de la Santísima Virgen a su prima Santa Isabel:

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 1,39-50)

“En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: Su Nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
__________________________

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, San Juan Bautista saltó en el vientre de Isabel y quedaron llenos del Espíritu Santo.

En este pasaje del Evangelio de San Lucas ha quedado plasmada una verdad que los cristianos creemos desde los primeros siglos: que María, desde el momento de la Anunciación del Ángel Gabriel, es la Portadora del Espíritu Santo y la que, con su presencia, sirve de mediación para que el Espíritu llegue a las almas. 

Cuando la Virgen María saluda a un alma, esta última queda llena del Espíritu Santo. Este saludo debemos entender que es "la Paz contigo", y es seguro que lo recibimos de la Virgen María cuando a Ella la saludamos con el mismo afecto y saludo del Ángel: "Ave María, llena de Gracia" o "Ave María, Gratia plena" o "Χαῖρε, Κεχαριτωμένη". En cada Rosario, en cada Ave María recibimos este saludo de la Virgen y el Espíritu Santo viene a nosotros para asistirnos, con sus gracias, en nuestras necesidades, sobre todo, en nuestra deificación obrada por el mismo Espíritu, en nuestra cristificación o transformación en Cristo. Desde nuestro bautismo empieza a obrarse en nosotros la cristificación, nuestra transformación en Cristo, y es el Espíritu Santo quien obra esto en nosotros. Ser cristianos es dejarse transformar en Cristo, pues es cristificados como entramos en la Vida eterna. Si tu meta, tu objetivo no es ser transformado en Cristo, entonces no has comprendido el llamado que Dios te ha hecho cuando te regaló la fe.

Pero volvamos a nuestro tema. La Virgen María es portadora del Espíritu Santo desde la Anunciación, es Pneumatófora, y es desde Ella, como mediación, que el Espíritu Santo se comunica a los fieles. Por eso también Ella es Pneumatoformis. En este pasaje evangélico se ven estas dos características de María como Pneumatófora y Pneumatoformis, como la que porta el Espíritu y lo da a los que Ella saluda. Por esta razón Ella estuvo presente en Pentecostés. Por esta misma razón es que Jesús, antes de expirar, en la persona del discípulo amado que a todo cristiano representa, nos dejó a su misma Madre como Madre nuestra, y sólo cuando el discípulo la recibió como propia fue que Jesús, inclinando su sagrada Cabeza, les entregó el Espíritu. Muchos autores, escritores y Padres de la Iglesia ven aquí representado o aludido en el Evangelio de San Juan el gran prodigio de Pentecostés. Tanto en la narración lucana (Hch 1,4-2,4) como en la joánica (Jn 19,25-30) está presente María, porque sólo donde está María se hace presente y actúa el Espíritu Santo renovando la faz de la tierra y transformándonos en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina.

Por eso, hermanos, dejaos conducir por el Espíritu Santo que dijo por boca de María que Ella sería llamada «Bienaventurada» por todas las generaciones. Llámala tú también «Bienaventurada», no temas, no la endiosas, no ofendes a Dios con esto, al contrario, le das mayor gloria a Dios por las maravillas que ha obrado y sigue obrando a través de Ella (cf. Lc 1,49), y por Ella hace que Su Misericordia llegue a sus fieles de generación en generación (cf. Lc 1,50). La segunda Persona de la Trinidad ha unido su naturaleza divina a la naturaleza humana en Jesús, el Verbo encarnado; pero el Espíritu ha unido su Persona a la Persona de María en un matrimonio espiritual indisoluble, de tal modo que, cuando le llamamos a Ella «Bienaventurada», cuando la saludamos con el saludo del Ángel, con el Ave María, o cuando rezamos el Rosario, el Espíritu Santo se derrama sobre nosotros por medio de las manos maternales, inmaculadas y virginales de la Bienaventurada Santa María. Dios es mayormente alabado, ensalzado, glorificado, bendecido y adorado cuando reconocemos públicamente Sus obras, de las cuales María Santísima es la más excelsa y grande de todas, Su Obra Maestra. Haz la Voluntad de Dios en este sentido, y tu deificación, tu transformación en Su Hijo Jesucristo se producirá de una forma más rápida y eficaz.

Paz a vosotros.

Waldemar Niesermar.

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La vida y la familia: compromiso, acción y misión


LA VIDA Y LA FAMILIA: COMPROMISO, ACCIÓN Y MISIÓN

Por Juan M. Rodea

El pasado sábado 22 de febrero de 2020 tuvo lugar en el Teatro Carlos Amador del Parque Tangamanga I el congreso de laicos al que convocó la Arquidiócesis de la ciudad mexicana de San Luis Potosí a través de Mons. Carlos Cabrero, en el cuál inicitó a los fieles para que a través de la Fe y la razón atendieran el llamado que como Iglesia tenemos ante los desafíos del mundo actual. Se dio por inaugurado así el Congreso Laicos por la vida y la familia después del rezo del Santo Rosario:



Fue entonces cuando el pastor de la diócesis potosina comenzó exhortando sobre la importancia de complementar la Fe y la razón como punto de partida y teniendo en mente el ordenar las cosas temporales de según Dios:



Contamos también con la participación de Rodrigo Iván Cortés y Miguel Ángel Pateyro, líderes del Frente Nacional x la Familia, quienes respectivamente ofrecieron un análisis de la realidad actual y sus retos y compartieron propuestas de compromiso y acción por el bien común. Ese análisis corrió a cargo de Rodrigo, quien hizo un análisis local y global de la ideología de género:



Asimismo, Miguel Pateyro nos planteaba la propuesta en forma sobre el ser y qué hacer del laico en busca del bien común:



Para nuestra página aliada de Facebook, Nueva Alianza Radio, a nuestra compañera Jazmín Martínez le fue concedida esta breve entrevista a Mons. Carlos Cabrera para ayudarnos a rescatar y reforzar el Mensaje central de su prédica:



Y al finalizar el evento, pudimos también realizar una entrevista en conjunto para Rodrigo y Miguel Ángel donde nos explican los puntos básicos del método FIAT, estructura desarrollada por el FNxF para formarnos, informarnos y tomar acción:



De los diferentes fieles de distintos movimientos que fueron convocados para escuchar las conferencias, otros más fueron invitados a hacer posible este momento para aprender, crecer y compartir, a demostrarnos que como Iglesia podemos dar razón juntos de una Esperanza que puede transformar nuestra nación y nuestro mundo (cfr. 1 Pe. 3,15), mismo en el que aguardamos el retorno glorioso de Nuestro Señor Jesucristo (Hch. 1,6-8).

Y así como por el Semper Fiat de María fue posible el Proyecto de la Salvación (Lc. 1,38), llamados estamos a dar el "si" total y definitivo al Plan de Dios, y en este Camino es la alegría de estos momentos atesorados en nuestro corazón la que nos dará la fuerza y motivación para lograrlo:




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