Mostrando las entradas con la etiqueta testimonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta testimonio. Mostrar todas las entradas

Era evangélica, me hice católica gracias a los videos de Fernando Casanova y ahora estoy confundida, ¿Qué puedo hacer?


¡Hola hermana! Entiendo lo que estás pasando. Sé que puede ser muy desconcertante ver cómo alguien a quien admirabas, como Fernando Casanova, toma una decisión tan drástica como abandonar la Iglesia Católica. Sobre todo cuando, como tú, encontraste en su testimonio una guía para tu propia conversión. Pero no te preocupes, estamos aquí para caminar juntos en este proceso, y me gustaría ofrecerte algunas reflexiones que podrían ayudarte a encontrar claridad en medio de la confusión.

1. El poder del testimonio personal

Primero que nada, es importante recordar que tu conversión y tu fe no se basan en una persona, sino en Cristo y en la verdad de su Iglesia. Fernando Casanova compartió su testimonio, y eso te ayudó a ver la belleza y la verdad del catolicismo. Pero la fe católica no depende de él o de cualquier otra figura humana. La fe es un encuentro personal con Cristo, que nos invita a formar parte de su Cuerpo, la Iglesia.

Cuando uno escucha un testimonio tan poderoso como el de Casanova, es fácil conectar profundamente con su historia. Esto es algo bueno porque los testimonios personales nos inspiran, nos muestran que la gracia de Dios está viva y actuante en el mundo. Pero la fe, aunque se alimenta de estos testimonios, debe anclarse en algo más sólido: en la verdad revelada por Dios y custodiada por la Iglesia a lo largo de los siglos.

2. El desafío de la confusión y la duda

La confusión que sientes es completamente natural. Es como si un amigo te hubiera mostrado el camino a casa, pero de repente decide que ya no quiere seguir ese camino. Pero esto no significa que el camino esté equivocado. A lo largo de la historia de la Iglesia, hemos visto a muchos hombres y mujeres santos enfrentar dudas, crisis de fe, y hasta abandonos temporales. San Pedro mismo, el primer Papa, negó a Jesús tres veces (Mateo 26, 69-75), pero luego fue restaurado y se convirtió en el líder de la Iglesia.

Casanova ha decidido que la Iglesia Católica ya no es el lugar donde encuentra la verdad. Pero eso no cambia el hecho de que la Iglesia, fundada por Cristo mismo (Mateo 16,18), sigue siendo el pilar y fundamento de la verdad (1 Timoteo 3,15). La verdad es inmutable, no cambia según nuestras percepciones o crisis personales. Lo que él experimente o sienta en este momento no altera la verdad que la Iglesia ha proclamado durante dos mil años.

3. El discernimiento en la fe

Es muy importante, especialmente en momentos como este, que tomes tiempo para orar y discernir. En lugar de dejar que la confusión te arrastre, busca refugio en la oración, en los sacramentos, y en la Sagrada Escritura. Pregúntale al Señor qué quiere enseñarte en esta situación. A veces, Dios permite que atravesemos momentos de incertidumbre para profundizar en nuestra fe y arraigarnos aún más en Él.

Puedes pedirle al Espíritu Santo que te guíe y te dé sabiduría. La Biblia nos recuerda en Santiago 1,5 que si alguno de nosotros carece de sabiduría, debe pedírsela a Dios, que la da a todos con generosidad y sin reproche, y se le dará. Este es un momento para confiar en la promesa de Dios de que Él no nos abandona, incluso cuando otros puedan hacerlo.

4. El papel de la Iglesia en la interpretación de la Escritura

Uno de los puntos clave que Casanova menciona en su decisión de abandonar la Iglesia es que encuentra doctrinas que, según él, son contrarias a la Biblia. Esto puede sonar muy convincente, especialmente si venimos de un trasfondo evangélico donde la interpretación personal de la Escritura es común. Sin embargo, es fundamental recordar que la Biblia no fue escrita en un vacío; fue dada a la Iglesia, y es la Iglesia la que tiene la autoridad para interpretarla correctamente.

La Iglesia Católica no se basa solo en la Biblia, sino también en la Tradición y en el Magisterio, que es el conjunto de enseñanzas que han sido transmitidas a lo largo de los siglos. Este trípode –Escritura, Tradición y Magisterio– es lo que nos da una visión completa de la fe. De hecho, la propia Biblia fue canonizada por la Iglesia, y es a través de la autoridad de la Iglesia que sabemos qué libros pertenecen a la Escritura.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que "la tarea de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido confiada sólo al Magisterio de la Iglesia, es decir, al Papa y a los obispos en comunión con él" (CIC 85). Esto significa que aunque podemos leer y meditar la Escritura, la interpretación final y auténtica recae en la Iglesia. Esto no es para limitarnos, sino para protegernos de errores que podrían desviarnos del camino de la verdad.

5. La perseverancia en la fe

Es posible que sientas que esta situación ha tambaleado tu fe, pero recuerda que la perseverancia es una virtud que se fortalece en las pruebas. La vida cristiana no está exenta de desafíos, y cada desafío es una oportunidad para profundizar en nuestra relación con Dios.

En momentos de crisis, es útil recordar las palabras de San Pablo en 2 Timoteo 4,7: "He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe". La fe no es un camino fácil, y habrá momentos en que seremos tentados a dejarlo todo. Pero es precisamente en esos momentos cuando debemos aferrarnos más a Cristo, quien es nuestra roca y nuestra salvación.

6. Acudir a la comunidad y a los sacramentos

No estás sola en este camino. La Iglesia es una comunidad de creyentes, y es en la comunidad donde encontramos apoyo y fortaleza. Habla con un sacerdote de confianza, comparte tus dudas con otros católicos que puedan ayudarte a discernir y a ver la situación desde otra perspectiva.

Además, los sacramentos son fuentes de gracia que nos sostienen en nuestra peregrinación. La Eucaristía, en particular, es el alimento que nos da la fuerza para seguir adelante. No subestimes el poder de la Confesión, donde podemos experimentar la misericordia de Dios y recibir su perdón y sanación.

7. Mantener la esperanza

Finalmente, te animo a mantener la esperanza. No te dejes llevar por el desánimo o la desesperanza. Jesús nos ha prometido que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28,20). La Iglesia ha atravesado muchas tormentas a lo largo de los siglos, y seguirá adelante porque está fundada en Cristo, la Roca.

Confía en que Dios tiene un plan para ti, incluso en medio de esta confusión. Puede que no entiendas todo ahora, pero si te mantienes cerca de Él, te guiará y te mostrará el camino.

8. Conclusión

En resumen, aunque la decisión de Fernando Casanova te haya desconcertado, recuerda que tu fe no depende de una persona, sino de Cristo y de la Iglesia que Él fundó. Este es un buen momento para profundizar en tu relación con Dios, para orar y discernir, y para buscar refugio en los sacramentos y en la comunidad. Mantén la esperanza y la confianza en que Dios te guiará a través de este desafío, y nunca olvides que Él siempre está contigo, incluso en los momentos de duda y confusión.

Si necesitas hablar más sobre esto o si tienes más preguntas, estoy aquí para ti. No estás sola en este camino. ¡Ánimo y adelante, que Dios te bendiga siempre!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

--

Seguro que también te interesará leer: Por medio de un video Fernando Casanova oficializó su salida de la Iglesia Católica; la acusa de enseñar doctrinas contrarias a la Biblia entre otras cosas.

Testimonio: Javier estaba atrapado en el satanismo, pero la Virgen María lo llevó a los pies de Cristo.


Permíteme compartir contigo una historia realmente asombrosa; su protagonista me ha dado la autorización para contarlo. Este es un testimonio de la misericordia y el amor incondicional de Dios que transformó la vida de un hombre llamado Javier. El joven Javier, en su búsqueda equivocada de significado y poder, se había sumergido profundamente en el mundo de las prácticas ocultas y satánicas. Asistía a misas negras, realizaba rituales demoníacos y se encontraba atrapado en un oscuro abismo espiritual.

Su vida, marcada por la confusión y la oscuridad, estaba lejos de la paz que ahora conocemos en Cristo. En su desesperación por encontrar un propósito y llenar el vacío interno, se adentró más profundamente en las prácticas del ocultismo, esperando encontrar respuestas en lugares equivocados.

Un día, mientras exploraba libros sobre ocultismo en una librería, Javier se encontró con una imagen de la Virgen María. A pesar de su corazón endurecido por años de prácticas satánicas y escepticismo, algo en la mirada serena de la Virgen captó su atención. Sin saber por qué, decidió llevar consigo la pequeña imagen de la Virgen a su hogar.

La presencia de la Virgen María en su vida comenzó a surtir un efecto inesperado. Aunque Javier seguía inmerso en su antiguo estilo de vida, un cambio sutil comenzó a manifestarse en su corazón. La Virgen, con su ternura materna, estaba trabajando silenciosamente en su alma, disipando las sombras de su pasado oscuro.

Un día, mientras paseaba por un parque cercano, Javier sintió una inexplicable necesidad de entrar en una iglesia católica. A pesar de sus dudas y resistencia interna, se encontró entrando en el templo. Al cruzar el umbral, sintió una paz que nunca había experimentado antes. Las luces tenues, los cánticos suaves y el aroma a incienso llenaban el aire. Sin saber por qué, se arrodilló y sintió un impulso repentino de rezar.

Fue en ese momento, mientras miraba un icono de la Virgen María en el altar, que algo profundo se removió dentro de Javier. 

Javier se encontró cada vez más atraído hacia la figura de la Virgen María. Comenzó a rezar el Rosario, una oración que, aunque inicialmente le resultaba desconocida y extraña, pronto se convirtió en su fuente de consuelo y esperanza. Cada Ave María que rezaba parecía alejar un poco más la oscuridad que había envuelto su vida.

Pero el camino hacia la redención no fue fácil para Javier. Los lazos que lo ataban al ocultismo eran fuertes, y la batalla espiritual fue intensa y una y otra vez volvía a sentirse atraído por las creencias satánicas, acudía a rituales, donde se realizaban cosas espantosas y blasfemas, aunque cada vez, cuando volvía a casa, sentía más incomodidad al recordar lo que sucedía en esos rituales y se preguntaba si debía abandonarlos. No sabía si elegir entre Satanás o Cristo, en ese punto algo de ambos mundos le atraía. La confusión era total. 

Sin embargo, un día, mientras meditaba sobre el misterio de la Anunciación, Javier sintió una presencia abrumadora de amor y gracia. Se dio cuenta de que la Virgen María, a través de su "sí" a Dios en ese momento crucial, había llevado al Salvador al mundo, trayendo la luz a las tinieblas. Fue entonces cuando Javier entendió que también podía decir "sí" a Dios y permitir que la luz de Cristo llenara su vida.

Sintió una abrumadora necesidad de confesarse y liberar su alma del peso del pecado que lo había atormentado durante tanto tiempo.

El encuentro de Javier con el amor y la misericordia de Dios lo llevó a un momento decisivo en su vida. Sintiendo el llamado de Dios en su corazón, se acercó a un sacerdote y expresó su deseo de convertirse al catolicismo. A través de un proceso de catequesis, oración y discernimiento, Javier finalmente fue recibido en la Iglesia Católica.

Con el tiempo, Javier se convirtió en un apasionado defensor de la fe. Su amor por la Virgen María lo llevó a consagrarse a Ella y a confiar plenamente en su maternal intercesión. Esta profunda devoción lo guió y protegió en su viaje hacia la verdadera luz de Cristo.

La transformación en la vida de Javier fue evidente para todos los que lo conocían. Su rostro, una vez marcado por la oscuridad, ahora irradiaba una paz y alegría inexplicables. Se convirtió en un testigo viviente de la gracia redentora de Dios, inspirando a otros con su historia de conversión y esperanza.

Que esta historia nos recuerde a todos nosotros el poder de la misericordia divina y el amor incondicional de la Virgen María. Su intercesión maternal puede romper las cadenas del pecado y guiar incluso a las almas más perdidas de regreso al abrazo de Dios.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

"El Rosario y la Eucaristía me sacaron del alcoholismo".


Mi nombre es Pedro y quiero compartir contigo mi testimonio de conversión. Hace algunos años, mi vida estaba sumergida en el alcohol. Cada día me encontraba en un estado de desesperación y desesperanza, sin saber cómo salir de esta adicción que me estaba destruyendo.

Un día, mientras caminaba por la calle, me encontré con un grupo de personas rezando el Rosario. Me sentí intrigado por esta escena y decidí acercarme para escuchar las palabras de oración. Me dijeron que eran un grupo de oración de la parroquia de mi barrio y que solían hacer Rosarios en la comunidad y me pidieron que me uniera a rezar con ellos, una de las personas me prestó una camándula para seguir las cuentas. A medida que las cuentas del Rosario pasaban por mis dedos, sentí una paz y una presencia divina que nunca antes había experimentado.

Inspirado por esta experiencia, comencé a rezar el Rosario todos los días, a veces con este grupo y a veces yo solo en mi casa. Pedía la intercesión de la Virgen María para liberarme de mi adicción al alcohol. A medida que avanzaba en mi camino de oración, también sentí una atracción hacia la Eucaristía, el sacramento central de nuestra fe católica.

En la Misa, experimenté la verdadera presencia de Jesús en el pan y el vino consagrados. Al recibir la Sagrada Comunión, sentí cómo el amor y la gracia de Cristo llenaban mi corazón y me daban fuerzas para superar mi adicción. La Palabra de Dios, proclamada durante la liturgia, también resonaba en mi alma, recordándome que yo era un hijo amado de Dios y que había sido llamado a una vida de plenitud y alegría.

A medida que continué rezando el Rosario y participando en la Eucaristía, mi vida comenzó a transformarse. El Espíritu Santo me guió en mi proceso de sanación interior y me dio la fortaleza para resistir la tentación del alcohol. Con el tiempo, dejé completamente mi adicción y me convertí en un testimonio viviente del poder transformador de la oración y los sacramentos.

La Biblia nos enseña en Filipenses 4,13: "Todo lo puedo en aquel que me fortalece", y en Juan 6,35, Jesús dice: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás". Estas palabras me recordaron que, con la ayuda del Espíritu Santo, podía superar cualquier adicción o dificultad en mi vida.

Hoy, puedo decir con certeza que el Rosario y la Eucaristía fueron instrumentos de gracia que me ayudaron a salir de las tinieblas del alcoholismo y a encontrar la luz y la paz en Cristo. Mi vida ha sido transformada por el poder del amor de Dios y ahora puedo vivir plenamente mi fe católica.

Que mi testimonio te inspire a confiar en el poder del Rosario y la Eucaristía para transformar tu vida y acercarte más a Jesús. Que el Espíritu Santo te guíe en tu camino de conversión y te ayude a vivir una vida plena en la fe católica.

Autor: Pedro N. 

Maika: "Le prometí a Dios que si me sanaba rezaría el Rosario todos los días de mi vida y así fue"



«Yo no sabía cómo se rezaba un rosario ni tenía uno, así que lo compré y empecé a rezarlo cada día. Al tercer o cuarto día de orar sentí una plenitud dentro de mí que no puedo explicar con palabras y escuche con certeza en mi interior que Dios me decía que todo iba a salir bien y efectivamente lo pude comprobar en las revisiones médicas. Comencé a dejar entrar a Dios en mi vida… Para mí lo más importante en esta vida es Dios con la Virgen María y todos los santos. Es lo mejor que me ha pasado en mi vida pese a que lo pasé mal con el diagnóstico médico sobre mi salud»
_______

Mi nombre es Maika, tengo 47 años, y pertenezco a una familia que no ha sido muy católica Estoy bautizada e hice mi primera comunión, pero tenía a Dios como alguien que vivía allá arriba, le rezaba un Padre nuestro muy de vez en cuando, pero no estaba en mi Vida, no  lo sentía dentro de mí.

Hace tres años por un tema médico empecé a acercarme a Dios para pedirle que me sanara. Tuve un diagnóstico en un pecho por el cual me tenían que hacer una biopsia y entonces empecé a rezar, a pedirle a Dios que por favor todo saliera bien, y le prometí que si así pasaba iba a empezar a rezar el rosario para el resto de mi vida todos los días.

Yo no sabía cómo se rezaba un rosario ni tenía uno, así que lo compré y empecé a rezarlo cada día. Al tercer o cuarto día de orar sentí una plenitud dentro de mí que no puedo explicar con palabras y escuche con certeza en mi interior que Dios me decía que todo iba a salir bien y efectivamente lo pude comprobar en las revisiones médicas.

Comencé a dejar entrar a Dios en mi vida porque Dios nos llama pero si no le dejamos entrar porque Él nos ha hecho libres no se hace presente en nuestra vida.

Compré varias Biblias y las entendía pero no del todo y adquirí el libro ‘Comprender las Sagradas Escrituras’, que fue el detonante de toda mi vida de fe. Al leer el libro vi la necesidad de ser confirmada, lo que aconteció el año pasado, y comencé a ir a misa todos los días.

Maika se compró el libro que muestra para poder comprender la Biblia y reconoce que «fue el detonante de toda mi vida de fe»

Para mí lo más importante en esta vida es Dios con la Virgen María y todos los santos. Es lo mejor que me ha pasado en mi vida pese a que lo pasé mal con el diagnóstico médico sobre mi salud. Podemos querer a todos los seres queridos que nos rodean por supuesto pero lo más importante en esta vida es Dios y si confiamos en Él vamos a ser felices.

Intento a todo el mundo de mí alrededor compartir mi testimonio para que dejen entrar a Dios en sus vidas. Mucha gente me dice que ‘Dios no existe porque le pido y no me da lo que necesito’. Yo les respondo que el Señor no es un mago con una varita mágica. Él nos va a conceder lo que considere conveniente y cuando crea que es el momento adecuado. El plan de Dios es perfecto porque Dios nos ama por encima de todo.

Espero que con este pequeño testimonio a alguien en este mundo le haya despertado la curiosidad de querer conocer a Dios y dejarle entrar en su vida. Hay que confiar en Dios aunque estemos pasando un mal momento y no veamos salida. La alegría, felicidad y plenitud que nos da Dios no nos la va a dar nadie en este mundo.


El día que increíblemente un demonio le "devolvió" la fe en la Eucaristía a un Sacerdote


El Padre Joel (su apellido será omitido a petición suya, sin embargo todo lo que se relata es absolutamente real) es un sacerdote joven y devoto, pero hace no mucho tiempo estuvo atravesando una fuerte crisis de fe. Debido a su inquietud intelectual, el Padre Joel leía mucho, y entre sus lecturas había mucho material cientificista, naturalista y materialista, pues le gustaba conocer de todo. Influido por sus lecturas había llegado a un punto en el que no podía entender cómo Jesucristo podía estar realmente presente en la Eucaristía, parecía ilógico que una persona pudiera contener su cuerpo en un simple pedazo de pan. Debido a sus dudas decidió pasar largas horas en la iglesia frente al Santísimo, tratando de encontrar respuestas, que Jesús le dijera algo.

Una noche, mientras estaba rezando, el Padre Joel sintió una presencia extraña a su alrededor. Entonces, escuchó una voz siniestra que parecía venir del mismo infierno.

"Joel, ¿por qué tienes dudas sobre la presencia de Jesucristo en la Eucaristía?"

El Padre Joel se sorprendió y se asustó al mismo tiempo. No podía ver a nadie en la iglesia, pero la voz parecía real.

"¿Quién eres tú?", preguntó el Padre Joel

"Soy un mensajero del infierno", respondió la voz. "He venido a decirte que Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía, aunque mi señor, Satanás, quiere que los hombres pierdan la fe. He sido enviado a tentarte, a sembrar en ti la duda para que pierdas la fe y abandones el sacerdocio, pero hoy  él está aquí, Jesús me está obligando a decirte la verdad. Yo soy el que he estado logrando que cuestiones la Eucaristía, soy yo el que hago que leas contenido que pone en duda tu fe cristiana, pero no puedo hacer nada contra Él. Jesús no va a permitir que te pierdas, así que me obliga a decirte la verdad".

El Padre Joel se quedó desconcertado.

"¿Qué verdad?", preguntó.

"La verdad sobre mí", dijo la voz. "Estoy trabajando para que pierdas la fe en Jesucristo, pero él me está obligando a decirte la verdad sobre la Eucaristía. Jesucristo está realmente presente en ella".

El Padre Joel no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo podía ser cierto? ¿Cómo podía un mensajero del infierno saber algo así?

"¿Por qué me estás diciendo esto?", preguntó Padre Francisco.

"Porque Jesucristo quiere que sepas la verdad. Quiere que tengas fe en él y que compartas la Eucaristía con los demás", respondió la voz. "Mi señor sabe que nunca podrá vencer a la verdad, y la verdad es que la Eucaristía es el mayor regalo que Dios ha dado a la humanidad".

El Padre Joel reflexionó sobre las palabras del mensajero del infierno. ¿Podría ser que realmente hubiera una presencia divina en la Eucaristía?

"Gracias por tus palabras", dijo Padre Francisco. "Has revelado la verdad sobre la Eucaristía. Ahora te ordeno en el nombre de Jesucristo que te vayas de aquí y nunca regreses".

El sacerdote cerró los ojos y rezó en silencio. Cuando abrió los ojos de nuevo, la extraña presencia había desaparecido. Padre Francisco se sintió renovado y con una fe más fuerte que nunca antes. Sabía que la Eucaristía era realmente un regalo divino y que debía compartirla con su comunidad de una manera más profunda y significativa.

El Padre Joel había leído muchos libros y artículos científicos que cuestionaban la existencia de Dios y la veracidad de la religión. Había llegado a cuestionar si la fe y la razón podrían coexistir. A menudo, se encontraba luchando para reconciliar sus creencias religiosas con las teorías científicas que había estudiado.

Sin embargo, después de su experiencia con ese demonio, el Padre Joel comenzó a darse cuenta de que su fe y la ciencia no eran mutuamente excluyentes. Comprendió que había muchos aspectos de la vida y del universo que la ciencia no podía explicar, pero que su fe podría proporcionar una explicación más profunda y significativa.

La experiencia del Padre Joel le enseñó que no todo se puede explicar por medio de la ciencia y que la fe puede ser un camino para llegar a la verdad de una manera diferente. Aprendió que la fe y la razón son complementarias y que ambas son necesarias para comprender el mundo y la existencia humana.

Con su fe renovada, el Padre Joel se dedicó a compartir su experiencia con otros, especialmente con aquellos que también luchan con la reconciliación de la fe y la ciencia. Se dio cuenta de que su experiencia no solo había cambiado su propia vida, sino que también podría ser un catalizador para el cambio en la vida de los demás.

En su sermón del domingo siguiente, el Padre Joel habló sobre su experiencia y cómo había encontrado la verdad en la Eucaristía. A partir de ese día, se convirtió en un defensor aún más ferviente de la Eucaristía y de su papel en la vida de los cristianos.

Los fieles comenzaron a notar un cambio en la forma en que el Padre Joel oficiaba las misas. Se convirtió en un líder más devoto y comprometido con su comunidad, y su fe y entusiasmo se reflejaron en las celebraciones religiosas.

Esta experiencia no solo cambió su propia vida, sino que también se convirtió en un catalizador para el cambio en la vida de los demás.

Hermoso testimonio de Ana: La Eucaristía y el Santo Rosario la ayudaron a seguir con su embarazo y no abortar


Me llamo Ana, tengo 25 años y hace unos meses estuve a punto de cometer el error más grande de mi vida: abortar a mi bebé. Pero gracias a la Eucaristía y el Rosario, pude encontrar la fuerza y el valor para cambiar de opinión.

Todo comenzó cuando mi novio y yo descubrimos que estábamos esperando un hijo. No lo esperábamos, pero decidimos que lo mejor era seguir adelante y convertirnos en padres. Sin embargo, cuando se lo contamos a nuestras familias, las cosas cambiaron drásticamente. Mis padres se negaron a aceptar la noticia y me dieron la espalda, para colmo justo en ese momento mi novio perdió su empleo y fue muy duro para él poder conseguir otro. Mientras enviaba curriculums y solicitudes, estaba conmigo y cuidaba de mí durante el embarazo. La situación se volvió cada vez más difícil y, a medida que avanzaba el tiempo, y aunque él estaba conmigo, empecé a sentirme cada vez más sola y asustada, atravesando una fuerte depresión. 

Fue entonces cuando decidí buscar ayuda en un centro de planificación familiar. Pensé que podría encontrar la solución a mis problemas allí, pero en realidad, lo único que encontré fue más confusión y dolor. Los trabajadores del centro me hablaron sobre las diferentes opciones que tenía y me explicaron cómo funcionaba el procedimiento del aborto. Me dijeron que no había nada de qué preocuparse y que todo sería rápido y fácil. Pero en el fondo, sabía que no era así. Sabía que si seguía adelante con el aborto, estaría matando a mi propio hijo y eso es algo que nunca podría perdonarme a mí misma.

Fue en ese momento que decidí ir a la iglesia y pedir ayuda a Dios. Sinceramente llevaba años alejada de Dios y de la Iglesia, y ni siquiera estaba segura si aun creía en Dios. No sabía qué hacer ni a quién recurrir, pero sentí que necesitaba buscar consuelo en la fe. Me arrodillé ante el altar y le pedí a Dios que si existía, por favor me guiara y me diera la fuerza para superar este momento difícil. Fue entonces cuando me di cuenta de que había una Eucaristía en curso y decidí quedarme a escuchar la misa.

Durante la Eucaristía, me sentí extrañamente conectada con Dios. Era como si estuviera hablando directamente conmigo a través del sacerdote. Fue entonces cuando comprendí que no estaba sola y que Dios estaba allí para ayudarme a superar este momento difícil. Me di cuenta de que la vida de mi hijo era un regalo de Dios y que tenía que hacer todo lo posible para protegerla.

Después de la Eucaristía, hablé con el sacerdote y le conté sobre mi situación. Me escuchó con atención y me aconsejó que hablara con mi novio y mi familia. Me dio una serie de oraciones y me recomendó rezar el Rosario todos los días para encontrar la paz y la fuerza que necesitaba para tomar la decisión correcta.

Así lo hice. Empecé a rezar el Rosario todos los días y encontré un gran consuelo en ello. Me sentía más conectada con Dios y más fuerte para afrontar la difícil situación que tenía por delante. Me di cuenta de que Dios estaba allí para ayudarme y que no estaba sola en este camino.

Finalmente, después de muchas conversaciones y mucho tiempo de reflexión, mi novio y yo decidimos que lo mejor era seguir adelante con el embarazo y criar a nuestro hijo juntos. Fue una decisión difícil y no fue fácil, pero sabíamos que era lo correcto. A medida que avanzaba el embarazo, me di cuenta de que estaba creciendo en amor y respeto por mi hijo. Aprendí a amarlo incluso antes de nacer y a cuidar de él con todo mi corazón.

Gracias a la ayuda de Dios y la intercesión de la Virgen María, pude superar el miedo y la ansiedad que sentía al principio. Comprendí que Dios tenía un plan para mí y para mi hijo, y que todo lo que tenía que hacer era confiar en él y en su amor por mí. Aprendí a aceptar la voluntad de Dios en mi vida y a tener fe en que él siempre estaría allí para ayudarme.

Hoy, mi hijo tiene unos meses y es la luz de mi vida. No puedo imaginar haber tomado la decisión de abortar y perder la oportunidad de conocer y amar a mi hijo. Sé que Dios tiene grandes planes para él y para mí, y estoy agradecida por la oportunidad de ser madre y de compartir mi vida con él.

En resumen, mi experiencia me enseñó que la fe y la oración pueden ayudarnos a superar incluso las situaciones más difíciles. En lugar de buscar soluciones rápidas y fáciles, debemos confiar en Dios y en su plan para nuestras vidas. La Eucaristía y el Rosario son herramientas poderosas para conectarnos con Dios y encontrar la fuerza y el valor para hacer lo correcto. Siempre debemos recordar que cada vida es un regalo de Dios y que tenemos la responsabilidad de protegerla y cuidarla con todo nuestro corazón.

Autora: Ana N.

Joseba, víctima de abusos: "Si sabías que eras un pederasta, ¿por qué te metiste a sacerdote? ¿Por qué manchas el buen nombre de la Iglesia y de su Dios?"


Durante el acto oracional de perdón celebrado en la tarde de ayer en la catedral de Bilbao, en la que se pidió -en un acontecimiento inédito hasta ahora en la Iglesia española- perdón a las víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros de la institución eclesial, una de las personas abusadas en su infancia, Joseba Imanol Ibara, ofreció el desgarrador testimonio de aquella traumática experiencia, testimonio que recogemos íntegramente porque merece la pena se leído y rezado.

Lágrimas de dolor

"Lágrimas de dolor. Esta pena que me embarga me hiere en lo más profundo de mi doliente y apenado ser, desgarrando todo mi cuerpo, hace nacer ríos de lágrimas salobres que manan fluyendo y moviendo a su antojo como cataratas desbordadas desde los enrojecidos ojos hasta los poros más profundos de mi piel anegada de sollozos.

Poseído por una desmedida pena, con ira, y una gran rabia, jamás hasta ahora conocida, escapa de este cándido cuerpo dolorido, roto y descorazonado, sin palabras para redimirme ni oraciones para este duelo.

Es inhumano, debería prohibirse la orfandad inducida al abandono. Dios magnánimo y omnipotente, que los niños sean abusados es el más cruel y peor castigo que a un niño puede infligirse.

Sin parar de llorar y entristecidos, los niños inocentes sin consuelo, tú, doliente figura imberbe con miedo y contradicciones, no entiendes qué es lo que pasa, por qué estas canallescas formas y conductas, quien tenía el deber de defendernos fue nuestro principal abusador.

Como no encuentro amparo, lloro desconsolado, lloro y lloro hasta vaciar las cuencas de mis ojos, hasta mitigar esta gran pena que me atenaza y me embarga por esos abusos sufridos en mi niñez.

Hay pecados que no se pueden perdonar ni ofensas tan graves y amargas olvidar de quienes tenían el deber de protegernos y nos hicieron descender a los infiernos con abusos, humillaciones y violaciones, y aunque en esta vida no pueda yo verle, quizás lo vea en otra eternidad, en otro cielo, mirarle a la cara, pedirle explicaciones.

Le preguntaría: ¿Por qué tanta maldad? ¿Qué necesidad había de hacernos daño a unos niños desvalidos e inocentes? Si sabías que eras un pederasta, ¿por qué te metiste a sacerdote? ¿Por qué manchas el buen nombre de la Iglesia católica y de su Dios? ¿Por qué rompes las vidas de una generación de inocentes niños?

Lo que hoy estoy relatando con dolor y con rabia, es lo que nos sucedió en este infausto internado de la Santa Casa de Misericordia a un grupo de pobres e inocentes niños, abusos cometidos por su director, el sacerdote canónigo José Luis Pérdigo de Ygual.

Quiero hoy en este acto del perdón ante la Iglesia y mi distraído Dios aplacar para siempre esta sed de justicia, sanar las heridas y el sufrimiento de mi corazón, hallar la paz que mi atormentada alma precisa".

--

Fuente: https://www.religiondigital.org/diocesis/Joseba-victima-abusos-diocesis-bilbao-acto-oracional_0_2544945481.html

Remedios sobrevivió a un aborto: "Dios impidió que yo fuera abortada... Mi madre no me quería y, sin embargo, yo la quiero con todo mi corazón"



Remedios nació en una época en la que el aborto no era legal en España. Sin embargo, su madre decidió abortar, y lo hizo en una clínica clandestina en la que se practicaban interrupciones del embarazo de manera ilegal. A pesar de todo, algo sucedió en aquella intervención que hizo que Remedios sobreviviera.

"Recuerdo el día de mi nacimiento como el momento más feliz de mi vida. Lamentablemente, esa alegría fue fugaz porque mi madre no quería tenerme. Ella había decidido abortarme y lo intentó en varias ocasiones", relata Remedios.

La historia de Remedios es una de esas historias que nos hacen reflexionar sobre la vida, la muerte y el derecho a nacer. Según cuenta ella misma en una entrevista concedida a Religionenlibertad.com, su madre acudió a la clínica para someterse a un aborto. Era una época en la que el aborto no era legal en España, y por tanto, las mujeres que querían interrumpir su embarazo tenían que acudir a clínicas clandestinas.

"Mi madre no me quería y, sin embargo, yo la quiero con todo mi corazón. Quiero que sepa que la perdono y que la quiero", asegura Remedios."

Remedios cuenta que no sabe muy bien qué pasó durante la intervención, pero algo sucedió que hizo que ella sobreviviera al aborto. Según relata, escuchó a los médicos decir que no podían tocar a su madre, pero no entiende por qué. Quizás fuera por alguna complicación en la operación, o quizás fuera algo que ella no llegó a comprender. En cualquier caso, lo que es cierto es que Remedios sobrevivió.

Después del aborto, su madre regresó a casa y continuó con su vida, sin saber que su hija había sobrevivido. Fue su abuela la que se dio cuenta de que algo no iba bien, y al final, se enteró de la verdad. La abuela de Remedios decidió entonces hacerse cargo de ella, y gracias a su amor y a su cuidado, Remedios pudo salir adelante.

La historia de Remedios es una historia de vida, de lucha y de superación. A pesar de todo lo que ha pasado, ella ha conseguido salir adelante, y hoy en día es una mujer fuerte y decidida, que ha decidido contar su historia para ayudar a otras personas.

"Si mi madre hubiera recibido apoyo y orientación, quizás mi vida y la suya habrían sido diferentes. Por eso, quiero decirles a las mujeres que no están solas, que hay muchas personas dispuestas a ayudarlas y acompañarlas en su camino", concluye Remedios.

En definitiva, la historia de Remedios es una historia que nos hace reflexionar sobre la vida, la muerte y el derecho a nacer. Una historia que nos recuerda que, aunque a veces las cosas no salgan como esperamos, siempre hay motivos para seguir adelante, para luchar por nuestros sueños y para hacer de este mundo un lugar mejor.

Monja franciscana fallece de cáncer a los 38 años y deja este conmovedor testimonio


Las Hermanas Franciscanas, Tercera Order Regular (T.O.R), de la Penitencia de la Madre Dolorosa anunciaron el fallecimiento de sor Teresa Reyes, de 38 años.

Sor Teresa murió el 20 de febrero de 2023 después de luchar contra el cáncer. Su muerte es la primera de esta orden franciscana, que fue fundada en 1988.

“Nos gustaría pedir sus oraciones ya que una de nuestra querida hermana, la Hna. Teresa, se fue a casa del Señor ayer. Ella había estado luchando contra el cáncer”, escribieron las Hermanas Franciscanas en Facebook. “Muchas gracias por sus oraciones por su alma, por su familia y amigos, y por nuestra comunidad durante este tiempo”.

Las hermanas también transmitieron en vivo el funeral el lunes 27 de febrero a las 11 am ET en la capilla de la Casa Madre de Toronto, Ohio, (Estados Unidos).

La Hna. Teresa será enterrada en el nuevo cementerio de la comunidad en la propiedad de la Casa Madre. El jueves 23 de febrero, el obispo de la Diócesis de Steubenville, Ohio, Jeffrey M. Monforton, lo bendijo .

La publicación dice: “Ayer, nuestro obispo y algunos de nuestros hermanos Marian y TOR vinieron y bendijeron los nuevos terrenos del cementerio en nuestra propiedad de la Casa Madre”.

“Comenzó con una procesión desde la capilla hasta los terrenos mientras se cantaba el Salmo 122, seguida de lecturas bíblicas, cantos y oraciones dirigidas por el obispo”.

“La Hna. Teresa es la primera hermana de nuestra comunidad en entrar en la vida eterna y la primera que será enterrada en nuestro recién bendecido cementerio. Gracias por sus continuas oraciones por su familia, nuestra comunidad y todos aquellos que la aman”.

Sobre Sor Teresa Reyes

Sor Teresa ingresó a la comunidad franciscana TOR en 2014, tomando el nombre de “Teresa” en honor a Santa Teresa de Lisieux.

Antes de ingresar al convento, la Hna. Teresa creció en Passaic, New Jersey (Estados Unidos) en una familia católica como la menor de tres hijos con abundante herencia dominicana.

El verano siguiente a su segundo año en la Universidad de Rutgers, la Hna. Teresa dijo que el Señor “derramó abundantes gracias” sobre ella. Comenzó a profundizar su relación con el Señor ya estudiar los escritos de Santa Teresa de Lisieux.

Después de ese “verano lleno de gracia”, comenzó a asistir a Misas entre semana y pasó tiempo íntimo con Dios en oración.

“A medida que perseguía mi relación con Dios de todo corazón, comencé a experimentarlo como mi hermano, mi amigo y mi Padre. Él era a quien podía recurrir cuando necesitaba un hombro sobre el que llorar y alguien que me consolara”, dijo en su historia vocacional .

“Cuando estaba teniendo un gran día y solo quería a alguien con quien compartirlo, Él también estaba allí. Con el tiempo, sentí que me estaba siguiéndome e invitándome a una relación más profunda con Él, invitándome a darle más de mi corazón”.

Más tarde conoció a los hermanos religiosos de la Hermandad de la Esperanza durante su tercer año de universidad. A través de estos hombres consagrados, y a través de los escritos de Santa Teresa de Lisieux, Sor Teresa vio que “la vida religiosa no es vacía (como yo había imaginado), e incluso llegó a verla como atractiva”.

También en este momento experimentó el amor que Jesús le ofrece en la Eucaristía de manera “profunda”.

Luego, lentamente, se dio cuenta de su llamado a la vida religiosa.

“A través de la Eucaristía, experimenté Su anhelo de estar conmigo. Con el tiempo, el Señor realmente capturó mi corazón”, dijo. “Me di cuenta de que sólo Él puede amarme perfectamente y que sólo en Él puedo poner mi esperanza de felicidad verdadera y duradera. Solo él puede satisfacer los deseos de mi corazón”.

“…Cristo es todo lo que siempre esperé y soñé en un esposo y más, infinitamente más allá de mis imaginaciones más salvajes. Él es para quien quiero servir y vivir. Es en Él que encuentro alegría y significado en la vida. Es a Él a quien confío mi corazón y es Él a quien sostiene mi corazón”.

Entregado al ocultismo y al ateísmo militante, fue a un retiro para «retar a Dios»: «Vi a la Santísima Virgen»


William tenía solo dos años cuando recibió el impacto de un arma de fuego a dos centímetros de su corazón. Aquel suceso determinó su vida por completo. Criado en una familia «católica light» de Colombia, su fe poco arraigada no pudo hacer frente las secuelas que, directa o indirectamente, tendría toda su vida. Tras abandonar la fe, el ateísmo militante primero y el ocultismo después ocuparon su vida por completo hasta que un día decidió retar formalmente a Dios. Entonces, María entró en escena.

Desde su más tierna infancia, la expresión «como una bala perdida» fueron metáfora y realidad de la vida de William David Toro.

Tras el accidente, desde sus primeros años en el colegio, William fue víctima de continuos abusos y bulling. Bautizado y criado en una familia católica, aunque «light» y poco practicante, según sus propias palabras, William no tuvo en la fe una roca a la que agarrarse: incluso al hacer la comunión no tenía ninguna conciencia de estar recibiendo a Cristo. Tan solo lo veía como «una galleta» que le permitiría imitar a los adultos.

Como ha contado recientemente en el canal del sacerdote Byron Cadmen, al cambiarse de colegio y barrio se prometió que nunca más sería víctima de abusos en la escuela. Mantuvo su gusto por el estudio, pero comenzó a entrenar en unas artes marciales que le permitieron «vivir de pelea en pelea» y ser imbatible en la escuela. Pero el capoeira fue solo el paso su introducción a otras prácticas esotéricas y New Age a través de su maestro de artes marciales.

Fundador de la Comunidad Ateísta de Medellín

Pronto entraron en juego nuevas amenazas que el solo contemplaba como fortalezas para paliar una profunda inseguridad.

La primera fue lo que consideró un fortalecimiento intelectual. Lleno de preguntas respecto a la fe, William comenzó a sufrir los estragos de la pésima formación recibida en clases de religión cuando un profesor «completamente ateo» le ofreció respuestas a todas sus preguntas a través del pensamiento de Marx o Nietzsche. «Las personas más cercanas a mí que tenían fe no tenían ninguna respuesta«, lamenta.

William comenzó así un proceso profundamente intelectual en torno a los grandes autores materialistas y ateos que combinó con sus primeros pasos como hacker y músico consagrado en el metal, género musical que difundió con su propio grupo durante diez años.

Concluida su adolescencia, el ateísmo de William dejó de ser una simple y posible explicación de la realidad y pasó a ser su modo de vida durante 16 años.

«En esa época fundé la Comunidad Ateísta de Medellín y enseñé a muchos ateos a refutar a los cristianos», admite.

Los vacíos del ateísmo: «Hay cosas no naturales que funcionan»

Pero William buscaba respuestas y no tardó en comprobar que el ateísmo solo le ofrecía una negación, que aunque asumió profundamente, tenía profundos vacíos.

«Empecé a ver que sí había argumentos, pero no desde el cristianismo, sino desde la parte ocultista y la brujería. Veía que había cosas que uno podría llamar no naturales que realmente funcionaban. Pensaba que era posible que Dios existiese… o que hubiese otras fuerzas», relata.

De hecho, la brujería «funcionó» en su vida. Con aquella bala perdida persiguiéndole desde hacía años, la gran cicatriz que dejaron las operaciones en su pecho provocaron en él una fuerte inseguridad.

Como ateo militante, «negaba que hubiese sido un milagro» y atribuía su salvación por entero al cirujano que le trató. Pero como ocultista, buscó sanar su herida con «rituales de magia y brujería de modificación física para que desapareciese».

Fue precisamente la brujería la que terminó de alejarle de la negación total, ya que como ateo solo «pedía evidencias físicas» y cuando desapareció la mitad de la cicatriz empezó a ver «que funcionaba».

Atacando la fe de los cristianos sin formación

Como ocultista, hizo uso de los conocimientos que le proporcionaron sus años de ateo militante para dedicarse por entero a atacar la fe cristiana.

«Lo sustenté en el problema del mal en el sufrimiento [y difundí que] si existía, era malo. Leí la Biblia tres veces para debatir con los cristianos, hice una lista con las supuestas `barbaridades´ cometidas por Dios sobre todo en el Antiguo Testamento y llegaba a cualquier cristiano con su propia Biblia a mostrarle que si Dios existía, era malo y el demonio, bueno«, admite.

Algo común en el neosatanismo es profesar públicamente una cosmovisión de liberación, racionalismo y hedonismo que no tiene por qué estar ligada a una práctica de adoración a Satanás. Algo de lo que hacen gala asociaciones como Satanic Temple o Satanistas España. Y es a lo que se dedicó William.

Ocultismo nihilista y ritos «ligados a la magia negra»

«En el ocultismo que yo manejaba, no me basaba en prácticas religiosas de preceptos, sino en la filosofía del hedonismo y del yo, en la que si yo estoy bien, mis seres queridos también lo estarán. No pensaba en el bien de los demás, sino en que el mío generaría el de los demás«, explica.

Pero eso no excluía los rituales «de todo tipo de magias», «brujerías» que «casi siempre van ligados a la magia negra» o incluso la práctica de la «nueva era», donde se reza «a supuestos ángeles para obtener beneficios«.

El de la cicatriz no fue el único que «funcionó». Menciona también el ritual de modificación del color de los ojos, pero destaca un peligro de todos ellos.

«Hay rituales que no funcionan… otros sí. El tema es que uno no piensa que si uno funciona, debe haber un ente espiritual que logra que ese tipo de rituales funcione. Uno no piensa eso. Es como cuando alguien se toma una pastilla, se le va el dolor y no piensa en que se haya ido porque alguien haya hecho la pastilla. Si una persona hace algo sin saber su origen no quita el hecho de que sí haya un ente espiritual causando este tipo de efectos. Y eso no es causado por Dios, dentro de las prácticas que se hacen».

El amor, la quiebra del ateísmo y el ocultismo

Pero para William, el «hedonismo» que impregnaba su vida y que caracteriza las prácticas satánicas o esotéricas modernas cambió al conocer, indirectamente, «el atributo más importante de Dios». Concretamente, al saber que iba a ser padre.

«Conocí a la que sería mi esposa. Empezamos a vivir un noviazgo fuera del camino de Dios, se quedó embarazada y por su mentalidad no quería que el niño tuviese ese ejemplo de sus padres», explica. Lo que no sabía era que su novia, también satanista, «comenzó a volver al camino de Dios» sin decirle nada.

Para William, todo cambió a principios de octubre de 2014. Hacía tiempo que su familia política rezaba el rosario por su conversión y que su suegra le recomendaba ir a un retiro espiritual. Durante un año trató de convencerle sin éxito, hasta que fue su mujer la que «dio con la tecla» y argumentos necesarios para convencer a un ateo de ir a un retiro.

«Lo que a uno le haga mejor persona, bienvenido sea. No importa el ateísmo que profeses, si quieres ser buena persona, no hay nada en contra. No tienes que dejar de ser ateo por ir, solo extraer lo que te haga mejor«, le dijo.

William detestaba la posibilidad de ir a un retiro católico y no poder debilitar la fe de los presentes, como había hecho durante años. Sin embargo, ser consciente de que «podía ser mejor esposo» le llevó a aceptar.

Retando a Dios «con un atisbo de humildad»

Una vez allí, William se topó con una máxima de La Trinidad de San Agustín que le impactó por completo: «Es posible haya alguien que ame conocer lo que ignora, pero nadie ama lo desconocido». En un primer momento, pensó que los cristianos no amaban lo que él creía porque no lo conocían, pero decidió plantearlo a la inversa… e hizo mella en él. ¿Y sí no amaba la fe precisamente por la falta de formación que le persiguió desde la infancia?, se preguntó.

Pero lo que más le llamó la atención fue la particular posibilidad de retar a Dios presentada por el sacerdote que dirigía los ejercicios, máxime cuando llevaba 16 años haciéndolo.

«Reten a Dios… pero con humildad», les dijo.

«Entonces traté de retar a Dios con el único atisbo de humildad que podía tener, por una gracia y dije: `Vale, aquí estoy… ya di un primer paso. Si existes,  haz el resto´», recuerda.

Lo que sucedió a continuación le hizo pensar que todo había terminado.

«Pensé que estaba muerto: vi a la Virgen»

«Entonces la vi a ella, enfrente mío, estaba Ella, la Santísima Virgen. Frente a mí salió una niebla del suelo que lo cubrió todo, me asusté y empecé a temblar. Tenía la mano fría pero sudando y la tenía a ella en frente diciéndome: `Hijo mío, te estábamos esperando´», recuerda.

Más tarde, William supo por una imagen que la aparición había sido de la Milagrosa y comenzó así un retiro con un fuerte proceso de liberación, tomando conciencia de la «pelea espiritual que libraba» y de que «tenía que escoger un bando».

Lo hizo horas después: «Al día siguiente, empecé a preguntarle cosas al Señor y escuché las respuestas de Dios a las preguntas que los creyentes nunca supieron responderme. Al día siguiente todos decían ¿quién como Dios? y yo era el primero que respondía gritando [con la misma frase]», concluye.

Junto con su conversión, William Toro también relata  en su conversación con el sacerdote multitud de advertencias relativas al ocultismo y consejos sobre cómo las familias pueden traer de vuelta a los miembros que se encuentran alejados. Hoy, William Toro nutre un creciente grupo de apologistas originarios de Hispanoamérica que, junto con Dante Urbina, Allan Gómez o José Plasencia, entre otros, dedican su día a día a la apologética y la defensa intelectual de la fe cristiana.


Médico que practicaba abortos escuchó en la basílica de Guadalupe una voz que dijo: «¿Por qué me haces daño?»



Mientras, por primera vez desde los años 80, el imperio de los abortorios siente temblar sus cimientos sacudido por los escándalos y con la nueva Administración Trump, se va expandiendo una de las joyas de la corona de la respuesta cristiana a la maternidad. Ha crecido pacientemente, y no por las subvenciones ni por la publicidad, sino por la gracia y el sacrificio de algunas personas. Dotada de sala de parto, de habitaciones para la parturienta y su familia y de un hospital perinatal, esta clínica de la maternidad invierte la tendencia de la medicina moderna a patologizar el parto hospitalario (al tiempo que, paradójicamente, relega el aborto al ámbito privado) y a tratar el embarazo como un asunto que afecta solo a la mujer, dejándola sola ante uno de los acontecimientos más perturbadores de la vida

Pero, ¿quién es ese hombre que ha creado la clínica Tepeyac Ob/Gyn de Virginia, que recientemente inauguró un amplio hospital perinatal (dotado de capilla) capaz de ofrecer “una gama completa de servicios de obstetricia y ginecología” y que cree “en una medicina misericordiosa, en la justicia de las Sagradas Escrituras y en las relaciones centradas en Cristo”? Su nombre es John Bruchalski, un médico que tras haber practicado abortos durante años, se convirtió y lo ha sacrificado todo para salvar a los niños del homicidio materno, ofreciendo a la Virgen toda su obra asistencial.

Católico de origen, cuando estudiaba Medicina en los años 80 Bruchalski comenzó a creer que “el aborto y la anticoncepción eran cosas buenas para la mujer”. Muchos otros católicos le explicaban que las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, la vida y la sexualidad cambiarían al unísono con la cultura: solo era cuestión de tiempo. Esa fue la trampa en la Bruchalski decidió caer.

La voz que escuchó en Guadalupe

Y así, con el fórceps en la mano empezó a descuartizar a los niños en el útero de la siguiente manera: “Lo giraba” y luego lo aspiraba con “la cánula, que mide unos 20 centímetros de largo. Esa es la pequeña distancia que te separa del niño cuando le quitas la vida. Y pasaba de la cánula, de mis dedos, de mis brazos, hasta mi corazón. Y mi corazón se hacía cada vez más duro”. De hecho, fueron pasando los años hasta la indiferencia más absoluta: la vida del médico proseguía como si nada pasase, como si el homicidio de cientos de inocentes no tuviese consecuencias ni para él ni para sus madres. Mucho menos para el mundo. Sin embargo, “no había ni felicidad ni alegría en mis clínicas”, confiesa. Además, la difusión de la anticoncepción, considerada como panacea, más que resolver el problema del aborto o de las enfermedades de transmisión sexual, lo aumentaba: “Cada vez más relaciones se rompían, había más infecciones”. Sin embargo Bruchalski se justificaba así, como sus colegas: “Esto pasa porque la anticoncepción no está aún lo bastante extendida ni es lo bastante segura”.

Pero no había previsto la oración incesante de su madre: “Me salvó”. Cierto día, visitando el santuario de la Virgen de Guadalupe, oyó de repente oyó una voz de mujer que le decía (al principio pensó que estaba soñando): “¿Por qué me haces daño?”Pensó que tal vez era la voz de María, pero sea como fuere, Bruchalski volvió luego a su vida de siempre.

Fue entonces cuando una mañana falló el aborto que estaba practicando y el pequeño nació vivo: “Pesaba poco más de medio kilo. Llegó el médico de Neonatología, que me miró directo a los ojos y me dijo: Déjalo… es mejor así”. El pequeño respiraba.

La Virgen y la joven provida

Pocos días después la madre de Bruchalski le dijo que la acompañase en peregrinación a Medjugorje (donde desde 1981 se aparece la Virgen a seis videntes). Allí, por una gracia, se despertó en él el amor que tenía a María y Jesús cuando era niño. “Fue la simplicidad de los mensajes de la Virgen lo que me llevó a la conversión”, explica el médico: “Y también una joven belga”. Se trata de una mujer convertida a la causa provida que le dijo que sabía que la Virgen María quería comunicarse con él: “Y comenzó a decirme cosas sobre mi vida que me cambiaron”.

Al volver a casa, el médico explicó a sus superiores que nunca más volvería a practicar abortos. Bruchalski quiso hacer algo más: arrancar de sí la mentira en la que había creído y comprender de dónde venía comenzando a estudiar el magisterio de San Juan Pablo II, especialmente la “teología del cuerpo”. De hecho, la gracia recibida durante la peregrinación no fue solo la de reconocer todos sus pecados, sino también la de “comprender que había un modo auténtico de ser médico… opuesto a aquel que sostenía Planned Parenthood. La Virgen me mostró mi papel”.

Ahora dirige un centro de ayuda a la maternidad

Y así, desde 1994 el médico comenzó a dirigir una centro de ayuda a la maternidad donde “estamos convencidos de que la salud depende de las relaciones de comunidad” y de que, “si amamos lo suficiente cuando practicamos la medicina, podemos crear ambientes en los que el aborto se haga impensable”. La clínica Tepeyac nunca ha tenido ánimo de lucro, porque “la Virgen dice que debemos ver a los pobres en nuestra vida cotidiana, dado que una cosa es ser un médico provida, y otra que en tu propia vida como médico llegues a ver a los pobres”. El centro ha ido creciendo en servicios y calidad. Sobre todo, dada su experiencia como abortero, Bruchalski está convencido de que, más que concentrase en soluciones como fomentar la adopción o mostrar a la madre imágenes del feto (puesto que la mujer en ese momento percibe a su hijo como un enemigo), hay que ofrecer un sentido y una esperanza, que es Cristo.

Ahora este médico da la vuelta al mundo hablando a otros profesionales y jóvenes, porque “tenemos necesidad de inspirar a los médicos a profesar su fe y a convertirse en los hombres y mujeres que Dios les ha llamado a ser”. Su experiencia de conversión demuestra que “nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios, nadie, nadie… La misericordia de Dios es lo que verdaderamente penetró en mi corazón”. Por eso  Bruchalski anima a la oración incluso fuera de los abortorios: “Debemos ayudarnos unos a otros, rezar unos por otros, sacrificarnos unos por otros”, seguros de que “la conversión llega, aunque no sea según nuestros tiempos”.

Fuerte testimonio: El yoga y prácticas de la "nueva era" la llevaron a darle adoración a Satanás.



El de María Eugenia es uno más de los cientos de casos en los que una feliz y prometedora infancia se ve truncada por la ruptura familiar. En su caso, recuerda que tanto en su niñez como en la adolescencia tuvo "un fuerte deseo" de Dios en su vida, fruto de la educación recibida por su madre. Pero la separación de sus padres la desarmó por completo. Tras una fuerte depresión, acudió a la Nueva Era buscando paz y consuelo, sin saber que, en el fondo, estaría "adorando a Satanás".

Si María Eugenia guarda con especial cariño un recuerdo de su infancia es el de su madre recordándole la importancia de su primera comunión, del significado de la vela encendida al lado del sagrario o de "recibir a Jesús" siempre que pudiese.

Aquella educación le permitiría enfrentar desde los diez años un traumático divorcio tratando de agarrarse a la fe y convencida de querer una vida junto a Dios.

Sin embargo, explica que conforme pasaban los años, la ausencia de un patrón respecto a la vida de fe o un entorno hostil en el colegio y la universidad "debilitaron las columnas" de su vida cristiana, que finalmente rechazó al tener que elegir entre Dios o su pareja.

A la debilidad le siguió la indiferencia y a esta, el rechazo agravado por una fuerte depresión y ataques de ansiedad.

"Una vez entré a una Iglesia, escuché al sacerdote hablar y se repente sentí que no me decía nada. Solo sentí vacío y aunque quería que Él volviese, le rechacé, culpándole de mi depresión y de hacerme creer que existía", afirma.

"El comienzo de la perdición"

Pasarían años y un largo Calvario hasta que fue consciente de que en ese momento fue "el comienzo de la perdición".

Y con unos libros de autoayuda y Nueva Era recomendados por su terapeuta llegó el consuelo. O al menos lo que ella creía que era el consuelo prometido por la Nueva Era, convencida de que le quitaría el sufrimiento.

Pero los libros dejaron de ser suficiente y llegó uno de los primeros "talleres" realizados en Madrid sobre la reconexión, un supuesto método de "sanación interior".

"Al principio nos explicaron que para saber que se estaba haciendo bien teníamos que ver un `registro´ en la persona, como los párpados moviéndose", relata.

Fue en ese momento donde comenzó a albergar la sospecha de que aquellos libros y la práctica de la Nueva Era "terminan llevando al mal absoluto": de repente unas cinco personas empezaron a botar muchísimo sobre la camilla de forma involuntaria, realizando movimientos imposibles entre extrañas carcajadas e incluso afirmando haber visto a familiares fallecidos.

Pero si algo logra la Nueva Era de forma apenas perceptible es conseguir anestesiar la conciencia, de modo que el miedo y la resistencia se reducen.

Por ello María Eugenia no se asustó, al menos al principio. Continuó sus lecturas, incluso de autores considerados "peligrosos" como la fundadora de la Escuela de lo Arcano, Ann Bailey.

El Yoga es una de las principales vías de entrada en la Nueva Era, y si bien es considerada como una práctica inofensiva, puede suponer la apertura de puertas esotéricas de esta corriente.

Sueños extraños y golpes inexplicables 

"Ya me habían pasado cosas raras y tuve sueños extraños pero con este libro logré que los chacras se alineasen y conseguí unirme con el todo", explica. Recuerda la experiencia como algo "maravilloso"  hasta que, pasadas las horas, la paz se tornó en angustia, oyendo inexplicables golpes en su cuarto durante días y noches seguidos.

Lejos de disminuir, los extraños sucesos solo aumentaban con el tiempo. "Había abierto muchas puertas esotéricas, pero lo más determinante para el peligro que corría era que no solo me creía el contenido [de los libros y cursos de Nueva Era], sino que lo amaba", relata.

Especial predilección tenía por Un curso de milagros, de Helen Schucman, un famoso libro en los entornos de la Nueva Era pero criticado por su imitación del Nuevo Testamento. Precisamente por eso despertó la nostalgia de María Eugenia, así como las dudas del camino que había tomado.

Así fue como comenzaron los "disparadores" que motivaron su reflexión.

Y el primero fue el santuario de Fátima, al que fue "por curiosidad" junto a su novio, de origen musulmán pero entonces no practicante.

"Al ver la capilla, sentí que necesitaba rezar. Él no creía en nada pero me invitó a hacerlo y [después de años], me atreví a ir al reclinatorio y rezar. Solo fueron cinco minutos, en los que recuerdo haberle dicho a la Virgen lo perdida que estaba", recuerda.

En pleno combate espiritual, María Eugenia quería desesperadamente regresar a la fe, pero ya no recordaba nada de Cristo. Tan solo tenía la imagen desfigurada que le presentaba el manual de Un curso de milagros, mientras su vida "comenzaba a colapsar".

"Yo sabía que sufría por los libros e intentaba no sufrir, pero lo hacía porque no tenía lo que mi corazón deseaba. Me puse a llorar desconsolada y rezando dije: `Dios, quiero que existas, pero yo no puedo crearte´", relata.

Podría implicar una contradicción, pero ella no lo sabía, pues una buena parte de las prácticas orientales englobadas en la New Age adoctrinan a sus adeptos con que la realidad no existe de por sí, sino que es creada por el propio hombre.

Y María Eugenia había reconocido que ella "no era nadie" para definir a Cristo. "Afirmar que no podía crearle  era reconocer que necesitaba de Él, porque es lo único que da llanura y paz a nuestro corazón".  

En plena confusión, se debatía entre regresar a una iglesia a rezar o seguir leyendo el Curso de milagros, cargado de términos "sacados del Nuevo Testamento que dicen lo contrario pero de una forma preciosa que te invita a creer que es algo católico".

Gritos desesperados y una presencia "que me odiaba" 

A medida que avanzaba con el Curso, las experiencias se incrementaron.

"Me iba a la cama a dormir y escuchaba voces que gritaban de forma desesperada, pero adoraba ese libro porque creía que venía de Jesús y me había confiado a todo lo que decía", relata.

Sin embargo, el libro captó especialmente su atención al leer en una de sus páginas que decía "Hijo de Dios, no te agarres a la vieja, rugosa y patética cruz".

Pese a llevar años alejada de la fe, María Eugenía no tuvo más opción que rechazar aquella afirmación: "En ese momento vi como si a un lado frente a mí se apareciese algo. Sabía que había algo oscuro, una especie de sombra que me odiaba y me deseaba el mal".

Voces que gritaban de forma desesperada, lamentos en la noche, sueños extraños y aterradores, sombras cargadas de odio que le deseaban el mal... son solo algunos de los episodios que sufrió tras adentrarse en la Nueva Era y que, según exorcistas, son los primeros indicios de presencias demoníacas. 

Casualmente, horas antes de aquel suceso vio por casualidad un vídeo de YouTube que explicaba por qué un católico debería alejarse de la Nueva Era. Después, el algoritmo de la red social hizo el resto mostrando vídeos similares.

Nueve años después, María Eugenia acababa de comprender que "entrando en la Nueva Era había hecho lo último que deseaba en la vida, entrar en contacto con Satanás y adorarlo".

Arrepentida, echó su vista atrás y recordó "lo que tenía que hacer" para enmendar su vida, leer la Biblia y el catecismo, acudir a la Confesión y los demás sacramentos y formar una conciencia prácticamente anulada, incapaz de "rechazar el mal o la miseria del mundo".

El Anticristo, pero con "palabras bonitas" 

Tiempo después, María Eugenia supo lo cerca que estuvo del "mal absoluto" cuando, al leer la Suma Demoniaca del padre Fortea supo que uno de los niveles de afectación diabólica es precisamente lo que le ocurrió a ella, escuchar voces, sentir presencias y ver sombras.

Le costó años regresar a una vida de fe plena, pero al hacerlo fue consciente de qué es realmente la Nueva Era, que define como "el Anticristo presentado con palabras bonitas" y que se encuentra presente en multitud de ámbitos: deporte, alimentación, espiritualidad, salud, psicología, empresa… incluso en la física cuántica.

¿Qué hacer frente a un avance que parece imparable? La que durante años fue una víctima de la New Age explica que como ella, muchos caen hoy "por un desconocimiento total de nuestra religión".

"Tenemos que conocer la fe. No se puede añadir ni quitar nada a la Palabra de Dios, la Verdad completa ya fue revelada y la custodia la Iglesia. Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre y nunca será cambiado. En lo que a este mudo respecta, siempre va a haber algún sufrimiento, pero es el camino para llegar hasta Él, agarrarnos a una cruz que no es ni vieja ni patética, sino que nos hace como Él", concluye.

Era protestante pentecostal, juró que jamás sería católica, pero... ¿Tenía el Espíritu Santo otro plan para ella?



Desde su infancia, la caribeña de Miami Christine Lerin fue educada en una familia pentecostal de raíces cubanas, pero no llegó a "conocer a Dios" hasta los once años, cuando sufrió el traumático divorcio de sus padres. A raíz del dolor, comenzó un turbulento camino junto al que sería su marido que le llevaría a ser plenamente consciente de que la fe no era nada de lo que le habían contado. Especialmente a través de la Virgen María, que sin saberlo, siempre se mantuvo a su lado.

"Ve a la Iglesia": sumida en el sufrimiento, una insistente voz le repetía esta consigna desde sus adentros cuando a los 11 años vio a su familia quebrada. Christine cuenta a Cambio de Agujas que al principio, en lugar de alejarse de su fe, "Dios fue como un refugio" durante tres años en los que la iglesia era como su segundo hogar.

Pero como ella misma constata, la ausencia de una comunidad con la que vivir la fe le hizo alejarse poco a poco de la fe que siempre practicó.

Cuando quiso darse cuenta, había dedicado su vida por completo a las drogas, el alcohol y las relaciones,intentando huir del dolor provocado por el divorcio de sus padres.

Un voto de seis meses para redimirse de su pasado

Habiendo tocado fondo, con 25 años, decidió regresar a la iglesia y asumir un voto: "Durante seis meses, no saldría con ningún hombre".

Sin embargo, durante su promesa, conoció a un joven, Daniel, en un grupo de estudio bíblico. No tardaron en enamorarse y concluido aquel espacio de tiempo, se dirigió buscando su papel en la vida en las Escrituras. Concretamente, a Isaías: "No se dirá de ti jamás `abandonada´ ni de tu tierra se dirá jamás `desolada´, sino que a ti se te llamará `mi complacencia´ -hefziba, en hebreo- y a tu tierra `desposada´".

Recuerda que, cuando leyó este pasaje, sintió como una paz la inundaba por completo: "Sentí como Dios me decía que olvidase mi pasado, que me haría una persona nueva, que me había perdonado y que tenía una nueva identidad, ser `su deleite´, hefzi-bá".

Desde ese momento, se sucedieron en su vida una serie de cambios y "casualidades" a las que años más tarde solo le encontraría la explicación de la Providencia.

Inexplicables "causalidades": de una boda repentina a premoniciones

La primera, su relación con Daniel.

"Me pidió la mano el primer día que salimos y en tres meses nos casamos", relata.

Sin embargo, Christine quería dedicarse por completo a su ministerio protestante y tener hijos era la última de sus intenciones.

Por eso empezó a ver que nada encajaba cuando repentinamente tuvo un profundo deseo de ser madre y no tardó en ver crecer a su familia con Samuel y, poco después, con una niña.

Una noche, la madre de Dani, que no era creyente, soñó que la niña nacía ahogándose y avisó rápidamente a la partera como si se tratase de una premonición: en efecto, la niña estaba ahogándose con el cordón umbilical. Y todo sucedió el mismo día en que Christine escuchó una voz decir: "Hefzibá nacerá hoy".

Lo que no sabía -y tampoco pretendía hacerlo, dada su aversión hacia la Virgen- fue que el nombre que le daría a su hija, el de Hefzibá que aparecía en Isaías 62, era una de las alegorías de la Virgen María.

Por eso tuvo una inexplicable calma ante los acontecimientos: "Nació sin respirar, pero no dudé. Sabía que esta niña tenía una promesa del Señor, sabía que iba a vivir". Paradójicamente, al leer tiempo después su cuaderno de notas, Hefzibá nació el mismo día que Christine renació a la vida como el "deleite" del que hablaba Isaías, un 2 de marzo.

Convencidos pentecostales... en un grupo católico

Ambos sucesos sanaron interiormente a Christine, pues junto con el divorcio de sus padres siempre sintió que fue un error y una hija no querida por sus padres. Ahora, la joven madre sabía que "Dios tenía un plan" y que su "renacer", el voto de castidad, su matrimonio, el deseo de tener hijos o incluso los sueños de su hija no podían ser casualidad.

"Mi alma sanó en mi interior", afirma.

Pero aquel "plan de Dios" no acababa ahí.

Christine y Daniel, asiduos miembros de grupos de oración y estudio de la Biblia, cayeron por casualidad en un grupo de estudio católico.

"Como protestantes, vivimos con la idea en la cabeza de que los católicos son idólatras y no son creyentes", relata. Sin embargo, lo que vio allí era completamente distinto.

"Podía ver que todos eran creyentes de verdad, veía a Dios obrar en ellos y en sus oraciones y habiendo formado parte de muchos grupos de oración, algo muy diferente presidía el de católicos. Era como si Dios diese respuesta a la oración. Después de eso, nadie me podía decir que los católicos no eran nuestros hermanos en Cristo", admite.

Aquel suceso cambió por completo el planteamiento del matrimonio, que comenzó a investigar el catolicismo. Incluso a regañadientes, Christine fue a visitar al exprotestante converso Scott Hahn.

Christine y Daniel se conocieron en un grupo bíblico protestante: entonces no sospechaban que estudiar la Biblia con católicos derrumbaría sus esquemas y les llevaría a descubrir y desear la fe católica. En la imagen, el matrimonio con sus hijos. 

"Nunca seré católica"

"Le dije a Dani que nunca sería católica, pero él empezó a investigar la fe y los padres de la Iglesia y empezó a observar muchos errores en el protestantismo sobre el origen de la Iglesia.

La enésima e inexplicable "casualidad" tuvo lugar tras mudarse a Jacksonville (Florida), cuando todos los papeles y ministerios que el matrimonio había llevado a cabo como protestantes comenzaron a ser difíciles, sin una comunidad conocida y sin dejarles ejercer su labor.

"No entendíamos nada, todo era muy raro… hasta que un día mi esposo me dijo que ya no se identificaba como protestante ni con lo aprendido sobre Martín Lutero", explica.

Por aquel tiempo, el matrimonio recibía lo que creían -"no como los católicos", matiza- que era la comunión en su propia casa, pues "como muchos protestantes", también ellos "tenían hambre de la Eucaristía", mientras su marido se debatía entre pasar a formar parte de la iglesia ortodoxa o la católica.

Y Christine llegó a una conclusión. "Si yo seguía siendo protestante y él seguía otro camino iba a dividir mi hogar y mi familia y no quería que mis hijos estuviesen sin el Señor. Así que rezando, le dije a Dios que iría donde Daniel fuese, pero que nos guiase a la verdadera Iglesia, porque no sabíamos cuál era", relata.

"Una riqueza indescriptible"

Finalmente, Daniel y Christine no tardaron en recibir junto a sus hijos las clases de iniciación cristiana y formarse como católicos. Fue así como, leyendo a Scott Hahn, comprendió que Hefzibá era uno de los nombres dados a María en el Antiguo Testamento.

"Hefzibá [por la experiencia y por mi hija] siempre había estado tanto en mi corazón, cuando supe aquello no supe que decir ni ahora puedo explicar cómo me siento. En un tiempo en que no quería saber nada de María ella ya estaba ahí llamándome, diciéndome: `Tú eres mi hija y te amo´".  

Cuenta que de no haber sido por aquel conjunto de "revelaciones" le habría sido imposible creer en María y en la Iglesia, pero hoy sabe que "quiere hasta a los protestantes, aunque ellos no la correspondan". "Por eso yo no la pude negar más", añade.

Poco después, sus hijos se bautizaron y sin si quiera conocer el Hogar de la Madre, la familia pasó a formar parte de él.

"La fe católica me ha dado una riqueza que no puedo describir con palabras. Lo es todo. Tienen la Eucaristía, que es comida para el alma y te da la gracia que necesitas", concluye.  

Publicaciones más leídas del mes

Donaciones:

BÚSCANOS EN FACEBOOK